¡Hola! Siento la tardanza, tal y como prometí aquí tenéis el segundo oneshot rivamika con la temática que se fijó (yo escogí la de superhéroes). A pesar de que en un principio estuve muy motivada con esta idea creo que el resultado no me ha gustado demasiado. Es posible que no haya cumplido con mis propias expectativas.
Diré también que para esta historia me basé en el videoclip de una canción que me gusta mucho llamada "Control" de Matrix & Futurebound. Si os interesa u os pica la curiosidad la tenéis por youtube jajajaja, quizás así podáis imaginar mejor aún algunas de las escenas descritas. Además, recomendaría mucho tenerla de fondo mientras leéis este capítulo.
Aprovecho también para darle las gracias por leer y comentar a Beruni, ya que no puedo hacerlo de ninguna otra forma jajaja. Mil gracias por pasarte a leer y hacerme saber lo que opinas del capítulo anterior. Es muy gratificante saber que logré trasladarte con efectividad a la época, pues resulta vital para poder meterse bien en la historia. Gracias a ti por tus ánimos y por tan bonitas palabras, me animan mucho a seguir esforzándome, sobre todo a sabiendas de que con algo así puedo haceros feliz. ¡Un saludo!
Espero que hayáis disfrutado de la historia. Prometo esforzarme más la próxima. ¡Hasta prontoooo!
Capítulo 2- Control
Oneshot
Se trataba de una noche fría y lluviosa de septiembre. O eso creía ella pues no recordaba con exactitud el día en el que se encontraba. Detalles tan insignificantes habían perdido el poco sentido que podían tener para la joven que empleaba sus últimas fuerzas en tratar de huir de sus perseguidores. Las gotas frías se colaban por su ropa, enfriando aún más su piel mojada. Pronto, estaría completamente calada.
La luna podría haberse apreciado imponente en el centro del cielo de no ser por la tormenta que azotaba la ciudad y que la sumía en la oscuridad. Probablemente, alejarse de las zonas más transitadas era la peor decisión que podía tomar en aquella situación, sin embargo, decidió hacer caso a la equivocada idea de introducirse en los callejones más angostos y oscuros. La luz no llegaba hasta allí.
Los pasos tras ella incrementaron, cabía la posibilidad de que hubiera incrementado el número de personas que querían darle caza. Debían estar tremendamente desesperados por atraparla y deshacerse de ella, lo percibía en las apresuradas y exasperadas pisadas que resonaban en los charcos que dejaba atrás.
Las fuerzas que le quedaban no tardarían en alcanzar su límite, a pesar de eso, no se detuvo. Sus piernas no se lo permitieron porque si lo hacía, aquello supondría terminar con todo para siempre.
Por otro lado, una voz en su cabeza le susurraba constantemente que lo dejara, que se rindiera y admitiera al fin su derrota. ¿Qué quedaba para alguien como ella en ese mundo? Lo había perdido todo: su familia, su hogar, todo lo que siempre había soñado. No tenía un lugar al cual regresar, unos brazos que la abrazaran con fuerza, que la reconfortaran, ni a alguien que le recordara que todo estaría bien.
Indecisa y agotada, giró la próxima esquina encontrándose de frente con aquello que había temido desde un principio: un callejón sin salida. A pesar de lo evidente de la situación, se introdujo en él a sabiendas de que no le quedaba tiempo suficiente para retroceder y escoger otro camino. Los tejados de los edificios no cubrían la zona, por lo que la lluvia continuaba mojándola hasta los huesos. En cuanto notó la presencia de sus perseguidores tras ella, se volteó ofreciéndoles una de sus miradas más feroces.
El disparo de un arma trajo consigo un intenso dolor que la obligó soltar un alarido profundo. El impacto la hizo caer hacia atrás, momento que aprovechó para quedarse tumbada en el suelo encharcado con la mirada perdida en el cielo y la mente centrada en el hombro que palpitaba con fuerza. El flequillo mojado se le pegó a la cara al tiempo que el resto de su pelo negro se extendía por el suelo manchándose con su propia sangre.
¿Se había rendido definitivamente? Eso parecía, esa era precisamente la sensación que tenía en ese momento. Demasiado exhausta para seguir huyendo. Lo habían intentado incontables veces, pero nunca encontraban un lugar lo suficientemente seguro como para permanecer muchos días seguidos en él. Tarde o temprano acababan dando con ellos. Esa era la razón de que en parte quisiera ponerle fin a la situación de una vez por todas. Si la muerte podía proporcionarle la paz y la calma que tanto ansiaba, entonces le daría la bienvenida con los brazos abiertos y aceptaría el destino del que tanto había tratado de escapar sin éxito.
Cerró los ojos contando todas y cada una de sus respiraciones, esperando averiguar cuál de ellas sería la última. A su alrededor, murmullos lejanos, pasos que se aproximaban y el sonido del agua al caer con fuerza en el asfalto sobre el que se encontraba.
Nada ocurrió.
Confusa, permaneció en su lugar unos instantes más tratando de averiguar qué ocurría, hasta que un grito la obligó a incorporarse quedándose sentada. Ante ella, a pocos metros, una figura que creía reconocer se alzaba con claras evidencias de querer plantar cara a los hombres armados que dudaban si avanzar hacia el interior del callejón. Cerca de donde se encontraban, pudo detectar el cuerpo inerte de uno de ellos. La silueta que captaba toda su atención giró levemente su cabeza ofreciéndole una mirada de pocos amigos, gesto que le permitió reconocerlo. Levi.
-Para.- le pidió ella con voz ahogada, producto de haber permanecido tanto tiempo sin hablar. Comprendía lo que él estaba a punto de hacer, Levi los eliminaría en ese preciso momento si ella no hacía algo para impedirlo. -¡No lo hagas!- intentó gritar obteniendo el mismo resultado que al principio: ninguno.
Levi, quien vestía una chaqueta negra de cuero y pantalones vaqueros oscuros, estaba tan empapado como ella. Avanzó paso a paso hacia ellos dispuesto a utilizar toda la fuerza que estuviera en su mano para deshacerse de sus enemigos. Ella estaba convencida de que a menos que huyeran de allí en ese preciso momento, no tendrían la oportunidad de ver un mañana. No obstante, sus perseguidores se mantuvieron fieles a sus obligaciones hasta el último instante.
Un fogonazo de luz le permitió contemplar casi a cámara lenta lo sucedido. Levi no tuvo que hacer ningún tipo de gesto para que una especie de honda se extendiera ante él lanzándolos por el aire varios metros. Cayeron con un ruido sordo. Pronto, sus quejidos y alaridos opacaron el sonido de la tormenta. Pero, para su desgracia, ahí no acabó todo. Levi no estaba dispuesto a dejarlos escapar con algunas heridas graves, de eso estaba segura. El último golpe no tardó en llegar; extendió su brazo derecho al frente y los cuerpos ajenos se retorcieron en sus lugares produciendo sonidos horrorosos. Probablemente no les quedara ni un solo hueso entero pero, con suerte, para cuando quedaron totalmente hechos puré ya no seguían con vida.
Bajó la mirada derrotada, desorientada. Ni siquiera le afectaba lo suficiente haber observado algo tan sumamente espantoso ya que había soportado escenas similares en los últimos meses. Las primeras veces le provocaron vómitos, más tarde, terminó acostumbrándose a ellas.
Los pasos se acercaron a ella, quien continuaba sentada en el suelo. Esperó a que Levi dijera algo, pero lo que recibió fue un fuerte golpe que la lanzó hacia un lado. Supo de inmediato que el chico no había empleado toda la fuerza que disponía. Si lo hubiera querido podía haberle roto la mandíbula o la nariz. Por eso, detectó que se trataba más bien de una advertencia causada por el disgusto.
-Qué ha sido eso.
Espetó volviendo a acercarse a ella. Encogida en la posición que se encontraba y con todo el pelo sobre su rostro, solo distinguió sus botas negras de cuero. No respondió, no tenía nada que decirle de todas maneras. Ni siquiera comprendía qué hacía él en un lugar como aquel.
La paciencia de Levi terminó unos segundos después cuando la amarró de su camiseta para ponerla en pie y después, empujarla con rudeza contra la pared de ladrillo produciéndole un quejido. El hombro le dolía horrores, no había dejado de sangrar en ningún momento. Su corazón se aceleró cuando la fría y afilada mirada de Levi se clavó en la suya. Cualquiera que lo mirara directamente a los ojos sabría que no era alguien con quien se pudiera bromear porque su paciencia era escasa. Aquella noche la ausencia de respuestas fue su segunda mala elección. Levi colocó las manos en su fino cuello ejerciendo presión, ante eso, Mikasa se removió tratando de soltarse.
