SAILOR MOON NO ME PERTENECE, PERO EL FANFIC SI.

Warning: Pairing: SeiyaxMinako

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Referencia a un Futuro Alternativo

Continuación del Capítulo 200

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Pecados del tiempo

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ACTO DOS

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Les tomó un día prepararse para ese viaje al futuro, uno que ni imaginaban que existía, al verse obnubilados en su momento por aquel luminoso Tokyo de cristal del siglo 30.

Al final, decidieron que los que se quedarían serían las sailor del sistema solar externo como Haruka, Michiru y Hotaru. Setsuna tampoco iría, ya que habia dicho que en caso de que necesitasen ayuda, ella abriría los portales del tiempo, para que las outher vayan en auxilio de las otras.

Darién tampoco iría. Él era el guardián de la tierra, y no podía ausentarse.

Los Kou o sailor starlights no tenían por qué ir, pero no pudieron evitar que Seiya quisiera unirse a la misión. Al final, fue Kakkyu quien se lo permitió porque el joven se habia puesto muy insistente.

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Desolador.

Tétrico.

Oscuro.

Con un clima de terror reinante y pocos atisbos de vida.

Fueron las primeras sensaciones que tuvieron los viajeros del tiempo apenas pisaron aquella época.

Setsuna del presente les habia abierto el portal con su llave y ahí estaban.

Era peor de lo que imaginaban.

Prácticamente estaban pasmados ante aquel clima.

―Los que seguimos con vida, estamos dentro de una ciudad bunker subterránea, con la resistencia que habían liderado mis padres cuando estaban vivos―dijo el joven Sigfrid volviéndose a sacar el casco, y a modo de romper ese clima de horror que veían en los rostros de las guerreras y en Seiya.

Finalmente un grito se oyó desde cerca.

―! Eres tú, has vuelto!―

Y la mujer que apareció resultó muy familiar, y diferente a la vez.

Setsuna de este futuro alternativo seguía siendo la dama alta y portentosa que conocían, salvo que ahora llevaba el pelo muy corto, y vestía una especie de mameluco distintivo con una R escrita en rojo de emblema.

Símbolo de la Resistencia.

La madura mujer dio unos pasos hacia atrás al verlos y Sigfrid fue junto a ella, ya que casi se cae de espaldas.

―Son ellos, y han venido contigo, Sigfrid…―bajito para que solo él pudiere oírlo

―He visto su poder, es igual como me lo describiste tu―respondió el joven

La mujer de ojos carmín posó su mirada en dos de los recién llegados.

― ¿Ellos también?―añadió Setsuna, mirando en especial a esos dos miembros de esa comitiva del pasado.

Sigfrid en ese momento no pudo contenerse y abrazó a su mentora y única sobreviviente de aquel pasado esplendoroso que ahora ya no existía.

―No sabes cómo me emocioné por el solo hecho de volver a verlos…no pude detener el que vinieran―le murmuró Sigfrid

Finalmente rompieron el abrazo y se acercaron al grupo de guerreras.

―Princesa…sailor scouts…ya me habrán reconocido. Esto que ven ahora es lo que quedó de nuestra luminosa tierra―habló esta Setsuna señalando el sitio desolador―. Luego de 20 años de lucha, yo soy la última sobreviviente de esta guerra, y junto con este joven somos los únicos miembros con poderes de la resistencia. Su hermana ha sido tomada por Caos, y éste aprovecha sus poderes. La gente que vive en los subterráneos sobreviven de milagro, pero la verdad que yo y él cada vez soportamos menos las batallas. He visto con mis propios ojos caer a todos mis compañeros….así que no puedo negar que volver a verlas a ustedes….me da tanta nostalgias. Como ustedes saben yo ya no soy una sailor, pero sigo teniendo poder, aunque lamentablemente, ya no puedo ni siquiera sortear una lucha con el enemigo.

Serena se adelantó, casi arropada por las lágrimas.

Se sentía doblemente responsable, ya que en ésta época, habia sido ella quien habia albergado al Caos, y asesinado a casi todos.

Se habia dicho así misma que ya no debía volver a llorar nunca más, pero no pudo y finalmente se arrojó a los brazos de aquella sufrida Setsuna, que poco tenía ya de esa Setsuna que habia quedado en el presente.

Esta Setsuna que habia visto caer una a una a todas sus compañeras. Una que habia visto tanta muerte y desolación, sumado a una tremenda desesperanza.

