Disclaimer: Queda perfectamente claro que ni la serie de Avatar, así como sus personajes me pertenecen, son propiedad íntegramente de sus creadores manuales e intelectuales; yo solo los tomo momentáneamente prestados para realizar esta historia sin el más mínimo ánimo de lucro.


La vida continuó sin mí


"La aceptación de lo que ha sucedido, es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia."

William James


El sol detrás de las montañas me recibió como un silencioso anfitrión, el viento soplaba sobre mí como una dulce caricia. El sonido de los continuos ronroneos de Appa lograba mantenerme tranquilo. Cuando visualicé el poblado en el horizonte, tuve que convencerme de que lo que hacía era lo correcto y lo necesario.

—Limar asperezas, cerrar ciclos, de lo contrario no podré vivir en paz—musité al viento los pensamientos que bailaban por mi mente en ese preciso momento. No me mentiré a mí mismo, puesto que sería tonto; me encontraba demasiado ansioso, nervioso.

Tenía miedo…

Miedo de saber que Katara al final se haya casado con Zuko y se encuentren haciendo una feliz vida, una donde yo no figuraba nada y solo iría a incomodar. Pero la verdad es que no temía aquello, sino más bien que aquello me afectara, que de verdad me fuera a importar.

Temo que mi corazón se quiebre como lo hizo en el pasado.

Ciertamente, tenía que agradecer a su meditación que al menos el sofocante dolor en su pecho había desaparecido, por lo menos no me sentía desfalleciendo. Cuando sentí el descenso del bisonte me tragué todas mis cavilaciones y me preparé para enfrentarme a lo que fuera.

Al instante en que las pesadas patas de mi compañero tocaron el suelo, salté de su cabeza logrando un suave aterrizaje en el suelo. Del movimiento Momo despertó de su siesta en mis hombros y comenzó a desperezarse; acaricié las orejas de mí compañero con cariño e inicié la marcha hacia el castillo que se alzaba en el centro de la ciudad a la que entraría.

Pasé la puerta de la muralla siendo consciente de que al instante fui reconocido, la mayoría de las veces no me molestaba que me notaran. Pero en este preciso instante no es agradable que todas las personas murmuren acerca de mi aspecto, presencia y regreso.

Pero había algo bueno, al menos el gobernante se enteraría de mi llegada y así no tendría que molestarme en presentar la incomodidad de llegar sin que nadie me esperara en palacio; lo que tuviera que pasar, que pasara ahora.

Caminé sin prisa, firme convencido hacia el lugar que a pesar de haber cambiado mucho en este tiempo que llevo desaparecido, logro reconocer casi de manera automática. La gente se aparta de mi camino presas de la sorpresa y en algunos tantos de admiración. Procedo a ignorar aquello y continúo mi camino.

Al llegar frente a las enormes puertas del palacio me detuve, cuando éstas comenzaron a abrirse supe que ya no había marcha atrás, había que enfrentarme a los fantasmas del pasado, por más dolorosos y frustrantes que sean. Haciendo gala de todo el valor que tenía, entré en palacio con la cabeza en alto, aparentando el grado de autoridad y de sabiduría que debía poseer.

Los sirvientes se mantenían parados a los costados de mi camino, permitiéndome el paso con una actitud sumisa y respetuosa. Me desagradaban tantas muestras de respeto, pero no era algo que me preocupara ahora mismo de todas formas. Después de todo ya no sería tanta la sorpresa de verme llegar, como si entrara ahora mismo en la habitación de la corte sin haber sido anunciado.

Al momento en que abrieron la puerta del fondo, logré entender que me encontraba en la sala del señor del fuego. Realmente esperaba encontrar a Zuko sentado detrás de las anaranjadas llamas del fondo del recinto, sin embargo me llevé la sorpresa de encontrarlo casi inmediato a la puerta.

Detuve mi andar, y el sonido de las puertas cerrándose a mis espaldas me dieron a entender que nos encontrábamos solos. Alcé la mirada y lo observé con seriedad, enfocando su rostro me di cuenta que él tampoco sabía que pensar.

Su rostro cambiaba entre mostrar seriedad, nerviosismo, arrepentimiento, preocupación, tranquilidad.

Al final detuvo su actuar camaleónico en mostrarse feliz.

