Justine estaba considerablemente mejor, aún tosía de vez en cuando, pero podía levantarse y hacer todo lo que hacía normalmente ahora, así que no había problema en absoluto. El doctor le dijo que podía hacer cosas, pero no esforzarse mucho en ellas ni hacer las más pesadas, lo que obedeció. Estaba a las afueras con el pequeño William, toda la familia había decidido salir de paseo y el pequeño quería explorar más a fondo los bosques, Elizabeth se ofreció a acompañarlo, pero Justine quiso hacerlo, argumentando que necesitaba algo de aire fresco y movimiento tras estar recluida en la habitación, nadie le negó su petición. Iba tranquilamente caminando tras el niño, quien saltaba, corría y jugueteaba alrededor de los árboles con gran alegría.
Estaba empezando a anochecer, pronto tendrían que volver a casa con los demás, así que Justine se acercó más rápido al menor para tomarle la mano y guiarlo hacia la casa, pero él se le adelantó, pensando que era algún tipo de persecución a modo de juego. — William, ¡William! — Llamó, intentando perseguirlo, pronto lo perdió de vista y se llenó de terror, ¿dónde se habría metido ese niño? Necesitaba llevarlo a la casa, podría acabar herido si se iba muy profundo en el bosque, corre por los alrededores, llamándolo, pero se detiene cuando escucha una voz extraña y la del menor, se acerca con precaución al lugar de donde provienen las voces, se esconde detrás de un árbol para ver quién podría estarle hablando a William. Escucha al niño soltar un grito, el monstruo atrayendo al pequeño hacia sí.
—¿Qué significa esto? No voy a hacerte daño; escúchame. —
—¡Suélteme! —dijo debatiéndose con violencia—. ¡Monstruo! ¡Ser repulsivo! Quiere cortarme en pedazos y comerme. ¡Es un ogro! ¡Suélteme, o se lo diré a mi padre! —
—Nunca más volverás a ver a tu padre; vendrás conmigo. —
—¡Horrendo monstruo! ¡Suélteme! Mi padre es juez; es el señor Frankenstein, y lo castigará. No se atreverá a llevarme con usted. —
—¡Frankenstein! Perteneces a mi enemigo, a aquel de quien he jurado vengarme. ¡Tú serás mi primera víctima! —
Justine vio como la criatura estaba a punto de tomar al pequeño, pero la joven no lo permitió. Se lanzó rápidamente, saliendo desde su escondite para tomar al pequeño y comenzar a correr sin mirar atrás, William estaba mirándolo, aún gritando. Justine se fijaba mucho en el suelo para no tropezar y causarse daño a sí misma y al menor, estaba corriendo casi tan rápido como cuando el monstruo la perseguía a ella.
— ¡Justine! ¡Se acerca! ¡Nos va a atrapar! — Exclama el niño, ante esto, Justine voltea su dirección hacia la derecha rápidamente, sus botas llenándose de tierra en el movimiento de derrape, se lanza a un arbusto, cubriendo a William con su propio cuerpo para que no reciba daño al caer. Se mantiene escondida allí y le cubre la boca al niño. Silencio absoluto.
El monstruo los pierde de vista.
Con respiración agitada, Justine lo suelta con cuidado y se sienta en el piso, abre el arbusto con ambas manos para ver si está por ahí, nada, lo habían perdido, ¡qué gran alivio, gracias a todos los santos! Volteó a ver al pequeño y encontró que tenía una expresión atónita, incluso hasta traumatizada, podría decir. Sus pequeños ojos llenos de lágrimas y temblando, este se lanza a abrazarla, ella lo apega a sí, acariciando su cabello.
