CAPÍTULO 2 "SUEÑOS Y SEÑALES"
Disclaimer: Los personajes de Big Hero 6 y Coco no me pertenecen; pertenecen a Disney y a sus respectivos creadores, (Kyle es propiedad de Meba). Sólo los uso por afición y nada más.
NOTA: En este fic, los personajes principales son mayores de 18 años. Contenido +15, palabras vulgares/altisonantes, situaciones graciosas. Parejas principales: Higuel, Marckyle, y leve insinuación de Kyguel y Marchiro. Nada más.
NOTA 2:
Sorry por la tardanza XD He estado ocupada, y estaba colapsando mentalmente para estructurar la historia. Ay dios, me quebré la cabeza, pero esto ya tomó forma y ya podré actualizar un poco más seguido. Espero la inspiración dure para rato. ¡LOS AMO!
La versión de la Llorona que Miguel tocó es:
-La Llorona en Guitarra Clásica, interpretada por Edgar Miguel García.
Me gustó muchísimo esa versión. Pero si gustan, también pueden escuchar la siguiente versión. Ambas son muy bellas.
-La Llorona Guitar Solo- guitarlessons
¡A LEER!
CAPÍTULO 2 "SUEÑOS Y SEÑALES"
Marco aún no dejaba de ver la calle por donde el motociclista había desaparecido. La actitud y quizá la figura de ese chico lo habían impresionado. Él siempre fue coqueto y seductor por naturaleza, fuerte, orgulloso, ambicioso, dispuesto a dar todo de sí mismo, con una actitud algo creída pero bien sustentada. Siempre conservando ese porte altivo... Marco Rivera no era cualquier ser humano que aspiraba ser mariachi. No señor, era un excelente intérprete, compositor y músico en general. Le había costado llegar hasta allá, e iba a hacerse respetar a como diera lugar. Valoraba el esfuerzo que su hermano y él habían invertido en su carrera y en su objetivo: volverse los mejores músicos (del mundo, de preferencia).
Una persona como Marco Rivera explotaba su potencial intelectual y ¿por qué no? También su potencial físico.
Alto, fuerte, ojos color café claro, casi ámbar, cabello castaño y el lunar coqueto que estaba debajo de su labio inferior derecho, un cuerpo que se movía increíblemente bien (tómese en cualquier sentido), ese carisma, ese atractivo que le daban sus gestos; Marco era un sex-simbol andante. Buen físico y mente brillante, porte altanero y coqueto; tenía todo lo que una mujer pudiera desear.
Solo que...
A él no se le daba el rollo con mujeres. Para nada. Lo descubrió el día en que fue al Mercado en Santa Cecilia y le gustó el buen trasero del chalan del Sr. Ramón, el mecánico. Un pequeño intercambio de palabras y una sutil invitación para que su primer beso le fuera robado en el taller, detrás de un Volkswagen que tenía dañado el motor. Su hermosa naturaleza había despertado.
¿Había tenido novio? No se sabe con certeza, pero experiencia no le faltaba.
Gustaba de hombres difíciles, que se resistieran lo suficiente, que "valieran la pena" y que tuvieran algo bueno que ofrecerle. No se conformaba con menos.
Jamás careció de amantes ocasionales, y en el juego de la seducción Marco sabía explotar todo lo que poseía al máximo. Y nunca (JAMÁS) fallaba.
Hasta que llegó Kyle Hamada...
Era la primera vez que alguien no caía en su juego. Bueno, también era la primera vez que tiraba una motocicleta ajena y que se molestaban con él en medio de un ligue. Todo un reto. El chico le era atractivo, un buen partido.
En el rostro de Kyle, aún con ese rictus enojado y serio que conservaba la mayoría del tiempo, cualquier expresión le quedaba sumamente bien. Lo que daría por tener a ese chico debajo de él, besándolo hasta cansarse, acariciando esa piel, tocado lugares que ni siquiera podía imaginarse aún.
Su mente comenzó a divagar, imaginando cómo sería recorrer las carreteras con él, sintiendo el viento en su cara, su alma libre acompañada de un espíritu que amaba el peligro, mientras él se aferraba a su cintura y Kyle conducía, sin detenerse y disfrutando de toda la adrenalina. Cómo sería compartir un viaje en motocicleta con Kyle...
Espera un momento. Esos pensamientos no eran los que precisamente debían dominar su cabeza. ¿No solo le atraía el físico de Kyle? ¿Por qué se imaginaba a ellos dos compartiendo una motocicleta y no una cama?
Alto ahí... Marco, detente. No pienses en eso. ¿No sólo es atracción física? ¿Sólo es pasión? ¿Éxtasis? O podría ser... Una palabra, una maldita palabra, una palabra que significaba un peligro inminente, una perdición, la peor de las peores: ¿AMOR?
Eso no podía ser ¿En serio?
No, imposible. Marco Rivera, ¿enamorado? ¿Se había enamorado de ese chico malo en menos de cinco minutos?
—¡MARCO! ¡Chinga! ¡Te estoy hablando!—su hermano lo sacó de su ensimismamiento mental. Reaccionó por fin, quitándose los bóxers de la cara, mirando a Miguel.
—... ¿Qué decías?
—Ash, contigo no se puede. La próxima vez que Hiro venga ¡Procura no dejar tus calzones en la cama!
—Lo siento—dijo por fin.
Marco cerró la puerta tras de sí, maldiciéndose por ser tan bruto y haber espantado a su ligue. ¿En serio? ¿POR QUÉ DEBÍAN SALIRLE LAS COSAS TAN MAL EN ESTA OCASIÓN?
—Estás bien tonto, Marco. Qué pena con Hiro—Miguel se cubrió la cara con ambas manos, entrando al departamento.
No era muy ostentoso, pero era lo suficientemente grande para estar equipado con una pequeña sala de estar (sólo dos piezas), una mesa ratona, la televisión, el Xbox y la cocina en un mismo cuarto. Había tres cuartos más, uno era de Miguel, el otro de Marco y finalmente el baño. Un departamento bastante espacioso, ideal para ensayos, para la convivencia bruta de los Rivera y para alojar una visita ocasional.
Marco dobló los boxers, los puso en la cesta de ropa sucia más cercana y se quedó pensando. Su mente volvía constantemente al motociclista. Sin embargo, Marco Rivera no era precisamente "paciente" respecto a estos asuntos. Prefería salir de los revueltos mentales escabrosos con un "A la chingada, que sea lo que Dios quiera", y ese pensamiento estaba empezando a ser molesto
Dio carpetazo final a su encrucijada mental; no era amor, sólo era la impresión y una mala jugada del destino. Ya tendría otra oportunidad con el Hamada mayor. Pero, para que hubiese otra oportunidad, debía manipular bien sus piezas. Y esas piezas, cual juego de ajedrez, eran Hiro y Miguel.
Marco miró a su hermano, lo tomó de un hombro y le dijo sin rodeos:
—Debes seguir yendo a la casa del Hiro.
