Estampa navideña (parte 2).

La cena fue estupenda, y todos alabaron la buena cocina de la señora Briefs. Obviamente que gran parte de ella fue devorada por los hombres más fuertes del Universo y sus pequeños vástagos… ellos no escatiman en comida, menos en una buena comida. Pero sería mucho pedir que Vegeta se quedara con los amigos de su mujer en la sobremesa, así que, en cuanto terminó de engullir su grandísima porción y sin despedirse de nadie, se alejó hacia el balcón principal de la casa, quedándose allí apoyado en el barandal, mirando hacia el oscuro firmamento… esa infinidad de estrellas podrían haber sido suyas si no hubiera sido por un malnacido. Unos diez minutos sintió la llegada de alguien a sus espaldas… tenía compañía.

Kakarotto… ¿por qué insistes en molestarme? —dijo irritado sin volver la vista—. Que te quede claro de una buena vez que tú y yo no somos amigos.

Bueno, Vegeta, eso lo dirás por ti —le puntualizó Gokú con amabilidad. Se había acercado sigilosamente a su camarada mientras los demás cantaban villancicos—. Para mí eres un buen amigo… desde que te conocí, cuando llegaste a la Tierra como un asesino, has cambiado mucho —recordó en tono algo nostálgico—. Han pasado varios años…

¡Mph! —bufó el aludido para expresar su desacuerdo—. Puede que tengas razón en parte, Kakarotto… aunque eso no significa que haya olvidado la humillación a la que me has sometido desde esa ocasión —y está vez sí lo miró, echándole una mirada asesina—. Es algo que no te perdonaré nunca.

¡Qué sentido eres, Vegeta! —el más ingenuo de los Saiyajins le sonrió tímidamente a su interlocutor—. Mira, mejor vámonos ya… —agregó recuperando un poco la mesura —… recuerda que tengo una sorpresa que darte, y no quiero indiscretos que la echen a perder.

El Príncipe lo observó escrutadoramente.

Kakarotto… ¿es en serio lo qué dices? —le preguntó con duda—. Mira que si se trata de una de tus ridículas bromas…

Vamos, vamos, Vegeta, espera y verás que no es broma —afirmó Gokú sin cambiar el rostro formal—. Me costó mucho conseguirlo, pero ha valido la pena.

Y sin darle tiempo de rezongar otra vez, le tomó por el hombro y se tele transportaron lejos de Capsule. Sus pequeños hijos se percataron de su repentina ausencia y ambos se lanzaron hacia el balcón, interrumpiendo el tercer villancico que entonaban los demás.

¡Papá!, ¡papáaaaa! —exclamó Trunks mirando hacia todos lados.

¡Papáaaaa! —Goten le imitó.

¿Qué sucede, Goten? —preguntó Milk con preocupación al aproximarse a ellos.

¡Mi papá se fue con el tío Vegeta! —dijo el chiquillo, en tanto su amiguito afirmaba con la cabeza.

Tranquilízate, mamá, seguro que papá llevó a Vegeta a ver su regalo —Gohan intervino para apaciguar a su progenitora, palmeándole el hombro con cariño y hablándole con calma—. Ya volverán.

Oye, Gohan, ¿tú sabes que le va a regalar Gokú a Vegeta? —Bulma intervino a su vez, pues también se había acercado al escuchar la exclamación de su retoño, y aun seguía intrigada por saber cuál era el presente secreto de su amigo para su marido.

No, Bulma, no lo sé… —le respondió éste encogiéndose levemente de hombros—. Recuerda que es un secreto y no se lo dijo a nadie.

De seguro tú sí lo sabes, ¿verdad, Pikoro? —la científica no quedó conforme, y se dirigió al namek en tono de súplica.

En eso te equivocas, mujer —expresó el aludido con parquedad e indiferencia, y con el gesto insoldable que suele tener—. No lo sé, y aun si lo supiera no te lo diría, pues un secreto es un secreto.

¡Oh, ya veo! —la dama suspiró derrotada… le comía la curiosidad por saber cuál era ese fabuloso obsequio que superaría a lo que ella le tenía preparado a su Príncipe—. Es una pena que se vayan a perder los postres… Trunks, Goten, creo que mejor regresan adentro que ya vamos a servir el pastel —mencionó al final como quien no quiere la cosa, recuperando un poco la compostura e indicándole a su hijo lo que debía hacer.

A veces tengo la ligera impresión de que Vegeta sí aprecia a mi Gokú —opinó Milk suspirando de igual forma… casi era seguro que sus esposos no regresarían pronto. Gohan y Pikoro también entraron siguiendo a los niños.

Más de lo que crees… —afirmó Bulma en voz muy baja—. Bueno, ¿quién quiere otra taza de ponche? —preguntó alegremente volviendo al comedor.

