Capítulo 2: 'El Baile de los Lovegood'

-Nada de tonterías esta noche, por favor. Quiero que ustedes dos le pidan bailar a cualquier dama y que no se la pasen bebiendo hasta quedar dormidos en el piano – le dijo a Fred y George – Espero que seas todo un caballero, Ronald. Y lo más importante de la noche: Mi querida Ginny…

-No, mamá – murmuró la pelirroja pidiéndole con la mirada ayuda a su padre.

-Camina bien, enderézate, no comas con la boca abierta, saluda a todos los que veas, se educada, baila con delicadeza. Compórtate de tal forma que esta noche ya tengas un pretendiente.

-Me pregunto quién va a querer fijarse en una feminista como ella…

-Silencio, George – La señora Weasley casi le grito - ¿Entendido?

-Sí, madre – respondieron los cuatro Weasleys.

-Muy bien… Ahora sí, entremos – dijo complacida.

-¿No crees que te estás excediendo un poco con nuestra hija? – preguntó el señor Weasley ofreciéndole su brazo.

-Claro que no. Nuestros hijos ya han perdido mis esperanzas de matrimonio… Sólo queda ella – respondió tomando su brazo mientras subían la escalinata.

La familia Lovegood era una de las más acaudaladas y estrafalarias del pueblo. El señor Lovegood era el creador y editor en jefe del periódico regional. Por lo general siempre se encontraba de viaje, de esa forma su hija Luna Lovegood era la responsable de la mansión. La señora Lovegood había fallecido pocos años después que su única hija, Luna, hubo de nacer. Quizás por eso el señor Lovegood adoraba a su hija, la agasajaba de tremendos lujos y trataba de llevársela con ella de viaje cuando iba fuera de Inglaterra.

Lo de describir a la familia Lovegood como estrafalaria era algo errado. Errado en el sentido que la mejor palabra para describir al señor y Luna Lovegood eran… chiflados. Los dos creían firmemente en criaturas extrañas que vivían invisiblemente a nuestro alrededor, en animalejos que no se debían molestar y en otro tipo de cosas para nada normales. Muchos de los habitantes de Ottery St. Catchpole trataban de evitar entablar largas conversaciones con ellos, ya que terminaban siendo sermoneados sobre los torsoplos que pueden mover tus cosas y dejarlas en cualquier sitio para que jamás las encuentres.

-Se nota que este baile es diferente… Todos están muy bien arreglados – observó Fred subiendo la escalinata, ofreciéndole el brazo a su hermana.

En efecto todos los invitados al baile de los Lovegood habían desempolvado sus mejores atuendos para asistir. No era nada raro que los Lovegood u otra familia ofrecieran un baile, pero como habían llegado esos nuevos vecinos adinerados, pareciera que el baile fuese el evento de la década o del siglo. Las muchachas iban muy bien pintadas, con sus sombreros de repollo y vestidos del mismo estilo sonriendo a cada persona. Los muchachos gentilmente ayudaban a cualquier dama a subir la escalinata y se notaba que le habían sacado el máximo de brillo posible a sus zapatos. Hasta las mujeres casadas ostentaban sus mejores joyas ante los grupos de alta sociedad y los casados se ufanaban de los nuevos relojes hechos de oro directo de Suiza.

Al entrar se encontraron con algunos conocidos de la familia. Saludaron a los Diggory, y Molly Weasley se quedó conversando con la señora Diggory. Arthur Weasley invitó al señor Diggory a servirse un aperitivo y fueron a un bar donde tres cantineros muy bien vestidos servían enormes cantidades de copitas en bandejas y meseros las sacaban para repartirlas entre los comensales.

Ginny sintió que Fred le soltaba el brazo y vio que sus hermanos gemelos se dirigían al sector del piano. Suspiró sabiendo que en cada baile al que asistían, los gemelos coqueteaban con muchas mujeres mientras tocaban animadas canciones en el piano.

-Luna está por allá – dijo Ron, aún al lado de Ginny, y con un movimiento de cabeza señaló a la hija del señor Lovegood.

-Gracias… - La pelirroja se inclinó para despedirse de su hermano y entró a otro de los salones para encontrarse con su amiga.

-¡Ginevra! – Luna Lovegood se levantó un poco el vestido para caminar más rápido y fue al encuentro de la muchacha – Me alegra tanto verte. ¿Cómo te ha ido? – le preguntó mientras la abrazaba.