—Está bien, se ha ido, no te hará daño — Murmura, aunque no está completamente segura de que no los vaya a volver a perseguir, por el momento, estaban a salvo. Esperó unos momentos a que el niño se calmase para poder hablar tranquilamente con él, ambos aún sentados en el césped. —William, mi niño, todo estará bien, volvamos a casa — Acaricia su mejilla, las lágrimas se detuvieron, al fin estaba tranquilo, aún sorprendido, pero más calmado. No piensa explicarle lo que pasó ni pedirle que oculte la existencia de esa criatura, porque quizás, cuando se lo diga a los demás, crean que es un juego de niño, ojalá. Justine vuelve a levantarlo entre sus brazos y va rumbo a la casa, una preocupada Elizabeth los recibe.
—¡Justine! ¡William! Estábamos preocupándonos porque no llegaban, pasen — Se aparta rápidamente para darles camino y pasan, Justine pone al niño en el suelo cuando entran, pero este se aferra a la pierna de la joven. Elizabeth entra y sonríe. — Oh, mi querido, ¿te has apegado a Justine? — La susodicha lo mira con pena, siendo que sabe la razón; todavía está asustado.
—Justine me ha salvado — Dice, dejando la habitación en silencio. Alphonse entra, aparentemente había escuchado lo anterior.
—¿Te ha salvado, hijo? — Pregunta, una vez lo ve, el niño parece aliviarse. —¿Y de qué es eso que te ha salvado? —El mayor se pone en cuclillas en frente de Justine, hablándole al chico escondiéndose tras sus piernas.
—¡Justine me ha salvado de un monstruo horrible! ¡Si no hubiese llegado, me habría matado! — Exclama, muy seguro de lo que dice, Alphonse y Elizabeth están convencidos de que es un juego, más aún con la sonrisa que muestra Justine.
—Eso ha sido muy valiente de su parte, hijo mío. ¿Le has dado las gracias? — El menor niega con la cabeza, sale de su escondite y se para frente a Justine.
—Muchas gracias, Justine. Eres mi salvadora. — La hace sonreír involuntariamente, le alegra tanto no tener que dar otro tipo de explicación que, honestamente, no sabe cómo dar. Al escuchar un corto jadeo de sorpresa por parte de Elizabeth, descubre que sus botas tienen tierra y han manchado un poco la alfombra.
—Lo siento muchísimo, estaba corriendo con William y no me había fijado — Dice, la rubia joven niega con la cabeza, sonriendo.
—No hay problema, te traeré unos zapatos limpios en seguida, no te preocupes — Elizabeth comienza a subir las escaleras, yendo a buscar los zapatos que mencionó, mientras tanto, Justine se quita las botas para no seguir ensuciando.
— Bien, William, ¿qué tal si vienes conmigo a la biblioteca? Hay algunos libros que me gustaría mostrarte — El niño asiente, Alphonse lo toma en sus brazos y se despide de Justine, ambos parten escaleras arriba. Es dejada sola. Una vez esto ocurre, se da la libertad de estar asustada, comienza a respirar agitadamente, ¡por poco herían a William! De no ser porque estaba allí… Dios, ¿qué podría haberle hecho al pobre chiquillo? ¿De dónde procedía ese monstruo? ¿Cómo podía hablar? ¿Por qué los acechaba? ¿Cómo podía siquiera existir?
Se calmó cuando vio a Elizabeth bajando con un par de zapatos de su pertenencia, los pone en frente de la joven para que se los ponga, lo que hace inmediatamente. Una criada se lleva las botas de Justine para limpiarlas mientras ella lleva las de Elizabeth.
—Victor arribará mañana — Dice, Justine sonríe ante esto. — ¿No es emocionante? Ha estado tantísimo tiempo lejos…Ansiaba verlo desde hace tanto, Justine. Mi corazón está colmado de alegría. — La joven junta ambas manos sobre su pecho, soltando un suspiro. El señor Victor la hace tan feliz, piensa Justine, me pregunto si plantean una boda. Para ella era evidente que eran tal para cual, ¿por qué no estar juntos?
—Espero llegue lo más pronto posible, señorita —Elizabeth la abraza con alegría, después, ambas parten a sus habitaciones para descansar y recibir al joven el día siguiente.
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Victor había llegado.
