¡Hola de nuevo!
Y aquí traigo la segunda de estas crónicas nupciales. Tal vez no resulte tan emocionante o divertida como lo que he escrito antes, pero sentí la necesidad de relatar mi propia versión de cómo se dieron las cosas entre el Duque y el Marqués de Grandchester y cómo fue que finalmente se recuperaron el uno al otro. Y es que nunca me gustó que mostraran a un hombre tan duro, frío e insensible como padre de un niño tan maravilloso como Terry; y bueno, al final el señor dejó libre a su hijo pero pienso que los padres no deberían estar alejados de los hijos ni viceversa; así que yo los puse a que platicaran y se arreglaran; además confieso yo soy de las que sí les gusta que Terry sea duque ¡ja, ja! Y si no se componía su relación con su papi ¿pues cómo? La ventaja de hacer mi historia en tiempo actual, es que el bombón puede ser duque a su modo :-D
Así que espero que me acompañen en esta publicación y que no se queden dormidas a medio camino :-/
¡Gracias por estar aquí y disfruten la lectura!
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Disclaimer:
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Los personajes de CC no me pertenecen, si no a sus respectivos autores y a quienes hayan pagado derechos sobre los mismos. Si fuesen míos… ya estarían casi listos los capítulos de la animación de CCFS y de todos modos Terry y Candy nunca se hubieran separado :-P
Míos son los demás personajes, así como la historia aquí narrada; basada en el anime de Candy Candy, y que tiene ciertas modificaciones que me eran necesarias.
No tengo fines de lucro, es sólo para pasar un buen rato y tener otro terryfic.
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Crónicas Nupciales 2- El Duque Y El Marqués
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El discreto sonido proveniente del intercomunicador sacó de su concentración al caballero que estaba revisando unos documentos en su elegante despacho; el cual estaba recubierto en maderas finas y tenía un amplio ventanal al lado izquierdo del escritorio de caoba que estaba frente a la entrada, y sobre el cual reposaba una hermosa MacBook, el teléfono y una carpeta de piel donde el hombre depositó los papeles que hasta hace un instante leía. Había ignorado con especial esmero el llamado de su asistente, pero, por increíble que eso le pareciera pues había ordenado específicamente que no se le molestase, la Srta. Claire Pemberton estaba insistiendo.
Levantando la ceja izquierda en un gesto muy parecido al de cierto actor que recientemente volvía a triunfar en Broadway, su Excelencia Richard, Duque de Grandchester y miembro por derecho hereditario y por méritos propios de la Cámara Alta del Parlamento Inglés, soltó el aire de sus pulmones con evidente incomodidad, antes de responder al llamado de su secretaria.
- Claire, creí haber especificado que no deseaba ser molestado – la reprendió, con educación pero firmeza.
- Sí, lo lamento Excelencia, pero es una llamada de América; la persona que lo busca ha insistido mucho y dice que es un asunto de suma urgencia; no sé cómo consiguió estos números telefónicos señor. – Se excusó la siempre formal Miss Pemberton.
Ella era una señorita de unos 45 años, que jamás se casó por dedicarse a cuidar de su abuelo, mismo que la crio desde que sus padres fallecieran cuando ella era casi una adolescente. Luego de graduarse en administración en la universidad, y por sus buenas notas y referencias de sus profesores, obtuvo el magnífico pero difícil puesto de asistente de nada menos que del muy exigente Duque de Grandchester; del cual se ocupaba con gran eficiencia y eficacia desde hacía 23 años aproximadamente.
El mencionado lord se sorprendió, lo último que esperaba en ese día era una llamada de aquél país, en donde estaban sus dos más grandes amores, lejos de él… Empezaba a hacerse conjeturas, pero la experiencia le había enseñado que eso no dejaba nada bueno y que era mejor saber de qué se trataba la llamada antes de preocuparse; ya se ocuparía en caso necesario.
- De América… - repitió en un susurro - ¿quién es Claire? –
- La señora Adelaida Marlowe, dice ser la madre de… - dudó un momento antes de seguir hablando - de la prometida de su hijo… Terrence – la mujer casi cerró los ojos esperando escuchar un buen regaño por parte de su jefe, pero esto no ocurrió.
Ahora sí que el aristócrata se mostró pasmado; afortunadamente se encontraba solo en su oficina, de lo contrario quien lo hubiese visto se habría asustado de ver semejante expresión tan poco común en el siempre adusto rostro del hombre. Sin embargo, su muy rebelde y apuesto hijo no era el único con dotes para la actuación; después de todo, él era un diplomático y un político, además un muy hábil hombre de negocios, algo de saber fingir debía saber; así que con toda calma le indicó a su asistente que lo comunicara. Una vez que esto hubo sucedido, en su laptop abrió una carpeta nombrada "Liath"*
En ese expediente (protegido con una contraseña complicadísima y además huella dactilar), estaba todo lo referente a su muy amado primogénito; al que cariñosamente llamaba Liath cuando era pequeño; sobrenombre que evocaba casi a la perfección el muy bello color de ojos de su hijo, y que en algo se asemejaba a su inquieta y misteriosa personalidad; era un mote que solamente su travieso chiquillo conocía y que habían jurado ambos mantener en secreto. Quién sabe si Terrence aún lo recordara, o quisiera recordarlo… cuando escuchó una aguda voz soltar un muy poco discreto y exigente "¿Hola?" del otro lado de la línea, él dejó mostrar su evidente y exquisita educación, a pesar de lo impertinente que le resultó aquello.
- Buena tarde madame Marlowe, habla Richard Grandchester ¿en qué puedo ayudarle? – guardó silencio mientras escuchaba la molesta voz de la mujer, explicándole de manera exagerada quién era (según ella), y el motivo de su llamada. El de ojos grises se limitaba a asentir – Por supuesto que estoy enterado del accidente madame, mi hijo me tiene al tanto de todo. Y quiero que sepa lo agradecidos que estamos con la señorita Marlowe por la ayuda prestada a Terrence en su momento – mintió, con singular descaro además. La mujer chillaba y aseguraba que Terry jamás lo había mencionado siquiera y que ella le hablaba para informarle de "la atrocidad" que el desleal joven cometía con su hija. El duque era un viejo zorro y por supuesto que sabía todo lo acontecido con su muchacho, amén de conocerlo y saber perfecto que seguramente el mocoso no habría mencionado nada a nadie de su linaje, a menos claro que le fuera de alguna utilidad específica; pero obviamente él no lo delataría, y menos con esta mujer tan… enfadosa. - ¿Qué Terrence hizo qué? – fingió sorprenderse con la noticia que la chillona mujer le diera, que el actor había dejado abandonada y desamparada a su "pobrecita Susie"… - entiendo madame, tranquilícese por favor – fue interrumpido por llanto lastimero y súplicas por ayuda – Yo mismo tomaré cartas en el asunto. – completó el cano señor, apretándose el tabique nasal y soltando un suspiro silencioso.
Cuando terminó la llamada, se levantó para servirse un whiskey en las rocas, un maravilloso Old Pulteney Vintage 1989. Dio un par de tragos y volvió a tomar el teléfono, que fue respondido casi instantáneamente por la señorita Pemberton.
- Claire envíame por favor a Stewart de inmediato, y prepara un viaje que haré a Estados Unidos; saldré en tres días. – Bebió un poco más de su ambarino líquido – No sé cuánto estaré allá, pero reserva la suite durante dos semanas de inicio, y por favor contacta con los abogados, necesito una llamada y una reunión urgente con ellos. Gracias. –
Y mientras su mano derecha atendía su llamado, él siguió revisando el expediente Liath, entrecerrando los ojos con las novedades que le fueron agregadas y mostrando un apenas perceptible brillo en sus ojos astutos.
Cuando llegó Stewart el noble se encontraba de pie, mirando por la ventana y disfrutando de su escocés con sorbos cortos y pausados. Se le veía un aire nostálgico, un tanto ausente. En la pantalla de su equipo de cómputo había dejado abierta una fotografía, en la que se veía a Terry muy sonriente, ayudando a Eleanor a subir a un automóvil, quien también se observaba feliz.
- Dígame excelencia – saludó el hombre de unos 48 años, blanco y de mediana estatura, cabello café entrecano y ojos negros, y ataviado impecablemente.
El duque se giró para acercarse a su escritorio otra vez, en donde cerró la ventana abierta y tomó asiento.
- Necesito de tu ayuda – empezó él a decir – Investiga por favor cómo es que la señora Adelaida Marlowe consiguió contactar directamente conmigo, quién le dio la información y en qué momento, la cadena de personas que siguió esta violación a mis disposiciones; cuando lo sepas, asegúrate de que aprendan y jamás olviden que lo que hicieron fue una GRAVE falta a su contrato de confidencialidad; y también asegúrate de que el resto de la gente entienda que jamás, bajo ninguna circunstancia tienen permitido hacer algo como esto, de lo contrario se atendrán a las consecuencias. – Fue contundente, como siempre sucedía cuando alguien no seguía sus instrucciones y órdenes al pie de la letra.
- Muy bien Excelencia. Me encargaré de eso personalmente. –
- Gracias, en dos días quiero el informe completo, al tercero partimos a Estados Unidos; llegó el momento Stewart. – agregó con cierta expectación el duque.
- Sí señor, con permiso – fue lo último que escuchó antes de que su fiel empleado saliera del lugar, cerrando la puerta tras de sí.
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Del otro lado del océano, en la ciudad de los rascacielos para ser específicos, un agotado actor llegaba a su departamento, luego de una muy exitosa función de su nueva obra, Hamlet. Tenía dos semanas de haberse estrenado con arrollador éxito, Candy había estado en ese importante acontecimiento, estaban comprometidos y él se sentía el hombre más feliz de la Tierra, nada podría empañar este momento… o al menos eso creía él. Tomó su celular y sin perder más tiempo le llamó a su pecosa, con quien estuvo charlando un buen rato, hasta que debieron despedirse por el evidente cansancio de ambos. Ella estaba en Chicago, ocupada con los preparativos de la cada vez más cercana boda y él la extrañaba como loco.