-Podría ser mejor, mas la llegada de aquellos nuevos vecinos me está colmando la paciencia… Asumo que ya estás enterada de lo que dicen las cotillas del pueblo – dijo sonriendo.

-Por supuesto. Es una lástima que la gente se haga tantas ilusiones cuando al ser personas de tanta alcurnia no vivirán acá. En general estas propiedades en el campo no son más que eso: propiedades y los millonarios como ellos no pasan mucho tiempo en casa – Miró hacia el centro de la sala, donde muchos alentados jóvenes bailaban animadamente – Vivo ejemplo es mi padre.

-Tu padre no te abandona, Luna. Es ocupado, pero siempre viene a verte y trata de hacerte participe de su vida… Creo que tu padre es el millonario con menos actitud de uno – dijo riendo. Le tomó el brazo y dio un saltito - ¡Te propongo que bailemos para no seguir hablando de este desagradable tema!

Unos muchachos se acercaron a ellas. Luna sonrió complaciente mientras el moreno le pedía que le concediera una pieza de baile. Ginny se rió por la cara de su amiga y aceptó encantada de bailar con el amigo del moreno.

OoOoO

Al poner un pie en ese salón fue el anuncio de muerte. Draco Malfoy miró fríamente a todos los asistentes sintiéndose ajeno al lugar y con ganas de salir de allí, pero su expresión de repulsión se agravó más cuando la señorita Parkinson le agarró el brazo, de tal forma que parecían en procesión a su matrimonio o en un paseo de enamorador por el jardín de la mansión. Pero no hizo nada para evitar el contacto. Su sensación de vacío e impaciencia era más grande que las ganas de decirle a la señorita que lo dejará tranquilo.

Todos los lugareños eran iguales. Se diferenciaba mucho los que tenía dinero y los que tenían menos recurso por sus ropajes: De vestidos gastados y de segunda mano a túnicas confeccionadas con la más rica seda importada desde el oriente. Disimuló una sonrisa de burla al darse cuenta que Ottery St. Catchpole era sólo uno de los tantos pueblitos pequeños que apenas se enteran de las noticias como una posible Revolución Francesa o de las novedades de las colonias americanas. De zapatos sucios hasta los más brillantes tacones con tantos detalles que se veían sobrecargados y de muy mal gusto. Clásico estilo de ricos de pueblo.

Identificó con rapidez a la hija del señor Lovegood, quien conocían de antemano y les había comentado la buena inversión que sería comprar una casa de campo en Ottery St. Catchpole. La había visto solamente una vez desde que había llegado y al pasar a su lado, inclinó la cabeza cortésmente.

-¿Y quién es ése con la ceja levantada? – preguntó Ginny en voz baja a Luna.

-El señor Malfoy. La que está de su brazo es la señorita Pansy Parkinson y su hermanastra, la señorita Hermione Granger – dijo señalando la muchacha de cabello castaño y recogido en un elegante moño – La más simpática es la señorita Granger… Mas la otra no tiene las mismas cualidades que su hermanastra.

Mientras caminaban, los asistentes daban un paso hacia atrás para dejarles un espacio, parecido a un extenso pasillo para que fueran a la mesa, donde el señor Lovegood los esperaba tomando una copa de vino. Algunos se empujaban para desaparecer del camino de los nuevos vecinos. Las muchachas más jóvenes lanzaban risitas bobas detrás de sus abanicos y los muchachos jóvenes admiraban la gracia al caminar de ambas hermanastras.

Sus ojos grises se quedaron inmóviles quedando embelesados a la joven junto a la señorita Lovegood. Piel clara, ojos cafés muy despiertos, nariz respingada, la boca son una sonrisa débil y altanera… Lo que le llamaba la atención era lo diferente que era de las demás. Su cabello pelirrojo resaltaba entre los demás y su mirada para con él era la única de impaciencia y sospecha.

¿Por qué la miraba? No podía dejar de sostenerle la mirada e irguió un poco su cabeza para darse más porte. Ese tal señor Malfoy miraba con superioridad a los demás, creyéndose el hombre más importante de la noche, y era inevitable que no lanzara suspiros o se riera como las demás. Y tenía la sensación que a ella la miraba incluso, si fuera posible, con más atención. Sus fríos ojos grises se detuvieron por más segundos en su persona que en los otros comensales.

