Capitulo 1: Efectos secundarios

Lo único que me alegraba de estar inconsciente es que no tuve que ir a clases el primer día. Ya, se lo que estas pensando, que es irresponsable y todo, pero para aprender algo que ya se desde años, es bastante predecible.

Cuando desperté estaba en la enfermería, y pude ver a Weiss reclamando a Yang de cómo es que yo estaba en el Emerad Forest y no en la habitación.

-¡Ella puede hacer lo que quiera! ¡Ya es bastante mayor!-le grito Yang.

-Es tu hermana menor, ¡por el amor de dios!-le respondió ella exaltada.

Blake que estaba en una silla a unos metros de ellas cuando se dio cuenta de que ya estaba despierta, pero me miro sorprendida como si hubiera visto un fantasma.

Se acerco a mí captando la atención de Yang, pero Weiss, al parecer, se había ido enojada.

-¿Qué sucede?-pregunte con la voz áspera y cansada.

-Bueno...-comenzó Yang entregándome unas espejo.-Lindas orejas.

-¿Qué?-pregunte mientras me veía, en vez de orejas comunes humanas, tenía unas orejas de lobo cafés con blanco.-Bueno…pensé que nunca llegaría- susurre.

-¿Qué no llegaría que señorita Rose?

-Director Ozpin, buenos días- masculle viéndolo con su taza de café con la Srta. Glynda detrás.

-Le reitero la pregunta-respondió el.

-Son efectos secundarios, de la luna nueva… comienzan cada cierto tiempo, se desaparecerán en un par de días, pero estaré….como decirlo.- pensé por un momento- mas instintiva.

-¿Qué significa?-se cuestiono Blake.

-Significa...-dije sentándome con ayuda de Yang.- que a pesar de que estoy débil, mi lado salvaje, es decir mi lado de lobo, estará más activo y más propenso a exponerse.

-Aun no me acostumbro a que en realidad sea seria y madura.- susurro Glynda para sí misma, pero yo lo escuche perfectamente.

Pero de pronto comencé a sentirme, feroz, en el espejo vi que mis ojos cambiaron a un hermoso dorado.

-Seria y madura-le gruñí viéndola como una presa, todos se sorprendieron por mi cambio repentino.-eso lo he sido durante 600 años, querida, ustedes humanos, se creen superiores en inteligencia y creen que los hace maduros, pero he vagado por 600 años en este mundo lleno de caos y créeme, ustedes son lo peor que le ha ocurrido a este mundo, con su inteligencia han dividido el mundo en clases sociales, cuando en realidad el mundo estuvo bien con Grimms y el resto de las criaturas.

Solté un gruñido y mis ojos volvieron a la normalidad, esos repentinos arrebatos se vuelven cada vez más frecuentes, no me agradan para nada. Me siento como la persona que fui hace siglos.

-Lo siento...-dije avergonzada.

-No se disculpe Srta. Rose, entiendo su punto de vista-Dijo Ozpin, misterioso como siempre.- Solo le pido que se controle y se cuide.

Seguido de Glynda, él se retiro dejándome a mí y a la mitad de mi equipo en silencio en la enfermería.

-Señorita Rose, ya puede irse, pero por su debilitamiento repentino debe guardar reposo, no necesariamente debe estar en cama, pero tenga cuidado.-dijo la enfermera mientras yo alcanzaba a cubrirme la orejas.

-Me gusta- dijo Yang mientras me ayudaba a levantarme.-Tu repentino cambio de cabello también me agrada.

Era verdad, mi cabello se veía como la yo, de mis pesadillas pero al revés en vez de blanco con rayas café, era café con rayas blancas.

-Genial, ahora Carden me molestara toda la semana-dije mientras salía de la enfermería, mi capucha me molestaba pero intentaba ignorarla.

Al salir todos me observaban con asombro y preocupación, no me sorprendió el cabello, y el hecho de que me estuviera apoyando en el brazo de Yang, no ayudaba mucho, pero aún asi no me gustaba estar observada, me hacía sentir como antes.

-¡Ruby!-grito una voz conocida. Me di la vuelta y vi a Weiss corriendo hacia mí.

-Hola Weiss-le dije intentando sonar alegre.