En la mañana siguiente un insistente timbre lo arrancó abruptamente de los brazos de Morfeo, donde plácidamente soñaba con cierta rubia de ojos verdes; justo cuando él abrazaba a su almohada con pasión pues pensaba que era la dueña de su alma, el dichoso zumbido del timbre que sonaba por cuarta vez (y que ahora estaba "pegado" para colmo), lo hizo gruñir lanzando una escandalosa maldición, esperando que con ello la tortura cesara. Pobre hombre que olvidó que contra los aferrados madrugadores que insisten en despertar al resto de los mortales, no hay palabrota que valga, y menos si no la llega a escuchar. Como el nefasto ruido no lo dejaba en paz, se cubrió la cabeza con el cojín, apretándolo contra sus oídos, rogando que con eso se dejara de escuchar el infernal sonido. No tuvo éxito… se levantó adormilado y enojado, finalmente llegó a la puerta arrastrando los pies y cuando presionó el botón para lanzar un ladrido exigiendo que lo dejaran dormir en paz, la persona que tanto insistía en bajarlo de su hermoso sueño le ganó la partida y habló primero.
- Buenos días Terrence –
El británico se quedó congelado, hacía AÑOS que no escuchaba esa voz… fría, indiferente, temible… "¿Estaré soñando todavía?" se preguntó frotándose el rostro con desespero, "No es posible, mi sueño era hermoso y esto que escucho ahora es una pesadilla" se contestó a sí mismo. El timbre se volvió a oír.
- ¿Quién es y qué desea? – fingió demencia, totalmente…
- Terrence no estoy para juegos, abre inmediatamente… por favor… - y ahí estaba, el todopoderoso y autoritario Richard Grandchester ordenándole que abriera la puerta.
"Un momento, ¿dijo… por favor?" se impresionó el castaño, con la duda de haber escuchado bien o no, se atrevió a pulsar nuevamente el intercomunicador.
- Disculpe, creo que no escuché bien – con esto sabía que tentaba a su suerte, pero no podía evitar intentar incordiar, esa característica de su personalidad no desparecería jamás…
- No abuses Terrence Graham, necesitamos hablar y no es muy cómodo que digamos hacerlo con un aparato. –
El joven actor suspiró, lo último que deseaba era ver a ese señor… ¿Cómo era que pensaba anoche? ¡Ah sí! "nada puede empañar su felicidad" – Yo y mi bocota – masculló dándose un ligero tope contra la pared, dando acceso a su progenitor a su edificio, un momento después de decirle que estaba en el 5° piso.
Tres minutos después, un par de discretos golpes se escucharon en la entrada; tomando aire, un más despejado castaño se dirigió a abrir, sin muchas ganas por supuesto. Cuando así lo hubo hecho, la sobria y majestuosa figura del gran Duque de Grandchester se quedó en el umbral, mirando a su retoño con expresión indescifrable. El ojiazul arqueó una ceja, no atinaba a reaccionar, hacía tanto que no veía al caballero que ahora estaba frente a él, que no se decidía entre sentirse enojado, emocionado o asustado, como si aún fuera aquél adolescente impertinente del San Pablo. Y como siempre que se veía sin control de la situación, emergió su lado sarcástico y burlesco, para ocultar el desconcierto del que era presa. Así, realizó una perfecta y protocolaria reverencia, justamente la que un plebeyo (no un marqués), debería realizar ante un duque. ¿Terrence Grandchester maduró? ¡Claro! Siempre que no se tratara de lidiar con su señor padre por supuesto.
- Adelante su Excelencia – habló el joven, con burla y resentimiento contenidos. Esto no pasó desapercibido para el mayor, aunque no mostró expresión alguna que delatara sus pensamientos.
- Tu saludo no corresponde a tu rango Terrence. – Fue lo primero que el noble mencionó.
- Al contrario su gracia, es exactamente el que debería recibir de parte de este simple mortal. – El duque ignoró esto y entró con paso calmo y altivo, y buscó con la mirada dónde colocar su saco y su bastón, mismo que Terry no recordara que su padre necesitara.
- ¿Me invitas un té? – solicitó con cortesía el de ojos grises una vez que había dejado sus pertenencias en el perchero que localizó en una esquina, y habiéndose dado cuenta de que su hijo tenía una taza de humeante y aromático líquido en su mano derecha.
El actor no dijo nada, solamente asintió y se dirigió a la pequeña cocina, indicándole a su progenitor que tomara asiento. Cuando decidió abrirle, pensó casi en un impulso grabado en cada una de sus células el ir a arreglar un poco su desgreñada melena y colocarse una bata o algo; pues antaño era inconcebible que se presentara frente al duque en las fachas que ahora ostentaba; pero, fiel a su rebelde naturaleza y a las ganas de incordiar a ese hombre en específico, y con la esperanza de que su padre no se quedara más de cinco minutos con él, se lo pensó mejor y solamente se sirvió su té y esperó a que él subiera. Sin embargo, la reprimenda que esperaba ver en al menos la estricta y fría mirada de su padre nunca apareció, todo lo contrario, a pesar de su tono impersonal y distante (el de siempre), las grises pupilas no denotaban atisbo alguno de decepción o molestia, todo lo contrario, parecía "¿emocionado?"… "Esto es extraño" pensó el británico, quien estaba ahora oficialmente curioso.
Puso la taza de la infusión en las manos delgadas del caballero así como una servilleta, y él permaneció de pie. No era que él lo quisiera, pero la muy estricta educación que recibió durante sus primeros años de vida no se borraba de un plumazo; y entre las miles de indicaciones una muy importante era, no hacer movimiento alguno si no le era indicado así por su gracia. Ni modo, era prácticamente una programación en su cerebro y cuerpo, así que esperó cual militar en firmes a recibir alguna orden. El duque lo miró con la pregunta grabada en sus facciones.
- ¿Te quedarás de pie todo el tiempo? – hizo audible su duda, secando las comisuras de sus labios con la servilleta que le fue proporcionada.
Terry frunció el ceño, "¡Demonios!" se reprendió a sí mismo al darse cuenta de que la autoridad de su padre le seguía imponiendo, más de lo que hubiera creído. Enseguida tomó una silla, a la cual le dio vuelta para quedar sentado a horcajadas sobre el asiento y colocar los antebrazos en el respaldo, en clara actitud defensiva y arrogante al mismo tiempo; ya que en esas estaba, vería de provocar con sus modales al señor para que se largara de una buena vez. Nada, Richard no hizo gesto alguno, solamente lo miró y bebió un poco más.
- Veo que aún prefieres el verdadero té inglés, y no los horrendos brebajes que suelen tomar en este país. – comentó casualmente – este Fortnum and Mason es perfecto. – Apreció con un ligero atisbo de sonrisa en sus labios rectos. Había cosas que jamás cambiarían en su primogénito, su gusto por esta marca específica de té era legendaria, y por lo visto, inamovible.
- ¿A qué debo el "honor" de su visita, señor? – preguntó el joven con sarcasmo, no entendía qué hacía ahí, no comprendía su actitud, no quería tenerlo de regreso en su vida.
El duque dio un sorbo más y dejó la taza en la mesita al lado del sillón, antes de responder a los cuestionamientos de que era objeto.
- Bien, ya que estás tan impaciente como de costumbre, iré directo al grano. Hace una semana recibí una llamada de la Sra. Adelaida Marlowe. – Guardó silencio, estudiando la reacción del muchacho. Como pensaba, lo único que delató la tensión en el rostro del joven fue un ligero destello en sus azules ojos, sin duda era un magnífico actor; pues él sabía de sobra lo que esa mujer provocaba en el ánimo del siempre impetuoso Terrence Graham Grandchester – Ella dice que tú tienes un compromiso y un deber con su hija, y que te niegas a cumplir como el "hombre que se supone que es", fueron sus palabras textuales –
Y ahora sí el marqués permitió al duque que viera sus emociones, pues tensó la quijada y sus zafiros brillaron con furia; sin embargo no movió un solo músculo de su lugar.
- Y supongo que estás aquí para obligarme a cumplir con mi "honor de caballero" ¿me equivoco? – la verdad es que Terry estaba sorprendido de la audacia y tenacidad de la madre de Susana, pues pese a sus advertencias se había atrevido a buscar (y localizar exitosamente) al casi inaccesible Duque de Grandchester, y encima irle con el chisme. "¡Qué mujer más necia!" fue el 'amable' pensamiento del actor para con la insufrible mujer.
- Te equivocas, vine hoy aquí a preguntarte directamente qué sucedió. – fue la muy calmada respuesta de su padre, logrando descolocar otra vez al esquivo y desconfiado joven.
- ¿Me vas a decir que no lo sabes? – se burló Terry – Vamos su Excelencia, ambos sabemos que estás perfectamente enterado de la situación; estoy seguro que antes de venir aquí, hablaste con esa "señora", y me atrevo a creer que incluso ya decidiste cómo deberé cumplir con "mi obligación", y hasta mi castigo por deshonrar a la honorable casa Grandchester por mi comportamiento de los últimos años. –
El señor soltó un ligero suspiro, por supuesto que no sería sencillo; no pensó que lo fuera ni por un momento. Se levantó entonces y fue hasta el perchero, del bolsillo interno de su saco extrajo un sobre que le entregó a su hijo. Éste, extrañado, no se decidía a tomarlo. Con paciencia muy poco propia del aristócrata mayor, esperó hasta que Terry tomara por fin lo que le ofrecían.
- ¿Qué es esto? – cuestionó.
- Ábrelo y mira por ti mismo – respondió el noble y volvió a sentarse, cruzando la pierna y dejando sus manos entrelazadas en su rodilla, en una actitud relajada.
Un tanto fastidiado por el extraño comportamiento de Richard, pero sin demora, Terrence abrió el sobre y leyó rápidamente la serie de documentos que contenía. En sus ojos el divertido duque pudo reconocer primero exasperación, luego sorpresa y finalmente incredulidad mezclada con ¿alegría y malicia? En sus manos tenía la demanda por acoso, difamación y chantaje interpuesta ante un juez por Richard y Terrence Grandchester en contra de Adelaida y Susana Marlowe, así como una orden de restricción por tiempo indefinido para ambas, so pena de ratificar y hacer efectiva la demanda anterior si la infringían; no podían acercarse a ninguno de los dos a menos de 600 metros, ni llamarlos o tener ninguna clase de acercamiento tampoco a través de terceras personas con ninguno de los caballeros, sus familias o cualquier persona relacionada de alguna manera con ellos, por ningún motivo. También estaba una declaración firmada por ambas, redactada por los abogados del duque y notariada, en la cual hacían manifiesto que aceptaban el apoyo económico para la prótesis, tratamiento y rehabilitación médica de Susana, pero que una vez concluida bajo supervisión de los médicos elegidos por el mismo Marqués de Grandchester, sería lo único que aceptarían de parte de él, y que desaparecerían de sus vidas definitivamente luego de ello. Estos gastos serían cubiertos por el marqués directamente, sin que en ningún momento tuviesen que dirigirse a él, todo debería ser a través del abogado representante de los caballeros y los médicos tratantes.