Entre tanto, los Saiyajins adultos arribaron en una zona montañosa y nevada, muy alejada de la civilización. Una ventisca soplaba a su alrededor y afortunadamente iban lo suficientemente abrigados para aguantar el frío

Bueno, ya estamos aquí —indicó Gokú con su aire de inocencia, admirando el paisaje por un momento—. Ahora, Vegeta, acompáñame por favor.

¿Dónde mierda estamos? —preguntó el Príncipe con desconfianza, echando un vistazo a su vez hacia todas direcciones tratando de reconocer el lugar.

Estamos muy cerca de la Capital del Norte, por eso esta nevando —respondió el de alborotados cabellos, moviéndose entre la nieve y alejándose lentamente de la posición donde llegaron—. Tenemos que apurarnos o ella puede cobrarme el doble por la tardanza —agregó un tanto preocupado.

¿Qué te…? —el de levantada cabellera parpadeó por una fracción de segundo, más caminó detrás de su camarada—. Oye, Kakarotto, ¿a qué carajo estás jugando?

No comas ansias, Vegeta —dijo cautelosamente y le señaló hacia adelante—. Mira, en esa cueva nos están esperando.

¿Y quién %&$#*+#… nos está esperando? —Vegeta no pudo controlarse más y vociferó enojado, sin medir los efectos que podría ocasionar un alarido como ese.

¡Shh, Vegeta, no grites así o puede caernos una…! —Gokú le hizo la observación con seriedad volviendo la vista a él, más se puso momentáneamente pálido —… ¡avalancha! — y apuró el paso—. ¡Corre, Vegeta, corre! —exclamó sin detenerse.

Al ver la nieve que se le venía encima, el Príncipe no lo pensó dos veces y lanzó un disparo de Ki que la fundió enseguida… pero el agua fría lo cubrió de golpe, dejándolo completamente empapado.

¿¡Pero qué…!? —obviamente que todo esto lo tomó por sorpresa y le caló hasta los huesos— ¡Me lleva la #$%&! — bramó una vez más, elevándose un poco como para escurrirse.

Vegeta… yo te dije que no gritaras —Gokú le habló con amabilidad desde la entrada de la cueva—. Veo que no fue una buena idea derretir la nieve con tu Ki… —y sonrió grandemente al notar el estado en el que se encontraba su colega—… ahora te encuentras mojado.

¡Kakarotto, mantén la bocota cerrada o te mato! —Vegeta le rezongó aterrizando a su lado, transformándose en SS por unos segundos para secarse con el calor que emanaba de su propio cuerpo.

Una voz salió del interior de la cueva, una voz bastante aguda.

Gokú… ¿ya estás aquí? —preguntó la vocecilla.

¡Ah, hola, Uranai Baba! —saludó amablemente el aludido—. Sí, ya estoy aquí.

La pequeña y anciana vidente se apareció montada sobre su bola de cristal.

Vaya… puedo ver que trajiste a Vegeta como lo habías prometido —observó la veterana con agudeza.

¡No que va, vieja bruja, soy una ilusión! —dijo toscamente el mencionado, cruzándose de brazos y mirando a la adivina con bastante desagrado—. ¿Es que acaso no tienes ojos para ver bien? —le interpeló con arrogancia.

Veo que aun sigues siendo un inculto, Vegeta —Uranai Baba puso gesto de ofendida, hablando bastante molesta—. Creo que te hubiera servido más quedarte en el infierno, a ver sí así aprendías buenos modales.

¡Jah!, eso hubieran querido tú y muchos otros insectos pero, como bien puedes ver, no se les cumplió su caprichito —espetó el alzado Saiyajin en tono burlón.

Ya, ya, por favor, cálmense, es Nochebuena y no hay porqué discutir —intervino Gokú, pidiéndoles quietud con las manos—. Uranai Baba, tú ya sabes a que he traído a Vegeta.

De acuerdo, Gokú, pero ya sabes el precio de mis… —dijo la anciana mujer después de resoplar con algo de irritación. Así ya hubiera pasado al bando de los buenos, ese "Principito" descortés no se merecía nada de su parte.

Tú no te apures por eso —le interrumpió con amabilidad—, todo lo tengo arreglado como quedamos.

Bien, siendo así… —la madura mujer le lanzó una mirada escrutadora al Príncipe antes de decidirse—… síganme por aquí, caballeros, y no se detengan por favor —avanzando hacia el interior de la caverna sobre su bola de cristal.

Vegeta se sintió tentado por unos segundos de mandar a Gokú a la China…, dejarlo con la arpía habladora y fastidiosa, y largarse solo a su casa; pero la curiosidad fue más intensa… ¿Qué estupidez había cruzado por la poca masa gris del descerebrado de Kakarotto?, ¿qué era lo que le obsequiaría, tan único y especial? Se sonrió un poco al recordar el intento de discurso que le había dedicado a su "best friend forever", imaginando las mejores frases de su repertorio para todo el "bla, bla, bla, bla". Después de cinco minutos llegaron a una parte amplia y descubierta de la cueva, por donde se admiraba la oscuridad de la noche iluminada por las estrellas. Al fondo de la misma distinguieron el característico brillo opaco de las Esferas del Dragón.