—Aang, es un gusto verte de nuevo—saludó con nerviosismo aunque sin poder ocultar del todo su inseguridad. Yo no supe cómo reaccionar ante eso, pero cuando Zuko se aproximó hacia mí con la intención de tocar mi hombro, una rabia ciega se apoderó de mí y en acto reflejo me aparté de su tacto.

Me sentí mal al acto, pero al parecer el señor del fuego no se sintió sorprendido por mí actuar, generó una sonrisa triste en su rostro y su porte se volvió cabizbajo. No pude evitar pensar que se veía como una persona triste y lastimera.

—Entiendo por qué te comportas así Aang, no eres el único que piensa que soy una basura—manifestó rehuyendo mi mirada, como si se sintiera indigno de verme a la cara. —Yo mismo lo pienso—completó dándome la espalda caminando por el gran sendero que conducía a su trono.

Un silencio incómodo se instaló como un tenebroso presagio, tanto él como yo nos negábamos a masticar palabra alguna. Quedaban al aire las palabras atoradas en nuestras gargantas, sabiendo de sobra por donde andaba el pensamiento del otro.

Lo observaba con seriedad, como si en sus reacciones buscara encontrar una respuesta a todas mis incógnitas.

—Te perdono Zuko—declaré con seguridad, sintiendo como la carga emocional disminuía notablemente en mi alma. Al instante me sentí más aliviado sintiéndome liberado del rencor que durante tanto tiempo había estado envenenándome.

El aludido se giró con un rostro que bien pudiera haber sido interpretado como si hubiera visto el más horrible de los espectros. Se regresó sobre sus pasos y se detuvo frente a mí sin mejorar su expresión.

—¿Qué has dicho?—articuló sin retirar su mueca de asombro e incredulidad.

—Lo que oíste, no te guardo ningún rencor—repetí con paciencia. Sabía que aquel chico era cabeza dura, aunque nunca había averiguado hasta qué punto; solo los espíritus sabían lo que me costó llegar a esta resolución, pero…sería estúpido renegar de mis propias enseñanzas, algo que prácticamente tuve que obligar a Katara a entender…

—Escúchame bien Aang, sé porque lo haces, por lo que nos dijiste a Katara y a mí la vez que quiso vengarse del asesino de su madre—aseveró mostrándose ligeramente desesperado así como enfurecido—¡no quiero que te sientas obligado a hacerlo!, ¡tienes todo el derecho a odiarme por lo que te hice!—rebatió revolviéndose los cabellos exteriorizando su incomprensión. —¡Aceptaría un Agni Kai de tu parte!, sé que lo merezco, soy escoria, traicioné tu confianza, perdí tu amistad, renegué de mi educación; ¡solo soy un despojo de lo que realmente debería de ser!—afirmó comenzando a caminar como alce tigre enjaulado.

Se sentía tan seguro de lo que decía, no parecía dudarlo ni un segundo, se aproximó de nuevo a mí y me tomó por los hombros sacudiéndome sin mucha delicadeza.

—¡Por una vez en tu vida no te contengas!—rugió iracundo por mi mutismo. Ante este acercamiento, solo pude reaccionar de la peor manera, perdiendo los papeles. Le asesté un puñetazo tremendo en la mejilla izquierda, con toda la fuerza de la que era capaz en ese instante. De la potencia, mi ex-amigo fue impulsado hacia atrás hasta casi caer al piso. Cabizbajo después de unos momentos se llevó la mano al rostro para sentir como su piel poco a poco se hinchaba.

—Lo...lo siento Zuko—me disculpé al instante sintiéndome avergonzado de mis actitudes. Me dejé poseer por la rabia un instante y acabo de hacer algo de lo cual ahora me arrepiento.

—¡No te detengas!, ¡no quiero tu falso perdón!—hizo una pausa alzando la vista mirándome directamente a los ojos. —Saca toda la furia que llevas dentro, la merezco… toda sin excepción…—agregó al final con una voz tan rota que podía ser fácilmente tomada por un sollozo. Sin poder evitarlo, se dejó caer de rodillas adquiriendo una pose derrotada, sin levantar la mirada de la alfombra.

Yo respiraba con fuerza, observando aquel patético espectáculo con ojo crítico. Realmente había perdido el control, y es que simplemente jamás me había esperado tales reacciones por parte de Zuko. Nunca creí que se mostrara tan arrepentido, es como si en toda mi ausencia no hubiera podido vivir con la culpa.