Se le veían los surcos de los ojos y los labios. Y el paso de los años devastadores y dolorosos que habia vivido, se le notaba través de sus sufridos ojos carmín.

Serena solía ser despistada, pero pudo notar la mancomunion que existía entre aquel joven y esta Setsuna.

Quizá por eso mismo, que habia sido a la Setsuna del presente a la primera que habia buscado y contado toda la verdad.

Pero ahora no cabía duda, después de ver todo estos estragos y devastación. Y que ella, como princesa de luna, no habia podido protegerlos, arrastrando a todos, por no haber podido descubrir en su momento que el Caos habia aunado dentro de su cuerpo y solo saberlo por una alerta del futuro.

No merecía ser llamada princesa, y ser objeto de tanta protección, si al final, seria ella, quien terminaría asesinando a la mayoría.

Abrió sus ojos con determinación.

¡Basta de piedad en esta época también, acabaría con el Caos como dé lugar y salvaría a la hermana de este joven valiente, hijo de otros caídos!

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Esa noche, Setsuna y Sigfrid les sugirieron pasar la noche, y que mañana irían por Caos.

Setsuna quiso replicar que no era necesario, pero luego se dio cuenta de que las acciones de su querido protegido tenían algo oculto.

La ciudad subterránea albergaba a mucha gente, que habia sido rescatada de las superficies y vivían aquí. Eran la Resistencia, aunque bastante golpeada, porque con el tiempo muchos de sus líderes principales habían muerto.

Cuando aquellas personas venidas del pasado, caminaban adentrándose al sitio secreto, podían ver ese síndrome de aflicción en los ojos de las personas.

Ruina, angustia, desamparo, tristeza, dolor, pesar...

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Sigfrid habia ido a buscar algo de agua en uno de los salones, que antaño se usaba para el comité de defensa. Le gustaba ese lugar, le traía muchos recuerdos cuando asistía con sus padres que peleaban con desesperación con el resto de los guerreros en pos de esta resistencia.

Le gustaba ir ahí cuando estaba solo, y podía encender uno de sus más grandes tesoros.

Los audios que le habia dejado su padre a él y a su hermana. Es como si supiese que en algún momento iba a morir antes de ver el final de todo este desastre.

Esa voz le tranquilizaba mucho. Le hubiese gustado que su madre también le hubiese dejado algo parecido.

Encendió el aparato y las notas de voz de su padre, empezaron a salir.

Con esa voz aguda, que un tiempo atrás hasta sirvió para cantar canciones.

Nuestro plan tendrá éxito, hijos míos.

Ya lo verán. Yo mismo estuve perdido por mucho tiempo, pero fue la madre de ustedes quien me enseñó que todavía tenía mucho por hacer, pero esta esperanza no fue más firme hasta que nacieron ustedes. Me convirtieron en padre, en un mejor esposo y en un hombre diferente. Me dieron ese coraje de desear lo mejor para ustedes y el resto de nuestra resistencia…

Pero lo apagó en un reflejo cuando sintió unas pasadas.

―Disculpa ¿te molesto?

Sigfrid se alertó ligeramente porque la que habia llegado era nada menos que Minako, la sailor venus del pasado.

―No…yo solo…―atinó a responder el joven

― ¿Estabas oyendo algo?

―Este…si…algo que me dejó mi padre a mí y mi hermana―respondió con mucho nerviosismo

― ¿Sabes?, luego de oír las cosas que nos dijiste y que vimos aquí, y ver cómo eres, de seguro tus padres habrán estado muy orgullosos de ti, ¿podrías decirme cómo eran?―mencionó Mina sentándose en la silla alado del joven

El chico se sonrojó pero ver esos cálidos ojos no pudo evitar que le saliera desde el corazón.

―Mis padres fueron felices. A pesar de todo, ellos nunca dejaron de sonreírnos. Ellos nunca perdieron la esperanza.

Mina observó al joven, y añadió inesperadamente.

―Estoy segura que donde sea que estén ahora, siguen siendo felices, al ver en el hombre en que te has convertido.

Sigfrid se sonrojó de nuevo hasta que la muchacha rubia se levantó repentinamente.

―Bueno, creo que debería ir a dormir, mañana nos espera la aniquilación del caos―colocando una mano en el hombro del joven―. No te preocupes, todo saldrá bien ¿oye?, una última cosa ¿en verdad no puedes decirnos tu nombre?, me gustaría poder recordarlo.

