Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, de ser así, habría tanto yaoi que sería insoportable jajaja.
Advertencias: OoC, palabras altisonantes, fluff ligero, y drama, mucho mucho drama hahahaha.
Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. – Pablo Neruda
[1]
Una separación siempre será un camino difícil de recorrer. En especial cuando amas tanto, pero tanto, que cualquier acto por parte de tu pareja repercute en tu ánimo. No debería ser así, por supuesto. En cambio, cuando amas con la intensidad de un huracán, es muy probable que termines convirtiéndote en una incipiente llovizna al final.
Levi sabía perfectamente que la diferencia de edades entre él y Eren repercutiría algún día. Se había dejado llevar por la vigorosidad y el brío que expedía el joven de sonrisa amena, con sus bonitos ojos brillándole de curiosidad e inexperiencia.
Sus amigos; Hanji Zoe y Erwin Smith, ambos casados y con una brecha de edad que comprendía los veinte años, lo habían empujado a los brazos del menor, y prácticamente lo hizo totalmente desarmado.
Hanji le había dicho que tenía que correr riesgos, que tenía que vivir el momento. Levi se lo estuvo pensando alrededor de unos tres meses, no se atrevía a dar el gran paso con Eren, porque era un niño aún y Levi le llevaba lustrosos y bien recorridos diez años de experticia, diez años de madurez, diez años de anécdotas.
Eren tenia diecisiete cuando se conocieron, y Levi apenas salía de los veintiséis, demasiado ocupado en su vida laboral para prestar atención a otra persona. A veces gustaba de placeres carnales ocasionales, mujeres hermosas danzaron en sus brazos, abriendo las piernas y esbozando una sonrisa marcada por el placer. Todas ellas iban y venían, una detrás de la otra. Ninguna se quedaba, y a Levi poco le importaba.
Eren llegó a su vida como un tornado, arrasando todo a su paso, dejándole esa sensación de vacío cuando se iba. El sentimiento no le gustó a pesar de nunca haberlo experimentado. Y entonces, los veintisiete años de vida sólo le sirvieron para reflexionar acerca de su futuro, de lo que quería, y con quien quería compartirla.
No le sorprendió llamar a Eren una madrugada, con el corazón en la mano y ebrio de amor, declarándole esos sentimientos que habían nacido en él, y con la voz pastosa, le pidió algo muy importante, significativo para un hombre de pocas palabras:
¿Te gustaría ser mi novio? Si dices que no, insistiré igual.
La risa de Eren se propagó alrededor de dos minutos, bien contados por Levi. Luego carraspeó, aunque Levi no podía verlo, Eren asintió, luego dijo que si, sin miedos, ni dudas. Un si seguro, con la voz firme, llena de determinación.
Esa noche, Levi fue a casa de Eren, el menor vivía solo porque hace unos años decidió independizarse para estudiar en una ciudad grande. Una gran suerte, porque después de presentarse a la puerta del castaño, no hubo marcha atrás para lo que vino.
Eren desnudo, bajo su cuerpo, Levi repartiendo besos con infinita paciencia por la extensión de su cuello, proclamándolo, ansiándolo desde hace tanto, mirándose a los ojos, cediendo el permiso de Eren para adentrarse en su cálido interior, abrasado por las estrechas paredes.
Eren gimió dulcemente, y Levi perdió la cabeza.
—Terminamos —Eren está descompuesto, no hay una parte de su cuerpo que no esté completamente rota. Pero lo que más se nota en todo su aspecto, son esos preciosos y enormes ojos verdes esmeralda con vetas doradas, que ahora lucen apagados en su totalidad.
Armin suspira tranquilamente.
Cuando Eren lo llamó, le dijo que quería hablar de algo importante. Acto seguido, el menor se presentó a la una de la mañana con los ojos hinchados y el cabello desordenado. Armin se preocupó, por supuesto, es su mejor amigo después de todo.
Y Eren lo abrazó con tal fuerza que por un minuto Armin se quedó sin aire.
—Eren, esto iba a pasar.
No podía decirle más, ni él mismo imaginó que Eren había hecho tal cosa. No era propio de él, no de Eren quien amaba a Levi más de lo que Julieta amó a Romeo.
Armin contiene el regaño que seguramente Eren había estado esperando desde que puso un pie en esa casa. El rubio comprendía que a pesar de todo, Eren estaba arrepentido y no tenía caso reñirlo cuando todo él estaba devastado. Sólo conseguiría hundirlo en ese estrecho pozo negro del cual no sabía a ciencia cierta si podría salir airoso, como en otras ocasiones.