Miguel se extrañó ¿Qué estaba pasando? ¿Marco pidiéndole que fuera a casa de Hiro, cuando meses antes le reclamaba sus llegadas a altas horas de la noche y su falta de concentración constante en la Universidad?
Y es que Marco no bromeaba. No señor. Sabía que todavía tenía una posibilidad con el adonis nipón que se le presentó hace unos minutos. Y si debía usar el amor desmedido de su hermanito por el hermano menor del rockero sexy, iba a tomar el riesgo:Tomar ventaja del amor de su hermano.
—Vamos, que se ve que son buenos amigos...
Miguel sonrió como idiota. No eran buenos amigos. Eran los mejores amigos... y si las cosas se daban bien, serían novios próximamente.
—Tienes razón... pero Hiro debe invitarme más seguido.
Y en eso también tenía razón. Si quería ganarse el favor de Kyle, primero se tenía que ganar a Hiro, a como diera lugar. Debía forzar las cosas, si era necesario.
—Oye, lindura de pelos necios—le llamó a Hiro, quien estaba colocando el nuevo videojuego de "Gears of War"—Invita a Miguel más seguido a tu casa.
—¿Si? Ah, perdón ¡SI, LO HARÉ!—el nipón alzó el pulgar como aprobación.
—Ya está. Ahora—se dirigió a Miguel—juega todo lo que quieras con tu chino. Yo saldré a despejarme un rato. Que no se vaya tan tarde, me avisas cuando su hermano llegue por él.
Miguel lo miró incrédulo. ¿Y ese cambio de actitud? Él ya se estaba preparando psicológicamente para recibir todo el bullying de su hermano, seguido de burlas y preguntas indecorosas. Pero no... Marco sólo se limitó a decirle "juega con tu chino".
Suficientes preocupaciones por hoy, tenía casa sola y a Hiro. Era hora de divertirse, podían hacer todo el ruido que querían. Lástima que sólo jugaran videojuegos.
—¡Lindura! ¡Miguel! ¡Nos vemos!—Marco cerró la puerta, llevándose consigo una chamarra de piel café y las llaves de su Ford fiesta 2015, el carro que más amaba (y el único que había podido comprar en ese país).
No necesitaba excusarse, sólo salir y pensar las cosas con detenimiento. Si le era posible, despejar su mente del maravilloso nipón que casi lo mataba esa tarde. Encendió el carro y salió de los modestos departamentos.
Mientras tanto, nuestros queridos no-tan niños de 19 años, ya estaban jugando su dichoso videojuego.
Pidieron una pizza a domicilio, sacaron las frituras, la comida chatarra y la Coca-Cola, mientras no dejaban de manipular los controles con exasperación.
Dos horas después, se aburrieron y dieron paso a un juego "normal" entre amigos. Verdad o Reto.
—Te toca. Prefiero reto esta vez.
—Te reto a ponerte esos calzoncillos de tu hermano, encima del pantalón— Dijo Hiro, mientras empezaba a manipular un osito de goma, lo atrapaba entre su pequeña separación y lo masticaba sin piedad.
Miguel hizo una mueca de asco. Hiro era un maldito desconsiderado en esos juegos.
—Ugh... ¿Esto es por la última vez que jugamos?
—No se me ha quitado la maldita roncha—respondió Hiro—Yo te pido algo que no exponga tu vida al peligro.
La última vez, Miguel le había impuesto el reto de golpear un pequeño panal de avispas cercano al parque. No pensó que el panal estuviera habitado, ni que las avispas de San Fransokyo picaran tan fuerte. Pasaron una semana quejándose del dolor, siendo asistidos por Baymax en sus ratos libres.
—Tu piel es sensible, pero créeme, no soportarías tener un calzón de Marco encima de ti, ni siquiera encima de la ropa.
Miguel deslizó los boxers limpios de Marco por sus rodillas. Se veía completamente ridículo.
—Jajajajaja, saluda a Facebook—Hiro le tomó una foto y guardó enseguida su celular.
—¡NO, HIRO! ¡ESO NO SE HACE! ¡DAME EL CELULAR!—Miguel empezó a forcejear con él, tratando de quitarle el aparato de sus manos.
—¡QUÍTAMELO SI PUEDES!—Hiro se apresuró a liberarse del agarre y escapar de Miguel. Jugaron un rato, se golpearon accidentalmente al resbalarse con el mantel de la mesa, tuvieron que limpiar el desastre que causaron cuando vertieron la Coca-cola. Fue una tarde divertida.
—Pásame el trapo, Marco va a matarme si se entera—dijo Miguel, arremangándose la camisa y limpiando el pequeño poster de un concierto al que Marco había asistido años atrás. Le dio escalofríos pensar en su hermano encabritado por sus travesuras—Lamento la mala impresión...
—¿Por qué lo dices?—Hiro siguió barriendo el pequeño desastre. No estaba acostumbrado a limpiar su propio cuarto, pero decidió ayudar a Miguel y así evitar que Marco lo castigara y le impidiera verlo una semana.
—Ya sabes... El trato de mi hermano. Creo que... te intimido.
Pensándolo bien, sí. Lo había hecho. Marco había "sacado de onda" a Hiro por un momento.
—No es nada, esperaba algo así de tu hermano—trató de sincerarse el nipón.
—¿En serio? Lo siento, a veces creo que los hermanos son idiotas.
—Dímelo a mí...
—¿Y qué piensas de Marco?
Miguel lo miro expectante. Hiro no sabía que decir, si Miguel había dicho cosas tan lindas de su familia, se supone que debía responder de la misma manera ¿no?
—Pues, es simpático, bromista, me gusta cómo habla. "Me cayó bien", como tú sueles decir. Es... Agradable.
Miguel se removió incómodo. Lo que Hiro pretendía era ser amable con la verdadera impresión que Marco le había causado. No sabía mucho acerca de las técnicas sociales y temía que su verdadera impresión causará molestia en Miguel. ¿Cómo reaccionaría su amigo, si le decía en realidad que Marcó le había parecido una persona grosera, vulgar y hasta cierto punto atrevido e irritante (pero buena persona)?
Los Rivera eran hermanos que se querían muchísimo, se cuidaban, se procuraban siempre, se daban apoyo emocional y se chingaban mutuamente. La relación fraternal no la iba a poner en duda NADIE, mucho menos si se trataba de proteger a su hermanita Coco (la adoración de los mayores). Y la mala opinión de un japoamericano era más frágil que eso. Hiro no imaginaba el lazo tan fuerte que unía a esos dos.
Sin embargo, Miguel no pensaba de la misma manera. Sí conocía a Hiro, pero no podía leer su mente. Detrás de ese "me cayó bien", Miguel mal interpreto su respuesta. Siempre había temido que Marco fuera a fijarse en Hiro. Sabía de los gustos de su hermano y su mayor miedo era que Hiro se viese envuelto en esa telaraña de encanto y seducción que Marco no dejaba de tejer donde quiera que fuera. Es esa pequeña desconfianza que Miguel jamás se atrevería a hablar con Marco. Sentirse "menos" que él.
