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Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, utilizados por mi solo porque los amo y me hace feliz escribir de ellos xD

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Camino.

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Puedo decir que soy feliz.

Tal vez esté todo el resto de la ciudad en desacuerdo conmigo, pero creí que este día sería especial, no sé la razón, no podría adivinar lo que pasaría. Solo sentía que así sería, especial.

Estaba bastante nublado allá fuera y una brisa leve, un susurro que anunciaba algo retumbante que en la proximidad. Abrí la ventana para ventilar mi habitación, entonces noté el cambio. La noche había sido fría, congelante, y aun permanecían las bajas temperaturas. Debía agradecer tener una estufa para temperar y no sentir lo que se sentía a la intemperie. Ahora ya no era necesario guardar calor, de día el ajetreo de esta ciudad es más que suficiente para mantener el calor corporal de cualquier persona.

A veces creo que pierdo la noción de lo que hago. Eso porque mientras me duchaba, me vestía y salía de la casa, no noté que lo hice. Es similar a las clases de la universidad, nos hablan tantas cosas, nos presentan tantas problemáticas sobre corrientes de pensamiento, desde años que a penas se alcanzan a contar hasta ahora. Y cada rincón de sus vueltas me llevan a creer que debo cuestionármelo absolutamente todo, que debo indagar todo y descubrir todo. No es que realmente moleste, siempre he sido un maldito curioso, es casi una patología creo yo. Siempre he querido saber lo que hay detrás de cada cosa que conozco, de cada persona que encuentro.

Eso último es en especial extraño. Dicen que les caigo bien a las personas, y eso que según yo, soy realmente una pesadez. Mis palabras son ásperas, mis comentarios irónicos, mis bromas filosas, y las que no son filosas son pervertidas. ¡Hey, soy un hombre!, uno bastante joven por lo demás, es natural que me guarde reservas de ese adolescente que hace tan poco solía ser. Y por tanto se me escapen comentarios un tanto anatómicos.

Hace unos días me hablaban del psicoanálisis, ese asunto de Freud que ha dado vueltas tantas veces en este mundo que creo que si él fuera una estrella de rock estaría en la cima de los charts de ventas de discos. Creo que ya me han llenado tanto la cabeza con eso que ahora no puedo evitar mirar fijamente a las personas tratando de desenmascararlas.

Tal vez sea eso lo que haré ahora, y tal vez, solo tal vez, pueda permanecer durmiendo con los ojos abiertos de aquí a mi destino. Entonces volveré a preguntarme como rayos hago las cosas sin darme cuenta realmente que las estoy realizando.

Y hablando de estrellas de rock, y entonces de música, hace días siento que las manos me piden desesperadas volver a tocar, tocarla y sentir sus vibraciones en cada rincón de mi ser. Me refiero a mi guitarra. Es una fémina misteriosa que me atrae a recorrer sus curvas y llegar a su centro, manipulándola a mi antojo y solo para que mi deleite se complete al escuchar sus murmullos en respuesta a cada uno de mis roces. Hoy siento especial debilidad por sentir música, hace semanas que no logro encontrar espacio para detenerme y perderme en lo que me gusta escuchar, sumido en un mundo donde floto en medio de los acordes. Hoy se vuelve una necesidad sofocante. Entonces escuché cuerdas de guitarra, y devolví mi mente a la realidad.

Un joven, seguramente de una edad cercana a mi, parado en una esquina tocando guitarra e intentando cantar algo que al parecer, no le entendía la letra porque parecía estar algo borracho, pero no necesitaba mas que indicios de la melodía que pronunciaba con claridad su instrumento. Conocía esa canción a la perfección. Sonreí y me detuve a escucharlo por un segundo, solo lo suficiente para buscar una moneda en alguno de mis bolsillos y arrojarla en la caja de su guitarra que reposaba sobre el cemento. Continué el camino hasta encontrarme el tumulto de personas a la espera de transporte. Perfecto para mis perversos planes de observarlos incisivo.