-Por qué.- insistió escupiendo las palabras con rabia.
-Ya no me… queda nada.- intentó decir a duras penas. El sabor a hierro no tardó en llegar en el momento que volvió a abrir la boca para hablar. Debía tener el labio roto. –Ellos me los quitaron. Me quitaron… a Armin y a Eren.
La soltó de manera tan repentina que sus piernas temblaron incapaces de sostenerse en pie.
-Ya veo.- su tono de voz cambió. No mostró ningún tipo de emoción, incluso su furia parecía haber desaparecido ante el descubrimiento de tales sucesos. –Ellos también han muerto.- afirmó.
Si no fuera por su inestabilidad emocional, Mikasa habría reparado apropiadamente en las palabras de Levi. Le habría preguntado qué quería decir con aquel "también" que la hubiera llenado de curiosidad. Pero no fue capaz de hacerlo, porque ya no quedaba nada que le importara lo suficiente.
-Recoge tus cosas. Nos vamos.- le ordenó sorprendiéndola, mas ella no se movió de su lugar. Mikasa observó de reojo la pequeña mochila negra que usualmente utilizaba cuando salía de casa. El objeto debió habérsele caído al recibir el impacto de la bala.
-¿Ir? A dónde.- replicó de mala gana. No tenía intenciones ni motivos para seguirlo a donde fuera que quisiera llevarla. No le pidió ayuda ni que se involucrara con ella. De hecho, detestaba que Levi se hubiera inmiscuido en sus asuntos sin tener en cuenta sus propios deseos. Obtuvo una nueva mirada amenazante que le indicó que no dudaría ni un ápice en volver a golpearla si era necesario para hacerla reaccionar a base de golpes.
-Vamos. No me obligues a llevarte a la fuerza.
El apartamento de Levi no resultó para nada como lo recordaba ella. El espacio luminoso que tiempo atrás visitó ya no existía. La oscuridad se había adueñado del lugar y no era debido a que la noche hubiera cubierto el exterior.
Se quedó unos instantes en la puerta viéndolo introducirse en el interior y encender una pequeña lámpara de la que apenas emanaba luz suficiente para poder distinguir sus siluetas con algo más de precisión. Tiempo atrás le habría preocupado bastante entrar en casa de aquel maniático de la limpieza totalmente empapada y con una herida que minutos atrás había dejado de sangrar. Probablemente, la habría dejado fuera hasta que no supusiera una amenaza para la pulcritud de su hogar. Sin embargo, supo que eso había cambiado totalmente cuando observó una pequeña capa de polvo sobre la mesa principal del salón. El desorden reinaba en las zonas comunes, como si las hubiera descuidado totalmente en las últimas semanas.
No obstante, lo que realmente le llamó la atención fueron las diversas fotos que decoraban el salón y que aún se encontraban en su lugar. Lo que le preocupó y le produjo una pequeña opresión en el pecho fue percatarse de que la mayoría estuvieran volteadas o boca abajo, de modo que no pudieran verse. Como si la inocente acción de echarles un vistazo no produjera nada más que dolor.
A pesar de todo, no se atrevió a decir nada al respecto. Avanzó un poco hasta que él mismo le dijo que esperara y se sentara en una de las sillas que había allí. Después, Levi emergió del estrecho pasillo que daba a las habitaciones con una muda limpia y con un botiquín que colocó en la balda más cercana a la televisión.
-Utiliza el baño principal, yo usaré el de mi habitación.- explicó.
Sin mediar palabra, Mikasa agradeció con un gesto de cabeza el gesto y la oferta y se dirigió al lugar indicado sin un ápice de duda, pues conocía a la perfección la vivienda a pesar de haber transcurrido tiempo desde su última visita.
Cerró la puerta del baño con cuidado y colocó la muda sobre la taza del váter. Sólo funcionaba una de las bombillas de la fina y alargada lámpara, pero le proporcionaba la luz suficiente como para no importarle lo más mínimo. Sus ojos se centraron en el gran cristal completamente roto sobre el lavabo. Por suerte, los pedazos no se habían desprendido y tampoco parecía que fueran a hacerlo, pero lo que sí pudo apreciar fueron los restos de sangre que no se habían retirado con efectividad. Nuevamente, su estómago se encogió al poder imaginarse lo que debía estar ocurriendo.
No se equivocaba al pensar que probablemente no era la única que estaba sufriendo y que cargaba con un gran peso que cada vez dificultaba más que quisiera luchar por permanecer en el mundo en el que había nacido. Aún así, si realmente estaba en lo cierto, ¿qué motivos podría tener una persona que al igual que ella lo había perdido prácticamente todo para continuar peleando? ¿Qué lo ataba tan fervientemente a un mundo despiadado que únicamente ansiaba la liquidación de aquellos que eran diferentes? Ambos colgaban de un fino hilo que en cualquier momento podría romperse y que los haría caer en el más profundo de los abismos.
Decidió que era momento de dejar de lado cualquier pensamiento que surcara su mente en cuanto el agua caliente comenzó a sanar su cuerpo devolviéndolo a su temperatura usual. Tuvo cuidado con el hombro herido, el cual le produjo un fuerte escozor obligándola a reprimir un intenso gruñido nacido de lo más profundo de su ser. Su melena corta hasta los hombros se pegó a su rostro cuando bajó la cabeza y cerró los ojos dejando que cada gota cayera sobre ella. Posteriormente, se enjabonó, aclaró y se secó con una de las toallas limpias que encontró dentro de los cajones del mueble.
Minutos después, ya vestida con la ropa proporcionada, regresó al salón encontrándose allí con la figura de Levi de pie con algo entre sus manos. Cuando vio a Mikasa lo dejó sobre la zona de la mesa que ya había limpiado y se acercó a ella.
-Siéntate ahí.- le pidió. Mikasa detectó aquel aroma tan característico del joven a pino fresco y limpieza que siempre lo había acompañado. El mismo olor que se encontraba en la enorme sudadera verde oscuro y los pantalones anchos de color negro que le había prestado. El mismo que también emanaba de su pelo húmedo cuando se acerco en demasía a ella para tratar su hombro.
Una vez acomodados en el sofá, Levi sacó algo de desinfectante que vertió sin contenerse en una gasa limpia. Mikasa, sin mostrar expresión alguna se quitó la sudadera quedándose únicamente en sujetador. Evitó mirar a Levi a la cara directamente aunque él también pareció ignorar el hecho de que se encontrara en ropa interior. Tras asegurarse de que la bala había salido limpiamente por la parte trasera, Levi, lo aplicó por la superficie. Por suerte, la herida tenía mejor aspecto del que creía. Sobre todo con las altas posibilidades de que esta se infectara en la calle después de haberse bañado en barro y lluvia. Debido a la profundidad, necesitó varios puntos para ayudar a que se cerrara correctamente. Mikasa apartó la mirada queriendo evitar observar aquello tan desagradable. Aguantó perfectamente el dolor, así como la aguja traspasando su piel y ejerciendo presión. Prefería centrar su atención en otra cosa, pero para cuando se dio cuenta sus ojos se encontraban sobre el rostro totalmente concentrado de Levi.
Repasó sus orbes azules claro, sus rasgos finos y marcados que intimidaban a desconocidos y que causaban una impresión equivocada a cada persona que lo conocía por primera vez. Algo que no le ocurrió a ella, pues no tendía a juzgar a extraños a simple vista, además, el hecho de que algunos de sus amigos ya lo conocieran de antemano también ayudó. Llevaba el pelo más largo de lo que recordaba, dadas las circunstancias no se había percatado de ello hasta ese preciso instante. El flequillo a ambos lados que salía desde la parte superior del centro de su frente casi se le metía en los ojos, así como la parte inferior de su melena comenzaba a rozar sus propios hombros. No obstante, continuaba llevando la parte inferior rapada. Su piel le resultó suave produciéndole ganas de tocarla con sus propias manos, mas eso era algo que no se atrevería a hacer jamás. No con alguien como él.
Se alarmó cuando sus ojos claros se posaron sobre los de ella, sorprendiéndose por un momento de encontrarla admirándolo, Levi se preguntó internamente qué le podría resultar tan interesante como para permanecer centrada en su rostro.