—Lo vuelvo a decir, no te odio, y tampoco te guardo rencor—manifesté recuperando el temple tranquilo de antes—eso sería demasiado fácil, sin embargo, mi educación me ha demostrado que el camino del perdón es el único que sana las heridas del pasado—expliqué acercándome a él con lentitud hasta encontrarme frente a él. Zuko elevó la vista hasta encontrarse conmigo mirándome atónito por mis palabras. —Y te aseguro que si te estoy perdonando, lo hago de corazón—declaré ofreciéndole mi mano para que se levantara.

Él miró mi mano con duda, y después volvió a mirar mi rostro, al final aceptó mi ayuda y después de encontrarse de pie; me regaló una de sus inusuales sonrisas—la cual me daba la sensación sido aún más escasa en este tiempo—y colocó sus manos en mis hombros, transmitiéndome la calidez que solo un alma aliviada puede transmitir.

—No tienes idea, de cuanta paz me has regalado Aang—afirmó con los ojos casi vidriosos. No sabía que responder, la verdad es que en el momento en que sucedieron las cosas, quería matarlo, por ofenderme, por traicionar mi confianza, por haberse burlado de mí. Pero ahora viéndolo en estos momentos pude darme cuenta de lo cambiado que estaba. Pálido, ojeroso…casi fantasmal, cabello descuidado, ojos cansados, líneas de expresión prematuras. Algo me decía que todo este tiempo no había sido nada agradable para él, mi resolución es que había pagado muy caras sus acciones.

Antes de decir nada más, las puertas a nuestras espaldas se abrieron de par en par con un escandaloso estruendo. En acto reflejo ambos nos giramos y no pude evitar pensar que nunca he tenido una idea peor que ésa.

Frente a mí se encontraba Katara, una mujer que distaba bastante de la joven que había visto por última vez antes de desaparecer. Mi corazón se retorció de dolor dentro de mi pecho, y las manos de Zuko se apartaron de mí momentos después.

Sus hermosos ojos azules, me miraban con sorpresa, arrepentimiento, y…¿dolor?

¿Por qué Katara tenía esa mirada tan lastimera?

Al observarla con detenimiento, pude constatar que no se encontraba en mejores condiciones que Zuko. Ojerosa, demacrada, más delgada.

Ignorando mi escudriñamiento, se acercó a mí sin cambiar en ningún momento su semblante.

—Aang—murmuró con estupor, comenzando a caminar para acercarse—no puedo creer que estés aquí—agregó volviendo cada vez más pequeña la distancia que nos separaba. —Tengo tanto que explicarte…tanto por lo cual disculparme—aseguró con un tono cada vez más tembloroso.

En sí la visión de Katara como de Zuko, me daban la impresión de que ambos vivían de manera miserable. Y no me refería al ámbito económico desde luego. Tanto él como ella vestían unas preciosas ropas rojas que lucían de excelente calidad y exorbitante precio.

Espera un momento... ¿Porque Katara lleva puestas vestiduras de la nación del fuego? Alcé la mirada a su cabeza rogando a los espíritus benditos que lo que me estaba imaginando no fuera verdad.

Ahí estaba...y de pronto aquella tiara fue la respuesta a muchas cosas. A su presencia en el castillo, a su ropa, a sus disculpas y a la razón por la cual Zuko se mostraba tan abatido.

Cerré los ojos con decepción, girandole la cara a Katara. Había sido más fácil perdonar a Zuko; puesto que el grado de confianza entre nosotros no podía llegar a compararse al que mantenía con Katara.

A diferencia de muchos, yo no tomaba represalias, y aún menos culpaba de todo al tercero en discordia. Yo me sentía mayormente dolido por la traición de Katara, ella era mi novia, mi apoyo, mi todo...

Bien decía el dominio popular; no dejes que nadie se vuelva tu todo, porque cuando se marche te dejará sin nada...

Me negué a dirigirle la palabra y me di la vuelta rehuyendo su mirada. Me encontré de frente con Zuko y la verdad era que no sabía hasta que punto se encontaba apenado pero bien podía asegurar que por la manera con la que apretaba el tabique de la nariz podía darme una idea.