- ¿Pero qué…? – atinó a preguntar un ahora sí muy sorprendido Terrence, mirando a los ojos de su padre, con la incredulidad dibujada todavía más en sus hermosas facciones.
- ¿Ahora sí me quieres contar todo, pequeño Liath? – preguntó el caballero, usando con toda premeditación ese antiguo y hermoso sobrenombre que le diera a su amado primogénito, para reforzarle que iba en son de paz, por si no lo había notado ya; y esperando que lo recordara y la nueva reacción de él.
- Liath… - repitió el ojiazul en un susurro. Hacía tanto que no le escuchaba llamarlo así. Sintió un estremecimiento recorrerle por la espina dorsal, era una mezcla de nostalgia, dolor y rabia… ¿Cómo…? - ¡¿Cómo te atreves a venir aquí como si nada hubiera pasado?! ¿Cómo te atreves a pretender que eres el padre modelo y a llamarme… así? – habló con furia y resentimiento contenidos, casi susurrando las palabras.
Richard arqueó una ceja, su hijo seguía siendo el mismo; más alto, más fuerte, había madurado sí, pero en el fondo era el mismo muchachito insolente e impredecible que huyó del colegio y de él para proteger a su chica; pero recordaba su apodo, y su reacción le confirmaba que el dolor que guardaba en su corazón era porque aún tenía algún sentimiento por su padre… quizás todavía le tenía cariño…
- Vamos Terrence, di lo que tengas qué decir – le impulsó. Sabía lo que sus palabras implicaban, sabía que acababa de desatar el tornado que era su hijo, tan Eleanor, tan él mismo… El castaño apretó los puños a sus costados, y sus ojos brillaron con destellos de estrellas a punto de hacer explosión… - Anda, debo saberlo, debo escucharte. – insistió el hombre.
- ¿Para qué? – fue la triste respuesta que recibió. Terry estaba seguro de haber dejado atrás su anterior vida como lord Terrence, esa que no le pertenecía porque era su padre quien decidía por él todo el tiempo pero que nunca después de cumplir 7 años estuvo para él.
- Para que podamos seguir adelante sin heridas abiertas – fue la explicación de su progenitor. Esto le sonó tan ridículo al menor de los hombres, que soltó una sonora y amarga carcajada. Volvió a mirarlo con rabia antes de emitir sonido de nuevo. ¿Quería saber? ¡Bien, lo sabría entonces!
- ¿Después de todos estos años de abandono e indiferencia vienes a decirme que quieres sanar heridas? ¿Tú cuáles heridas puedes tener Richard Grandchester? – en su dolor, el muchacho olvidaba que su padre tuvo que dejar a la mujer que amaba por imposición de su abuelo, en una época en la cual la sociedad y sus imposibles reglas moralistas y las formas de la aristocracia eran prácticamente intransigentes. El duque tensó la quijada un momento, pero dejó que su hijo continuara desahogándose. – Sanar heridas – repitió en burla. – Claro, para ti era una tortura tenerme a tu lado cuando me arrancaste del lado de mi madre ¿no? – el sarcasmo era su mejor defensa en ese momento. – Tanto te molestaba mi presencia que después de dejarme en las manos de tu "adorable" esposa para que se hiciera cargo de mí como le vino en gana, terminaste por echarme de tu lado internándome en el San Pablo. ¡Ocho años estuve ahí botado como si fuera escoria! Y tú solamente te presentabas para hacer tu generosa donación mensual que seguiría manteniendo ahí al paria ¿no? O claro, para castigarme cuando te daban alguna queja las monjas… – cerró los ojos para detener las lágrimas que querían desbordarlos; los recuerdos del abandono del que se sintió objeto por parte de su padre y del maltrato que sufrió por parte de la duquesa se hicieron presentes, tan vívidos como si aquello hubiese sucedido hacía apenas unas semanas. - ¿Tienes idea de lo que significa para un niño ser arrebatado de los brazos de su madre para quedar a merced de una despiadada mujer que no escatimaba en insultos y vejaciones? ¿Tienes una mísera idea de lo que fue estar internado todo ese tiempo sin una sola muestra de afecto de mi padre? – el castaño temblaba, no sabía si ese ímpetu era por todos los sentimientos que había contenido y ocultado durante tanto tiempo, o por la urgente necesidad de deshacerse de ellos de una vez. El duque lo escuchaba y su mirada mostraba el dolor que él también sentía, pero que su hijo no lograba ver en ese instante.
- Terry… - quiso hablar pero el aludido levantó su mano derecha, al tiempo que cerraba los ojos, pidiéndole silencio; tenía la misma autoridad del mayor pero aún no se percataba de ello. El hombre guardó sus comentarios, pero sus ojos se mostraban cristalizados…
- El mejor colegio del Reino Unido para tu primogénito, lujos, regalos, viajes, la mejor habitación ¡conseguiste que me permitieran tener a Theodora en el estricto San Pablo y hasta un establo construiste solamente para mí! No me echaron nunca porque prácticamente mantenías la institución – sonrió sardónicamente – y lo único que yo deseaba era tu amor, que estuvieras orgulloso de mí… ¡que al menos me notaras alguna vez! Tantos cumpleaños recibiendo solamente fastuosos regalos, tantos quintos domingos fui el único al que nadie iba a buscar para salir a pasear… - ya no quiso detener las saladas gotas que lograron escapar de sus hermosos y turbios ojos. – Terminé por acostumbrarme a eso y prefería estar solo; al final cuando te veía lo único que tenías para mí era tu frialdad y dureza de corazón. – Se sentó, cansado, recargó los codos en sus rodillas y sostuvo su cabeza con ambas manos; sin hacer nada para evitar el llanto silencioso que lo embargaba. – Ni siquiera cuando quise demostrarte lo bueno que podía ser pidiéndote ayuda no para mí, sino para Candy, tuviste la generosidad de apoyarme… ¿Por qué su gracia? ¿Por qué me odias tanto? ¿Qué te hice yo para que me abandonaras de ese modo? ¿No era mejor que no hubiese nacido nunca si tanto te estorbaba, si tanto aborrecías tenerme cerca? – preguntó con tal amargura que su preciosa voz se desquebrajó en la última frase.
Richard tenía el corazón destrozado… sabía que su amado hijo le guardaba rencor, podía lidiar con eso y estaba incluso preparado para ello. Pero lo que Terry sentía no era eso, era dolor; profundo y añejo… eso era algo que su alma no lograba contener, necesitaba hacerle saber…
- Terry… - volvió a llamarlo. Esta vez el joven no hizo nada excepto recargarse pesadamente en el respaldo del sofá al que se había trasladado luego de levantarse exaltado de su silla; ahora era el duque quien estaba de pie frente a él. – No tengo excusa para haber permitido que pensaras eso durante todo este tiempo… pero te juro por mi honor que nunca pretendí hacerte tanto daño. – Tenía un nudo en la garganta, le lastimaban las palabras que salían y su voz le sonaba extraña, quebrada y lastimada. – Soy culpable de no saber demostrarte como merecías, lo mucho que te he amado siempre… yo, cometí muchos errores en mi vida, he sido un imbécil y un cobarde contigo, pero siempre has sido mi hijo más amado; eres mi debilidad y mi mayor orgullo. Jamás podría odiarte mi amado Liath; yo nunca, nunca me arrepentiré de que hayas nacido… No te abandoné, deseaba protegerte… – le miraba directamente a los ojos, pero sus labios temblaban trémulos.
- ¡Por favor duque! ¿Me cree estúpido acaso? ¡Mentir de ese modo no le queda, no insulte mi inteligencia! – protestó con energía Terrence, volviendo a tratarlo de "usted" y quien por supuesto no creía ni una sola palabra de las anteriormente dichas por el caballero. – Si lo que busca es redención, vaya y busque a Eleanor, es con ella con quien debe hacerlo; a mí ya no me interesa tener nada que ver con usted… y si pensaba que con sus acciones para con las Marlowe sería suficiente para que yo me lanzara a sus brazos, está muy equivocado; no era necesario que hiciera nada de eso, soy perfectamente capaz de encargarme de mis propios asuntos. – alegó, con orgullo.
El recio duque se quedó de pie, mirando a su hijo y soportando estoicamente los reproches que le lanzaba, no era odio lo que destilaba el joven, era simplemente una profunda herida que aún estaba infectada y supuraba, debía ser limpiada si querían que sanara.
- Lo sé… - fue lo primero que logró decir luego de unos minutos de silencio y cavilaciones, de permitir que Terrence se tranquilizara un poco. La azul e incrédula mirada que le dirigieron le hizo continuar. – Sé que eres capaz, y más que eso. Has salido adelante solo, has triunfado sin ayuda de nadie… pero si la única vez que me la pediste me negué en mi absurda obstinación de creer que era lo mejor para ti, en esta ocasión era mi deber hacer algo contundente para apoyarte en esta penosa situación, con la plena seguridad de que efectivamente es en tu bienestar. - Entonces el caballero se dirigió a la salida después de recuperar su saco y su bastón. Se acercó a la mesa y dejó una tarjeta con sus datos de dónde podía ser localizado – Estaré en Nueva York una semana más. – agregó antes de salir, esperando tener un segundo encuentro menos ríspido. – Cuídate, hijo. – dicho esto, se fue por donde llegó.
El castaño se quedó en su mismo sitio, sentado en el sofá y haciendo un recuento de los recientes acontecimientos. Nunca pensó que volvería a ver a su padre, y de hecho hubo un buen tiempo en el que pensaba que en cualquier momento los hombres del poderoso duque aparecerían para llevárselo mientras fue menor de edad, pero esto jamás sucedió. Después de cumplir los 18**, por mucho tiempo se estuvo preguntado la razón por la cual el hombre no lo había forzado a volver, ni siquiera lo había buscado… Luego, dejó de pensar en ello pues pronto tuvo preocupaciones mucho más pesadas sobre sus hombros, cuando finalmente la oscuridad lo envolvió, lo último que tenía en la cabeza era esa antigua pregunta "¿Por qué no lo hizo regresar?"
