Capitulo 2
Ginevra Weasley se despertó, cuando escucho una voz familiar, no podía creer que se encontrara en el mismo compartimiento la persona que más detestaba.
No puedo creer que sigan con esa investigación – decía esta voz, mientras leía El Profeta.
¿¿Malfoy?? – dijo Ginny todavía soñolienta.
Draco Malfoy dejo el periódico a un lado – No puedo creerlo, una Weasley por aquí – dijo con una sonrisa maliciosa.
¿Qué haces en mi compartimiento? – dijo ella sobándose los ojos.
¿Perdón? – dijo él, arqueando una ceja – No veo en ningún lado que diga que este compartimiento sea tuyo. Además no creo que puedas pagar uno. Deberías irte a otro sitio a seguir roncando.
Ginny no podía creer con la suerte que contaba, quería cambiar de ciudad, no ver a personas conocidas y en ese mismo tren, en ese mismo compartimiento se encontraba el enemigo de su familia, Draco Malfoy. Le dirigió una mirada de odio
- ¡Yo no ronco! Y si no te agrada mi presencia vete a otro compartimiento que este vació – dijo ella cruzándose de brazos y todavía mirándolo con odio.
Draco sonrió de lado y dijo.
- No Weasley, te estas equivocando de persona, tú no me das ordenes – dijo arrastrando las palabras, como era de costumbre en él – en todo caso si te incomodo vete tú – dijo él, dirigiéndole una mirada de odio.
Ambos se quedaron mirándose con odio, casi sin pestañear durante un largo tramo del viaje. Hasta ignoraron a la señora que estaba sirviendo bebidas, quien se canso de esperar respuesta de ellos.
Señores, quisiera ver sus ticket, esto es solo rutina – dijo un señor que ingreso medio cuerpo en el compartimiento – Por favor.
Tome señor – dijo Draco extendiéndole el suyo – Cuidado con esta persona – dijo señalando a Ginny con la mirada - Creo que se ha introducido en este tren como polizonte – dijo sonriendo maliciosamente.
El señor se alarmo y miro a Ginny, quien rápido le entrego su ticket para que comprobara que no era polizonte.
Muchas Gracias – dijo el señor – disculpen por las molestias.
Espere Señor – dijo Ginny, antes de que el señor saliera – Quisiera saber si hay otro compartimiento libre, para que me pueda trasladar – dijo ella, esperando que él señor le dijera que si.
Draco mientras volvía a abrir su periódico, sonreía triunfalmente.
- Disculpe Señorita, pero todos están llenos – dijo el Señor, luego de esto se retiro.
- Pobre Weasley – dijo ahora Draco, mirándola a los ojos – ¿Te vas a poner a llorar? O ¿No puedes resistir estar cerca de mí?
- No tienes idea – dijo Ginny sarcásticamente, mientras que Draco la miro furioso.
Luego de un rato de dirigirse miradas de odio, cada uno volvió a lo suyo, Draco Malfoy siguió leyendo el profeta y Ginevra saco un libro, el cual se puso a leer. Ambos se quedaron en sus respectivos mundos hasta que una señora de mayor edad les toco la puerta del compartimiento.
Buenos días jóvenes – dijo la señora muy amable.
Buenos días - dijeron ambos a la vez, mirándose luego con odio.
¿Desean algo del carrito de caramelos? – dijo sonriendo afablemente.
¿Cuánto cuestan esos chocolates de envoltura violeta? – dijo Ginny señalando el producto en el carrito.
Weasley, no creo que puedas pagar uno – dijo Draco sonriendo, ya que pensaba dejarla en ridículo.
Pero señorita no se preocupe – dijo la señora sonriendo – para eso esta su esposo, él debería pagar como buen caballero.
¡¿Qué?! – dijo Draco abriendo los ojos desmesuradamente, lo mismo que su boca.
Que un caballero debe de pagar lo que desee su esposa, además se ve que son recién casados – dijo la señora sonriendo, mientras Ginny se reía por lo bajo por la actitud de Draco – eso tratos siempre se dan al inicio, luego te dirá amor, cariño o diosa divina.
Ginevra no pudo aguantar más la risa y comenzó a reírse como loca, se sujetaba la panza y lagrimas le salían por los ojos de reírse tanto. Draco se encontraba de todos los colores, además, de que si con las miradas de verdad se podría matar a alguien, esa señora ya estaría en el otro mundo.
Disculpe señora – dijo Draco tratando de guardar compostura – pero nosotros no estamos casados y nunca lo estaremos.
¡Oh! Es una pena que no lo estén, harían una pareja muy linda, los dos son muy guapos – dijo la señora, mientras Ginny dejaba de reírse por el comentario – Pero joven – dijo la señora volteando a mirar a Draco a los ojos y apuntándole con el dedo índice – Nunca diga nunca.
