II

Luna roja

Harry se hallaba sentado en un banquillo, contemplando cómo los demás bailaban (o intentaban hacerlo), pensando sólo en una cosa. No podía olvidar el hecho que tenía una responsabilidad con el mundo, por mucho que estuviera en una fiesta de cumpleaños. Los demás parecían ignorarlo pero Ginny se acercó a él, viéndolo tan solo y pensativo.

—¿No quieres bailar?

—La verdad es que no, Ginny. —Harry se vio de repente apenado por su nefasto destino—. Nunca volveré a ser feliz depués de todas las cosas que me han pasado. Si tan sólo pudieras comprender lo que pasa en mí, te darías cuenta de la verdad. No puedo ser feliz, Ginny.

—¿Y quién lo es, Harry? La felicidad no es un estado constante del ser humano. Es un momento, una colección de momentos que no quieren ni deben ser olvidados. ¿Cómo es que no te cuesta trabajo hacer un Patronus, Harry?

—No lo sé. Tal vez habilidad.

—No es tan sólo habilidad, Harry. —Ginny se sentó junto a él y le pasó un brazo por su hombro—. Tienes que tener recuerdos inmensamente felices para poder sacar a relucir aquel ciervo plateado.

—Son sólo recuerdos.

—No son sólo eso, Harry. Son razones, razones para seguir adelante, para luchar por todo lo que es bueno en este mundo. Saber que puedes vivir un momento feliz te da una esperanza. A todos nos da esperanzas.

—¿Y qué esperanza tengo de vencer a Voldemort?

—No lo sé. Tal vez no haya ninguna pero, sé algo que te puede ayudar. —Ginny acercó su cara más a la de Harry—. Mi padre me ha hablado de algunos magos del Ministerio que han llegado a enloquecer por tratar de ser más poderosos que Voldemort y terminan en San Mungo. La cuestión no se trata de poder, Harry. Se trata de voluntad, de coraje, de lealtad y de unión entre los magos. Supongo que ya estás harto de escuchar esta frase pero, la unión hace la fuerza.

Harry sonrió

—Si lo oigo de ti, no suena tan mal.

—Lo sé, Harry. —Ginny acercó más su boca a la de él—. Y no creas que te estoy hablando para poder convencerte para que me beses. Sé que tú quieres besarme en este momento.

—No es cierto.

—Claro que sí. Entonces¿por qué no me has alejado de tu lado?

Harry odiaba cuando Ginny tenía razón pero no tanto cuando Hermione tenía razón. Era verdad: Harry no podía resistirse a los labios carmesí de la pelirroja.

—¿Qué esperas¿A que Voldemort me mate para que te quedes con las ganas de beber de mi miel?

Ese fue el detonador de la bomba que llevaba dentro. Su corazón estalló cuando ella terminó de hablar y, creyendo que podía ser verdad, acercó sus labios a los de ella y la besó. Era como si a un perro lo amarraran a un poste y luego de un mes atado, lo liberan. Como es natural, el perro sale corriendo. Era tanta la pasión contenida por la decisión de Harry de separarse de su lado que ambos se incorporaron y se unieron a los demás para bailar (o intentar hacerlo) Pero, para sorpresa de los demás, la pasión hacía de Harry un bailarín experto. Todos dejaron de hacer el ridículo y se colocaron en un anillo para ver moverse a los dos. Ginny le dirigió un guiño a Fleur, a quien siempre le gustaba llamar la atención pero ahora, era tiempo de cabellos rojos.

Cuando la música terminó, todos (excepto la veela) batían las manos en señal de elogio. Envalentonados con el numerito de Harry, los demás trataron de imitarlo, sin éxito pero con un evidente avance. Ginny llevó a Harry aparte y entraron en la casa, donde el espíritu de la familia se quejaba de las goteras en el ático. Aullaba como un perro que tuviera las cuerdas vocales inflamadas. Harry y Ginny subieron a su habitación, lugar en el que Harry jamás había estado.

Era como una típica habitación de adolescente sólo que con más libros y algunas flores exóticas plantadas en una maceta flotante. Ginny dirigió una fugaz mirada a la cama, lo que Harry percibió.