Y ahora aparecía de pronto, como el padre que nunca fue para él… Sacándole de encima a las mujeres aquéllas de paso. "¿De qué me perdí?" se preguntaba el ojiazul… Con dolor de cabeza y del alma, se levantó de su lugar para meterse a duchar, necesitaba despejarse y no pensar demasiado, siempre que lo hacía terminaba mareado de darle tantas vueltas a las cosas sin dilucidar una solución viable.
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- ¡Hola! – saludó una alegre y gratamente sorprendida Candy a su prometido que la llamaba ese mediodía, más temprano de lo que acostumbraba.
- ¿Cómo estás, preciosa? – preguntó él con dulzura, cosa que extrañó a la enfermera, pues normalmente Terrence no era tan suave y sí bastante bromista cuando charlaban.
- ¿Qué sucede Terry, estás bien? – preguntó de inmediato, dejando de hacer lo que hacía para concentrarse en la llamada.
- Claro, ¿por qué lo preguntas? – evadió el joven, al tiempo que estaba sentado en la orilla de su cama, con los codos apoyados en las rodillas y sin mucho ánimo de levantarse de ahí todavía.
- 1. Son las 12 del día y tú no sueles llamar tan temprano. – empezó a enumerar – 2. Me saludas con inusual ternura cuando siempre tienes una broma en la punta de la lengua; aclaro, no es que me disguste, todo lo contrario, pero es extraño en ti y 3. Te conozco Terrence Graham Grandchester, así que suelta ya la sopa ¿pasa algo? – Del otro lado de la línea se escuchó el enorme silencio que delataba la incomodidad de él, casi se lo imaginaba arqueando la ceja sobre su sombría mirada. Lo dejó asentar sus pensamientos, pero cuando el tiempo transcurrido le pareció bastante, volvió a hablar - ¿Terry…? – Y un suspiro cansado llegó hasta sus oídos.
- Esta mañana vino el duque… - fue lo que empezó a confesar.
- ¡¿Tu padre?! – se sorprendió la rubia, pues también le parecía casi irreal, con cierto temor formuló en voz alta la duda que se le formó inmediatamente - ¿Qué… qué quería? – Y Terry entonces se recostó con el brazo libre bajo su cabeza, contándole cómo transcurrió la visita, incluso el detalle de los documentos que su padre le entregara.
No hace falta decir que la pecosa estaba impactada por la novedad, aunque no tanto como su adorado marqués, pues ella sabía algo que él no… dudaba si debía confesar ese pequeño secreto que ella y su suegro tenían en común; pero al escuchar las siguientes palabras que él dijo: "no comprendo por qué de pronto le nació lo generoso", se decidió.
- Terry… - empezó con cierta duda marcada en su cantarina voz. Esto alertó al castaño, que de inmediato y suspicaz alzó las cejas… - ¿Te has preguntado alguna vez por qué tu padre nunca te hizo volver cuando aún tenía la patria potestad sobre ti? – y ahí estaba…
- Pecas ¿Tienes algo qué decirme específicamente? – al británico no le gustaba andarse con rodeos, y no comprendía la manía de las mujeres (de muchas al menos), de querer darle vueltas a las cosas. Una risilla nerviosa fue su respuesta - Candy… - habló con un tono que iba entre advertencia y ganas de suspirar algo fastidiado.
- ¡Ay está bien! – chilló la chica, y Terry sonrió al imaginarla mirando hacia arriba y haciendo una mueca graciosa con los labios. – Es que cuando tú dejaste el colegio, obviamente las monjas le avisaron al duque sobre esto, cuando él fue, me llamaron pensando que yo sabría dónde estarías. – Candy miraba ahora hacia abajo y estaba sonrojada, como si el ojiazul estuviera mirándola. Para ese momento Terrence ya se había enderezado de su cómoda posición.
- ¿Y qué les dijiste? – quiso saber él.
- La verdad, casi… les dije que no sabía a dónde habías ido. Pero también... – ella tomó aire, le costaba trabajo decirlo ya que sentía que era poco humilde de su parte contarle que ella había prácticamente evitado que el caballero se lanzara a forzarlo a volver a su lado.
- ¡Candy habla ya por Dios! – se impacientó su prometido, que tenía el puño crispado y ya estaba de pie.
- Bueno, él salió furioso del despacho de la hermana Gray diciendo que te haría volver inmediatamente; entonces yo fui a alcanzarlo para pedirle que no lo hiciera. Que si algo de cariño tenía por ti que te dejara libre para alcanzar tus sueños, para vivir tu vida, que te permitiera ser tú mismo y ser feliz… - contó casi en susurros.
Terry estaba impresionado, no es que le sorprendiera esa actitud de su pecosa novia, pero sí el hecho de que hubiera logrado tocar el duro corazón del insensible Duque de Grandchester… Ella, siempre ella… Su ángel pecoso esparciendo su luz por dondequiera que iba, ayudándolo y apoyándolo en todo momento, sin juzgar, amándolo como era y sin él darse cuenta, liberándolo de las pesadas cadenas que sentía que lo ataban a un destino que él no quería.
- Candy… - alcanzó a decir antes de dejarse caer sentado en el piso al lado de su cama.
Y otra vez se hizo el silencio unos momentos, ambos acompasando sus respiraciones y los latidos de sus amantes corazones. Ella permitió que su amado inglés asimilara la noticia, sabía que era algo que él no se esperaba…
- Gracias pecosa de mi corazón… no tenía idea… siempre fuiste, eres y serás tú… - fue lo que él dijo antes de echar hacia atrás su cabeza y sonreír. Y tuvo una revelación, el férreo duque no era de roca después de todo, ni siquiera él pudo resistir a la tenacidad y dulzura de su chica. "Pequeño Liath…" resonó en sus recuerdos…
- Terry… mi amor… - habló ella delicadamente, casi cantándole al oído - ¿Por qué no le das una oportunidad? ¿No crees que lo que hizo con las Marlowe es una muestra de su buena disposición? Estoy segura de que él te ama, y creo también que está arrepentido por sus errores… -
- Yo… - él no estaba del todo convencido, fueron demasiados años de soledad y amargura, no era nada más borrarlos de un plumazo.
- ¿Acaso tú y yo no tuvimos una? ¿Qué hubiera pasado si no hubieses escuchado a tu amiga cuando te habló? – presionó con dulzura la rubia – Al menos dale el beneficio de escucharlo a él también… es tu padre… no todos tenemos uno - completó, sin mostrar ni un poco de amargura o dolor en su vocecita; al contrario, lo decía con tal sentimiento que estaba cincelando con fuerza el muy grueso muro con que el actor había cercado su amor y admiración por su progenitor.
- Lo pensaré… - fue la lacónica respuesta de Terry. Candy sonrió, sabía que lo haría, aunque insistiera en hacerse el desentendido.
- ¡Muy bien! Me cuentas cómo te fue cuando lo hayas visto – contestó alegremente, sabiendo que tenía la batalla ganada y su terco prometido hablaría con su suegro. El británico solamente rodó los ojos, él también sabía que esa condenada mujercita lo tenía en un puño, pero bueno, su orgullo lo obligaba a pretender que no era así; digo, algo de dignidad debía conservar ¿no?
- Hablaremos más tarde pecas, tengo cosas qué hacer… - Sí claro, dormir otro rato quizá, no había función ese día y la verdad es que el simple no tenía nada planeado.
Se despidieron como de costumbre, una broma de él y la consiguiente rabieta de ella, y luego risas y amor desbordante, con algunos "te extraño pecosa entrometida" y otros "y yo a ti mocoso terco"…
Esa tarde Terry enviaría a la suite de su padre un boleto VIP para la siguiente función de Hamlet…
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…
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Por supuesto la presentación de ese día nuevamente fue todo un éxito, con todo y que el teatro clásico ya no estaba realmente vigente; aun así el nombre del protagonista atraía multitudes, algunos por morbo, otros por curiosidad, muchísimas por embeleso y el resto, bueno, por el escaso amor que todavía existía a Shakespeare.
El duque vio por segunda ocasión la actuación de su hijo como el príncipe de Dinamarca, y nuevamente lo encontró soberbio. La primera vez fue de incógnito al día siguiente de su llegada a E.E.U.U. No había duda que había heredado y sobrepasado el talento de su madre. Se sintió orgulloso, más todavía cuando el público otra vez lo ovacionó de pie. Era simplemente un espectáculo magnífico y sobrecogedor verlo sobre el escenario, se transformaba y dejaba un trozo de su alma en cada diálogo, en cada movimiento y en cada gesto que interpretaba… lo rodeaba un aura mágica de misterio, de indiferencia, y al mismo tiempo de pasión y emociones arrebatadas y huracanadas… Terrence Grandchester era un vendaval sobre las tablas y nadie podía resistirse a él, mucho menos su padre…
Tras la caída final de telón (tuvieron que volverlo a levantar un par de ocasiones pues el público no dejaba de aplaudir) y cuando los actores finalmente se retiraron, uno de los jóvenes acomodadores se acercó al palco principal en donde todavía se encontraba Richard Grandchester, para conducirlo por solicitud expresa de Terrence a su camerino.
Una vez ahí, el muchacho tocó la puerta y avisó al ocupante del lugar que ya estaba ahí el caballero que mandó llamar.
- Gracias Steve, puedes retirarte. – pidió el protagonista con amabilidad. Luego se volvió a su padre, quien esperaba cerca de la mesa en donde solían dejar los montones de obsequios que ilusas jovencitas (y no tanto), enviaban para el intérprete. – Hola – saludó con una ligera inclinación de la cabeza – permíteme un momento por favor, toma asiento.
- Gracias – contestó el mayor y se sentó en el mullido sofá que estaba junto a la puerta.
El caballero miró cómo su hijo se cambiaba rápidamente de ropa, y mientras terminaba, se perdió en los recuerdos de las primeras veces que visitó un camerino… cuando visitaba a escondidas a la maravillosa Eleanor Baker después de sus presentaciones. El ambiente del teatro no había cambiado tanto desde entonces, aún se movían todos con prisas, algunos sonrientes, otros apurados y muchos nerviosos, pero siempre apasionados y entregados… Estaba perdido en sus pensamientos cuando el actor se plantó frente a él.
