CASO #9: Home

Antigua casa de los hermanos Rifle.

Lavapies, Kentucky (Fry Chicken).

Una niñita dulce y pegajosa está sentada en su cama, se cubre hasta debajo la nariz con las sábanas. Su madre está al pie de la cama.

- Mamá, hay un hombre en el armario –la niña traga saliva-. Seguro que es uno de tus amantes; pendón, que eres un pendón.

La madre niega con la cabeza y se acerca al armario.

- Cariño, no hay nadie en el armario.

La madre lo abre.

- ¡Dios mío!

La niña se cubre con la sábana.

- ¡Esta ropa no es de temporada! Tenemos que ir a comprarte ropa nueva, sino al empezar en el colegio, serás el hazmerreír de todos.

Cierra el armario, y arropa a su hija. La niña sigue asustada, así que la buena madre agarra una tabla de madera y la clava en las puertas del armario con el taladro-atornillador de su ex, lo único que le dejó tras el divorcio.

Abajo, en la cocina, la mujer abre la nevera, que tiene un cierre de seguridad con combinación secreta, e inspecciona la bandeja de las verduras. Alguno de esos pepinos será su amante esa noche. Entonces oye un ruido en el sótano.

- Dios, espero que no sean hipopótamos.

Coge su Colt 45 y baja al sótano. Desde que vio "Ace Ventura 2" no soporta a los hipopótamos, y baja, escalón a escalón, con el corazón en un puño y el revólver en el otro. Enciende la bombilla, y el lúgubre lugar se ilumina (obvio, ¿no?). A los pies de la escalera hay un par de cajas de cartón, en las tapas hay notas: "viejos discos y k7", pone una. La mujer la abre y detro encuentra viejos discos y k7. En la otra nota, pegada con celo, se lee: "Fotos de familia".

- ¿Qué habrá dentro?

Tras abrirla, descubre fotos de familia. La primera foto es de aquella casa, pero diferente, como si no se hubiera quemado y luego reconstruido; en la siguiente aparece una pareja joven; en la siguiente la mujer de la pareja está embaraza; en la otra, está más embarazada; en la siguiente, vemos al doctor en el momento del parto; el niño ya nacido aparece en la siguiente, en una cuna donde se lee "DIN". En la siguiente foto, la mujer vuelve a estar embaraza y el padre lleva una calculadora y facturas; en la siguiente el mismo doctor asiste al parto; en la última foto se ve a un bebe en la cama "DIN" solo que el nombre esta tachado y ahora se lee: "SAM". En el fondo de la caja hay una extraña foto: un hombre con una frente enorme, pelo largo y húmedo, con los brazos tatuados y los ojos en blanco. Detrás de la foto hay una anotación: UnderTaker.

Entonces suena una campana lejana.

En la habitación, los clavos de la tabla se están soltando. La niña se incorpora en la cama. La tabla cae sola, y las puertas del armario se abren lentamente. La niña agarra su Teletubbie y lo lanza contra el armario, justo en el instante en que las puertas se abren de par en par, y una figura envuelta en fuego aparece. Arde el Teletubbie.

Vemos entonces la calle, con casas unifamiliares todas con su jardín y su arbolito en la entrada. En la casa que ya conocemos, el arbolito está quemado y la casa ha sufrido reformas. En una de las ventanas aparece una mujer, que está… ¡cielos! está limpiando los cristales.

- ¡Nooooooo! –Sam se despierta, está empapado de sudor y tiembla.

Dean, sentado ante el portátil, levanta la vista de la pantalla.

- ¿Pesadillas?

Sam no responde.

- Oye, ya que estás despierto… -Dean le gira el portátil para que Sam, desde la cama, pueda ver la pantalla-, he estado descargando pornografía de la red y he encontrado algunas noticias que podrían ser casos paranormales: "El Rey de España ha tenido otro nieto", francamente inquietante, ¿no? "Un tren de RENFE llega a la hora", joder eso sí que acojona…

- Dean, debemos volver a casa.

- ¿Casa? Vivimos en moteles y casas de acogida, fingiendo ser inmigrantes ilegales. No tenemos casa.

- A nuestra casa.

- Se quemó.

- La deben haber reconstruido. ¿No? Es una buena zona para edificar.

