CAPITULO 1
Caí al suelo y sonó un golpe seco, o al menos eso creí.
Abrí los ojos y vi mi habitación. Esta recostada sobre mi cama trineo y la débil luz del sol de la mañana comenzaba a colarse por las persianas. El sueño había sido tan real que, de cierta forma, esperaba despertar desparramada sobre el promontorio y no en casa, entre las tibias cobijas.
De cualquier forma, no pude olvidar el sueño. Cuando me talle los ojos para tratar de olvidarlo, escuche una voz conocida que me llamaba desde el pie de las escaleras.
-Kurt.
Aun me sentía como intoxicado por el sueño. Moví los labios para responder pero solo pude emitir un sonido ronco.
-¿Kurt Elizabeth? Ya es hora de levantarse.
El hechizo del sueño se desvaneció en cuanto la voz de mi madre subió de tono y me llamo por mi nombre completo. Solo me llamaba Kurt Elizabeth (mi anticuado nombre, que sabía que yo detestaba) cuando estaba verdaderamente molesta conmigo. Mi voz volvió y le respondí.
-bajo en un minuto!
Me desenrede de las sabanas, me levante de la cama y camine con suavidad hasta el tocador, en donde había dejado preparada mi ropa. Temblé. De hecho, podía ver el vaho que exhalaba. ¿Por qué tenía tanto frio?
Mire alrededor y note que la ventana estaba entreabierta. Era solo una rendija, pero bastaba para que entrara el frio de una mañana otoñal de Maine. No recordaba haberla abierto antes de ir a dormir. Es extraño, pero a veces soy un poco distraído.
Cerré la ventana, junte mi ropa y atravesé el breve pasillo hacia el baño. Cerré la puerta tras de mí y abrí la llave del agua caliente; humedecí la esponja e hice un poco de espuma con el jabón de limas, y me mire al espejo por primera vez en el día.
Tanto como pude, ignore el reflejo de mis pálidos, casi trasparentes ojos azules. Por años, ese peculiar e inquietante color solo me había ganado miradas curiosas. Preferí enfocarme en aquello que si podía controlar. Estudie mis facciones y me pregunte, por millonésima vez, como podría dominar la rebeldía de mi cabello castaño y obstinadamente lacio cabello. Tome el peine y comencé el prolongado y doloroso proceso de desenredar todos los nudos. Bostece y desperté con lentitud al sol de la mañana.
Su brillante disipo el escalofriante final de mi sueño y elevo un poco mi ánimo. Pensé que, después de todo, tal vez podría sobrevivir a mi primer día de preparatoria a pesar de que aun deseaba vivir en cámara rápida todas las trivialidades e ir directo a la universidad. Evitarme los pasillos y los salones repletos de las poses y las actitudes sociales, y de las habladurías que tanto nos distraen del trabajo escolar.
En menos de una hora me encontraba caminando a toda velocidad por los pasillos, apresurándome entre todos los estudiantes, de los primeros y los últimos grados, que me resultaban bastante conocidos por desgracia. Me acerque al nuevo casillero que me habían asignado, con una sola y silenciosa oración en mis labios: "por favor, por favor, por una vez en la vida, que el casillero de Finn no este junto al mío." Por alguna desafortunada jugada del destino, con gran regularidad me veía sometida a la presencia del súper popular Finn Hudson, tanto en la escuela como en casa (también es mi vecino de la casa de junto). Asimismo, la cercanía de nuestros apellidos, Hummel y Hudson, me había condenado por toda la eternidad a ser la vecina de casillero de fin. La situación se tornaba aún más incómoda porque Finn, de manera rutinaria, me ignoraba en la escuela, pero actuaba como si fuera mi amiga en casa. Por otra parte, debo admitir que la inevitable cercanía que teníamos en la escuela y nuestras ventajas pues de alguna forma, gozaba de cierta inmunidad a los juegos tontos de su grupo de amigas.
No tuve que esforzarme demasiado ni por mucho tiempo porque, mientras revisaba los casilleros para encontrar el numero veinticuatro, el cual me habían asignado, me di cuenta de que mi oración no había sido recibido respuesta. Ahí estaba Finn entre el sequito de amigos que, como si fuera abejas, rodeaban a su reina, Quinn.
Se veían libres y resplandecientes con sus bronceados perfectos, jeans deslavados y sandalias de colores para el verano. Lucían increíblemente jóvenes, como jamás lo hubiera imaginado.
Debido a todas nuestras misiones para salvar el medio ambiente en países pobres, mis padres me habían inyectado un sentido de responsabilidad con el mundo, tan fuerte que en realidad jamás había logrado sentirme relajada. Si acaso llegaba a tener un minuto libre sentía que debía ocuparlo para trabajar más horas como voluntaria en el comedor local para indigentes en lugar de salir a pasear.