- ¿Gustas beber algo? Tengo té, agua, jugo de arándanos – hablaba haciendo la invitación con cierto nerviosismo; contrastando con la seguridad arrolladora que tuviera minutos antes sobre el escenario. – No tengo whiskey pero puedo pedir que traigan para ti. – completó, recordando que su padre solía tener un vaso de esa bebida en sus manos cuando deseaba relajarse.
- Té estaría bien gracias. – fue la respuesta.
Richard estaba consciente de que Terry había preferido hablar con él en un lugar donde se sentía más confiado y seguro, en su propio terreno; esto no le incomodó en lo más mínimo, a decir verdad él también prefería hablar ahí, le agradaba entrar un poco en el mundo del ser que más amaba en el mundo. Cuando Terry sirvió dos tazas, terminó por sentarse frente a él, en el sillón de una plaza de la pequeña sala.
- Gracias – fue lo primero que decidió decir el ojiazul. Ante la muda pregunta en los ojos grises de su padre, tuvo que especificar más – Por haber aceptado venir después de mi… comportamiento el otro día… y, por lo de Susana y su madre; nunca lo hubiera esperado, pero lo aprecio realmente. – fue firme al hablar, había recuperado su habitual aplomo; en su voz no había rastros de duda; sin duda Terry había aprendido y crecido mucho ese tiempo que no se vieron.
- Fue un placer hijo; además es lo menos que podía hacer por ti, después de lo mal que me porté contigo. – había sinceridad en las palabras del caballero, no así la soberbia de antaño.
Se quedaron unos minutos en silencio pues ninguno sabía cómo continuar; así, finalmente fue el duque quién decidió empezar a hablar, pausado, pensando cuidadosamente cada palabra antes de que esta abandonara sus labios…
- Nunca te abandoné conscientemente Terry – fue lo primero que pudo decir, directo al grano, sin perder el tiempo. Los bravíos ojos de su hijo se posaron con fuerza sobre él mostrándole el dolor que todavía llevaba dentro, pero también la determinación de escucharlo. – Si bien poco después de que te llevé a Londres tuve que empezar a hacerme cargo de mis responsabilidades como el nuevo duque, siempre volvía lo más pronto posible para pasar tiempo contigo; tú eras y eres lo que más amo en el mundo, lo único que me quedaba de… de ella. Estar a tu lado me hacía sentir que de algún modo podía tenerla conmigo también, no hablaré de las razones que ella tuvo para dejarte ir conmigo pues sé con certeza que ya habrán aclarado eso, pero sí te diré que yo lo único que anhelaba era lo mejor para ti; tuve muchos errores estoy consciente, no debí dejar que mi padre me impusiera sus decisiones… yo – guardó silencio para controlar el ligero temblor que empezaba a apoderarse de su voz. – Yo creí que Georgina era diferente; al principio se mostró amable y dulce, hasta sumisa; ahora sé que sólo fingía por consejo de sus padres en lo que se concretaba el matrimonio arreglado entre nuestros padres. Después de disolver el mío con tu madre, mi padre prácticamente casi me encarceló hasta que estuve casado con tu madrastra, y fue hasta después que logré traerte conmigo pues eres un Grandchester legítimo, reconocido por la corona, como ya sabes. –
Terry asintió, esa historia la sabía desde siempre, solamente que la siempre cotilla aristocracia se hacía y se creía de sus propios chismes sin importarles confirmar la veracidad de los mismos, por esa razón es que muchos aseguraban que Terrence era ilegítimo, nada más falso.
- Después de la boda con esa mujer, y creyendo que se portaría si no cariñosa, al menos cortés contigo, fue que empecé a tomar mis deberes como duque en forma, ya sabes que en realidad me hice cargo de todo casi de inmediato. –
- Ojalá hubiera sido solamente cortés – fue el amargo recuerdo del castaño.
- Lo siento hijo, de verdad… yo… - un nudo en la garganta le impidió continuar con fluidez – cuando llegué de improviso aquella tarde, esperando sorprenderles con mi regreso anticipado, el sorprendido fui yo al ver cómo esa mujer te hablaba y golpeaba sin compasión, fue entonces que decidí protegerte de ella… -
- Me enviaste al San Pablo – fue la afirmación del joven.
- Sí… - cerró los ojos, tratando de alejar la imagen de esa bruja tratando a su amado primogénito de "bastardo indeseable" y otras lindezas, y finalmente abofeteándolo con saña cuando el pequeño se defendió llamándola "vieja horrible" – Tal vez no era la mejor manera, pero yo no podía permanecer en casa todo el tiempo para evitar sus maltratos y tampoco podía llevarte conmigo a todos lados. La mejor opción era llevarte al internado, yo sabía que era estricto, pero una educación bajo férrea disciplina era mejor que lo que tenías junto a Georgina. – el caballero miró largamente a su hijo, quien estaba pensativo, meditando cada palabra escuchada.
- Ya veo… - concedió ese punto a su progenitor, pero estaba también lo otro, las largas ausencias del duque, su frialdad… - sin embargo, solamente aparecías por el colegio para retarme cuando las monjas te daban alguna queja… siempre estuve solo… - no era reproche, era un hecho, uno que seguía doliendo al desconocer las razones tras aquélla actitud del hombre mayor.
- Terrence… ¿recuerdas que al inicio de tu estancia en el colegio yo sí iba a visitarte y te llevaba de paseo los quintos domingos? – el ojiazul lo miró arqueando una ceja; era cierto, en su amargura había olvidado que los primeros meses su padre no estuvo lejos de él… su expresión le dio la respuesta al noble – Pero supongo que también recuerdas que "misteriosamente" empezaron maliciosos rumores en la institución acerca de tu procedencia y actitudes, y que hubo varios muchachos algo mayores que tú que decidieron tomarte como su blanco de burlas y vejaciones favorito. –
- Cómo olvidarlo – habló Terry, rememorando aquéllos días.
Esos mocosos a los que hacía alusión el duque; al poco tiempo de su entrada al San Pablo empezaron a murmurar diciendo que Terry era un hijo ilegítimo del aristócrata, fruto de una aventura con una "cazafortunas cualquiera", misma que al darse cuenta de que el honorable caballero no solamente no la tomaría por esposa, si no que ya estaba casado, había optado por abandonar a su hijo e ir en búsqueda de una nueva conquista. Obviamente todo eso era una GRAN mentira, pero la cizaña ya estaba plantada y la mayoría del alumnado empezó a ver al hijo de duque como el "bastardo Grandchester". No conformes con eso, aquéllos tipos decidieron que era divertido hacer ver a Terry como un cobarde que hacía maldades a sus compañeros, profesores y monjas y que luego negaba todo (todas esas cosas las hacían ellos por supuesto, no el pequeño aristócrata); y encima cada vez que podían lo agredían directamente. Siendo el chico un pequeño de apenas 7 años y medio, ingenuo y sin malicia, de inicio caía redondo en las jugarretas que le tendían, se frustraba y se enojaba con los chismes que corrían y trataba de defenderse (sin mucho éxito) cuando lo asaltaban entre varios para golpearlo.
- Todo eso sucedió por obra y gracia de Georgina. Fue ella la que volcó "inocentemente" su "dolor" en dos de sus primas, que tenían hijos en el San Pablo, confiándoles en "secreto" su gran "tristeza" por la amarga suerte que tuviste al ser abandonado por la desnaturalizada y malvada mujer que te había parido. Ella sabía perfecto que esas primas suyas no cerrarían la boca, además de que siempre han gozado creyéndose superiores al resto por su "sangre azul pura". Esas chismosas hablaron, tal como tu madrastra esperaba, el resto es historia. –
- No sé por qué, pero no me sorprende – fue el sarcasmo de Terrence el que habló, con voz oscurecida. Se recargó en su sillón, pasando una mano por su cabello; antes de volver a ver los grises ojos de su padre. – Déjame adivinar… fue por esa razón que de pronto decidiste que debería tomar clases extra, ¿no? Esgrima, box, artes marciales y hasta tiro al blanco y arquería… sabías todo eso… - su padre asintió – y también por la misma causa en tu última visita me aconsejaste mantener los ojos bien abiertos, no hacer caso de habladurías y ser más cuidadoso… - el caballero volvió a asentir en silencio.
Ahora estaban más claras ciertas partes de la historia, pero de todos modos seguía sin encajar el repentino alejamiento de Richard.
- Aun así, sigo sin comprender por qué te alejaste de ese modo… - tenía qué saber, aunque doliera… su padre suspiró… su muchacho merecía una explicación.
- Fue una especie de acuerdo entre Georgina y yo; ella contaba con el apoyo de tu abuelo para seguir haciéndote la vida miserable, así que mi padre empezó a buscar el modo de mantenerme más ocupado cada vez, y yo consentí en ello pues eso parecía tranquilizar las ansias de venganza absurda de esta mujer contra ti. Fue así que dejé de visitarte; ellos creían que con la ausencia yo dejaría de verte como mi hijo más querido, siempre has sido mi debilidad y con tal de que te dejaran en paz, acepté… ¡no sabes cuánto lamento haberme dejado llevar! Sabía lo que eso te lastimaba pero cobardemente pensé que era el mejor modo de protegerte de ellos… lo siento tanto hijo – bajó la mirada, avergonzado… El gran Duque de Grandchester NUNCA bajaba la mirada… eso lo sabía muy bien su primogénito… - pero siempre seguí cuidándote de lejos, pendiente de ti, por ello te enviaba regalos siempre que podía, sé que con cosas materiales no se suple el amor de un padre, pero… era joven y sin experiencia, creí que… hacía lo correcto… -
Terry procesaba toda la información, callado, sorprendido a medias… sonrió al acordarse de aquélla ocasión en que por primera vez puso en su lugar a esos bravucones con sus propias manos… Su padre pareció adivinar sus pensamientos, pues el ligero brillo de travesura y orgullo que cruzó las serenas y bellas facciones de su hijo lo delataron.
- Cuando la hermana Gray me llamó para darme una queja, otra vez, por tu comportamiento y me explicó que en esta ocasión habías llegado más lejos dejando en la lona a esos 3 tú solo; la verdad es que no pude sentirme más orgulloso, ¡apenas tenías 9 años y ya eras un experto defendiéndote! – confesó el cano hombre con una sonrisita de lado. – carraspeó un poco.