—No me digas que...

—Considéralo tu regalo de cumpleaños. Además, ya eres un hombre y quiero que mi primera vez sea con alguien ya adulto.

Harry se sentía verdaderamente incómodo.

—Pero yo... yo no lo he hecho nunca.

—Bueno, será tu primera vez también. Fantástico.

Harry iba a protestar pero Ginny le puso un dedo en la boca, acallándolo.

—Harry¿tú de verdad crees que lo quiero hacer contigo porque se me dio la gana? —Ginny lanzó una carcajada al aire—. Por favor, no seas tonto. Lo quiero hacer porque te amo y porque deseo que tú seas la última persona de la que quiero enamorarme. —Ginny paseó sus manos por su cama—. Ahora, me voy a recostar sobre la cama y vas a hacer de mí todo lo que tú quieras. Soy total y completamente tuya.

Y Ginny se recostó sobre la cama.

Harry, aunque pusiera reparos, por dentro estaba ardiendo por tenerla en sus brazos, aunque tuviera que morir a manos de Voldemort. Sin embargo, cuando iba a abrazarla, algo lo detuvo. No era aquel instinto protector que tenía hacia ella. Simplemente era demasiado fácil. Había llegado a esta situación con relativa facilidad y, aunque lo deseaba profundamente, no quería apresurar las cosas. No dijo nada mientras Ginny esperaba que Harry le quitara la ropa pero, cuando los abrió, Harry cerró la puerta tras él.

—¿Qué le habrá pasado? —se preguntó en voz alta.

Harry descendía lentamente por las escaleras, pensando que estuvo a punto de cometer un error imperdonable. Salió a la fiesta, donde todos habían, decididamente, mejorado sus dotes de baile. Sin embargo, caminó hacia el mismo banquillo y se sentó, de brazos cruzados, mirando cómo Ron y Hermione trataban de rehuirse el uno al otro. Fue esta última la que vio a Harry sólo y pensativo y decidió acompañarlo para ver que le sucedía y, de paso, hablar con él acerca de lo de la carta.

—Hola Harry.

—Ah, hola, Hermione —saludó Harry con voz queda.

—¿Qué te trae tan pensativo? —quiso saber Hermione, sonriéndole amablemente.

—Es que... no creo que debas saberlo.

—¿Ginny trató de... hacer el amor contigo?

Harry abrió los ojos de la sorpresa.

—¿Cómo demonios lo supiste?

—Es cosa de verla. —Hermione le alborotó el pelo a Harry—. Vio que habías cumplido la mayoría de edad y quiso iniciarte en eso. Creo que tomaste una buena decisión al esperar a ser más maduro. —A Hermione le urgía algo, y Harry lo supo desde que comenzó a hablar con ella.

—Supongo que tienes razón —contestó Harry, sintiendo que ella quería contarle algo importante—. ¿Qué quieres decirme?

—Ah. —Hermione fue tomada totalmente por sorpresa—. La verdad, es que no he hablado con Ron al respecto. Verás, él me gusta mucho y no sé cómo rayos puedo decírselo. Temo que lo pueda tomar como una broma.

—¿Y en qué forma te gusta?

—No lo sé, en realidad. —Hermione bajó la cabeza, como tratando de precisar qué era lo que le gustaba de Ron—. Bueno, sé que no es tan lindo pero, me siento atraída por el de una manera que no puedo explicar. Me da rabia e impotencia no saber qué es.

—Hermione —le dijo Harry—¿y no será porque piensas demasiado? Ese es tu problema. Todo lo sometes a un análisis metódico y frío y no te detienes a precisar lo que hay en tu corazón. ¿Sabes? Te recomiendo que no pienses mucho las cosas y, a veces, sólo tienes que dejarte llevar. Tanto ocupas tu mente que te has olvidado de tu corazón y, es por eso que reaccionas tan mal ante cualquier cosa que Ron haga con otra mujer.

—Tal vez tengas razón.

—O puede que no. —Harry tomó por un hombro a Hermione. Ella se sintió inexplicablemente segura hablando con él—. Es un punto de vista, no una verdad universal. Hermione¿no te has puesto a pensar que te gusta Ron sólo porque está con otras mujeres?

