Los personajes de Naruto no me pertenecen, le pertenecen a Kishimoto

La historia le pertenece a Lynne Grahan.

-hablan-

-pensamientos-


Capítulo 2

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Sasuke frunció el ceño y miró las fotografías por enésima vez en la mañana.

Después de estudiar los informes sobre Hinata Hyuga, a quien estaba esperando, había llegado a la conclusión de que no le convenía en absoluto.

Él nunca había sido un hombre indeciso, pero ya no tenía claro que la decisión de casarse con aquella mujer fuera una buena idea. Por lo visto, sus abogados no habían hecho bien su trabajo. Hinata Hyuga cumplía todos los requisitos que había impuesto, incluidos los físicos, pero sólo tuvo que echar un vistazo a las transcripciones de las entrevistas y a su perfil psicológico para saber que no le gustaba. Era egoísta, extremadamente voluble, fría como el hielo desde un punto de vista emocional y, a pesar de su educación universitaria, algo estúpida.

En otras circunstancias, no le habría importado; a fin de cuentas, nunca había querido nada serio con una mujer. Pero lo de Hinata Hyuga resultaba inadmisible: toda una acumulación de defectos de carácter. Además, Uruchi no era idiota y sólo tendría que mirar su cara para saber lo que llevaba en el corazón.

De hecho, Sasuke había cambiado sus planes originales y había decidido conocerla antes de la boda porque no quería dejar cabos sueltos ni llevarse sorpresas desagradables en el último minuto. Y ahora, mientras esperaba, se maldijo para sus adentros y deseó que faltara a la cita; así podría romper el contrato y poner fin a aquella locura.

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Hinata suspiró y se miró en el espejo con inseguridad.

—Ésta no soy yo —objetó.

—Ni tienes que serlo. Se supone que soy yo quien se casa —le recordó Hanabi—.

Además, no puedes presentarte con andrajos cuando se supone que debía comprarme todo un vestuario nuevo antes de la boda. Tendré que darte toda mi ropa si queremos que salgas con bien de esta farsa.

—No quiero tu ropa No es de mi estilo...

—¿De tu estilo? Tú no tienes estilo, hermana —declaró con ironía—. Lo único que haces es ponerte ropa cómoda, ancha y barata. Sí quieres ganarte la aprobación del ruso, tendrás que ser elegante.

—¿A esto lo llamas elegancia? Parezco un arbolito de Navidad —dijo, mortificada con su aspecto.

Hinata se movió inquieta y la falda corta del vestido negro dejó ver la enagua de encaje rosa que llevaba debajo y que le producía picor en las piernas. Además, los zapatos de tacón alto le hacían daño y el cuerpo del vestido le apretaba más de la cuenta porque tenía bastante más pecho que su hermana.

—¡Es demasiado pequeño para mí! —protestó.

—Te queda bien, Hina. Es cierto que yo estoy más delgada y que me sienta mejor a mí, pero qué se le va a hacer... de todas formas, me alegro de que te quedes con mi ropa. Dentro de poco mi embarazo será evidente y no podría lucirla de todas formas. Ah, y asegúrate de no dejar el abrigo en cualquier sitio; el mundo está lleno de ladrones —comentó Hanabi.

Un hombre enormemente alto y de hombros casi tan anchos como su altura y pelo naranja, llamó a la puerta de la casa para anunciar que el coche la estaba esperando abajo. Hanabi se escondió para que no la viera y su hermana le preguntó su nombre, cuánto tiempo llevaba trabajando para Sasuke y adónde iban. El hombre era extranjero y apenas conocía su idioma, así que no se entendieron; pero cuando ya habían subido al coche, se giró hacia el asiento de atrás y dijo:

—Jugo.

—Encantada... yo me llamo Hinata —declaró ella.

El vehículo se detuvo frente a un club famoso, con docenas de personas de aspecto elegante que esperaban entrar. Jugo la escoltó hasta el vestíbulo; ella se detuvo en recepción y se quitó el abrigo para dejarlo en el vestidor a pesar de la advertencia de su hermana.