Todo mundo lo saludo con gran alegría, abrazos se compartieron, el más largo de todos fue el de Victor y Elizabeth, quienes añoraban la compañía el uno del otro desde hace tiempo, añoranza la cual lograron apaciguar un poco en sus intercambios de cartas. Justine se quedó al margen cuando llegó, sin realmente animarse a saludarlo, debía prestarle atención a su familia, no a ella. Se quedó en el rincón de la sala, William la observó, le indicó que se acercara, pero ella negó con la cabeza, el pequeño hizo un mohín infantil de enfado, fue a tomar la mano de su hermano mayor para guiarlo hacia ella, el otro se dejó guiar sin más dilatación.
—¡Victor, Victor! ¿Te han contado lo que ha hecho Justine? —Exclama alegre el menor, ella sabe a lo que se refiere.
—No, en absoluto, ¿qué ha hecho que te tenga tan animado? —Pregunta, mirando a la joven con una sonrisa, la alegría que desparramaba ese pequeño era bastante contagiosa, internamente, Victor deseaba volver a ser así, porque lo fue cuando era de su edad.
—Justine me ha salvado de un horrible monstruo, era horroroso —Dice, abrazando las piernas de la joven, cuando Justine levanta la mirada para ver su reacción, ve algo inesperado, él, a diferencia de los demás, parecía impresionado ante esto, incluso preocupado, ¿por qué? No se habrá creído lo del monstruo, ¿o sí? — ¿Verdad, Justine? Cuéntale cuando me tomaste y corriste y nos escondimos en un arbusto —.
Victor la mira expectante, causándole nerviosismo.
—No ha sido nada, de verdad, señor. William fue muy valiente, porque lo enfrentó, ¿no es así? —Justine le hace cosquillas, fingiendo sonidos monstruosos. El pequeño ríe, tratando de apartarla con torpes manos. El Frankenstein mayor comenzaba a creer que era una broma, eso era lo que Justine necesitaba.
—Ya veo, tú también has sido valiente, Justine, no cualquiera se enfrenta a un monstruo — En ese momento, ella cree que les está siguiendo el juego, se convence de eso, pero, ¿sería verdad? Victor se voltea ante el llamado de Elizabeth, dejando al niño con la joven.
—¿Por qué no le cuentas a nadie cómo me salvaste? — Es muy inocente para entender las razones de los mayores, no sabe sobre la vida todavía, ni los riesgos que las palabras conllevan.
—Querido, si se lo cuento así a todo el mundo, creerán que estoy presumiendo. No fue algo impresionante como crees tú, cualquiera lo habría hecho en mi lugar. —Justine le da un beso en la cabeza y se retira de la habitación, dejando al resto de la familia hablar, tenían que ponerse al día en todo ese tiempo que Victor se había perdido. Es detenida por alguien llamándola, mientras sube las escaleras, es Victor.
—Justine, espera, —Sube la escalera hacia el escalón donde ella se encuentra, y se le acerca, susurrando. — ¿a qué se refiere William con lo del monstruo? Si me permites preguntarlo. —Justine lo mira con impresión y traga saliva, nerviosa, negando con la cabeza.
—No es nada, señor, tan sólo tonterías de niños. Jugábamos en el bosque. —Justine comienza a reanudar su paso, pero Victor la toma del brazo, deteniéndola.
— Espera, ¿no vieron nada más en el bosque? ¿Estás segura? —¿Podría acaso saber…? No. ¿Cómo podría saberlo? Acababa de llegar al hogar, era imposible que lo supiera.
—Segura estoy. No ha de preocuparse por nada, señor, William está a salvo…—Justine evade su mirar unos instantes, mira a un punto fijo, poco a poco, Victor la suelta. —…de lo que sea que hubiese podido ser esa criatura. —Se halla murmurando inconscientemente, termina su paso por la escalera presurosa, intentando evadir las preguntas que seguro le lloverían por parte del joven ante su descuidada frase, antes de terminar de subir, se voltea a mirarlo unos momentos, y encuentra una expresión atónita por parte suya.