Sin previo aviso, Mikasa no pudo anticipar que él fuera a acortar la distancia entre ellos. El color rojo tiñó sus mejillas cuando, además, se percató de que Levi no dejaba de mirar con intensidad su boca. Las dificultades para respirar la obligaron a separar un poco sus labios, acción que él aprovechó para curar el fino corte que seguía allí. Comprendiendo a qué se debía esa atención no pudo sentirse más avergonzada por haberse imaginado algo totalmente descabellado, por sentir su corazón acelerarse al ser consciente de cada respiración pausada perteneciente al joven ante ella.
-Listo.- anunció apartándose un poco y recogiendo todo lo que había empleado.
Mikasa pasó a mirar el buen trabajo que había realizado. Tapó la herida con una gasa limpia y posteriormente utilizó una venda para envolverla desde diferentes ángulos rodeando su hombro y brazo.
Al acabar, aún sumidos en el silencio, decidió imitar los pasos de Levi. Se sentó en la silla que previamente había utilizado y lo acompañó para cenar: fideos instantáneos y precocinados que se habían estado preparando mientras la trataba.
Mikasa paró de comer al darse cuenta de que Levi en algún momento se había quedado mirándola intensamente con claras evidencias de querer decir algo. No obstante, por alguna razón no parecía demasiado dispuesto a soltarlo hasta que ella le instó con la mirada a que lo hiciera.
-Tú pelo. Ahora lo llevas corto.- no esperó que se interesara por algo sin importancia. Terminó de masticar lo que tenía en la boca antes de contestar sin emplear demasiadas palabras.
-Me lo corté yo misma hace unas semanas.- explicó con desinterés. –Decidí hacerlo después de, ya sabes.- lo vio asentir entendiendo de algún modo la necesidad que tuvo ella de deshacerse de su larga melena en busca de algún cambio, por pequeño que fuera, que la aliviara mínimamente.
-Te sienta bien.
Mikasa trató de ignorar el comentario regresando a centrarse completamente en su cena, evitando seguir con su mirada los movimientos de un Levi que retiraba lo utilizado para comer y que depositaba varias mantas junto a una almohada sobre el sofá. Haciendo caso omiso al pequeño cosquilleo que azotó su débil cuerpo.
En el momento en el que Levi se despidió brevemente de ella para encerrarse en su propia habitación y dejar a su entera disposición el salón al completo, se permitió sentarse en el gran sofá y soltar un largo suspiro. Con cuidado, se tumbó apoyando el peso de su cuerpo sobre el lado contrario a su hombro herido y trató de conciliar el sueño una vez logró arroparse con las mantas que le había prestado.
La perseguieron diversos pensamientos. Cada vez que recordaba aquellos días oscuros que le privaron de la felicidad absoluta, su corazón se azotaba dolorosamente y su pecho se oprimía sintiendo angustia. La ansiedad comenzó a recorrer su ser, instándola a llevarse ambas manos al pecho tratando de regular su propia respiración, sin embargo, el sentimiento era tan profundo y se encontraba tan arraigado a su persona que no lograba controlarlo. Ni siquiera sabía si le aliviaba en algo el haber encontrado a Levi. Ser consciente de que eran los únicos que quedaban con vida no la ayudaba a sentirse mejor. No podía evitar pensar que tarde o temprano ellos también caerían. ¿Qué importaba morir antes o después? Aquel mundo no los deseaba de ninguna de las maneras, podría ser un alivio sucumbir a su cruel petición.
Para cuando se dio cuenta, habían transcurrido cerca de dos horas en las que no hizo más que removerse en su sitio tratando de calmar su mente para acallar las voces que no le permitían descansar. Se preguntó si Levi, al contrario que ella, habría logrado conciliar el sueño. Era tan poco expresivo como ella, aunque sí recordaba unas pocas ocasiones en las que el chico no había dudado en exteriorizar sus más profundos sentimientos. Un claro ejemplo de ello acontecido horas antes cuando acudió en su ayuda.
La fiereza de aquellos ojos azules se clavaban en su cabeza perforando cada pensamiento. Se atrevería a compararlos con los de Eren, pero los de Levi carecían de calidez alguna. Inspiraban temor y provocaban escalofríos a quien los observara atentamente.
Vagos sonidos llegaron hasta ella. Aún se mantenía con los ojos cerrados, aunque capaz de imaginar las rayas de luz de las farolas que se proyectaban sobre la pared, filtrándose por las persianas mal cerradas. Al principio creyó que su propia mente jugaba con ella y que en aquel estado de trance entre la realidad y la imaginación, comenzaba a imaginarse cosas que no eran ciertas. No obstante, cuando sintió el cuerpo del chico junto al de ella, se cercioró de que lo que estaba ocurriendo era real y que no debía ser nada bueno.
-Esos capullos nos han encontrado.- soltó en un susurro ronco cargado de ira. Las luces de colores, lejos de ser discretas, iluminaban la estancia por completo. A pesar de que no sonaban las sirenas a todo volumen, era evidente el sonido de los diversos vehículos que debían estar rodeando el edificio por todas partes. Probablemente, de no ser por los buenos sentidos de Levi, no se habrían dado cuenta a tiempo.
-A dónde iremos.
Formuló ella a modo de pregunta al tiempo que recogía las cosas. En pocos minutos, Levi ya se había hecho con lo imprescindible y lo había introducido en una mochila. Ella cogió la suya para colocársela con cuidado, pero se vio obligada a desistir cuando el contrario se la quitó bruscamente para portarla él.
-Pensaré en algo de camino.
-Si Armin estuviera aquí, sabría…
-Armin ya no está. Vamos.- Ignoró la mirada sorprendida y dolida de Mikasa y se atrevió a coger con fuerza su mano para guiarla hasta una de las ventanas traseras que les abriría paso hasta su vehículo.
En cierto modo, Levi reconocía que el chico rubio siempre había destacado por su inteligencia y sus buenas ocurrencias. Por algún motivo, por complicada que fuera la situación siempre tenía alguna idea en mente, y de no ser así, no tardaba en ingeniárselas para salvarles el culo a todos ellos. En caso de haber estado allí, no dudaba que hubiera encontrado un destino adecuado para ellos en el que poder ocultarse un buen tiempo hasta que volvieran a encontrarlos.
Pero ya no estaba. Y ahora debía tomar sus propias decisiones. Sobre todo al ser consciente de lo rota que se encontraba Mikasa por dentro. A menos que lograra que reaccionara, dudaba que le fuera a ser de mucha ayuda. Al final, la sensación que tenía era la de estar cargando con una muñeca vacía que al mínimo descuido optaría por desaparecer de la faz de la tierra. Y eso no era algo que pudiera permitirse.
La salida del apartamento no resultó tan complicada como parecía. En medio de la oscuridad no los detectaron y para cuando alcanzaron el interior del mismo, ellos ya se encontraban dentro del coche. Se deslizaron con maestría por la cornisa y descendieron con la ayuda de los poderes de Levi hasta que sus pies volvieron a tocar tierra firme.
El coche de Levi era un todoterreno de color negro que pasaba desapercibido en las tinieblas de la noche. Mikasa se abrochó lo más rápido que pudo el cinturón sin disponer apenas de tiempo para ello, pues el joven no tardó en poner en marcha el vehículo para alejarlos de la zona lo antes posible. No había demasiado tráfico de madruga, lo que les ayudó bastante para poder avanzar sin retenciones y sobre todo sin llamar la atención.
Antes de salir de la ciudad se encontraron con un desafortunado control de agentes que vigilaban un tramo concreto de carretera. Detenerse y atender a sus peticiones habría sido un grave error, pues estando ambos en búsqueda y captura, solo les darían tiempo para conseguir refuerzos. Los reconocerían en el momento en el que pudieran ver con claridad sus rostros. Por ello, en vez de parar en los controles, Levi pisó el acelerador a sabiendas de que Mikasa lo había estado observando con duda. No había opción mejor dada la situación.
Se habría permitido dibujar una sonrisa sarcástica y altanera en su cara al ver las expresiones incrédulas de los agentes, sin embargo, estaba tan concentrado en perderles la pista que no pudo tomarse tal libertad.
-No se darán por vencido fácilmente.- susurró Mikasa, quien se había acomodado en el asiento de copiloto encogiendo sus piernas y abrazándolas con ambas manos. La joven miraba de tanto en tanto por el retrovisor para cerciorarse de que aún los tenían detrás, tan insistentes como de costumbre.
-Lo sé. Pero nos saldremos con la nuestra.
Levi giró repentinamente tomando una carretera secundaria que se adentraba en una zona boscosa para más adelante volver a incorporarse a la autovía. Fue testigo de cómo, por suerte, todos los perseguidores lo siguieron en vez de tratar de acorralarlos de frente. En un camino tan estrecho limitado por árboles podría deshacerse de ellos sin problemas. –Hazlo. Vamos.
