Disclaimer: Todo la referente a Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y la trama es una adaptación del libro "9 meses después" de Sarah Morgan.


Hermione estaba frente a la pizarra intentando llevar aire a sus pulmones. ¿Draco había comprado el anillo?

¡No, no, no! Eso no era posible. ¿O sí? ¿Cómo no se le había ocurrido que él pudiera ser el comprador?

Porque los magos multimillonarios sangre limpia como el no usaban eBay, por eso. Si hubiera pensado por un momento que Draco se enteraría, no lo habría vendido.

Hermione dejó escapar un gemido.

En lugar de apartarlo de su vida para siempre, lo había devuelto a ella.

Cuando lo vio al otro lado de la verja estuvo a punto de desmayarse. Por un momento, un loco momento, pensó que iba a decirle que había cambiado de opinión, que sabía que había cometido un error. Que había ido a pedirle perdón.

Hermione se cubrió la boca con una mano para contener una carcajada histérica. ¿Cuándo había pedido perdón Draco Malfoy? Ni siquiera parecía sentirse culpable por no haber aparecido en la iglesia el día de su boda. No, definitivamente no estaba allí para disculparse.

— ¿Se encuentra bien señorita Granger? — Escucho una vocecita entonces —Esta muy pálida y ha entrado corriendo como si alguien la persiguiera— Le dijo preocupada Sarah Jones una pequeña que se parecía mucho a ella cuando tenía su misma edad.

—No, estoy bien— Contestó.

—Parece como si estuviera escondiéndose— Le dijo otro de los niños.

—No estoy escondiéndome— Contesto ella levantando la voz sin darse cuenta.

¿Por qué había salido corriendo? Draco creería que seguía importándole y ella no quería que pensara eso. Quería que pensara que estaba bien, que romper con él había mejorado su vida. Que había vendido el anillo porque le sobraba o algo así.

Hermione intento respirar. Llevaba cuatro años soñando con volver a verlo. Había pasado muchas noches en blanco, imaginando que se encontraba con el… algo que desafiaba a la imaginación dado que se movían en diferentes mundos, ella en el mugle y él en el mágico. Pero nunca, ni una sola vez, había imaginado que pudiera pasar de verdad. Y menos allí, en el colegio, y sin previo aviso.

—Hay un incendio señorita Granger? — Un par de ojos preocupados se clavaron en ella: Jessie Prince, siempre estaba preocupada por todo, desde los exámenes hasta los terroristas— Ha venido corriendo y siempre nos dice que no debemos correr a menos que haya un incendio— Le explico la niña al ver la expresión confundida de la castaña.

—Sí, es verdad— Asintió Hermione— Iba caminando deprisa. Es bueno para la salud— S excusó. ¿Seguirá Draco en la puerta del colegio? ¿Seguiría allí cuando saliera?, se preguntó — Abran sus libros de lengua en la pagina doce y seguiremos donde lo dejamos ayer. Vamos a escribir una redacción sobre las vacaciones de verano— Tal vez al terminar las clases debería de salir por la puerta trasera del colegio…

Tal vez debería haberle dado el anillo sin más, pero entonces Draco sabría que lo llevaba colgado al cuello y no pensaba darle la satisfacción de saber lo que significaba para ella. Lo único que le quedaba era su orgullo…

Al fondo de la clase se oyó un alboroto y después un golpe.

— ¡Ay! ¡Me ha dado una torta señorita! — Se quejo uno de los niños.

Hermione se llevo una mano a la frente. Problemas de disciplina era lo último que quería en ese momento. Necesitaba estar sola para pensar, pero si había algo que una profesora de primaria no tenía era un momento de tranquilidad.

—Tom siéntete en uno de los pupitres de adelante por favor— Hermione espero pacientemente mientras el niño arrastraba los pies hasta ella— No se pega a nadie, no está bien. Quiero que le pidas perdón—

— ¿Por qué? —

—Acabo de decírtelo, porque no está bien. Quiero que le digas que lo sientes— Ordeno comenzando a exasperarse.

—Pero es que no lo siento— Replicó el niño, sus mejillas estaban casi del mismo color de su cabello —Me ha llamado pelo de zanahoria señorita Granger—

Intentando concentrarse, Hermione respiro profundamente —Pues entonces, él también te va a pedir perdón, pero no puedes pegar a la gente, aunque te llamen "pelo de zanahoria". No se debe pegar a nadie— Ni siquiera al mago arrogante que te dejo plantada el día de tu boda, pensó.

—No ha sido culpa mía, tengo mal carácter porque soy pelirrojo— Se defendió el niño.

—No es tu pelo el que le ha pegado a Daniel— ¿Cómo iba a saber ella que Draco había comprado el anillo? Siguió cuestionándose.