- ¡Ja, ja! – Terry no se resistió a soltar una risa, hermosa a los oídos de cualquiera, más a los de su padre que pocas veces había tenido el privilegio de escucharla. – Si hasta trató de convencerte para que ya no tomara esas clases extra-curriculares porque me volvían "violento" -
- ¡Je, je! Pobre hermana – el señor se contagió de la risa – Imposible olvidar la cara que puso cuando le dejé bien claro que eso no sucedería, y que por el contrario, esperaba que ella estuviera realmente atenta y castigara el comportamiento de esos delincuentes que eran los causantes de todos los líos de los que te había acusado injustamente… -
- ¡Ja, ja! Cierto… pero fue mejor cuando le dijiste que si seguían culpándome por todo me sacarías del colegio y que se olvidaran de tus generosas contribuciones, ¡casi le da un infarto! –
- ¡Je, je! Es verdad, se puso lívida del susto… -
- Al final las clases sirvieron bastante, y… - dudó un poco antes de confesar algo – aunque yo decía odiar todas esas actividades externas, la verdad es que las disfrutaba. –
- Lo sé, de lo contrario no habrías avanzado tanto en tan poco tiempo, aunque claro, tus posteriores escapadas a los bares y peleas callejeras también contribuyeron a incrementar tu… experiencia en "defensa personal" – lo miró con suspicacia.
- ¿Sabías eso? – el chico había esperado que el duque no estuviese enterado de esas actividades nocturnas suyas, fue bastante ingenuo por lo visto.
- Siempre he sabido todo Terrence – fue la muy clara respuesta del caballero. – Siempre he estado al pendiente de ti… incluso estoy enterado de cada uno de tus pasos acá en los Estados Unidos. – aprovechó para aclararlo, por si acaso su vástago tenía alguna duda. Se calló y aguardó por la reacción del actor. Esta no tardó en llegar en forma de una penetrante y azul-verde mirada… - Sí, incluso tu "desaparición y escondite" en aquélla ciudad de Mississippi. – otra vez la mirada acusatoria.
- Se supone que nadie sabía de mi estadía allá –
- ¡Vamos hijo! Me temo que la amargura que cargabas en el alma te impidió darte cuenta de cualquier cosa que ocurriera más allá de tu nariz… hubo muchos medios de comunicación que estuvieron a punto de revelar tu paradero porque simplemente no te dabas por enterado de que te acechaban. – le regaló una mueca que iba entre el regaño y la autosuficiencia.
- ¿Qué dices? – Terry se levantó con brusquedad.
- Lo que escuchaste… ¿Quién crees que se deshizo de todos esos paparazzi que te rondaban para conseguir sus cinco minutos de fama dando a conocer tu suerte y destino? Tú necesitabas estar desaparecido y yo no iba a permitir que nadie obstaculizara eso, hasta que tú mismo estuvieras listo para volver. - El elegante hombre ladeó la cabeza, observando, y esperando.
Terrence comenzaba a frustrarse; él, que se creía totalmente independiente resultó no haber abandonado jamás la sombra del poderoso Duque de Grandchester. La rabia comenzaba a apoderarse de sus sentidos, sentía que había fracasado en su intento por volar con sus propias alas… con las manos en puños entrecerró los ojos apretando los dientes, en un claro intento por no estallar en un berrinche de proporciones épicas. Su padre lo miraba entretenido y preocupado a partes iguales, entendía perfectamente lo que su querido vástago experimentaba en esos instantes, si había una característica que ellos dos compartieran, entre otras, esa era el orgullo…
- Hijo – lo llamó pausadamente, con voz calma, intentando no lanzarle gasolina al fuego. – No es ninguna vergüenza recibir ayuda algunas veces, y menos si es de tus padres. – intentaría darle una perspectiva diferente - Parte del proceso de madurar es aceptar que no siempre puedes resolverlo todo solo… Pedir ayuda no es malo y menos recibirla Terrence; eso no te hace menos valioso o independiente, sino te hace humilde y engrandece tu alma al alejar de ti la soberbia. Créeme, yo lo aprendí a la mala… – sus aún brillantes ojos destellaron con los amargos recuerdos que sus palabras le trajeron. Una vez casi perdió todo su patrimonio y poder por puro orgullo mal entendido, negándose a solicitar consejos y mucho menos ayuda; hasta que no le quedó más remedio que acudir a la experiencia de su propio padre, quién lo sacó del atolladero, mismo que pudo haber evitado si no hubiese sido tan necio.
- Siempre estás detrás de mí sacándome de líos o resolviéndomelos… - el marqués se sentía como un mocoso inútil; ya no tenía crispados los puños, pero miraba hacia la pared de enfrente, incapaz de enfrentar sus zafiros a los irises grises del duque. – Tal parece que no puedo lograr nada por mí mismo… - víctima total… Esto sí que molestó al mayor, que se levantó de su cómodo lugar para quedar frente al alto joven y tomarlo de los brazos con fuerza.
- ¡¿Te estás escuchando Terrence?! ¡No fuiste educado para sentirte la víctima del universo o del destino! – el hombre lanzaba llamas por los ojos, nunca le había gustado la actitud de lástima por sí mismo del rebelde adolescente; y este sujeto que estaba ahora con él parecía que solamente había crecido en estatura, más no en madurez… - El hombre que yo he visto en que te has convertido no es este que está aquí ahora; hasta donde yo sé, has pasado años arreglándotelas solo, no has recibido un solo centavo mío ni de nadie, y el famoso actor Terrence Grandchester se forjó por sus propios medios una carrera meteórica en el teatro. – el caballero hablaba con pasión - Ni Eleanor y mucho menos yo, movimos un solo dedo para que llegaras hasta donde estás; eres el mejor actor de tu generación, eres rico, famoso, tienes una hermosa y maravillosa prometida, y tuviste el coraje y fortaleza suficientes para levantarte de tu caída y también sacudirte culpas que no eran tuyas… ¿De dónde sacas que no puedes lograr nada por ti mismo? – el hombre casi se sentía tentado a darle una buena tunda al muchacho. – ¡Por Dios haces que me dan ganas de darte unos buenos azotes a ver si así reaccionas! – el siempre ecuánime Richard manoteaba bastante molesto, casi que sí lo tomaba del brazo para echarlo sobre sus rodillas y cumplir su amenaza.
El actor lo miró con sorpresa y furia… el duque jamás le puso una mano encima, nunca hizo falta… Respiró profundo y varias veces para tranquilizarse… tuvo que reconocer, muy a pesar de su dolorido orgullo, que su padre tenía toda la razón. Se estaba comportando todavía como el escuincle inmaduro de 15 años que odiaba al mundo en represalia por su soledad, ese que era un malcriado y arrogante para esconder su sensibilidad y alma dulce, ese que tenía miedo de ser lastimado una y otra vez y que sentía que algo muy malo debió hacer para merecer tantas desdichas… ese mocoso engreído que sentía que todos estaban en su contra… sí, ese Terry que se creía una víctima y que buscaba como cobrárselo a la vida… Se suponía que ya había superado esa etapa ¿no? Pero esta dolorosa herida en lo referente a su padre y su pasado había sido ignorada en lugar de intentar sanarla, como el resto.
- Al final – empezó a hablar con voz trémula, casi en susurros - Nunca dejamos de aprender y crecer… ¿cierto? – y sus zafiros tormentosos se dulcificaron, mostrando destellos de aquél pequeñito que miraba azorado a su padre cuando éste le enseñaba las constelaciones en una noche estrellada en Escocia, sentado entre sus piernas.
El duque sonrió ligeramente antes de terminar de dejar de lado su coraza de seriedad para abrazar a su hijo con emoción. Al principio Terry solamente lo permitió, no atinaba a moverse, aunque tampoco hizo nada por evitar el contacto. Pero cuando su padre le dijo esas palabras que tanto anhelaba escuchar de él, "mi amado Liath… eres lo mejor que me pudo pasar en la vida, estoy tan orgulloso de ti…" rompió en sollozos callados y finalmente rodeó con fuerza el cuerpo de su progenitor…
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…
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Un par de horas después, un todavía aturdido castaño llegaba a su departamento después de haber charlado más y cenado con su padre… Tenía que llamarle a Candy y contarle… realmente era novedoso lo que le platicó después de su conversación en el camerino, cuando ya estuvieron más relajados.
Se sentía más ligero. La explicación era lógica: tantos años de cargar ese dolor y abandono en el alma, y ahora que el amor lo tenía más receptivo y maduro, había abierto las puertas de esa cárcel en que él solo se había encerrado y lo estaba dejando ir; despacio, tenía todavía algunas reservas pues su padre le había dejado bastante claro que aún era el Marqués de Grandchester, y que no había nada que hiciera o dijera que pudiese persuadirlo de liberarlo del título, pues él y nadie más que él lo merecía o era más apto para ser el siguiente duque. "Y que Georgina se retuerza en su tumba si quiere, pero ni Richard Jr. ni Frank heredarán lo que te corresponde a ti por derecho". Rodó los ojos ante la perspectiva, él no deseaba ser un estirado y aburrido aristócrata, pero la realidad es que era un noble lo quisiera o no; llevaba la sangre Grandchester en las venas, y en el carácter también por cierto; además el duque lo intentaba convencer de no renegar de su aristocrática cuna y herencia, explicándole que ya no era obligatorio pertenecer a la Cámara de los Lores por ser un duque a menos que así lo deseara él, y entonces tendría que ganarse el derecho a pertenecer por sus propios méritos; "los tiempos han cambiado Terrence", le había dicho; "Ahora podrías usar tu futuro ducado e influencia mediática para hacer tu parte en mejorar el mundo, ni siquiera tienes que dejar el teatro hasta que tú así lo quieras"; tal vez, sólo tal vez, eso era lo que lo estaba motivando a seguir siendo el Marqués de Grandchester…
- Pues eso no suena mal Terry… - le decía su rubia prometida cuando le contaba esa parte de la historia. Estaban en una video llamada de Skype, y él podía ver a la chica recargada en el respaldo de la cama, los rizos levantados en un chongo alto y su blusa de pijama de manga corta y diseño de lunas en la tela. Tenían ambos sus respectivas laptops en las piernas; pues él estaba en el sofá de la pequeña sala, y se acompañaba de un té.
- Tal vez eso no suene mal, pero Richard me ha dicho que también le gustaría que me haga cargo de sus negocios cuando decida retirarse… - se quejaba evidentemente incómodo, dando un sorbo a su taza.