Mikasa miró incrédula a Levi, entendió a la perfección lo que le estaba pidiendo a pesar de que su voz era constantemente interrumpida por sonidos de balas que impactaban contra la carrocería del coche. Si alguna de ellas lograba alcanzar cualquiera de las ruedas, no solo tendrían problemas para continuar con la huída, sino que además podrían verse envueltos en un grave accidente.
-Vamos, Mikasa. Los tenemos prácticamente encima.- pidió sin ser consciente de lo que eso significaba para ella. Si realmente pudiera hacerlo, habría peleado contra ellos horas antes, los habría troceado sin piedad y no habría requerido la ayuda de alguien como él. No obstante, no era el caso.
Incapaz de responder, se hallaba desolada por sentimientos contrariados. La necesidad de aportar algo que los ayudara a escapar y la imposibilidad de hacer uso de una capacidad tan monstruosa creó un intenso debate interno que la bloqueó al instante. Se llevó las manos a la cabeza enterrando los dedos en sus cabellos azabache y cerrando los ojos con fuerza tratando de alejarse de allí. Intentando trasladarse a un lugar tranquilo en el que la presión no la aplastara de aquella manera. Entonces, le pareció escuchar un resoplido proveniente del chico a su lado que había tenido la mirada fija en ella todo aquel tiempo.
De un momento a otro, una gran explosión tuvo lugar varios metros tras ellos. Mikasa supo que era obra de Levi. Aún concentrado en seguir el estrecho camino correctamente y en esquivar algunos de los ataques de sus perseguidores, logró hacer uso de sus propias habilidades para provocar un accidente que se deshiciera de quienes les pisaban los talones. Mikasa miró el retrovisor contemplando como a parte de las llamas que devoraban eficazmente los coches tras ellos, solo quedaba oscuridad. Eran libres de nuevo. Si es que a eso se le podía llamar libertad.
Ninguno volvió a cruzar palabra alguna durante las próximas cinco horas en las que Levi pisó a fondo el acelerador para sacarles toda la ventaja posible.
Con la llegada del alba, ambos se adentraron en una de las zonas de servicio junto a la carretera, tanto para llenar el depósito como para tomarse un breve descanso que sus piernas agradecieron. Se cubrieron el rostro lo mejor posible, Levi empleó un gorro negro de lana que tapaba su frente dejando solo un pequeño rastro de su cabello negro, Mikasa, por el contrario, se ocultó lo mejor que pudo bajo la bufanda roja que siempre la acompañaba.
Escogieron una zona apartada cerca de los grandes ventanales con vistas a la carretera principal. La visión que tenían desde allí resultaba tan poco agradable que la mayor parte de los clientes se encontraban en la zona contraria del restaurante. Apenas pudieron contar unas ocho personas con el personal incluido. Esperaron a que la camarera se acercara a ellos para pedirle un chocolate caliente y un café bien cargado. Levi necesitaba tener todos sus sentidos perfectamente despiertos para centrarlos más tarde en la carretera, pues estaba convencido de que la huída todavía no había llegado a su fin.
Consumirían lo ordenado lo antes posible y continuarían con su camino. No era necesario comentar en voz alta que mientras más tiempo permanecieran en un mismo lugar a mayor peligro se expondrían.
Los ojos azules de Levi se posaron sobre la figura melancólica de Mikasa que permanecía estática con la mirada perdida al otro lado del cristal. Sus pensamientos infranqueables para él y al mismo tiempo, conocidos. Probablemente más de lo que ella pudiera creer.
-Por qué.
La voz del chico la sacó de su trance. Mikasa, temerosa de tener que enfrentar aquella realidad tan ligada a sus propias emociones, habría deseado evitar la conversación de todas las maneras posibles, pero no había modo de que eso ocurriera. No cuando la insistencia estaba pintada en el rostro inescrutable de Levi. No la dejaría marchar hasta que contestara a su demanda. Una respuesta que para ella era demasiado evidente. Tras unos segundos de debate interno, procedió a proporcionarle lo que buscaba.
-Porque lo odio.- comenzó a decir con un hilillo de voz aún con su boca cubierta por la bufanda pero sin apartar la mirada de la del contrario. –Detesto en lo que me he convertido.- de un instante a otro, los ojos de Mikasa pasaron de parecer nostálgicos a mostrar ira, dolor, furia. Estaba tan convencida de lo que decía que logró despertar algo en el interior de Levi. –Si no fuera por esta… maldición, ninguno de ellos habría muerto.- sentenció para después comenzar a nombrarlos uno a uno, pronunciando cada uno de los nombres con mayor intensidad que el anterior de modo que se escucharan con total claridad. –Sasha, Connie, Jean, Farlan, Isabel, Armin, Eren…
-Ya veo.- se precipitó a contestar pidiéndole indirectamente que no continuara con aquello. El dolor que profesaba era tan intenso que estaba consiguiendo remover en él todo aquello que se había esforzado en enterrar y en convertir en su razón de seguir adelante.
Mientras, Mikasa dudaba que Levi pudiera llegar a comprender por completo el pesar con el que cargaba. Episodios concretos de su vida que ya no podría volver a olvidar y que la perseguían cada noche para atormentarla. Aún así, agradeció no obtener réplicas.
El silencio volvió a hacerse entre ellos, momento en el que la camarera volvió a hacer acto de presencia para proporcionarles lo que habían pedido y cobrarles por ello. Ambos probaron sus bebidas notando el calor inundar sus cuerpos en aquella gélida mañana bañada por los anaranjados colores del amanecer que pronto volvería a llenar todo de luz.
-Pero te equivocas en algo.- volvió a hablar acaparando satisfactoriamente su atención. Levi mantuvo la taza cerca de su boca mientras la amarraba de aquella forma tan característica. No la apartó en ningún momento mientras hablaba, pues le fue dando pequeños sorbos al café. Mikasa lo observó de reojo, curiosa por lo que fuera a decir a continuación. –La culpa no es de tu habilidad, ni de lo ocurrido.- ella abrió los ojos sorprendida. Muchas veces había intentado convencerse de eso mismo pero no había manera de que su mente pudiera aceptar tal afirmación y borrar toda culpa y sensación de sentirse un monstruo. –Los responsables de las muertes son esos jodidos policías que están ahí fuera empeñados en exterminarnos.- Mikasa se afligió al encontrarse de nuevo con su mirada penetrante y segura. Por mucho que lo intentara no podía no aceptar sus palabras cuando escondían tanta intensidad.
-Voy al servicio.- afirmó levantándose de golpe para alejarse un poco de allí y tratar de asimilarlo. Quizás solo necesitara poder verlo todo desde otra perspectiva. Eren y Armin se lo habían repetido muchas veces, y durante un tiempo ella misma lo aceptó al igual que ellos. Sin embargo, las diversas muertes fueron haciendo mella en ella hasta el punto de no poder evitar que el dolor por las pérdidas, sobre todo las de Eren y Armin, superaran la poca cordura y seguridad que le quedaban.
Una vez dio con los servicios se aseguró de que no había nadie en el interior y pasó a contemplar su propio rostro en el espejo sobre los lavabos. Pudo seguir con claridad el rastro de cansancio en sus pronunciadas ojeras y su tono especialmente pálido. Juntó ambas manos bajo el grifo y las llenó de agua que después estampó contra su cara para refrescarla y alejar de sopetón todo pensamiento. Las palabras de Levi no dejaban de surcar su mente queriendo alterar su forma de afrontar la situación. No obstante, sus acciones tuvieron un efecto totalmente contrario, los recuerdos de los últimos meses la arrastraron a rememorar todo aquello que había querido olvidar.
Flashback.
El cielo nocturno se impregnaba de diferentes colores extendiéndose por doquier. La oscuridad desaparecía con cada fogonazo causado por los fuegos artificiales que el grupo de jóvenes podía observar en la distancia. Aquel año la ciudad entera se había sumido en las tinieblas a causa de una decisión tomada por el ayuntamiento. Se realizó una votación a través de la cual venció la opción de cortar la electricidad para poder disfrutar satisfactoriamente del espectáculo.
-¿En qué momento dijo Armin que esto era una buena idea?- preguntó jadeando uno de los chicos de pelo castaño que iban al frente, no le quitaba el ojo a la joven asiática que seguía de cerca a otro de sus amigos.