—Quiero saber por qué...—murmuré con frialdad ocultando mi mirada agachando la cabeza para evitar ver al motivo de mi dolor. —Quiero que ambos me lo digan...que me expliquen porque me hicieron eso—completé sintiendo como cada vez se rompía más mi voz y se empañaba mi vista.

—Aang, escucha yo...—empezó la morena con un tono cada vez más desesperado. Sin embargo una voz infantil irrumpió en el recinto, atrayendo irremediablemente la atención de todos hacia el emisor.

—Mami...—

Aquellas palabras me helaron la sangre en cuestión de instantes. Mi mirada cayó sobre esa pequeña persona.

Una niña...de cabello abundante color castaño oscuro, ligeramente ondulado. Tez morena clara, nariz respingona y sonrojadas mejillas. Lo que más me llamó la atención; fue sin duda sus llamativos ojos...

De un hermoso colo ámbar, color perteneciente exclusivamente a la familia real de la nación del fuego...

Aquella resolución me cayó como un baldazo de agua fría en la espalda.

Casada y con una hija...o más bien la primera que he visto, a saber cuantos más tenían. Ahora podía dar por sentado que su relación quedaba por compleyo fuera de mi alcance. Y aunque me costara aceptarlo, en un recóndito rincón de mi corazón aún guardaba una pequeña esperanza de recuperar lo que había perdido. Misma esperanza que acababa de desplomarse y morir aplastada justo delante demis ojos; al ver como la pequeña se acercaba a su preocupada madre, con una sonrisa radiante y tiraba suavemente del vestido de seda de ella.

De nuevo un silencio incómodo se instaló en el recinto. Mantenía la mirada clavada en Katara y la pequeña niña abrazada a su pierna, a la cúal ésta acariciaba con cariño su cabellera. La tensión era tal que estaba seguro que podría cortarse con un cuchillo.

De pronto un gemido cansado a espaldas de Katara nos distrajo, encontrándonos con Sokka.

Lo observé con detenimiento, se veía notoriamente más envejecido, poco o nada quedaba del chico despreocupado e idiota que conocí. Podría atreverme a asegurar sin temor a equivocarme que se encontrabs aún más demacrado que Katara y Zuko juntos, pero mi pregunta era ¿Por qué?, después de todo, él no ha tenido los problemas que han tenido ellos…o nosotros más bien…

El nombrado se detuvo pasmado en el marco de las puertas, respirando sonoramente al parecer después de haber estado corriendo durante un buen rato. Su mirada paseó por todos los presentes con tranquilidad, hasta que reparó en mí. Tardó milésimas de segundo en ponerse pálido y sudó frío.

Yo arqué la ceja ante su reacción.

¿Qué le sucedía?

— ¿Aang?—musitó prácticamente inaudible tornándose ahora de una preocupante tonalidad violácea. — ¿Cómo..?, ¿dónde..?, estabas tú...—balbuceó atónito al tiempo en que se llevaba las manos a la cabeza con dramatismo como si aun no terminara de creerlo.

—Sokka también me da gusto verte—acoté con burla, para momentos después sentirme impresionado por lo que acababa de decir. Jamás había hecho un comentario sarcástico en mi vida y ahora...sin más acabo de hacerlo. Los rostros incrédulos de mis compañeros me dieron a entender que ellos también lo notaron y no podísn estar más sorprendidos también.

Sokka cerró de nuevo su boca y agitó con vehemencia su cabeza. Para después recuperarse y apuntarme con su dedo índice.

—¡Tú!, has pasado demasiado tiempo con Toph...—acusó el guerrero completamente seguro de lo que decía con una mueca graciosa, acercándose a mí para topar su dedo con mi pecho mientras yo de lo sorprendido me encogía.

¿A que venía la mención de Toph?

La verdad es que ese comentario le salió espontáneamente y no porque haya sido influenciado de ninguna manera por su amiga.

Y ahora que la traía a tema, parece ser que era la única que no me había traicionado.

De acuerdo...Sokka tampoco me había hecho nada, era injusto que generalizara.

— ¿Que tiene que ver Toph en todo esto?—pregunté confuso bajando la mano de Sokka. —A propósito... ¿dónde está?, hace mucho que no la veo—agregué con tono curioso, observando confuso como los rostros de ellos decaían en una mueca contrariada y después se miraban entre ellos con creciente preocupación.

