HOLA COMO ESTÁN HOY LES TRAIGO LA CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA SI ES DE TU AGRADO O NO DEJA UN COMENTARIO Y PUCHALE EN EL CORAZON Y SI SE PUEDE EN FAVORITO BUENO CONTINUEMOS...
RESUMEN
—Yo… Yo… soy hyuga hinata—tartamudeó, sin alzar la vista más allá del pecho del príncipe.
hinata siguió el movimiento de la mano del joven, que la plantó sobre la protuberante cabeza de la androide.
—¿Tú eres hyuga hinata? —Sí, Alte… —Se mordió el labio.
—¿El mecánico? hinata asintió. —¿En qué puedo ayudaros?
En vez de responder, el príncipe se agachó, estiró el cuello de modo que a hinata no le quedara otro remedio que mirarlo a los ojos y le dedicó una sonrisa encantadora. A Hinata le dio un vuelco el corazón.
El príncipe se enderezó, obligándola a levantar la vista.
—No eres exactamente lo que esperaba.
—En fin, vos tampoco sois precisamente… lo que… esto… —
Incapaz de sostenerle la mirada, Hinata alargó la mano y atrajo a la androide hacia ella—. ¿Qué le ocurre a la androide, Alteza?
La androide parecía recién salida de fábrica, pero Hinata sabía que se trataba de un modelo antiguo por cómo imitaba las formas femeninas. Aun así, el diseño era de líneas elegantes, con una cabeza esférica que coronaba un cuerpo de caderas pronunciadas y un acabado blanco y reluciente.
—No consigo que se encienda —explicó el príncipe Naruto, atento mientras Hinata examinaba el robot—. Iba la mar de bien y, un día, de repente, dejó de funcionar.
Hinata le dio la vuelta a la androide de modo que la luz del sensor quedara de cara al príncipe. Era un alivio poder entretener las manos con algo rutinario y la mente con las preguntas habituales, cualquier cosa en la que concentrarse para que los nervios no volvieran a hacerle perder el control de la conexión con su cerebro.
—¿Os había dado problemas alguna vez?
—No. Los mecánicos reales le hacen una revisión mensual y este es el primer problema serio que ha tenido.
El príncipe Naruto se apoyó en el mostrador, cogió el pequeño pie metálico de Hinata y le dio varias vueltas, con curiosidad. Hinata se puso tensa y observó con atención al joven mientras este echaba un vistazo a la cavidad llena de cables y toqueteaba las articulaciones flexibles de los dedos. El príncipe utilizó la manga de la sudadera, varias tallas más grande, para limpiar una mancha.
—¿No tenéis calor? —preguntó Hinata, arrepintiéndose en el acto de haber recuperado la atención del joven.
Por un instante fugaz, el príncipe casi pareció avergonzado.
—Estoy asándome, pero intento pasar desapercibido —contestó.
Hinata se planteó si debía decirle que así no iba a lograrlo, pero al final descartó la idea. La ausencia de una turba enloquecida de jovencitas rodeando su tenderete seguramente demostraba que la treta funcionaba mejor de lo que ella creía. En vez de parecer un rompecorazones de sangre real, solo parecía un chiflado.
Se aclaró la garganta y volvió a centrarse en la androide. Encontró el cierre casi invisible y abrió el panel posterior.
—¿Por qué no se encargan los mecánicos reales de repararla?
—Lo han intentado, pero no saben qué le ocurre. Alguien me recomendó que te la trajera. —Dejó el pie sobre la mesa y se fijó en los estantes abarrotados de piezas viejas y usadas: recambios para androides, levitadores, telerredes y portavisores. Recambios para ciborgs—. Dicen que, en cuanto a mecánica, no hay quien te gane, aunque esperaba encontrar a un hombre mayor.
—¿Eso dicen? —musitó Hinata.
El príncipe Naruto no era el primero que se sorprendía. A la mayoría de sus clientes les costaba asimilar que una jovencita adolescente pudiera ser la mejor mecánica de la ciudad, y ella jamás comentaba la razón que explicaba su talento. Cuantas menos personas supieran que era una ciborg, mejor. Estaba convencida de que se volvería loca si todos los tenderos del mercado la miraran con el mismo desprecio que ten ten.
