El frío que azotaba la estación de King's Cross era descomunal y salir sin llevar varios jerséis de gruesa lana y capas encima no era sino un suicidio. Varios miles de niños y no tan niños cargaban sus baúles en el andén 9 y ¾ preparados para otro año en Hogwarts. Entre todos ellos había uno en particular que iba abriéndose paso a empellones mientras su costosa y elegante capa con broches de plata ondeaba a sus pies. Era una de esas pocas personas que eran capaces de causar ese efecto inmediato de divinidad, era Draco Malfoy .Iba soltando improperios a los de primero mientras buscaba con la mirada a Harry para molestarle un rato, a él y a su asquerosa amiguita la sangre sucia. Tenía preparados desde el verano algunos malos recuerdos y golpes bajos que iba a saborear cuanto antes mejor. Mientras el chico seguía buscándoles el expreso comenzó a silbar, señal inequívoca de que llegaba la hora de partir. La muchedumbre de alumnos se despedían de sus familias, aunque el rubio lo hizo con la cortesía digna de despedirse de un cerdo esquizofrénico.
No ven tus ojos,
ninguna verdad,
solo mentiras,
que ocultan la realidad.
-Adiós, Narcissa-susurró el chico mientras su madre saludaba con la mano en pose aburrida y formal.
-Adiós, Lucius, espero que a mi regreso estés pudriéndote en Azkaban-siseó con la furia impresa en sus palabras-Hasta nunca.
Entonces el padre se precipitó hacia el chico, pero fue retenido por la mano de su mujer.
-Suéltame, mujer-vociferó-¿No ves que este mocoso desagradecido me ha insultado?-dijo, y seguidamente le propinó a Draco una bofetada, pero él sacó su varita y logró lanzar a su padre por los aire, saliendo raudo hacia el Expreso de Hogwarts. Sabía que había infringido las normas, pero le importaba menos que nada, Snape se ocuparía después.
Haces como siempre,
intentas no llorar,
aunque tus ojos ciegos,
se quieren desahogar.
Mientras tanto, Hermione y Harry buscaban el vagón de los prefectos, cuando lograron divisar a su enemigo Draco, el cual venía rojo de ira y con la marca de una mano estampada en la clara piel de su rostro. Hermione reaccionó preocupantemente mal ante la cara de indignación del rubio.
-¿Qué te ha pasado?
-El imbécil de mi padre me ha dado una…¿pero qué hago dándote explicaciones a ti?
Guardas el dolor,
¿a quién le va a importar?,
¿a quién le va a importar,
un ser que solo sabe odiar?
Salió corriendo hacia el último vagón, al que Harry y Hermione le siguieron, puesto que el rubio también era prefecto. Se internaron en el elegante vagón acomodando sus baúles en unos altillos que tenían esa función. El rubio los observaba atentamente con una mirada de frustración en su rostro que hizo estremecer a la castaña, la cual se aferró a Harry, que le devolvió el abrazo en actitud protectora.
-¿Ahora sales con el cara rajada?-masculló iracundo el chico.
-¿Tan deprimente es tu vida amorosa que te descargas con los demás, o es que tu papi te ha pegado demasiado fuerte y te ha dañado tu bronceado veraniego?-se burló Harry.
-Por lo menos yo no soy un traidor a la sangre ni mi novia es una asquerosa sangre sucia con el pelo hecho un manojo de nudos.
-Siento no complacerte, Malfoy, pero la verdad es que no encuentro enredo alguno en el pelo de Hermione-contestó Harry, pasando una mano sobre los finos bucles de la castaña.
Malfoy no pudo más que morderse la lengua, observando que su enemigo no mentía, pues la castaña había cambiado brutalmente este verano, había adquirido un ligero tono bronceado en su piel y su pelo se había afinado, por lo que ya no estaba constantemente enmarañado. Sus enormes ojos avellana presentaban una raya negra de dios sabe qué que resaltaba su mirada y su cuerpo había ganado en curvas, ya que según él mismo, estaba dotada de un buen culo, comparable al de su último ligue de verano, y sus pechos habían crecido hasta lo que Draco consideraba un talla 95.¿Él consideraba eso?¿Se estaba fijando en sangre sucia Granger?
Escondes lujuria,
oscuros pensamientos,
en tus ojos grises,
como océanos de hielo.
Draco agitó su cabeza como intentando apartar esos pensamientos de su mente, pero entonces recordó cuál era su obligación como prefecto y decidió hacer una ronda, descargándose con cualquier asustado niño de primero. Hermione le siguió, intentando evitar que algún inocente sufriera la ira del chico, pero ya era tarde, se estaba descargando con una chica de primero, que al parecer no entendía nada.
