Capítulo 2. Sortilegios Weasley
Habían pasado tres días, y La Madriguera no había estado nunca tan silenciosa. El funeral de Fred había sido la noche anterior, y aun se respiraba un ambiente tenso en la casa. Ron, que en ese momento se distraía haciendo levitar las cosas que había esparcidas por el suelo, se había pasado todo el día en su habitación, distrayéndose con pequeñas cosas mientras algunos recuerdos pasaban por su mente. Prefería estar ahí solo, que abajo con su madre, que se deshacía en lágrimas cada vez que veía a uno de sus hijos, especialmente a George (quizá por la pena de verle tan solo, tan triste, sin su hermano gemelo, o quizá porque su parecido a Fred era tal, que a veces parecía que había vuelto a la vida). Así que casi todos evitaban estar juntos en una sala más de dos minutos seguidos. Por su parte Bill y Fleur se habían ido a su casa en Shell Cotage después del funeral, así como Charlie, que disculpándose mil veces, tuvo que volver a Rumanía, donde su trabajo aguardaba. Percy, sin embargo, aunque también se había ido a su casa en Londres, se pasaba por La Madriguera tan a menudo que parecía que vivía allí. Quizá pensaba que así compensaría los casi 3 años de ausencia en los que había ignorado a su familia completamente. La verdad es que esto era un gran alivio, ya que con Percy siempre detrás de su madre, ésta apenas se daba cuenta de que sus otros hijos se evitaban. Aún así ella se preocupaba de llevar algún almuerzo a aquellos que decidían no bajar a comer a la cocina, lo que era bastante comprensible: en algunos momentos, es mejor estar solo.
Ron, en este caso, era de este pensamiento. No tenía muchas ganas de hablar con nadie, prefería estar allí, sin hacer nada, intentando asimilar todo lo que había pasado. Aún no podía creerse que su hermano Fred ya no estuviera, es que era irreal. Desde que era pequeño había vivido bajo la tiranía de sus dos hermanos gemelos, que aprovechaban cualquier oportunidad para gastarle una broma pesada. Soltó una pequeña risa amarga cuando recordó la vez en que Fred había intentado hacer un juramento inquebrantable con él, antes de que su padre lo impidiera. Él y George siempre estaban pensando en las bromas, en cualquier cosa que sirviera para desquiciar a su madre. Y ahora, Fred no estaba, y Ron no podía imaginar a George sin Fred, siempre habían sido Fred y George, George y Fred, ¿y ahora? ¿Qué sería de George? ¿Qué sería de "Sortilegios Weasley"?
La primera vez que le preguntaron a George por esto último, éste dijo que no sabía que iba a hacer, aun estaba demasiado consternado por la muerte de su hermano, no tenía ganas de pensar en nada más. La verdad es que Ron le había visto tan mal, que incluso pensó que George se atrevería a cerrar la tienda. Sin embargo Ron estaba dispuesto, no iba a dejar que cometiera tal error, iba a hacer lo que fuera necesario para que la tienda siguiese en pie. Al fin y al cabo…habían gastado años y esfuerzo para crearla, y ahora no podía irse todo a la basura, Fred no lo habría querido. Obviamente era mucho trabajo para una persona sola, sobre todo debido al éxito que ya habían demostrado que tenía la tienda. Pero si hiciera falta, y aunque le pesara mucho a su madre, Ron estaba dispuesto a trabajar en la tienda. Todo, con tal de que no la cerrara.
Mientras seguía sumido en sus pensamientos, la voz de su madre sonó a través de la puerta.
Cariño, dentro de poco estará la cena. Esta vez vamos a cenar todos abajo, en familia.
Ron hizo un ruido indefinido en forma de asentimiento y después oyó cómo su madre se dirigía a la habitación de su hermana. Ginny era, al parecer, la que mejor lo estaba llevando todo, se mantenía bastante entera, aunque Ron juraría que había oído algunos sollozos ahogados a través de la pared de su habitación. Pero al menos ella procuraba estar animada y habladora mientras estaba con sus padres. Ron nunca la había visto así, la verdad, antes siempre había que consolarla a ella, y ahora parecía que ella les consolaba a todos.
Ron sacudió la cabeza, como intentando sacar sus pensamientos fuera de él, y se levantó para ir a cenar.
En la cena, todo transcurrió bastante normal. Las conversaciones eran algo forzadas, pero parecía que tener de nuevo allí a toda la familia, junta, (excepto Bill y Charle, lamentablemente) había subido el animo un poco. Incluso George, se atrevía a bromear de vez en cuando, para romper la atmósfera tensa que se respiraba allí.
Tengo que deciros algo.- dijo éste a mitad de la cena. Todos los demás le miraron intrigados, mientras él se esforzaba, al parecer, por encontrar las palabras adecuadas.- He decidido vender la tienda. El dinero ayudará, no andamos sobrados de eso en esta casa ¿no?- terminó George con una sonrisa que pretendía ser de indiferencia.
