Disclaimer: No me pertenecen Kingdom Hearts, Final Fantasy, Disney Enterprises ni ninguno de sus personajes o acontecimientos, este Fic solo posee fines lúdicos.

"Almas Perdidas"

Capitulo 2: "Cambio"

— Roxas… ¿Has visto a Sora?

El recién nombrado se incorporó del asiento que ocupaba en la plaza de la ciudad, volteando hacia la recientemente llegada pelirroja, quien le indicó que no se levantara con un suave movimiento de su mano.

Roxas sonrió levemente cuando Kairi tomó asiento junto a él:

—No le he visto hace un buen rato…

Kairi frunció el ceño mientras se recostaba en la butaca:

—Bonita manera de tratar a su invitado, apenas hace dos horas que llegaste y él se desaparece sin siquiera…

—Ya… no seas dura con Sora Kai, después de todo, yo no estaría aquí si no fuera por él…

La joven esbozó una sonrisa.

Sora siempre había tenido una conexión especial con Roxas y probablemente ese vínculo fue lo que le permitió convencer al joven incorpóreo de oírle cuando este se hallaba cegado por la muerte de Axel, su mejor y quizá único amigo en todo el mundo.

Kairi estrechó sus propias manos sin notarlo.

Si Roxas no se hubiera detenido a oírle, si ofuscado por el deseo de venganza, no hubiera entendido que Sora no era el responsable de lo que ocurrió con Axel… …Pues seguro que no estaría sentado junto a ella ahora mismo.

La joven de fogosa cabellera se sonrió débilmente, fijando los suaves orbes sobre su acompañante al hablar:

—Y es algo que le agradezco todo los días…

Roxas arqueó las cejas, ya olvidado del tema anterior:

— ¿Eh…? Disculpa Kairi, no te oía…

— ¡Oh…! —La joven sonrió algo apenada, ocultando el rubor que se había apoderado de su faz— No, deja, no es nada… dime Rox, ¿Cómo va todo en Villa Crepúsculo?

—Bien, pues… bastante bien, si obviamos el hecho de que no tenía ni en donde caerme muerto.

Kairi frunció el ceño:

—No te alegres, no es nada gracioso.

Roxas se sonrió levemente, indudablemente, Sora y él mismo compartían el hábito de sonreír ante las dificultades:

—De cualquier modo, la oportunidad de ayudar a Sora en la confitería mejorará mis ingresos mensuales. Todavía no consigo entender que lo llevó a cambiar de opinión, siempre dijo que podía apañárselas sólo…

La joven arqueó las cejas de par en par:

—Entonces todavía no te lo ha dicho…

— ¿Hmn…? ¿Decirme "qué"?

—Ha llamado a Riku.

Roxas parpadeó con incredulidad:

—No me lo creo.

—Pues créelo; viajará aquí en tres días, él y Sora acordaron que un poco de ayuda en el negocio no le vendría nada mal.

—No es extraño que Sora cambie de opinión a la mínima palabra de Riku, lo que me extraña es que él haya decidido volver después de… bien… tú ya sabes…

Kairi meneó la cabeza, el semblante recogido al declarar:

—Riku no lo propuso, de hecho, Sora pensó que la única forma de hacerle volver era decirle que necesitaba su ayuda.

—Y él aceptó.

—A pesar de todo lo que pasó… ambos sabemos que Riku jamás podría darle la espalda a alguien que necesita.

—Entiendo. Pero… después de ¿Cuánto ha pasado? ¿Tres años?

—Cuatro.

—Es mucho tiempo.

Kairi suspiró imperceptiblemente:

—Lo sé. Y precisamente por eso sé que él vendrá. Ha sido… demasiado tiempo… en el que ambos han vivido vidas separadas. Sé que tanto Sora como Riku, necesitan redimirse del pasado como nada más.

El pasado.

El mismo pensar ocupaba la mente de Sora mientras contemplaba como el sol se ponía sobre el horizonte, el reflejo del brillante astro desmaterializándose sobre las cristalinas aguas que bañaban la dorada playa.

Odiaba admitirlo pero… estaba ansioso; ansioso de volver a ver a su viejo amigo en el nunca cambiante paisaje de la tierra que los vio crecer.

Y anhelante también, de que las cosas finalmente se encauzaran por el buen camino.