—Lo amo Armin, lo amo tanto que duele. —Eren susurra en medio del llanto, un poco más tranquilo, sólo un poco. Realmente está fragmentado en miles de pedacitos.
La taza humeante de té verde le proporciona el calor que su cuerpo necesita, el calor que ya no recibirá de los brazos de Levi.
—Soy un imbécil, ¿cómo pude…?
¿Cómo pudo?, uhm, una pregunta fácil de responder. Eren mentiría si dijera que no fue consciente de sus actos, porque supo cómo llegar a la cama y deslizar su ropa entre la tersa piel, fue consciente de donde depositaba los besos, que parte del cuerpo ajeno tocar, acariciar, lamer.
Eren actuó bajo los influjos de la soledad más que del alcohol. El despecho deslizándose por cada poro de su piel, tomando control de sus actos, de sus decisiones. El daño colateral finalmente llegó, aunque él pensó que se salvaría, que sería una de las pocas personas infieles que no sería descubierta por su pareja.
Obviamente no tuvo tanta suerte.
—Eren, basta. Todo se arreglará. Necesitas darle tiempo, Levi comprenderá.
Los ojos del castaño puestos en los zafiros de Armin.
— ¿De verdad lo crees? —no, de verdad no lo cree. Armin no conoce a Levi como Eren, pero lo poco que sabe de él a través del propio Eren, es información importante.
Levi es un hombre maduro, recto e incorruptible. Todo lo que hace tiene una razón de ser, al igual que todo lo que sale de su boca. Y por esa misma razón Levi no volverá con Eren. Su amigo lo sabía, en el fondo de su corazón, pero no quería reconocerlo, tenía esperanzas aún.
Levi no es de los que perdona fácilmente ni tampoco olvida. Imbuido con valores muy altos, Levi no tenía el estómago ni corazón para hacer de la vista gorda a una infidelidad, tragarse las mentiras era difícil, un acto de valientes. Quien seguía adelante con una relación rota, era de verdad un hombre firme, si ellos superaban este paso en bruto, serian capaz de superar cualquier cosa.
Si tan sólo Levi pudiera hacerlo. Porque Armin sabe con certeza que Levi no volverá por Eren, no lo llamará y le dirá que se lo comunique, no tocará la puerta de su casa exigiendo ver al castaño.
Levi Ackerman desaparecerá del mapa de su amigo, y Eren tendría que superarlo, olvidarlo y continuar su camino. Como casi todo el mundo lo hacía.
—Armin, no me mientas. Por favor. —Pide con la voz cansada. Armin lo mira directamente a esos ojos verdes, carentes de brillo.
—Eren…
—Él no va a perdonarme, ¿cierto?
Le gustaría decirle que sí.
—No lo sé. Probablemente —
— ¡No lo hará! —interrumpe, enojado consigo mismo, con la maldita situación de mierda, con Levi por irse, con Armin por mentirle cuando era obvio lo que sucedería a partir de ahora.
—Entiéndelo Eren, no es tan sencillo como crees. Ponte en su lugar, ¿qué habrías hecho tú si Levi te hubiese sido infiel?
En un caso hipotético, claro está. Levi jamás se permitiría herir a la persona que ama por alguien más. Eren detiene su rabia, y ante los ojos de Armin, vuelve a desmoronarse.
Él con toda probabilidad se le habría ido encima, exigiéndole razones, odiándolo y berreando palabrerías altisonantes. Habría tomado la misma actitud con la cual era conocido: impulsivo. Diría tantas cosas hirientes como le fuera posible, se echaría a llorar y luego le pediría a Levi que se largara de su casa no sin antes decirle el asco que sentía por él.
Definitivamente no actuaría mejor, y Levi le había dado una gran lección de humildad al tomar con aparente calma la funesta verdad.
—La habría cagado. Como siempre. —Baja la mirada, apesadumbrado. Resintiendo todo el peso de las consecuencias sobre sus hombros.
Armin suaviza la mirada, se permite regalarle una caricia a su mejor amigo, Eren ronronea, sumidos en un confortador silencio.
—Me siento tan pendejo ahora, quisiera retroceder el tiempo y cambiar lo—
—Pero no puedes —, dice Armin conciliador. Eren alza su barbilla, mirando a Armin nuevamente. —Si realmente lo amas, lo esperarás, le darás su tiempo y de ser necesario te alejarás. —Eren iba a replicar. —Y no me contradigas, es lo mejor y lo sabes. Levi necesita su espacio, pensarlo, asimilarlo. Él no está mejor que tú, de eso puedes estar completamente seguro.
