¡Hola! He aquí el segundo capítulo :D

Primero que nada me gustaría decir algunas cosas. En principio gracias por los reviews, me alegra que les haya interesado la historia (eso que el primer capítulo fue bastante pobre) y les agradezco sus comentarios, así como a quienes le dieron al follow o al favourite. Este capítulo va para ustedes :) (y también para algún nuevo lector, que espero que aparezca alguno xD)

Otra cosa, esta historia está planeada para ser un fic corto. Perdón si esperaban algo largo, pero la verdad es que no me da el tiempo porque tengo finales de la facultad (estudio Historia). Aún así voy a tratar de desarrollarlo lo mejor posible y mírenle el lado bueno, no van a tener que preocuparse de que abandone el fic. No que a alguien le importara si lo abandono, ni que fuera J.K. Rowling, pero en fin xD

Gracias por leer y no olviden comentar, que es gratis! (por ahora)

PD: Soy Dolores, de Buenos Aires - Argentina (así que perdónenme si se me escapa algún "vos" en vez de tú) de acuario (?) y tengo 18 años, y aunque sea mega fan de Harry Potter desde los 7, este es el primer fanfic que escribo de esta saga. O al menos el primero que publico, escribí algo sin terminar, pero demasiado bizarro (Voldemort & Hermione :O) como para ser puesto a luz xD Así que bueno espero que les guste!


La Navidad había llegado. El sol que entraba a pesar de las gruesas cortinas escarlatas y el clima invernal invadía todo el dormitorio. Harry frotó sus ojos y se colocó los anteojos que estaban sobre la mesa de luz. Miró alrededor, pero no había nadie, todos ya se habían levantado. ¿Tan tarde era? ¿Cómo nadie lo había despertado? Pero no, eran apenas las 8 de la mañana. Se ve que habían decidido madrugar para prepararse para el baile…

Oh, el baile. Ya había llegado el día. Desganado, se levantó de la cama y se vistió. Como no había clases en ese día se puso unos jeans, una camisa y el suéter que le había regalado la señora Weasley con su inicial en él. Nunca entendía por qué Ron odiaba tanto esos suéteres, eran cómodos, abrigados, y se veían mucho mejor que su túnica de gala.

Fue a la sala común, que estaba decorada con adornos navideños y guirnaldas de colores, especialmente rojo y dorado. Bajo un árbol de Navidad un grupo de chicos de primer o segundo año abría sus regalos sonrientes.

- ¡Feliz Navidad, Harry!

Hermione había ido hacia él tan de prisa que no llegó ni a verla. Lo abrazó con fuerza y al separarse le entregó un paquete envuelto en papel celofán.

- Feliz Navidad, Hermione – contestó Harry con una sonrisa y abrió su regalo. Era un libro que se titulaba Equipos de Quidditch de Gran Bretaña e Irlanda – ¡Genial! Muchas gracias

- No me lo agradezcas, vi tu regalo, me gustó mucho.

Harry había dejado los regalos para sus amigos en medio de la noche bajo el árbol. A Hermione le había regalado una caja musical mágica de luces de colores, a Ron un sombrero de los Chudley Cannons, a Dean y Seamus algunas golosinas de Honeydukes, a los gemelos Weasley artículos de la tienda de bromas Zonko y a Neville una nueva recordadora… le hacía falta.

- Me alegra que te haya gustado – le respondió él con una sonrisa y entonces Ron se les acercó.

- ¡Feliz Navidad, Harry! – y le entregó bombas fétidas de Zonko. Harry rió y le dio las gracias.

- ¿Dónde están Neville, Fred, George y los demás?

- Bajaron a desayunar – contestó Hermione - ¿Qué les parece si vamos también y luego seguimos con los regalos?

- Buena idea, muero de hambre – dijo Ron mientras le hacían ruido las tripas.

Salieron de la sala común y se dirigieron a las escaleras. Todo Hogwarts estaba decorado del espíritu navideño.