Al ver que la recepcionista tosía, se interesó por su estado.

—¿Se encuentra bien? —le preguntó.

—Sí, es que me he acatarrado —contestó la joven.

Hinata lo sintió mucho por ella. Cuando estudiaba en la universidad, había tenido que hacer trabajos como ése para sobrevivir, incluso estando enferma.

Encontró al Uchiha en una sala privada, rodeado de sus ayudantes y de todo un equipo de seguridad; estaba viendo un partido de fútbol en una pantalla de televisión gigantesca, pero se giró inmediatamente en cuanto Jugo y ella entraron.

Al verla, se sorprendió un poco. Era la mujer de las fotografías, pero no parecía la misma. En persona era mucho más atractiva; de rasgos delicados y unos ojos raramente preciosos, perlados, profundos y misteriosos, resultaba enormemente femenina. Tenía un cabello largo, negro azulado y llevaba un vestido ajustado que enfatizaba su minúscula cintura y la generosidad inesperada de sus pechos. En cuanto le miró el escote, se excitó. Y en ese mismo instante, todas sus dudas desaparecieron.

Por su parte, Hinata se quedó tan helada al ver al Uchiha que tuvieron que empujarla para que se acercara a él. Medía poco menos de metro noventa, tenía un cuerpo perfecto y profundamente masculino y la mirada de sus ojos, de un negro tan profundo, era tan intensa que casi daba miedo. Al contemplar su cabello negro, su nariz recta y su poderosa mandíbula, se estremeció.

—Ven, siéntate —murmuró él, cuyo acento ruso aumentaba su atractivo—. Estaba viendo un partido de mi equipo. ¿Te gusta el fútbol?

—No, nada de nada —admitió la Hyuga, sin dejar de mirarlo.

Sasuke llevaba una camisa blanca y pantalones de traje, había dejado la chaqueta en una silla y la corbata, en la mesita. Hinata pensó que seguramente sería un hombre desordenado y con poca tolerancia hacia cualquier tipo de imposición en tal sentido.

—¿No te gusta el fútbol? —preguntó él, extrañado con la sinceridad contundente de su respuesta.

Hinata se quitó la chaqueta, la dobló cuidadosamente y la dejó a un lado para poder sentarse. Adoptó una posición tan rígida, en el borde del sofá y manteniendo las distancias con él, que el azabache se preguntó a qué vendría tanto nerviosismo.

—Bueno, la verdad es que no he tenido ocasión de saber si me gusta o me disgusta —puntualizó—. Me temo que en el colegio no fui de las que jugaban... no me gustaban mucho los deportes.

A Sasuke no le extrañó en exceso; su cuerpo era de aspecto tan frágil y delicado, que no pudo imaginarla pegando patadas a una pelota.

Chasqueó los dedos y un segundo después apareció un camarero con una botella de vodka. Hinata aceptó la copa que le ofrecieron y probó un sorbito, pero le resultó tan fuerte que hizo una mueca de asco.

—¿Tampoco te gusta el vodka? —preguntó él.

Consciente de haber empezado con mal pie. La Hyuga se bebió el resto de un trago; quería estar a la altura de las expectativas del ruso. Pero el camarero se acercó entonces con otra botella y otras dos copas.

—Espero que el whisky le guste más que el vodka —dijo él—. Es escocés...

Hinata se aferró a su copa vacía para dificultar que le pusieran una más.

—La verdad es que no bebo mucho —se excusó.

—Deberías disfrutar del alcohol mientras puedas.

Hinata se preguntó qué tipo de consejo era ése y qué pretendería decir con esa afirmación: incluso consideró la posibilidad de que tuviera intención de prohibirle el alcohol cuando se casara con él. Pero olvidó el asunto cuando el resto de los hombres, que seguían viendo el partido, se pusieron a gritar.