Sabía que el grupito no tenía por qué preocuparme y la verdad es que la mayor parte del tiempo no me importaba después de todo Finn me había "invitado" en la primaria a pertenecer a sus circulo privado y fui yo quien la rechazo a ella. Tampoco en aquel tiempo podía aceptar la idea de permanecer a un grupo que con frecuencia votaba para "sacar" a sus amigos de la mesa en los recesos a la que relegaba a alguna de "aquellas mesas del fondo llenas de perdedores". Pero de alguna manera estaba tan cerca de la luz no podía evitar sentirme como un hoyo negro con mi cabello y mis jeans oscuros.
Quinn la más malévola del grupo estaba recargada precisamente sobre el casillero veinticuatro. Mi rostro se desencajo ante el casillero antes de que sonara la campana. Ella alcanzo a ver mi gesto y yo me prepare para recibir el embate. Pero en lugar de eso arrojo su dorado cabello rubio sobre los hombros y dijo sonriendo:
-Hey ¿Cómo te fue en el verano Kurt?
-bien-conteste con recelo mientras abría la puerta. Trate de parecer ocupada me sumergí en el casillero y acomode mis libros con lentitud deseando que Quinn hubiese desaparecido cuando yo sacara la cabeza.
Pero no funciono.
-¿adónde fuiste esta vez?-me pregunto cuándo Salí.
-a Kenia-le conteste al tiempo que cerraba el casillero.
No podía creer que Quinn admitiera que sabía mi nombre y que viajaba al extranjero en el verano.
-tienes mucha suerte de que tus padres te lleven a viajar por todo el mundo yo me tengo que quedar atrapada todo el verano en TILLINGHAST.
No sabía cómo contestarle en especial porque Finn y el resto de grupo dorado nos miraba con sonrisas expectantes en el rostro y en particular porque estaba segura de que la glamorosa visión de Quinn tenía de mis viajes al extranjero no tenía nada que ver con la realidad del tercer mundo así que no dije nada.
Quinn lleno el silencio:
-estamos pensando en reunirnos para almorzar ¿te nos quieres unir?
Estaba a punto de preguntarle porque cuando mercedes llego caminando por el pasillo.
En cuanto me vio hablando con Quinn aminoro el paso y tenso los hombros; se dio cuenta de que iba a tener que pasar frente a ella para llegar a mí y sabía que a pesar de ser mi mejor amiga la inmunidad que me brindaba la relación con Finn no era extensiva a ella.
Note como se irguió con valentía se acomodó el largo y negro cabello tras las orejas y se acercó a mí al compararla con la bronceada perfección de Quinn y sus amigos mercedes se veía demasiado simple con sus lentes de armazón metálico y la sencilla camiseta y jeans sin embargo yo sabía que detrás de ese camuflaje mi amiga ocultaba una discreta belleza. El asunto era que mercedes le desagradaba recibir cualquier tipo de atención incluso si se trata de halagos.
-Kurt creo que ya va a sonar la campana-me dijo. Nuestra primera clase era ingles avanzado y se rumoraba que la estricta señorita Taunton insistía mucho en la puntualidad.
Antes de que pudiera responderle a Quinn ella hizo el ademan de espantar una mosca en el aire y le dijo a su público:
-¿escucharon algo chicos?
Las otras se rieron burlonamente. Mire con rapidez a Finn quien se mantenía peculiarmente callado. Yo no esperaba que Finn defendiera a mercedes pero medio gusto ver que al menos no se había unido a los demás a la burla.
-¿no?-animaba por la risa de sus amigos Quinn volvió a hacer el ademan y continuo con su bromita-. Debe ser una asquerosa mosca.
-¿Qué le acabas de decir a mercedes?- dije sin poder ocultar la ira de mi voz lo cual me hizo molestarme mucho conmigo mimo. Al principio Quinn le fascinaba humillar a quienes no podían o no querían usar el "correcto" par de jeans ajustados o salir con el "correcto" chico atlético de tercer grado. Y entre más fuerte fuera la reacción de la persona humillada más lo gozaban. A mí no me gustaba mostrar ningún tipo de reacción porque con eso les daba gusto y seguían sus jueguitos. En especial porque mercedes podía defenderse perfectamente bien en el salón o en los pasillos si así lo quería. Solo que hoy no quiso hacerlo.
Quinn volvió a hacer el ademan pero en esta ocasión estuvo a punto de golpear a mercedes en la mejilla. Sentí como la ira se apoderaba de mi lo cual le había prometido a mi pacifica madre evitar desde aquel verano que tuve una espantosa discusión con un rencoroso miembro de nuestro equipo de misiones. Sentí como mi pálida piel enrojecía y tuve la extrañísima sensación de que mis omoplatos se levantaban y se extendían.