¡Gracias, Uranai Baba, muchísimas gracias! —le dijo Gokú visiblemente feliz—. ¡No lo hubiera conseguido sin tu ayuda!

A Vegeta le dio un tic en la ceja. ¿Para que iba a utilizar las "Dragon Balls" ese tarado sin lucidez? ¿Qué tenían que ver con el mentado obsequio que según iba a darle? Todo le pareció tan fuera de lugar, algo digno de alguien tan bruto como su némesis.

Oye, Kakarotto… ¿le pediste a esta rancia embaucadora que buscara las "Dragon Balls" para ti? —habló con un toque de irritación en la voz —. El radar del Dragón de Bulma te hubiera ahorrado el trabajo…

Pero así Bulma se hubiera enterado de lo pensaba hacer, y no me dejaría en paz con sus preguntas, Vegeta. Y tú ya conoces como es de tozuda —respondió el aludido encogiéndose un poco de hombros—. Todo tenía que ser en secreto, y sólo pude confiar en Uranai Baba para este encargo tan especial.

Bien, bien, yo he cumplido con mi parte del trato, Gokú, así que espero mi paga el primer día hábil del siguiente año —intervino la veterana adivina antes de retirarse, elevándose con rapidez hasta salir de la oquedad—. Me voy ahora o Enma Daio – sama se enojará conmigo si lo dejo plantado con la cena —se explicó desde las alturas.

¡Descuida, Uranai Baba, y muchas gracias por todo! —el de alborotada cabellera se despidió de ella agitando la mano con entusiasmo—. ¡Dale mis saludos a Enma Daio – sama y te veo el año que viene! —en cuanto la anciana mujer se perdió de vista, se dirigió a su compañero de muchas batallas—. Bien, Vegeta, prepárate para ver tu gran deseo hecho realidad.

El Príncipe no salía de su asombro… ¿Kakarotto le pediría a Shenlong un deseo para él? Eso rayaba en la generosidad más habitual de Gokú.

¿Al fin te asesinaré personalmente? —el de levantada cabellera habló esperanzado, casi le brillan lucecitas en las pupilas—. ¿Me libraré de tu fastidiosa presencia mandándote directo a la tumba?

Oye… Vegeta… tengo entendido que dejaste de entrenar por unos dos meses después de que yo morí en el torneo de Cell —el de alborotados cabellos parpadeó con asombro—. Sé que me extrañaste, ¿verdad?

¿Que… qué yo te extrañé? —el tic en la ceja y la vena palpitante de la frente no se hicieron esperar—. ¿¡Quién mierda te dijo que yo te extrañé!? —y lanzó uno de sus acostumbrados gritos—. ¡Nunca hice ni haré algo semejante!

Vamos, vamos, Vegeta… —Gokú le sonrió una vez más con bastante reparo, haciéndose momentáneamente "chibi" ante semejante vozarrón—… no participaste en el torneo que organizaron con todos los peleadores de la galaxia… Aunque eran unos farsantes, a leguas se veía —como que meditó un poco en eso—, y por esa razón fue que enviaste al Trunks del futuro en tu representación —agregó a modo de observación, aunque sonó como si le estuviera reprochando un poco por esa falta de espíritu—. Yo lo vi todo junto a Kaio – sama, pues hicieron una transmisión mundial por televisión y tú no estabas ahí.

El noble Saiyajin casi echa lumbre por las pupilas.

¡Yo no envíe a nadie en mi representación, Kakarotto! —volvió a levantarse sobre sus botas—. ¡No seas tan bestia!

Ya, ya, bájale a tu enfado, Vegeta —dijo su interlocutor, pidiéndole calma una vez más con las manos—. De todos modos no te gustaría matarme tan fácilmente de esa forma —agitó su mano derecha, indicándole con esa seña de que eso no estaría correcto—. Aunque, si eso es lo que en verdad deseas…

Vegeta se calmó instantáneamente… en realidad no era eso lo que deseaba, pues internamente no le sería satisfactorio acabar con su rival de esa manera tan sencilla y sin nada de gracia.

¡Mph! —se cruzó de brazos y retomó el gesto serio y ceñudo que suele tener cuando está tranquilo—. Tienes razón en eso, Kakarotto, no me sería agradable acabar con tu mezquina existencia usando la magia.

¿Ves a lo que me refería, Vegeta? —observó Gokú ya más tranquilo y confiado—. Yo sé que tienes un deseo mejor que pedir, algo que te hubiera gustado realizar de verdad.

El Príncipe volvió a mirar a su némesis tratando de disimular su asombro… ¿qué tanto sabía Kakarotto de él? Eso era algo para preocuparse.