- Ey Harry, me olvidé de decirte – dijo Ron mientras iban caminando los tres – Voy a ir con Lavender al baile – Hermione rió entre dientes pero Ron la ignoró – y Parvati no tiene pareja, así que si quieres luego le decimos y vas tú con ella.

Hermione miró a Harry esperando su respuesta.

- No – contestó él – Voy con Hermione.

Ron paró en seco y los miró a ambos con los ojos como platos.

- ¿Van a ir al baile juntos? –preguntó como si fuese lo más bizarro del mundo

- Harry, si quieres ir con Parvati está bien, no hay problema – le dijo Hermione encogiéndose de hombros

- No, no, voy contigo. Además Parvati no me cae –entonces se dirigió a Ron – Sí, como Cho va con Cedric… no hay otra chica con la que me interese ir. Pero Hermione y yo somos amigos, así que al menos no la vamos a pasar mal.

Ron lo miró extrañado, luego dirigió la vista a Hermione y luego otra vez a Harry.

- Aún así es raro… la gente va a pensar que andan juntos

- Eso es ridículo – bufó Hermione – Sólo porque lo acompañe a Harry al baile no quiere decir que andemos en algo. Todos saben que somos mejores amigos. Y el que piense lo contrario, que piense lo que quiera, no veo por qué nos tengamos que preocupar por eso.

- Hermione tiene razón – dijo Harry y Ron se encogió de hombros – Ahora vayamos a desayunar o se van a acabar todos los pastelitos de Navidad.


Al terminar de desayunar, Harry, Hermione, los Weasleys, Neville, Dean y Seamus volvieron a la sala común a seguir intercambiando regalos. Luego Harry le mandó mediante Hedwig un regalo a Sirius, con una carta, en respuesta al regalo que su padrino le había mandado unas horas antes mientras él desayunaba.

Se quedaron en la sala común, junto a la chimenea, disfrutando de lo que habían recibido y charlando sobre el baile de Navidad y con quiénes irían. Ron con Lavender, Seamus con Parvati, Dean con Padma (la hermana de Parvati, de Ravenclaw), Neville con Ginny, Fred con Angelina Johnson, George con Katie Bell y Harry con Hermione. A los demás no les había sorprendido ni les parecía extraño que los dos mejores amigos fueran juntos al baile, menos que menos teniendo en cuenta que Harry había perdido su oportunidad con Cho Chang.

Luego del almuerzo (que era básicamente pavo y más pavo y más pasteles) Harry, Ron y Hermione fueron a la cabaña de Hagrid. El guardabosque había decorado los árboles que lo rodeaban con grandes bolas de colores y la puerta de la cabaña con guirnaldas.

- Feliz Navidad, chicos – los saludó cuando les abrió la puerta

- Feliz Navidad, Hagrid – respondieron los tres al unísono.

- Pasen, pasen – los dejó entrar y cerró la puerta tras ellos. Dentro, tenía muchos adornos navideños y Fang, su perro, tenía un gorro rojo con cuernos, como si fuese un reno. – Siéntense - Se sentaron uno al lado del otro en un sofá y Hagrid se sentó en otro, ocupando todo el espacio.

- Feliz Navidad, Fang – saludó Harry al perro, mientras le acariciaba el lomo.

- Que bueno que vinieron, tengo regalos para ustedes – anunció Hagrid sonriente

- Nosotros también tenemos regalos para ti, Hagrid – dijo Ron mostrándole un paquete

- No se hubiesen molestado… – el guardabosque buscó detrás del sofá y sacó tres regalos que se notaban que habían sido envueltos por él mismo – Primero las damas…

Dicho esto le entregó un regalo forrado en papel rosa a Hermione. Ella sonrió, dándole las gracias, y le entregó un paquete perfectamente envuelto a él.