—¿Se te hace una agradable persona?
—Claro.
—Bueno, supongo que es cierto. Marco es... Un pendejo agradable—trató de desvanecer ese pequeño temor con una broma malhecha.
—Bueno, y ¿Tú qué piensas de mis hermanos?—preguntó Hiro, desviando el tema.
—Sinceramente, Tadashi me agrado muchísimo, se ve que es un gran hermano—Hiro sonrió por incercia—Pero de Kyle no puedo decir mucho. Me gustaría hablar más con él, de músico a músico. Si me hubieras dicho que también tenías un hermano que tocaba la guitarra, le hubiera enseñado una plumilla que tengo de un concierto de Avenged Sevenfold. Me importa mucho llevarme bien con tus hermanos—soltó el mexicano, sin pensarlo.
La mente de Hiro intentaba procesar todo eso y darle una interpretación adecuada; sólo atinó a preguntar.
—¿Por qué?
—La opinión de tu familia me importa... Eres increíble y mi único amigo, si tu familia me impidera verte, me moriría. Sin ti, la vida no sería la misma.
Esperaba una respuesta más completa, pero a quién engañaba. Estaba feliz por la contestación del chico.
—¿Y si seguimos jugando un rato?—preguntó Hiro, apenado. Era mucho por ese día. Sonrió, esto estaba tomando un muy buen camino. Al parecer, el plan de Tadashi sí estaba dando frutos—¿Seguimos con Verdad o Reto?
—Vale, te toca.
—¿Qué pensaste de mi cuando me conociste?—preguntó Hiro, de pronto.
Miguel pensó un poco, y contestó.
—Creo que muchas cosas... Eras un chico muy lindo que había ido a comprar un gran bote de catsup en el Oxxo, apresurado, tierno, distraído. Y un poco raro...
Se moría por decirle que su primera impresión fue "Que chino tan lindo", adornada por la ternura que le causo su torpeza y sus inmensas ganas de empezar a hablar con él.
—Oye, ¿Cómo que raro?
—Me ofreciste un ticket en lugar de un billete ¿eso no es raro?
—Le pasa a todos los que llevan prisa—empezaron a reírse los dos, mientras tomaban asiento en el comedor.
—¿Y tú que pensaste cuando me conociste?
Miguel estaba esperanzado con ansias esa respuesta desde hace mucho tiempo. Estaba decidido a declarársele a Hiro en cuanto estuviera seguro de ser correspondido.
—Que eras una buena persona, tierna, un poco idiota pero gracioso y simpático, incluso ¿alegre?, con un pésimo sentido del humor.
Miguel se volteó, tratando de no gritar ni abrazar eufóricamente a su amigo para que soltara las palabras que estaba esperando. Se sentía querido y especial.
—Tuvimos una buena impresión el uno del otro ¿no?
—Sí, ya lo creo—Hiro dejó la escoba a un lado, mirando con atención la guitarra de su amigo—Oye, dijiste que ibas a mostrarme una canción.
—Es cierto, casi lo olvidaba. Ven...
Miguel lo tomó de la mano y le indicó que se sentara en frente de su cama.
—Esta canción la voy a tocar en mi próxima presentación en la escuela, le hice unos arreglos para que pudiera tocarla sólo yo... Y la verdad, no sé si te guste, porque no canto y porque sólo te gustan cosas escandalosas, pero quiero que la escuches de todos modos—Dijo Miguel, colocando el afinador en la cabeza de la guitarra y empezando a afinarla.
—De acuerdo, aunque no quiera, me vas a obligar—Miguel rió y tomó una silla que estaba cerca. Se acomodó en la pequeña silla y miró con atención a Hiro.
—Se llama "La Llorona"—Miguel tomó su bancopie y lo colocó en la posición más cómoda para él. Tomó la guitarra con ambas manos y acarició las cuerdas antes de empezar a rasguearlas—Entonces... sólo cierra los ojos y siente... por favor.
Miguel estaba más nervioso que nunca. Por eso prefirió no cantar esta vez. Quería impresionar a Hiro y transmitirle al menos un poco de sus sentimientos a través de la música, pero sólo con lo que salía la guitarra.
Suspiró y llevó su mano izquierda a formar el primer acorde. Empezó con la digitación perfecta, seguido de una pequeña escala. Sin palabras, sin otra voz que no fuera la de la guitarra, empezó su interpretación de "La llorona". Pretendía tocarla frente al altar el 2 de Noviembre, especialmente para Mamá Imelda. Seguramente le gustaría.
El estilo de Miguel siempre fue alegre, pero la Universidad le exigía cierto grado de preparación en guitarra clásica, así como el dominio de arreglos musicales y el solfeo.
Miguel entonces debía dominar todas las técnicas. Debía cantar, componer, realizar arreglos e interpretaciones de todo tipo. Esa era una buena práctica.
Hiro se debatía mentalmente entre abrir los ojos o simplemente dejarse llevar por el bello sonido. Era algo completamente nuevo para él. Una sensación extraña; pensó por un momento en el pequeño pueblo de Miguel, que sólo le había mostrado en fotos, y que lo había trazado en su mente con una que otra anécdota que el moreno le contaba. Pensó en lo bello que sería ver a Miguel en la Plaza del Mariachi, interpretando esa misma canción, con la belleza que significaba la música, con ese estilo tan apasionado y lleno de amor por su pueblo, de intensidad y de cariño...
Miguel estaba atento a las reacciones de Hiro, sin perder del todo la concentración. Un pensamiento similar recorrió su mente, al imaginarse a Hiro sentado en frente de todo el público, mirándolo con amor, expresándole con sus bonitos ojos rasgados lo orgulloso que se sentía de él.
Esperaba que su mensaje de amor sin palabras le llegara al asiático. Lo deseaba, lo necesitaba, lo exigía.
Hiro se sentía desfallecer. Jamás pensó que una canción sin letra pudiera hacerle sentir cierto cariño por un lugar que no conocía y que jamás había visitado. Definitivamente, el poder de la música puede traspasar las barreras del espacio y del tiempo.
Minutos después, en cuanto los rasgueos se hicieron más rápidos, Miguel finalizó la interpretación con un acorde sencillo pero fuerte.
Miguel dejó de tocar, y espero a que Hiro abriera los ojos.
—Y bien... ¿Te gustó?
Hiro no dijo nada, sólo aplaudió efusivamente con su sonrisa tierna, mostrando esa pequeña cavidad entre los dientes incisivos centrales.
Miguel lo tomó como un "Me gustó mucho", así que se levantó e hizo una reverencia.
—Que galante, sr. Rivera.