¡Sal de ahí, Shenlong, y cumple nuestro deseo! —en un santiamén Gokú invocó al gran dios Dragón, quien se presentó tan espectacular como acostumbra.

Díganme, ¿cuál es su deseo? —habló el dragón con su tono profundo y grave, serpenteando armoniosamente en el aire—. Les puedo cumplir dos deseos, siempre que estén al alcance de mi poder.

¡Shenlong, hola! —le saludó amablemente el de alborotados cabellos, como si fuera un amigo al que no había visto durante algún tiempo—. ¡Primero deseo le cumplas a Vegeta el gran sueño de su vida!... Y espérame aquí para el siguiente deseo —puntualizó sin dejar de sonreír.

Eso es muy fácil para mí —respondió el ser celestial, y sus rojas pupilas fulguraron por unos segundos—. El deseo ha sido concedido en este momento.

Súbitamente todo a su alrededor cambió; primero les rodeó una oscuridad total, para que poco a poco retornara la iluminación. Se encontraban en un lugar extraño, cuya decoración era completamente desconocida para Gokú… no así para Vegeta.

Disculpa la observación, Vegeta —dijo el ingenuo Saiyajin haciendo una mueca de desagrado—, pero aquí en Vegetasei no tienen buen gusto para adornar.

El aludido no podía dar crédito a lo que veía… era la habitación en donde había pasado sus primeros años después de que salió de los cuneros. La recordaba perfectamente. En ella recibió las primeras lecciones de vida cuando apenas había aprendido a caminar. Por cierto, ahora los dos vestían a la usanza acostumbrada de su planeta natal. Alguien llamó a la puerta.

Príncipe Vegeta —dijo una voz desde afuera—, le aguardamos para la ceremonia y esperamos que la llegada de Kakarotto no le haya importunado.

Descuiden, pronto conduciré a Veg… al Príncipe Vegeta a la sala del trono —respondió Gokú atrancando presurosamente la puerta, sonriendo un poco nervioso—. Sólo tengan paciencia, por favor, pues el Príncipe está emocionado con todo.

Vegeta no salía de su asombro… ¿ceremonia, y Kakarotto le decía Príncipe con respeto? Si que era un sueño.

Eee… —se encontraba anonadado, y hasta se pellizcó con fuerza en un brazo para comprobar que no estuviera dormido.

Anda ya, Vegeta —Gokú le tomó con algo de cuidado por los hombros, sacudiéndolo levemente para que reaccionara—, ponte la capa y el escudo real que todos tus súbditos están esperando por ti.

Oye, oye, Kakarotto… ¿qué fue lo que hiciste? —le preguntó el de levantada cabellera con los ojos bien abiertos… el pellizco le había dolido mucho.

No, Vegeta, no fui yo; tú siempre deseaste ser coronado Rey de los Saiyajins en Vegetasei, y también ser reconocido como el Emperador Supremo del Universo —contestó su "colega" con simpleza, encogiéndose un poco de hombros.

Vegeta se colocó los atuendos que indicaban su linaje, y se dejó conducir por Gokú hacia la sala del trono. Todo el palacio estaba adornado en la forma que recordaba… el noble escudo de la familia real de Vegetasei en todas las paredes era la representación de su gran estirpe. Entrando al vestíbulo del monarca quedó más sorprendido, pues se encontraba llena de soldados de todas las categorías, algunos conocidos como Nappa, Raditz, Bardok y compañía, Paragus con Broly, Turles… todos se inclinaron respetuosamente al verlo llegar.

¡Salve, Príncipe Vegeta! —dijeron al unísono todos los presentes.

El Rey se encontraba sentado en el trono, el cual se ubicaba en el fondo del enorme salón. Les indicó con un ademán que se acercaran.

Vegeta, Kakarotto… —les habló cuando llegaron frente a él, y los dos se inclinaron respetuosamente—. Vegeta, hijo mío, estoy muy orgulloso de ti, eres un digno Príncipe de nuestra raza —el monarca se levantó para enderezarle y abrazarle—. Gracias a ustedes dos nuestro reinado es el más poderoso del Universo, y perdurará por siempre.

Vamos, vamos, Majestad, en realidad no fue nada —Gokú se inclinó un poco más para darle los honores correspondientes, guiñándole disimuladamente un ojo a su camarada, como para darle a entender que todo el protocolo le era muy soporífero—, era lo menos que debía yo hacer por mi planeta y por todos los Saiyajins.

Vegeta —el Rey enfocó una vez más a su hijo después de dirigirle a Gokú una breve sonrisa de conformidad—, ahora ya estás preparado para gobernar en mi lugar. Y Kakarotto será un buen consejero para ti.

Se quitó parsimoniosamente el escudo de su propia armadura y lo colocó en la de su vástago.