—No, no lo he pensado.

—Considéralo una posibilidad. Otra cosa que puede ser, es que Ron es muy cobarde con las mujeres. Ya ves que se lió con Lavender sólo para llamar tu atención de manera indirecta. Si realmente te quiere, te va a escuchar y no se va a reír de ti cuando te declares. Y, lo que sientes por Ron es algo químico. Saca conclusiones.

Hermione se veía algo más aliviada.

—Gracias, Harry. —Ella le dio un fugaz beso en la mejilla—. ¿No te gustaría bailar conmigo?

—¿Y terminar en la cama? —dijo Harry en tono de broma—. No, no te preocupes. Pero, pondrías celoso a Ron y lo menos que quiero es perder su amistad por una tontería.

—No te preocupes por Ron. —Hermione lo tomó de la mano—. Eres su mejor amigo y no se va a preocupar en lo más mínimo. Te lo aseguro.

Harry no hizo más que encogerse de hombros. Ella lo tiró hacia delante y caminaron hacial el patio, que se había convertido en una pista de baile.

—Espero que las lecciones que tomé hace dos semanas me sirvan para algo —dijo Hermione, tomando de la cintura a Harry y él tomando la de ella. La verdad era que nunca había sentido el cuerpo de su amiga de la manera en que lo hacía ahora, cosa que lo puso algo incómodo. Luego, recuperó la compostura y movió su cuerpo al ritmo de la música, que era un ritmo centroamericano, que apenas estaba surgiendo en América. La verdad era que Hermione era buena bailarina: movía su cintura y sus caderas de una manera que Harry no había visto nunca. Harry trató de mantener un poco la distancia entre los dos pero, cuando lo hacía, ella se pegaba más a él.

—¿Por qué me rehuyes? —preguntó Hermione—. Se supone que en el baile, es el hombre el que busca provocar a la mujer y es ella la que tiene que responder.

—Es algo incómodo.

—Lo sé. —Hermione estaba muy alegre—. Pero así se baila.

—Es que temo poner celosa a Ginny —se excusó Harry.

—A juzgar por la manera en que bailaron recién, no lo creo —negó Hermione, retrocediendo y tomándolo de la mano. Cuando la soltó, le dio la espalda lentamente y podía contemplarla cómo movía su cuerpo. Ella le hacía señas subrepciamente para que fuera donde ella. Harry, en un alarde a atrevimiento, la tomó por la cintura…

No había sentido nada parecido en lo que iba de su vida. Una sensación vertiginosa lo invadió cuando la castaña le tomó la cabeza con uno de sus brazos. Harry no pudo separarse de ella, como si un extraño magnetismo lo forzara a quedarse donde estaba. Luego, ella se separó de él cuando la música terminó. Eran las once con cincuenta y nueve minutos y pusieron una música más lenta y romántica. Harry quería sentarse en ese momento pues le pesaban las piernas pero Hermione no le soltó el brazo.

(Para esta escena, recomiendo que escuchen un tema de Miguel Bosé que se llama "Amiga" pero en versión acústica, del disco "Por vos muero", es tan linda)

Ella lo jaló hacia si misma y lo abrazó. Harry, poniendo su cabeza sobre un hombro, se limitó a dar vueltas por la pista de baile, lentamente. En un momento de la noche, cuando ya había terminado el día y comenzado el otro, ya era el cumpleaños número diecisiete de Harry. Ambas miradas se encontraron. Harry y Hermione eran grandes amigos: se tenían confianza el uno en el otro y eran unos compañeros inseparables. Había una sola cosa que los separaba del amor y esa cosa se podía dar en ese momento. Un minuto muy largo transcurrió mientras ellos no hacían más que mirarse. Cuando la música terminó, la tensión entre ellos era parecida a la de un cable que sostuviera un puente colgante. Sin embargo, Harry le sonrió a Hermione y se separó de ella.

—Gracias —dijo Hermione.

Harry le hizo una seña con la mano, devolviendole las gracias y fue donde Ginny, que tenía una cara de signo de interrogación.

