Reto de LaBauhaus para Lore-chan02 (24/08/2017)

Pareja: Mimato

Características: Continuación de On my last day. Con mucha sensualidad por favor.

Género: Romance y lo que quieras


On my last day

II

Lore-chan


Último día de la semana.

Mimi miraba ansiosa la hora en el reloj empotrado sobre la pared, justo a su derecha. Estaba con la cartera lista, el escritorio ordenado. El computador estaba prendido y el correo abierto, pero le bastaría medio segundo para dar un doble click y que todo se apagara para al fin disfrutar de ese fin de semana largo que se venía por delante.

Miró por sobre el hombro y sus cuatro subordinados aun estaban sumergidos en la computadora. Eso les pasaba por haberse tomado la hora de colación. Cuando era viernes, Mimi Tachikawa se saltaba esa comida y trabajaba como si el mundo se fuese a acabar.

¿El resultado? Podía tener todo listo antes de las 17.00 hrs.

Un minuto, se dijo a si misma con alegría y su mano tomó el mouse para ir a cerrar el correo electrónico.

Treinta segundos y sonrió a más no poder.

¡Diez! … y el sonido de un correo entrante la hizo girar tan repentinamente que se mareó.

—No… no… ¿Por qué a mí? – reprochó en voz baja leyendo el correo que su jefatura le había enviado.

Se levantó con desgana, tomó su cuaderno corporativo, el primer lápiz que pilló y caminó, casi arrastrando los pies, hasta la última oficina al final del pasillo.

Las reuniones de último minuto, eran terribles porque significaba que alguien no había hecho su trabajo bien o, simplemente, no lo había hecho y eso significaba gritos, golpes al enorme mesón, rayones a la pizarra blanca y… más trabajo.

Mimi abrió la puerta doble y adentro ya habían siete personas y su jefe la miró arqueando una de sus cejas. Ella trató de decirle con su rostro que había recibido el correo hace apenas un minuto y que lo más probable era que el servidor se hubo caído y que por ello lo recibió tarde.

La castaña, se sentó callada en la silla donde siempre lo hacía, hizo una reverencia a los presentes sin siquiera mirarlos y abrió su cuaderno para escribir lo que fuese que su jefe reclamara, se indignara y aborreciera.

—Quiero que vean esto y me digan qué es lo que opinan – dijo hombre de unos cincuenta años frente a todos.

Todos dirigieron sus ojos hacia el proyector que comenzaba a emitir un comercial. Mimi lo supo de inmediato, a los cinco primeros segundos ya sabía por qué la reunión, por qué la cara de ira del gerente del área.

Era el peor comercial que a alguien se le hubiera ocurrido grabar en su vida.

Lo único bueno de todo ello, era que la castaña había indicado en una reunión previa que la empresa contratada no era la adecuada para hacerlo. Que iba a ser un desastre.

Mimi Tachikawa trabajaba en una empresa de publicidad dirigida a empresas del rubro de la moda y el comercial que le estaban mostrando como publicidad al próximo gran desfile de la moda en Tokyo era… horrible y decepcionante.

—Tienen cinco minutos para decirme como arreglar esto. Debemos entregarlo el martes a primera hora – habló el gerente una vez terminado de reproducirse el comercial.

Y la Tachikawa fue la primera en hablar, ¿Cómo no? Si era jefa de sección.

Pero…

—Faltan tomas aéreas de la ciudad, desde la Torre de Tokyo, de Shibuya, del Palacio Imperial. Tomas rápidas y repetitivas que vayan en conjunto con el anterior desfile. Se necesita contratar un fotógrafo y un director de arte eficiente. El que hizo … "eso" no tiene experiencia. Para nada.

Durante todo el rato que el dueño de esa voz habló, Mimi no lo miró, tenía terror de girar hacia a él y toparse con quien creía que era.

Tomó el vaso frente a ella nerviosa y se lo llevó a la boca.

—Perfecto, Mimi vas a trabajar todo el fin de semana con el señor Yamato Ishida para tener todo listo el día martes antes de las 9.00 am

¿Su respuesta?