—Le agradezco al mejor público, sr. Hamada— Miguel dejó su guitarra en la cama y miró el reloj
—¿A qué hora llega tu hermano por ti?—preguntó Miguel.
—Creo que a las 8:00—Hiro se levantó para ir por un vaso de agua y sus panditas.
—Supongo que ya no tarda. Le avisaré a Marco—Miguel tomó su celular y le envió un mensaje a su hermano mayor. Francamente, Miguel se sorprendió por la cantidad de panditas que Hiro podía llegar a comer.
—¿No quieres algo más sano? Ya me duele el estómago...
—Una última y ya.
—¿Crees que Kyle sea muy puntual?—preguntó el moreno, mientras tomaba asiento en la pequeña salita, seguido de Hiro.
—No lo sé. Es la primera vez que me recoge—Hiro se acomodó en el sillón, tomando un pandita y devorándolo—Sinceramente, me hubiera gustado pasar más tiempo contigo.
El corazón de Miguel empezó a bombear sangre a niveles jamás conocidos. ¡Vida, dale un respiro, que lo vas a infartar!
—Creo que a mí también... De hecho, quisiera pasar mucho más tiempo contigo—Hiro parecía que se iba a atragantar con su pandita, empezó a toser por la sorpresa.
—COF, COF.
—¡AY, MADRE! ¡HIRO, NO TE ME MUERAS!—Empezó a echarle aire con la mano y le jaló las orejas. Métodos del mexicano promedio para evitar una muerte por asfixia.
Hiro empezó a jalar aire a grandes bocanadas cuando el pandita se deslizó por su garganta.
—Ya... ya... ya pasó... creo—respiró profundamente para calmarse—Deberíamos reunirnos en casa más seguido...
—Pero no creo que Marco me deje, es muy estricto con los ensayos y mis tiempos. Y dirá que eres una distracción y blablablá.
—No lo culpo. Tadashi dice lo mismo con lo de las responsabilidades—dijo el nipón completamente recuperado.
—¿No te gustaría independizarte de tus hermanos?—preguntó Miguel mientras le echaba aire con una mano
—No me molesta vivir con ellos.
—Pero imagina, sólos tú y yo, viviendo en un departamento, como rommies y... no sé. Suena genial.
Esa visión se le antojó a su amigo. Ver despertar a Miguel, pasearse juntos por la ciudad, llegar a su casa y verlo dormir, escucharlo ensayar en las noches, que lo ayudara con sus proyectos finales... era una visión casi perfecta. Un sueño.
—Algún día viviremos juntos—dijo decidido el japonés—compartiremos gastos y podremos hacer lo que queremos, sin necesidad de preguntarle nada a Marco, a Kyle o a Tadashi.
—Trato hecho—sonrió Miguel.
Estuvieron hablando por otro rato, acerca de la escuela y de lo difícil que era lidiar con una maestría y con la especialización.
—Apenas voy empezando la carrera y ya casi repruebo
—Debes ensayar más.
—No es por eso. Es la parte teórica; Historia Del Arte no se me da...
—Me sucedía lo mismo pero con Programación...
—Oye Hiro,
—¿Qué sucede?
—¿P-puedo pedirte un favor?
—Sí, lo que quieras.
—Pues... ah... El próximo domingo tengo libre. ¿Quieres ir conmigo al parque? No pienses nada raro, sólo... Tengo que ir a ver unas cosas
—Desde luego, te acompaño.
—¡GENIAL! Paso por ti a las 4:00. Ya sé dónde vives, así que no hay necesidad de poner punto intermedio.
—Está bien. Te esperaré. A las 4:00 ¿cierto?
—Sí—Miguel estaba empezando a ponerse nervioso. ¿Qué pretendía? ¿Qué era lo que necesitaba hacer a partir de ahora? Ese era un pequeño plan improvisado pero, esperaba, fuese efectivo.
Fuera de la casa de Miguel, el carro de Marco se estacionó en paralelo a la calle. Él estaba aguardando con paciencia la llegada del motociclista. Más que nada, para asegurarse de su teoría. A pesar de haber dado carpetazo final hace unas horas, la imagen de Kyle volvía y volvía a sus pensamientos. Por ello, formulo una teoría sencilla.
Era muy simple: si lo veía y se excitaba, era sólo deseo. Si lo veía y le encantaba su actitud, era admiración. ¿AMOR? Pffff, Marco Rivera no se ganas de enamorarse se desvanecieron en cuanto supo que su hermanito Miguel babeaba y se apendejaba por un chino escuálido, que creía que era perfecto hasta cuando se enojaba y lo mandaba a freír espárragos. Tuvo que soportar a Miguel apendejado por dos años, incluyendo los ensayos a media noche, donde el músico menor no podía concentrarse porque Hiro Hamada se había adueñado de su mente.
Marco se desesperaba. "NO, ESA NO ES LA CUERDA" "DA CAPO" NO, MIGUEL. ESTAS TOCANDO LAS SEGUNDA GUITARRA, ERES LA PRIMERA. VAMOS. DE NUEVO. ¡QUE NO! A VER, ANACRUZA AL COMPÁS 34... Si... vamos bien... ¡MIGUEL, TE VOLVISTE A ATRASAR!
Y así se llevaron muchos días, muchas noches y muchas semanas, donde el potencial y la capacidad de Miguel se veían terriblemente nublados por Hiro. El amor te apendeja. Definitivamente.
"Asqueroso y patético", pensaba Marco.
Mientras miraba los mensajes de su celular, un ruido peculiar llamó su atención. En frente de los departamentos, se estaba estacionando una motocicleta Harley Davidson. Kyle se desmontó, le puso la patita de seguridad, se quitó el casco y se encaminó a la entrada.
Marco también salió del coche, para darle alcance antes de que tocara la puerta.
—¿Pasaste buena tarde, rockero?—preguntó Marco, recargándose en el cofre de su carro.
Kyle volteó ante su llamado y lo miró con algo de desprecio y su ceño fruncido.
—Lo hubiera sido, si no fuera porque un imbécil destruyo parte del escape de mi motocicleta. Gracias, idiota.
Bien, habían empezado bien.
—Oye, lo lamento. No era mi intención lastimar a tu belleza ¿Quieres que la examine?—preguntó Marco, muy decidido y seguro.
Kyle lo miró con desconfianza. ¿Qué carajos? ¿Ahora ese tipo además de ser un músico arrogante pretendía ser mecánico?
—No dejaré que la toques.
—Yo no me refería la motocicleta—Marco se acercó peligrosamente al rostro de Kyle. El asiático tomó un pequeño segundo para procesarlo. DEMONIOS.
—Aléjate de mi, idiota—Kyle lo empujó con algo de fuerza, haciendo trastabillar al Rivera—No estoy de humor para perversiones.
—Es una lástima—dijo Marco de manera sutil y sensual. Se quitó su chamarra y se la amarró a la cintura, para acercarse a la motocicleta y empezar a examinar el escape—Pero lo haré de todos modos, quiero remediar lo que hice.