-Jamás he dicho tal cosa.- afirmó el rubio no queriendo hacerse responsable de una acusación formulada de forma indirecta. Era una locura subir a oscuras, guiados solamente por linternas, la enorme colina para poder disfrutar de los fuegos artificiales desde un punto más elevado. Si por él fuera, se habría conformado con contemplarlos desde la plaza como el resto de las personas, no obstante, la terrible idea de Eren había obtenido más respaldo del esperado y finalmente se había visto arrastrado hasta allí. –No seré responsable de que alguno de vosotros meta el pie en algún agujero o de que caigáis rodando colina abajo.
-Cierto. Estas ideas no podrían ser de otro que no fuera Jaeger.- sentenció Jean convencido. En realidad no recordaba del todo quién lo había propuesto.
-¿Ah, sí? Pues tú fuiste el primero en apuntarte, así que tan descabellada no te parecería.- apuntó deteniéndose de golpe con Mikasa a su lado, lista para interponerse entre ambos en caso de ser necesario.
-Eh, dejaos de estupideces y moved el culo.- una tercera voz penetrante les llamó la atención metiéndoles prisa y advirtiéndoles, al mismo tiempo, de que se comportaran si no querían sufrir las consecuencias. –Si no nos damos prisa, se acabarán.- concluyó refiriéndose a los fuegos artificiales que se escuchaban y veían al fondo.
-¿Queda mucho?- preguntó en esta ocasión Isabel Magnolia casi sin aliento. Poco a poco se iba quedando rezagada del grupo. Tanto Armin como ella mantenían un ritmo similar.
-No. Ya estamos casi.
Al alcanzar la parte más alta, todos y cada uno de ellos supieron que había merecido la pena hacer el esfuerzo. La vista desde allí no era siquiera comparable. Sus ojos se mantuvieron totalmente hechizados por los vivos colores, la sintonía entre las enormes flores de distintos tonos que duraban tan solo unos segundos en el manto negro. Se complementaban unas a otras, bailando; sintonizándose con la luna y las estrellas.
-Son muy bonitos.- susurró Isabel entusiasmada.
-A mi me dan hambre.- declaró Sasha llevándose ambas manos a un estómago que pronto comenzaría a rugir con fuerza, por suerte, las explosiones de pólvora ocultarían esos ruidos.
-No sé por qué no me extraña.- respondió Connie con cierto tono irónico.
El momento no podía ser más gratificante para Mikasa, quien disfrutaba al completo de la compañía de todos y cada uno de sus amigos. De tener la oportunidad de pedir un deseo a una estrella fugaz habría sido el poder permanecer en ese instante para siempre. Sin embargo, ese momento estaba por convertirse en uno todavía mucho más especial, uno que jamás olvidarían.
Resultaría imposible olvidar el momento en el que la central eléctrica junto a ellos, la cual había permanecido apagada, se encendió de golpe con el terminar de los fuegos. La explosión de luz fue tal que todos ellos quedaron cegados repentinamente. Sintieron sus cuerpos salir despedidos hacia atrás, colina abajo. Tras eso, solo fue perceptible una mezcla de gritos, ruidos sordos y corrientes eléctricas propias de una sobrecarga que alcanzó su límite cerca de ellos.
Al abrir los ojos, Mikasa se encontró con la mirada alertada de Levi que ya había despertado a todos los demás.
La sensación que tuvo en ese momento se alejaba de cualquier cosa que hubiera experimentado anteriormente en toda su vida. Notó el cuerpo mucho más ágil y en su interior pequeñas corrientes que estaba segura de poder emplear a placer cuando quisiera. Esa teoría confusa quedó comprobada y verificada cuando Connie alzó su mano formando un pequeño relámpago que se esfumó en pleno aire. Sus vidas cambiaron para siempre.
Pero no de la forma en la que esperaban.
Desde entonces, cada vez que lograban reunirse todos terminaban contando toda clase de experiencias vividas y en las que estaban involucrados los poderes que poseían. Ninguno de ellos se quedaba al margen, pues se habían visto en la necesidad de tener que emplearlos en algún momento. Lejos de asustarse, sus mentes jóvenes e inexpertas les impulsaron a querer experimentar y conocer el alcance de sus capacidades especiales. Así, no dudaron en disfrutar al máximo cada instante, siempre con precaución. No fue suficiente.
Entonces, ocurrió.
Mikasa recordaba con todo lujo de detalles el momento en el que al salir de clases Isabel se abalanzó a sus brazos llorando a moco tendido e incapaz de articular palabra alguna. Cuando todos se juntaron y la pelirroja pasó a ser tranquilizada por Levi, pudo contarles lo ocurrido. El cómo cuando Sasha y ella caminaban por la calle tranquilamente, un coche negro se empeñó en atropellarlas. Al no conseguirlo las persiguió hasta uno de los callejones, dos hombres se bajaron del interior y dispararon sin piedad dejándolas totalmente atónitas. Isabel volvió a convertirse presa de las lágrimas y la angustia al relatar los hechos, sobre todo porque fue su amiga quien con sus últimas fuerzas lanzó un ataque a sus perseguidores para después mandarla a ella lejos de allí.
Desde aquel incidente, dentro del grupo se extendieron dos posturas diferentes. Mientras que Jean, Armin y ella preferían no utilizar sus poderes para evitar llamar la atención y esquivar el peligro, el resto se empeñaban en hacer uso de sus habilidades con cuidado. Sin embargo, de nada sirvieron todas las medidas que tomaron, pues quienes ansiaban darles caza ya parecían conocerlos a la perfección.
Con el pasar de los meses, uno tras otro fueron pereciendo. Generalmente, asaltados en aquellos momentos en los que permanecían solos, sin embargo, más tarde se comprobó que no era del todo cierto, ya que los intentos de asesinato se habían llevado a cabo también en lugares muy transitados.
El contacto se rompió entre quienes aún seguían con vida. Mikasa se centró en mantener a salvo a Armin y a Eren. Tuvieron que mudarse a otro lugar, alquilar un apartamento a nombre de un conocido al que no pudieran vincular con ellos y permanecer la mayor parte del tiempo ocultos. Algo que tampoco pudo salvarlos.
Esa oscura noche, se atrevería a decir que la peor de toda su vida, el viento gélido se estrellaba contra ella al correr con todas sus fuerzas lejos de las garras de los perseguidores. A su lado, Armin y Eren se esforzaban por no quedarse atrás, al menos hasta que los acorralaron en uno de los múltiples callejones. Armin se paró en seco al límite de sus fuerzas. Mikasa lo miró directamente a los ojos reconociendo de inmediato sus intenciones. El chico rubio no dudó en interponerse entre ambas partes con motivo de retrasar a los asaltantes y darles algo de tiempo a sus más queridos amigos, pues para él la muerte ya era imposible de atrasar.
Mikasa ahogó un grito al ver el cuerpo sin vida de Armin caer al suelo como un saco. Fue Eren quien entre lágrimas agarró su brazo y tiró de ella con fuerza para obligarla a correr. Durante el recorrido, el dueño de aquellos ojos esmeralda, no hizo más que soltar mil maldiciones contra ellos. Repitió una y otra vez todas las formas en las que les haría sufrir por lo que habían hecho. Y aunque Mikasa no dudó de sus palabras y de que llevaría a cabo su venganza, incluso Eren era lo suficientemente sensato como para saber que en ese momento no podían hacer otra cosa que no fuera huir.
Su huída los llevó al puente de la ría que pretendían cruzar para salir de allí a una zona abierta en la que les perderían la pista. No obstante, sus perseguidores aparecieron por ambos extremos cuando ellos ya se situaban en medio de la estructura. Al percatarse Eren de eso, se aproximó al borde del puente poniendo a Mikasa tras él en un intento de protegerla al tiempo que planeaba cómo salir de esa situación. Estaban acorralados por la enorme cantidad de policías trajeados que los apuntaban amenazantes. Podrían hacer volar por los aires la zona si así quisieran pero sus fuerzas estaban bajo mínimos. Siguiendo el ejemplo de Armin, Eren se tomó un par de segundos para crear una barrera protectora que le brindara un momento para hablar con la azabache.
-Mikasa, escúchame.- trató de hacerla entrar en razón sin éxito. Su rostro desencajado y su mirada perdida y asustada no se centraron en él hasta que la agarró de los hombros para darle un rápido abrazo y hablarle al oído sin posibilidad de que pudiera confundir sus palabras por los ruidos externos. –Mikasa, tienes que sobrevivir. Por favor. Prométemelo.- ella se limitó a negarlo con la cabeza, también a impedir que se rompiera el contacto entre sus cuerpos porque sabía que, una vez ocurriera, no habría vuelta atrás. –Busca a los demás y vive.
