1. PRIMER ROCE

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Así como había terminado todo, ahora se estaban despidiendo de sus amigos en la Sociedad de Almas. Ellos tenían que regresar a Karakura y ocuparse de ciertas cosas, mientras los shinigamis debían de hacer sus cosas por su cuenta.

Durante el regreso no hubo muchas palabras, apenas llegaron cada uno se fue por su camino, regresando cada cual a sus actividades normales. Ichigo y su padre fueron recibidos de forma entusiasta por las gemelas, pero en casa de Orihime sólo la esperaba el altar dedicado a su hermano en un departamento muy pequeño.

Sonrió para sí misma, había logrado más de lo que imaginaba junto a la persona que más apreciaba. Tal vez no pudo hacer demasiado, pero hizo todo lo que se encontraba a su alcance y aquello debía de bastar para causarle una cierta satisfacción, pero no era así. Frente a la foto de Sora comenzó a llorar un poco, sentía que sus esfuerzos no habían sido los suficientes. Era complejo poder entender esos sentimientos.

Suspiró con fuerza para comenzar con su oración, una en la que incluía la larga historia de todo lo que había hecho al estar fuera de casa. Lo que había pasado, sus vivencias, sobre la ropa que Urahara le había dado e incluso habló sobre el momento cumbre de la batalla. Todo ello le sirvió para recapitular cada uno de los momentos que sintió, dándose cuenta que aun con su sentimiento de incertidumbre, pudo ver que ella si había sido útil a pesar de todo.

Los días avanzaron y regresaron a sus actividades escolares. Nada era diferente a sus vidas normales antes de que nuestro protagonista se convirtiera en un shinigami sustituto. Todo era tranquilo, al grado que parecía que no había sucedido nada extraño, algo que les hiciera sentirse alerta. Nada.

Estaban en el último año, a menos de cinco meses de terminar la preparatoria. Con muchos esfuerzos habían llegado a ese punto, porque con las faltas durante su ida a la Sociedad de Almas, después a Hueco Mundo… Bueno, no necesitaba ser especificado, pero se entendía que faltas y retrasos tenían muchísimos.

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– Iremos al gimnasio para las fotos del anuario. – Habló su tutora. – Por favor, vayan con calma.

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Todos los alumnos salieron del salón con cierta lentitud, lo que hizo que la joven pelinaranja se quedara rezagada, lejos de su mejor amiga. Pero aquello bastó para que sin querer su mano rozara con la del chico que tanto le gustaba. Ella sólo agachó la cabeza, mientras él giró el rostro escondiendo el sonrojo.

Nadie los vio, pero se quedaron un momento más en la puerta del salón, sin decirse ni una palabra y sólo cruzaron por unos segundos sus dedos. Después se retiraron al lugar indicado por su profesora.

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Tal vez los capítulos sean muy cortos, pero estos primeros acercamientos son pequeños, suaves y hasta involuntarios desde la perspectiva de los chicos. No se preocupen, todo irá siendo más largo, explicado y significativos según vayamos avanzando. ¡Buen día a todos!