Los ojos de Eren se cubren de lágrimas otra vez. Armin muerde el interior de su mejilla derecha, apartando la mano de la mejilla ajena.
— ¿Y si en ese lapso de tiempo que nos demos, él encuentra a alguien más? ¿Alguien mejor que yo?
El miedo atenazando sus facciones. De pensarlo, un hueco se abre en su estómago, y cierra los ojos, pero su mente le juega una trastada.
Levi junto a otra persona, sonriéndole, desperdigando besos sobre su rostro. Levi desnudando otro cuerpo, acariciando otras mejillas, saboreando otros labios.
—Su vida no va a detenerse por lo que pasó, Eren. Levi es una persona adulta, como tú y como yo. Si encuentra a alguien, y es feliz. A ti sólo te tocará asentir y dejarle libre. También tú te mereces ser feliz.
Armin no debió decir eso, no así crudamente. De inmediato se soltó a llorar con más fuerza de la inicial.
[2]
Isabel Magnolia Ackerman se había casado muy joven, con su primer y único amor. A pesar de las críticas, de las burlas y de todos en contra, ella y Farlan Church, el recién egresado de Medicina, el chico de pueblo que llegó a Dublín con un gracioso acento sureño y unas cuantas mudas de ropa, terminó robándole el corazón, a los dieciséis años.
Farlan la cortejó torpemente, con narcisos y petunias robadas del jardín del vecino malhumorado, con invitaciones al cine cuando era dos por uno. Farlan se la ganó y la aceptó con todo y su atrevido carácter de mierda como le decía su hermano mayor.
Oh, Levi fue un verdadero problema.
Cuando los descubrió a los dos en un intenso beso que para nada era inocente. Y Levi con lo protector que era, se peleó a golpes con Farlan y le exigió que no volviese a buscar a su hermanita.
Pero Isabel y Farlan no escucharon a Levi, siguieron frecuentándose, escondidos detrás de los arbustos de la escuela de Isabel, rozando sus narices en complicidad después de un helado por la tarde, regalándose abrazos de largos minutos al despedirse.
Hasta que Isabel cubrió su boca y las lágrimas inundaron las cuencas de sus bonitos ojos verdes, la prueba del amor en dos rayitas color rosa.
Estaba embarazada, a los dieciocho. Farlan casi se desmayó por la noticia. Contrario a lo que Isabel temió, Farlan lloró de felicidad y le prometió que jamás la dejaría sola.
Cumplió.
Se casaron después de que ella diera a luz, Levi estaba enfadado, pero fue su testigo y adoró a la pequeña Lila con todo el amor que ese hombre podía prodigar.
—Eren —emana un suspiro.
Eren Jaeger ante su puerta, con el semblante descompuesto. Han pasado unos dos meses después de la separación de esos dos. Isabel sabe toda la historia, Levi fue a su casa y se lo contó en medio de una taza de té. Su hermano estaba triste, y lo sigue estando actualmente. Sin embargo, con el paso de los días, Levi mejoraba, a pasos lentos, sin prisas. Las heridas del corazón son las que más tardan en sanar, y algunas nunca lo consiguen.
Isabel no odia a Eren, sólo está muy molesta con él, y Eren no puede culparla cuando ella intenta cerrarle la puerta en la cara. Enfurecida por ese acto.
—Por favor, por favor. Déjame hablar —. Isabel sostiene la puerta con ambas manos, empujando hacia adelante, Eren hace lo mismo. Intentando que lo escuche.
Como ninguno de los dos va a ceder, Isabel suelta la puerta abruptamente, Eren cae de bruces.
—Te quiero fuera en cinco minutos o llamaré al portero. —Declama, voz dura, mirada inexpresiva, brazos cruzados.
Eren la mira desde la prudente distancia. Conoce a Isabel desde hace cinco años, gracias a Levi, por supuesto, es su hermana. Y jamás –en esos años que la conoce- la había visto así; mirada férrea, ceño fruncido. Ella es todo risas y alegría revoloteando a su alrededor.
Fue la primera en saber sobre su ilícita relación y la primera en apoyarla. La quiere mucho, como una hermana. Isabel refunfuña un juramento en su contra, pero Eren hace de oídos sordos y se pone de pie lentamente. La atenta mirada de Isabel siguiendo sus pasos.
— ¿No te ha sido suficiente con todo el daño que le hiciste a Levi? ¿Qué quieres ahora, eh? —grosera y altanera, no hay rastro de amabilidad en su voz.