—Oh, vaya, han marcado un gol, ¿verdad? —dijo ella, intentando demostrar alegría para encajar mejor—. Qué estimulante...

—Hinata, el equipo que ha marcado no es el nuestro, es el otro —afirmó el Uchiha, muy serio.

Ella se ruborizó.

—Ah...

En ese momento, Sasuke la tomó de la mano y tiró de ella hasta que se quedó sentada junio a él.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, asustada.

Sasuke alzó una mano y le apartó el cabello de la cara con seguridad absoluta. Hinata se puso tan nerviosa, que se le aceleró la respiración, lo cual dejó perplejo al ruso, no era la reacción que esperaba de una mujer experta y supuestamente acostumbrada a coquetear.

—¿Qué crees que estoy haciendo? —respondió con algo de humor.

Ella lo miró a los ojos y sintió un calor tan repentino en la parte baja del vientre, que su incomodidad aumentó. Además, sus pezones se endurecieron. Era obvio que su cuerpo se sentía atraído por él, y no le gustó nada de nada: pero intentó convencerse de que el deseo era una cuestión puramente física, sin ninguna relación con la mente.

Sasuke acarició la curva voluptuosa de su labio inferior. La reacción de ella lo había excitado mucho.

—Eres muy sexy —dijo con voz suave—. Ven conmigo esta noche... No hay razón por la que debamos esperar.

Hinata lo miró con sus ojos perlados muy abiertos, aunque parpadeó enseguida en gesto defensivo. Acababan de conocerse y le estaba pidiendo que se acostara con él.

Si su hermana se hubiera encontrado presente, la habría estrangulado por meterla en ese lío. Ya ni siquiera estaba segura de que el acuerdo con Sasuke Uchiha se limitara a la boda: conociendo a Hanabi, era capaz de haber admitido otras cosas, como acostarse antes con él. Y en tal caso, se encontraría en una situación muy difícil: si él llegaba a tocarla, notaría su inexperiencia y sabría que ella era una impostora.

El ambiente se tensó como las cuerdas de un instrumento musical. Mientras Hinata intentaba encontrar una solución, Sasuke la atrajo hacía sí y la besó.

Ella sintió una descarga de energía increíblemente intensa, una emoción mucho más fuerte y profunda que las que había experimentado hasta entonces.

Cuando Sasuke introdujo la lengua entre sus labios y se los separó para entrar en su boca, Hinata se estremeció de placer. La temperatura de su entrepierna aumentó varios grados. Llevó las manos a su cabello negro y se lo acarició, pero no le pareció suficiente; necesitaba mucho más, necesitaba estar más cerca de él, necesitaba apretarse contra su cuerpo.

—Ya basta, milaya moya —dijo Sasuke.

El se apartó y contempló su rubor y su mirada algo perdida con un gesto de satisfacción. Acababa de demostrarle que era una mujer apasionada, y a él le gustaban las mujeres apasionadas. Ya podía imaginar su cuerpo lascivo entre las sábanas de su cama. Por lo visto, tener un hijo con ella iba a ser un proceso mucho más excitante y divertido de lo que había imaginado.

Desorientada, Hinata sacudió la cabeza. No podía creer que se hubiera dejado llevar de ese modo.

—El partido —murmuró él, como si en ese momento sólo importara el fútbol.

Hinata sintió la tentación de alcanzar una de las botellas de la mesa y de golpearle con ella. Después de haberla besado, después de haberla excitado, se apartaba de ella y se ponía a ver un partido.

—Me gustan los hombres que tienen claras sus prioridades —dijo ella con voz exageradamente dulce.

Sasuke habría notado el sarcasmo si no hubiera estado acostumbrado a mujeres capaces de hacer cualquier cosa y soportar cualquier cosa con tal de impresionarle y ganarse su atención.

—Te llevaré al club cuando termine el partido —afirmó.

