-Venimos a visitar a nuestra tía Red- dijo el joven con el pelo plateado.

-Sabíamos que teníamos familia viva, nuestra madre nos habló de ella, había venido a América a buscar trabajo y fortuna, y hace poco, al fin la localizamos- explicó la muchacha con un aún espeso acento sokovita.

Natasha no salía de su asombro. Se los quedó mirando un largo rato. ¿Estaba ella emparentada con los mejorados? Era… extraño. Sabía que su abuela tenía una hermana y había tenido un hermano pequeño, pero que murió en la infancia. Todo lo que sabía era que su hermana se marchó a otro lugar, tal como hizo su abuela en otro momento. Y que se casó. No sabía mucho más. De momento la historia encajaba.

Pietro no esperó y se sentó en una silla a una velocidad bastante superior a la de cualquier persona normal, lo que le valió una mirada de advertencia de su hermana y un ceño fruncido de Natasha. Wanda se sentó en otra silla junto a él, mirando con precaución a la pelirroja.

-Supongo que eso nos hace… ¿Primos?- dijo Natasha después de un breve pero elocuente silencio.

-¿No lo sabíais?- dijo Red extrañada, después de ver el reencuentro de sus sobrinos con su nieta. –Si trabajáis en… lo mismo- Los miró con el ceño fruncido.

-No- contestaron los tres al unísono.

-Bueno, me alegro de que sea ahora, al menos me tenéis aquí para resolver dudas –dijo en tono jocoso.- Wanda, me alegro de verte – se levantó y le acarició el pelo- Pietro, me alegra que te hayas recuperado, pero deberías dejar de ser tan imprudente- dijo dándole una colleja cuando el guardia estaba distraído.

-Au- se quejó ya que lo pilló desprevenido.

-Lo ha sacado de su madre –explicó ella recibiendo una sonrisa de Wanda en reconocimiento. -Magda siempre fue la más alocada de las dos- suspiró melancólica. La muerte de su hermana aún la dolía. Hacía años que no se veían y aunque se escribían, aquello no era lo mismo. Un día dejaron de llegar cartas, y Red sacó conclusiones cuando vio el ataque de los obuses a Sokovia. No podía decir que se hubiera recuperado de aquello – Se fugó con aquel hombre, una noche. Vino a despedirse de mí. Era…- Hizo una pausa.-tan joven aún. Pero sabía que no la haría cambiar de opinión.-sonrío visualizándose a sí misma y a su hermana en su cuarto. Magda con una sonrisa extasiada y el brillo de la aventura en los ojos. No sabía que sería la última vez que se verían. Ella por supuesto tenía intención de ir a visitarla a Sokovia, pero luego sus padres prácticamente la obligaron a casarse y después del disgusto que les había dado Magda fugándose no estaba en posición de negarse. La vida tenía otros planes para Galina y la llevarían lejos.

Tras una pausa volvió en sí. –Por supuesto, me enviaba cartas. Y fotos. De vosotros dos – señalo a los Maximoff. –Buscó en su bolsillo y encontró una. Estaba desgastada por el tiempo pero mostraba a una pequeña Wanda intentando llegar al tarro de galletas mientras Pietro la levantaba como podía del suelo. Se la tendió y vio cómo se les iluminaban los ojos.

-No me acordaba de esto- susurró Pietro con una pequeña sonrisa.

-Yo sí. Mamá nos pilló tomando galletas antes de cenar. Era invierno y ya era de noche. Nos echó la bronca pero nos las dejó comer. Luego a ti te dio dolor de tripa y te hizo tomar sopa de remolacha- rió Wanda sin apartar los ojos de la foto. Pietro hizo una mueca desagradable: recordaba la sopa, no había duda.

-Suena bien- dijo Natasha con una sonrisa-¿Puedo?- dijo tendiendo la mano hacia Wanda. Ella asintió y le entregó la foto. La contempló unos instantes y sonrió con ternura. –Míralos, trabajo en equipo desde pequeños – exclamó divertida- Oh, Pietro era moreno y tenía el pelo más rizado- dijo mirándole de soslayo.

-¡Dame eso!- dijo el chico, colorado por la vergüenza mientras el resto se reía.

-No te lo tomes a mal tesoro, estabais muy graciosos – dijo Red en su lengua natal mirándolo con una sonrisa. –También tengo fotos tuyas Tasha- dijo tendiéndole otra foto. En ella se veía a una pequeña Nat, de unos tres años con una muñeca fuertemente agarrada de la maño junto a una chimenea y una manta a modo de vestido, un collar enorme y la cara pintarrajeada con maquillaje. – Era Navidad. ¿Te acuerdas? – Nat tomó la foto y sonrió.

-Sí. Hiciste Blini porque el abuelo me llevó a comer unos una vez yendo al mercado y no paré de insistir durante semanas. Estaban deliciosos- Aún no había probado otros más sabrosos. No se acordaba de que hubiera una foto de ese momento.

-Por suerte has aprendido a maquillarte mejor con los años – dijo Pietro arrebatándole la foto y examinándola. Esta vez Wanda y Nat le dieron un manotazo en el brazo a la vez.

-Parad de pegarme –Se quejó con un mohín- Y au. Duele. ¿No sabes pegar flojo ni de broma?- dijo mirando a Natasha, que se encogió de hombros.

- Si quieres que paremos, compórtate- dijo su hermana con una sonrisa de medio lado. Examinó la foto – Vaya, yo diría que eso no es barra de labios… ¿Mermelada?- miró a Nat que asintió, nostálgica. -Es una bonita foto- se la devolvió a Red.

-Y rara- añadió ésta.- No tuvimos muchas cámaras.

-No hay muchas fotos, no hubo tiempo- dijo Romanoff apenada. Sabía cómo seguía la historia y no estaba segura de si los gemelos preguntarían, pero prefería que su abuela no supiera todo. Ya sufrió bastante.