Ron, que había visto confirmados sus temores, no lo iba a permitir. Y menos por una excusa tan tonta como el dinero, ¡como si con la tienda abierta no ganaran dinero!
¡No puedes hacer esto!- saltó él indignado- ¡No puedes cerrar la tienda! ¡Os pasasteis años trabajando en vuestros inventos!
Cariño…Ron tiene razón, no puedes tirarlo todo por la borda ahora…os ha costado mucho- dijo su padre con cara de preocupación.
Eso da igual, yo ya no puedo seguir con la tienda solo y lo mejor es vender el local, seguro que me dan bastante dinero por él- respondió el sin mirarles.
Si es por eso no te preocupes, yo te ayudaré- dijo Ron ante las caras estupefactas de todos los demás.- ¿Qué? No me miréis así, hablo en serio. Yo puedo ayudar en la caja, o en el almacén, o donde quieras, pero no cierres la tienda.
No lo entendéis, yo-no-puedo-seguir-solo- dijo George dando énfasis a las cinco últimas palabras.
Pero cariño…es vuestro sueño, no puedes dejarlo solo porque…- dijo la señora Weasley con lágrimas cayendo por sus mejillas.
¡DEJAD DE HABLAR EN PLURAL!- Gritó George sin poder contenerse, fulminando a su familia con la mirada.- Él ya no está, está muerto, y no volverá, así que la tienda es mía y yo decido qué hacer con ella.
Pero Fred no querría…-empezó Ginny sin éxito, pues fue interrumpida por su hermano.
No se lo que Fred querría, por que esta muerto, ¿es que no lo vais a entender nunca? SE HA IDO- y con esto, se levantó enfadado de la mesa y salió al exterior, dejando a su familia allí, sentados en la mesa, sin saber muy bien como reaccionar. Un segundo después se oyó un pequeño ¡plop!, que indicaba que George se había desaparecido.
Apareció no muy lejos de allí, a las afueras del pueblo de St. Ottery Catchpole. Era el primer sitio que se le había pasado por la cabeza, y le apetecía pasear. Su familia no entendía nada, nada. A él le hubiera gustado continuar con la tienda, pero no podía, simplemente no podía hacerlo. Sería un insulto hacia la memoria de Fred, continuar con un sueño que él nunca podría cumplir. No podía si quiera pensar en la posibilidad de ser feliz, mientras su hermano ya no lo sería más. Y además, ¿de qué servía ser feliz si no podía compartirlo con su hermano gemelo? ¿de que servía ganar dinero en la tienda, si no podía compartir las ganancias con su "otro yo"? Todo era tan injusto…Ellos no entendían nada, y no lo entenderían jamás.
Siguió andando por el pueblo, sin apenas darse cuenta de por donde andaba, simplemente caminando, alejándose lo más posible de su familia, de su casa, de la casa en la que habían vivido los dos.
¿Fred? – dijo una suave voz a sus espaldas.
George se volvió rápidamente al oír el nombre de su difunto hermano.
Perdona, George, te había confundido con tu hermano – dijo una chica morena un poco avergonzada, cuando éste se volvió.
George simplemente se quedó mirándola, asombrado de que se hubiera dado cuenta de su error con sólo mirarle, sobre todo teniendo en cuenta que hacía mucho que no se veían.
¿Qué…Qué te ha pasado en la oreja? – preguntó la chica mirando el lugar donde Snape había herido a George hacía ya casi un año.
Yo…bueno, un accidente, ya sabes…- dijo George, aún un poco atontado. No se esperaba encontrar a nadie a esas horas en la calle, y no tenía muchas ganas de hablar con nadie, pero no quería parecer descortés, así que no dijo nada.
Oh…vaya lo siento. Bueno, ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Cómo te va todo? ¿Seguís haciendo trucos de magia tan buenos? La verdad es que se echan de menos… ¡algún día pillaré vuestro truco, os lo aseguro!- dijo la chica divertida.
George se rió también, si ella supiera… La verdad es que se alegraba de verla, se alegraba de ver a alguien que no lo miraba con cara de pena, se alegraba de ver a alguien totalmente ajeno al mundo mágico y a todo lo que había pasado en todo este tiempo, se alegraba de ver a alguien que aún no sabía que su hermano gemelo ya no estaba con ellos.
Pues bien, como siempre – respondió George a la chica.- ¿Y tu como estás Anyanna?
¡Ey! ¡Sabes que odio que me llames así!
Pero te llamas así…- dijo George para hacerla de rabiar – Está bien, está bien…Ann- añadió al ver la cara de enfado de la chica.
Así mejor – respondió Ann con una sonrisa radiante.
