Que fastidio.

Levantarse temprano, ducharse, hacer el desayuno preferido de Isami (algo que realmente amaba, pero no bajo estas circunstancias) y acomodar las cosas de ambos para partir en una hora a la academia, no era necesariamente lo que tenía planeado para iniciar bien su día, pero, por una más que asquerosa mano en el juego de cartas de ayer, hoy estaba obligado a cubrir las necesidades y exigencias de su amado ototo, o como Isami prefirió llamarlo:

Convertirlo en su linda y servicial maid rubia por todo un día.

Vale, empezaba a cuestionarse lo de amado ototo, mira que obligarlo a él, el gran y perfecto Takumi Aldini, a hacer de esclavo (porque él no podía mirar ese cruel trato a su divina persona como algo distinto) era algo impensable, aunque claro, fue en parte su culpa.

-Noche anterior-

Isami solo quería tener un juego calmado, relajarse un poco y animar a su hermano, pero el castaño no se esperó que, tras haber ganado el primer juego, su hermano mayor se entusiasmara tanto y terminará proponiendo algo así.

Ser sirviente del otro por todo un día

Y también dijo algo de postrarse ante el ganador y rendirle culto y bla bla bla…

Algo le decía a Isami que su hermano tenía un tornillo zafado y un ego algo autodestructivo y demasiado agrandado para un cuerpo tan delgado como el de su apuesto hermano.

Mejor guardarse esos pensamientos para él mismo si no quería terminar con una sordera parcial por los gritos que pegaría su hermano si escuchará eso.

Así que, riendo por su propio pensamiento, miró con un brillo malicioso el póker de reinas que puso orgulloso su Nee-chan sobre la mesa, el día de mañana pintaba para ser algo muy divertido.

-quintilla de reyes, Nee-chan. -Vale, debió haber tenido su celular en ese momento para tomarle una foto a su hermano, pues la cara que puso, junto con las lágrimas que se esforzaban por no salir de sus azules ojos y que auguraban un descomunal berrinche por parte de Takumi era algo que siempre divertía a Isami.

-Fin-

-Tengo que aprender a cerrar la boca más seguido, o ya no apostarle a Isami- Dijo el rubio mientras llevaba un poco de omelet a su boca, ya estaba todo preparado y solo faltaba que su hermano, más bien dicho, amo (clausula establecida por Takumi antes de perder) se dignará a bajar a desayunar.

-Taku-chan, ¿Ya está mi comida lista? – Lo mataría, por la cocina que lo mataría. Mira que bajar cantarinamente diciéndole así no merecía nada menor a la muerte. Iría a la cocina, tomaría su amada mezzaluna y haría trocitos al idiota de Isami.

Alto ahí.

Él ya no tenía la mezzaluna consigo, la tenía aquel pelirrojo ser.

Soma Yukihira.

Aún no se explicaba bien porqué, o más bien se negaba a aceptar la razón, cada que venía a su cabeza ese tipo su corazón se aceleraba de esa manera, antes pensó que era solo rabia y competitividad hacia el pelirrojo, pero se tuvo que replantear ese concepto con el paso de los días. Y el hecho de haber hecho semejante apuesta en pro de recuperar su mezzaluna no lo ayudaba a pensar mejor.

Mejor se concentraría en dejar esos absurdos pensamientos de lado o terminaría delatándose ante su hermano sobre su nerviosismo.

Esperen un momento ¡¿Eso que traía Isami en su mano era un delantal rosa?! Si, realmente esa mañana no auguraba nada bueno.

-Oye Taku-chan, deberías quitar ese ceño fruncido, te volverás viejo pronto y ya no te verás lindo en ese delantal- Decía disfrutando de lo lindo el castaño al ver como su hermano empezaba a ponerse rojo del coraje- No sé de qué te avergüenzas, las chicas no han dejado de verte con cara de enamoradas desde que entramos.