Mientras avanza el bus observo las calles, el mismo recorrido diario, los mismos colores, las mismas formas, los mismos tiempos. Y detengo mis ojos en el mismo lugar de siempre. Mientras el bus para su marcha, suben algunos pasajeros, otros descienden, y yo observo la esquina, preguntándome lo mismo que cada día que pasó por ahí. Bien sé que media cuadra más allá, detrás de aquella imprenta, está su edificio, su pequeño mundo encerrado. Quisiera saber si aún duerme desparramada en su angosta cama, esa que prefiere antes de la grande que usa de sillón. Quisiera averiguar si permanece aún entre sueños, con un pie colgando fuera de las frazadas y el otro flexionado acercándolo a ella, en una posición casi inhumada y de imposible comodidad, pero que a ella le resulta perfecta para prospero sueño. ¿Estará a esta hora aún boca abajo abrazando con una de sus extremidades esa pequeña almohada blanca bordada de flores en colores, esa que es cómplice de sus sueños desde que era una niña? Mientras con el otro brazo aprisiona una larga almohada recostada a su lado en una simulación de persona que duerme a su lado, a la cual se apega para no sentirse desprendida.

A veces me la imagino envuelta en sus mantas de colores mientras me escribe en el chat. Y odio eso, odio ver esa pantalla y su dureza que no me deje alcanzarla a ella. Es cierto que a veces me gusta molestarla con mis bromas pesadas, que sin aviso le digo cosas que la dejan sin respuesta, sin sus ingeniosas palabras escritas. Pero la esterilidad del medio me agobia, preferiría escucharla mientras la observo en sus gestos graciosos, ademanes suaves y fluidos, manías enfermas e incorregibles.

Oh, aquello es mi despertar, o mi vuelta a los sueños. Hoy no había llegado de frente ahí, pero cada día cuando recorro con la mirada ese lugar, la recuerdo. El tiempo nos escasea y no nos hemos visto tanto. Pero permanece, siempre permanece en su imagen ante mí.

El bus continuó su camino, miré hacia las personas que viajaban conmigo, y un grupo de chicos que aun iban en la escuela, pero parecían bastante mayores como para hacerme pensar que estaban a punto de graduarse. Sus rostros hacían muecas evitando reírse de mí, aunque era clara su burla. Lo miré fijamente y con el ceño fruncido, mi primo siempre dice que esas miradas furiosas que doy a veces son capaces de intimidarlo hasta a él, y si hay alguien que vive burlándose de mi y nunca me toma enserio, ese es Seiya. Debería creerle, el grupito detuvo sus risas ahogadas y me ignoró el resto del camino. No entiendo qué les pareció tan gracioso de mí mientras miraba esa esquina, ¿acaso tenía un payaso dibujado en la frente?

Unos minutos después llegué a la universidad, algo temprano así que aproveché de leer unos apuntes de la clase pasada que no habían alcanzado a revisar antes. El suelo del pasillo es frío, mas de lo que es generalmente, debe ser el clima. Creí que llovería pero el cielo parecía limitarse a esconderse tras sus nubes y no querer cubrirnos, a los de aquí abajo, con su lluvia. Al menos era agradable encontrarme ahí sentado en el piso de aquel pasillo blanco, vacío, silencioso. No es que me moleste ver personas, generalmente trato de esforzarme y lograr comportarme cortés. Pero prefiero, no, debo decir que adoro disfrutar de mis momentos de soledad.

Aunque estaba en un lugar público podía sentir la victoria de lograr mi objetivo y delimitar mi territorio seguro. Es irónico alejarme de las relaciones profundas con las personas, y aún así vivir estudiándolas. Es tal vez mi curiosidad, si, debo reiterarlo uno y mil veces más. Mi afán de saber todo lo que se esconde detrás de los rostros que veo en las calles, poder leerlos en sus complejidades, en sus individualidades. Pero soy yo quien pretende sumergirse en ellos, y no al revés. Me es completamente incómodo andar expuesto por la vida, entrar en profundidad mutua con alguien, eso no va conmigo, al menos no se me da el hacerlo con la mayoría de las personas, incluso no pretendo serlo con quienes están cerca de mí.