—Dudo mucho que lo hagas—Kyle se acercó donde Marco, pendiente de lo que el moreno le iba hacer a su Hayley Davidson.
—El servicio será gratis—Despues de unos minutos y de un chequeo superficial, Marco sólo determinó que efectivamente, el escape se había roto y que era necesario sustituirlo por uno nuevo.
—¿Cómo sabes de estas cosas?
—Conoci a un mecánico en mi pueblo y me enseñó de máquinas. No es la gran cosa. Ten, son unos ciento cincuenta dólares. Cómprale un kit Biker Choice 84-99. Son de buena calidad y van a durar mucho.
Kyle miró el dinero que Marco le estaba ofreciendo. ¿Por qué lo hacía? Es decir, tenía su gratitud ahora, y aminoró un poco la molestia del asiático por lo acontecido en la tarde, pero estaba en un debate mental.
—Toma el dinero, que se me está cansando el brazo—dijo Marco, de forma altanera. Kyle extendió la mano y tomó los dólares que Marco le ofrecía—Listo, he pagado mi deuda.
Kyle lo miró sin decir nada. No lo podía creer. Simplemente le era imposible.
—Luego me agradeces, que tu hermano y tú ya se tienen que ir; hermoso—Marco tomó las llaves de su casa y abrió la puerta—¡MIGUEL! ¡YA LLEGARON POR HIRO!
Kyle guardó el dinero en su bolsillo y vio la figura de Marco desaparecer por el umbral de la entrada. Ese chico... era una caja llena de sorpresas.
—Hey, enano—dijo Kyle en cuanto vio aparecer a Hiro y a Miguel en la entrada—Ten, es hora de irnos.
Hiro tomó el casco y se lo puso, mientrasmtodavía conversaba con Miguel.
—Entonces el próximo domingo, a las 4:00
—Sí, desde luego. Pasaré por ti. ¡Ve pidiendo permiso a Tadashi!
—¡DE ACUERDO!
—¿La pasaron bien?—preguntó Kyle, mirando a Miguel—¿Hiro no hizo explotar nada?
—No te preocupes, Kyle. Hiro y yo estuvimos jugando videojuegos todo el día. Fue cool—Miguel se rió decorosamente, mientras veía como Hiro intentaba colocarse el casco de manera adecuada, sin que sus ojos fueran agredidos por su cabello.
—Me alegro mucho—Kyle sonrió de lado. Sintió algo extraño. La risa de Miguel era bastante contagiosa, y ese hoyuelo que adornaba su mejilla le parecía de lo más tierno. De pronto, algo lo desconcertó, pero no desaprovecho para intercambiar más palabras con el mexicano. Con él sí tenía ganas de hablar—Bonitos calzones. Pero creo que esos se usan debajo ¿no?
Miguel dejó de ver a Hiro y miró su pantalón. Lo había olvidado por completo. ¿CUÁNTO TIEMPO HABÍA LLEVADO PUESTOS LOS BOXERS DE SU HERMANO? Se sonrojó furiosamente. No pudo evitarlo.
—¡AH MIERDA!—Miguel rápidamente se los quitó como pudo y los aventó dentro de la casa—L-lo lamento, Kyle. No debías ver eso.
Mierda, el mocoso se veía muy lindo sonrojado. Kyle apartó la mirada de Miguel, fingiendo que el Ford Fiesta era más interesante.
Hiro se deshacía en risas. Hasta a él se le había olvidado el pequeño detalle.
—JAJAJAJAJAJA, si mañana te vuelves viral en Facebook, cúlpame a mí—Hiro por fín abrocho el casco.
—¡N-No se vale! ¡Eres un maldito traidor!—Miguel le dio un pequeño zape en la cabeza, Hiro intentó colgarse en la espalda de él para apaciguar la ira Rivera.
Kyle sólo miraba con algo de envidia la escena.
—Bien, vámonos Hiro. Tadashi nos está esperando.
Hiro lo miró molesto, había interrumpido su momento mágico y divertido. Se bajó de la espalda de Miguel y se despidió de él chocando el puño.
—Nos vemos pronto, Miguel.
—¡Adiós! ¡Hiro, nos vemos! ¡Adiós, Kyle!
—Bye, Miguel.
Hiro se despidió con la mano cuando Kyle y él estaban arriba de la motocicleta del mayor. Miguel los vio desaparecer calle abajo, lanzando un suspiro enamorado. Ahí va su príncipe asiático, el dueño de sus pensamientos, parte de su inspiración y definitivamente la persona que amaba.
Cerro la puerta tras de sí, para ver a Marco recogiendo el cartón de Pizza que habia dejado su visita.
—Desgraciados, no me dejaron ni una rebanada.
—Llegaste tarde. ¿Qué tanto fuiste a hacer?—pregunto Miguel, cruzándose de brazos.
—Nada importante. Sólo fui a dar unas vueltas y regresé aquí.
Miguel no se tragaba ese cuento. Ya sabía de los amantes ocasionales de su hermano y de su necesidad mensual por un cuerpo diferente.
—Marco... Esa mordida fue demasiado salvaje ¿sabes? Ya deja de andar de loco. Se te va a pegar algo.
Marco se rió. Por increíble que parezca, esta vez, fue cierto lo que había dicho. Sólo dio unas vueltas por la carretera y regresó. Había gastado gasolina a lo idiota, pero necesitaba pensar. Sí, antes de eso había ido a un bar y había intercambiado uno que otro beso con el barman en el baño del local, pero detuvo todo, cuando el pendejo lo mordió en el cuello. No marcas, eso no. Era su regla de oro. Además, su "amiguito" no se activó con ese hombre. Algo andaba mal.
—Fue un accidente, un maldito posesivo. Pero no te preocupes. No pasó nada más.
—Eso espero. Tú dices cuidarme, pero parece que intercambiamos papeles en algún momento—Miguel lo miró con reprobación.
—No me regañes, tonto. No tienes derecho—Marco se sirvió un gran vaso de agua—Pero olvidemos eso; ya cuéntame. ¿Cómo te fue con Hiro?
Todo el enojo de Miguel se desvaneció, dando paso a una sonrisa que el Gato Risón de Alicia en el País de las Maravillas hubiera envidiado.
—Fue maravilloso... le enseñe la versión de "La Llorona"...
Miguel le estuvo contando todo lo que habían hecho. Marco fingía que no le importaba, pero muy en el fondo, se sentía feliz que Miguel estuviera así de contento. Quería a su hermano, lo quería muchísimo. Podía ser un ojete con él, pasarse de listo con algunas cosas, pero al fin y al cabo, lo quería mucho. Era importante para Marco que Hiro y Miguel fueran novios. Más por la estabilidad emocional de su hermanito que por otra cosa. Ahora, que si con ese romance tenía una pequeña posibilidad de acercarse a Kyle, ambos ganaban.