—Aang... ¿que no estaba contigo?—preguntó con voz temblosa Katara dando a enteder como la angustia crecía como un incendio dentro de ella.

Aquellas palabras implantaron un mal presentimiento en mi pecho. Me sentía fatal por ser mensajero de malas noticias.

—No, la verdad es que no la veo desde la fiesta...—respondí dubitativo con temor a lo que pudieran decirme. En un instante a mi mente volvieron extractos de aquella noche fatal, los concejales riendo sin razón aparente, Toph arreglada de manera diferente, Katara colérica, Toph desanimada, Sokka buscando a Suki desesperadamente, el contenido de mi vaso en el suelo...Zuko discutiendo con Mai, Toph sonriéndome y tomándome del brazo...

Un momento... ¿cuándo se supone que sucedió eso?

No podía recordar nada fuera de eso.

—Esto es malo...nosotros pensamos que todo este tiempo estuvo contigo, por eso no nos preocupamos—señaló el mayor de todos nosotros, viendo como Katara se llevaba una mano al rostro dando señas de que se sentía demasiado estresada. La maestra agua tomó de la mano a su retoño y la entregó a una mujer que antes no había notado en el pasillo, indicándole que se marchara; para después tomar asiento en uno de los cojines que había en el piso sin dejar de mostrarse nerviosa. Tanto Sokka como Zuko la imitaron y se sentaron a su lado, exceptuándome a mí, que preferí mantenerme de pie.

—¿Quieres decir que Toph lleva años desaparecida?—pregunté con una ceja alzada—¡cómo es que puede desaparecer una amiga por tanto tiempo y ustedes estén tan tranquilos!—reclamé sintiéndome repentinamente furioso por sus despreocupadas actitudes. La verdad es que a pesar de haber crecido, no tenían para nada la madurez de adulto de la que seguramente se jactan.

—¡Tú desapareciste los mismos cinco años que ella y ahora estás aquí!—se defendió el moreno señalándome de nuevo. Aquella aseveración debo aceptar que me cayó bastante mal, y de nuevo el enojo salió a flote.

—¡No te atrevas a comparar las situaciones Sokka!, ¡que te aviso que no es lo mismo!—rugí acercándome a él amenazadoramente haciéndolo retroceder. Bien debía de aceptar que esta situación me estaba poniendo demasiado nervioso, realmente nunca me había sentido capaz de gritarle de esa manera a su amigo—a pesar de las recurrentes estupideces que solía decir—pero…había dado en el punto sensible que más me costaba aceptar.

Me sentía culpable de no haber estado para el mundo durante cinco años…

En esos cinco años pudieron haber pasado muchas cosas, tantas que me daba miedo siquiera imaginarlas. La suerte había estado de su lado y los espíritus no habían permitido que algo terrible sucediera durante mi prolongada ausencia. Me sentía terrible por anteponer mis problemas personales, ante mi deber como el avatar, como el protector del mundo.

—De acuerdo, puedo notar que todos estamos muy alterados por esta situación—manifestó Zuko con precaución, temiendo que entre Sokka y yo explotara una riña. Miré a Sokka con enfado contenido y después decidí serenarme; él se mostraba impresionado, aunque con una ligera pizca de indignación. —Pero creo que hay que mantener la cabeza fría para poder encontrar una solución a esto—propuso con el tono más calmado que lograba tener.

—¿Ah sí?, ¿y qué propones señor cenizas?—increpó sarcásticamente despatarrándose entre los cojines, observando con expresión cansada a su cuñado. —¿Armar de nuevo el antiguo equipo avatar para ir en búsqueda de la maestra tierra perdida?—añadió con un tono cada vez más ácido. —Por favor…se supone que decir estupideces es mi trabajo—chasqueó la lengua moviendo la mano de un lado al otro mostrando cada vez más desinterés en lo que podría decir el señor del fuego.

—Sokka…has el favor de cerrar la boca—ordenó la maestra agua, no molestándose en disimular el enfado que le ocasionaban las molestas y apremiantes actitudes de su hermano para con su esposo.