Señora, no vamos a ordenar nada – dijo Ginny dirigiéndose a la señora antes de que Malfoy la mate por apuntarle – Gracias de todos modos.
Si, señora, vaya a fastidiar a otros – dijo Draco dejando de observar a la señora y volviendo a El Profeta.
Con su permiso, jóvenes – dijo la señora cerrando al puerta del compartimiento.
¿De qué te reías tanto Weasley? – dijo Draco sin mirarla.
De ti, de quien más – dijo Ginny también sin mirarlo.
Weasley de mi nadie se ríe, y por lo visto no te hizo mucha gracia el ser señora Malfoy – dijo Draco mirándola por el rabillo del ojo.
Por lo menos a mí, una persona cuerda, no le gustaría ni muerta ser tu esposa, pobre de aquella que caiga en tus garras – dijo dramatizando con sus brazos.
Ya me las pagaras Weasley – dijo Draco.
Luego de esto, ambos no se miraron ni se dirigieron la palabra. Cada uno volvió a lo que antes estaba haciendo, antes de que los interrumpa esa señora.
Señores Pasajeros, hemos llegado a la ciudad destino, sean amables de ir preparando su equipaje – dijo una voz.
Ya llegamos, por fin – dijo Ginny levantándose de su asiento, cogiendo sus maletas. Pero justo cuando estaba a punto de salir, Draco se interpuso.
Muévete Malfoy – dijo Ginny furiosa.
Espera Weasley – dijo, volteo a mirarla y con una sonrisa maliciosa – No encuentro mis maletas – dijo esto rascándose la barbilla, entrecerrando los ojos.
Malfoy, están allá arriba – dijo Ginny muy furiosa, señalando las maletas – Ahora déjame salir.
¡Oh! Ahí estaban – dijo Draco tratando de alcanzarlas, parándose en medio del compartimiento.
Ginny con un movimiento rápido, empujo a Draco, quien cayó en el asiento
- Que modales tienes Weasley – dijo Draco furioso.
No fastidies Malfoy – dijo Ginny saliendo del compartimiento.
Ginny salio del tren, se dio cuenta de que en esta ciudad hacia menos frío, sonrió mirando hacia el cielo, empezó a caminar dirigiéndose a la ciudad.
Buenas Tardes Señor – dijo Ginny, dirigiéndose a la persona que se encontraba sentado fuera de un edificio.
Buenas Tardes, Señorita – dijo el señor, apartando su vista del periódico, para ver a la persona que le hablaba - ¿desea algo?
Si – dijo ella mirando el lugar – quisiera saber si tiene alguna habitación libre.
Déjeme pensar – dijo el señor, rascándose la barbilla – Si, tengo una habitación libre, ¿desea verla? – dijo parándose.
Si, por favor – dijo ella, cargando otra vez sus maletas, caminando detrás del señor.
El lugar no estaba muy cuidado que digamos, pero se podía vivir allí. Tenia un aspecto campestre la pensión. El cuarto, ya que ella no tenia suficiente dinero para alquilar un departamento, era espacioso, y entraba mucha luz por la ventana, algo que a Ginny le agrado.
Eso es todo señorita – dijo el señor, mientras le daba las llaves a Ginny – No se olvide de pagar a fin de mes.
No se preocupe señor – dijo ella con una sonrisa.
Bueno – dijo el señor, dirigiéndose a las escaleras – Cualquier cosa me avisa, mi nombre es John.
- Muchas Gracias, John – dijo Ginny. Cerró la puerta y volteo a ver el lugar donde iba a vivir. No era el lugar que había imaginado para comenzar de nuevo, pero era aceptable por el momento hasta que consiguiera dinero y pudiera mudarse a otro lugar.
Se quedo todo ese día dentro de su habitación, arreglando sus cosas, mirando a través de la ventana, el cielo estaba gris eso la deprimió un poco, le hizo recordar toda esa tristeza que quería dejar atrás, más no pudo resistir y se echo a llorar. Se acostó en su cama, llorando sin cesar, no podía creer que todavía siguiera ese dolor, y así se quedo dormida, mientras lloraba.
Al día siguiente, ella se levanto con los ojos hinchados, fue a bañarse, arreglarse un poco y salio de la pensión. En el jardín de esta, encontró aun señor mayor que estaba cuidando del jardín.
Disculpe, señor – dijo Ginny.
Dígame, señorita – dijo el señor dejando sus herramientas de lado – en que la puedo ayudar.