De acuerdo, su razonamiento acerca de Kyle era algo sinuoso, irregular e impredecible. Pero así empieza el amor.
Mientras tanto, Hiro y Kyle iban por la avenida principal, zigzagueando entre los carros. Kyle no dejaba de pensar en la tarde de su hermano, en su estado emocional, en el amigo de su hermano... en el hermano del amigo de su hermano.
El menor de los Rivera... Ese nombre tan peculiar, esa sonrisa... De acuerdo. La sonrisa de Miguel lo había desestabilizado. Le era... bonita. Muy bonita.
Y su hermanito también pensaba en el moreno. Estaba que no cabía en sí mismo de felicidad. Miguel le había mostrado su talento, sólo a él. Sabía cuán importante era para Miguel presentarle una canción como esa. Pero lo que más le emocionaba, eran las palabras del moreno, era correspondido su deseo de pasar más tiempo en compañía del otro; y su promesa de vivir juntos... dios. No dejaba de imaginarlo.
No hubo intercambio de palabras entre los hermanos Hamada, hasta que llegaron a la calle del Café.
—Entonces... te divertiste con Miguel.
—Sí, lo hice.
—Y... ¿Qué más hicieron?—la curiosidad empezaba a invadir al motociclista.
—Comimos, bebimos soda, tocó un poco. Nada del otro mundo—Hiro trataba de minimizar su emoción en frente de su hermano, no quería más burlas de parte de Kyle.
—Y ¿Qué fue lo que tocó?—curiosidad traicionera.
—Una canción mexicana. De las que tanto odias—recalcó el menor.
—Quizá pueda empezar a gustarme...
Hiro lo golpeó encima del casco, provocando que Kyle lo mirara acusadoramente, intentando golpearlo mientras manejaba.
—¡LOS OJOS AL FRENTE!—Grito Hiro, cuando vió que casi invadían el carril de al lado y casi se estrellaban de frente con un automóvil—JODER, SÉ RESPONSABLE.
—ME GOLPEASTE PRIMERO, IDIOTA.
—¡NO VALE MI MUERTE!
Kyle no dijo nada. Maldita sea. ¿Por qué era tan difícil convivir con Hiro? Estaba de acuerdo que entre él y Tadashi había una unión muy estrecha, que adoraba a su gemelo tanto como a su Harley Davidson (un poco más), pero con Hiro, la cosa cambiaba. Lo quería, pues era su hermano menor, pero... no era lo mismo. ¿Por qué Hiro se resistía tanto? Mejor dicho ¿Por qué él se resistía tanto a su hermano menor? ¿por qué se resistían entre los dos?
Competencias, peleas, bromas pesadas, una convivencia "sana" era lo que caracterizaba a los hermanos Hamada, específicamente a Kyle y a Hiro. Sin embargo, desde la muerte de sus padres, en lugar de verse un poco más unidos, ambos se fueron distanciando. Fue complicado sobrellevarlo, pero ahora que eran un par de jóvenes de 19 y 23 años, ¿no les era más fácil comunicarse lo que en verdad sentían?
Se dice fácil, pero no lo es. Establecer la confianza con tu hermano menor después de años de no hacerlo era MUY COMPLICADO.
Y ahora, que se daba cuenta de lo ignorante que era acerca de la vida de su hermano (Miguel era prueba de ello) se sentía como un completo idiota. Pero esa noche no era momento para lamentarse. En cuanto llegaron a la casa, Kyle dejó a Hiro en la entrada. El menor se quitó el casco y se lo entregó, sacando sus llaves para abrir.
—Dile a Tadashi que regresaré después—Kyle volvió a encender la motocicleta y fue de reversa.
—De acuerdo—Hiro ni siquiera hizo el mínimo intento para detenerlo, ya sabía a dónde se dirigía su hermano. Si no era al bar, era a una carrera de motocicletas. Entro al café mientras Kyle volvía a incorporarse a la calle.
En cuanto entro, se dirigió a la habitación de Tadashi, tocando la puerta quedamente.
—¿Tadashi?
—¡Adelante!—Tadashi estaba leyendo un libro, recostado en su cama.
—¡Tadashi! Ahhhhhhh, estoy feliz—por fin podía liberar esa energía—¡Estoy feliz!
Hiro se apresuró a dar un gran brinco en la cama de Tadashi y empezar a saltar en ella.
—¡Hiro! ¡Espera! ¡Vas a lastimarme!—Tadashi apenas si tuvo tiempo para tomar una posición fetal y escapar de los brincos locos de su hermano.
—¡Hoy... Fue... Un... Día... INCREIBLEEEEEEE!—Hiro nunca se sintió más liviano—Ay... Miguel...
Se tumbó en la cama y tomó la almohada de su hermano, abrazándola de la emoción.
Tadashi empezó a reírse. Se acercó a su hermano y palmeo su cabeza.
—Supongo que te fue muy bien.
—MIGUEL ES TAAAAAAN INCREÍBLE—Hiro suspiró emocionado. Debía de calmarse, era vergonzoso actuar así frente a su hermano, pero no podía controlarlo—Hoy estuvimos todo el día...
Hiro dejó de abrazar la almohada y se sentó con las piernas cruzadas, listo para contarle a su hermano todo lo acontecido en el departamento de los Hermanos Rivera.
Mientras tanto, Kyle iba directo a la carretera principal; había estado aguardando con impaciencia ese día, pues se llevaría a cabo una carrera en las afueras de San Fransokyo. Sus amigos lo estaban esperando, montados en una Kawasaki
—Qué onda, Kyle—lo saludó Frederick Kobayashi, uno de sus amigos de carreras.
—¿Qué pasa, Frederick?—Kyle se bajó de la motocicleta y encendió un cigarrillo. Saludo al otro con un apretón de manos amistoso.
—¿Listo? Creo que te enfrentarás con Hayate...
—Siempre lo estoy, será pan comido—Kyle sonrió, mordiendo un poco su cigarrillo.
Kyle miró el gran fajo de billetes que estaban reuniendo sus amigos. Saco $500 dólares de su pantalón y los depositó en la bandeja. De pronto, sus dedos tocaron los escasos $150 dólares que Marco le había dado horas antes. Sabía que Marco se los había dado para un fin específico y lo medito bastante. Kyle no tenía idea de lo que le costaba al mexicano ganarse $150 dólares, no tenía idea de todo el esfuerzo y el tiempo que Marco había invertido en ello, no tenía idea de que a veces Marco lloraba en soledad, lamentándose de no conseguir un trabajo como músico profesional donde le pagaran lo que merecía y poder pagar los estudios de él y de Miguel, no sabía que los Rivera debían trabajar hasta tarde los fines de semana para poder comer lo suficiente y rendir en su Universidad, porque la Beca era muy buena, pero no era suficiente (al menos no para los primeros semestres).
Kyle no tenía idea, no lo sabía, era ignorante de todo ello.