Eren aprieta los labios, una fina línea recta formulándose. Isabel se gira, directo a la cocina. Farlan no tardará en llegar, seguro hambriento de un arduo día en la Unidad de Emergencias, Lila está dormida en el sofá, el pequeño vestido a mitad de los muslos, un par de crayones en sus manitas, es sorprendente que con el ruido que acaban de hacer no haya despertado, ni siquiera para cerciorarse por la seguridad de su madre.
El castaño estrecha sus ojos en esa pequeña figura que ha echado de menos, desde su separación con Levi, todo lo que tiene que ver con esa familia le han sido arrebatados de sus brazos. La pequeña familia que lo había recibido con los brazos abiertos y que él se encargó de cerrar.
—Por favor Isa —menciona su apodo cariñosamente, en busca de comprensión por parte de la pelirroja.
La fémina le mira por encima del hombro, sus ojos verdes en los suyos. Alguna vez Levi le mencionó el parecido que tenía con su hermana.
Isabel no es una Ackerman completamente, fue adoptada por Kuchel y Kenny cuando era una niña de tres años, pequeña y bonita, abandonada por unos padres adictos, maltratada en el orfelinato donde Kuchel fungía como psicóloga.
De ahí que naciera un amor maternal por la niña, y decidiera adoptarla, Kenny no se negó, demasiado ocupado en sus asuntos como para prestar atención a su esposa. Levi fue un reto a afrontar, era hijo único, egoísta y orgulloso. Educado para ser el heredero de la familia. Al principio no recibió a Isabel con amor, de hecho trató mal a la niña durante dos años. Hasta que un hecho trágico los unió de manera irrevocable.
—No quiero escucharte Eren, lo que tengas que decir sobra para mí. —Isabel pica la cebolla con demasiada furia, Eren mira el cuchillo deslizándose con rapidez.
—Quiero saber sobre Levi. No me ha respondido los mensajes, ni las llamadas y —
—No lo hará. Levi cambió su número para no tener que lidiar contigo nunca más. —Eso ha dolido como la mierda. Eren toma una bocanada de aire.
—Lo que pasó entre los dos es de los dos, agradecería que no te entrometas Isa.
Fue suficiente, la pelirroja deja de cortar, con el cuchillo en la mano señala a Eren, demasiado herida, como si la traición se la hubieran hecho a ella.
Eren no vio a Levi romperse en miles de pedazos cuando llegó a su departamento, tan lastimado. Eren no escuchó a Levi llorar arrinconado en la obscuridad de su habitación, ella empujó el nudo de su garganta lejos y los malos sentimientos para que Levi no la viera así de enrabietada, furiosa. Y con una sola persona.
Levi era un hombre difícil de trato, las personas no le agradaban mucho, y no permitía que nadie se quedara demasiado tiempo en su vida, Levi había sido lastimado por la persona que más quería en el mundo, acto que encerró su corazón a una nueva decepción.
Me quedaré para siempre con ustedes.
No fue cierto, aquella tarde la sepultaron, los hermanos Ackerman buscando el calor del otro, consolándose en silencio. Levi no lloró ese triste día. Isabel pensó que jamás pasaría eso.
Y pasó.
Levi se quebró enteramente. Eso nunca se lo iba a perdonar a Eren.
— ¿Disculpa? —Eren se echa para atrás cuando Isabel da dos pasos adelante — ¿Me dices que no me meta en sus asuntos cuando fue a mi hermano a QUIÉN heriste? —el castaño traga saliva, intimidado. —Déjame decirte algo Eren Jaeger. Levi Ackerman es mi hermano, no será de sangre pero lo amo como tal, es mi única familia. Y no permitiré que lo lastimes más. Así que te pido de la manera más amable que te retires de mi casa y no vuelvas más, de ser así, desaparécete de nuestras vidas, deja de atormentar a Levi.
Ojala fuese así de sencillo. Eren quisiera hacerlo, dejar de ser un tormento para Levi.
— ¡Mierda Isa! ¡Lo siento, de verdad lo siento! ¡Amo a tu hermano con todo lo que tengo! La cagué, sí. Soy un idiota, imbécil, todo lo peor que se te ocurra. ¡Pero lo amo! Y no me moveré de aquí hasta que me escuches.
La Ackerman le sostiene la mirada con orgullo, como Levi lo hace. Eren ya no se intimida, está ahí por una razón y no se irá hasta cumplir su cometido.
Es tan terco a veces que llega a rozar la estupidez. Isabel suelta el aire que había estado conteniendo. Tiene que ser rápida antes de que sea Levi o Farlan quienes lleguen a casa. Si es Levi, probablemente todo lo que ha logrado en dos meses se vendrá abajo, si es Farlan, seguro querrá una explicación y terminará liándose a golpes con Eren.