-¿Cómo que 'Hola Weiss'? ¡QUE ESTABAS HACIENDO EN EL EMERALD FOREST DE NOCHE!-me grito, solté un rugido de amenaza, ni siquiera me di cuenta, ella se sorprendió por un segundo y espero mi respuesta.

-Yo Ehm…-tartamudee intentado conseguir una respuesta adecuada.-estaba en una misión… ¡Si eso es!, una misión que Ozpin, quiero decir el Director Ozpin me pidió.

Estaba a punto de replicar pero Yang la interrumpió:

-¡Pero qué hora es!, Ruby tiene que descansar y nosotras debemos ir a clase, Adiós.-Dijo tomándome del brazo y corriendo hacia la habitación.

Ya en la habitación me quite la capucha y me mire en el espejo, por un momento me asuste al verme con los ojos rojos como Grimm, pero al segundo después había desaparecido. Suspire sentándome lentamente en la cama.

-Hey sis, no te deprimas-dijo Yang colocándose su uniforme en el baño.

-No estoy deprimida es solo que...-suspire de nuevo, tengo demasiado en que pensar, me tire de espaldas en la cama.- ah, no es nada. Simplemente creo que estoy preocupada por lo de Torchwick. Me persiguió toda la noche y no pude cazar nada.

-Bueno...-dijo apareciendo con su informe puesto y unos libros en el brazo- ¿Por qué no te pruebas la ropa que te compre y sales un rato por la ciudad? Te ayudara a despejar la mente, antes de que nos den una misión, y créeme no se demorara mucho.

-Me parece bien…-dije sentándome, ella agito la mano y desapareció por la puerta.

La ropa aun estaba en la bolsa de compra, Yang me la había regalado hace un par de semanas para mi cumpleaños, 617 años cumplidos, soy tan joven. Me desvisto y tomo una ducha rápida, una vez término me envuelvo con la toalla y me veo en el espejo, una vez más me asusto al verme con ojos rojos y cabello blanco sonriendo diabólicamente, suspire para tranquilizarme, me mire nuevamente y no había nada, simplemente mi cabello cayendo por los hombros con esos efectos secundarios.

Hay algo que nunca pude quitarme desde que nací, un collar, de plata celestial, ya no recuerdo para que servía, pero cada vez que intento quitármelo me quemo la mano al intentar tomarlo. Lo mire en el espejo, la franja roja que había en su forma de cruz brillaba tenuemente, quizá sabia que pensaba en ella.

Me cambie rápidamente, traía una camisa a cuadros roja con mangas grises ¾, una falda corta de pliegues negros y unas calzas negras, además de unas botas cafés, con un poco de taco atrás, ya me había acostumbrado a él. Me coloque un abrigo negro y mi collar casi no se veía, solo de notaba la pequeña almohada decorativa en mi cuello para evitar que me incomodara.

Me mire en el espejo cuando me puse a capucha, no me veía nada mal, tome a Cresent Rose y la puse en mi espalda, me coloque la capucha y salí de la habitación para encontrarme con la persona más agradable en todo el mundo de Remnant: Carden Winchester.

-¡Hey Rubs!-dijo con su tono molesto- linda ropa, te pareces a una adulta inmadura-dijo rodeándome, pronto Sky Lark, su compañero, estuvo a su lado.

-¿Por qué no te quitas la capucha Rubs?-pregunto Sky burlándose- temes que tu madre se enoje por no llevarla en la nieve.

Me enoje tanto que no me di cuenta de lo que realizaba, los lleve contra la pared rompiéndola, al parecer se asustaron por el repentino cambio.

-No te atrevas a hablar de mi madre…-le gruñí amenazadoramente mis ojos repentinamente cambiaron.- Porque si vuelves a decir eso te juro que yo misma te llevare con los Grimms del bosque para que con tu sangre tiñan el bosque de rojo. ¿Entendiste?

Sky asintió rápidamente y salió corriendo gritando: 'es un monstruo', he escuchado que me lo dicen por mucho tiempo que ya no tenía efecto.

-¿Qué eres?- pregunto Cardin con la voz temblando claramente de miedo. Muchos estudiantes se asomaban, me di cuenta de lo que estaba haciendo y cambie a mi forma más 'humana'. ¿Qué estaba haciendo? Yo no soy asi.

-Lo siento-y usando mi semblanza desaparecí corriendo hacia un poblado un poco más alejado de la ciudad de Vale.