Los tres recién llegados llegaron hasta la mesa donde se ostentaba suculentas bandejas con todo tipo de bocadillos y había barriles con litros de vino, whisky y otros licores. El señor Lovegood besó educadamente en las manos a las hermanastras y le dio una inclinación de cabeza a Malfoy.

Los asistentes se miraron en silencio sin saber qué hacer y poco a poco las parejas más jóvenes se lanzaron a bailar, así en unos instantes el baile volvía a estar presente, como si jamás hubiera habido silencio.

-Ginny, querida, tenemos que presentarnos – Se giró y miró que su madre, bastante borracha, cabe decir, le tomaba el brazo.

-Mamá… ¿Presentarnos a los nuevos?

-Por supuesto, si no qué. Vamos, niña, apurémonos… Tus hermanos y tu padre ya están con los Lovegood y los nuevos vecinos – dijo llevándosela y Ginny le lanzó una mirada triste al muchacho con quien había conversado, Michael Corner, pensando seriamente que su madre se contradecía al decir que quería que contrajera matrimonio y le quitaba la oportunidad de estar con uno de sus pretendientes para conocer a unos millonarios, que debían tener gustos excéntricos, y que no estarían más de cinco días en la mansión antes de irse a Londres y a sus otras casas de campo.

Al llegar donde se encontraban, Ginny sonrió a Luna y le hizo un gesto con la cara a su amiga preguntándose si lo estaba pasando bien hablando con los nuevos vecinos.

-Pues esta es mi hija menor, Ginevra Weasley – dijo el señor Weasley después de beber lo que quedaba en su copa.

-Un gusto conocerlos – dijo sin mucho ánimo y tomó su vestido, lo alzó un poco y se inclinó educadamente. Su madre le pego con poco discreto codazo en las costillas para que fuera más amable – Espero que tengan una agradable estancia en Ottery St. Catchpole.

-Muchas gracias, señorita Weasley – La señorita Granger también se inclinó y le sonrió dulcemente – Es usted muy amable al decirnos esto. Siendo sincera, también esperamos lo mismo, y es bueno agregar que la estancia será mucho mejor si estamos con vecinos como ustedes.

-Por Dios, Hermione, no seas tan condescendiente y será mejor presentarnos ante la señorita – replicó la otra muchacha, su hermanastra, dirigiéndole una mirada de desprecio.

-Oh, es cierto… - musitó sonrojándose – Discúlpenme, no fue mi intención ser tan descortés.

-Usted jamás lo sería, señorita Granger – Ginny giró la cabeza para ver a Ron, quien estaba a su lado.

La ubicación no era nada favorable para que los gemelos y Ginny dieran una buena impresión sin ningún desperfecto. Cuando Ron dijo aquellas palabras, los gemelos se miraron divertidos y le lanzaron una mirada de picardía a su hermano menor mientras Ginny sólo lo miraba sorprendida. Los tres pelirrojos que hicieron sonrojar aún más de lo que estaba a Ron, empezaron a hacer muecas y el típico cosquilleo que te da en el estómago cuando se tienen ganas de reír hasta llorar.

-Déjenme presentarnos, señores.

Los tres dejaron de contener las risas intimidados por aquella profunda y fría voz. El señor Malfoy los miraba con desdén y prosiguió hablando al notar que los hermanos se habían calmado.

-Ellas son la señorita Granger y la señorita Parkinson – Al decir sus nombres, ambas hicieron una reverencia – El padre de la señorita Granger se casó con la madre de la señorita Parkinson luego que ella quedara viuda.

-Si no es mucha la intromisión… ¿Por qué señorita Parkinson no adopta el apellido de su nuevo padre? – inquirió la señora Weasley ganándose las miradas reprobatorias de sus hijo y de su marido - ¿Dije algo indebido?

Para todos fue evidente la asesina mirada que la señorita Parkinson le dio a la señora Weasley. Alzó las cejas y sonrió con burla al darse cuenta que esa familia era peor de lo que esperaba… La madre una chismosa borracha, los gemelos poco educados, ese Ronald Weasley desgarbado y la chiquilla descortés. El único que salvaba a la ridícula y penosa familia Weasley era el patriarca.

-Y yo soy el señor Malfoy – dijo para cortar ese momento incómodo – Un gusto y gracias por recibirnos – Sin poder evitarlo le dirigió una mirada rápida a Ginny.