Con eso, el muchacho de ojos verdes la empujó puente abajo a la profunda ría centrando sus poderes en suavizar la caída de Mikasa y en crear una nueva capa sobre la superficie del agua que permaneciera intacta hasta que la corriente la alejara de allí. Los sollozos de la azabache fueron opacados por las balas extraviadas que Eren repelería hasta que sus fuerzas se agotaran. El puente se rompió en mil pedazos cuando el joven acumuló una gran cantidad de energía y la desató de golpe llevándose por delante todo hombre, vehículo o arma que estuviera a su alcance.
A pesar de perecer en el intento, logró salvarle la vida a Mikasa.
Luego de eso, Mikasa vivió los siguientes dos meses con pesar. Evitó a todos sus perseguidores al creer ellos que no hubo supervivientes en el ataque nocturno. La noche en la que Levi la encontró había salido a la calle desesperanzada. Al principio, con la intención de comprobar por sí misma si aún quedaba alguien de su grupo con vida, después, toda idea se esfumó de su cabeza en el momento en el que en un descuido un par de policías la reconocieron a pesar de llevar el pelo bastante más corto. En ese instante, se planteó la posibilidad de dejarse atrapar y acabar de una vez por todas con aquello. Con la maldición que se había llevado la vida de todos sus seres queridos.
Fin Flashback.
Volvió a echarse una vez más agua en la cara para borrar el rastro que las lágrimas habían dejado al deslizarse. Los ojos le dolían y su visión se volvía borrosa al llenarse de nuevo de tristeza.
Mikasa se hizo daño en el cuello al girarlo de golpe para observar, sorprendida, a la persona que se había introducido en el baño de mujeres sin vacilar. Aquella figura que tan bien conocía atracó la puerta lo mejor que pudo y la miró alarmado. No le hizo falta decir nada para que ella comprendiera la situación, ya se había dado cuenta por sí misma.
Los habían encontrado.
Lo próximo que hizo fue caminar directamente hacia la ventana al otro extremo para hacerla añicos con un solo suspiro. Se rompió en pedazos que se esparcieron en el exterior, después, buscó la mirada de la joven que lo contemplaba a través del espejo.
-Tenemos que irnos.- ella asintió caminando hacia él. Levi entrelazo sus propias manos inclinándose un poco para que ella pudiera apoyar el pie e impulsarse hacia arriba. La ayudó a salir y una vez estuvo en el exterior subió por su cuenta con agilidad.
Se sorprendió al cerciorarse de que los tenían completamente rodeados, aún así su expresión no cambió ni un ápice. Si bien era cierto que esperaba que tarde o temprano dieran con ellos, no creía que pudieran desplegar y acumular tantísimos refuerzos en un mismo lugar, no al menos sin haberlos organizado previamente.
Analizó la situación siendo consciente de que la mirada de Mikasa permanecía sobre él tratando de deducir sus pensamientos. Pero no solo se trataba de eso, cuando sus miradas se cruzaron de nuevo, supo que había algo más en ella, algo que la atormentaba y que provocaba un ligero temblor en su maltratado y delgado cuerpo.
Apretó la mandíbula con fuerza a sabiendas de lo que le tocaba hacer para poder escapar de aquella situación tan complicada. Así, se puso junto a Mikasa y con decisión buscó la mano de la chica para apresarla con la suya. Le susurró que no se apartara de él, pues tenía intenciones de abrirse paso a la fuerza hasta el vehículo que los esperaba tras aquel montón de enemigos.
Frunció el ceño clavando sus ojos repletos de ira en la fila de hombres trajeados apuntándolos con pistolas. Caminó hacia ellos sin temer que comenzaran a dispararlos y alzó la mano que tenía libre en dirección a los mismos. De un momento a otro comenzaron a salir despedidos en todas direcciones despejando un camino por el que ellos pudieron pasar. El ataque por parte de los enemigos fue inevitable, pero se encargó también de detener todas las balas que se precipitaron hacia ellos.
Mikasa observó la escena atónita, sin pode hacer nada para ayudar, ya que todavía la abrazaba el sufrimiento de meses atrás. Creyó que volvería a presenciar lo mismo, que tendría que ser testigo de cómo Levi también la dejaba. No se veía capaz de arrastrar una nueva muerte a costa de su propia seguridad. El peso que cargaba en el pecho comenzó a aligerarse cuando se encontraron a pocos metros del coche, creyendo que a lo mejor en esta ocasión el resultado sería diferente.
Todo era un completo caos de disparos, gritos, vehículos que explotaban destrozando lo que tenían al alcance, y a pesar de eso, Levi en ningún momento mostró evidencias de desconcentrarse o de dudar de sus acciones por muy monstruosas que estas pudieran parecer a ojos de quienes no comprendieran su situación. Quizás y solo quizás, él estuviera en lo cierto con lo que le había afirmado antes. Tan solo eran un grupo de jóvenes que se habían visto involucrados en un desastroso accidente del que salieron airosos cargando con algo que en ningún momento pidieron y por lo que los habían juzgado de inmediato considerando que no merecían vivir en aquel mundo. Eran despreciables.
Un movimiento brusco la sacó de su ensimismamiento. La mano que antes sostenía la suya con fuerza se retiró para presionar el brazo herido de bala. Levi se inclinó un poco reprimiendo un quejido de dolor que no pasó por alto para ella. Entonces, se dio cuenta del cansancio del contrario. Jadeaba con rapidez tratando de recuperar el aliento que le estaba siendo robado al emplear energías en avanzar, destruir y protegerlos a ambos. Era más de lo que una sola persona podía soportar. Y aún así, Levi volvió a enderezarse y a tomar su mano derecha para arrastrarla hasta el coche.
Esperó a que Mikasa se introdujera para después colocarse, fuera del coche, de espaldas ante ella e impidiéndole ver lo que estaba al otro lado de la ventana del copiloto. Mikasa supo lo que estaba por ocurrir cuando se quedó en silencio unos segundos. Pretendía hacer lo mismo que Eren aquella noche. Desatar una gran cantidad de energía para hacer volar todo por los aires.
-¡Levi!- lo llamó golpeando el cristal temiéndose lo peor. Se agitó en su sitio queriendo salir para detenerlo, pero él solo la miró de reojo brevemente.
Una gran cantidad de relámpagos cayeron del cielo destrozando todo a su paso, eliminando todo rastro de lo que había acontecido aquella mañana en una de las áreas de servicio cercana a la autovía principal. Los testigos atrincherados en el interior del edifico debían estar ilesos, mientras que en el exterior parecía haberse llevado a cabo una gran barbacoa humana de la que solo quedaban cenizas y piezas de coches ennegrecidas.
Levi cayó de rodillas al suelo, exhausto. Mikasa aprovechó para salir lo más rápido que pudo y atenderlo. Revisó con cuidado su cuerpo, aún seguía vivo después de haber provocado tal explosión. Era increíble que todavía le quedaran fuerzas para seguir respirando siquiera. A regañadientes lo acomodó en el asiento del copiloto para tratarle la herida en primer lugar. Todavía estaba segura de disponer de unos pocos minutos antes de que los refuerzos llegaran.
-Puedo conducir.- aseguró él al tiempo que una gota de sangre se deslizaba por su frente para recorrer su perfilada nariz. Mikasa ignoró su peticións, por suerte, dado el estado en el que se encontraba no podría resistirse mucho.
-No sin matarnos a los dos.
Limpió lo mejor que pudo su rostro sucio y la herida de su brazo que posteriormente vendó para que procediera a sanarse. Después, se apresuró en ponerse al volante y continuar con el trayecto. Insegura de qué camino tomar, pero incapaz de preguntarle a un Levi que necesitaba reposar y dormir, decidió alejarse todo lo posible del lugar esperando sacar nuevamente suficiente ventaja como para poder, en esta ocasión, descansar unos pocos días.
El coche se detuvo con suavidad, lo que no fue suficiente para que la falta de movimiento pasara inadvertida para Levi. Abrió los ojos lentamente obteniendo una imagen algo borrosa de Mikasa conduciendo. Trató de enfocar mejor lo que veía, y al fin lo logró cuando ella pasó a centrarse en él, alegrándose de inmediato de verlo consciente.
-Estás despierto.
El joven se removió en su sitio soltando múltiples quejidos que no pudo aguantar. No solo el brazo le dolía horrores, algunos de los cortes en su cara le escocían y además de eso, debía añadir la mala postura en la que había viajado que le había causado un terrible dolor de cuello y espalda. No obstante, se olvidó de todo eso cuando se sobresaltó al notar la escasez de luz en el exterior. Ya era de noche.