- ¡Animales fantásticos y donde encontrarlos! – Exclamó ella con un libro entre las manos - ¡Muchas gracias, Hagrid!

- Sabía que te gustaría – respondió él mientras intentaba abrir el paquete que le había entregado la niña.

- Mejor ábrelo con cuidado, es algo delicado…

- Yo te ayudo – ofreció Harry agarrando el paquete y abriéndolo él. Eran cuatro tazas de té muy bonitas, una bastante más grande que el resto.

- Para cuando tomamos el té – explicó Hermione

Hagrid sonrió emocionado.

- Gracias, ya mismo pondré a calentar el agua – contestó yendo a la cocina

- Genial – susurró Ron con sarcasmo al pensar en volver a deleitarse con el exquisito té de Hagrid. Hermione lo fulminó con la mirada.

Hagrid volvió y le entregó un paquete rojo a Ron.

- Ten, Ron – el pelirrojo tomó el paquete y le dio las gracias. Era una caja de grajeas Bertie Bott, ranas de chocolate y brujas fritas. Ron sonrió ante tantas golosinas y le entregó un paquete a Hagrid.

- No tenía más dinero para comprar algo, pero este es de parte de mi madre.

Hagrid le sonrió; no importaba si no le había podido comprar un regalo caro, lo importante era el gesto y que estaban los cuatro reunidos. Abrió el paquete y se encontró con un suéter extra extra extra largo tejido por la señora Weasley, con una gran H en el medio. Sonrió.

- Espero que te quede bien…

Hagrid se lo probó y si bien le quedaba algo corto, le entraba.

- Es muy bonito Ron, muchas gracias y gracias a tu madre.

Ron asintió y Hagrid agarró el último paquete, que era azul.

- Feliz Navidad, Harry – dijo dándole el paquete al morocho

- Feliz Navidad, Hagrid – contestó él entregándole otro.

Hagrid le había regalado un álbum de fotos mágicas de ellos juntos, de él con Ron y Hermione, de sus padres y de Sirius.

- Espero que te guste

Harry sonrió con un nudo en la garganta y se levantó para ir a abrazarlo. Hagrid le devolvió el abrazo palmeando su espalda, y luego abrió su regalo. Era un gran muñeco de peluche de un hipogrifo.

- Lo vi en una tienda por Hogsmade y me hizo acordar a Buckbeak… pensé que te gustaría.

Hagrid sonrió, ahora él con el nudo en la garganta.

- Muchas gracias, Harry – y le revolvió los pelos con cariño – Bueno, ¿qué les parece si estrenamos estas tazas?

Dicho esto, les sirvió el té, con algunos pastelitos navideños. Ron les compartió de sus chocolates y grajeas, pero Hagrid probó una de huevo podrido y no quiso volver a comer otra. Charlaron por un rato y se rieron, hasta que Hagrid a eso de las cuatro de la tarde los despidió porque ya tenía que volver a sus tareas de guardabosque.

- ¿Vendrás al baile hoy, Hagrid? – preguntó Ron mientras se paraban para ir a la puerta

- Sí, seguro me daré una vuelta por allí… ¿Ustedes ya consiguieron pareja?

- Sí, yo voy con Lavender Brown, una niña de mi curso

- Ah sí, Lavender… ¿y tú Harry? ¿Invitaste a alguna chica? ¡Me enteré que tienes que abrir el baile!

- Sí, ni me lo recuerdes… Iré con Hermione

- Ah… ya veo – contestó Hagrid con una sonrisa y un guiño, que sólo Harry vió. El chico lo miró como si estuviese loco – Péinate esos pelos Harry, te vendría bien… nos vemos a la noche

Dicho esto los tres amigos salieron de la cabaña, encontrándose a unos metros con los gemelos Weasley, que atacaron a su hermano con bolas de nieve. Así comenzó una guerra entre Fred y George contra Harry y Ron. Hermione se despidió diciendo que volvería al castillo.