—Mi padre dice que si alguien se mete contigo le das una torta y ya no vuelve a molestarte— Dijo una niña.

—Podríamos pensar un poco más en los sentimientos de los demás— Les aconsejó— No todo el mundo es igual y hay que ser tolerante. Esa va a ser nuestra palabra del día— Añadió tomando una tiza para escribir en la pizarra, con veintiséis pares de ojos clavados en su espalda— To-le-ran-cia. ¿Quién puede decirme que significa? —

Veintiséis manos se levantaron a la vez.

—Señorita, señorita yo lo sé— Insistió Sarah.

Hermione tuvo que disimular una sonrisa. Daba igual lo estresada que estuviera, los niños siempre la hacían sonreír, de repente la voz de uno de los niños la saco de su ensoñación.

—Hay un hombre en la puerta—

Veinticinco pares de cabezas se volvieron hacia la puerta y Hermione levantó la mirada justo cuando Draco estaba entrando en el aula.

Muda de horror, notó que su pulso se había acelerado. ¿Era eso lo que su madre había sentido por su padre? ¿Aquella emoción, aquella excitación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio?

Draco cambiaba el ambiente del aula. Su presencia exigía atención. Los niños comenzaron a levantarse a modo de saludo mientras miraban a su maestra para saber lo que debían hacer y ella trago saliva.

—Bien hecho niños— Los felicitó, antes de volverse hacia Draco —Estoy dando una clase, no es un buen momento para hablar—

—Es un buen momento para mí—

Hermione tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para disimular que le temblaban las piernas.

—Niños tenemos una visita… ¿Qué no ha hecho este señor? — Pregunto dirigiendo su atención nuevamente a su clase.

—No ha llamado a la puerta señorita Granger— Contestó Daniel.

—Eso es— Hermione consiguió sonreir— No ha llamado a la puerta porque ha olvidado sus buenos modales. Asi que este señor y yo vamos a salir un momento al pasillo y voy a decirle cómo debe portarse una persona que entra a un aula cuando ya ha empezado una clase mientras ustedes terminan sus redacciones— Cuando iba a salir del aula, Draco la sujeto por la muñeca.

—Voy a darles una lección niños— Draco miraba a la clase con la misma concentración con la que sin duda trataba al los miembros de un consejo de administración— Cuando algo es importante para ti hay que ir por ello. No dejen que les den la espalda y no se queden en la puerta esperando que les den permiso para pasar solo porque esas son las reglas— El comentario fue recibido en silencio, pero enseguida empezaron a levantarse varias manos.

—Dime— Draco señalo a un niño de la segunda fila.

—Pero nos han dicho que tenemos que respetar las reglas…—

—Si no son sensatas hay que saltárselas— Contestó encogiéndose de hombros.

— ¡No! — Exclamó Hermione— Uno no puede saltar las reglas. Las reglas existen…—

— ¿Para ser cuestionadas? — La interrumpió Draco con su típica arrogancia — Siempre tienen que cuestionarlas. Algunas veces hay que saltarse las reglas para hacer algún proceso. Ahora mismo por ejemplo, necesito hablar con la señorita Granger urgentemente y ella no quiere escucharme. ¿Qué puedo hacer? —

Un niño levanto la mano.

—Depende de lo importante que sea lo que tiene que decirle—

—Es muy importante. Pero también es importante que la otra persona dé su opinión, así que dejare que ella elija dónde vamos a mantener esta conversación. Dime Hermione, ¿aquí o afuera? —

—Fuera— Contestó ella con los dientes apretados.

Draco se volvió hacia los niños — ¿Lo ven? Este es el ejemplo de una negociación que sale bien. Los dos tenemos lo que queremos y ahora mientras la señorita Granger y yo hablamos ustedes van a… escribir una redacción de cien palabras sobre por qué las reglas siempre deben ser cuestionadas—

— ¡No de eso nada! — Protesto Hermione —Van a escribir una redacción sobre sus vacaciones—

—O sobre los beneficios de saltarse las reglas— Insistió Draco llevándole la contraria— Me alegro de haberlos conocido. Trabajen mucho y tendrán éxito en la vida— Les aconsejó, sin soltar la muñeca de Hermione la sacó al pasillo y ella no tuvo más remedio que seguirlo y cerrar la puerta.

—No puedo creer que hayas hecho eso— Le reprochó.

—De nada— Dijo él — Mi precio por los discursos de motivación en el circuito internacional es de medio millón de galeones, pero en este caso estoy dispuesto a no cobrar… para beneficio de las nuevas generaciones— Se burló.