Bueno – dijo ella recogiéndose un mechón de su cabello – Soy nueva en esta ciudad y no se a dónde podría ir para desayunar. Quisiera saber de algún lugar para ir.
Hay varios restaurantes cerca de aquí – dijo rascándose la barbilla y mirando hacia el horizonte – Pero el más cercano se encuentra si va por esta calle, en una o dos cuadras encontrara un pequeño restaurante que preparan buenos desayunos – dijo el señor mientras le señalaba con las manos la dirección.
Muchas gracias, señor – dijo Ginny mientras se dirigía hacia la calle.
Ese día fue hasta ese restaurante, se dio cuenta que era pequeño y no tenia mucho lujo, pero la comida era muy rica. Luego de pagar la cuenta, se dirigió otra vez hacia la pensión, quería primero pedir algún tipo de mapa, para poder salir sin preocupaciones por la ciudad.
Cuando llego a la pensión, no encontró al señor que la había ayudado, camino hasta su habitación, pero justo cuando iba a abrir la puerta, escucho un llanto que provenía de la habitación que se encontraba frente a la de Ginny.
Mamá yo quiero comer eso – dijo una pequeña a su madre, mientras ella salía de la habitación - ¡Mamá! – gritó la pequeña.
No, Breanna, dulces no puedes comer a esta hora – dijo su madre, mientras que la pequeña se ponía a llorar y a hacer una rabieta – No, Breanna por favor no te pongas así, ya te dije que no. ¿Qué hago ahora?
¡Mamá!, ¡Yo quiero eso! – dijo la pequeña entre gritos y sollozos.
Pequeña, ya no llores – dijo Ginny acercándose a la pequeña - ¿Qué es lo que quieres comer?
Ese chocolate que viene con un juguetito – dijo la pequeña limpiándose con su puñito las lágrimas – y mi mamá no me quiere dar.
Pero pequeña – dijo Ginny cargándola – no debes llorar por eso – dijo limpiándole la carita.
Pero yo quiero uno – dijo la pequeña haciendo un puchero.
¿Cómo te llamas? – dijo Ginny.
Yo me llamo Breanna – dijo la pequeña mirándola.
Breanna, ¿Has desayunado? – pregunto Ginny.
No – dijo la pequeña moviendo su cabecita.
Es por eso que tu mamá no te lo quiere dar ahorita –dijo Ginny moviendo su cabeza – Primero tienes que desayunar y luego lo comerás
¿Me lo prometes? – dijo al pequeña, sus ojitos le brillaban.
Ginny en ese momento volteo a ver a la mamá, que todo ese rato se mantuvo callada.
Claro, Breanna, desayunas primero y luego lo comerás – dijo la mamá acercándose.
Esta bien, mamá – dijo la pequeña extendiendo sus brazos a su mamá, quien la cargo y recibió un beso de su hija.
Ahora ve a recoger tu abrigo – dijo la mamá, mientras depositaba a la pequeña en el suelo.
Breanna entro corriendo a la habitación para recoger su abrigo.
Muchas gracias – dijo la madre, mientras le daba la mano a Ginny - ¿Cuál es tu nombre?
Ginevra, pero todos me dicen Ginny – dijo.
Me llamo Kyndra y muchas gracias por ayudarme con Breanna, me estaba volviendo loca con su rabieta.
A si son los niños – dijo Ginny sonriendo.
¿Eres madre? – dijo Kyndra mirando curiosamente.
No, soy profesora de inicial – dijo Ginny moviendo las manos.
Oh, y ¿en dónde trabajas? – pregunto Kyndra.
Por el momento en ningún lugar – dijo Ginny – recién me acabo de mudar a esta ciudad y no creo que necesiten de una profesora a mitad de año.
Tienes razón – dijo Kyndra mirando hacia su habitación - ¡Breanna sal ya! – volteo otra vez hacia Ginny – es que hoy comienzo en un nuevo trabajo y necesito dejar en algún nido a Breanna.
¿No hay uno dentro de la empresa donde trabajas? – pregunto Ginny.
No lamentablemente – dijo – el dueño odia a los niños.
Debe de ser una persona detestable – dijo Ginny cruzándose de brazos. Kyndra simplemente sonrío.
De seguro – dijo – se me hace tarde – dijo mirando su reloj.
Kyndra si quieres yo la puedo cuidar hasta que vuelvas – dijo Ginny – yo vivo aquí al frente tuyo.
¿De verdad? – dijo Kyndra con los ojos brillantes y agarrando las manos de Ginny – eso me ayudaría bastante. ¡Gracias! – y abrazo a Ginny.
No te preocupes – dijo algo asustada por la reacción de Kyndra, luego separándose de ella – sólo voy a salir a buscar algún trabajo.
¿De profesora? – pregunto.