—¿Por qué no quisiste hacérmelo?

—Ginny —le dijo Harry con ternura—, aprecio tu voluntad de querer darme un regalo especial pero, es muy pronto todavía. Mi deseo es que esperemos hasta que seamos más maduros y sepamos enfrentar las consecuencias.

La pelirroja lo miró con ojos inciertos. Luego, le dio un fuerte abrazo.

—Tienes razón. —Ginny lo besó antes de hablar otra vez—. Pero igual tengo un regalo para ti.

Ella sacó de su cuello un collar dorado: se trataba de un corazón hecho de una piedra azul muy linda, sostenida por unas cadenas de finos eslabones, hechos de oro.

—Se llama el Corazón de la Magia —dijo Ginny, sonriente—. Es uno objeto mágico muy raro. No sé cual será su función pero es un collar muy lindo y quiero regalártelo a ti. Yo tengo otro pero, como te lo dije, no sé su función. Pero es un regalo que quiero hacerte para que comprendas que mi amor por ti es profundo y bello.

—Gracias, Ginny. —Harry se sacó el collar que unía los extremos de su capa y puso en su lugar el Corazón de la Magia. Ginny ladeó la cabeza y sonrió a modo de aprobación. Harry la abrazó brevemente y la tomó de la mano. Ambos miraron hacia el cielo y vieron la luna llena que iluminaba el patio de la Madriguera. Ambos no sabían lo que estaba a punto de acontecer en ese momento pero, lo supieron cuando los gritos se escucharon desde detrás de las malezas.

Toda la familia Weasley corría hacia la casa para protegerse de algo. Tal vez un Mortífago había encontrado la Madriguera y los amenazaba. Pero algo más monstruoso acababa de aparecer entre las sombras. Un hombre lobo aullaba a la luz de la luna y atacaba a cualquiera que se pusiera por delante. Harry no podía saber quién era pues había muchos hombres lobo en Inglaterra. No obstante, comprendió una horrible verdad, que se remontaba al año recién pasado en Hogwarts.

—Ginny, no lo ataques.

—¿Por qué?

—Porque ese hombre lobo es tu hermano mayor. —Harry se quedó plantado delante de aquel monstruo terrorífico—. Aunque creo que pueda reconocernos. Quédate quieta.

El hombre lobo hizo sonar su nariz, olfateando y tratando de reconocer algún aroma familiar, algo que pudiera reconocer. Pudo percibir el inconfundible perfume de jazmín que usaba Ginny recurrentemente. El hombre lobo dejó de rugir y se acercó a la pelirroja, quien le devolvía la mirada con solidez. En lugar de lanzar un rugido, aulló hacia el cielo y tocó el hombro de Ginny con una suavidad impresionante para un hombre lobo.

Desmaius! —vociferó el señor Weasley.

Un chorro de luz roja tocó la cabeza del hombre lobo. Evidentemente, se necesitaba algo más que un encantamiento aturdidor para inmovilizar a un hombre lobo. Sintiéndose amenazado, con un movimiento demasiado violento, hirió a Ginny en el hombro y fue a atacar a los demás. Harry se quedó a atender a Ginny, quien se sobaba el hombro, el cual sangraba un poco. Harry buscó algo para detener la hemorragia y arrancó parte del suéter de Ginny mediante un encantamiento seccionador y le cubrió la herida con éste. Harry miró hacia el resto de la familia, quienes lograron reducir al hombre lobo.

—Ginny necesita atención médica urgente —dijo Harry a los demás—. Ha sido herida por el hombre lobo. —Él tomó a Ginny y la llevó en brazos, pues ella se sentía muy débil—. Por cierto, el hombre lobo era Bill —dijo Harry, dirigiendo una dura mirada al señor Weasley, quien lo había tratado de atacar—. Harry salió de la Madriguera y se concentró en San Mungo, lugar en que había estado, cuando pudo ver a los padres de Neville y al señor Weasley cuando fue herido por la serpiente.

Y desapareció.

—Será mejor que vayamos todos. Charlie, vigila a tu hermano para que no se escape. Los demás iremos a ver a Ginny.