Al parecer Zuko decidió pasar por alto las imprudencias de su cuñado, pero eso no lo remidió de azotar su mano contra su frente en actitud harta. Le dirigió una mirada envenenada al aludido y se cruzó de brazos pensando algo mejor. Después de todo, parece que Sokka había dado en el clavo, esa era justamente la idea que estaba razonando Zuko.

—Iré a buscarla yo—resolví cruzando los brazos con actitud serena y convencida. Fui consciente de que todas las miradas de los presentes se dejaron caer sobre mí como granizo. —Vamos… ¿de verdad estabas considerando la idea Zuko?—pregunté sarcásticamente ignorando olímpicamente mi impulso de suprimir aquel comentario—quizás deba recordarte que ahora eres el Señor del Fuego, y por ningún motivo puedes retirar tu atención de este puesto si no queremos ver un desastre—expliqué observándolo con seriedad, notando como éste se sentía abofeteado por aquella revelación. —Katara no puede venir por obvias razones, ya que tiene que cuidar de sus hijos—recordé no pasando por alto como el ceño de ambos esposos se vio profundamente fruncido—y en cuanto a Sokka…la verdad es que no sé de alguna razón que te impida acompañarme, pero no te veo muy entusiasmado en participar—completé con despreocupación y una risa nerviosa.

Sokka me observó con las cejas fruncidas y torciendo los labios de una manera que me pareció graciosa y bastante infantil, recordándome al instante nuestras viejas andanzas. Se levantó del piso fingiéndose ofendido por mis palabras y levantó las brazos en un ademán exagerado de berrinche.

—¡Jamás dejaría a Toph a su suerte!—gruñó con un poco más de ira de la necesaria. —Como podrás notar, yo no tengo nada que me impida ayudarte en la quimera de encontrar a Toph, salimos mañana mismo a buscarla—afirmó recuperando su porte calmado y autoritario. Algo me hace creer que en todo este tiempo de mi ausencia, Sokka tuvo bastante tiempo para mejorar sus dotes de líder.

—Entonces que así sea, no podemos perder un segundo más—contesté bastante seguro de lo que decía.

No era secreto para mí, ni para nadie, que el tema de Toph fue una vía de escape para evitar el tema de la traición. Hay que aceptar, la presencia de Sokka fue por demás inoportuna; la noticia de Toph por demás inesperada. Me sentía mal por utilizar de esa manera a mi amiga, pero la verdad era que quizás esto quería decir que aún no estaba preparado para la verdad, en el estado que venga.

Pero los espíritus son sabios, y alguna razón debe de existir para hacer lo que hacen. No se pondría a querer adivinar las verdaderas intenciones de los eternos enemigos de Sokka, llámese destino, universo, o señor del karma.

No me molestaba en engañarme que a pesar de mi ausencia nadie se detuvo a preguntarse que había sucedido conmigo. Cada quien continuó con su vida como siempre, importándoles poco mi desaparición así como la de Toph.

Solo me quedaba saber…

¿Qué acción era la que estaba pagando?


¡Hola!

Debo aceptar que me tardé demasiado en continuar esta historia, me encanta este fic, pero es algo complicado de escribir. Quiero retratar a un Aang herido por las circunstancias, desde luego siempre es retratado como un amor de persona, cariñoso con su novia y bla bla. Eso es cuando está tranquila la bestia, pero quiero mostrar los sentimientos de ira que debe de sentir Aang al ser traicionado por dos de las personas que más aprecia en el mundo.

El caso de Katara no vale la pena ser puntualizado, el en caso de Zuko, era un gran amigo del avatar, su maestro, su compañero…No sé explicar si tenía un grado de confianza mayor que con Sokka, pero me llego a suponer que sí.

Por otro lado, les aviso que no piensen que Sokka va a tener una participación parca y sin importancia en este fic. Oh, no deben de suponer eso; Sokka esconde algo terrible y oscuro—no estoy aún segura de poder tildarlo de esa manera—pero les aseguro que su apariencia física no es coincidencia ni algo que no se deba tomar a consideración.

Esta historia tiene muchos reveces, así que no hay que creer que lo han visto todo.

Agradezco muchísimo los comentarios de aliento de cada uno de ustedes. Me pone muy feliz que me digan todo eso. Y claro que seguiré escribiendo por ustedes.

PD: Si desean ver algunas escenas de este fic—futuras en su mayoría—pueden buscar mi deviantart; mi nombre es whitemiko55

Besos…