Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: Humor/Friendship.
Un momento u otro
Esos tipos de casualidades
Elsa Delle golpeó el volante con frustración, su clase comenzaba en diez minutos y parecía que no llegaría a tiempo. ¡Llevaba media hora atascada en el tráfico de la ciudad!
Hizo sonar el claxon una vez más al percatarse que el semáforo había cambiado a verde momentos atrás. Era su primer día de clases en la nueva escuela y no podía llegar tarde, ¿en qué momento se le ocurrió corroborar el bienestar de su hermana menor?
Su familia se había mudado de otra ciudad y todo era nuevo para ambas, así que quiso permanecer unos momentos en el instituto al que su hermana entraría. Lo que no recordó fue que la nueva ciudad era completamente distinta a su antiguo hogar.
Por lo tanto, mayores problemas para llegar a los sitios.
Cabe destacar que los centros educativos comenzaban clases ese día y los caminos estaban terriblemente llenos, abundaban los automóviles de toda clase, principalmente negros, blancos, rojos y azules. El suyo entraba dentro de la última categoría, recientemente había obtenido su permiso y podía ser quien se trasladara a los sitios que quisiera.
No obstante, en momentos como ése creía que necesitaba a su padre tras el volante, así se habría bajado del coche para recorrer a pie la distancia restante.
Suspiró cuando el semáforo volvió al rojo, apoyó su cabeza en el respaldo del asiento y, mentalmente, contó hasta diez. Afortunadamente, el día de mañana simplemente dejaría a Anna en su instituto y podría llegar temprano a sus clases.
-Pero lo importante es el primer día -masculló por lo bajo, tomando el tiempo que restaba para el cambio del semáforo, ya se había aprendido los minutos en que cada color aparecía-. Veinte segundos -murmuró dejando de observar el reloj en su muñeca, preparándose para acelerar, ése tenía que ser su turno.
Verde.
Su pie presionó el acelerador.
-¡Sí! -gritó con emoción al traspasar el semáforo antes de que éste cambiara a amarillo-. Cinco minutos para tu clase y estás a tres del campus -se recordó mientras giraba en una calle, dejando atrás a los autos que avanzaban en línea recta.
Recorría las calles respetando la velocidad máxima -muy a su pesar-.
-El sol saldrá, mañana, apuesta un dólar a que mañana… ¡habrá sol! -cantó con voz suave la canción del musical Annie. Atravesó los barrotes negros de Castle High School cuando restaban dos minutos del toque de la campana, rápidamente trató de ubicar un lugar vacío en el estacionamiento.
Sus ojos azules escanearon el patio de cemento hasta dar con dos espacios entre un bonito automóvil plateado y una camioneta roja. Se estacionó con premura, apagó el motor y tomó su bolso para dirigirse a su casillero, rogando para que el profesor de su primera clase no fuera muy puntual.
Trastabilló al subir los peldaños de la escalera blanca, detrás se había escuchado el chirrido de los neumáticos de un auto.
"Seguramente alguien más llega tarde", pensó al momento en que la campana indicaba el inicio de las clases. Se apresuró sin más.
El pelirrojo maldijo en voz alta al frenar estrepitosamente, un estúpido había aparcado en su lugar. El Dodge Challenger azul era bonito, no podía negarlo, pero su Chevrolet Camaro negro era su lindo bebé y nada lo superaba.
-Seguramente un estúpido nuevo -musitó en voz baja, pero su acompañante, su vecino Eric, se rió en voz alta, concordando con él. Tuvo que estacionarse en el aparcamiento que odiaba, él tenía reservada su plaza junto al Toyota plateado, no al Ford rojo de uno de los jugadores de baloncesto que siempre golpeaba las puertas de los autos vecinos-. Hay que enseñarles a quienes respetar -dijo dando un giro a la llave en su dedo.
-Mejor a estacionar, no creo poder salir por mi puerta -comunicó Eric mientras sus ojos azules inspeccionaban el pequeño espacio entre los automóviles azul y negro.