Farlan resultó igual o más protector respecto a los Ackerman de lo que el propio Levi podía llegar a ser. La razón era entendible, Farlan apreciaba a Levi por cuidar a Isabel con su vida, y eso se ganó su respeto y admiración.
—Habla. —Se cruza de brazos, el cuchillo sigue en su mano pero ya no luce como una amenaza.
—Estoy arrepentido. Terminé con esa mierda un mes antes de que Levi se enterara, y yo pensé cobardemente que jamás lo sabría. No quería perderlo, no quise perderlo, no así. Siempre pensé que si terminábamos seria porque entre los dos ya no había amor, no había nada. Pero lo amo, y sé que él me ama, joder, lo sé y me duele estar separado de él. Lo necesito Isabel, lo extraño. Estos meses sin él me parecen una tortura. Sólo quiero que me escuche, que me dé la oportunidad de enmendar todo lo que le hice.
Isabel suspira de nuevo, más tranquila. Deja el cuchillo en la mesa, lejos de ella y de Lila por si decide despertar. Su pequeña cómodamente abrazada a un cojín, sucia de la carita y con las piernitas regordetas encogidas. Tan ajena a los problemas del mundo adulto, tan inocente y llena de felicidad. Espera que en el futuro no se enamore de un idiota que le rompa el corazón, aunque con toda certeza eso sucederá, porque el amor no es perfecto y siempre viene acompañado de dolor.
Farlan e Isabel también lo afrontaron, no fue una infidelidad ni nada parecido. Sólo la monotonía haciéndose presente en el matrimonio hace un año, cuando Isabel decidió emplearse como diseñadora gráfica –que era lo que había estudiado- en una agencia de modelaje mientras Farlan se la vivía en el hospital. Ambos ajetreados, Lila siendo cuidada por niñeras.
No tenía la necesidad de trabajar, actualmente Farlan es el director del área de Oncología, y gana muy bien. Además Isabel tiene su fideicomiso y la herencia de los Ackerman, Levi protegiéndola económicamente también. Pero ella quería sentirse útil, no le gustaba el rol de ama de casa a tiempo completo. Y eso quebró la comunicación, además de la fogosa intimidad que como una vela, fue derritiéndose lentamente.
La gota que derramó el vaso fue una pelea, que empezó por una tontería; Farlan quería pasar el domingo con ellas, Isabel tenía trabajo acumulado y se negó. En otro momento su esposo habría aceptado sin rechistar, empero, no lo hizo. Ofuscado por el rechazo y tal vez estresado por el exceso de trabajo, le discutió su falta de interés, la poca atención que dedicaba a su hija. Isabel respondió con más argumentos; Farlan viviendo en el hospital, su inexistente intimidad, el vacío que sentía, las responsabilidades encima.
Tercos como eran se dejaron de hablar una semana. Pero Isabel no resistió. Al final de la semana buscó a Farlan y de una sincera disculpa, pasaron a la melosidad que terminó con resultados sexuales dentro de la sala de enfermería.
De recordarlo se le colorean las mejillas.
No podía culpar a Eren por querer remediar el daño, pero no estaba segura de que Levi fuese a volver. Se amaban, no cabía duda, esos dos estaban destinados a estar juntos, o quizá sólo a encontrarse, enamorarse y olvidarse.
—Lo que hiciste lastimó a Levi, Eren. —Isabel toma asiento frente a Eren. El castaño ya más tranquilo la imita.
—Créeme que lo sé.
— ¿Por qué lo hiciste, Eren? Tú no eres así, no eras así. —Y Eren se toma unos minutos para pensar en su respuesta con las palabras correctas.
En estos dos meses ha tenido oportunidad de ver las cosas desde otro punto, no del suyo, el victimizado. No, Eren tenía que madurar en algún momento, y después de muchas y extenuantes conversaciones con Armin, Eren finalmente aceptó sus errores, no sólo superficialmente.
Había cosas que él no se atrevió a mirar, no al menos desde el punto crítico, hasta que habló con Mikasa, que se encontraba en Estados Unidos terminando su maestría.
Mikasa no se llevaba bien con Levi, porque ambos eran territoriales y consideraban a Eren de su propiedad. Empero, consiguieron tolerarse sin tener que llegar a los insultos, los dos siendo sarcásticos, a veces podían sacarlo de quicio.
Mikasa se enojó, y mucho. Es más, le gritó a Eren por el auricular que no pensó que él fuera así, y que tenía que arreglar las cosas con el enano –entiéndase Levi- sí o sí. Y no porque ella le haya tomado cariño, para nada. Era totalmente distinto, Mikasa podía sentir empatía por Levi, pues enterarse de una infidelidad es duro, un trago amargo. Ella no lo había experimentado y esperaba nunca hacerlo.