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Harry estaba delante de Ginny, quien se hallaba recostada en una cama, gimiendo de una fiebre atroz. ¿Cómo el señor Weasley pudo ser tan estúpido para atacar a su propio hijo? Él pudo ver que no atacaba a Ginny, sino que trataba de reconocerla. Y lo había hecho. Comprendía que Bill no tenía lo suficiente de hombre lobo o tenía lo suficiente de humano para poder reconocer a un familiar. Momentos después, el resto de la familia acudió a la cama de Ginny.

—¿Dónde está Charlie? —preguntó Ginny con voz muy débil.

—Está cuidando a tu hermano —le susurró la señora Weasley, tocándole la frente, que estaba tan caliente que se podía freír un huevo sobre ella. El señor Weasley se sentía culpable por su actitud: si no hubiera atacado a Bill, él no hubiera herido a Ginny y todos estarían felices: Harry estaba haciendo lo correcto. En tanto, Ron y Hermione dirigían miradas dr compasión a Ginny y también a Harry, quien lloraba sobre la cama de su novia. Lloraba de impotencia por no haber podido hacer nada para evitar que ella hubiera sido herida. En tanto, uno de los sanadores de San Mungo se acerco, con rostro compungido.

—Siento tener que dar malas noticias a una familia tan querida como la suya pero, creo que ella también se convertirá en un hombre lobo. No podemos hacer nada para evitarlo.

Harry redobló la fuerza de sus llantos. ¡Daría lo que fuera para que las cosas fueran distintas! Golpeó la cama con sus puños, sintiendo furia, dolor e impotencia a la vez. Pero, el sanador no tenía la culpa. Pudiendo ser diferentes las cosas, no lo fueron. Si tuviera el poder de cambiar su destino, su futuro, su pasado, sin duda lo haría. Maldijo su existencia, por ser tan llena de tragedias, pérdidas y misterios y, por enésima vez, quiso que ser alguien del montón, una persona más que no hiciera alguna diferencia en el mundo con o sin su existencia, alguien a quien no se pueda reconocer a simple vista. Era imposible que alguna vida tuviera más tragedias que la suya. Pero pensó que el mundo no giraba en torno a él: había más personas que estaban sufriendo de la misma manera que él, y por culpa de una sola persona: Lord Voldemort. No fue la última vez que sintió aquel conocido acceso de odio en contra de la amenaza más terrible de la comunidad mágica en el último siglo.

Y seguía llorando. Ginny ya no sentía tanta fiebre como antes pero, un veneno corría por sus venas. Ya no era la misma, después de ser herida por su propio hermano. No volvería a ser aquella persona espontánea y feliz que era hasta hace unas horas atrás. Tendría una marca de por vida, un rastro de maldad que le era familiar. No podía olvidar lo que había pasado hace cinco años, cuando fue poseída por Voldemort para abrir la Cámara de los Secretos. No fue una sensación agradable pero ésta, de ser un monstruo en potencia, era lo más terrible que le había pasado. Temía que pudiera atacar a alguien de su familia o a Harry. No, no quería que la única esperanza en contra del Innombrable se convirtiera en un hombre lobo. Tenía que morir, alguien debía matarla para que no siguiera haciendo daño a nadie.

—Harry —dijo Ginny con voz débil y una sonrisa vaga—. Quiero que me mates. Mi deseo es morir para que otras personas, y en especial tú, mi amor, no sufran por culpa mía. Mátame.

—Ginny¿qué demonios estás diciendo? —Harry se secó las lágrimas y la miró con seriedad—. Tú no vas a morir. Te amo demasiado como para dejarte hacer eso.

—No lo entiendes¿verdad? —dijo Ginny, esforzándose por sonar lo más alegre posible—. Me convertiré en una monstruosidad apenas vea la luna llena y no vacilaré en atacar a quienes se interpongan en mi camino. Tienes que matarme —finalizó, poniendo énfasis en sus últimas palabras. Harry el tomó la sien y besó su boca con suavidad.