-De nada – dijo el señor Weasley sintiéndose un poco mal y algo humillado por la bochornosa primera impresión que tenían con los nuevos vecinos.

-Er… Pido permiso para retirarme – pidió la pelirroja evitando aquellos ojos grises y le hizo una seña a Luna para que se fueran de la mesa.

-Claro, querida – dijo Hermione Granger riendo por la timidez en la voz de Ginny.

-Yo también me retiro. Os veo luego – Luna se retiró sin antes hacer una reverencia.

Ginny y Luna se tomaron del brazo y se escabulleron entre la gente que bailaba. Las dos comenzaron a reírse por la extraña presentación ante las hermanastras y el simpático –nótese la ironía, en especial por parte de Ginny- Draco Malfoy.

El baile siguió sin otros inconvenientes… Aunque Ginny veía con pesar que su madre no le preocupaba estar haciendo el ridículo entre sus amigas revelando los secretos más suculentos de casi todos en Ottery St. Catchpole. Trató de seguir bailando con el señor Corner sin preocuparse de las estupideces de su familia.

Casi todos los asistentes, en especial los hombres, se fijaron que en medio de la pista de baile, el hijo varón menor de Weasley bailaba con la señorita Granger. Él bailaba torpemente y se equivocaba en dar los saltos, vueltas y en darle la mano a la joven; pero no pasaba desapercibido para Ginny que su hermano no le quitaba la vista de encima a la castaña y ella sólo sonreía sin darse cuenta de los errores del baile, se sonrojaba constantemente y le sostenía la mirada sin vergüenza alguna, aunque sí con timidez.

-Hacen una hermosa pareja… - dijo Luna trayéndole una taza de té a su amiga, quien estaba sentada en uno de los rincones del salón.

-¿Sabes? Sería capaz hasta de darle permiso a la señorita Granger de enamorarse de mi hermano – Las dos rieron – Ron es muy especial para cualquiera.

-¡Dios santo, Ginny, qué malvada eres!

-Aún así lo quiero. Son como los gemelos. Somos unos hermanos particulares.

Miró a ambos lados para ver quiénes quedaban en el baile y no se sorprendió al ver que ya la mitad de los comensales se retiraron. Ya era de madrugada. Se mordió el labio inferior al detener su campo visual justo en el señor Malfoy. Él se encontraba a unos tres metros de ella, a su derecha, hablando con un par de hombres y muchachos. Casi todos unos oportunistas interesados en saber cómo administraba la cantidad de tierras y dinero que poseía…

-La verdad no me gusta hablar de este tema en particular. ¿Por qué no charlamos de las nuevas obras de teatro en el espectacular teatro de Londres o de música? – preguntó escondiendo su desprecio por esa gente superflua – El arte es una de las mejores maneras de expresarse y socializar…

-Así como el baile. ¿Por qué no ha sacado a ninguna belleza a bailar? – dijo uno que Ginny y Luna siempre veían en la tienda de costura.

-No me gusta bailar, y en especial cuando la ocasión no lo amerita…

-Pero aquí hay hermosas jovencitas – puntualizó el señor McGonagall – Mire ahí, la señorita Weasley es una de las más codiciadas en el pueblo… - Era cierto. Casi todos los muchachos admiraban la inocente y atípica belleza de la pelirroja, aunque era bien conocido su carácter fuerte y su idealismo, que casi todos sus pretendientes eran rechazados por ella misma.

Contuvo el aliento al sentir su mirada quemándole su perfil. Miró a Luna nerviosa y ella sólo dijo en voz baja que aparentaran que estaban ocupadas hablando, si querían escuchar la respuesta del señor Malfoy debían fingir que ni sabían que se encontraban hablando a poca distancia sobre ella.

-Ella es linda, pero no lo suficiente para gustarme – respondió subiendo el tono de voz, como si quisiera que Ginny lo escuchara.

-Oh, Ginny – Luna se tapó la boca y frunció el ceño enojada - ¿Cómo pudo haber dicho esa estupidez? Querida, no le hagas caso, está ciego… Piensa que eres sólo linda y no lo suficiente.

-No tengo interés en lo que el señor Malfoy piense – Sonrió y agregó – El señor Malfoy es millonario, tiene buena apariencia, pero jamás podrá agradarme. Prometo aquí, querida Luna, que odiaré hasta la eternidad a Draco Malfoy por orgulloso – Apretó un puño y se lo llevo al pecho e hizo una cara de dolor – He clavado el puñal… He sellado mi compromiso.