Era verdad que los gemelos estaban más que acostumbrados a que las chicas, y algunos chicos, siempre tuvieran su atención centrada en ellos, eran bastante apuestos y llamativos, ¡Incluso Takumi tenía su propio club de fans! Pero el rubio estaba totalmente seguro de que esa mirada no era precisamente la que le lanzaban a diario.

Esta tenía algo distinto, denotaba ¿burla? No, más bien ternura, sí, los demás alumnos se atrevían a mirar a Takumi con ternura y algo de perversión en sus ojos. Él no era tan ingenuo e inocente como su hermano, sabía diferenciar cuando alguien los miraba de esa obscena manera desde que vivían en Italia, mejor era ignorarlos, ya estaba más que acostumbrado a eso.

Pero a lo que no estaba acostumbrado era a la cara roja de Tadokoro dirigida a su persona, claro, ese día le tocaría compartir la clase con ella y con Yukihira.

Yukihira, Soma Yukihira…

¡Por todos los cielos Soma Yukihira lo vería en ese vergonzoso aspecto!

Quería huir, saltar por la ventana, decir que se sentía enfermo e irse, incluso provocar un incendio en el salón de clases parecía algo excesivamente tentador en ese momento, pero todos sus planes dejaron de maquinar en cuanto su mirada se conectó con la del pelirrojo.

Podía comparar esa mirada como la primera vez que el cocinó algo en su vida, era algo que quería tener consigo para toda su vida, algo que lo arrastraba y lo consumía, le aceleraba el corazón y le hacía de manera indescriptible querer más, quería acercarse, ver esos dorados ojos de cerca, oler su cabello, tenía el extraño presentimiento de que olería muy bien, pero sobre todo quería probar esos labios, era chef, y todo lo que le pareciera delicioso le atraía, y ahora lo más tentadoramente deliciosos para él eran los labios del contrario.

Claro que todos estos insanos pensamientos quedaron opacados por una risotada que estúpidamente soltó el pelirrojo.

-Vaya Taku-chan, no tenía idea de que te estuvieras ablandando hasta este punto, mira que poder verte de esta manera tan encantadora, deberías perder los encuentros culinarios más seguido, te endulzan demasiado jajajajajajaaja.

La cárcel no podría ser tan mala, tenía sangre italiana y una mente demasiado perversa, seguro si no triunfaba como chef por encarcelamiento, sería un excelente mafioso, aunque tuviera que dedicarse exclusivamente al negocio desde la prisión, pues estaba a punto de cometer doble homicidio. Mataría a Yukihira por atreverse a burlarse de él de esa manera, mira que él con sus tontos pensamientos de colegiala enamorada (vale, quizás el rosa si le estaba afectando un poco) y ese idiota sale con ese comentario estúpido y además atreviéndose a burlarse de su derrota ante Mimasaka, lo asesinaría, definitivamente lo haría, a él y a su hermano por ponerlo en esa situación tan vergonzosa.

- ¡Ca-cállate imbécil! ¡EL cómo venga vestido no es de tu incumbencia! - Decía furioso- ¡Y tú deja de burlarte Isami! ¡eres mi hermano se supone que deberías defenderme no unirte él!- le gritaba apuntándole con un dedito acusador, esa situación no podía empeorar.

-Ohh Nee-chan, no te enojes conmigo jaja, es que te vez realmente encantador de esa manera- decía picándole el orgullo a su hermano, pocas veces había oportunidades así, aunque recientemente en la mayoría el pelirrojo tenía participación, esa oportunidad no podía desaprovecharla.

Él no era tan ingenuo como su hermano creía ¡Por Dios son gemelos! Claro que notó el cambio en su hermano cada vez que Yukihira se cruzaba en su camino, aunque el rubio era demasiado cabezota él no lo era, y no le molestaba en lo absoluto las inclinaciones que parecía estar demostrando su amado hermano, mientras él fuera feliz nada más importaba, aunque del dicho al hecho hay un gran camino, y mientras eso ocurría no desaprovecharía el increíble don de Yukihira para sacar de quicio a la gente, en especias a su enojón hermano mayor.

