Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, y la historia le pertenece a xkagome (Inuyasha). Su información está en el primer capítulo de este fic.
Capítulo 2: Dolor
Ambos se miraron por un largo rato. Él estudió a la chica y luego torció la boca en forma negativa. Pequeña, delgada, pálida, de ojos castaños, parecía no tener mucha idea de algo. Ella centró su mirada en el joven, muy alto, de piel blanca, y unos ojos que... por Dios... esos ojos. Se quedó perdida en su mirada, dorada, que parecían dos llamas de fuego. Demasiado increíble. Rosalie observó las caras de ambos, Bella embobada por Edward y él simplemente parecía como si ella no existiera. Emmett carraspeó un poco y ambos lo miraron.
—Mmm... Bueno, veo que ya se conocieron bien... —comentó como al pasar.
—¡Hmpf! Cállate, Emmett...
—Bueno, bueno, nene, ¿eh? ¿Y ese mal humor? —preguntó Rosalie.
—Primero, no soy un nene —respondió colérico—. Y segundo... no estoy de mal humor —dijo dando vuelta el rostro, con orgullo.
—Seguro... nene... —rió la rubia.
—¡Que no soy un nene! ¡Nena! —desafió.
—Nena, ¿qué? A mí, nena no —le dijo Rosalie—. Ojito o te pego, ¿eh? —contestó con molestia.
—¡Atrévete!
Ambos se miraron a punto de comenzar a pelear, cuando de pronto entró el profesor a la clase, ordenando que se sentaran todos. Edward tomó asiento de mala gana mirando a Rosalie con ojos orgullosos, igual que ella a él. Bella se encogió en su lugar. Ese chico, de alguna forma, la hacía sentir tan... mal. Bajó la mirada acongojada y sintiendo un nudo en la garganta. De pronto sintió una mano en su hombro, ladeó el rostro y observó que Emmett le sonreía.
—No te preocupes, él es así... Ya vas a ver que cambiará cuando entre en confianza —confió guiñándole un ojo.
—Eso espero –susurró, dirigiéndole una mirada fugaz a Edward.
De pronto sintió la mirada dorada sobre ella. Se congeló en el tiempo, era tan penetrante y tan incómoda. Abrió su cuaderno y comenzó a tomar apuntes para intentar sacar de su mente aquellas sensaciones horribles que tenía, al sentir que él la miraba con insistencia. ¿Por qué? ¿Por qué le pasaban estas cosas a ella? Si ni siquiera lo conocía. Se mordió el labio y siguió escribiendo con más fervor. Edward siguió mirándola. Esa chica... le caía tan mal. La observó con cuidado de arriba a abajo y bufó con molestia. Qué buena idea la de venir a esa escuela; habiendo tantas otras en el mundo, justamente tenía que ir a esa. Gruñó con molestia de solo pensar que tendría que soportarla todos los días. Qué castigo. Miró el pizarrón con desgano y desvió la mirada mientras que se acomodaba en el banco de forma perezosa.
—Señor Cullen, parece que le interesa mucho mi clase —comentó el profesor mirándolo.
—Sí, sí, mucho... Siga, siga, yo no se lo impido —respondió él con una sonrisa y haciéndole una seña con la mano.
—Estamos muy graciosos, ¿no?
—Igual que siempre, para ser exactos.
Se escuchó una risa general y Bella miró apenas a Edward. Parecía un chico muy superado, demasiado. Vio a varias chicas reírse de sus hazañas y comentar cosas, que para su gusto eran demasiado atrevidas por ser chicas. Edward miró al profesor de manera inocente y rió para sus adentros, no sabía con lo que se había encontrado.
—¿Y bien? Estamos todos esperando que siga —dijo de manera estudiosa.
El profesor suspiró de manera cansadora, sabiendo que sería imposible discutir con un alumno así. Además, ya sabía como era, terrible. Lo miró de manera conciliadora y volvió al pizarrón. Bella se quedó sorprendida ante la inmunidad de este chico. Vaya, era demasiado... perspicaz. Rosalie la codeó y ella se sobresaltó.
—¿Qué pasa? —susurró por lo bajo.
—Te quedaste en cualquier lado, ¿estás bien? —preguntó la otra.
—Si, descuida, todo está en orden —contestó sonriendo, aunque ni ella misma se creía esa mentira.
.:.
La campana sonó de una manera salvadora. Vaya, había sido el primer día de clases y ya estaba agotada. Recogió sus cosas y suspiró, no era tan malo después de todo, casi nadie había notado el que ella fuera nueva, eso era algo bueno. Sintió una mano en su hombro, ladeó el rostro y su amiga la miraba con una sonrisa. Ella le sonrió igual y entonces esperó a que le dijera lo que seguramente venía a decirle. Pero por lo visto, tardaba demasiado, así que ella se decidió a preguntar.
—¿Qué pasa, Rose?