Ella le dijo a Eren que si no lograba solucionar lo que hizo, entonces estaba demostrándole a ella y a Levi que tenían razón, que no se sentía arrepentido para nada y que no era una persona de la cual fiarse.
Las palabras le dolieron al punto de hacerlo llorar. Por esa razón estaba ahí, frente a Isabel que acaricia los suaves cabellos rubios de Lila.
—Me sentía solo —fue lo primero que pudo decir, —Levi llegaba tarde del trabajo, a veces no nos encontrábamos, simplemente cuando sentía el otro lado de la cama hundiéndose, sabía que era él y ya. Ninguno de los dos intentó algo; bueno, miento, él sí. Un tiempo estuvo llegando temprano, consintiéndome, escuchándome. Pero yo fui muy idiota al no hablar con él cuando pude hacerlo. Me limité a callar, tenía miedo de arruinarlo, sin saber que terminaría cagandola más.
»Lo que paso esa noche, en el bar fue mero despecho. Yo fui a buscar a Levi a la oficina, resuelto a invitarlo a comer. Me había puesto lindo para él, pero cuando llegué, él estaba afuera con su secretaria, que ahora sé está casada y con una alta probabilidad de que en esa comida ella estuviese acompañada de su marido. Pero eso no lo sabía y no le pregunté, no esperé a hacerlo. Simplemente llegué al primer bar que encontré, me embriagué y conocí a un sujeto. No se me hizo atractivo en absoluto pero estaba ahí, sentado en la barra con cara de aburrido y pensé en Levi y los gestos despectivos hacia los demás.
Me acerqué a él, al principio con dudas, el tipo me notó, dijo algo ofensivo de mí y yo le respondí. Luego, todo eso…, —el aroma a comida casera anegando sus pulmones, —él y yo nos insultamos, como Levi y yo solíamos hacerlo. Eso me trajo recuerdos, y lo besé. De ese beso nos fuimos a…, bueno ya sabes. Estaba ebrio pero era consciente de lo que hacía, y eso me hace sentir muy imbécil. Porque pude detenerlo, y no lo hice. Estaba tan dolido con Levi, me sentía abandonado, pensaba que ya no me quería de ninguna forma y que solo estaba conmigo por compromiso
Lo hicimos esa noche, en todo momento pensaba en Levi, sustituía el rostro de ese sujeto por el de Levi y eso lo hace más miserable porque cuando todo se acabó, tomé mis cosas, me duché y hui. Estaba asqueado conmigo mismo. Las cosas siguieron igual, y yo volví al bar, encontrándome a ese sujeto de nuevo, peleamos y terminamos besándonos. Lo hicimos rápido, no lo disfruté, creo que fue más por soledad y porque estaba enojado porque las cosas con Levi seguían igual. La tercera y última, no recuerdo mucho, él terminó en menos de veinte minutos al igual que la anterior. Le dije que no volvería a verlo. Cuando se dio la vuelta sentí un gran alivio, sentí que cortaba con todo ese lazo de dolor, al volver a casa preparé la cena con buen humor.
Luego pasó un mes, y Levi llegó a casa temprano, demasiado para mi sorpresa. Pensé que esa noche haríamos el amor, que él me mimaría como en antaño pero…, él simplemente dijo que ya lo sabía todo y que era mejor que le explicara el porque me había acostado con otro hombre.
Eren no puede soportarlo, el llanto vuelve, más fuerte que nunca. Sus hombros se sacuden.
—Eren…—a pesar de todo, Isabel no puede verlo así. Igual de roto que Levi. Se acerca al menor y lo envuelve en sus brazos protectores.
Era lo que necesitaba el castaño para sentirse seguro otra vez, un poco reconfortado.
— ¿Crees que pueda perdonarme y volvamos a estar como antes? —Isabel lo mira a los ojos, unas acuarelas verdes repletas de esperanza.
Esperanza que ella se vería en la pena de aniquilar. Porque eso no iba a suceder.
—No, Eren, es más difícil de lo que crees.
— ¿Qué? ¿Por qué? —la pelirroja lo aparta de los hombros, preparándose para soltarlo.