—No estaba dándote las gracias—

—Pues deberías. Los empresarios del mañana no saldrán de un grupo de robots incapaces de tomar la iniciativa—

A punto de explotar de rabia, Hermione se soltó de un tirón — ¿Es que no sabes nada sobre niños? —

—No, nada. Les he hablado como si fueran adultos—

—Pero es que no son adultos. ¿Tú sabes lo difícil que es disciplinar a veintiséis niños? Cuando empezó a darles clases no estaban sentados en su pupitre por más de cinco minutos—

—Estar sentado es un pasatiempo absurdo. Incluso en los consejos de administración yo suelo pasear, me ayuda a concentrarme mejor. Deberías animarlos a que hicieran preguntas—

—No me digas cómo debo hacer mi trabajo. Tú no sabes nada de educación infantil— Le espetó furiosa.

—Muy bien, ¿Porque has vendido el anillo? —

Hermione parpadeó sorprendida por el brusco cambio de tema. Pero no tuvo tiempo de contestar porque en ese momento alguien apareció corriendo por el pasillo.

— ¡Señorita Granger, se ha inundado el colegio! —

Draco dejó escapar un suspiro — ¿Dónde podemos hablar sin que nos interrumpan? —

—No podemos hablar en ningún sitio. Esto es un colegio por si no te habías dado cuenta—

Un grupo de niñas corría hacia ellos, Danielle venía detrás de ellas con la blusa empapada.

— ¡Herms! — Gritó —El vestuario de las chicas se ha inundado. ¿Te importa quedarte con ellas mientras yo voy a la oficina? Vamos a tener que llamar a un fontanero o… no se a un submarino. Necesitamos a alguien que sepa de cañerías—

—Yo sé algo de cañerías— Intervino Draco exasperado— ¿Dónde está la inundación? Cuanto antes se resuelva, antes podre hablar contigo—

Danielle se fijó en él en ese momento y abrió mucho los ojos fascinada.

Y acostumbrada a esa reacción, Hermione se resigno a lo inevitable—Danielle te presento a Draco Malfoy. Draco, mi amiga y colega Danielle Millete—

— ¿Draco? — Repitió Danielle.

—Él es quien ha comprado el anillo— Le informó.

— ¿El anillo? Ah, ya me acuerdo, ese anillo que guardabas en el fondo de un cajón. Me acuerdo… vagamente—

Hermione se puso colorada hasta la raíz del pelo. Podía haber exagerado un poco menos.

—Bueno, sobre la inundación, lo mejor sería llamar a un fontanero ¿verdad? — Sugirió tratando de salvar a su amiga.

Draco estaba mirando el agua que llegaba hasta el pasillo — A menos que tengas súper poderes, el colegio entero se habrá inundado antes de que llegue. Dame una caja de herramientas… algo lo que tengas a mano. Y cierra la llave de paso— Después de decir eso se dirigió al otro lado del pasillo dejando a Hermione boquiabierta.

¿Desde cuándo Draco Malfoy se ofrecía a arreglar algo para un mugle? Es mas ¿Cómo demonios sabia el de fontanería? — ¿Como sabes de esto? Además tú no puedes…— Empezó Hermione mirando el caro traje y los zapatos aparentemente de piel de dragón que llevaba puestos.

—Nunca juzgues a un libro por su cubierta— Dijo él con una sonrisa— He ayudado a mi tía Andromeda en su casa además que lleve un traje de chaqueta no significa que no pueda arreglar una cañería. Dame algo con que trabajar—

— ¿Sabe arreglar una cañería con ese cuerpazo? — Murmuró Danielle.

—Ve a cerrar la llave de paso anda— Le ordenó Hermione para que dejara de observar a Draco.

Cuando por fin localizaron una vieja caja de herramientas, Draco había descubierto cual era el problema.

—Esta sección de cañería esta oxidada— Se había quitado la chaqueta y su camisa estaba pegada a su torso como una segunda piel — ¿Qué hay en la caja? —

—No tengo ni idea—Distraída por la imagen que Draco presentaba, Hermione abrió la caja.

—Dame esa llave inglesa… no la de abajo— Draco procedió a quitar la sección de cañería y a examinarla de cerca— Dudo que la hayan cambiado desde que construyeron el colegio. ¿No tienen a nadie que se encargue del mantenimiento?

—Me parece que el de mantenimiento no sabe nada de cañerías— Contesto Danielle —Y no tenemos mucho dinero.

—No hace falta mucho dinero, solo alguien que se encargue de revisar estas cosas regularmente. Hermione, saca el móvil del bolsillo de la camisa— Ordenó.

—Pero…—

—Tengo las manos mojadas y si no discutieras te lo agradecería mucho—

Hermione metió la mano en el bolsillo de la camisa notando el calor de su cuerpo. Cuatro años antes no había sido capaz de apartarse de él ni un momento… y él no había sido capaz de apartarse de ella.