-Dónde estamos.- preguntó con voz ronca y cansada tratando de recuperar la movilidad. –Cuanto tiempo…
-Horas, demasiadas para contarlas.- le cortó ella. –Paré un par de veces para repostar y estirar las piernas, me aseguré de tener cuidado.- Levi estuvo a punto de preguntarle si se había atrevido a dejarlo solo en el coche mientras tanto, pero ella le leyó el pensamiento. –Tomé precauciones, Levi. No soy una insensata.
-Hm…- asintió. De todos modos eso ya no tenía importancia. Parecían encontrarse bastante lejos del alcance de la policía y el sitio no podía ser más idóneo: Una especie de albergue en medio del bosque. Aunque los encontraran en un lugar como aquel el terreno les proporcionaría ventajas en la huída.
-Estoy cansada de huir.
La escuchó susurrar a su lado. La miró fijamente, el cansancio era aún más evidente a causa de las numerosas horas que habría permanecido pegada al volante mientras él dormía. Se sintió débil e inservible al haber estado tanto tiempo ausente durante el largo viaje. Se había propuesto protegerla a toda costa y, sin embargo, habían llegado hasta ese lugar era gracias a ella.
-Descansemos. Estás agotada.- confirmó, ella no le llevó la contraria.
Con cuidado cogieron algunas de sus cosas y se cubrieron la cabeza con las capuchas de sus sudaderas para que fueran difícilmente reconocibles. Una señora amable y risueña les dio la bienvenida, parecía agradecida de atender a nuevos viajeros en aquel lugar apartado y tranquilo. Por lo que les había contado, apenas tenía huéspedes, aún así se negaban a dejar el negocio. Les ofreció una habitación a muy buen precio con baño privado. La única pega fue la cama de matrimonio que tendrían que compartir.
La mujer, una vez les enseñó el cuarto y les deseó buenas noches, los dejó solos. Se las habían apañado para cubrir sus heridas satisfactoriamente, ya que estas solo llamarían la atención más de lo debido. Observó a Levi arrojar junto a la cama la mochila que había portado, Mikasa imitó sus paso y colocó la suya al pie de la misma.
-Dúchate tu primero.- soltó repentinamente con tono de no estar dispuesto a aceptar un no por respuesta. Ella quiso replicar pero en vez de eso cogió la muda limpia que él le tendió y se introdujo en el cuarto de baño. Admitía que le agradaba utilizar la ropa ancha de Levi, su aroma siempre le resultaba más que agradable y de alguna forma le proporcionaba seguridad, como si él mismo la abrazara para aportarle calidez.
Se dio prisa para dejarle disfrutar de la misma sensación de descanso que ella había experimentado en el momento que el agua caliente recorrió todo su cuerpo. Tras verlo introducirse en el baño, preparó todo lo necesario para tratar de nuevo la herida de su compañero, en esta ocasión con algo más que no fuera agua limpia. También había encontrado algunos medicamentos que le permitirían descansar durante toda la noche y que borrarían toda gana de arrancarse el brazo de cuajo. Algo que ella también tomaría, por supuesto, porque desde hacía una hora y media no había parado de darle guerra la herida del hombro.
Cuando escuchó abrirse la puerta y salir el vaho despedido por todas partes lo miró fijamente tratando de captar su atención. Levi salió del interior con unos pantalones negros ceñidos y una camiseta blanca de manga corta. Tuvo intenciones de continuar con su camino hasta el otro lado de la cama hasta que Mikasa se lo impidió.
-Ven, te limpiaré la herida.
-No es necesario, está bien así.- contestó de inmediato, sin embargo, ella no aceptó esa respuesta y con un chasquido de lengua, pues sabía que volvería a insistir, terminó sentándose junto a ella. –A cambio, después revisaré la tuya.- ella asintió aceptando la propuesta.
Mikasa aplicó hábilmente el desinfectante que le provocó una ola de escozor a Levi a pesar de que no reaccionó abiertamente al contacto del líquido con su herida. La bala había rozado su extremidad desgarrándole la piel con algo de profundidad, no obstante, no era algo tan grave y en pocos días se recuperaría por completo.
Levi se perdió en la multitud de pestañas oscuras que adornaban los ojos profundos de Mikasa y que siempre le habían llamado la atención. Hasta ese momento en el que ella estaba tan cerca de él concentrada en su brazo no había podido reparar adecuadamente en ellas. Su piel blanquecina también parecía tremendamente sedosa, más de lo que había imaginado.
-Somos los únicos que quedan.- comenzó a hablar ella repentinamente sobresaltándolo. Temía que se hubiera percatado de todo el tiempo que había permanecido contemplándola. Gracias a aquella acción y a que ella continuara sin cruzar la mirada con la de él, se había empeñado en observar sus labios moverse con una sensualidad especial. –No nos queda otra… que cuidar el uno del otro. Hasta ahora tú has sido el único en hacerlo. Gracias.- finalizó volviendo a su postura inicial para mirarlo directamente.
-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?- quiso saber. La Mikasa sentada a su lado no parecía la misma de hacía dos días y, desde luego, no era aquella niña asustada y acongojada que había sostenido de la mano mientras la guiaba al coche. Ya no parecía perdida en sí misma.
-Armin, Eren, sigo viva gracias a ellos.- bajó la mirada para centrarla en algún punto del suelo como si estuviera recordando los rostros de las personas que acababa de mencionar. –Querían que siguiera viviendo… no puedo rendirme de esta forma.- sentenció totalmente convencida de lo que decía.
Levi abrió los ojos embelesado por la nueva sensación que se estaba adueñando de su cuerpo. La misma que lo llevó a depositar un mechón todavía húmedo de la joven tras su oreja. Ella giró repentinamente la cabeza hacia él sorprendida, casi tanto como lo estaba él.
-Mikasa.- susurró él produciéndole escalofríos al instante. La miraba de forma diferente, de una manera que no lograba comprender del todo y que, sin embargo, la hechizaba. Se encontraba perdida en aquellas lagunas de agua cristalina. –Yo también quiero que vivas.
Levi fue testigo del brillo que se formó en la mirada grisácea de la joven, uno que le transmitió esperanza, gratitud e ilusión. A continuación, se centró en el leve rubor que tiñó sus mejillas y que le proporcionó un aspecto terriblemente irresistible, más de lo que alguien como él habría podido soportar. Probablemente, ella no llegaría a entender hasta donde llegaba el significado de aquellas palabras que le había regalado. Estaba seguro que las interpretaría en el sentido más inocente posible, algo que él mismo se encargó de evitiar cuando decidió acariciarle la mejilla con el pulgar de su mano derecha para después rozar sus labios con los propios un par de veces.
Mikasa no rechazó el contacto, aunque tampoco respondió. Cuando acabó, su reacción fue la de apartar la mirada avergonzada y ponerse roja hasta las orejas. No quería que Levi la viera en ese momento porque no se sentía capaz de soportar una de sus intensas miradas. No ahora que comprendía lo que escondían.
-Tú… desde cuando…- comenzó a preguntar trabándose con sus propias palabras. Jamás previó que Levi pudiera sentir algo tan personal y especial por ella. Estaba sorprendida y confundida.
-Desde la noche en la que nos bañamos en la piscina.- dijo con seguridad como si pudiera recordarlo con todo lujo de detalles a pesar de acontecer varios años atrás.
-De eso hace…- se sorprendió, jugó con los dedos de sus manos todavía nerviosa.
-Dos años y medio, lo sé. Nunca encontré la ocasión adecuada para decírtelo.- comenzó a aclararlo, ella continuaba sin poder mirarlo directamente, pero sabía que lo escuchaba con atención. –Supongo que este tampoco es el mejor escenario posible. No te sientas responsable de nada, si lo prefieres, olvídalo.- le pidió. Resultó ser un tanto arriesgado por su parte, no cabía el poder pensar en sentimientos como aquellos en una situación crítica, sin embargo, tampoco había podido contenerse más. Sobre todo, teniendo en cuenta que jugándose la vida constantemente no podía saber si alguno de aquellos días sería la última vez que la tuviera a su lado.
Levi aprovechó el silencio que aún reinaba entre ellos para levantarse y prepararse para irse a dormir, pues ambos debían recuperar fuerzas mientras pudieran, pero ella lo detuvo en seco agarrando su brazo sano antes de que se alejara.
-No quiero hacerlo.- sentenció. La observó de reojo siendo testigo de que ella lo miraba todavía avergonzada con algo de recelo y nerviosismo. Aunque probablemente no tuviera ni la más remota idea de la forma en la que había hecho que su corazón se disparara.