Mimi escupió toda el agua que había bebido en la cara del director ejecutivo del área de finanzas sentada frente a ella.

.

—No te culpo – susurró Yamato en su oído mientras compartían el ascensor – Tampoco te reconocí con ropa.

La castaña se quedó helada de pies a cabeza, ¡Cómo se atrevía a lanzar ese comentario! Descarado y pervertido dueño de drones.

Ya habían pasado varios meses del incidente en la playa. Las vacaciones se habían ido, el trabajo volvió pesado y estresante como siempre. Y Mimi, de vez en vez, recordaba su particular encuentro con el rubio ese último día de descanso.

Ese día la fue a dejar hasta su departamento, discutieron por algo que ella hasta ese momento no lograba recordar, pero sí se acordaba perfectamente que le volvió a lanzar la toalla que le había prestado y que caminó lo más dignamente por su edificio con la tanga que no le tapaba el trasero y las manos contra sus senos desnudos.

Yamato desde la comodidad de su Audi azul eléctrico la miró avanzar, no iba a perderse de ver ese perfecto derrière moverse de lado a lado, por muy escandalosa y exasperante que fuera la dueña.

Las puertas del ascensor se abrieron y Mimi salió como alma que se la lleva el diablo mientras abría su cartera y buscaba las llaves de su auto.

El rubio la siguió tranquilamente con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Descubriendo que la falda se le pegaba perfecto a su contorno y que, siendo sincero, no había visto algo tan bien hecho, antes.

—¡No me sigas! – exclamó la castaña alcanzando su auto plateado – No puedo creer que te hayan contratado a ti para hacer ese comercial, ¿Qué sabes tú de moda?

Él se encogió de hombros.

—De moda nada, pero de capturas aéreas mucho. Soy el mejor. ¿Recuerdas mi dron? ¿El que rompiste?

—Depravado – fue lo único que dijo tratando de meter la llave en la cerradura del auto, pero por una extraña razón, ésta entró con dificultad y no giraba.

El rubio se acercó a sus espaldas, haciéndola temblar y tomó su mano entre la suya.

—Creo… solo creo, que colocaste la llave equivocada.

Mimi giró, mirándolo indignada. Ya nada le importaba tenerlo encima.

No era la primera vez tampoco.

Luego de su encuentro en la playa, le siguió otro… en un pub donde ella salió con un par de amigas y él con los suyos.

Copas de más, copas de menos, lo que fuese cómo comenzó, terminó en un par de besos apasionados contra la pared del edificio donde ella vivía. Nunca lo invitó a pasar, por supuesto que no, menos después de que él metiese su mano bajo su blusa para tocar su piel ¡¿Cómo tan descarado?! ¡¿Tan pervertido?! ¡Eso no se hacía! Así que se separó, le plantó una bofetada y se marchó con lo poco y nada que le quedaba de dignidad en ese momento.

—Ya me había dado cuenta – mintió y volvió a la labor, ahora, de sacar la llave.

En el forcejeo, ésta se rompió, provocando una risa burlesca de parte del rubio. Mimi, por su parte, aspiró profundamente para no hacer una pataleta digna de una niña de cinco años. En el fondo de su corazón, quería hacerla y de paso llorar por tener que trabajar son ese rubio pedante.

—¿Te puedo llev-?

—No – paró la castaña sacando su teléfono – llamaré a un cerrajero.

—Como quieras – Yamato se encogió de hombros y siguió su camino.

Su auto estaba en la fila de enfrente, tan azul como Mimi lo recordaba. Hasta se preguntó si después de tantos meses, aún tendría arena en el asiento del copiloto.

Ella, orgullosa, no dijo nada. Se quedó con el teléfono pegado en la oreja mientras el Ishida manejaba su auto y justo al pasar a su lado, bajo el vidrio y la miró aguantando la risa – él siempre quería aparentar ser un hombre serio, pero esa chica lo divertía como nunca nadie antes –

—Puedo esperar a que llegue el cerrajero, después de todo tenemos que comenzar a bosquejar el comercial y mañana comenzar a grabarlo.

Mimi levantó la cabeza altiva, no sin antes echar una mirada por sobre su hombro.