No, de verdad de cualquier cosa – dijo – hasta de mesera podría trabajar, solamente deben de pagar bien.
Un lugar donde pagan bien ese en un restaurante fino – dijo Kyndra llevándose un índice a la barbilla – como se llamaba,… ¡Ah! Ya me acorde, toma aquí te escribo la dirección y vas a averiguar. De seguro que necesitan gente, es nuevo.
Gracias, me salvaste la vida – dijo Ginny saltando de emoción.
No te preocupes, solo devolviendo el favor – dijo soltando una risita y entregándole el papel con la dirección – Breanna te vas a quedar con Ginny, ella te va a cuidar, ¿ok?
Esta bien mamá – dijo la pequeña saliendo de la habitación - ¿volverás rápido, verdad mami?
Si, amor – dijo Kyndra dándole un beso a su hija y bajando las escaleras – volveré en la tarde. Cuídense.
Ginny llevaba en brazos a la pequeña Breanna, quien sonreía mucho ya que iba, luego del desayuno, comer su chocolate favorito. Luego de que la pequeña desayunará donde Ginny había desayunado ya temprano, salieron a buscar una tienda de dulces.
¿Ya me lo vas a comprar? – pregunto Breanna mirando a Ginny.
Si, sólo tenemos que encontrar una tienda de dulces – dijo Ginny mirando todas las tiendas de la calles, esperando encontrar una dulcería pronto - ¿Cuántos años tienes?
Tengo cinco años – dijo la pequeña mostrándole su edad con la mano.
Mira ahí hay una tienda, vamos – dijo Ginny bajando a la pequeña de sus brazos y caminado con ella agarrándola de la mano.
¡Yupi! – dijo la pequeña tratando de correr y arrastrar a Ginny hacia la tienda.
Luego de entrar y comprar el dulce a la pequeña, fueron a buscar la dirección que le habían dado. Luego de caminar por un tiempo encontraron el restaurante. Kyndra tenía mucha razón era un restaurante muy fino y se notaba que era muy cara la comida ahí. Entrando en el lugar.
Buenos días – dijo Ginny temerosa, no había persona cerca.
Bonjour mademoiselle – dijo un señor, con bigote de aspecto francés mucho mayor que Ginny.
Hola – dijo Ginny mientras Breanna se escondía detrás de ella – quería saber si todavía necesitaban meseras para este local.
El señor se llevo una mano a la barbilla, y la miraba evaluadoramente.
Alta, buena presencia – empezó a dar vueltas alrededor de ella – pero con una hija – dijo despectivamente.
¡Ella no es mi mamá! – grito Breanna al señor, luego le saco la lengua. El señor miro a la pequeña y luego poso su mirada en Ginny.
Es verdad, no es mi hija, la estoy cuidando – dijo Ginny nerviosamente.
Bueno, en ese caso, podría comenzar ¿mañana? – pregunto el señor.
Por supuesto – dijo Ginny - ¿Pero cuanto tiempo debo trabajar al día? ¿y cuánto me van a pagar?
Sígame por aquí, mademoiselle – dijo el señor mostrándole el camino con su mano – con la señora le daremos los horarios y cuanto será su sueldo. Por cierto, ¿su nombre cuál es?
¡Oh disculpe mi descortesía! Me llamo Ginevra Weasley – dijo Ginny extendiéndole la mano.
Un placer, Ginevra – dijo el señor su nombre con acento francés – Mi nombre es Pierre D'Fount. Vayamos con la señora Dominique.
Luego de esto, Ginny siguió a Pierre, sujetando a Breanna de la mano. No tomo mucho tiempo para conocer a la señora Dominique quien se veía muy agradable. Era una señora mayor, pero no tanto, de unos cuarenta años; era robusta, de tez morena y ojos color cielo. Ella le dio las indicaciones de sus horarios y la clase de preparación que iba a tener esa tarde para que pueda comenzar al día siguiente. Iba a trabajar de martes a sábado, en un horario extenso, que ocupaba las horas punta del restaurante, para el desayuno, almuerzo, hora del té y cena, pero le iban a pagar lo suficiente por ello.
Ginny regreso a su casa completamente feliz, ya tenia trabajo y comenzaba al día siguiente. Para la hora de almuerzo apareció Kyndra, quien acabo rápido su trabajo y recogió a Breanna quien se había divertido mucho ese día. Ginny le contó acerca de su nuevo trabajo y el horario que iba a tener, Kyndra le contó que había encontrado una guardería cerca de su trabajo y no debía de preocuparse por ello.
Ese día Ginny se fue a dormir tranquila, pero ni bien recostó su cabeza en la almohada, se acordó de ese dolor y comenzó a llorar.