Era algo que llevaba cuatro años intentando olvidar. Y a juzgar por su mirada ardiente, Draco estaba pensando en lo mismo.

Le dio instrucciones para que marcase un botón y pusiera en teléfono en su oreja, luego de unos segundos de hablar colgó el teléfono —En menos de diez minutos llegara un equipo para solucionar el problema— Les informó.

— ¿Un equipo? — Preguntó Danielle confundida.

—Necesitamos una sección de cañería del mismo tamaño que ésta. Mi equipo de seguridad se encargara de todo, si tendrán algo que hacer— Draco miro al rededor— Si esto fuera un barco se habría hundido hace tiempo—

—Pero imagino que tendrás que ir a algún sitio, cosas que hacer— Empezó a decir Hermione —Ahora sabemos cuál es el problema podemos solucionarlo, así que tu puedes marcharte—

— ¿Irse? ¿Estás loca? — Exclamo Danielle—Nunca encontraremos a nadie que arregle esto ¿Por qué quieres que se vaya? —

—Porque no se siente cómoda estando conmigo— Contestó él irónico — ¿Verdad que no cariño? —

Ese término cariñoso le recordaba momentos que llevaba cuatro años intentando olvidar. Y no estaba dispuesta a recordar en absoluto.

—He cambiado de opinión sobre el anillo. Quiero vendérselo a una buena persona y tú no eres una buena persona. Y no creas que porque te hayas quitado la chaqueta y remangado la camisa vas a impresionarme—

—Yo estoy impresionada— Interrumpió Danielle— Pensé que tenias una empresa pero…—

—La tengo si—

—Pero al parecer no la llevas sentado detrás de una mesa de despacho—

—Desgraciadamente suele ser así, pero tengo una afición por cierto deporte que me ayuda bastante— Contesto omitiendo el nombre para que la chica no lo tomara por loco.

Danielle soltó una carcajada— ¿Cierto deporte? Puedes decirle por su nombre, yo también soy bruja— Volvió a reír.

— ¿A si? ¿Y qué haces aquí? — Pregunto incrédulo.

—Se llama solidaridad— Le contesto Danielle como si hablara con un niño.

Draco estaba a punto de contestar cuando una mujer entró en el vestuario, seguida de cinco hombres cargados con todo tipo de herramientas.

—Estos señores dicen que…— La secretaria del colegio parpadeó, horrorizada.

—Todo está controlado Janeth— Le dijo Hermione.

Y así era. Con Draco dando órdenes, los hombres se pusieron a trabajar de inmediato. Pero lo que realmente la sorprendió fue que el también lo hiciese. Mientras arreglaban la cañería encendieron unos ventiladores industriales para secar el vestuario y unos minutos después el problema estaba solucionado y no quedaba ni una gota de agua.

Hermione intento escapar pero Draco la tomo del brazo.

—No salgas corriendo otra vez— Le advirtió, tomándola en brazos.

— ¿Se puede saber que haces? ¡Déjame en el suelo! — Protestó pegándole en el pecho.

Medio alarmada, medio divertida, Danielle soltó una carcajada.

—Hagas lo que hagas no la dejes caer en el suelo. Si tan desesperado estás por hablar con ella puedes usar mi aula, esta vacía—

— ¡Déjame en el suelo! — Grito Hermione — No puedes llevarme en brazos por todo el colegio como…—

— ¿Cómo un hombre? — Sugirió Draco volviéndose a su equipo para darles indicaciones antes de dirigirse a la puerta— Has engordado estos años—

—Me alegro— Dijo ella furiosa —Espero que te rompas la espalda—

—Era un halago, el peso extra parece estar distribuido en los sitios adecuados… aunque no puedo estar seguro sin una exploración más intima— Insinuó levantando una ceja.

— ¿Cómo puedes decir cosas así cuando estás con otra mujer? Eres repugnante— Le reprochó.

—Y tú estás celosa—

—No estoy celosa. Por mí puedes quedarte con esa rubia tan flaca para siempre— Hermione intentaba apartarse, pero al hacerlo sólo conseguía que Draco la apretase con más fuerza, de modo que dejó de moverse e intentó respirar con normalidad, tratando de no fijarse en el gris de sus ojos o en esos labios que le producían miles de sensaciones distintas con tan solo un beso— Suéltame ahora mismo— Exigió.

La respuesta de Draco fue besarla y mientras se hundía en una niebla de deseo Hermione escuchó la voz de Danielle a lo lejos…

—Si yo tuviera que elegir entre él y cuatro millones de dólares, lo elegiría a él, Bien hecho Herms—