Dean consulta un mapa.

- ¿Sabes lo lejos que estamos del lugar donde nacimos?

Sam se levanta y se viste, en la penumbra se ve su torso desnudo (las fans gritan). Dean sin venir a cuento se quita la camiseta (las fans sufren desmayos).

- Debemos ir, la mujer que vive allí corre peligro.

- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes?

- Dean, en ocasiones veo muertos.

- ¿Y? Es nuestro trabajo, eso es normal.

- Veo muertos antes de morir, ¿me entiendes?

- Ni jota.

- Soñé la muerte de Rory, antes que UnderTaker se la llevase. Y creo que también soñé la muerte de Mamá.

Dean se levanta de un brinco.

- ¿La de Mamá? Pero si tú eras un bebé.

- Hermano, confía un poco en mí.

El Cadillac PostMortem aparca delante de la casa. Sam contempla el edificio, al salir del coche.

- Está igual…

- Salvo que la han pintado, han subido otro piso, han puesto ventanas en la buhardilla, han cambiado la chimenea de lugar, han quitado los columpios, y la han edificado a medio kilómetro de donde estaba la original. Sí, igual.

La puerta se abre, aparece la mujer del inicio de la historia.

Dean saca una placa del departamento de casas reconstruidas tras un incendio en circunstancias sospechosas.

- Somos…

Sam le detiene.

- Sam, y este es Dean. Vivíamos aquí, y pasábamos por el barrio…

- Que curioso, ayer estuve fisgando en cosas vuestras que hay en MI sótano. El sótano de MI casa, porque es donde vivo YO ahora. Pero pasad…

Los hermanos la siguen hasta la cocina. En la mesa, una niña dulce y pegajosa realiza ecuaciones de segundo grado. En un rincón, un niño con un moco asomando por la nariz, les mira desde detrás de una cerca de madera, junto a una oveja y a unos polluelos.

- Bonita casa –dice Sam-, la recordaba más pequeña.

- Yo la recordaba ardiendo –dice Dean-, pero así sin fuego, también es calida.

El niño moco empieza a dar brincos.

- Gintonic, gintonic, gintonic… -grita el niño.

- ¡Oh! Disculpad –la mujer se dirige a la nevera, la abre tras introducir la combinación correcta, y saca un biberón con un líquido de color altamente alcohólico-, de mayor será un borracho. Cuando antes empiece…

- Claro, claro… -dice Sam-, y esto, ee… ¿qué tal la casa? ¿Alguna cosa rara?

La mujer pone cara de sorpresa. Dean añade algunos ejemplos:

- Parientes ardiendo, desapariciones de familiares… ¿Y el padre de los críos? ¿Ha muerto de forma escabrosa quizá?

- Pues no. Bueno, el tejado tiene goteras, el suelo hace pendiente, el desagüe del váter no traga, y creo que hay hipopótamos en el sótano.

- Todo normal, pues –dice Dean, y mira a su hermano con cierto reproche.

- Mamá, pregúntales, pregúntales…

- No hijita, cuando ellos vivían aquí no había ningún hombre en el armario. ¿Verdad?

La mujer busca la complicidad en la respuesta de los hermanos.

- No –afirma Dean.

- Es cierto –niega Sam.

En una gasolinera cercana, los hermanos recargan de combustible su vehículo. El cielo está nublado y en la tele ponen una reposición de "Pretty woman".

- Dean, debemos actuar como si este fuera un caso más. Primero, hay que investigar los antecedentes de la casa.

- Espera un poco, hermanito. En esa casa no hay nada anormal.

- Como siempre, iremos a la biblioteca e investigaremos acerca de un incendio y una muerte violenta que me han contado que hubo allí.

- ¿Te refieres a Mamá?

- Intento ser objetivo. Veamos, la biblio quedaba por…

- Esto Sam…, yo no puedo ir.

Sam mira el rostro serio de su hermano.

- Sam –Dean cierra el tapón del deposito del coche, y tira del brazo de su hermano-, hay algo que ocurrió el día que Mamá desapareció que no te he contado nunca.

La voz de Dean es grave, y su tono bajo.

- Ese día hice un préstamo en la biblioteca. Y con el incendio, la desaparición y todo eso, se me pasó el plazo de devolución.