El chico de ojos celestes tuvo un ligero remordimiento.

En el pasado de ese tiempo donde habia ido, era muy probable que él no naciera, ya que se supone que sus padres se unieron luego de la primera devastación y suicidio de la princesa, en la reconstrucción del planeta, cuando el Caos estaba escondido, entonces no temió decirle su nombre.

―Me llamo Sigfrid.

La joven de Venus volvió a sonreírle haciendo que el joven quedara muy anonadado.

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― ¿Qué tanto haces, Seiya?, deberías dormir―vino llegando Setsuna junto al chico que estaba parado en la baranda.

El chico se volteó a ver a la Setsuna de ese tiempo.

―Mph, se me hace raro que me llames por mi nombre. Del tiempo donde vengo apenas y nos vimos, pero aquí me tratas por mi nombre, eso quiere decir que yo estuve dentro de esta guerra y peleé mucho a tu lado ¿no es cierto?

La mujer asintió y se acercó dónde estaba el chico.

―Por algún extraño motivo, deseaba tanto poder venir aquí.

―No puedo decir más, pero si te diré, que será un orgullo volver a pelear a tu lado, y que veas la destrucción del caos con tus propios ojos―sonrió Setsuna. Habían sido por años, compañeros de batalla. Habia visto nacer a sus hijos, los habia cuidado y tutelado. Ahora que ya no estaban, ella se consideraba como una segunda madre de Hilda y Sigfrid.

Seiya solo se limitó a observarla, y se quedó más tiempo en el barandal, aun cuando ésta se hubo retirado.

Solo unos pasos le hicieron retomar la guardia.

―Ah, eras tú… ¿es que nadie duerme?

―Lo mismo debería decirte Seiya―rió Mina acercándose

―No lo sé….es como si todo esto, tuviera algo que ver conmigo. No sé porque, pero me da mucha nostalgia―dijo Seiya muy serio.

―Yo también pensaba al inicio que era porque en esta época todos estamos muertos….pero luego me di cuenta que habia algo que a mí, también me da una sensación familiar―respondió Mina, para volver a añadir― ¿Entonces a ti también te pasa?,…vaya….esto es nuevo, y yo creía que habías venido porque querías estar cerca de Serena todo el tiempo posible.

El chico sonrió.

―Aunque no te parezca cierto. La verdad no he pensado en eso desde que ese chico llegó irrumpiendo en nuestra época―apuntó Seiya

―No sé cómo decir esto…pero de alguna manera te entiendo―respondió Mina.

Y quedaron allí en el barandal de esa ciudad subterránea, mirando los amplios techos del bunker, aunque no lo sabían , munidos de un sentimiento común que en ese momento no podían descifrar.

Estaban tan abstractos que ni cuenta se dieron de la sombra que los observaba.

Sigfrid los miraba, desde un rincón oscuro.

Era un cuadro que tanto él como su hermana tantas veces habían visto.

Ver a sus padres, unidos por un sentimiento.

―No pierdan nunca esa fe, papá y mamá. Juro que Hilda volverá a nosotros― dijo para sí, antes de alejarse del lugar.

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Cuando se quitaba la armadura negra, su cuerpo se aligeraba bastante.

Pero estando en guerra, tenia la obligación de usarla, para protegerse.

Esa armadura habia sido un regalo de su padre, creada con polvo de estrellas y sangre de su querido padre.

Ya estaba por recostarse, ya que probablemente mañana sería el primer día diferente que recordase.

Así que volvió a encender los audios, aquel que le habia dejado su padre.

Quien fuera el artífice con su madre de la reconstrucción y luego líderes de la resistencia.

Si, el gran Seiya Kou.

Dicen que en algún pasado, él habia albergado dentro de su cuerpo a otra gran guerrera, Fighter, cuya esencia se habia perdido cuando la princesa dominada por Caos la eliminó, así como a Healer y Maker, así que él no llegó a conocerlas.

Pero sobrevivieron esos hombres valerosos, sus tíos y claro, su padre.

Y claro, su madre, la gran Mina, la otrora líder de las sailors scouts, la más poderosa de todas, que no claudicó jamás, ni siquiera cuando el alma se le rompió luego de que el amor de su vida muriese por protegerla a ella y a sus hijos.