—La madre de…, nuestra madre se suicidó Eren. —El castaño abre los ojos, la sorpresa tomándolo en curva, —Kenny y Kuchel no eran un matrimonio perfecto, lo sabíamos, pero hacíamos como que no pasaba nada. Nuestro padre solía engañar a mi madre con cuanta mujer se le posara en frente, todas sus amantes eran conocidas de mamá, algunas sus mejores amigas. Y cuando ella se enteró, Kenny se mostró arrepentido, pero volvió a las andadas luego de seis meses. Mamá no lo resistió más, ella…, se arrojó de un puente, creo que se lo pensó mucho. La verdad no lo sé, sin embargo, eso nos destrozó como familia. Levi perdió la confianza en otros seres humanos, incluso a mí me costó trabajo convencerlo de que yo no me iría como Kuchel se fue. Levi creció odiando a Kenny, luego de su muerte, Levi no fue a visitarlo al cementerio ni una sola vez. Él no podrá volver a ti, su herida se abrió de nuevo y no sé si sea capaz de cerrar otra vez.
Eren no tenía idea, Levi jamás se lo mencionó. Nunca hablaba de su familia, no de esa manera profunda con la que Isabel soltaba las palabras. Sabía que sus padres estaban muertos, pero no eso, no…, la infidelidad de su padre, el suicidio de su madre después de ser decepcionada, defraudada.
A eso le temía Levi, a que le fallaran. Como él le falló, Levi le depositó toda su confianza, todo su amor y él en segundos lo destruyó.
[3]
Petra Ral es una mujer inteligente, amable y muy sincera. Con esas cualidades enamoró a Auruo Brossard. Amigo y empleado de los Ackerman desde hace un buen tiempo. Ella entró a laborar en el bufete como becaria, siempre pendiente de las peticiones del jefe y fiel compañera de Auruo, quedándose con él hasta tarde para aminorarle su carga de trabajo.
Amiga del frio y estoico Levi Ackerman, el principal en la firma, un hombre de baja estatura con un terrible carácter. Pero Petra podía regodearse de haberse ganado su confianza, la amistad forjada a través del trabajo.
Ella sabe cuándo las cosas con Levi andan mal, y a veces no tiene que sacarle la información al mismo azabache, Hanji Zoe, mejor amiga de Levi le cuenta los puntos importantes, y con ello, Petra ata los cabos sueltos.
Levi terminó con Eren, su joven y bonito novio, al que llegó a ver en muchas ocasiones aunque el castaño no le prestó atención.
Auruo insistía que ese chico le hacía mal a Levi pues lo distraía, y lo sacaba de la rutina. En el fondo, Petra se alegraba tanto porque Levi había sufrido mucho en el pasado, y merecía ser feliz.
Aunque la felicidad también esté teñida de lágrimas, y sufrimiento. A ella le pasó, Auruo rechazando su compañía en un principio, haciéndola esperar al punto de casi rendirse.
Ahora están casados, y ella luce unos lustrosos siete meses de embarazo, cansada para soportar los tacones, anda en zapatos bajos pero trabajando para Levi, con una amplia sonrisa.
—Listo, ¿algo más, jefe? —Levi niega, enfrascado en papeleo, no le dirige una sola mirada a su secretaria. Petra suspira, cansada de la actitud del Ackerman.
— ¿Aún no te has ido?
—Señor, creo que usted debería ir a casa, ya terminamos. Incluso yo—
—Si quieres puedes irte, es más, deberías tomarte tu descanso, estás a punto de reventar y no quiero que el líquido amniótico manche mi preciosa alfombra persa. —Ella esboza una sonrisa bonita, amplia y segura.
Levi se limita a medio sonreír, es más una mueca que podría asustar a cualquiera, menos a Petra.
—Seguramente Eren lo está esperando —nota al instante como se crispa su jefe a la mención de ese nombre. Levi aprieta la pluma en su derecha, mira a Petra, con furia mal contenida.
—Ese mocoso seguramente está esperando a alguien más, pero no a mí. —Escupe dolido. No es necesario que Petra lo mire con lastima, es suficiente por hoy.
Se pone de pie abruptamente, asustando a Petra por el rápido movimiento. Levi comprende que ella no tiene la culpa de nada, solo es una mujer amable preguntando por el chico que solía compartir la vida con él.
Han pasado dos meses sin saber nada de Eren. Está más tranquilo, no menos herido, aun así se esfuerza por perdonarlo. Se ha propuesto cada día recordar lo bueno por encima de lo malo.
Y ha avanzado un montón, aunque la infidelidad sigue ahí, flotando en su cabeza. No es tanto el hecho de que Eren se haya entregado carnalmente a otro hombre, porque Eren no le pertenece, Eren es libre, al igual que él.
Es más difícil de explicar, en realidad Levi se siente como un mal chiste. Tal vez el mocoso decía la verdad y se arrepentía de corazón, pero perdonar algo de esa magnitud no es sencillo. Hanji le había dicho que tenía que ir a terapia para que esa herida en su corazón sanara, Erwin apoyando la moción de su esposa, que también estaba embarazada, para colmo de Levi.