Las cosas que habían ocurrido cuatro años atrás no se repetirían. El semblante de Sora se llenó de determinación con solo pensarlo; como si su vida dependiera de eso se prometió a si mismo que no permitiría que los fantasmas del pasado volvieran para acosar a su mejor amigo.

Riku había sufrido demasiado.

Y no podía negar que, en buena parte, todo era su culpa.

¡Si tan sólo lo hubiera sabido antes!

Pero, cuando lo supo… ya era demasiado tarde. Riku no estaba y tampoco quien les hizo tanto daño a ambos.

Se obligó a incorporarse del sitio que ocupara sobre la vieja palma de fruta paopu; no podía quedarse allí durante los próximos días. Ya suficiente tiempo había perdido en lo que iba de la semana sentado en la playa, meditando, acerca de lo que sucedería al llegar el tan ansiado día.

Ahora necesitaba ponerse de pie. Dirigirse a casa e informar a Roxas de las tareas con las que lo asistiría en la confitería.

Se llevó los brazos tras la nuca, dejando escapar un enorme bostezo al hacerlo.

Suavemente, sus azulados orbes se posaron sobre el sol poniente y por alguna misteriosa razón, tuvo la seguridad de que todo marcharía bien.

— ¿Sora-a…?—la voz de Kairi hizo eco en la sala de estar de la veraniega choza donde residía el portador de la llave espada — ¿Sora, estás en casa?

— ¿Hmn?—Sora se dejó oír desde la cocina— Aquí estoy, Kairi.

Apenas la joven se asomó a la cocina, una enorme sonrisa escapó de sus labios:

—No puedo creer que casi me pierdo esto.

Roxas le dirigió una de sus típicas miradas que parecían decir: "Si te ríes te mato" mientras que su castaño acompañante esbozó una amplia sonrisa, ambos jóvenes cubiertos de pies a cabeza de crema repostera, vistiendo prolijos delantales.

Kairi se inclinó, traviesa, sobre el mostrador:

— ¡Este sitio es un desastre…! ¿Qué están planeando?

Sora soltó una risita triunfal:

—Inicialmente: enseñarle a Roxas a preparar algo decente, después: tratar de sobrevivir al intento.

El recién mencionado se limitó a soltar un respingo:

—No me culpes, no estoy hecho para esto… creí que necesitabas ayuda de otro tipo…

— ¿De otro tipo? Bah, ¿Qué otra cosa podías hacer en una repostería?

—Cualquier cosa menos pastelitos…

—Ya. —Kairi se metió un panecillo a la boca — Si están deliciosos.

— ¿Lo ves, Rox?— Sora sonrió con delicia — ¡Si Kairi los aprueba yo también!

El rubio frunció el ceño con distracción, mientras se ocupaba en colocar una bandeja repleta de galletitas en el horno:

— ¿Quién lo diría? Los salvadores de los mundos acabaron horneando galletas con forma de animalitos…

Kairi se sonrió con picardía:

—Empiezas a sonar igual que Riku, Rox.

—Créeme, dirá lo mismo en cuanto llegue.

—Cuando llegue…— Sora se volteó hacia ambos con una sonrisita trémula bailando en el rostro—… ¿Creen qué decida quedarse en la isla?

La joven y Roxas intercambiaron miradas, siendo la primera quien tomó la palabra:

—No vayas con tanta prisa Sora…

— ¿De qué hablas…?

—Sabes que Riku ha pasado por mucho y…

— ¡Y por eso mismo lo digo! ¡Quedarse encerrado en ese horrible apartamento, en esa ciudad donde no tiene a nadie con quien hablar, no va a ayudarlo para nada!

Kairi se cruzó de brazos, su típica sonrisa maternal adornando su tez:

—Y apresurar las cosas tampoco va a conseguirlo.

Sora dejó caer los hombros, repentinamente, mucho más perturbado:

—No quiero que vuelva a marcharse…

Esta vez fue Roxas quien habló, la espalda recostada contra una de las desordenadas encimeras:

—No te precipites. El sujeto ni siquiera ha llegado y tú ya estás previendo lo que ocurrirá cuando tenga que marcharse.

Sora se cruzó de brazos, bastante contrariado con la situación:

—No se pongan en mi contra. Sólo quiero ayudarle.