- Oh vamos Hermione, no seas aburrida – repuso Fred – únete a la guerra

- Ni hablar, los veré luego

- De acuerdo, te la perdonamos sólo porque eres una niña – respondió George.

Hermione rodó los ojos aunque con una sonrisa y se alejó, dejando a los chicos lanzándose bolas de nieve entre ellos.


Se miraba frente al gran espejo ovalado del dormitorio. Peinándose con las manos (ya que no tenía un peine y sus amigos tampoco; no era algo que usaban) intentaba correrse el alborotado flequillo del rostro, pero éste era rebelde y volvía a su frente, ocultando la cicatriz en forma de rayo. Se acomodó su túnica de gala y entonces apareció el reflejo de otra figura más, ésta con una túnica extravagante y casi de señora, con muchos volados y de un color morado. El pelo también alborotado, pero rojizo.

- Mátame, Harry – le pidió Ron – Mátame por favor.

- Vamos Ron, no es para tanto – lo tranquilizó el morocho – al menos no tienes que abrir el baile.

- ¡Al menos tú tienes una túnica como la gente!

- Vale tranquilízate que no está tan mal – mintió Harry – Y vamos yendo ya, que ya son las siete y media pasadas.

- Demonios.

Harry dio un último vistazo al espejo y se dirigió a la puerta, seguido por su amigo.

- ¿Has visto a Hermione? – le preguntó mientras iban hacia la sala común.

- No, no la vi desde que volvimos de lo de Hagrid…

Entonces se encontraron con sus compañeros. Fred y George vestían unas túnicas bastante más decentes que Ron, ambas iguales pero una roja y otra azul. Estaban acompañados de sus respectivas parejas, Angelina y Katie, una con una t. Dean y Seamus estaban con Parvati y Padma, sus parejas, y hablaban con Lavender, Neville y Ginny. Lavender entonces vio a Ron y lo saludó agitando su mano y con una sonrisa. Harry le dio un codazo.

- Vamos a saludarlos.

Se acercaron al grupo y se saludaron, Lavender dándole un beso en la mejilla a Ron, cuyas orejas se pusieron más coloradas que su pelo y al escuchar el silbido de Fred y la risa de George los fulminó con la mirada.

- ¿Saben dónde está Hermione? – preguntó Harry a las chicas.

- Está terminando de arreglarse – respondió Ginny – Dijo que la esperáramos en la puerta del Gran Salón.

Harry suspiró, estresado, y Neville le dio una palmada en la espalda. Salieron en grupo de la sala común y bajaron las escaleras.

La puerta del Gran Salón estaba cerrada, ya que todavía faltaban unos quince minutos casi. Aún así había varios estudiantes acumulados, de las distintas casas, y los cuatro jefes estaban poniendo orden. McGonagall estaba parada en el segundo escalón para que se la viera entre la muchedumbre, aunque ya con su altura era más que fácil distinguirla. Llevaba una túnica de gala verde oscuro y un sombrero de copa, bajo este su habitual rodete. La profesora Sprout vestía de amarillo y el profesor Flitwick de azul, ambos los colores de sus casas en tonos vivos. Snape, por el otro lado, decidió no vestir nada especial, sino su usual túnica negra.

- Bonita túnica, Weasley ¿Era de tu madre?

Draco Malfoy. Acompañado de Pansy Parkinson, quien tenía una sonrisa tonta en la cara celebrándole el chiste a su compañero. El chico vestía, como era de suponer, una túnica de gala muy elegante y de color verde oscuro. El pelo, más rubio y platinado que nunca bajo las luces doradas del hall, estaba peinado con gel. Ron le lanzó una mirada de odio y estuvo a punto de contestar, pero le ganaron de mano

- Cállate, Malfoy – dijo la voz de Lavender Brown.

Malfoy la miró soprendido y Pansy Parkinson parecía que estuviese a punto de golpear a esa niñata que había osado callar a su chico. Pero el rubio rompió a reír.