—Bella, me preguntaba... si quieres venir a comer conmigo y los chicos... ¿Te gustaría venir? —propuso la rubia.
—¿Tanto problema por eso? —se sorprendió la castaña.
—¡Qué sé yo! ¡Capaz que no querías venir! No soy adivina —reprochó Rosalie.
—Bueno, bueno... que humor —rió Bella—. Claro que me gustaría ir, ¿por qué no?
—¡Excelente! ¿Vamos?
—Sí.
—Emmett y Edward nos esperan afuera —dijo Rosalie mientras caminaba.
Bella se detuvo en seco al escuchar el nombre de Edward. ¿Iría él también? Se mordió el labio, nerviosa. Ese chico... ¿por qué la hacía sentir de esa manera? Rosalie notó el retraso de su amiga, entonces la miró extrañada y volvió a su lado. Definitivamente esa chica le estaba ocultando algo, ¿qué sería? Bueno, fuera lo que fuera iba a tener que decírselo, porque después de todo... tenía derecho de saberlo. Bueno... en realidad no, pero... ¿qué importaba? Quería saber.
—Ah... —tan solo musitó Bella, con cara de nada.
—¿Qué te pasa? ¿Dije algo que no debía decir?
—No, no es eso...
—¿Entonces? —investigó la otra, sabiendo que estaba cerca de lograr algo.
—Nada... Es sólo que...
—¿Qué? Ay, por Dios Bella, ¡ya dilo!
—Es que... tu amigo... No sé, tengo la sensación de que no le caigo muy bien que digamos.
—¿Te refieres a Edward? —preguntó sorprendida porque lo que su amiga le decía.
—Sí —respondió apenas un poco sonrojada.
—No, eso no es posible; sé que es medio testarudo, mal humorado, tonto y bastante amargo a veces, pero es buena persona, se lleva bien con la mayoría... No creo Bells, seguro estás imaginando cosas... ¿Por qué crees que deberías caerle mal? Ni siquiera te conoce —animó.
—Por eso mismo, ni siquiera me conoce, y las pocas veces que cruzamos una mirada... No sé, me dio la sensación de que no le agrado en lo absoluto, es como si... no sé... sintiera odio por mí —confesó bajando la mirada. Ese tema realmente la ponía mal, porque... a ella no le gustaba tener problemas con las personas, y mucho menos con personas que ni siquiera la conocían, le parecía tan injusto eso.
—¿Odio? ¿Hablas enserio? Ninguno de los dos se conoce, no tiene sentido que él te trate así o que te odie, no sabe nada de ti... Además... es una buena persona, ya vas a ver, enserio... Seguro son imaginaciones tuyas —dijo Rosalie tomándola del brazo—. Vamos, porque de seguro los chicos ya están desesperados por lo mucho que tardamos.
—¿Ah?... Sí —¿por qué tenía que sentirse así? Rosalie tenía razón, no tenía de que preocuparse, no se conocían y él parecía ser un chico bastante difícil, seguramente eran sensaciones de ella, tonterías que pensaba, ¿o se estaría volviendo paranoica? Realmente no lo sabía, pero lo mejor sería darle una oportunidad e intentar conocerlo mejor, tal vez así esas locas ideas se irían de su mente—. Conocernos mejor —musitó.
—¿Qué dijiste? —preguntó Rosalie.
—Nada —contestó ella.
Llegaron a la salida y ahí estaban Emmett y Edward esperándolas. Bella lo observó de lejos, se veía tan... imponente. Por un momento se detuvo en su apariencia. Verdaderamente era lindo, demasiado. Lo miró a los ojos y se sorprendió del hermoso color dorado que los teñía. Era como si tuviera dos llamas de fuego, tan... atrapantes. Edward la miró apenas, esa chica... ¿Por qué demonios sentía que debía...? Por un momento sus miradas se cruzaron y no pudo evitar sentir que su corazón latía con mucha prisa. ¿Qué le pasaba? Sus ojos castaños eran tan cautivadores, y la luz del sol pegaba justo en su rostro, era como una visión... una... perfecta visión. Se quedaron un minuto mirándose, como si de pronto no existiera otra cosa más que eso. Edward despertó de aquella especie de encanto y desvió la vista, molesto, ¿por qué esa chica lograba distraerlo de esa manera? Bufó hastiado de su presencia, no lo soportaba, era más fuerte que él, quería salir corriendo de ahí. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ella le...
—¿Edward?
—¿Ah?
—Estuvimos hablándote desde hace más de media hora. ¿Qué te pasa? ¿En qué piensas tanto? —bromeó Emmett codeándolo.
—Arg, cállate, idiota... No estaba pensando en nada... Pensaba en... la tarea de mañana... —mintió, sabiendo que eso jamás se lo creerían, ni siquiera él mismo se creía esa mentira tan estúpida.