La única forma que lograron derrotarla fue cuando el inescrupuloso Caos, luego del aniquilamiento de Hotaru, la última recipiente de este Destructor de Vidas, tomó el cuerpo de Hilda, su hija bien amada y al final terminó asesinándola, cuando con palabras engañosas hizo entrar en confianza a Minako, quien melancólica al oír a su hija, bajó la guardia y Caos aprovechó para matarla.

Sigfrid sonrió.

Pero sus padres habían sido precavidos. Habían pasado todo el tiempo, juntando energía estelar en secreto durante años, para ayudar a la debilitada llave de Setsuna y lograr que él o Hilda fueran al pasado a intentar hacer algo.

Volvió a prender los audios para seguir oyendo la voz de su padre, aquella que le instaba a no dejarse vencer nunca.

Ustedes son diferentes, están bendecidos. Y tendrán más tiempo que yo.

Así que ustedes deben terminar esta misión.

¡Vayan al pasado y adviertan a esta gran guerrera de lo que pasará!

Ella fue mi amiga y le debo mucho.

Sailor Moon podrá detener esto, junto a las demás guerreras de ese tiempo.

Díganle que tener otro mundo es posible. Díganle que el destino es solo una palabra, el futuro es nuestro.

Háganlo y así ellos podrán tener lo único que nosotros nunca tuvimos.

No tengan miedo, hijos míos.

Nos volveremos a ver, se los aseguro, pero todavía tienen mucho camino por recorrer.

Sigfrid apagó los audios, cuando las lágrimas empezaron a caer de sus ojos celestes, idénticos a su madre.

Como Hilda, quien habia heredado la mirada de su padre.

―Voy a salvar a Hilda, se los prometo, mamá y papá...

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Al día siguiente, ya pasado parte de la mañana, fue la primera vez que la gente escondida dentro de las ciudades subterráneas pudo ver la luz del sol y el azul del cielo.

Y esa sensación de paz.

Calma.

Quietud.

Seguridad.

Y ese alivio. Como si algo tan largamente anhelado se haya dado.

Esa mañana, una decidida Sailor Moon, directamente encarnizada como la princesa tutelar del cristal de plata, junto a las valientes scouts del sistema solar interno, así como Fighter, usando al máximo sus poderes, habían logrado lo único que ellas podían hacer juntas.

Caos tardó mucho en rendirse.

Sí que dio batalla.

Y más porque sabía que podía escudarse en su huésped, Hilda, para intentar salvarse.

Pero no contaba con que el temido cristal de plata, estuviera de nuevo aquí.

No pudo oponerse a ese poder de curación y sanación, que hicieron estas guerreras del pasado, para liberar a esa joven atrapada.

Una vez liberada de aquellas cadenas y opresión que causaron su vida en una pesadilla, tal que habia matado a su madre, valiéndose de su imagen.

Era una joven de cabellos lisos y de un color celeste claro, con unos ojos azules que denotaban fuerza dentro de todo.

Al principio se resistió mucho, pero algo inexplicable pasó en un momento dado, cuando los ojos rojos de Hilda por unos segundos se volvieron azules, como normales, al ver a dos personas inesperadas, que creyó jamás volvería a ver.

Papá…mamá…

Aunque el primero estaba en esos momentos con la esencia de Fighter, pudo reconocer a su padre, detrás de aquella guerrera, de la que solo habia oído hablar. Su tía nada menos.

Y fue ahí que se dio apertura y logró que sailor moon y las demás pudieran hacerle la curación lunar y salvarla.

Esos segundos de consciencia le dieron a entender que su hermano habia logrado ir al pasado, y no solo eso.

Habia traído a estos guerreros a ayudarlos.

La familia lo es todo. Y los amigos también.

Fue así que la Hilda que vivía en el fondo de aquel cuerpo corrompido por Caos, ayudó a Sailor Moon a encontrar una grieta para que esta encontrase la forma de penetrar en ella, y liberar a Hilda.

Sigfrid y Setsuna observaban con expectación.

No tenía esperanza que Hilda sobreviviese.

Pero no fue así.

Cuando la horrible oscuridad del Caos se desvaneció por completo, la joven cayó desde las alturas, y fue sailor venus quien saltó para tomarla y evitarle la caída.

Hilda que estaba consciente, pero sin fuerzas, se aferró como pudo a esos brazos.

Con un aroma tan conocido y melancólico para ella.

―! Te tengo!, ya todo está bien― la oyó decir sonriendo, deslumbrando con esta a la joven rescatada

Se aferró al cuerpo de sailor venus.