- ¿Y eso qué tiene de malo? Siempre fuiste bueno en todo lo que te proponías; me acuerdo que cuando por fin asistías a clases, todos se quedaban asombrados de que estuvieras al corriente pues normalmente te la pasabas vagabundeando. – Decía la chica orgullosa. – Además, siempre fuiste muy astuto y estás un paso adelante de todos – agregó ella con sonrisa enamorada. Terry sonrió al darse cuenta de la devoción que su novia le profesaba, amén de darse cuenta de que bien que lo tenía checadito cuando estudiaban en Londres.
- Así que estabas al tanto de cada uno de mis movimientos ¿eh pecosa acosadora? – le guiñó un ojo ladino.
- ¿Eh?... No, yo no… - y la enfermera no supo qué más decir, pues el pez por su boca muere… se sonrojó con fuerza y mirando hacia arriba lo único que le quedó fue encogerse de hombros y reír atolondrada.
- Ya decía yo que no podías resistirte tanto a mí como pretendías ¡ja, ja, ja! – Dijo el muy ufano; provocando una mueca "ofendida" en la rubia.
- Bueno ya, ese no es el tema – puntualizó ella para zafarse de las burlas de su Romeo. – Mejor cuéntame qué más te dijo tu papá. – y se acomodó mejor, antes de dar una buena mordida a una manzana.
- Pues eso… y también me informó cómo sucedieron las cosas con las Marlowe, ¡eso sí que me hubiera gustado verlo ja, ja! – Se regocijó el marqués, quien estaba bastante satisfecho con ese tema.
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** Flashback **
- ¿De verdad? – Terry estaba sorprendido de lo que su padre le acababa de decir, sobre todo por la manera en que se lo informó: muy expresivo y sonriente.
- Yo no miento Terrence, sinceramente no comprendo cómo pudiste soportar a esas dos tanto tiempo… ¡esa señora es una horrible persona! – dijo señalando al frente con el tenedor con el que acababa de cortar un trozo de su bife.
- Dímelo a mí – suspiró el menor dando un sorbo a su copa de tinto.
- Por cierto, fue muy cómica la cara que pusieron cuando les corroboré lo que tú ya les habías dicho antes, que si intentaban obtener algo a través mío, les iría peor ¡ja, ja, ja! No debería decir esto, pero fue un verdadero placer sacártelas de encima Terry –
- Me hubiera gustado ver eso… - concedió el actor, con una ligera y burlesca sonrisa jugando en su hermosa boca.
- Y esa chica Dios mío… hijo, me siento tan mal por no haber estado a tu lado para aconsejarte cuando todo eso sucedió… Susana aparenta ser muy dulce y sumisa, pero es que sí era bastante evidente el despiadado chantaje emocional al que te sometió, junto con su madre… - los ojos del caballero se ensombrecieron un momento. – De hecho… quiero pedirte perdón también por haber sido tan frío contigo tanto tiempo, y por no haberte prestado mi ayuda para Candice cuando me lo pediste. – Richard dejó sus cubiertos en el plato y después de limpiarse las comisuras de los labios con un elegante gesto, imitó a su hijo bebiendo un poco de su vino, pero solo para controlar su voz, que de pronto había decidido tomarse unos segundos de relax y se negó a salir con claridad.
Terry tomó aire y observó el semblante de su progenitor. Tenía algunas líneas de expresión rodeando sus ojos y labios, producto de la siempre severa expresión que solía tener; se veía obviamente mayor, pero al mismo tiempo se conservaba fuerte y vigoroso, parecía saludable y el hecho de que usara bastón era temporal; esto debido a una caída que tuvo mientras jugaba polo. A pesar de que tenía signos de cansancio, también parecía haber recuperado un poco de aquél brillo que el castaño siempre le percibía cuando era un niño… parecía ser debido a que el peso de la culpa que cargaba respecto a él, empezaba a ceder un poco su presión. Sin embargo, tenían pendiente justamente lo que el hombre acababa de mencionar; aunque para Terrence eso empezaba a carecer de relevancia.
- Eso ya no tiene importancia padre, así fuiste educado tú ¿no es cierto? – habló lentamente, pensando cada palabra antes de emitirla. – Las cosas son como debieron ser, de lo contrario no estaríamos ahora donde estamos. – El ojiazul tomó aire. – Quiero decir, que si me hubieses ayudado a proteger a Candy en aquélla ocasión, yo me hubiese quedado en el colegio y no hubiera hecho nada por realizar mi sueño, no habría forzado a mis alas a volar. Del mismo modo, en caso de haber estado tú para aconsejarme cuando ocurrió el accidente de Susana, por supuesto que nunca habría conocido mis límites, pues en mi inmensa arrogancia creí que podía enfrentar cualquier cosa por mi cuenta y que además estaba en lo correcto al actuar como lo hice, estaba ciego de ego, culpa y honor mal entendido… y tampoco hubiera sabido qué tan bajo puedo caer si lo permito, pero tampoco hubiese tenido modo de saber que también soy capaz de levantarme de mis caídas y reinventarme, como tú mismo dijiste hace rato… athair***… - cuando volvió a llamarlo de ese modo, como cuando tenía 6 años, sintió que por fin las cadenas de su amargo dolor se rompían… - Lo que sucedió era lo único que podía haber sucedido… esto nos ha dado grandes lecciones a ambos, más a mí… - y con una sincera sonrisa que caló en lo más profundo en el duque, le agradeció – gracias papá… -
- Hijo… - Richard estaba emocionado y orgulloso de su retoño a partes iguales y así lo demostró en su franca sonrisa. Su hijo sí que había madurado, no solamente reconocía sus errores y aprendía de ellos, si no que estaba aprendiendo a dejar de lado el orgullo desmedido, y sobre todo a perdonar y perdonarse a sí mismo…
**Fin del flashback**
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Candy estaba llorando de emoción, abrazando (más bien estrujando) un tigre de peluche que su novio le regalara cuando supo que ella solía referirse a él como "tiger" en los tiempos del colegio, en referencia al sonido que se obtenía al leer sus iniciales T.G.
- ¡Terry eso fue maravilloso! Estoy tan contenta de que hayas hablado con él y hayan hecho las paces. –Hablaba medio moqueando por el llanto de emoción que la anegaba.
Esto hizo sonreír al británico, que para ser honesto consigo mismo, también sentía que ahora su corazón empezaba a estar completo.
- Sí… ahora estamos mucho mejor, y me temo que muy posiblemente no podré negarme realmente a sucederlo en el ducado – la rubia abrió la boca para decir algo - pero lo de los negocios todavía está en veremos. – Se apresuró él a detener el argumento que estaba seguro Candy ya estaba preparando para convencerlo. Ella cerró la boca y no dijo nada al respecto, después de todo también estaban los medios hermanos de Terrence, ellos bien podían encargarse de las empresas.
Sin la influencia de la terrible duquesa, quien falleciera un par de años atrás víctima de cáncer de hígado; los jóvenes habían tenido que aprender a arreglárselas solos sin que nadie les ayudara a salir de los líos en que se metían por caprichosos e inmaduros, pues ellos sí que montaban enredos monumentales y ridículos, y tuvieron que aguantar la dura mano de su padre para corregirlos de sus muy mimadas vidas. Después, cuando supieron que el "bastardo" no lo era realmente, comprendieron que su madre había sido realmente injusta con él pues no tenía culpa de nada, y aunque no le tenían especial cariño ya que no convivieron demasiado, por lo menos no le tenían ya ese rencor infundado que su madre les inculcó.
- ¿Tu padre estará en la boda verdad? – quiso confirmar Candy, pues de hecho las invitaciones ya se estaban haciendo llegar a los invitados; y ella, sin avisarle ni a Terry ni a su suegra, había enviado una invitación al duque. El siempre eficiente George Johnson le había conseguido la dirección, y junto a la participación, ella envió una carta al caballero explicándole que deseaba de todo corazón que estuviese presente en su enlace, ya que estaba segura de que su hijo lo extrañaba y que solamente era necesario que hablaran. Ella no sabía en ese momento que Richard Grandchester ya estaba planeando ir a NY, y su carta llegó mientras él se encontraba en dicha ciudad. Cuando la señorita Pemberton le informó a su jefe de la correspondencia, el nombre de la carta le llamó la atención, así que le pidió a Claire que le escaneara el documento y se lo hiciera llegar a la brevedad… cuando lo recibió y supo el contenido, no pudo si no sonreír satisfecho de que su hijo finalmente fuera a ser realmente feliz, al lado de esa chica, que era justamente lo que su muchacho necesitaba y merecía.
- Si no lo invitamos creo que el duque no me lo perdonaría nunca pecas. – sonrió divertido el castaño.
- ¿Se quedará aquí hasta ese día? –
- No, debe volver a Londres, pero me ha prometido que no faltará. – se quedó pensativo un instante, antes de añadir. – Lo he invitado personalmente aunque sin papel de por medio, supongo que no hace falta… - meditó. Pero al mirar la expresión de la rubia, supo de inmediato que había algo que él desconocía - ¿Candy? –
- ¿Dime amor? – preguntó con tal dulzura ella, que las sospechas del ojiazul incrementaron.
- ¿Qué tramas? – entrecerró los ojitos - O mejor dicho ¿qué hiciste que tienes esa mirada? –
- ¿Qué mirada? – ella insistía en fingir demencia. Su prometido solamente arqueó la ceja y cruzó los brazos, clara señal de que esperaba una respuesta creíble y una buena explicación. – Ok… bueno es que yo… no sabía que tu padre venía para acá y menos que te buscaría, así que por mi cuenta envié una invitación hace una semana más o menos… George me consiguió la dirección – abrazó más a su peluche y se encogió de hombros, como si fuera una niña pescada en una travesura.
Terrence suspiró hondo y solamente negó con la cabeza, resignado, su pecosa nunca cambiaría… pero bueno, por ser como era es que la amaba con toda su alma…
- Eres una mona entrometida ¿sabías? – cuestionó divertido, ella solamente le sacó la lengua; al final, todo había salido de maravilla.