—¿Siempre nos vamos a encontrar en situaciones desafortunadas?

—Si no rompes mi dron, no tienen por qué ser desafortunadas.

—Yo…

—Hablo en serio, este dron sí me costó construirlo.

.

Trabajaron hasta pasadas las cuatro de la mañana. El cerrajero nunca llegó por lo que tuvieron que irse al departamento del rubio. La bendita llave que metió al auto, era la de su piso.

Trataron de ser lo más profesionales que pudieron, aunque de vez en cuando, el día en la playa y la vez en el pub salían en la conversación cuando se cansaban y el café cargado no era suficiente para mantenerlos con los ojos abiertos.

Yamato cargó a la castaña hasta su cama cuando, después de volver del baño, la encontró con medio cuerpo sobre la mesa.

¿Él? Pues no tenía ánimo de ser llamado "pervertido" ni nada parecido, por lo que tomó una manta desde su armario y se acomodó como pudo en el sillón.

.

—Quiero toma desde la punta de la Torre de Tokyo hasta el Palacio. Debe ser una toma rápida. Luego colocaremos varias imágenes flash del desfile pasado…

Yamato estaba al otro lado de donde Mimi estaba, controlando su adorado dron. Estaba orgulloso de el, pero tampoco era tan, tan rápido como para hacer lo que la chica quería. Iba a ser las capturas y que después post-producción hiciera la magia, para eso estaban.

La volvió a mirar y esbozó una media sonrisa, que, obviamente, no permitió que nadie la viera. Pero es que Mimi enfundada en un pantalón de algodón negro que le quedaba gigante, junto con una camiseta de The Beatles y el cabello tomado, la hacía ver muy distinta a las pocas veces que se la encontró. Mas, el glamour en ella en innato y por mucho que ocupara ropa del Ishida, no quitaba que se viera preciosa.

La hora de colación nunca llegó, Mimi quería terminar todo cuanto antes e hizo caso omiso al personal que alegaba por comida. Yamato, sin siquiera preguntarle, fue despachando una a una a las personas para que se retiraran. Habían avanzado lo suficiente, no era necesario tenerlos allí, muertos de hambre, trabajando a medias.

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—Yo soy la encargada, nadie se va sin que yo lo diga – vociferó la Tachikawa desde el asiento del copiloto.

Yamato afirmó el manubrio mordiéndose la lengua. Sabía que discutirle a la castaña no era una guerra perdida… era una guerra sin fin.

El silencio continuó después de ello, hasta que llegaron al departamento del rubio. El cerrajero del departamento no iba sino hasta el martes en la mañana y el del auto, pues se había tomado los días libres.

Un fin de semana largo, significaba que muchas personas se tomaran los días libres y no trabajaran.

.

Mimi se acercó al computador donde trabajaba Yamato y mirando sobre su hombro no lo gustaban las tomas. Ella era exigente.

—¿Por qué no se hizo desde arriba como pedí?

—Pierdo control del dron a tan alta altura – dijo sin más con tono aburrido – tengo que hacerle unos cambios para eso.

Ella se volvió a acercar haciendo chocar su pecho contra la espalda del rubio y tocó la pantalla. No lo supo, pero alguien allí, aparte de los dos, estaba despertando de un corto sueño.

—¿Podemos grabar mañana eso con más detalle?

—sí – respondió incómodo.

—¿Y a esa escalera hacerle un close up? – preguntó apretándose más a él.

—También – y sonó como un quejido.

—¿No te parece la idea?

—Todas las ideas me parecen, pero… si estás tan cerca es un poco incómodo.

—¿Incómodo?

Yamato la miró de soslayo y Mimi entendió de inmediato separándose.

—Pervertido.