Y por eso, no lo dudó ni un segundo. Tomo los $150 dólares y los puso en la bandeja. Si invertía más, podría ganar más. No le importo tanto dejar esos $150 dólares, después de todo, ahora eran suyos.
—PRIMEROS CONCURSANTES: HAMADA Y MIYASAKI.
Kyle se montó en la motocicleta de nuevo, dirigiéndose a la línea de partida.
Si era una buena noche, podía duplicar sus ganancias y de ser necesario, reponer el dinero que Marco le había dado... Era un maldito, pero tenía corazón.
Su contrincante era un novato. No lo dudaba, lo iba a destruir.
Kyle hizo rugir el motor de su motocicleta. Era algo molesto, debido al escape roto, pero era soportable. Miró al chico de al lado, tenía una cara de miedo digna de fotografía. Y la cara de matón de Kyle lo intimidaba. Se sentía poderoso.
Lo miró a través del casco, tratando de causarle más miedo. Así, sería más sencillo. Tomó el embrague y el acelerador, girándolo, haciendo rugir el poderoso motor como una bestia.
Tres Banderas, tres señales, un pitido y un disparo.
Kyle sentía la adrenalina recorrer todo su cuerpo, naciendo desde su pecho, extendiéndose a todas las extremidades de su cuerpo. Empezó a acelerar y salió disparado hacia el frente.
Las ruedas chirriaron, Kyle hizo una maniobra con su motocicleta de tal forma que solo quedó suspendido en la rueda trasera y azotó al menos 20 metros después, tomando una velocidad considerable.
Era emocionante, excitante, peligroso. Necesitaba del motociclismo para existir.
Por un momento, se imaginó a sí mismo siendo ovacionado por su familia, por su querido gemelo, por Hiro... incluso por Miguel. Su pensamiento se vio invadido por el moreno. Esa sonrisa radiante, esas manos maestras que rasgueaban su guitarra, lo estaba volviendo loco.
¿Cómo sería Miguel conduciendo con él una motocicleta? ¿Cómo sería él y Miguel, recorriendo una carretera solitaria, disfrutando del paisaje y de la soledad en compañía del otro? Fue una visión pequeña, pero linda.
De pronto, las curvas lo tomaron por sorpresa, apenas y alcanzó a frenar para no derrapar y estrellarse. Diablos, debía concentrarse; el ruido del escape roto empezó a molestarlo un poco más. Su pensamiento en seguida se desvió a Marco. Quizá debió dejarlo examinar más a fondo su moto, no tendría que pagar un mecánico, Marco sabía lo que hacía.
La carrera terminó, siendo ganador Kyle Hamada. Sus amigos volvieron a posicionarse en sus lugares y emprendieron otra carrera.
A la 1:00 de la mañana, les avisaron que la policía de San Fransokyo estaba cerca. Todos los participantes se dieron a la fuga de inmediato. Kyle se apresuró a llegar al Lucky Cat por un atajo, ocultó su motocicleta en el garaje y trató de ser lo más silencioso posible para entrar.
En cuanto prendió la luz de la sala, su hermano Tadashi estaba durmiendo en el sillón, mientras lo esperaba con un libro en sus manos.
Kyle se conmovió por la visión.
—Hermano—movió un poco el hombro de Tadashi para despertarlo—Tadashi...
Susurró su nombre quedamente. Se acercó para jalarle una mejilla, sabía que con eso lo iba a despertar. Sin embargo, en cuanto se acercó para verificar si su experimento habá dado resultado, Tadashi abrió un ojo y lo golpeo de lleno en la cabza con el libro que sostenía.
—¡AY, MIERDA!—gritó Kyle—¡¿QUÉ TE SUCEDE?!
—AHORA SÍ TE EXCEDISTE. ¿Ves la hora que es? ¡¿DÓNDE CARAJOS ESTABAS?!—Tadashi prendió la lámpara de la sala de estar, cruzándose de brazos y mirando a su hermano acusadoramente—Hiro ya se durmió, mañana tenemos escuela y debo estar aquí, esperando a que mi maravilloso hermano aparezca vivo.
—Ya sabes, te lo dije hace días—Kyle se estaba sobando la cabeza, maldiciendo no tener puesto el casco en cuanto entró—Fui a la carrera de motocross...
Tadashi lo miró con reprobación, masajeándose el tabique nasal.
—¿Qué dirían Mamá y Papá ahora? Kyle...—su hermano lo miró con pesar—Entiendo que quieras poner algo de acción en tu vida, pero no la arriesgues de esa forma ¿si? Imagina que termines preso y que Tía Cass deba ir por ti.
Kyle rodó los ojos. Ya no era un niño, ya sabía valerse por sí solo y no necesitaba de los regaños de Tadashi.
—No moriré en las carreras, ni me llevarán preso. Sé lo que hago, hermano.
Tadashi suspiró, rindiéndose y sentándose en el sillón otra vez. Estaba claro que Kyle era un caso perdido.
—Al menos no te persiguió la policía como la última vez—empezó a relajarse.
Kyle se rio, sentándose al lado de su hermano, cruzando una pierna y recargándose en el respaldo con ambos brazos extendidos.
—Fue épico... gané 580 dólares esta vez. Podré conprarle nuevas refacciones a tu motocicleta y una batidora nueva a Tía Cass. Ya casi ahorro lo suficiente para mis sartenes edición diamante. Sólo una carrera más, Tadashi. Sólo una más y te juro que lo dejo para siempre.
Tadashi lo miró y sonrió, palmeándole el hombro.
—De acuerdo, campeón. Sólo procura no morir en el intento.
—No tienes tanta suerte, estaré haciéndote la vida imposible por un rato más.
Ambos rieron escandalosamente.
—Calla, Hiro esta durmiendo arriba—Tadashi llevó una mano a su boca y le susurró—Al parecer le fue muy bien con Miguel. En menos de una semana, quisá, tengamos un nuevo miembro en la familia.
Kyle lo miró interesado, ¿así que un nuevo miembro en la familia?
—Se veía muy feliz con el enano—Kyle le respondió—Es un chico muy alegre, es atento y apuesto. Supongo que le conviene a Hiro.
—¿No te emociona?—preguntó Tadashi—Yo pensaba que Hiro era asexual o algo así. Pero por fin, ¡POR FIN! Podré molestarlo tanto como él me molestaba con Honey.
Kyle se rió, recordaba como hace un par de años, entre él y Hiro apoyaron a Tadashi con Honey Lemon, todas las bromas pesadas que le hicieron en presencia de su novia y todas las burlas que emergieron de sus mentes divertidamente perversas.
—Estoy feliz por Hiro—dijo Tadashi, Kyle lo miró un poco dolido. ¿Qué era esto? Por dios, ¿Qué era?—Miguel y él son... una buena combinación. Espero que tú también encuentres pronto a esa persona que te vuelva loco, hermano. Mereces ser feliz tanto como nosotros.