Los ex rebeldes se despidieron de su larga charla, prometiendo llamarse al día siguiente… Candy tenía un montón de cosas por hacer y Terry vería nuevamente a su padre, trataría de convencerlo de acercarse a Eleanor…
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…
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Después de la luna de miel, cuando Terry y Candy llegaron finalmente a su departamento y tal como el duque les había informado; les esperaba en el buzón un sobre con los sellos del ducado de Grandchester, dirigido a la Sra. Candice Grandchester… ella lo tomó sin demora y al abrirlo y verificar su contenido se llevó la mano libre a la boca, con los ojos abiertos a más no poder… Eran las escrituras y el título de propiedad de la villa de Escocia en la que pasaron aquél maravilloso verano, cuando descubrió a su Terry dorado… las propiedades estaban a nombre de Terrence Graham Grandchester, pero otorgaba el usufructo a ella; de modo que Terry no podía realmente disponer de su propiedad sin la expresa autorización de su esposa. Esto es, el marqués era el dueño de la villa, pero no podía negarse a recibirla, ni venderla ni devolverla ni moverle siquiera un mueble de lugar si Candy no lo autorizaba. Por supuesto el actor casi puso el grito en el cielo; una cosa era haberse reconciliado con el duque y estar en camino de reconstruir su relación, y otra muy distinta era seguir recibiendo beneficios y obsequios de su parte… Claro que la rubia estaba fascinada con el más que generoso detalle e ignorando olímpicamente las protestas del orgulloso de su marido, le llamó directamente a su suegro para agradecerle. Que por supuesto que estaban mucho más que encantados, que mil gracias por su generosidad, que claro que estaba invitado a visitarlos cuando deseara en NY, y que ellos irían a verlo tan pronto Terry tuviese tiempo libre después de la temporada de teatro. Que sin dudarlo irían en una segunda luna de miel a su villa y sabe qué tantas cosas más…
El pobre castaño rodaba los ojos y bufaba; solito, allá recargado en una pared con los ojos cerrados y los brazos cruzados… no admitiría por nada del mundo (al menos no de momento), lo muy emocionado que estaba… ya después, cuando viajaran a Londres, pasaría varias tardes charlando con Richard como hacían antaño, como hubiera deseado en su adolescencia, como sería de ahora en adelante…
El duque y el marqués finalmente volvían a ser padre e hijo…
FIN
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N.A.
*Liath: Azul en gaélico escocés. Color del cielo sin nubes o del mar profundo, entre el verde y el violeta en el espectro visible, y uno de los colores primarios aditivos para la luz transmitida; el color que se obtiene al sustraer rojo y verde de la luz blanca usando filtros magenta y cian.
Un color que incluye no solo el azul sino también los tintos del verde-azul, e incluso en algunas civilizaciones, el verde.
**En algunos sitios de la web se dice que en Reino Unido la mayoría de edad es a los 21 años cumplidos, y en otros menciona que es a los 18; no me fue posible confirmar ninguna de las dos por falta de tiempo y ganas de indagar más a fondo la verdad :-P pero para fines prácticos en este fic, lo dejé en 18. Obviamente lo considero en términos británicos porque nuestro héroe allá residió la mayor parte de su infancia y adolescencia, y porque allá es donde vive el duque.
Athair*** padre, en gaélico escocés.
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Ok... espero que no lo hayan odiado... el siguiente y ultimo shot de estas crónicas (sí, al final serán tres y no dos x.X ) lo traeré próximamente, no taan pronto pero sí habrá una tercera crónica; gracias por estar aquí y seguir mis locuras. Y por cierto, no narré demasiado del encuentro de Richard con las Marlowe porque ya tuvimos demasiado de esas dos y la verdad es que no merecen tanto tiempo ni atención¡je, je! Por cierto Gissa, hice un pequeño cambio en el tema de ese par que seguro notarás y espero te alegre ¡je, je! ;-)
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Guest 1: ¡Gracias! Ojalá te guste también la segunda n.n
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Feliz64: Me alegra que te gustara; créeme, para mí ellos siempre se van a merecer toda la felicidad del mundo, ¡gracias a ti por leer y comentar!
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Sandy Sánchez: ¡Amigaaa! Tú siempre con tus hermosos comentarios me alegras el día, la semana y demás ¡je, je! Me hace feliz que te haya gustado en serio… de pronto sentí que se me había pasado la mano con las descripciones y demás, pero es que yo deseaba que ustedes pudieran imaginarse todo tal como yo lo tengo en la cabeza, ojalá lo haya logrado… Ah lo azul en los zapatos de Candy ¡je, je! La verdad me piratée la idea de una foto de Pinterest ¡ja, ja! Pero también me apreció de lo más original n.n Y la coreografía, pues Black Velvet era la mejor ¿no? Por cierto, ¡la chica Letellier claro que está fascinada con el novio! ¿Quién no? ¡ja, ja! Camus no es celoso y conoce a su chica perfectamente, sabe que ella es así con la gente a la que quiere de verdad, así que no se hace dramas por eso ;-) Huy la noche de bodas o.O me acuerdo y hasta yo siento que probé al novio ¡ja, ja! ¡Qué calor! Cierto, Candy suertudota… Yo te agradezco a ti tu tiempo para leer hermosa, para comentar (tres veces ¡je, je!) y por tu apoyo incondicional; en serio es muy valioso para mí, además me animas a seguir escribiendo y hacerlo de la mejor forma posible. Gracias en serio por tu amistad, ya te traje una segunda crónica, ojalá no te de sueño ¡ja, ja! Cuídate también amiga linda, nos seguimos comunicando.
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Guest 2: ¡Muchísimas gracias a ti! Me encanta que te haya gustado tanto, me regalas motivos para sonreír e intentar escribir cosas lindas para ellos y para ustedes. ¡Saludos!
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Eli: ¡Gracias hermosa! Qué feliz me hace que esta boda te haya gustado tanto, sinceramente yo deseaba algo muy especial para ellos pero tenía el temor de que fuera demasiado descriptiva o dulce, pero me encanta saber que logré mi objetivo de que pudieras imaginarte todo lo escrito, así como yo lo tenía en la cabeza. Que bonito que te gustaran esos detalles, y sí Annie y Patty evolucionaron y se convirtieron en las amigas que la pecosa necesitaba realmente ;-)
¡Qué bien que te gustara la participación del bellísimo Camus! ¿Verdad que es una maravilla de chico? Yo lo adoro… tanto como a Terry ¡je, je! Anda esa fotógrafa es el sueño de las novias yo creo, no tanto de los novios celosos de su privacidad como nuestro Romeo, ¿pero qué le hacía el pobre? ¡Ja, ja! Al final agradeció tener todos esos recuerdos, y mira le pediré a Patty los datos de la fotógrafa, a ver si me los comparte para ti ;-) También creo que fue toda una revelación que la rubia pueda bailar de ese modo, le pregunté a Terry qué opinaba y el suertudo seguía en shock y ni me pudo contestar ¡ja, ja! Y sí, esa Letellier tiene chispazos de inspiración ¡ji, ji! Y que lindo que te gustara la noche de bodas, creo que a ellos les gustó más, espero :-P Gracias nuevamente linda, ya te traje el segundo shot de estas crónicas, espero que te agrade y no te aburras o algo. ¿Verdad que Camus luce magnífico en esa imagen? Tengo montones de él ¡ja, ja! Cuando gustes te comparto algunas. ¡Saludos!
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Guest 3: ¡Hola! ¡Ja, ja! No te preocupes, igual sé que tanto detalle pudo ser algo cargante para algunas personas, pero me alegra que al final justamente los detalles de la noche de bodas te hayan gustado y convencido n.n y no te fijes por la palabra empleada, al contrario mil gracias por lo efusiva, eso significa que vale el esfuerzo n.n ¡Saludos!
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Nally Graham: Hola señorita, ¡qué bueno que te gustara! Y me alegra que te agradara que fuera tan descriptivo, temía que se aburrieran ¡je, je! ¿Verdad que te gustó el vestido? Me encanta que lograra describirlo lo más parecido posible al que vi; lo malo es que FF no permite compartir links, me hubiese gustado que todas lo vieran n.n. Qué genial que logré hacer que te lo imaginaras, y pues si lo deseas para ti nada más dime y te paso los links de las fotos del vestido y anillos ¡je, je! Ya te traje el segundo shot, ojalá te agrade también. ¡Saludos!
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Guest 4: ¡Je, je! Seee… Terry es un goloso de primera ¿pero verdad que se merece ser feliz? Y La pecas igual, que ni del rogar se hizo ¡ja, ja! Que genial que te gustara, muchas gracias por leer y comentar. ¡Saludos!
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Gissa A. Graham: ¡Mil gracias amiga hermosa! Soy tan feliz de que te gustara… en verdad. Y mejor todavía que opines igual que nuestro bombón, que efectivamente sucumbió al hechizo de Black Velvet y se llevó de volada a Candy de ahí ¡ja, ja! ¿Verdad que sí se merecían algo así? Yo creo que ya les toca ser absolutamente felices, y apasionados :-D ¡Ja, ja, ja! Ese Terry y sus apodos, me gusta que te causara gracia el de la Letellier, ¡Se le ocurre cada cosa a ese guapo! Gracias a ti como siempre por el apoyo preciosa, sabes lo mucho que lo valoro y que te quiero un montón. ¡Cuídate te envío besos y abrazos!
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Ster star: ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado n.n
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AlexaPQ: ¡Preciosa muchas gracias! Soy feliz de que te haya gustado también, ya sabes, cuando quieras y puedas ;-) en verdad me siento muy honrada de saber que te sentiste parte de la historia, es maravilloso para mí lograr que te sumergieras en ella, que formaras parte de la felicidad de esa entrañable amiga y del maravilloso Terry (no te apures, creo que todas queremos mucho a la pecas pues le prestamos al divino Terrence ¡ja, ja!). Que alegría poder dejar a Stear vivo y que te alegre a ti también, mil gracias por tu tiempo hermosa, soy feliz de que lo seas tú y ellos; y pues gracias por la deferencia de permitirme tener ahí a mi otro amor que es Camus ¡je, je! Adoro verlos juntos, se me sale la baba de hecho ¡ja, ja, ja! ¡Ah esa Letellier tan ocurrente! Pero totalmente cierto lo que dijo, ¿verdad que nada se compara con la belleza de Terry? ¡Mil gracias por leer linda! Cuídate mucho te envío un gran abrazo.
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Guest 5: ¡Gracias por leer y comentar! Me alegra que te gustara ¡Saludos!
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Queridas/os Guests... sería un placer para mí poder saludarles usando su nombre, por lo que si me vuelven a regalar un review las invito a compartirlo conmigo, es que llamarles "Guest 1, 2..." etc. no es tan personal como me gustaría; ojalá se animen ;-)
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¡Gracias de nuevo, nos leemos pronto!
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4 de septiembre de 2017
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Ayame Du Verseau