-¡Estás absolutamente loca! – Luna escupió el té que había bebido en su taza y rió hasta doblarse en la silla.

OoOoO

Estaban nuevamente convidados en un mismo lugar, aunque no era un baile y menos en la casa de los Lovegood. En la casa de los Lodge ofrecieron un almuerzo donde los invitados de honor eran las señoritas Granger y Parkinson, y el infaltable señor Malfoy. Se formó una pista de baile improvisada para que un grupo no menor de parejas bailaran al compás de las nuevas obras neoclásicas de Francia.

Ginny reía divertida por el relato de sus hermanos en la casa de campo de los Longbottom, donde hicieron uno que otro negocio sucio y comentaban sus disparates atrayendo a los que no se animaban a bailar. De vez en cuando miraba a Ron y la señorita Granger hablando en vez de bailar. Seguramente era la única en darse cuenta de la cercanía de ellos porque nadie había gritado ni hecho un escándalo para poner a una chaperona entre ellos.

-Luna… ¿Por qué siempre me está mirando? – le susurró a su amiga corriendo su silla un par de centímetros a su lado.

-Creo que esa respuesta sólo el señor Malfoy la puede responder.

-Es tan frío y orgulloso… - Sonrió como siempre lo hacía cuando tenía planeada una broma – Quizás si lo molesto un poquito no me pondré de mal humor si me mira como lo hace.

El rubio de ojos grises se encontraba sentado a su lado. Disimuladamente se le quedaba observando por largos segundos y cuando ella volteaba el rostro para verlo directamente, él se volteaba y hacía como que veía los retratos de la familia Longbottom del salón.

Draco Malfoy se echo hacia atrás por la repentina vuelta de Ginny y más aún fue su asombro al ver que la joven le sonreía coquetamente.

-Asumo que escuchó cómo le comenté al Coronel Forster que hiciera un baile – Él asintió y ella simplemente pensó que era evidente, si había escuchado cada palabra que había dicho y la miraba atentamente cuando creía que ella no se daría cuenta - ¿Cree que hice lo correcto al decírselo?

-Sí, lo hizo – contestó el señor Malfoy – Las damas siempre escogen las mejores palabras para ir a un baile.

-Mi duda está en si eso fue una crítica o algo de valorar – replicó riendo.

Luna era la única que tocaba el piano como nadie en todo el pueblo, por lo que no fue raro que la señora Longbottom le pidiera que tocara una pieza en el piano. La rubia encantada se sentó en el gran y carísimo piano de cola y empezó a tocar una alegre canción.

-¡Debe bailar, señorita Weasley! – dijo la señora Longbottom después de terminar de engullir su galleta de chocolate – Es una de las pocas jovencitas que no está disfrutando de la sana diversión del baile.

-Más que sana diversión, diría delicada forma de acercamiento entre hombre y mujer, si me deja aclarar – dijo Ginny.

-Por favor, baile – Miró al señor Malfoy – Aquí tiene al distinguido señor Malfoy para que baile. ¿No la invitará, caballero? Estoy segura que será su compañero.

Suspiró largamente esperando que el señor Malfoy se negara rotundamente o saliera huyendo. Lo último hubiera sido uno de los mayores escándalos del año en el pueblo, pero se petrificó al oír su respuesta:

-¿Me concedería esta pieza, señorita Weasley? – Se puso de pie y le ofreció su mano.

-Lamento decirle que no tengo ganas de bailar hoy día, señor Malfoy – También se paró, pero con intenciones de irse – Hay veces que la intención no lo es todo, si no a la vez la compañía. Es una verdadera lástima que su intención sea tan honorable, pero no lo suficiente para gustarme.

La señora Weasley miró con recelo a su hija retirarse del salón sin pedir permiso y se excusó por ella argumentando que había amanecido con un fuerte dolor de cabeza que no se le pasaba con las compresas frías. El señor Weasley simplemente sonrió por la audacia de su hija, ya que sabía que el señor Malfoy no le agradaba para nada.

