'Dominique es todo lo contrario a mi, pero aún así, es mi mejor amiga. Ella tiene 16 años, yo tengo 15. Ella es rubia con ligeras ondulaciones en el pelo, yo tengo el pelo castaño y rizado. Ella es esbelta yo no tengo una estatura media, más bien baja. Cuando camina va dando ligeros saltitos que provocan mi risa continúa mientras que mis pasos no tienen mucha seguridad. Mique siempre raspa las notas en los estudios y siempre me dice que soy mejor que ella, aunque vamos a distintos colegios. Suele vestir de colores claros que hacen que su piel resulte más clara de lo que ya es de por sí, mi piel sin embargo, en invierno tiene un tono muy pálido y en verano parezco sacada del centro de África. Por todo lo demás, somos iguales, y por eso es mi mejor amiga.'

Ambas adolescentes entraron al dormitorio de la anfitriona, un cubículo verde pastel, con una cenefa grisácea. Cornelia fue directamente hacia la estantería de libros, siempre que iba a aquella casa echaba un vistazo a todos aquellos títulos que no le sonaban, eran tan raros para ella…

– No me suenan estos libros, ¿me dejas alguno? –se moría de ganas por comenzar a leerlos.

– Son ediciones de coleccionista

– ¿Entonces no me los dejas?

– Son de fantasía, hablan de cómo hacer magia y demás, una auténtica chorrada –intentó excusarse Mique.

– Me encanta la magia, en serio, ¿puedo? –miró fugazmente a los libros.

– De acuerdo, coge el que quieras, pero si te aburren –advirtió la dueña de estos– no me digas que no te lo advertí.

Tocaron a la puerta y se asomó una adolescente que aparentaba tener la misma edad que ellas, era pelirroja y se le diferenciaban bastantes pecas en su piel blanca, y lo que más contrastaba con ella era su voz ruda pero alegre.

– ¡Me quedo a dormir! –gritó– Soy Rose, encantada –y tras esa deslumbrante presentación, le dio un abrazo a Cornelia.

– Soy Cornelia, la amiga de Mique –dijo mientras correspondía al abrazo.

– Que modesta eres Lia, eres mi mejor amiga, y tú también –dijo mientras miraba a la pelirroja– eres mi prima, mi prima favorita.

– Mique se pasa el día hablando de ti, Lia

– ¿En serio? –la aludida se sonrojó.

– Al final acabaron haciendo una fiesta de pijamas, y entre chocolates y risas, las tres chicas se entretenían.

– ¿No tienes novio, Rose? –preguntó la invitada.

– No, o sea, hay un chico que me gusta, pero no va a mi misma casa –se quedó callada, la había cagado.

Rose se refería a la casa que se asigna a cada alumno en su primer año en el colegio Hogwarts, pero como era obvio, Cornelia no tenía ni la mínima remota idea sobre qué era eso.

– ¿Casa? ¿A qué te refieres? –como era de prever, la chica no se quedó callada.

– Me refería a que no va a mi mismo colegio, pero me siento tan cómoda allí, que le llamo casa.

– Ah –entendió– ¿Y qué más da que no valla a tu mismo colegio?

– Nuestros institutos son rivales.

– El tema se quedó en el aire, no era de extrañar que dos colegios fuesen rivales, y así las tres adolescentes se pusieron a ver una película de amor: las favoritas de Lia.

Llegó Junio y con él, el decimo septo cumpleaños de Mique, y como una auténtica Weasley, celebraba su cumpleaños a lo grande en el jardín de la casa de sus abuelos: La Madriguera.

– Mamá, es el cumpleaños de mi mejor amiga, ¿cómo no voy a ir? –decía enfadada Cornelia.

– No quiero que vallas, y soy tu madre, obedéceme –Syra odiaba aquella situación, en aquella fiesta habría, al menos, veinte adolecentes magos con sus varitas y demás artilugios no muggles. No podía explicarle a su hija el porqué no le dejaba acudir a esa fiesta y eso le molestaba.

– Esta bien, si no me das permiso, me escaparé –la cara de Syra palideció, su hija jamás le había hablado de aquella forma, claro que, ella tampoco se había visto jamás obligada a negarle algo sin tener un argumento.

– Cornelia, ven, siéntate a mi lado –cambió el tono de voz.

– ¿Intentarás convencerme para que no valla? Si es así, ahórratelo –dijo la adolescente con descaro.

– No te voy a convencer, pero debes saber algo –decía mientras daba unas palmaditas en el sillón.