Ugh, lo sé, no merezco perdón. Ni tampoco tengo justificación, uuugh.
Gracias por sus reviews:
Ichi-Ichi: Ahh, yo también hubiese querido pronto la continuación –gotitas-
Neko Aramisu Sekai: ¿¡Enserio, enserio!? ¡Wii! ¡No sabes lo feliz que me hace eso Nekito! Espero que disfrutes de esta continuación.
KawaiiSophie: Oh –se sonroja- Bueno, gracias 3.
Yuki-souma: Kanda no sale hasta ufff…Tengo que meterle un montón de relleno para que se enojéis conmi- Para que luego no se confundáis.
En fin, este capítulo no tiene mucho, podríamos decirle que siguen siendo prólogos. ¡Al fic –O eso creo que es-!
Dgray-man no me pertenece.
Sayonara ga iwanai mama
Y en fin. Había dejado de saber los minutos que habían pasado en bostezos, el miedo engullía a diestra y siniestra el valor de no pestañar por un tiempo. Qué vergüenza, solo lograba arremeterse con su supuesta cólera, para las altas horas mañaneras, se encontraba consciente de que la propia decepción de no dormir parecía escupirle en la cara lo estúpido de pensar que el surrealismo podría ser real. O eso era lo que surcaban sus calvarios mentales.
Podía o, afrontar su desdichada imaginación, y concretar la hora de insomnio, o, cerrar los ojos y que en la próxima hora, levantarse con alba encima y dejar de ver en el espejo como las bolsas debajo de sus ojos palpitaban orgullosas de joderle la vida al pobre. Lo primero albergaba el extenuante pensamiento de fallar, y que esta sonaba a terminar con ¿Un amigo imaginario? O algo por el estilo, así de loco. Y el resto no se diferenciaba mucho, puesta la idea que aún así dormiría en algún otro lugar y daría comienzo de nuevo.
Entonces, ¿Qué debía hacer? –Creo que tomar algo que me mantenga despierto, y esperar a que salga el sol. ¡Eso es!- Concretó en su mente. Aunque ello no sonase muy convincente, pese a lo patético de eso, al menos era una idea.
Mas sin embargo, tomo como primer lugar el primer hecho, que no tenía nada lo suficientemente efectivo. La cafeína no era una buena opción -¡Yo no bebo café!- Y esa es la razón.
Así que opto por resguardarse en las sábanas y cubrirse la cara con una almohada. Cosa que duro unos tantos seguidos, seguido de ronquidos.
Lo bueno era que la voz desequilibrada al menos parecía ser consciente de que necesitaba dormir. ¡Se había callado!
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8 am, 52 minutos, 45 segundos, y 13 nanosegundos.
Salió decepcionado del baño, tras guardarse el lujo decrepito de verse en el espejo, solo tardo 15 minutos metido allí, cosa que ni le funcionaba de sobremanera, teniendo en cuanta la tardanza del empleo que conllevaba para sobrevivir y porque, no era de su gusto tener 3 minutos metido en la ducha, y 12 tirado en el suelo semidormido.
-¡Oh Dios, oh Dios!- argumentó tras por fin mirar la hora en su reloj, quedando en claro que primero había visto la muñeca que no era, ¡Así será el cansancio!- ¡Se me hace tarde para la inspección!
Tomo lo necesario y todo lo que ahora no nos importa, y volvió a mirarse en el espejo del baño. Tras mirarse el gesto cansado que su rostro explicaba, se dio cuenta lo grave que esto implicaría en su trabajo, ah no, solo se quejo de que el cansancio no le permitiera curvar los labios.
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Corría a todo lo que su bicicleta daba, y lo que sus piernas cansadas le otorgaban. Con exactitud se podía decir que llegaría tarde, ya que de camino los sucesos siguientes concurrieron contra su hora de llegada.
Ayudar a un gato a bajar de un árbol He de allí el arañazo del rostro
El tráfico de peatones excesivo maldita cuidad sobre poblada
¡Olvidarse del casco para andar en la bici! ¡Usadlo!
Y en sí, lo típico de un buen samaritano en la ciudad infernal.
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Aunque el fin de la historia mañanera era que había llegado tarde de todas formas, logró al menos enarcar una sonrisa por no recibir el regaño matutino. Examinó con la vista su pequeño pero calientito ámbito, la comodidad de su oficina. Algún que otro papel regado por la rapidez del que su trabajo debía hacerse, un escritorio pequeño, mas papeles en este y en las paredes, retratos colgantes de sus últimas vacaciones, y, el calendario donde anotada estaba escandalosamente las añoradas próximas vacaciones.
Al acercarse a su escritorio y sentarse en la silla que detrás de este estaba, volteo esta y corrió la cortina, mirando la ciudad que tenía como centro para ideas de suicidio patético. –Desde Aquí veo mi casa- Se dijo, riendo por lo bajo, rebuscó con la mano inconsciente algún que otro librillo que vagaba por ahí, en la cómoda que se encontraba al lado de sí mismo. Notó que faltaba, por la frialdad de algo chocar contra su mano. Agudizó su mirada por la extrañes de pensar que lo que buscaba estaba frío siendo un lugar caluroso y esta la dirigió hacia su mano. Allí la encontró algo que le pareció que no fuese parte de su propio orden.
-¿Una máscara?- Argumentó, y tomo la nombrada entre sus manos, si, al parecer si era una máscara. De dos colores fríos y con extrañas marcas, al igual que indicios de estar desgastada. ¿Qué era eso?
Después de eso, dejo de saber los minutos que habían pasado luego de sentir familiar ese momento.
Sayonara ga iwanai mama
¡Gyahhh! –huye despavorida-
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