- No creo que nadie lo recuerde, ya.

- Es que nunca lo devolví.

- Dean, no importa. La gente no devuelve préstamos constantemente.

- No era un ejemplar corriente, era la única Biblia manuscrita por Jesús.

Ya solo, Dean, saca su móvil y llama a Papá. Como siempre salta su contestador.

- "Ey, ¿qué pasa, pringados? Ahora estoy desaparecido, y no quiero que me encontréis, si tenéis un fantasma en casa o algo paranormal, llamad a mi hijo Dean".

- Papá, soy Dean. No se si borras estás mensajes, porque si no lo haces se saturará la memoria y no podré dejarte más… en fin, estamos en casa. Sí, en la que se quemó. Si puedes… Papá, si puedes, ¿podrías pasar por el súper y traer yogurts sabor de galleta? Ya sabes que son mis… los favoritos de Sammy, que está creciendo aún y necesita calcio… Bueno. Y eso…. que me da corte decirlo.

- Dean.

Sam cruza la calle con el semáforo en rojo, esquivando los coches, para reunirse con su hermano.

- En la biblioteca he conocido a una vidente que sabe un huevo de lo que ocurrió en casa. Estuvo fisgando por ahí cuando desapareció Mamá. Hemos quedado para ir a meter las narices ahora. Se llama Fernández.

- ¿Qué?

- Sí, es un apellido raro, ¿verdad?

Dean saca de su bolsillo la agenda con piel de mofeta.

- La agenda de Papá. Mira, mira la primera frase de la primera página.

Sam la lee:

-"Querido diario:"

- Bueno, la segunda frase.

- "Hoy he ido a Fernández". ¡Cielos! Creía que Fernández era la ciudad.

- Y yo. ¿Cuántas ciudades llamadas Fernández debe haber? ¿Mil? ¿Dos mil? En cambio, ¿gente llamada Fernández?

- Diez en todo el mundo, quizás once.

Mientras, en otra parte…

Un perro hace caca en la acera.

Y en la casa…

Un fontanero con bigote entra en la casa. Lleva un mono de tirantes de color rojo, con una gorra a juego. En la mano una caja de herramientas, y en la otra una seta gigante. Sigue a la mujer hacia el lavabo.

- Es muy enojoso tener que ir a hacer esas cosas en el patio trasero, y más con una niña y un bebé pequeño. Pero es que el váter no traga.

- ¿No habrá tirado ahí la mascota, verdad? –pregunta el hombre.

- Oh, cielos, no.

- Estuve en una casa donde habían tirado la tortuga por el váter, cuando lo desatasqué salió de repente del tubo, y tuve que saltarle encima para hacerla desaparecer. Me pagaron apenas con una moneda.

La mujer se va a ver la telenovela, y el hombre tras asegurarse que el fondo del váter está limpio y cristalino, se sube la manga, y mete la mano. Mientras la mano palpa, la mirada del hombre se dirige a la cesta de la ropa sucia, e inspecciona las bragas de la mujer: son de la marca princesa, por supuesto.

Suena el timbre.

La mujer abre, y se encuentra con los hermanos Rifle y una mujer, encima del felpudo de la entrada.

- ¿Otra vez? Ya os dije que ahora la casa es MÍA.

Se oye un grito desgarrador procedente del piso superior.

- Verá, -dice Dean-, tenemos razones para creer que usted y su familia están en peligro.

- ¿Lo dice por el grito? Se oye dos o tres veces al día.

- Sabemos que en la casa ocurren cosas extrañas.

- ¿A qué se refiere?

El fontanero baja corriendo las escaleras. Grita sin cesar hasta llegar a la puerta. El hombre bigotudo del mono y la gorra rojos, se ha vuelto diminuto. Sale y se larga sin detenerse.

- A cosas como esa –dice la mujer del felpudo-. Blanquita, será mejor que nos dejes pasar. Sabemos lo que nos hacemos.

En la habitación de la niña dulce y pegajosa, la que antaño fue la habitación de Sam (lo sabemos porque tras la puerta hay un garabato: "Sam, de vevé, stubo aki.") los hermanos observan a la vidente. Ésta pasea con calma, removiendo el contenido de los cajones, y rebuscando en los bolsillos de la ropa.