—No, no te mataré. —A Harry se le ocurrió una idea magnífica—. Te llevaremos a un lugar donde puedas desenvolverte como una persona y un monstruo a la vez. Vivirás en una cabaña en el bosque. Allí haya muchos seres que matar, pues necesitarás alimentarte.

—Pero trataré de encontrarte.

—No, no lo harás. —Harry sacó su varita—. No me recordarás, no tendrás ninguna memoria de nuestro amor. A mí me va a doler más que a ti pero, no hay otra alternativa. —Harry sentía que estaba actuando en contra de su voluntad—. Yo seré el que nunca te va a olvidar. Recuerda que tengo el Corazón de la Magia.

—¡Pero yo no quiero olvidarte¿No entiendes que prefiero estar muerta antes que no recordar nada de ti?

—Pero yo no quiero que mueras. Te estoy dando la oportunidad de tener una vida tranquila.

—¿A ser un monstruo llamas "vida tranquila"?

—Nunca tienes que estar avergonzada de lo que eres —le dijo Harry—. Y estoy seguro que no lo estarás después de esto. —Harry se arremangó las manos y preparó su varita.

—Prométeme que nunca me vas a olvidar —le dijo Ginny, como resignándose a vivir sin Harry.

—Nunca lo haré. —Harry hizo el movimiento de varita para el encantamiento desmemorizante— Obliviate!

Ginny perdió la expresión de su rostro, muestra clara que el hechizo funcionó. Harry soltó unas cuantas lágrimas antes de secárselas con decisión y guardar su varita.

—Hasta nunca, Ginny —susurró Harry por lo bajo antes de salir de la habitación. Sus padres y hermanos creyeron que era lo mejor, después de lo que había pasado y creyeron que debían hacer lo mismo con Bill pero, él tenía un trabajo y una novia que estaba a punto de convertirse en su mujer. No podían arruinarle la vida de esa manera. Además, no podían resistir la idea de tener dos hombres lobo en la familia. Para agregar, para Ginny era como morir y renacer en una nueva vida. Al menos sería feliz en el lugar donde iba a vivir. Era su único consuelo.

Harry caminaba por los pasillos de San Mungo cuando Ron lo alcanzó. Llevaba un papel en una de sus manos.

—Harry. Estuve leyendo esta nota de Ginny y dice algo acerca del Corazón de la Magia. Dice que la otra se la regaló a Hermione y que pronto comprenderían los motivos. Bueno, eso es todo.

—Oye Ron. —Harry se acordó de algo—. ¿En que forma te gusta Hermione?

—Pero Harry. No me gusta Hermione.

—Sí, claro —dijo Harry sarcásticamente—. Vamos Ron. Eres mi mejor amigo y me lo puedes contar. —Por respeto a la amistad con Hermione no le contó que había hablado con ella.

—Bueno, es que… no sé. Hermione es muy linda y, después de lo que vi en la fiesta, baila muy bien. Pero no me gusta, en serio.

—Piensa un poco lo que estás diciendo. ¿Por qué te enredaste con Lavender el año pasado¿Por qué te gustaba¿O para tratar de llamar la atención de Hermione?

—Lo de Lavender fue un error que cometí, eso es todo.

—¿Estás seguro?

—Por supuesto, claro que sí.

—Entonces¿por qué rehuyes tanto su mirada¿Te da vergüenza admitir que te gusta una sabelotodo?

—Mmm… puede ser —dijo Ron.

—Hermione es muy linda y atractiva. Además es una buena amiga —dijo Harry. Era quien conocía mejor a la castaña y sentía por ella una gran amistad—. No creo que puedas negarte a alguien así.

—Pues yo sí.

—¿Y cómo dejaste de besar a Lavender cuando Hermione le dijo a Parvati que iba a ir a una fiesta de Slughorn con Cormac McLaggen? Ron, si admites que te gusta Hermione, tal vez ella se interese en ti y comiencen a salir juntos.

—¿Sa… salir juntos?

—Claro. Imagínate las posbilidades. —Ron no comprendía que para Harry, hablar de romances y más encima motivar uno, era muy doloroso para él, a causa de haber perdido a Ginny—. Ella sabe muchas cosas y tú podrías enseñarle otras. Ambos crecerían como personas. Piénsalo.