Kairi sonrió con consideración, revolviéndole el cabello a su mejor amigo al hacerlo:

—Lo sabemos y por eso ambos queremos que te lo tomes con calma. ¿Sabes? La mejor manera en la que podrás ayudarlo será siendo tú mismo, contagiándole esa alegría de vivir que llevas dentro.

Roxas sonrió al notar como el rubor subía al rostro de Sora, evidentemente, las palabras de Kairi todavía podían con él.

Y así era.

Sora no podía evitar ocultar que Kairi tenía algún tipo de control misterioso sobre todo su ser, alguna fuerza poderosa, que le instaba a siempre y fuera cual fuera la situación develar las encrucijadas más turbias de su intrincado corazón.

Vaya.

Se hizo una nota mental a sí mismo: debía preguntarle a Sora como iban las cosas con Kairi en cuanto tuvieran algún tiempo libre.

De repente, el incorpóreo notó que un gesto desagradable se formaba en sus pálidas facciones, lejos de intentar descifrar el motivo, se limitó a aclararse la garganta:

—Entonces, Sora: ¿Has dicho que llegará en tres días?

El aludido volteó a verle, apartando su mirada del rostro de Kairi:

— ¿Eh? Si, claro, estará aquí el domingo.

Roxas volvió a su anterior tarea de cortar la masa con un molde platinado, un poco disgustado todavía:

—Está bien, supongo que iremos a esperarle.

Sora esbozó una sonrisa amable, intercambiando miradas con Kairi al hacerlo:

—Nosotros iremos ¿Vendrás también, Rox?

—Si, claro ¿Porqué no?

—No sé…—Sora arqueó las cejas—Riku y tú jamás tuvieron una relación muy cercana.

Roxas se encogió de hombros con soltura:

—Tampoco somos desconocidos, simplemente nos tocó vivir cosas que nos pusieron digamos… en situaciones encontradas.

Sora frunció el ceño, su mejor mirada inquisitiva al hacerlo:

—No entiendo nada de lo que dices…

—No me extraña…

— ¡Oye…!

Tanto Kairi como Roxas rieron a carcajadas ante el chillido que soltó un ofendido Sora. Sin duda era fácil sacarlo de sus casillas cuando se metían con su nivel intelectual.

La preparación de las delicias de repostería transcurrió sin sobresaltos hasta pasadas las once de la noche, momento en el que un abatido Sora introdujo la última tanda de masas en el horno, sonriéndoles a sus dos camaradas al hacerlo:

— ¡Bien! ¡Terminado!

Kairi se dejó caer sobre una silla, limpiando un poco de harina de su rostro al hacerlo:

— ¡Vaya que nos ha tomado tiempo…!

—Y pudo tomar más si Sora no se moviera tan bien en la cocina.

La joven asintió, cerrando los ojos mientras rememoraba viejos tiempos:

—La señora Atkins me acogió en su hogar desde pequeña y siempre ha tenido un don para la cocina, de pequeños nos obsequiaba a los chicos y a mi con pasteles de arándanos al volver de clases ¿Recuerdas, Sora?

—Si ¿Cómo olvidarlos? ¡Me encantaban los rellenos de vainilla!

Roxas sonrió con melancolía al oírlos, en cierto rincón de su corazón maldecía por no tener esa clase de recuerdos.

Enajenada de los sentimientos del joven incorpóreo, Kairi continuó con la charla:

—A pesar de vivir con ella, nunca se me contagió esa sorprendente habilidad. Sin embargo, Sora siempre fue un genio del fogón.

Sora se sonrió con picardía:

—Pero me gusta más comer que cocinar…

Roxas se recostó contra la ventana, el aroma de la noche impregnándose en su rostro al hacerlo:

—Siento… CAMBIOS.

Kairi volteó a verle:

— ¿Cambios…?

—Aha, cambios… es como la sensación que tienes cuando algo te da mala espina pero… al revés.

Sora arqueó una ceja, otra vez la mirada inquisitiva apoderándose de sus facciones:

—Vaya que eres extraño…

Roxas se sonrió levemente.

Evidentemente la percepción de Sora no alcanzaba ni los niveles aceptables de la que un incorpóreo podía llegar a poseer, por lo que sería como pedirle peras a un manzano suponer que podría siquiera entender a lo que se refería.

Pero no importaba.

El aroma del cambio estaba en el aire…

…y pronto todos lo podrían apreciar.

¡Fin del episodio!

¡GRACIAS POR LEER!

DREDOMUS-HUGHES