Ya era hora de entrar al auditorio a clase. Se disfruta escuchar a personas que parecen incitarme a continuar en mi función reveladora del lado oscuro de cada persona que se cruza. Entonces no hice más que eso, escuchar, anotar cosas que me parecieran importantes o que creí podrían aparecer en algún examen. Algunos bocetos deformes rodearon mis párrafos, algunos parecían querer ser figuras claras, pero no quise dejarlas completas. Sonreí entendiendo lo que hacía, trataba de plasmar mis pensamientos y sentimientos en cada trazo que delineaba, pero era incapaz de dejar una evidencia clara y material de ellos, no cuando ese cuaderno podría perfectamente perderse y alguien adivinar lo que esos dibujos representaban en mi interior.

Si, soy un soberbio, creo tener el exclusivo derecho de meterme en medio de las mentes del resto exponiéndolos a mi antojo, y no permito a nadie tener ese privilegio sobre mí. ¿Por qué nadie lo tiene realmente verdad? Al menos puedo afirmarlo, con casi absoluta certeza.

Después de pasar de una sala a otra en mis miles de clases del día, llegué a la final, y sin darme cuenta de cómo diablos pasó eso.

¿Qué acaso mi reloj tomó algún estimulante que anda tan rápido? Oh, un momento, odio los relojes de pulsera. Al menos el reloj de mi teléfono móvil indica que ya casi es hora de terminar con el deslengüe de la profesora de turno. Y para el deleite de mis oídos ella anuncia que basta por ese día, que podemos retirarnos. Y no es que me guste eludir clases, pero estaba demasiado ensimismado como para sacarle el suficiente provecho a lo que nos enseñaban. Definitivamente era lo mejor ponerle fin a esa farsa del alumno dedicado cuando lo único que necesitaba era aire frío que respirar, en vez de la tibieza del aire con calefacción del lugar.

Brisa. Al fin fuera del alcance de mis compañeros con sus comentarios post-clases sobre lo visto, al fin fuera de cualquier trámite de libros y deberes, sobre juntarse a tomar una cerveza en algún bar universitario de los alrededores. No, ninguna intención tuve de unirme a ellos y salir a emborracharme cuando aún había luz de día. Creo que me he acostumbrado a asociar el alcohol con la noche, con una buena conversación junto a algunos conocidos y con el relajo de saber que tengo una cama cerca donde caer dormido. No es que sea un libertino descontrolado, pero soy joven, a cualquiera le gusta darse el tiempo de vivir en la más absoluta mundaneidad por algún rato. Y nada más que eso, el resto me vale, me da lo mismo lo que quieran hacer. Ellos con sus cosas y yo a lo mío, aunque no sé qué es lo mío este día. No sé qué es lo que me pertenece o a lo que yo mismo puedo pertenecer en este día.

Ok, éste es el momento en el que me pregunto cuando me puse tan a la defensiva, estaba todo bien hace unos minutos. Tampoco es como si debiera explicarme el porqué prefiero perderme en una caminata sin destino antes que seguirlos. Si, es eso, necesito respirar y llenarme del aire del exterior.

Caminé por la ruta que recorre el bus que me lleva de vuelta a casa, así en el momento que me cansara o considerara mi deseo de liberación satisfecho, podría fácilmente subirme a alguno y continuar el camino sobre ruedas.

Luego de dejar atrás el ajetreo del sector alrededor de mi universidad, paso por algunas fábricas de elementos inútiles para mi, pero al parecer indispensables en trabajos industriales, en la vitrina no podrían haber puesto objetos menos atractivos, la verdad no tengo la mas mínima idea que diablos son esas piezas. Ahora que el ruido del tumulto de estudiantes quedaba atrás, el silencio me traía la paz, solo que era demasiado vacío para mi gusto. Y entonces, siempre auxiliadores, mis audífonos escondidos entre mis libros aparecieron. Música para mis oídos, literalmente, no creo andar de inspiración como para que esa frase o cualquiera busque ser metáfora.

Perfecto, canciones que acompañan mi paseo sin destino, ni muy suaves para alimentar mi pereza, ni muy agitadas como para romper el momento de El camino privado de Yaten. Mis manos sin querer comienzan a imitar los acordes de guitarra en el aire. Me detuve entonces en medio de una canción que escuchaba desde hace años, pero no fue la canción lo que me hizo detenerme. Fue el lugar.