―Gracias….por salvarme―atinó a responder Hilda

Y se perdió por un momento en el perfume de ciruelas blancas de ella.

El único perfume que su madre habia usado durante toda su vida.

Estuvieron unos segundos a solas, con Hilda recostada sobre sus rodillas, antes que los demás llegaran a ellas.

― ¿Sabes?, se ve que tienes buen gusto. Tú también hueles a ciruelas blancas―atinó a sonreír Mina

―Es de familia―respondió Hilda.

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―Mis padres lideraron la primera reconstrucción. Tengo fé que como hijo suyo, podré tener el valor junto a mi hermana, y Setsuna de reconstruir mi mundo―mencionó Sigfrid.

Ya todo habia terminado, y ya Serena habia invocado la llave del tiempo de la Setsuna de su tiempo, para que le abriera los portales y regresar a casa, así que estaban en plena despedida junto a todas esas personas agradecidas.

―Lo harás, eres fuerte― añadió Lita

―Ustedes salvaron nuestra época―atinó Amy

―Como la Rei de este tiempo ya no existe, les dejé en la habitación que ocupé varios amuletos que ayudaran a limpiar el porvenir―mencionó Rei

Solo Minako no pudo evitar acercarse ante Hilda y Sigfrid que estaban juntos, mirándolos.

Se acercó y les tomó las manos.

―No tengan miedo. Sus padres deben estar tan orgullosos de ustedes. Nos dieron a nosotros un regalo de vida que nunca olvidaremos―al decir esto, quitó de una de sus mangas, una frasquito y se lo dio a Hilda―. Mira, no me gustaría que se te acabe ese perfume de ciruelas blancas que usas. Es una casualidad que yo uso uno idéntico.

Hilda la abrazó, sorprendiendo a la guerrera.

Sigfrid se limitó a sonreír entre lágrimas.

Pero cuando alguien adelantó pasos, fue que se sorprendió.

Seiya, quien miraba la escena de repente le arrojó al joven Sigfrid unos objetos que el chico atrapó con facilidad.

Sus pendientes de estrella.

El kimmokiano le sonrió al hacerlo.

No entendía porque tuvo el impulso de hacerlo y darle esos objetos al chico.

Pero ver esa escena de Minako con Sigfrid y su hermana, le volvió a remover esa sensación de tremenda familiaridad y nostalgia, las mismas que lo habían movido a venir a esta época.

―Te traerán suerte―se limitó a decirle Seiya

Solo allí fue que Serena se arrodilló frente al sorprendido grupo.

―A mí no me queda más que pedirles perdón. Por no haberlos podido proteger ni prever lo que pasó aquí. Pero quiero que sepan que siempre los recordaré porque…―pero fue interrumpida por la Setsuna de cabellos cortos, quien fue a levantarla.

―No te preocupes, princesa. Ya todo está bien ahora. Y estoy más que segura que las almas de nuestras compañeras y amigos ahora al fin, descansan en paz.

Serena sonrió, y se quitó del pecho una diadema de cristal que tenía y se la pasó a Setsuna.

―Esta diadema está cargada con energía del cristal de plata. Podrá servir para reconstruir este…nuestro planeta.

Setsuna asintió, recibiendo el objeto.

En ese momento, un rayo de luz hizo aparición, abriéndose algo parecido a una puerta brillante y allí, apareció la versión joven de sailor Plut, joven y munida de su báculo, para llevarse a esos viajeros del tiempo.

Fue un segundo corto que los ojos de las dos Setsunas hicieron contacto, y ambas asintieron al mismo tiempo, dándose una pequeña sonrisa al mismo tiempo.

De pronto, un brillo…

Y de repente, allí en el lugar solo quedaron, Sigfrid, Hilda y Setsuna.

La pesadilla al fin, habia acabado.

Ya solo cuando hubieron desaparecido por completo, fue que hablaron.

Fue un gusto volver a pelear junto a ustedes―mencionó melancólica Setsuna sin dejar de ver el espacio vacío de donde desapareció aquel resplandor.

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Fue la primera vez que hacía esto en años.

Pero creía que la ocasión ameritaba. El caos habia desaparecido por entero.

Sacó la botella de vino oscuro, una de esas que se guardaban y nadie bebía, y se encaminó al sitio sagrado

La tumba de las Sailors y la Resistencia.

Setsuna observó las lapidas recordatorias de sus compañeros caídos.