Soldados y todos los súbditos de Vegetasei… —se dirigió con gravedad y sobriedad a todos los presente —… vuestro nuevo Rey, y Emperador Supremo del Universo… el Rey Vegeta XXX.

¡Salve, Emperador Vegeta! —respondieron nuevamente al unísono, inclinándose al mismo tiempo para darle la pleitesía a su nuevo mandatario.

El Príncipe se debatió por unos segundos consigo mismo, sin saber si reír de gusto o llorar de alegría… Sí, uno de sus más grandes deseos infantiles había sido precisamente ese, el día de su coronación. Y por mucho tiempo mantuvo el sueño hasta que fue llevado a la fuerza con Freeza y rebajado a servirle como uno más de sus soldados; si bien le daba un trato preferente, no dejaba de ser esclavo. Su gran deseo se intensificó más por varios años, en todo ese tiempo que vivió al lado de su odioso captor, y, aunque su planeta y sus súbditos hubieran sido eliminados de una forma traicionera, seguía siendo el Príncipe de los Saiyajins y tenía que comportarse como tal, aguardando el momento justo. Algún día sería su día de gloria, se vengaría por todos ellos. Ahora estaba allí, como siempre lo había soñado. Y pensar que, a pesar de todo lo mal que se ha comportado con Kakarotto desde que sus caminos se cruzaron, al que sólo le regalaría un discurso insignificante y ofensivo, el muy estúpido cabeza dura seguía pretendiendo amabilidad para su persona, sin entender nunca que no sería totalmente de su agrado por el simple hecho de atreverse y llegar a ser más fuerte que él. Si que Kakarotto era un verdadero masoquista.

En honor del nuevo monarca se haría un gran banquete, así que ya se imaginaran una comilona con cientos de Saiyajins. Todos y cada uno de los presentes chocaron sus copas y bebieron a la salud de su soberano. Ahora se encontraban acomodados de acuerdo a su nivel, ocupando unas largas mesas llenas con bandejas rebosantes de platillos. Únicamente Gokú, al haber ascendido de puesto por decisión real, se encontraba en la mesa de honor junto a Vegeta y el antes Rey, zampándose los bocadillos como sólo él sabe hacerlo.

¡Chomp, chomp, chomp! ¡Pues la comida está buena, Vegeta! —dijo después de tragarse la gran porción que se metió a la boca, seleccionando lo que comería a continuación—. No sabe tan bien como la que me prepara Milk, pero por lo menos es comestible.

Kakarotto… —el Príncipe le reprendió viéndolo de muy fea manera… los modales nunca se le darían a ese tonto.

¡Ah, por cierto, antes de que se me olvide, Vegeta, hay un punto que debes tener presente con este deseo! —recordó el de alborotados cabellos después de unos minutos. No había parado de masticar ruidosamente.

… ¿Qué cosa? —el aludido se puso a la defensiva. Por alguna extraña razón, la conversación entre ellos no parecía ser escuchada por alguien más.

Bueno, como esto en realidad no fue lo que pasó aunque lo deseabas con todo tu ser, si de verdad piensas quedarte aquí en Vegetasei perderás todo lo que ganaste en la Tierra —le explicó con simpleza, limpiándose la boca con el dorso de su brazo.

¿Qué… qué dices? —el de cabellera en punta abrió los ojotes y dejó de comer—. ¿Te refieres a…? Es broma, ¿verdad, Kakarotto? —y su mirada se hizo escrutadora—. Recuerdo haberte dicho que no estaba para jueguitos tontos —le gruñó de muy mala manera.

No es broma, Vegeta, es real ahora para ti porque siempre lo deseaste —afirmó el de peinado punk encogiéndose un poco de hombros—. Pero este es tu deseo, no mío; así que no tengo porqué estar aquí… —y se levantó de su silla con intenciones de retirarse—. Permiso, Majestad —despidiéndose formalmente del Rey, padre de su amigo—, tengo otras obligaciones que cumplir —y apartándose rápidamente de la mesa.

¡Oye, Kakarotto!, ¿a dónde crees que vas? —Vegeta se levantó también para impedir que Gokú se le escapara, y ya pensaba ir tras él cuando…

¡Salve, Emperador Vegeta! —dijeron todos los Saiyajins, incorporándose de sus asientos para presentarle sus respetos.

¿Ocurre algo, Vegeta? —le preguntó su padre con extrañeza.

Eto… no, no es nada —tartamudeó el aludido un poco perplejo, se le había olvidado en donde estaba—. Sólo necesito… aclarar unos asuntitos con Kakarotto —carraspeó para disimular.

Bien, hijo, adelante… ahora tú eres el Rey y debes tomar tus propias decisiones y asumir lo que te corresponde —dijo el Rey en tono solemne y sobrio.

Recorrió el comedor en tanto los soldados seguían inclinados. Era tan agradable para su ego, pero las palabras dichas por su némesis lo dejaron intranquilo. Detectó su Ki y llegó en donde se encontraba… la torre más alta del castillo.