Se quedó observando como su cabello pelirrojo amarrado en una cinta le caían pequeños mechones en la espalda y la forma que su vestido se movía cuando caminaba. Pensó que estaba siendo demasiado estúpido, no debía fijarse tanto en aquella pueblerina proveniente de una familia tan maleducada y sin comportamiento digno. Y bajó la mirada meditando qué consecuencias traerían el hecho que ella hubiera escuchado aquel comentario en el baile de los Lovegood… Lo había dicho fuerte a propósito, pero no creyó que se lo fuera a restregar en la cara. Esa muchacha Weasley si que era buena para vengarse.

-He de confesar que siento lo mismo que usted – dijo la señorita Parkinson sentándose donde momentos antes se hallaba Ginny. Ella había escuchado y visto con atención la breve conversación entre ellos – Aquí no hay nadie que valga la pena – Bajó la voz sólo para que él pudiera oírla.

-Me temo que se equivoca – Draco miró nuevamente la gran puerta del salón esperanzado que Ginny entrara, pero sólo se quedó con la deleitosa imagen de su espalda al irse – Esta tarde me he dado cuenta lo hermosos que pueden ser los ojos de una dama.

La señorita Parkinson creía que se refería a ella y le hizo un gesto con la mano agradecida por el cumplido.

-Lo digo por los ojos cafés de la señorita Ginevra Weasley – dijo calmadamente.

-¿La señorita Ginevra Weasley?... ¿Desde cuándo se ha fijado en ella? – Sus cejas parecieron unirse en una sola y sus orejas se tornaron rojas - ¿Cuándo puedo felicitarlos por su compromiso?

-Me esperaba esta reacción de usted – replicó fríamente – Pero aún así, ningún compromiso se refiere explícitamente a matrimonio.

-¡Ha mencionado matrimonio! – exclamó casi escandalizada y los demás presentes le dirigieron una mirada extraña. Sacó su abanico y se cubrió la mitad del rostro, dejando a la vista su amplia frente y sus ojos negros – Imagínese su vida junto a la agradable suegra que tendría, la muestra de educación de la realeza… Podría llevarla a nuestra casa en Derbyshire. ¡Y tendrá que hacerla pasar un tiempo en su gran mansión en Pemberly!

Draco prefirió quedarse en silencio y soportó estoicamente las burlas de la señorita Parkinson. Ella muy pronto decidió que si el señor Malfoy proponía casarse con la señorita Weasley, sería el fin del mundo. ¡Primero el poder al pueblo y muerte a los reyes antes que la Weasley se casara con Draco Malfoy! Él sólo podía ser para ella. Desde que lo conoció en la casa del señor Granger, su futuro padrastro, supo que ese joven apuesto, amigo de la familia, estaría en su vida para siempre... Y Ginny Weasley no estaba en ese futuro.


Notas de la autora: ¡Hola! Primero que todo quiero agradecerles de todo corazón por la cantidad de reviews recibidos. Jamás creí que iría a recibir tantos en un fic experimental para mí: Soy virgen en cuanto a escribir DG y a hacer adaptaciones de algo (libro, película, etc.). De verdad estoy muy agradecida y me alegro que hayan encontrado que estoy siendo fiel a la obra… La verdad pensé que estaba pésimo el primer capítulo.

Bien, ahora vamos con el capítulo. Aquí usé mucho el libro para diálogos (de hecho varios diálogos los calqué del libro, que a mi lado está) y personajes, como cuando Ginny le dice a Draco que le comentó al Coronel Forster sobre un baile… Y me basé en sólo en dos cosas de la película del año 2005, en la que actúan Keira Kightley como Elizabeth Bennet (lo que sería Ginny aquí) y Matthew McFadden como Fitzwillian Darcy (Malfoy, en el fic y creo que el apellido del actor se escribe así). Bien, volviendo a la película, usé que Ron y Hermione se miraran casi alabándose cuando bailaban, se enamoran al instante y que Ginny se vengara sutilmente de Malfoy por decirle que no era lo suficientemente bella para él… En el libro sólo dice que odia a Darcy.

Les solicito nuevamente sus REVIEWS apara que me digan su opinión de este capítulo, sugerencias y quejas. Todo sirve para que este fic sea de su agrado y lo disfruten. Ah, para que sepan, gracias a todos sus reviews subí este capítulo tan rápido… Quizás si recibo hartos reviews, pueda subir el tercer capítulo pronto.

Cuídense mucho y suerte a todos los que están en exámenes en la escuela o universidad, adiós!