Hinata se ruborizó todavía más y deseó que su equipo perdiera. No sabía qué era más irritante, sí haberse entregado a un hombre al que acababa de conocer o que ese hombre prefiriera el fútbol a besarla. Todo aquello era sorprendente, incluso su propia irritación; sabía que se estaba comportando como una adolescente celosa e insegura.

En cuanto al Uchiha, notó que se había enfadado y se enfadó a su vez. Además, su equipo estaba perdiendo; a pesar de todos los millones que había invertido en él, jugaban verdaderamente mal.

Intentó explicarle algunas cosas del juego y se llevó otra sorpresa al descubrir que

Hinata padecía de una ignorancia completa en ese aspecto; no conocía ni los términos más populares. Pero eso no fue tan grave como el desinterés que demostró durante sus explicaciones; no hizo el menor esfuerzo por entenderlo, por aprender algo de las cosas que le gustaban, y ese detalle no auguraba nada bueno para el futuro de su relación.

Sin embargo, estaba seguro de que lo satisfaría en la cama. Y también de que podría moldear sus gustos con tanta facilidad como si fueran de cera.

Cuando el partido terminó. Hinata lo acompañó al ascensor.

—Este lugar es enorme —dijo ella.

—Lo ampliamos para abrir salas privadas. Es un sitio muy popular. Los camareros reciben la formación necesaria para ofrecer el servicio que los rusos esperan —le informó él.

Sasuke aprovechó los espejos del interior del ascensor para admirar el cuerpo de ella desde todos los ángulos. Aunque no fuera precisamente alta, sus curvas eran tan perfectas como deliciosamente generosas.

—¿El club es tuyo? —preguntó ella, sorprendida.

—Sí. No había ningún club en Londres que estuviera a la altura de mis expectativas —respondió.

La Hyuga no había conocido a un hombre tan seguro de sí mismo en toda su vida.

Esperaba lo mejor y no se conformaba con menos; hasta había comprado un club para cambiarlo y sentirse más cómodo en él.

Supuso que un hombre tan exigente habría encontrado inadmisible el fracaso de su primer matrimonio. Pensó que tal vez fuera ése el motivo por el que quería plantear su segundo matrimonio como un negocio, con contrato y condiciones.

Pero después se acordó de que el acuerdo sólo contemplaba dos años de vida en común, al cabo de los cuales, se divorciarían.

Si quería casarse otra vez, sería por otra cosa. Y no imaginó por qué.

—Estás muy callada —dijo él cuando el ascensor se abrió.

A partir de ese instante, ya no tuvieron ocasión de hablar. En cuanto entraron en la sala de baile, Sasuke se vio rodeado por una nube de mujeres entusiastas. Hinata no había visto nada igual en su vida. La empujaron, se la llevaron por delante y la apartaron para tocarlo, coquetear abiertamente con él y hasta hacerle pasos de baile como si fueran bailarinas intentando convencer de sus habilidades a un director de escena.

Hinata empezó a entender su seguridad. Estaba acostumbrado a ser el centro de atención. Y por su forma de actuar, supo que las habría dejado plantadas a todas, con total tranquilidad, si ése hubiera sido su deseo.

Sasuke la llevó hasta una mesa donde ya se encontraba Jugo. Los siguieron dos mujeres bellísimas, una pelirroja de cabello largo que si no se equivocaba la llamaron Mei y una rubia de coletas, que no se apartaron en ningún momento de él ni perdieron palabra de lo que decía. Parecía estar en su elemento. Y lo estaba.

Para unos, Sasuke Uchiha era un mujeriego; para otros, un profundo conocedor de la naturaleza femenina.

A lo largo de los años había aparecido una y otra vez en las portadas de las revistas, siempre en compañía de alguna belleza y siempre en un club de moda, un yate o cualquiera de los edificios impresionantes que poseía en Londres. Sus relaciones amorosas nunca duraban mucho, pero era tan poderoso, que las mujeres se lo rifaban de todas formas.