- Es hora de sacar mi fantasmómetro –dice Dean.

- Es un mp3 al que le has puesto luces de Navidad.

- Qué te calles.

- Por que tú lo digas.

- Callaos los dos –dice la vidente-, noto una presencia. No, más de una.

- Somos nosotros, ¿no? –pregunta Dean.

La vidente, tras abrir el armario, se para en seco.

- Aquí hay un poltergeist.

- Cielos –dice Sam-, ¿se refiere a qué la casa está embrujada realmente?

- Me refiero –dice la mujer-, a que han alquilado "Poltergeist".

Y saca el dvd de la película del fondo del armario.

Tras husmear en otras habitaciones, la vidente presenta el siguiente informe:

- Hay presencias malignas en la casa. Pero no es lo que hubo antaño, no es el que se llevó a vuestra madre…

Entonces suena una campana, y de la calle empieza a surgir una siniestra niebla.

- ¿Y esto? -dice Dean-, es la presentación de UnderTaker. Lo sé, no me pierdo ni un combate de SmakDaun.

- Esto es el campanario de la Iglesias de la esquina, es la una y ya aparece la tópica niebla de medianoche. Vamos, tenemos que exorcizar la casa.

- ¿Cómo?

- Traigo aquí un poco de tierra –dice la vidente- tierra Santa, que yo misma he mezclado con agua bendita, y alcohol de quemar. Y un poco de mayonesa caducada.

Tras leer el manual de instrucciones acerca de exorcismos, los hermanos se reparten las pócimas y los diferentes pisos de la casa.

Cinco minutos después la casa ha sido exorcizada, sin que nada anormal haya ocurrido. Así que se despiden. La vidente les extiende la factura, y los hermanos se la pasan a la mujer. Ésta se la da la niña, que garabatea encima con sus plastidecor.

- A ver –dice Dean-, explícame otra vez porque estamos en el coche, vigilando la casa.

- Por si acaso.

- ¿Qué? La vidente ha dicho que ya está, y el fantasmómetro no detecta ya nada.

- Ah, ¿pero es que antes detectaba algo? Esperaremos un poco más.

En la casa, la mujer rebusca en los bolsillos de la ropa monedas y billetes. Pero han desaparecido. En la cocina, en su rincón vallado, el niño gintonic, tiene sed. La cabra mastica un calcetín y los polluelos duermen en fila india. Entonces la valla de madera que lo tiene encerrado cae. La cara del niño expresa sorpresa. La nevera, que sólo se abre mediante una combinación ultra secreta, se abre sola. El niño ve el biberón de gintonic junto al pepino amante. Corre hacia el licor. Tropieza y cae. Afloran lagrimones en sus ojos, pero se levanta (venga muchacho, tú puedes) y llega hasta la nevera. El biberón deja el estante de la puerta y se adentra en el fondo de la nevera, junto a la col y los pepinos vírgenes. El niño se sube al cajón de la verdura y entra en la nevera. La puerta de la nevera se cierra despacio, despacio. Y el niño queda dentro.

A la mañana siguiente, la mujer se levanta temprano, sobre las doce o así, y baja a la cocina con intención de desayunar. Cuando ve la hora en el reloj de pared, se da cuenta de lo tarde que es, y como tiene una entrevista de trabajo, se va corriendo sin desayunar.

Por la noche, la mujer decide freírse un huevo para cenar. Ya tiene el asa de la puerta de la nevera, cuando oye por la tele que el huevo engorda, así que decide comer solo migajas de pan, y un pastel de chocolate con caramelo que le ha regalado la vecina.

Hacia medianoche, le entra sed y baja a la cocina. Abre la nevera y agarra un cubito gigante que hay. Se da cuenta que es su bebé, y lanza un sonoro y terrible grito:

-¡Ouc!