Hace unos años estuve ahí parado mientras unos trapecistas se colgaban de los árboles y entrenaban. Era verano y luego de un taller recreativo, con algunos de mis compañeros de aquel taller fuimos al parque colindante a ver como se movían ágiles. Entonces, y la verdad no sé cómo, comencé a hablar con una de las chicas del taller. Ya la había visto los días previos, sabía su nombre, pero me daba la impresión de que era demasiado reservada. Tal vez quise incomodarla y ver cómo reaccionaba, tal vez solo busqué plática sin sentido, el asunto es que le comenté algo sobre lo que veíamos, ella respondió simple. La conversación continuó y sin darnos cuenta seguimos así hasta que ya era hora de irnos. Ella era agradable. Hablamos un par de veces más durante el taller, así como el día de la celebración de finalización y en el camino a nuestras casas de ese entonces. Nos deslizamos con lentitud por la calle en la que ahora yo me paseaba solo. Ella no vivía en la ciudad, así que poco nos vimos luego. Ahora que nos habíamos reencontrado un par de veces, surgió natural y fácil nuestra forma de congeniar tan delirante. Y es aún mas increíble el hecho que no nos pasemos cada segundo libre juntos, si no que son ocasiones escasas en que parecemos habernos conocido de toda la vida.

Continué los pasos en la dirección que llevaba antes de perderme en recuerdos sobre aquel lugar verdoso.

Es gracioso cómo es que la vida se encargó de devolvernos esa tarde. Y cómo terminó el destino ubicando su departamento en el mismo camino que una vez anduvimos juntos, el mismo camino que recorre el bus entre mi casa y la universidad. Entonces fue claro que mi caminata inerte adquiría un sentido, un lugar al que dirigirme, después de todo, no eran más de diez cuadras hasta llegar a su edificio.

Caminé tan rápido como me lo permitió el ritmo de la música que regulaba mi velocidad. Y estuve al fin en la entrada. No era la primera vez, había ido varias veces en las últimas semanas, fracasando en mi intento de encontrarla ahí. Parece que ha estado ocupada, y la verdad es que no sé porqué no le mencioné durante nuestras conversaciones virtuales mas que una sola vez, y bastante sutil, el hecho de que la había buscado ahí, que la había esperado por alrededor de una hora fuera. Pero nunca llegaba.

Me senté en la escalinata, pensé en leer pero estaba distraído, así que me dediqué a observar el entorno, eso que ella veía desde su balcón cada día al despertar. La verdad es que hay demasiados edificios como para dedicarse a ver algo mas que el escaso transito de personas casi trotando por la vereda de en frente. Pero allá arriba, donde ella vive, se puede ver la montaña nevada en sus alturas.

Tal vez ese fue mi día de suerte, no tendría que esperar una hora para luego irme sin más que mi tiempo perdido. La vi desde lejos, venía volando en alguna dimensión perdida, como siempre, no conozco a nadie tan despistada como ella. Me reí cuando peleaba con su bolso en busca de las llaves, parecía una ardilla escarbando en busca de lo que había guardado. Y entonces noté su costumbre de cantar las canciones que está escuchando sin emitir sonido. Mueve la boca en perfecta pronunciación de las letras, y a ratos las acompaña con el tecleo de sus dedos en un piano imaginario.

Ya casi a un par de metros de mi levantó el rostro y me vio. Estaba turbada, sorprendida supongo, y espero que contenta, dichosa de verme, tanto como yo lo estoy de al fin atrapar a esa escurridiza mujer. ¿Por qué nunca logra permanecer quieta para que la encuentre con certeza en un lugar?

La abracé contra todos mis pronósticos, aun así con naturalidad. Y entre intercambios de palabras la arrastré hasta llegar a la puerta de su departamento. Notaba los claros indicios de su mirada confundida, pude asegurar que era por motivo de mi repentina aparición. Pero la traté con la confianza de siempre, con las bromas de siempre, con las insinuaciones de nuestra tan exquisita complicidad de siempre. Giró la llave y sentí que entraba a una catarsis con nombre de mujer, Minako Aino.