-Maldito primer día de clases -espetó el pelirrojo, abriendo la puerta para salir, el timbre había sonado hace unos minutos, pero no le importaba, ya le conocían por llegar tarde y, aun así, siempre tener notas aceptables. Además no le reclamaban.
No era el campeón en esgrima por nada.
Sonrió arrogante y con su llave rayó la camioneta roja, el larguirucho dueño había golpeado su auto numerosas veces, lo haría nuevamente, así que sólo le devolvía el favor. Se hizo a un lado para que Eric saliera, él revolvió su cabellera negra mientras negaba.
-Si el dueño fuera musculoso no te atreverías -manifestó alejándose-. Nos vemos en el almuerzo -Hans agitó su mano de manera desinteresada al mismo tiempo que aseguraba su puerta. Introdujo sus llaves en la bolsa de su pantalón de mezclilla y rodeó el automóvil para ir a su clase de Ciencias; un brillo entre su bebé y el coche azul atrajo su atención.
Rió en voz alta antes de hacer un esfuerzo para avanzar en el reducido espacio. Cogió el juego de llaves y jugueteó con ellas, el llavero de Mickey Mouse era muy tierno, por lo que su dueño era una mujer.
Se encogió de hombros guardándolas en el bolsillo de su camisa blanca. Caminó con lentitud para atravesar las puertas de cristal.
Elsa escuchó los sonidos de los jóvenes conversando en los pasillos de su instituto, era el descanso y todos ellos se apresuraban contentos a la cafetería, mutuamente intercambiaban los sucesos ocurridos durante las vacaciones. Aun siendo un campus privado, la mayoría de los de primer año se conocían a la perfección, ella, siendo nueva en la ciudad, no tenía alguna amistad fuera de su prima Rachael Punzel -apodada por los amigos como la Rapunzel del cuento-, que se encontraba en clase en esos momentos.
Terminó de masticar su barra de chocolate y botó el envoltorio junto a los restos de su manzana. No era una joven muy sociable, por lo que en el alboroto del primer día prefería pasar su tiempo en la biblioteca, tenía que dar una pequeña lectura a algunos libros de Historia para saber más sobre la clase.
-¿Viste lo guapo que se ve Hans Westergaard? Este año se ha superado a sí mismo -dijo a su derecha una castaña, suspirando tras decir el nombre del mencionado, su amiga se recargó en uno de los casilleros grises.
Elsa rió en voz baja y prosiguió su camino. Su vestido azul con blanco se agitó cuando una joven pelinegra chocó con ella, le pareció reconocerla de alguna clase.
-Lo siento -pidió la chica, entregándole una sonrisa-. ¿Eres Elsa, no es así? -quiso saber, preguntando con un tono de voz suave, Elsa asintió-. Yo soy Bianca Snow, compartimos la clase de música -aclaró segundos después.
-¿La estrella de la profesora? -corroboró la rubia, recordando a la joven cuya voz enamoraba hasta a los pajarillos. Los ojos marrones de la chica brillaron y mordió la manzana roja que llevaba en su mano derecha.
-Así es, tengo que irme, bienvenida al 'Gran Castillo' -Bianca se despidió, sus negros cabellos cortos fueron lo último que vio antes de girar en el pasillo.
Sonrió contenta sabiendo que se acercaba a la biblioteca.
Hans caminó confidente a su asiento en la cafetería, estaba en último año y si en los anteriores dos fue popular, éste sería mucho mejor. Pasó junto a la mesa con los chicos Discman y llegó hasta las bancas rojas reservadas para él y muchos de sus conocidos.
Se sentó y apoyó su codo en la superficie blanca de la mesa, Adam le empujó una bandeja de metal con un emparedado de pavo partido en dos. Soltó una carcajada, el castaño odiaba los sándwiches mientras que él los amaba.
-Repítanme por qué escogí la clase con Weselton -pidió su amigo Eric, mientras ocupaba el asiento a su lado, robándole la mitad de su sándwich.
-Idiota -replicó Hans al terminar de masticar el bocado de su comida, tomó de la bebida de cola que había llevado consigo-. Querías que él diera buenas recomendaciones tuyas en la universidad.