Apartó varios cables del androide con el meñique.
—A veces simplemente se desgastan. Tal vez sea el momento de reemplazarla por un modelo nuevo.
—Me temo que no puedo. Contiene información confidencial y es una cuestión de seguridad nacional que la recupere… antes de que lo haga otra persona.
hinata detuvo los dedos en el acto y alzó la vista hacia el príncipe, quien solo logró sostenérsela tres segundos antes de que le empezaran temblar los labios.
—Es broma. Nainsi fue mi primera androide. Es solo una cuestión sentimental.
Una lucecita anaranjada parpadeó en el límite del campo de visión de Hinata. Su optobiónica había detectado algo, aunque no sabía qué: puede que el príncipe hubiera tragado saliva, hubiera parpadeado demasiado rápido o hubiera tensado repentinamente la mandíbula.
Estaba acostumbrada a la lucecita anaranjada. Se encendía cada dos por tres.
Le avisaba de que alguien mentía.
—Seguridad nacional —dijo—, tiene gracia.
El príncipe ladeó la cabeza, como si la desafiara a poner en duda sus palabras. Un mechón de cabello negro le cayó sobre los ojos. Hinata apartó la mirada.
—Modelo Tutor8.6 —dijo, leyendo el panel débilmente iluminado que había en el interior del cráneo de plástico. Aquella androide tenía casi veinte años. Una anciana tratándose de un robot—. Parece que está en óptimas condiciones.
Levantó el puño y golpeó con fuerza uno de los laterales de la cabeza de la androide, a la que tuvo que cazar al vuelo antes de que se cayera de la mesa a causa del impacto. El príncipe dio un respingo.
Hinata volvió a colocarla sobre sus orugas de tracción y apretó con decisión el botón de encendido, pero no ocurrió nada.
—Os sorprendería saber lo a menudo que funciona.
El príncipe dejó escapar una risita incómoda.
—¿Estás segura de que eres Hýuga Hinata? ¿El mecánico?
—¡hinata! ¡Lo tengo!
Iko se abrió paso entre la multitud y se acercó al mostrador mientras su sensor lanzaba destellos azulados. Alzó una mano de dedos articulados y plantó un pie revestido de acero recién salido de fábrica sobre el tablero, a la sombra de la androide del príncipe.
—Supera con creces al viejo, apenas está usado y a primera vista el cableado parece compatible. Además, conseguí que el proveedor me lo dejara solo por seiscientos univs.
El pánico hizo presa en Hinata. Manteniendo el equilibrio sobre el pie humano, cogió el de la mesa y lo tiró por detrás de ella.
—Buen trabajo, Iko. Nguyen-shìfu estará encantado de tener un recambio de pie para su escoltandroide.
El brillo del sensor de Iko se atenuó.
—¿Nguyen-shìfu? No proceso.
Con una sonrisa forzada, Hinata hizo un gesto hacia el príncipe.
—Iko, por favor, presenta tus respetos a nuestro cliente. —Bajó la voz—. Su Alteza Imperial.
Iko alargó la cabeza y dirigió el sensor redondo hacia el príncipe, quien le sacaba casi un metro de altura. La luz cobró intensidad cuando el escáner lo reconoció.
—Príncipe Naruto —dijo con su voz metálica y chirriante—, sois incluso más atractivo en persona.
A pesar de que el príncipe se echó a reír, Hinata sintió que se le encogía el estómago, avergonzada.
—Compórtate, Iko. Entra.
Iko obedeció. Apartó la tela que cubría el tablero y pasó por debajo de la mesa.
—No se ven androides con tanta personalidad todos los días —
dijo el príncipe Naru, apoyándose contra el marco de la puerta, como habituado a llevar robots al mercado—. ¿La has programado tú?...
FIN ...CONTINUARA
GRACIAS X LEER PRONTO SUBIRE EL SIGUIENTE CAP COMENTA AGREGA Y ME ENCANTA SERIA MARAVILLOSO