-¿Estás segura de eso?- quiso confirmar. No se conformaría con que ella desarrollara sentimientos dada la situación o en base a la seguridad y compañía que él pudiera proporcionarle por ser la única persona conocida que quedaba a su lado. El asentimiento de cabeza que ella le dedicó fue sincero.
Sin barreras que los detuvieran, sin nadie que los interrumpiera, Levi volvió a acercarse a ella agachándose para poder capturar sus labios con un poco más de intensidad en esta ocasión.
Mikasa se apartó para coger aire, su pecho se agitaba. Levi besaba demasiado bien como para poder resistir demasiado tiempo alejada de sus labios, sin embargo, le pidió con la mirada que se tumbara en la cama. El joven lo entendió a la perfección y no perdió más tiempo, las caricias y los besos de Mikasa eran la mejor medicina que podía recibir para reducir el dolor que le causaba la herida. También le resultaban mucho más adictivas de lo que había previsto, casi temía el no poder despegarse de su cuerpo nunca más.
Contra todo pronóstico la contraria se colocó sobre su cintura con una mirada segura en su rostro, la cual ocultaba a la perfección todas y cada una de sus inseguridades. Para ella aquella situación era algo nuevo que no había experimentado anteriormente, no obstante, estaba decidida a dejarse llevar completamente y afrontar lo que fuera que la vida le deparara. En ese momento, su presente era Levi y quería disfrutar al máximo de él y de todo lo que podía ofrecerle.
Mikasa hizo su mejor esfuerzo para no dejarse intimidar por la mirada hambrienta de Levi, quien no se molestó en esconder el profundo deseo que le profesaba. Cada célula de su ser era consciente de ello. Podía verlo en su respiración agitada, en el calor que desprendía el cuerpo bajo ella, en el recorrido que sus manos ásperas trazaban en su espalda baja. Sin embargo, se mantuvo quieto y paciente dejando que ella procediera de la forma que quisiera.
Sin previo aviso, Mikasa se deshizo con cuidado de su camiseta dejando que su corta melena cayera alborotada, proporcionándole un aspecto algo más salvaje que sólo aumentó las ganas que Levi tenía de recorrer cada rincón de su cuerpo. Se sorprendió, no solo de aquella acción, sino de ver que ella no llevaba sujetador y se preguntó si se daría el mismo caso en la parte inferior.
Mikasa, entonces, se inclinó sobre él para quitarle la camiseta al contrario, una prenda que sobraba entre ellos. Después, pasó sus manos lentamente por su pecho bien formado y musculoso desatando algún que otro suspiro en él. La espera lo estaba atormentando. La chica se inclinó un poco más de modo que sus pechos hicieran contacto con la piel de él, una grata sensación para ambos que, al mismo tiempo, le permitió a ella no sentirse tan expuesta. Le estaba costando no exteriorizar lo terriblemente nerviosa que estaba.
Acto seguido, para desesperación de Levi, Mikasa acercó su cara a la de él para morder con nada de sutileza su labio inferior. El cosquilleo que el flequillo azabache de la chica le produjo al rozar levemente su frente se le olvidó en el instante en el que ella comenzó a jugar con sus labios tentándolo, incitándolo, provocándolo. Parecía estar poniéndolo a prueba para comprobar cuanto era capaz de aguantar. Desconocía que él ya había llegado a su límite.
Incapaz de contenerse más, profundizó el beso que continuaba siendo lento para disfrute de los dos pero muchísimo más intenso que al principio. Sus grandes manos recorrieron la espalda de Mikasa de arriba abajo, repasando cada rincón sin dejarse ni un solo espacio sin tocar, presionando sus cuerpos todo lo posible para que nada pudiera interponerse entre ellos. Mentiría si dijera que jamás había fantaseado con una escena así en todo aquel tiempo, que no había deseado tantas veces experimentar el roce de sus pieles, probar sus labios de fresa o ser el causante de todos y cada uno de sus suspiros de placer.
Levi la agarró de la cintura para voltearla y colocarla bajo él, de ese modo no se contendría tanto y dispondría de mayor alcance. Mikasa lo observó desde abajo con sus ojos grises expectantes. En cuanto a él, primero dedicaría el tiempo necesario a sus pechos. Los masajeó con maestría arrancándole jadeos a la joven que se encontraba completamente a su merced. Los besos y las caricias tampoco se detuvieron en ningún momento y pronto, el resto de ropa que aún adornaban sus cuerpos se perdió.
Mikasa lo atrajo aún más hacia ella cruzando las piernas en la espalda de él en el momento en que ambos se unieron para convertirse en uno solo. Los cuadros colgados sobre la cama se agitaron, las ventanas se movieron amenazando con romperse y la pequeña lamparilla de la mesilla parpadeó continuamente debido a las fugas de energía que salían disparadas de sus cuerpos.
No fueron los rayos de sol los que despertaron a Mikasa, aunque lo hubiera preferido con creces. Esa había sido, sin duda, una de las mejores noches en muchísimo tiempo, ya que tuvo la posibilidad de dormir y descansar como no recordaba que se pudiera hacer. Algo que su cuerpo, repleto de marcas que Levi se había empeñado en dejar, notó.
Aún era de noche, la luz no bañaba los alrededores a pesar de que ya le quedara poco para ello. Cuando regresó a ser consciente de la realidad a la que estaban condenados a enfrentarse, la voz de Levi la sorprendió.
-Son ellos de nuevo, ¿verdad?- se giró hacia él, aún rodeada por su brazo y se aferró a su cuerpo en busca de apoyo y de calor.
-No nos dan ni un respiro.
Él la abrazo con fuerza y depositó un beso en su cabello tomándose toda la calma del mundo para disfrutar de los últimos minutos de tranquilidad que les quedaban en aquella cama, abrazados como si el resto del mundo no existiera.
-No importa cuántas veces nos encuentren.- susurró totalmente convencido con lo que decía. –Mataré a todos y cada uno de ellos si es necesario para nuestra supervivencia.
Mikasa al escucharlo alzó la cabeza enlazando sus miradas y acercándose a él para besarlo con delicadeza. Un beso que se alargó más de lo que esperaban, pues una vez que sus bocas conectaron fue casi imposible resistirse a permanecer unidas por un buen rato.
-Vamos, tenemos que darles la bienvenida.
Media hora después, varios hombres armados irrumpieron en la habitación echando la puerta abajo. Se detuvieron en la entrada contemplando en la oscuridad a las dos figuras ante la ventana que se bañaban con los primeros rayos del amanecer. Parecían totalmente ajenas al escenario, sin dejar de mirarse, sin prestar atención a los recién llegados. Permanecían cogidos de la mano.
Cuando las primeras balas se estrellaron contra ellos rebotando al instante, ambos miraron con sorna a los hombres que se empeñaban en matarlos. El escudo invisible que habían creado era lo suficientemente resistente como para no tener que preocuparse en lo más mínimo de su efectividad. Más aún cuando este había sido forjado por ambos. Así, con una sonrisa de superioridad en el rostro y a sabiendas de que nadie podría acercarse a ellos para hacerles daño, se deshicieron de todos los que allí estaban para dirigirse con total tranquilidad al coche que les esperaba fuera. El viaje debía continuar, pues todavía debían dar con el lugar idóneo en el que no pudieran encontrarlos. No importaba cuán lejos estuviera o lo difícil que resultara llegar hasta él, juntos podrían enfrentarse a todo lo que se les cruzara en el camino.
Levi subió el volumen de la radio observando a Mikasa con una sonrisa. La chica nunca había acostumbrado a reír abiertamente, pero era evidente la alegría que desprendía por doquier. Aquella huída estaba siendo más satisfactoria de lo esperado.
-¿Te encargas tú?- habló él captando su atención de inmediato.
Mikasa miró atrás con preocupación observando lo cerca que se encontraba el coche que los perseguía, sin embargo, su cara no tardó en relajarse de un momento a otro y en ofrecer una amarga sonrisa al anticiparse a lo que estaba a punto de suceder. Frunció levemente el entrecejo sin esforzarse demasiado y dejó salir su poder para destrozar ipso facto el vehículo que los seguía.
Levi la observó chasqueando la lengua y fingiendo molestarse por verla disfrutar tanto de aquello. Mikasa, por su lado, lo solucionó rápidamente besando brevemente su mejilla para propinarle las fuerzas necesarias para continuar con tan largo viaje hacia la libertad y tranquilidad que tanto anhelaban. Algo que, sin duda, un día alcanzarían juntos.