-Tu pasión es Relaciones Internacionales -dijo una de las ocupantes de la mesa, Hilde, dejando de mirarse en un espejo. Eric realizó una mueca ante las palabras de la joven.
-Creo que cualquier cosa es mejor que Úrsula -reveló Ariel, la novia Eric, cuando él le dio un beso en su mejilla.
-Weselton y Úrsula son manipulables -agregó Hans y los otros rieron negando, él y Hilde eran los únicos que podían presumir de aquella habilidad. El pelirrojo se volvía encantador y la pelinegra entregaba jugosas manzanas a sus profesores.
-¿De qué ríen que no me invitan? -saludó Eugene Herbert, chocando su puño con Hans.
-De la pobre alma que olvidó sus llaves -manifestó Hans extrayendo las mencionadas de su bolsillo, rápidamente el pelinegro se las robó para analizarlas con ojo calculador.
-De mujer, un Dodge -concluyó Eugene, devolviéndoselas.
-Sin duda -corroboró el pelirrojo-, sólo espero ver la cara de la idiota -recibió miradas negativas de las personas dulces sentadas a su alrededor. Eric, Ariel, Adam y John. En cambio Eugene, Hilde y Nav se encogieron de hombros.
-Sólo no seas muy mala con ella -pidió la pelirroja con timidez, observando la cara sonriente del ratón.
Hans volvió a guardar las llaves despreocupado.
Rebuscó sus llaves dentro de su bolso escolar negro.
¡¿Dónde las había dejado?!
Recordaba haberlas lanzado a su mochila después de cerrar la puerta de su auto, con las prisas no decidió corroborar el sitio donde habían caído.
-No puedes haberlas perdido, Elsa -susurró introduciendo su mano nuevamente. Alzó el bolso y con la vista trató de buscar sus llaves, sabía que era inútil, era la tercera vez que la revisaba. Siguió avanzando sin levantar la mirada del suelo, llegó a la puerta de vidrio.
Tal vez las dejó en su auto.
Empujó con fuerza las puertas, para salir, pesaban mucho. Escuchó un golpe seco seguido de un '¡Ay!'.
Subió su cara y se encontró con un pelirrojo que tocaba su nariz. Avanzó preocupada y dejó que la puerta se cerrara tras de sí.
-¡Idiota! La puerta se abre hacia dentro -reclamó el adolescente, su rostro se mostraba enojado.
Elsa se sonrojó por el incidente.
-Lo lamento -susurró sinceramente-. No era mi intención. ¿Hay algo que pueda hacer?
-Ver por donde caminas -espetó el pelirrojo, mirándola con detenimiento. Después suspiró-. Hay mejores maneras de obtener mi atención -reveló arrogante.
Elsa le ofreció una mirada interrogante.
-¿Eres una de las nuevas, cierto? -preguntó el pelirrojo con gracia, sus ojos verdes brillaron por alguna razón.
Asintió y él retiró la mano de su nariz, que se veía roja.
-Soy Hans Westergaard, es la primera vez que debo presentarme -comunicó el chico, sonriendo irónico.
Se notaba que era arrogante.
-Elsa Delle, ¿seguro que no necesitas algo? -quiso saber, aliviada al ver que la nariz no sangraba.
-Me has dado la excusa perfecta para faltar a la bienvenida del Club, sin embargo, me debes una, puede que me hayas hecho algo -aseveró Hans, sonriendo burlón-. No olvido fácilmente, Elsa -atravesó las puertas entrada del instituto soltando una leve carcajada.
Elsa suspiró y caminó con rapidez hacia su auto, tenía que recoger a Anna en media hora. Si no encontraba sus llaves tendría que ir hasta su casa por el repuesto y pedirle a su padre que fuera por su hermana.
-Se supone que eres responsable, Elsa -se reprochó en voz baja y observó intrigada el angosto espacio entre su auto y uno negro. Bajó la mirada al suelo y negó.
Había estacionado mal, el lado del conductor estaba a pocos centímetros de la puerta del copiloto del coche negro. Ya eran tres cosas que hacía mal ese día.
Trató de divisar sus llaves en el interior de su auto antes de decidir que nada peor podría pasar.