Sasuke miró a su alrededor y se llevó la enésima sorpresa del día al ver que Hinata se había marchado y se había sentado sin más. Era la primera vez que una mujer lo trataba con tanta indiferencia, y eso que sólo faltaba una semana para que se casaran. Además, él no había organizado aquel acto público para que se mantuviera al margen. Tenía que fingir que estaba enamorada de él. Tenía que asumir el papel que le correspondía.

La Hyuga echó un trago de vodka mientras él se alejaba para bailar con sus admiradoras. Si Sasuke Uchiha estaba enfadado con ella por su falta de habilidades sociales, ella lo estaba con él porque le parecía inaudito que coqueteara con otras mujeres cuando iban a casarse.

De haber sido una cita normal, lo habría dejado plantado y se habría marchado a casa. Pero no era una cita normal. Estaba condenada a quedarse allí y hacer el ridículo mientras él la dejaba en mal lugar buscando otras compañías.

Empezó a dar golpecitos, nerviosa, y decidió que sólo le concedería diez minutos más; pero se llevó una sorpresa enorme cuando un rubio terriblemente atractivo con unos ojos azules muy hermosos y unas extrañas marcas en las mejillas en forma de bigotes se plantó delante de la mesa y le pidió que bailara con él.

Hinata aceptó sin dudarlo. Era una perspectiva más agradable que seguir sola y aburrida.

—Tenle paciencia al teme, el siempre es así de despreocupado, ttebayo— le dijo extrañamente el rubio.

Cosa que no entendió y le regalo su intento de mejor sonrisa en ese momento para no quedar peor, y sin querer hacer preguntas a que se refería el rubio.

Cuando Sasuke la vio con el rubio (que resultaba ser el idiota de su mejor amigo Naruto Uzumaki, bien conocido por su fama de mujeriego), su irritación aumentó sustancialmente. No podía creer que estuviera bailando con aquel idiota y que bailara de un modo tan aparentemente sensual y provocativo.

Sus ojos negros, fríos como el hielo, se clavaron en la curva de sus caderas y en sus largas piernas. Después, caminó hacia la pareja e hizo un gesto al rubio para que se marchara de inmediato, él le sonrio y se marcho sin más. En cuanto se quedaron a solas, puso las manos en los hombros de Hinata y dijo:

—¿Se puede saber a qué estás jugando?

Hinata se quedó asombrada con su tono de voz, profundamente agresivo. Le molestó tanto que le apartó las manos de mala manera y caminó hacia la salida, dispuesta a marcharse de allí. Aunque su hermana hubiera firmado un contrato con aquel hombre, no iba a soportar su compañía ni un minuto más.

Sasuke reaccionó a su desaire con asombro y perplejidad. Ninguna mujer lo había tratado nunca de ese modo.

La siguió y respondió una llamada telefónica mientras caminaba. Era el dueño de una de las empresas de detectives con las que trabajaba de forma habitual: Shino Aburame, al parecer las cosas se habían complicado un poco y no podría entregarle el informe completo sobre la vida de Hinata Hyuga hasta varios días después.

Sasuke miró las piernas de la mujer que se había atrevido a desafiarlo y dijo a su interlocutor que olvidara el informe. Quería acostarse con ella. La deseaba con toda su alma. Ya no le importaba si era o no era quien decía ser.

Hinata se detuvo al llegar al vestidor, con intención de recuperar el abrigo que su hermana le había prestado.

—¿Adonde crees que vas? —preguntó el azabache.

—A casa. Yo no salgo con neandertales —respondió ella con seguridad—. Tu lugar no está entre los seres humanos, sino metido en una cueva.

A Sasuke le divirtió el comentario de los neandertales, pero estaba muy ofendido por su actitud.

—Esto no es una cita —le recordó él, antes de girarse hacia la recepcionista —¡Muévase y traiga el abrigo de la señorita! ¡Tenemos prisa!