—Te encanta llamarme así – bufó él y se levantó del asiento – y nunca lo fui. Yo estaba tranquilo en la playa probando mi proyecto y lo destruiste porque tu cabecita creía que yo te andaba siguiendo, y grabando. EGOCÉNTRICA. Más tarde, te ayudo, te llevo a tu departamento y te enojas porque, en broma, te digo que eres una exhibicionista por tomar sol a torso desnudo. EXAGERADA. Me tiras la toalla y te vas semidesnuda por los pasillos. RIDICULA - Yamato se acercó hasta quedar a poco menos de medio metro de Mimi, que desde abajo lo miraba con la boca fruncida – y … el día en que nos encontramos en el pub, tú fuiste quien quería dejar las cosas en paz entre ambos y comenzamos a beber tequilazos. Tú me besaste y luego me abofeteaste. BIPOLAR. Tú niña egocéntrica, exagerada, ridícula y bipolar no vuelvas a llamarme pervertido. Es lo último que soy.

Se calló satisfecho y esperó una respuesta. En su vida, había hablado tanto, por lo que mínimo esperaba una buena respuesta de parte de la castaña.

Pero nunca vino.

Por respuesta se sacó la camiseta de The Beatles, haciéndole ver a Yamato que no llevaba nada puesto bajo ella. Él se sonrojó.

—¿Qu-Qué estás haciendo?

—Obligándote a ser un pervertido.

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Mimi se deslizó por las sábanas, estirándose. Su brazo derecho chocó con las costillas del rubio que aún dormía a su lado. Él se quejó y atinó a moverse para dormir de lado.

—¿Yamato?

—¿mmm? – musitó alzando una de sus cejas, pero sin abrir los ojos.

—Eres un pervertido.

Él sonrió y la atrajo a su cuerpo.

Luego de que Mimi se sacara la camiseta, solo quedaron instintos primitivos en ambos, chocaron besándose, tocándose, eliminando cualquier prenda que molestara para que sus pieles se rozaran.

Llegaron hasta el dormitorio del rubio, desnudos y se fundieron de un golpe. La castaña imaginaba aquel día soleado de playa y le hubiera encantado hacerlo sobre la arena. Yamato besaba sus pechos, recordando que cuando la vio desnuda los encontró perfectos y así eran.

Ella le arañó la espalda, los brazos y él apretó su trasero, sus muslos. Fue una danza de suspiros que duró casi toda la noche, cuando cansados y rendidos de haberlo hecho tantas veces cayeron dormidos.

—¿Lo soy? – preguntó el Ishida robándole un beso.

—Sí, el peor pervertido con el que me pude topar.

—Es bueno saberlo. Porque quiero hacerlo otra vez.

Mimi sonrió y se subió a sus caderas.

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El gerente del área miró por tercera vez el comercial. Estaban todas las personas involucradas en la sala de reuniones, apenas cabían, pero ahí estaban, cansadas, ojerosas, un poco despeinadas y expectantes ante una respuesta.

El hombre giró a ellos, sosteniéndose la cabeza y cuando menos lo esperaron les sonrió.

—Debí haberte hecho caso cuando me lo dijiste por primera vez – concedió a Mimi que vestía un pantalón ajustado y una camiseta negra con letras que indicaban KoD. Cuando le quiso preguntar a Yamato qué significaban, él se encogió de hombros indicando que no era nada importante.

Los jeans corrieron por cuenta de una ex novia del rubio que los había dejado en el departamento. La Tachikawa los lavó alrededor de cinco veces antes de ponérselos.

—Gracias, señor.

.

Lo que pensó como un último día de trabajo, había sido nada menos que el primero para ese largo fin de semana.

Pero había sido el mejor.

Al finalizar el día, Mimi salió disparada de la oficina porque el cerrajero la estaba esperando en el departamento para resolver el tema de la chapa de la puerta. En la mañana ya había ido a arreglar el tema del de la puerta del auto.

Yamato la atajó cuando abría la puerta y ella dio un pequeño grito del susto.

—¿A dónde vas?

—A mi casa.

Él la sacó de un tirón, sólo para abrir la puerta de atrás y lanzarla de espaldas contra el asiento. El cayó sobre ella y metió su mano para tocar su piel.

La besó con pasión mientras pegaba su cadera contra la de Mimi, haciéndole ver que quería algo más que solo un beso.

—¿Quieres hacerlo en los estacionamientos?... Eres un pervertido.

Yamato le sonrió.

—Comienza a gustarme que me llames así.

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Bau, otro para ti nena!

Mas mimato para el mundo ;)

Nos leemos!