-¡Diez puntos menos a tu casa, y aprende a mirar por donde pisas, mocosa inmunda!
-Malfoy, deja a la niña, no puedes quitar puntos a su casa-replicó Hermione.
-¿Por qué absurda razón, sangre sucia? Soy prefecto.
-Esta niña es de primero, no debe tener casa y creo que ni siquiera habla inglés-le respondió.
La niña sollozaba amargamente y musitaba cosas incoherentes y palabras sueltas en francés.
-Comment allez-vous?-le preguntó la castaña.
-Très bien, merci-respondió la niña no muy convencida.
-Quel est ton nom?
-Je m'appelle Sylvie Port.
-Bon. Tu peux marcher, Sylvie.
La niña se fue de allí sonriendo hacia su compartimento.
-Vaya, así que me persigues, que estúpida eres al pensar que me interesas.
-Disculpa, no he entendido lo que decías. Es que te has olvidado de que soy estúpida.
Esas palabras al Slytherin lo dejaron mudo.
Mirando con desprecio,
creando dolor a tu paso,
no tienes piedad ninguna,
solo sientes rechazo.
-Tú, una sangre sucia, te atreves a burlarte de mí. ¿Y aún tienes valor para mirarme sin sentir vergüenza?
-Sí-fue la única respuesta de la castaña, que ignorando las estúpidas réplicas de Malfoy se alejaba por el vagón hacia el compartimento de los prefectos- ha sido mi última palabra, y en cuanto a restar puntos por no mirarte con los ojitos enamorados, yo también podría restarte puntos por mirarme como si quisieras matarme.
Haces como siempre,
intentas no llorar,
aunque tus ojos ciegos,
se quieren desahogar.
-Maldita sea-murmuró el rubio más para sí mismo que nada.
Se quedó pensando largo rato sobre la sensación de agobio que tenía y ese nudo en la boca del estómago que le imposibilitaba la tarea de respirar con normalidad. No conforme con sus conclusiones sobre nervios y demás estupideces, y viendo a Pansy y Blaise acercándose desde el otro lado del tren, solo pudo volver a su compartimento y tener que soportar la mirada iracunda de la castaña combinada con los memos abrazos protectores de Harry hacia Hermione, lo cual lo desconcertaba terriblemente, pues no comprendía aún el motivo por el cual sus crecientes ganas de reventar la nariz del moreno como un año atrás iban en aumento cada vez que este, con gesto ufano y con una clara sonrisa de burla, despotricaba contra él arrancando a su amiga soberanas carcajadas. Y lo que le molestaba no era que le insultase, sino que Hermione le reía las gracias a San Potter. No sabía en qué momento comenzó a pensar en ella como Hermione, pero le daba igual, solo era temporal y estaba convencido de que se le pasaría la sensación de rabia que sentía en cuanto le hiciese alguna broma de mal gusto a la comadreja o al cara rajada.
Sientes impotencia,
al verla con otro,
que la haga feliz,
que pinte sonrisas en su rostro.
-Ufff…-un largo suspiro de impotencia del rubio sacó a ambos de sus ensoñaciones-me pone enfermo que los enamorados no encuentren lugares privados para muestras de cariño y ese tipo de cosas…
-Pues nos iremos a otro lugar más íntimo para no molestar, perdone las molestias ocasionadas, señor no-siento-nada-y-me-asquea-que-otros-lo-hagan-contestó la castaña, saliendo del vagón con Harry agarrado a su cintura.
Segundos después el chico de ojos grisáceos se derrumbó en el asiento, procurando no perder la compostura y estallar delante de Ernie McMillan, Cormac McLaggen, Cho Chang y varios inmaduros más que ocupaban el vagón. Aunque lo evitaba y no sabía de motivos ni razones, las lágrimas hacían escocer sus ojos. Entonces parpadeó y con un movimiento de varita bajó su baúl, del cuál sacó la túnica, y poniéndosela rápidamente, volvió a cerrar el baúl y lo sacó del vagón justo a tiempo de oír el pitido del expreso. Habían llegado a Hogwarts. En ese instante se abrió paso entre el gentío para subir a uno de los carruajes junto con Nott, Blaise y Pansy y poder cerrar los ojos y dormir algo para recuperarse de la fiesta de la noche anterior. Ya dentro del carruaje consiguió conciliar el sueño segundos después de echare sobre el regazo de una Pansy muy alegre y cerrar los ojos. Sus ojos ciegos, que no veían más allá de lo que querían ver.
No temas compañero,
no vas a sufrir más,
cierra tus ojos ciegos,
y nunca te dejes atrapar.
Nunca te dejes atrapar.