-Vez Taku-chan, hasta Isami admite que te vez realmente lindo en ese delantal- calló estrepitosamente después de decir eso.

¡Acababa de decirle a Takumi lindo!

Esto no podía estar sucediéndole a él, con todas las tonterías que tenía en la cabeza tenía que decir precisamente aquello, pudo haber dicho cualquier cosa, incluso podía haberlo seguido picando con lo del encuentro con Mimasaka, y de paso pedirles algunos consejos para preparar el pescado de la final, pero lo único que salió de su boca fue el pensamiento que le rondaba la cabeza desde hace días.

-Lin-lin-lindo! ¡No te atrevas a volver a llamarme lindo otra vez en tu maldita vida idiota! - No recordaba la última vez que sintió su cara arder tanto, que ese idiota le dijera de esa forma solo le hacía pensar en cosas estúpidas- ¡entendiste!

-Jajaja tranquilo rubio, no sabía que te molestaran tanto los cumplidos jaja- No sabía cómo arreglar la metedura de pata de hace rato, así que hizo lo primero que se le vino a la mente, seguir con eso como si fuera una broma- pero es que te vez como una ama de casa, creo que a Tadokoro-chan se le ve igual que a ti, solo que ella tiene el cabello más largo Ta-ku-mi-chan- decía mientras le tocaba un rubio mechón haciendo énfasis al cabello de Tadokoro- aunque solo te falta esa aura de amor jaja

Isami sintió esas palabras como una señal divina, mira que hasta este momento estuvo entretenido en el espectáculo montado por esos dos que no tomó en cuenta que prácticamente tenían las caras casi pegadas.

-Oye, Yukihira-kun, antes de besar a mi maid deberías darte cuenta que estamos en un salón de clases jaja- dijo más divertido que nunca, vaya que esos dos sabían cómo hacerlo feliz, y mirar el cómo se separaban uno del otro como si tuvieran peste no hacía más que emocionarlo.

-Además si quieres puedo prestártelo un rato por la tarde jeje- Realmente no sabía si sentirse un genio por su idea o temer por su vida por la mirada que su hermano le lanzó, pero apuestas eran apuestas, así que no le quedaba más remedio que obedecer sus órdenes- verás, perdió una apuesta conmigo, y si eso hace que se le quite un poco lo amargado, te lo puedo prestar un poco para que te diviertas con él en la tarde jaja.

Realmente esperaba que esos dos entendieran el doble mensaje de sus palabras, pero dudaba de eso, así que por el momento los dejaría convivir solos.

- ¡¿Pero qué tonterías dices Isami?! ¡Yo no aceptaré jamás algo como eso! - ¿Cómo se le ocurría a su hermano semejante estupidez?! A solas con Yukihira, eso sí que no, sentía que en cualquier momento se le tiraría encima y no estaba seguro de con qué fin.

-O vamos Takumi, no puede ser tan malo tenerme como amo jaja- Bueno, su padre solía decirle que las oportunidades nunca deben desaprovecharse, y debía admitir que el tener al Aldini bajo sus órdenes sonaba bastante tentador, tenía unas cuantas ideas en la cabeza sobre qué hacer con Takumi, aunque algunas de ellas era mejor dejar de imaginarlas por su propia salud mental, y porque cierto amigo podría despertar en sus pantalones, Isami ya se había encargado de recordarle que estaban en un salón de clases- ¿ O acaso me tienes miedo italiano?

Un comino sobre tenerle miedo al idiota ese, aunque jamás pensó que las cosas tomarían este rumbo, aceptaría su derrota con la cabeza en alto y estaría a las órdenes de Yukihira lo que restaba del día.

Tan pronto como ese pensamiento le vino a la cabeza no pudo evitar que un aura oscura se apoderara de él, realmente alguien allá arriba disfrutaba jugando con sus benditas pelotas.