Vegeta… el paisaje de Vegetasei tampoco era bonito —dijo Gokú al sentir su presencia, guardándose un suspiro y volviendo la vista para mirarlo de frente por última vez—. Bueno, es hora de irme.

¡Mierda, Kakarotto, explícame a que te referías con lo que me dijiste allá abajo! —el Saiyajin de peinado de flama le reclamó airado—. ¡De ninguna manera voy a dejarte ir sin que me aclares todo esto en lo que me metiste!

Vamos, vamos, Vegeta, no tienes que molestarte… es muy simple de explicar —y el Saiyajin de peinado alborotado aclaró con voz calmada, sonriendo como es su costumbre ante la falta de tolerancia de su "coterráneo"—. Si las cosas se hubieran presentado como tú deseabas que fueran desde que eras un niño, nunca me habrías conocido… —observó con tranquilidad—… porque no hubieras tenido la necesidad de llegar a la Tierra dado que habrías matado a Freeza tú solo, y así no hubiera destruido Vegetasei…

El Príncipe pareció sorprenderse otra vez ante esa interpretación tan cierta. Eso era una verdad que su progenitor siempre le inculcó: la idea de que ellos, los Saiyajins, eran los más fuertes guerreros del Universo y su misión era dominar a todas las criaturas del cosmos, y que él, Vegeta, sería el Emperador del mismo. ¡Maldita haya sido la hora en la que su padre el Rey hizo tratos con esa lagartija despreciable! En menos de un año se había perdido todo desde que asumió la conciencia de las cosas, y tuvo que soportar, a su tierna infancia, una vida de servicio a las órdenes del repugnante engendro. Gokú continuó con su explicación después de concederle una fracción de segundo para que asimilara el alcance de los sucesos.

Y, por lógica, tampoco hubieras conocido a Bulma dado que la Tierra en realidad no tenía ninguna relevancia para ti y tu imperio —le puntualizó serenamente—. Disfruta tu deseo y… Feliz Navidad —y se dispuso a teletransportarse.

… espera un momento, Kakarotto —Vegeta se quedó anonadado por ese último comentario, más le detuvo la mano a tiempo de permitir que se marchara—. ¿Eso significa que… que yo te he ganado?

Bueno, sí, ganaste a tu manera, pues nunca nos habríamos enfrentado —el aludido le sonrió con sinceridad, volviendo a encogerse de hombros—. Ahora voy a ocupar el segundo deseo para que todos en la Tierra te olviden… menos yo, claro.

Oye… ¿por qué vas a hacer eso? —le espetó bruscamente, atajándole una vez más de la muñeca.

Vegeta… no querrás hacer sentir mal a Bulma si no vuelves, y tal vez tu padre y los otros Saiyajins no aceptarían a Trunks como descendiente del gran Rey de Vegetasei dado que no es un Saiyajin puro —Gokú le habló con seriedad sin perder la docilidad, un poco sorprendido de que el Príncipe no hubiera entendido la intención del segundo deseo—. Si tú hubieras llegado a Monarca en nuestro planeta natal ellos no serían parte de tu vida… tal vez Bulma se hubiera casado con Yamcha, y tal vez Trunks no hubiera nacido o sería diferente… —pareció meditar en esos sucesos, los que pudieron haber ocurrido de no haber sido por la llegada de Raditz y los otros Saiyajins a la Tierra—. Bueno, pero yo quise regalarte el deseo que tenías de ser Rey y Emperador Supremo del Universo —volvió a sonreírle palmeándole un hombro para reconfortarlo, aunque está vez lo hizo con timidez—. Creo que es lo menos que podía hacer por ti, amigo mío.

Kakarotto, eres un… —le dijo con dureza su interlocutor, soltándole un manotazo con brusquedad y apartándose de él para apoyarse en una pared cercana.

Muchos pensamientos dieron vueltas en su mente. Bulma… Trunks… ¿Acaso el trono de Vegetasei y el control del Universo valían más que su familia? No, a ellos no podía perderlos nunca, ellos ahora eran su mundo, era los únicos seres en el cosmos por los que daría su propia vida sin pensar más que en su bienestar, en su seguridad, en su integridad… ¿desde cuando había cambiado tanto? Antes le importaba muy poco asesinar a alguien porque matar le complacía en grado máximo, pero, ahora… El deseo que acarició desde pequeño, la ilusión y la dicha de ser Emperador Supremo ya no llenaba sus expectativas si significaba renunciar a la maravillosa mujer que le había dado la satisfacción de tener un heredero… aunque a veces ambos lo sacaran de sus casillas. Y eso, si bien no lo entendía del todo y le costaba un mar admitirlo, es lo que se conoce como amor.

¿Acaso te sucede algo, Vegeta? —le preguntó Gokú con extrañeza al verlo tan abatido—. ¿No estás contento con ser ya el Rey de Vegetasei y el Emperador Supremo del Universo?