Estaba quedándose con Isabel, ya quería buscarse algo para él. No es que le molestara vivir con la pelirroja pero no le gustaba incordiar a las personas, sobre todo porque Isabel y Farlan ya tienen una vida hecha y una pequeña que cuidar.
Le gustaría volver a su apartamento, con Eren esperándole, la enorme sonrisa en sus labios y esos ojos de esmeralda brillando de emoción.
Ese niño que entró a su vida de manera estrepitosa, poniendo todo de cabeza.
—Petra, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro que sí, señor.
— ¿Le perdonarías todo a Auruo? Sé que es un idiota pero algo bueno debe de tener para que una mujer como tú esté con él. —Ella se ruboriza ligeramente, manos entrelazadas.
Petra lo mira a los ojos, no responde de inmediato, pensándose la respuesta. Es una pregunta inocente, pero delicada. En ella hay mucha sinceridad plasmada, y Petra no necesita que Levi admita lo obvio. Eren le ha hecho daño, y Levi esta buscando por todos los medios un indicio para seguir adelante, para…
Perdonar.
—Sí, señor, es decir, podría perdonarle todo, pero eso no significa que podamos estar juntos. Si él me lastima de una manera que no pueda afrontar, probablemente estaré enojada, y muy herida durante largo tiempo. Tal vez terminaríamos, y aunque en el fondo lo terminare extrañando, también importo yo y lo que siento. No forzaría nada entre los dos. Una vez mi mamá me dijo que el tiempo era sabio, y que era la mejor cura para cerrar heridas. Yo creo que dejaría que las cosas siguieran su curso, y si el destino vuelve a juntarnos y podemos solucionar las cosas, sin duda, no dejaría ir esa oportunidad.
Levi asiente, le pide a su secretaria que se tome lo que resta del día. Él echa un largo suspiro, su mirada clavada en el vitral acariciado por las vetas del sol, el cielo pintándose de carmín y naranja.
Mocoso de mierda, ¿qué me has hecho que no te dejo de extrañarte tanto?
NOTAS FINALES.
Muchas gracias por leerlo y comentarlo, de verdad estoy agradecida por el recibimiento. Es muy importante para mí. Y el tercer capítulo será taaaaaaaaaaaaan largo que ya me sangran los dedos, hay cosas que debo manejar. Bien, empecemos por explicar esta parte, introduje parejas y personajes –mis favoritos- porque creo que los dos necesitan expresar de algún modo como se sienten, como la están pasando, en el último capítulo –que además es final y epilogo- habrá intervención de otros personajes.
En este punto quiero que vean a un Levi maduro, a su medida tranquila, a diferencia de otros fics donde lo plasman como un hombre orgulloso, este Levi está melancólico y pensativo. Quiere a Eren, eso que ni qué, pero como lo dije, las relaciones no son perfectas, menos cuando te han sido infiel. Lo que Eren refleja son mis propios sentimientos hablando, yo estuve en una relación durante muchos años, lamentablemente no terminó bien. Hubo tantas infidelidades por parte de él, tanta mierda que me vine para abajo. Así que cuando estaba escuchando una canción muy hermosa, me puse a visualizar mi vida sentimental en mis personajes de anime favoritos. Espero estar haciendo un buen trabajo. Las leeré en la siguiente y última etapa, recuerden, será largo así que probablemente demoré dos semanas en traérselos.
AGRADECIMIENTOS.
AkiraZeramuski: Awww, perdona linda. No es mi intención hacer llorar a nadie, aunque debo decir que yo estaba hecha una masa llorona y nerviosa cuando lo escribía. Este fic me toca la fibra más sensible. Gracias por leerlo y espero tenerte aquí en los capítulos restantes.
Nicot: OMG! Estoy hiperventilando, te admiro taaaaanto, eres mi escritora favorita de este fandom, de hecho he leído casi todos tus fics, y estoy al pendiente de Custodia. Me terminé Escalas de Negro en un día, demasiado absorta en la lectura como para hacer otra cosa. Gracias por tomarte la molestia de comentar, espero que te guste lo que resta. Muchos besos para ti.
Deysizg501: Gracias por tu comentario. Lamento haberte removido recuerdos, también lo hizo conmigo, estoy escribiendo en base a una parte que viví y sentí como persona, y que aún sigo sintiendo, por la cual estoy luchando. Así que esta es mi manera de salir adelante; escribiendo. Gracias por acompañarme.