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Antes de lo que generalmente escribo luego del fin del capítulo quiero darme el espacio de decir algunas cosas.

Esto es casi vertido tal cual aquí en palabras. No sé por qué, pero encontró su lugar en esta pequeña historia.

Y esto va dirigido a dos personas y por razones distintas, aunque una en común, porque son las dos personas que sacian mi goloseo de historias Yaten/Minako. Y desde que subí esto sentí que era un regalo para ellas, solo que creo q no me había dado cuenta concientemente de ello.

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Nella/Kinsei/Ginsei:

A ti porque me entretengo de sobremanera hablando de personajes, de películas y postres dulces xD. Y porque creo que desde que leí tus historias hace un par de meses quedé pegada aquí y leo como loca cada uno de tus capítulos y la forma exquisita que tienes de contar historias tan extremas como Cuando ella sonríe, hasta Terciopelo Rojo, haciéndolos distintos de un abismo a otro, y aun así mantenerlos atrayentes de leer. Terciopelo Rojo me tiene mordiéndome las uñas, y es que son tan fuertes las situaciones que cada capitulo creo q ya no puede ser aun más, y ahí saltas con algo que me deja alucinando nuevamente. Admiro tu escritura y eres una fuerte influencia en la mía y eso lo agradezco mucho, aparte de agradecer los dibujos del cybermundo japones que nada entiendo jajajaja. En fin, creo que quedarán cosas que no escribí aquí, pero es eso básicamente. =)

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Solcita!:

Si, eres un sol. Me di cuenta que esta pequeña historia asemeja mucho a Strangelove, y creo que te has dado cuenta, ya sabes también a que debe todo esto. Entonces debería decir que fue en parte de ahí de donde vendrían las palabras que publique, pero también vienen de la vida, de las sensaciones, y de la universalidad de ellas, sabiendo que en cualquier parte se sienten fuerte y pasan. Hace menos tiempo que leo tus historias, en consideración a las de Nella, pero me he encantado en este tiempo contigo también. Sobretodo con lo que aparece en Strangelove, y es que como amo leerlo, y como ya te dije, me sumerjo tanto en la historia q la siento muy egoístamente mía, a la vez que me maravillo al leer que en los reviews hay muchas que encuentran sus propios extractos condensados, y de todo aquello salen piezas que forman la situación. Y también muchas gracias por esas desveladas de locuras por msn. O de las conversaciones, que se yo. Esta era la pequeña sorpresita.

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Oh, no se me sientan las demás, que esto es porque ellas dos son mis maestras Yaten/Minako xD y bueno, creí oportuno plasmarlo aquí xD.

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Oh! Ahora si! Creo que Mina no era la única con desvaríos mentales que la llevaban inconscientemente en una dirección, así que decidí que Yaten también merecía mostrarse como fue que terminó ahí parado fuera del departamento de Mina =)

REVIEWS

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- LOYDA ASTRID: Lili! Es AU totalmente! Como estas? Bueno, ojalá nos veamos por ahí luego! Que bien que te guste saber lo que le va pasando a ella, ahora a ver como vez lo que le va pasando a él. Besos!

- SOL KAORY: ¿qué mas te digo ahora? Oh esperaré mi lista, y mis vacaciones! Jajaja. Un beso grande!

- PATTY RAMIREZ DE CHIBA: Gracias por apoyar mis ideas siempre, y sip nos vivimos encontrarnos en msn xD

- KAGOME HB: Oh hola!, supongo q esperabas saber que pasaba dentro, pero quise darme el tiempo de verlo desde Yaten. Ya vendrá en interior del lugar , gracias por leer =)

- GINSEI: Ok, lo mismo, creo que ya está ahí arriba! Jajaja solo dale mis saludos a los caimanes xD besos!!

- LERINNE: No lees mucho sobre ellos? Yo pensé que si xD es que te habia visto en uno de mis otros fics de ellos y en los de otras autoras tambien. En fin, gracias por agregarte a este tambien =)

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Besitos!! =)