Kakarotto… —el aludido susurró muy bajito, e inmediatamente le palpitó la vena en la sien, como si estuviera a punto de explotar—… ¿Así que creíste que te librarías de mí dejándome en este lugar de mierda? —le gritó muy alto, tan alto que hasta hizo eco con los muros de la otra torre—. ¡Estás equivocado, sabandija inmunda, ya que no deseo nada más que estar con Bulma y Trunks! —exclamó con ira contenida, liberando el Ki de SS—. ¡No pienso dejarle el camino libre a ese gusano arrastrado de… como quiera que se llame! —bufó con rabia mientras abría y cerraba los puños tratando de controlarse—. ¡Y larguémonos de este maldito lugar, al cabo que ya se lo llevó la #$%&*+…!

OK., OK., pero no te alteres así, por favor —Gokú cerró los ojos ante la magnitud de los alaridos, y por un segundo se sintió atemorizado por lo que pudiera pasar. Inmediatamente, ya sin pensarlo tanto, lo tomó del hombro y se teletransportaron de regreso a la Tierra.

Se encontraban nuevamente frente a Shenlong.

Bien, ¿cuál es su segundo deseo? —preguntó el dragón con su gravedad acostumbrada, mostrándose imperturbable como siempre—. ¿No van a pedir su segundo deseo?

¡Claro que sí, Shenlong! —le respondió Gokú como si nada raro hubiera sucedido—. Deseamos que las cosas sigan siendo igual que antes de irnos.

Eso es fácil —dijo el ser celestial en tono solemne y grave—. Su deseo es concedido ahora —y sus grandes ojos rojos centellaron por unos segundos—. Ahora, me voy.

El dios Dragón desapareció entre un rayo de luz, y las esferas salieron disparadas en varias direcciones.

¡Gracias, Shenlong! —Gokú se despidió agitando la mano en lo que el ser mágico se esfumaba—. ¡Te veré otro día!

En cuanto habían llegado, Vegeta se fue a sentar sobre una roca un tanto alejada, sin fijarse en nada, meditando con el rostro apoyado en sus manos. "Ese miserable de Kakarotto…", se había sentido dichoso por unos minutos, tal vez horas, rodeado de todos los Saiyajins, de todos sus súbditos, siendo reconocido como el conquistador del Universo; pero, en realidad, aunque seguía comportándose como un auténtico necio a pesar del paso del tiempo, él sabía que, muy en el fondo, al único Saiyajin que podía considerar su amigo de verdad era precisamente ese que lo había forzado a llegar más allá de sus límites… sin Kakarotto no hubiera dado lo mejor de sí, así como no conocería la felicidad indiscutible sin Bulma ni Trunks.

Oye, Vegeta —Gokú se acercó a su posición y le habló con bastante timidez—, aquí te dejó la cuenta que me dio Uranai Baba… Sé que a Bulma no le costará mucho este servicio —y le extendió un papel, sonriéndole con su ingenuidad característica.

¿Y esto qué es? —el Príncipe lo miró intrigado sin tomar el papel… ¿una cuenta? ¿Qué diablos era una cuenta?

Es el pago para Uranai Baba, por el favor que me hizo de buscar las Esferas del Dragón —se explicó con simpleza encogiéndose un poco de hombros. Para él no estaba nada mal, y era lo justo por los servicios de la hechicera—. Yo no tengo suficiente dinero para cubrirlo… tú sabes… —agregó un tanto apenado, carcajeándose por lo bajo—. Pero seguro que Bulma me prestará ya fue para tu regalo, y creó que no escatimará dinero en algo que sea para ti… O tal vez la señora Briefs quiera pagarlo, ella te aprecia mucho, mucho, mucho —puntualizó al final.

El hosco Saiyajin arrancó la dichosa factura de las manos de su némesis sin mucha delicadeza, y leyó lo que en ella estaba escrito: "Vale para un servicio completo de belleza en…" Parpadeó de incredulidad, ¿acaso la arcaica bruja quería un servicio de belleza para… para qué le serviría? Eso era un chiste de mal gusto.

Kakarotto… —susurró Vegeta arrugando el papel y lanzándolo lejos—… ¡vete a la mierda! —le espetó hastiado sin levantarse de su posición, desviando el rostro para darle a entender que lo dejara solo.

Sí, Vegeta, lo que tú digas —más Gokú respondió con amabilidad—. Ya me voy porque tengo que buscar el regalo para Goten y después regresar por ellos a Capsule… Milk ha de estar furiosa —anunció con algo de preocupación, y posteriormente se inclinó un poco para palmearle un hombro a su "amigo" y así transmitirle algo de paz, que bien que la necesitaba—. Feliz Navidad —concluyó antes de teletransportarse.