George sonrió también. La chica era bastante guapa. Su pelo era largo y totalmente negro, y le llegaba hasta los hombros. Sus ojos, azules, parecían casi transparentes, igual que su piel, que era casi tan blanca como la nieve. Además había un detalle de ella que siempre le había gustado a George, sus pecas. Su nariz y sus pómulos estaban repletos de pecas, que contrastaban a la perfección con su piel blanquecina. Así se quedó George mirándola, y por un momento se olvidó de todo el enfado con su familia.
¿Qué te parece si te invito a tomar algo? Así podré enseñarte alguno de mis…trucos- dijo el pelirrojo a la vez que le guiñaba un ojo.
¿Me está tirando los tejos señor Weasley? – dijo Ann entrecerrando los ojos.
Mmmm….si no aceptas la invitación nunca lo sabrás – le respondió George con descaro.
Está bien…pero sólo porque no puedo resistirme a un pelirrojo – sonrió la morena, mientras echaba a andar por el camino decidida.
George la siguió divertido. Al fin y al cabo, no iba a ser una noche tan mala…
Ginny estaba allí, a un solo palmo de distancia, saludándole con la mano mientras sonreía, encima de su escoba. Harry intentaba llegar a ella pero cuanto más lo hacía mas lejos se encontraba, y ella gritaba ¡Torpe! ¿Es que no sabes manejar una escoba? Pero él se esforzaba todo lo que podía y no llegaba. Insistía en que era imposible llegar porque Fred y George le habían cambiado su saeta de fuego por una escoba de juguete, que no hacía más que girar y girar, sin avanzar. Entonces ella se acerco a él y empezó a darle golpecitos con su escoba en la cara y en el brazo.
Poco a poco se fue despertando del sueño y se dio cuenta de que los golpes eran reales. Pero no era Ginny, sino una lechuza que, ansiosa, le daba picotazos para que recogiera su carta.
¡Vale, vale ya voy!- dijo Harry mientras se ponía las gafas, que estaban en su mesilla.
Como pudo se quitó a la lechuza de encima, y le quito la carta que llevaba en la pata. Curiosamente, mientras lo hacía, la lechuza se había quedado totalmente quieta, como demostrando que sabía comportarse mientras el receptor de la carta no estuviera dormido.
Harry abrió la carta con curiosidad, pues no había reconocido la letra aún:
Querido Harry,
Espero
que estés bien. En el Ministerio estamos en caos. Reestablecer
todo lo que Voldemort revolvió no es una tarea fácil.
Aún así creo que al final conseguiremos reconstruir de
nuevo el mundo mágico como era antes, ¡o incluso mejor!,
me atrevo a decir.
En realidad, te escribo porque tengo una propuesta para ti. Se que una vez quisiste ser auror, y estoy seguro de que aún ansías serlo. Se que aún no terminaste Hogwarts, pero bueno, no creo que en este caso eso sea relevante. Eres un gran mago, y no creo que importen tus calificaciones en este caso.
Aún así me gustaría charlar contigo personalmente sobre este tema. ¿Qué te parece si quedamos en el Ministerio el lunes a las 10:00 a.m? A esa hora estoy libre.
Por favor contéstame mediante esta lechuza cuanto antes, si puedes.
Cuídate.
Saludos,
Kingsley.
Vaya…así que Kingsley le ofrecía un trabajo de auror…Había pensado muchas veces en esa opción pero, durante estos días, no se lo había planteado…Y… ¿así? ¿Sin terminar Hogwarts? Quizá era un poco precipitado… Bajó la mirada al pergamino que sostenía en las manos y leyó el día de la cita. El lunes… ¡eso era dentro de dos días! Bueno, podía ir allí a hablar con él, aunque no supiera aún que hacer. Además, así se ponía un poco al día de lo que pasaba en el Ministerio, porque El Profeta no decía demasiado esos días, salvo que el ministerio estaba recobrándose y que el nuevo ministro Kingsley lo estaba haciendo estupendamente, aun siendo nada más que un ministro provisional.
Si, estaba decidido, iría a hablar con él el lunes por la mañana. Así que cogió un trozo de pergamino que tenía en el antiguo escritorio de Sirius, y escribió con su pluma un mensaje breve:
Allí estaré. Nos vemos el lunes a las 10:00 a.m y hablamos.
Muchas gracias por todo.
Saludos,
Harry.
Con mucho cuidado, ató este último mensaje a la pata de la lechuza y la echó por la ventana.
Parecía que su futuro estaba a punto de empezar…
2—2-2-2-2-2++++22222+++ÇÇ22222222222---22
Hola!! Muchas gracias por sus reviewsss!!! Me animaron mucho a seguir . Por cierto he de decir que había un error en el primer capítulo y puse "nuera" en vez de yerno. Fallo técnico xD (Gracias a Emily Grenyer por decírmelo!) Me emocioné tanto al escribir que no sabía ni lo que escribía!
En fin, espero que les guste este capítulo. Como habrán notado he decidido poner un poco de todos los personajes, no como Rowling que solo muestra lo que ven los ojos de Harry, para que haya un poco de todo .
Gracias a todos de verdad!