—Hablas como si actuaras en contra de tu voluntad —acotó Ron.

—No. —Harry ya estaba harto—. Si no quieres salir con Hermione, entonces alguna otra persona se te adelantará y quedarás como chaleco de mono. Y estoy seguro que no quieres que pase eso. Bueno, haz lo que quieras. Pero ya no me pidas más consejos, mira que tengo muchas otras cosas en que pensar. —Harry dejó solo a Ron y caminó hacia el final del pasillo para bajar las escaleras. Pero apenas bajó unos cuantos escalones, se encogió en la pared y comenzó a llorar otra vez. La verdad era que no había consuelo posible para el sufrimiento que sentía en ese momento.

Unos pasos se escucharon. Harry supo que alguien estaba junto a él, y supuso que era Ron quien venía a pedirle disculpas. Pero cuuando miró hacia arriba, vio a Hermione, quien tenía el rostro también con expresión de profunda tristeza. Le tendió una mano y Harry la cogió, incorporándose y abrazándola desesperadamente, en busca de algún refugio para la verdadera tormenta por la que estaba pasando su corazón. Hermione acarició su espalda, como tratando de calmar a un niño que se hubiera lastimado bajando las escaleras. Luego, se sorprendió de lo frágil que podía ser Harry a veces, lo sensible que era frente a momentos dolorosos.

Fue en ese momento en que fue la primera vez que Hermione comparó a Harry con Ron. El pelirrojo le gustaba mucho pero no era como Harry: humilde, sensible y valiente, tan suave y fuerte a la vez. ¿Qué buscaba en un hombre? Era la primera vez que se preguntaba eso, pues como bien le decía Harry, ella pensaba muchas cosas y no en las que realmente importaban. ¿Qué clase de hombre estaba buscando¿Cómo podía saberlo, si hay tantos que tienen características que a ella le agradaban? Pronto, comprendió que Harry reunía todas las cualidades que buscaba en un hombre pero, era su amigo, un gran amigo a decir verdad y dudaba que él tuviera un espacio en su corazón para ella. Sin embargo, se le vino a la cabeza aquel momento en que sus miradas se cruzaron como ninguna vez en sus vidas, la tensión que había entre ellos, acumulada en años y años de aventuras y peripecias juntos y trabajando en equipo. ¿Podía surgir un amor entre ellos? Pero si ella no estaba enamorada de Harry. Las cosas que se sentían cuando se estaba enamorada las sentía con Ron.

Pero Harry estaba tan necesitado de amor en ese momento que estuvo tentada por momentos de besarlo allí, en ese momento. Sin embargo, recordando las palabras de Harry en la fiesta, pensó que no era correcto. Cuando dejó de abrazar a Harry, él se sentía algo mejor… y con una nueva convicción. Miró a Hermione y asintió con la cabeza. Ambos caminaron y se reunieron con Ron, quien estaba de pie, reflexionando acerca de las palabras de Harry.

—Los tres sabemos lo que tenemos que hacer ahora —dijo Harry, mirando fijamente a los dos—. Tenemos que hallar los Horrocruxes que faltan y vencer a Voldemort de una vez por todas. No nos despediremos de tu familia, Ron. Tenemos que comenzar ahora.

Ron y Hermione asintieron con la cabeza. Harry comenzó a caminar de vuelta a las escaleras y ambos lo acompañaron, en lo que sería la aventura más peligrosa de sus vidas. Pero, según sus pensamientos, creían que no sería la última…


Un aviso: desde este momento, iré actualizando sólo este fanfiction para terminar luego con los otros. No se preocupen, los terminaré.

¿Pudieron percibir la tensión entre Harry y Hermione? Admito que es algo lento pero, no los decepcionaré. Es mi pareja favorita. Así que todos los fanáticos de esta pareja (desde ahora "Harmioneros(as)") pueden dejarme algún review para saber cómo va. Es bien fácil (el botoncito de Go) y en sólo cinco minutos, ya me harán un escritor feliz.

Hasta el próximo capítulo (en dos o cuatro días más)