—Ay, Edward, por favor. Primero, ¿tú pensando? ¿Desde cuándo? —rió Rosalie. Edward le lanzó una mirada asesina—. Segundo, los libros de tu casa tienen telarañas, no los tocas, ni borracho... No mientas —Rosalie comenzó a reír y se secó las lágrimas de tan solo imaginar a su amigo borracho tomando un libro.
—No entiendo cuál es la gracia, tarada —dijo de mal modo mirando a otro lado.
—¿Tarada? ¿A quién? —protestó ella.
—¿Ves alguna otra tarada? Ah, no, no contestes... porque esta vez no eres la única tarada aquí —respondió con odio dirigiendo una mirada fija a Bella que lo observó sorprendida.
—Hey —dijo Emmett—, tranquilo...
Bella desvió la vista muy dolida por el comentario, era obvio que había sido para ella. ¿Cómo podía ser posible que le dijera eso? De pronto sintió un nudo en la garganta y unas horribles ganas de llorar. Miró a todos intentando contener las lágrimas.
—Rose, discúlpame, pero... ahora recordé que... tengo que ayudar a mamá con algunas cosas... Perdóname, ¿sí?, Hablamos mañana —Bella caminó rápidamente fuera de la vista de todos, no quería verlos, no quería que ellos la vieran así.
—Bella... —llamó Sango, pero no obtuvo respuesta. Dirigió una mirada fulminante a Edward que la miró sin hacerse cargo—. ¡Eres un idiota!
—¿Qué pasa? Yo no hice nada, no me eches la culpa de eso... —se defendió.
—No tenías porqué hacer ese comentario, la hiciste sentir mal.
—¿Y a mí qué? —respondió de mal modo.
—¿A tí qué? ¿A tí qué? Te guste o no, ella es mi amiga y yo la quiero mucho, y no me gusta que la maltrates; la hiciste sentir muy mal, ¿no te das cuenta de eso? —tronó la rubia muy enojada.
—No es mi culpa que se tome las bromas enserio... —dijo burlonamente y con una sonrisa amplia, demasiado arrogante.
—¿Sabes qué? Si querías ir a comer... vas a tener que ir solo, porque no pienso ir —contestó Rosalie dándose la vuelta y caminando hacia su casa.
Edward se quedó sin importarle mucho lo que había hecho. Emmett suspiró y le dedicó una mirada al joven y movió la cabeza en forma negativa. Edward le dio una mirada fulminante y enderezó de forma desafiante.
—¿Qué pasa? ¿Tú estás de acuerdo con ella?
—Te comportaste un poco duro con Bella, ni siquiera la conoces. Además... creo que no hay confianza con ustedes como para que le hagas ese tipo de bromas... —comentó pensativo.
—Si ella no entiende las bromas es problema suyo —respondió de mala forma.
—No, no... Edward, no entiendes; con Rosalie hay confianza, ella entiende esas cosas, pero Bella es una chica nueva, no tienen la más mínima relación; yo creo que deberías pedirle una disculpa mañana —propuso.
—¿Yo? ¿Una disculpa? Estás loco, yo no pienso pedirle disculpas a esa chica; que piense como quiera, yo soy así, si le gusta bien y sino... que vuelva de donde vino, no me interesa en lo más mínimo tener amigas como esa chica —dicho esto Edward se dio la media vuelta y se fue caminando apresurado. ¿Pedirle disculpas? Jamás, antes muerto. Si no soportaba eso, que se volviera, y si se quedaba, que soportara lo que vendría, porque no iba a tener paz hasta que esa chica se alejara de sus amigos... y de él.
.:.
Entró a su casa sin decir nada, no comió y se fue a su cuarto. Escuchó claramente los miles de mensajes de texto que llegaron a su celular, pero no tenía ganas de ver ninguno, estaba segura que era Rosalie, pero ella no quería hablar del tema. Escondió su cabeza en la almohada y lloró, lloró mucho. La lastimaba demasiado que Edward la tratara así, no sabía por qué, pero la hería mucho. Sintió una opresión en el pecho, y por un minuto pensó que no tenía sentido volver a esa escuela si iba a encontrarse con esos tratos, sobre todo, si tenía que verlo todos los días. No podría soportarlo, era muy hiriente. Apretó la almohada con fuerza y hundió más el rostro en ella. No podía evitar aquel sentimiento de dolor. Pasaron las horas, y ella seguía igual, sin poder comprender porque le pasaba eso, y seguía llorando como una tonta, una niña pequeña sin consuelo, llena de dolor. Finalmente el cansancio la fue venciendo... hasta que se quedó dormida, con un solo pensamiento en la cabeza: Edward.
Continuará...
¿Qué tal está? En mi opinión, está quedando bastante bien, ¿ustedes qué opinan?
Sólo me queda decir que espero que les esté gustando esta historia, y les agradecería mucho si me expresaran su opinión en un review. ¿Podrían? ¡No cuesta dinero, enserio!
¡Mordidas!
Nessie-Marie-Cullen-Swan