Me detuve antes de llegar al pueblo, me sentía cómoda aquí, después de todo aquí fue mi hogar hace un par de siglos.

Todos me saludaban mientras pasaba, llegue a una panadería donde trabajaba una amiga mía.

-Mi señora Rosabella- dijo en cuanto me vio, era una anciana, era humana, pero en su familia se contaba mi historia.

-Mirabelle, no me llames asi, para ti soy Rosa o Ruby como es mi apariencia ahora.-dije tomándola de las manos sonriéndole.

-Pero bueno ¿Qué hace aquí?-me preguntó. Su familia conocía la existencia de los Sangre de lobos y los escondía, ahora estábamos repartidos por todo Remnant con familias, en manadas o simplemente en solitario.

-Hoy es luna nueva y no me siento del todo bien, quería saber si aun tienes de tu pastel de hojas que tanto me gusta.

-Por supuesto mi señora, ¡por usted todo!-mascullo felizmente, mientras se dirigía a la cocina. Al rato volvió con un pastel de hojas con frambuesas y una taza de, bueno…sangre caliente.

-Le traje un poco de bebida, se le nota que no ha comido bien, los efectos de la luna nueva le llegaron fuerte esta vez.- se sentó junto a mí en una mesa que daba a la plaza del pueblo, habían niños jugando con la nieve.

-¿No tiene frio, mi señora?-pregunto al verme distraída. La mire y se corrigió diciéndome Rosa.

-Sabes que el frio nunca es un problema para mí...-le dije, en realidad era cierto, los lobos tenemos un pelaje muy fuerte, que en la forma humana se adhiere y nos mantiene calientes, simplemente tenemos más musculo que los humanos normales y eso está bien.

-Bueno, quería avisarle que Carmine llego aquí esta mañana.-dijo tomando un sorbo de té. Me alegro el día definitivamente.

-¿Está aquí?-pregunte sorprendida mientras no terminaba de levantar el tenedor hasta mi boca.

-Sí, esta allá atrás pase a verla.-Dijo sonriendo. Me puse de pie, pidiendo permiso y entre a la cocina, al lado del fuego un cachorro de lobo estaba sobre una manta en una canasta lo suficientemente grande.

Rápidamente se dio cuenta de mi presencia y se levanto, me arrodille y me lamio la cara.

-Hola Carmine- le dije acariciándola. Carmine era de una manada de lobos comunes, era una buena amiga, a pesar de que no podía entenderla a menos de que yo estuviera en mi forma de lobo, sabía que ella estaba muy feliz.

Flexiono sus piernas y se arrodillo como para jugar. La entendí perfectamente.

-Lo siento Carmine, me encantaría hacer una carrera pero es luna nueva y debo volver a la Academia.-dije pasándole la mano por la cabeza, ella bajo sus orejas y yo reí.

Salimos al patio que daba al bosque anochecía, debía volver antes de meterme en más problemas y Mirabelle se acerco, traía un paquete en la mano.

-Llego con esto en el hocico- me lo entrego, y rápidamente me sentí horrible caí de rodillas preocupando a Carmine y a Mirabelle, esta ultima me pregunto si me encontraba bien y le respondí que si, tome el paquete y lo abrí. Dentro había una pluma de un lindo color rojo, algo estaba mal. Carmine me sorprendió y me lamio el rostro quitándome la capucha.

-Mis orejas…-dije cubriéndome rápidamente- es peligroso que estés aquí, ve y busca a la manada, te veré mañana en la noche en Beacon.

Asintió y salió corriendo.

-¿Qué sucede señora?-pregunto Mirabelle preocupada.

-Ha regresado, y esta pluma de fénix es la prueba.-dije mientras me ponía de pie.-Ten cuidado Mirabelle, podría ser cualquiera.

-Si señora- me dio un abrazo y me entrego una canasta con pasteles y cosas dulces para Beacon.

Me despedí de ella nuevamente con un abrazo y usando mi semblanza desaparecí, desconociendo que quizá sería la última vez que vería a mi buena amiga.

'no puede haber regresado, no puede…'pensé mientras corría hacia Beacon. 'Pero si es verdad, debo avisarle a Ozpin sabrá que hacer'

Sin darme cuenta la pluma y mi collar brillaron, me sentí extraña pero lo ignore, yo no era ahora la prioridad, ahora era el mundo.