-¿Así que Elsa Delle es la chica que robó mi aparcamiento? -dijo la voz que había escuchado momentos atrás, el tal Hans-. Me debes dos, el dueño de la camioneta roja siempre deja abolladuras en los autos, pero haré una excepción a eso por el día de hoy. Sin embargo, hay un dibujo de una espada en el pavimento. Éste es mi sitio -él sonrió ampliamente, claramente divertido.
Elsa suspiró.
-¿Por qué tendría que obedecerte?
-No tendrías que hacerlo, pero por regla general todos lo hacen, no es bueno tenerme de enemigo -confió el pelirrojo, apoyándose en el auto negro.
-Muy bien, soy una persona pacífica.
-No se suponía que fuera sencillo -el pelirrojo se encogió de hombros, sus ojos siguieron sus acciones de manera detallada-. ¿Algún problema?
-No creo que puedas ayudarme, gracias -musitó Elsa de manera diplomática, el joven tal vez no era muy desagradable, pero no tenía ánimos de conversar, mucho menos cuando pensaba en las posibles soluciones. Dentro de la escuela había un teléfono público, desde allí podría hablar a la oficina de su padre.
-¿Segura?, se te nota preocupada, aquí soy conocido y tal vez sería más sencillo para ti. ¿Qué te parece?, así se hacen los amigos.
-Te debería tres -indicó Elsa, sonriendo levemente ante las palabras de Hans.
-Ya me debes tres -dijo el otro, provocando que ella le mirara inquieta-. He vivido aquí toda mi vida, pero recuerdo los nervios del primer día de la escuela elemental. ¿Te imaginas cómo afecta ser el chiquillo de los trece hijos de mi padre? -Elsa abrió sus ojos-, mis medios hermanos y los adoptivos habían hecho historia. Volviendo al tema principal -introdujo su mano en el bolsillo de su camisa blanca e hizo sonar las llaves en sus manos-, me debes tres, Mickey no podría haber estado en mejores manos.
Elsa miró incrédula su juego de llaves y extendió su mano para tomarlas.
-Un gusto conocerte, Elsa -se despidió él al ver que un pelinegro se acercaba corriendo.
Ambos subieron al vehículo del pelirrojo.
La rubia parpadeó al ver que el auto negro desaparecía en la distancia.
De todas las personas por conocer en su primer día, ¿por qué Hans Westergaard?
Introdujo su llave para abrir su puerta, tenía que ir en busca de Anna.
¡Hola!
Si han leído mi más reciente OS, ahora sí puedo saludarles contenta. Hoy ha sido un día tan bonito, adelanté mis tareas ayer, no tengo alguna lectura por hacer y he tenido tiempo para escribir, ¿qué más puedo pedir?
Okay, ¿si se han dado cuenta de los diversos personajes que he incluido?
He colocado algunos aspectos que pueden ayudar en la ubicación cronológica, he allí la falta de teléfonos móviles y el afamado Discman, ¿de alguna casualidad alguna persona tuvo uno (que sólo aceptara CD's)? XD
Traté de mantener las personalidades de los dos, sólo que sin el completo aislamiento de Elsa y la característica psicótica de Hans. Tal como leyeron, así se conocieron, tengo una sugerencia muy buena ofrecida por lalocanaye, pero me pareció mejor tener una historia previa a ésa. No sólo en las historias ocurren cosas así :P
Algunos puntos aclaratorios, trataré de nunca decir un país específico, tal vez se vuelva mucho más sencillo así :D, aquí fue fácil no tener que guiarse en un sistema educativo en especial, entiendan como que son tres años escolares ;)
Ahora me dedicaré a responder inmensos reviews, por favor, si a alguno le envío una respuesta cuando ya se las había dado, disculpen, se me hace un lío estar recordando y corroborando a quien he agradecido (a los anónimos, recuerden que mi perfil tiene sus respuestas).
Muchas gracias a todos quienes leen,
¡cuídense!, un gran abrazo,
HoeLittleDuck
PD: ¿Saben lo especial de "Cuestiones sencillas"? Era mi historia 30 :D.