- Vaya, veo que te conseguiste una pareja, Weasley - comentó mirando de forma despectiva a Lavender – Sabes, si te soy sincero hacen buena dupla – la chica no notó el sarcasmo y sonrió. Ron ya estaba levantando el puño pero Harry lo sujetó.

- Déjalo Ron, no vale la pena estropearnos la noche de Navidad con este idiota.

Malfoy entonces dirigió la vista hacia él y notó que no había ninguna chica a su lado.

- ¿Y tú, Potter? ¿No me digas que el famoso Harry Potter no consiguió pareja? Es bastante triste que hasta Weasley y Longbottom hayan conseguido – miró entonces a Ginny que estaba junto a Neville – aunque poca cosa, pero bueno – Ron y Neville dieron un paso hacia adelante pero Harry los detuvo - ¿Qué pasó, Potter? ¿La sangre sucia prefería quedarse estudiando?

Ya está. Harry casi se abalanzó contra él, pero Dean y Seamus lo sustuvieron.

- Tranquilo, Harry – intervino Fred – Tú mismo lo dijiste, no vale la pena – luego se volteó a Draco - ¿Te crees la gran cosa diciendo "sangre sucia", no? – Le espetó y Malfoy sonrió – Me sorprende la verdad, cuando es la primera vez que te animas a insultar sin esos dos mastodontes detrás

- Cierto – agregó George, dando un paso hacia el rubio, amenazante, y este se echó para atrás – y mejor vete ya, o te juro que voy a meterte veinte bombas fétidas donde no te brilla el sol.

Malfoy les dio una última mirada de desprecio y desapareció, seguido por Pansy Parkinson.

- Gallina.

Seamus y Dean soltaron a Harry y este resopló y se acomodó la túnica.

- ¿Qué hora es? ¿Dónde está Hermione? – preguntó fastidiado.

- Las ocho menos diez – contestó Neville

- No te preocupes Harry, ya debe estar por llegar – lo tranquilizó Ginny.

El chico suspiró y cerró los ojos.

- Potter.

Harry abrió los ojos, era McGonagall. Resopló, frustrado otra vez.

- ¿Por qué me haces así, Potter? – Le reprochó la profesora pero no lo dejo contestar - ¿Quién es tu pareja? ¿Dónde está?

- Es Hermione, pero todavía no llegó

- ¿Cómo que no llegó? – Exclamó indignada – ¡Faltan menos de diez minutos, y ya necesito que los campeones se vayan formando frente a la puerta para hacer la entrada!

Al parecer, la profesora McGonagall estaba igual de estresada que Harry.

- Ya está por llegar, profesora – le aseguró Ginny – Se estaba terminando de arreglar

McGonagall suspiró.

- Más le vale que llegue en tres minutos, o la iré a buscar de los pelos – se quejó, llevándose los anteojos a la punta de la nariz. Miró a Harry – En cinco minutos los quiero a ti y a Granger formados con los demás campeones frente a la puerta.

Harry asintió y la profesora se fue hacia otra parte.

Entonces vio junto a la puerta a Cho Chang, vestida con una túnica blanca, y del brazo de Cedric Diggory, conversando. Harry sintió un nudo en el estómago. Cho, que miraba alrededor del hall, reparó en Harry y le sonrió, levantando la mano. Harry le devolvió el gesto, colorado, y la chica siguió charlando con Cedric.

- Wow – escuchó decir a Parvati – Está hermosa

- Sí, lo está… - respondió con un suspiro, mientras se volteaba

Pero entonces vio que Parvati no se refería a Cho, sino a otra persona, ya que sus ojos estaban puestos en una dirección diferente. Harry siguió su mirada, directo a las escaleras.

Allí, en lo alto, había una chica.

Una chica verdaderamente hermosa.

Tardó unos segundos en reconocerla.

Era Hermione.