Bastante más tarde, ya cerca de las dos de la mañana, el Príncipe Vegeta se presentó en Capsule y suspiró tranquilo. Al fin los gorrones se habían largado y todo estaba en orden, tal y como le gustaba. Ascendió sigilosamente por las escaleras que conducían al piso superior, sospechando que Bulma ya resoplaba babeando las almohadas, o tal vez seguiría esperando por su llegada. No quiso entrar por la ventana de su habitación para no hacer demasiado ruido. Y antes de subir, al pasar por la sala, se fijó que debajo del árbol ya había grandes cajas de regalos, y varias eran para él. Sonrió sutilmente y se encaminó primero al cuarto de Trunks. Abrió la puerta con lentitud para no despertarlo.

Papá… ¿eres tú? Qué bueno que ya llegaste —el pequeño murmuró amodorrado… no se había dormido del todo para sentirlo llegar.

Mocoso del demonio… ya deberías estar roncando —le espetó en voz baja, aunque su subconsciente se sintió agradecido porque su hijo se preocupara por él.

Quería verte antes de eso —dijo el chiquillo al momento de bostezar grandemente… los ojos se le cerraban—. Feliz Navidad, papá —le sonrió un poco para posteriormente soltar un sonoro resuello.

Igualmente, Trunks… hijo —el Saiyajin disimuló un suspiro de alivio y complacencia al ver a su hijo dormir como un angelito, y cerró la puerta con mucho cuidado.

Entró cuidadosamente a su cuarto y encontró las lámparas de mesa encendidas, aunque con una muy tenue luz, y a una soñolienta Bulma tapada hasta el cuello.

¡Vaya —ella bostezó levemente al verlo—, pensé que no llegarías a dormir! —y se frotó suavemente los ojitos azules para desperezarse del todo—. Y, dime una cosa, Vegeta —se enderezó un poco en el colchón sin descubrirse, en tanto su marido, sin acercarse al lecho nupcial, botaba las botas en un rincón, incluyendo el pantalón y el suéter… al Príncipe le gusta dormir en poca ropa —, ¿el regalo de Gokú fue mejor que lo que voy a regalarte esta noche? —preguntó con curiosidad renovada.

Mmm… si no sé que vas a regalarme… —masculló parcamente sin animarse a acostarse a su lado—… no puedo decirte si es mejor o peor que el regalo de ese idiota.

Entonces dame tu sincera opinión sobre esto —dijo sugerentemente la dama, descubriéndose al momento de levantarse de la cama y mostrándose de cuerpo entero—. Es la lencería de moda… muy práctica para nuestras noches especiales, la compré por catálogo; y también aprendí el baile del vientre en mis clases de zumba —y le sonrió coquetamente contoneándose un poco más de lo acostumbrado—. ¿Qué me dices ahora? —le preguntó ansiosamente.

El hombre de cabellera levantada disimulo su mejor sonrisa de excitado, aparentando no sorprenderse por nada… con las ganas que traía desde la mañana.

Bueno… —dijo Vegeta cruzándose de brazos, conservando la calma y hablando con parsimonia—… puedo decirte que el regalo de Kakarotto no estuvo nada mal… —Bulma pareció contrariada y su semblante se torció un poco molesto… no podía creer eso—… para ser de él —agregó, y está vez su sonrisa se hizo más amplia y seductora, demostrando que estaba más que complacido con el presente de su mujer, a la cual tomó prontamente entre sus brazos llevándola con él a la cama—. Pero, para pasar una buena Navidad… nada se compara con esto, Bulma.

¡Oh, Vegeta, muy feliz Navidad! —dijo ella con una gran sonrisa, regalándole también un beso apasionado.

El Príncipe Saiyajin prefirió dejar para el siguiente día lo sucedido con su némesis y el costo del famoso "regalito", y se dispuso a disfrutar su obsequio de "noche buena" con quien le gustaba disfrutar.

Nota: Gracias por leer y de verdad espero haya sido de su agrado. Esta vez quise resaltar un poco ese yo interno que no es muy conocido del Príncipe Vegeta… bueno, es conocido pero no muy visto. Y quise que Gokú actuara como su conciencia, dándole a elegir entre lo que fuera su existencia si las cosas pasadas no se hubieran desarrollado de la forma en que todos conocemos, y hubiera llegado a ser el Rey de Vegetasei. No tendría a esa familia por la que dio su vida. En esta época tan especial hay que dar realce a los valores verdaderos, como la amistad y el amor, por encima de esos deseos vanos, como la riqueza y el poder terrenal. Felices fiestas a todos y sigan divirtiéndose por estos foros, con buenas e interesantes lecturas.

P.D. Algunos diálogos los tomé prestados de divertidas series y varios comerciales que se transmitieron aquí en mi país, adaptándolos a la forma de ser de los personajes y tratando de no caer en el OoC. ¡Ah, y el secreto del Príncipe es su temor a las lombrices… XD! Saludos.