Los hermanos Rifle, que siguen en le coche, oyen el grito y corren hacia la casa. Dean lanza una silla de jardín contra la ventana de la salita y se lanza dentro. Sam, por su parte, entra por la puerta, que está abierta. Dean, saca a la mujer, a la niña y al cubito de hielo. Sam intenta salvar los viejos discos de Motörhead del sótano. Con la caja en su poder, sube hasta la que fue su habitación, para contemplar su garabato de detrás de la puerta. Craso error. En ese instante la puerta del armario se abre de par en par, y una llamarada sale prendiendo las cortinas, la colcha de la cama, el tapete de punto de la mesilla, y los papeles que hay dentro del cubo de la basura. Sam aparta la vista, y no ve como una figura humanoide, enorme y envuelta de fuego, hace su aparición. Con los brazos delante del rostro, debido al calor y a las llamaradas, Sam logra entrever la figura enrojecida, de una mole de terror e ira. No es otro que Kane, el Atormentado, el diablo rojo, el célebre luchador de la "WWE Smackdown v.s Raw 2008 now for PSP for only 59,90"

Kane prepara su garra. Lanza su mano contra el cuello de Sam y lo empotra contra el armario empotrado. Los pies de Sam no tocan el suelo, pero su cabeza tampoco toca el techo (lo que es un alivio porque está ardiendo). Se oye la cuenta. Uno… dos… justo entonces aparece Dean y aparta a Kane, que cae al suelo.

En el fuego que envuelve a Kane, se vislumbra una figura femenina. Dean la observa fuera de sí:

- ¿Mamá?

- Pues claro que soy yo... cielos, Dean, qué ropa que llevas, pareces un hippie. Al menos llevarás la ropa interior limpia, ¿no? –la mujer se acerca entonces a Sam-, ¿y tú? ¿Qué pelos son esos? A cortarte el pelo ahora mismo.

- Mamá, yo…

- ¿Y es qué no vais a darle dos besos y un abrazo a vuestra madre?

- Es que estás ardiendo…

- ¡Excusas! –grita la mujer-, ¿y por qué no habéis llamado? Más de diez años sin saber de vosotros, ¿no os da vergüenza hacer sufrir así a una madre?

Kane, que está tirado en el suelo, se incorpora de repente, y los mira.

- Mamá…

- Calla Sam. Ya sabes que no me gusta que habléis cuando interrumpo.

- Mamá, ¡Detrás de ti!

Mamá se gira y ve a Kane viniendo hacia ella, le lanza una patada en la entrepierna, y el diablo rojo cae redondo y desaparece.

- ¿Y vuestro padre? No, no quiero que os disculpéis por él. Espero que cuando vuelve arregle de una vez el váter atascado.

Y así, la aparición de Mamá se esfuma en la habitación.

Es la hora de decir adiós. Y los hermanos se despiden.

- Gracias otra vez –dice la mujer, que sostiene el bebé ya recuperado-, el fuego que provocó vuestra madre deshizo el hielo que cubría a mi hijo.

- No es nada –dice Dean.

- ¡Aunque me ha quemado la casa! ¿Y ahora dónde vamos a vivir?

En las escaleras, Sam charla con la vidente.

- ¿Me puede dar una explicación de lo que ha ocurrido aquí?

La mujer que tiene entre sus manos el guión del capitulo pasa las páginas hasta la sinopsis argumental.

- Tú madre se ha sacrificador por vosotros; desde allá donde esté ha agarrado a ese Diablo rojo y le ha dado una patada en los cataplines reales.

- ¿Y dices que no era el mismo que se la llevó?

- No, este era un espíritu mucho más débil. Pero un día tendrás que luchar contra él.

- Estaré preparado, señora.

Unos minutos después, el Cadillac PostMortem arranca. Sam lanza una última mirada a la que fuera su casa, y en la ventana del piso superior ve a la mujer en la ventana, está… ¡sí, está limpiando los cristales! Mientras se alejan, Sam confirma que tiene sueños premonitorios, lo anota en su agenda para no olvidarlo.

La vidente entra en su casa con un fardo lleno de monedas y lo deja sobre la mesa junto a la factura del exorcismo que acaba de cobrar. En la salita, un hombre barbudo contempla ansioso el canal porno.

- Señor Rifle –dice la vidente-, cómo puede ignorar a sus propios hijos. Le necesitan…

- Aún no es el momento que vuelva con ellos…

Los hermanos Rifle llegan al motel. En la mesita de noche hay un pack de cuatro yogurs sabor de galleta. Dean y Sam los contemplan.

- ¿Papá?

¿Quién sino, les ha dejado ese pack de yogurs?

-FIN-