Las más nueva era de Mina seguida por las de Seiya y Hotaru, pero habia otras, algunas separadas por cortas líneas de tiempo como las de Serena, Rei, Galaxia, Yaten y Taiki, y las más antiguas de Amy, Lita, Darién, Michiru y Haruka.

Se arrojó sobre la hierba, luego de beber un gran sorbo de vino.

―! Lo logramos, muchachos!, al fin pudimos lograrlo!

Y rió, desde el fondo de su corazón de antigua guerrera y amiga.

Quizá ya no podría traerlos de vuelta, y que vivieran esto, pero ella, junto a Sigfrid e Hilda se aseguraría de vivir por ellos, y mantener su legado.

Sus amigos al fin descansarían en paz.

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―Vaya…se suponía que ya debíamos ir a Kimmoku, y al final, fuimos a una guerra del futuro―rió Seiya, sentado, en el anochecer del templo.

Habían postergado su regreso a su planeta para el día siguiente.

Ya casi todos se habían ido a casa. Solo estaban en el templo Yaten, Kakkyu y Taiki dormidos en el templo. Y claro, Rei, la dueña de casa junto a Minako quien se quedó con ella.

Y Seiya que no podía dormir.

― ¿Tampoco puedes dormir?―lo interrumpió Minako

―Mph…y yo que decía que a ti no te hace pegar el ojo el hecho que Yaten duerme en una habitación contigua―bromeó Seiya, invitándola a sentarse con él.

―Lo mismo digo de ti acerca de Serena...

Seiya observaba las estrellas.

―No he pensado en ella. Eso es raro.

―Es que hemos visto cosas que sobrepasan nuestra imaginación. Espero Sigfrid y su hermana pueda vivir esa paz que nos dieron a nosotros―dijo Mina

― ¿Se llamaba Sigfrid?―apuntó Seiya

Minako asintió.

―Es un buen nombre. Esos pendientes que le dejé le darán suerte….y éxito con las chicas―añadió Seiya con su típica mordacidad

Luego de las risas, hubo un silencio repentino.

―Oye, Seiya, mañana se van ¿pero van a regresar alguna vez?―preguntó Minako de repente―. Es que siendo que ahora habrá paz por siempre, no habrá necesidad que vuelvan.

No supo por qué, pero el saber que no volvería a verlos, le daba un nosequé en el alma.

Sentía como si tuviera una conexión, en especial con Seiya, con quien habia visto y compartido mucho en aquel futuro distopico y alternativo.

―Nos volveremos a ver, Mina…y es una promesa―guiñándole un ojo.

Él era consciente que ahora debía regresar y ayudar en la reconstrucción del Kimmoku.

Pero algo le decía que debía volver después.

Y no porque quizá estuviera enamorado de Serena. Pensar en ella ya no le estrujaba el pecho.

Volvería…porque de verdad quería volver.

―Es una promesa entonces― apuntó Mina, pasándole una mano, que él correspondió sinceramente.

El destino es solo una palabra, el futuro es nuestro.

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¿FINAL?


COMENTARIOS Y AGRADECIMIENTOS.

Antes que nada muchas gracias a las personas que leen y han comentado.

Mención especial a Naiara Moon, una de las personas que mas ganas me da de seguir explorando los MinaSei.

También mis agradecimientos a Tatily, Kamisumi, Hitomi, Rossy Kou, Talantia, Tsukigirl.

Como ven, el futuro alternativo quedó como quedó, y el presente, quedó muy esperanzador, entre Minako y Seiya.

Me hubiese gustado hacer una escena más entre Sigfrid y su padre hablando de la armadura, pero ya me pareció que iba a ser redundante siendo que ya habia tenido una escena de Sigfrid con Mina en el salón a solas.

Por eso preferí que le diera los pendientes, asi como al descuido y más insisti en Hilda con Mina, porque la chica estaba muy apenada porque el caos se valió de su cuerpo para anilquilar a su mamá con sus propias manos.

Ahora si gustan y me dicen, puedo hacer un capitulo especial más hablando de esa Mina y ese Seiya del futuro alternativo, y como fue que se unieron.

Eso si podemos hacerlo.

La Mina y Seiya del presente, si se dieron cuenta, la cosa quedó muy esperanzadora, ya que Seiya volver, porque le habia prometido que vendria, y quizá ahi los sentimientos si surjan y es muy posible que las versiones de Sigfrid e Hilda si puedan nacer en nuestro tiempo.

Espero les haya gustado este experimento.

Les dejo con un beso.

Paola.