Sin pensarlo sujete a Quinn de la muñeca y de pronto el pasillo de la escuela se desvaneció y tuve una vivida visión de Quinn a los seis años como si yo fuera ella. Quinn estaba en la orilla de una piscina. Era el lujoso club campestre de TILLINGHAST del cual ella tanto presumía. En la imagen que vi había un grupo de niños y niñas molestándola porque tenía dientes de conejo y las rodillas chuecas. Quinn miraba alrededor en busca de la protección de y el consuelo de su madre quien en lugar de atender el llamado que le hacia su hija con la mirada tomo un GIN-AND-TONIC y camino hacia donde se encontraba su propio grupo de amigos varios de ellos padres de los niños que estaban molestando a Quinn. Su madre continúo fingiendo que no había notado la debilidad en sus ojos. En ese momento la pequeña Quinn se prometió a si misma jamás volver a mostrar esa vulnerabilidad y juro que ella seria quien haría sentir vulnerables a otros y los obligaría arrodillarse a sus pies.
Comencé a recibir una imagen más reciente. Quinn abrazaba con fuerza a un muchacho. Cuando mire a través de los ojos de ella me fue imposible ver el rostro del chico sin embargo pude escuchar cómo le murmuraba algo al oído con su grave voz. Al principio no entendí las palabras pero sentí que la cálida sensación del susurro hizo que Quinn se estremeciera. Poco a poco las palabras se hicieron más inteligibles y podría jurar que dijo: "Kurt". Pero ¿Qué es lo que tendría Quinn que hablar de mí con ese tipo?
Estaba absorta en ese pensamiento cuando mercedes me devolvió de golpe a la realidad. Estaba tratando de obligarme a soltar a Quinn; me susurraba:
-vamos Kurt no vale la pena.- la imagen se desvaneció con la misma rapidez con la que había aparecido y me llevo de vuelta a la espantosa y bastante tangible Quinn adolecente. Sin embargo de las dos imágenes la de su infancia permaneció tan vivida en mí que podía sentir los sentimientos de la Quinn de seis años y saber lo que había pasado. Fue como si me hubiese convertido en esa pequeña niña y entonces sentí una profunda lastima por ella.
No era la primera vez que tenía una "visión" de ese tipo pero me había comenzado a suceder con más frecuencia desde que cumplí dieciséis años en junio. Por lo general no era gran cosa solo me permitían ver lo que había almorzado la gente o lo que pensaba de la ropa de sus amigos. Al principio solo creí que mi imaginación se estaba desbordando pero no paso mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que las cosas que veía y escuchaba en mi mente no eran inventos míos. Eran reales. Una de las primeras veces que sucedió tuve una visión en la niña que se sentaba a su lado y le pregunto exactamente qué opinaba al respecto. Pero ¿a quién podía contarle esas experiencias y que no me tomara por un loco de remate?
A pesar de los intentos de mercedes por separarme de Quinn continúe sujetando su muñeca mientras me debatía entre sentimientos de simpatía y odio. Ella no se movió; supongo que estaba demasiado sorprendida por lo que hice para arremeter contra mí con alguna de sus típicas pedradas o para intentar zafar su brazo siquiera. Permanecimos inmóviles hasta que sentí que mercedes retiraba con fuerza mis dedos de las muñecas de Quinn y me alejaba de ahí.
-¿en que estabas pensando Kurt? Ya sabes que me puedo cuidar de esos idiotas-susurro mercedes mientras me conducía al salón de clases. Me di cuenta de que lo que más le había molestado era que yo misma me hubiese puesto en riesgo. Mercedes era muy protectora conmigo.
-lo siento mercedes ya sé que puedes defenderte. En verdad no sé qué fue lo que me paso-le conteste.
Permanecimos en silencio mientras atravesábamos el concurrido pasillo. Sentí que alguien me miraba y voltee deseando que Quinn o su grupito no nos hubieran seguido para vengarse.
Pero no fue así. Ahí había un chico bajo con el cabello negro estaba recargado contra el marco de la puerta observándome. Sonrió con ironía como si hubiera presenciado toda la escenita de Quinn y compañía. Pero desde donde se encontraba eso habría sido imposible. Era muy guapo pero se veía más grande que el preparatoriano promedio. Su lenguaje corporal me decía que se sentía cómodo algo que yo jamás había visto en otros chicos. Por lo general a mí me molestaba la arrogancia pero su actitud no era precisamente eso era algo más. Tenía confianza en sí mismo y fue algo que sorprendentemente atrajo mi intención de inmediato. Estaba segura de que no lo conocía lo cual era bastante raro porque estábamos en mi pueblo y podía reconocer a casi todo mundo.
La campana sonó.
-oh dios no podemos llegar tarde a la primera clase con la señorita Taunton- me dijo mercedes y aceleramos el paso. Deje que me condujera al salón alejándome así de la penetrante mirada de aquel chico y de mi palpitante corazón.
Bueno aquí está el primer capítulo ojala les guste es una adaptación de un libro del mismo título. Intentare actualizar cada semana mínimo 2 capítulos por semana gracias por leerme ojala sea de su agrado.
Anallely :D