Kyle no dijo nada. Simplemente se levantó y subió las escaleras.
—Kyle, ¿sucede algo?
—Nada, hermano. Estoy cansado. Eso es todo.
Tadashi notó algo extraño en los ojos de Kyle. Esperaba que no fueran drogas.
—¿Pasó algo hoy?
Kyle se detuvo en las escaleras y se sentó, invitando a Tadashi a tomar asiento un escalón abajo.
—Nada, no es nada. Sólo...
—Kyle, vamos. Confía en mí.
No podía, simplemente no podía decirle. ¿Qué pensaría su gemelo de él, al confesarle que en realidad Miguel le parecía sumamente atractivo? ¿Qué le encantó verlo tocar la guitarra eléctrica? ¿Qué estaba dispuesto a hacer lo imposible por él, incluso si fuera contra el amor de su hermano?
—Se le rompió el escape a mi motocicleta, por culpa de un idiota—fue lo primero que pensó para no delatarse a sí mismo—Fue afuera del departamento donde vive Miguel.
—Dime que no golpeaste al tipo o lo mandaste directo al hospital.
—No, no soy tan salvaje. ¿por quién me tomas?
—Entonces, ¿cómo pasó?—Tadashi suspiró aliviado.
Kyle le comentó acerca del pequeño incidente con Marco Rivera. Tadashi no salía de su asombro, más por la nueva información que por el hecho mismo.
—¿Miguel tiene un hermano?
—Sí, y uno completamente idiota—las botas de Kyle aplastaron una pequeña basura—Aunque...
—¿Qué?
—B-Bueno, al final del día, me ayudó con $150 dólares para reemplazar el escape. Entonces no es tan idiota como yo creía.
Tadashi lo miró con curiosidad.
—¿Y cómo es él?
—Pues es alto, moreno, no es feo, se parece mucho a Miguel, pero con rasgos más maduros y tiene... un mejor físico.
Tadashi lo miró y le preguntó abiertamente.
—¿Y no te gustó?
Kyle lo miró con asco, pero el pequeño sonrojo lo tomó por sorpresa.
—¿¡QUE DICES!?—No, no, no y no. No era eso, para nada—Maldita sea, Tadashi. ¿Yo, fijarme en Marco?
—Oye, tranquilo. Sólo preguntaba si no te había gustado, no exageres. ¿Cuántos años tiene?
—No lo sé. ¿La misma edad que nosotros, tal vez?
—¿Pero no te pareció atractivo?
—Debo admitir que es guapo, pero no es de mi estilo.
—Entonces si te pareció atractivo—Tadashi sabía como molestar a su gemelo. No era precisamente un ángel caído del cielo.
—Claro que no... Solo fue amable conmigo. Es molesto e irritante... y un tonto. Pero hay algo en él...
Tadashi juraría que su hermano estaba (aunque sea, solo un poco) interesado en el hermano de Miguel. Pero no era momento de hacer teorías de conspiraciones, lo pensaría mejor mañana.
—Bueno, pues sería genial conocerlo también. No sabemos mucho de la familia de Miguel, así que... Debemos saber acerca de su entorno. Tú te encargarás de ello.
—¿Y yo por qué?
—Porque Hiro estará muy ocupado, yo saldré la próxima semana con Honey Lemon y tú no harás nada, debes de cooperar.
Kyle le dio un pequeño puntapié con sus botas.
—¡Oye! ¡No es necesaria tanta agresividad!
—Tú empezaste.
—Déjame, idiota.
Empezaron a soltarse pequeñas maldiciones en inglés y en japonés, jugando un poco rudo, como en los viejos tiempos. Los dos se levantaron y se abrazaron cariñosamente. Su hermosa relación fraternal era un tesoro para ambos.
—De acuerdo... Averiguaré sobre Marco, solo porque tú me lo pides, pero a cambio, quiero el próximo sábado libre.
—Ya veremos, hermano. Por lo pronto, debemos ir a dormir. Mañana tenemos escuela.
—Tienes toda la razón, como siempre—respondió Kyle, empezando a subir las escaleras—Buenas noches, Tadashi.
—Buenas noches, Kyle.
Ambos se fueron a dormir a sus respectivos cuartos. Tadashi, pensando en su proyecto del día siguiente, en el regalo de aniversario para Honey y en la felicidad de sus hermanos.
En cambio, Kyle se quedó absorto en sus pensamientos, provocándole insomnio por primera vez en mucho tiempo. ¿El motivo? Estaba pensando en el pequeño hoyuelo de Miguel, en su lunar, en sus bonitos ojos... Y en el idiota de su hermano.
Definitivamente, no estaba listo. No estaba dispuesto, ¿qué era esto? ¿Por qué lo sentía? ¿Acaso era... Amor?
A unos kilómetros, Miguel todavía estaba ensayando la canción, repitiendo la memorable escena de Hiro disfrutando su interpretación. El pinche chino bonito, dueño de sus pensamientos, se le había metido bien profundo en el corazón y de ahí no iba a salir. Pensaba también en lo que haría el próximo domingo... Debía planearlo con cuidado.
Marco, se había recostado en su cama, buscando en su Facebook el perfil de Hiro y entre sus amigos, a su apetecible hermano. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué no podía dejar de pensar en ese chico?
Por extraño que parezca, decidió enviarle un mensaje y solicitud esa misma noche, esperando con impaciencia su respuesta. Se quedó dormido con la imagen de perfil de Kyle en su celular.
En cambio, nuestro adorable Hiro dormía tranquilamente, soñando con Miguel y lo que él esperaba que ocurriera el domingo.
Francamente, tanto Miguel como Hiro necesitaban una señal... sólo una señal. Una señal que Hiro le dio a Miguel esa tarde. Una señal que Miguel decidió tomar entre sus manos como un permiso. Una señal... sólo una señal era lo que necesitaba para que el domingo, Miguel se envalentonara y le pidiera a Hiro ser su novio. Por fin...
Cada uno tenía una persona ocupando sus pensamientos, aunque los cables comenzarán a cruzarse, empezando el cortocircuito que hizo explotar todo el sistema.
FIN DEL CAPÍTULO 2
NOTA DE LA AUTORA:
Bien, espero que les haya agradado este capítulo. Ya estoy trabajando en el próximo y créanme que me estoy divirtiendo muchísimo. Dios, estoy muy ansiosa. No tengo idea de cuántos caps vaya a tener este fic... antes pensaba que dos, ahora pienso que serán cuatro pero con el material y las ideas que surgieron esta semana, creo que serán cinco o seis. Ya, que sea lo que Dios y mi mente quieran XD
En fin, les agradezco muchísimo todo el apoyo que están brindando a esta historia :D me emocioné con el Markyle y ¡ahhhhh!
¿Qué creen que suceda? 7u7r
¡LOS QUIERO!: ATTE: ONLY DARKNESS.
PD: Esposa, te amoooooooo.