—No seas tan grosero —protestó Hinata—. La pobre está enferma... no es justo que le grites como si fuera un soldado en un ejército.

El Uchiha suspiró e intentó calmarse un poco. Jugo y el resto del equipo de seguridad, que ya estaban junto a la puerta, contemplaban la escena con asombro. Jamás habían visto a una mujer que se atreviera a rechazar a su jefe, criticarlo y amenazarlo con dejarlo solo y marcharse a casa.

Justo entonces, Sasuke miró otra vez a la recepcionista, que se afanaba por encontrar el abrigo, y tuvo una revelación. Sólo había una clase de mujer que se preocupara por la suerte de una empleada sin importancia: una mujer buena, una mujer tan altruista como su tía, que siempre estaba ayudando a sus vecinos. Al parecer había encontrado a la mujer perfecta para ser su esposa; a una mujer capaz de darle un hijo y de estar a la altura de las exigencias de su tía.

Hinata, por su parte, estaba tan enfadada que deseó que la joven recepcionista se enfrentara al soberbio Uchiha y le dijera unas cuantas cosas: pero naturalmente, no lo hizo; si se enfrentaba a él, perdería el trabajo.

Cuando por fin encontró el abrigo. Sasuke lo alcanzó, le dio las gracias, dejó el dinero encima del mostrador y puso la prenda sobre los hombros de su futura esposa.

Ella metió los brazos en las mangas y se quedó helada cuando el llevó las manos a su cabello y se lo sacó de debajo del abrigo, donde había quedado atrapado. El suave contacto de sus dedos contra la piel de la nuca prendió en su excitación como una cerilla en un montón de paja seca.

La ojiperla recordó inmediatamente el beso que le había dado y notó el calor y la humedad entre sus piernas. Pero no estaba acostumbrada a reaccionar de esa forma ante un hombre, y no pudo hacer otra cosa que quedarse inmóvil y estremecerse con su cercanía.

Sasuke se inclinó después sobre su oído y murmuró:

—La prensa está esperando afuera. Es hora de empezar a fingir que eres feliz conmigo...

Hinata no salía de su asombro. No se le había ocurrido que la prensa los estuviera esperando. Si hubiera estado en su lugar, Hanabi se habría sentido la mujer más feliz del mundo; pero ella no era como su hermana.

—Entonces, supongo que no te puedo abofetear —dijo.

Él soltó una carcajada.

—No.

—Ni me puedo enfurruñar...

—No sería lo más conveniente, milaya moya. Como tampoco lo ha sido que te hayas dedicado a bailar con otro hombre cuando se supone que eres mía y sólo mía — añadió con tranquilidad absoluta—. Si vamos a estar juntos, tendrás que respetar ciertos límites. ¿Lo has entendido? ¿O tengo que explicártelo mejor?

La Hyuga se estremeció de nuevo, intimidada por su tono de voz; pero sacó fuerzas de flaqueza y se enfrentó a él.

—¿De dónde has salido, Sasuke? ¿Siempre has sido tan tirano? ¿O es que practicas delante del espejo?

Sasuke la miró fijamente, atónito. En comparación con él, la Hyuga resultaba tan diminuta como una muñeca; y no obstante, se enfrentaba constantemente a él y demostraba una valentía admirable.

—¿No dices nada? —continuó ella—. Entonces, tendré que llegar a la conclusión de que te sale de forma natural.

Hasta ella estaba sorprendida con su actitud. Se preguntó si su empeño en criticarlo de un modo tan descarado no sería una consecuencia de los vodkas que se había bebido. Pero también cabía la posibilidad de que la irritara porque el Uchiha parecía despreciar sus sentimientos.

O quizás, porque lo encontraba inmensamente atractivo a pesar de su forma de ser.

Sasuke llevó las manos a su cintura y la atrajo hacía él.

—Cuando termine contigo, adorarás el fútbol.

Hinata mantuvo su mirada.

—Ni lo sueñes.

—Y cuando te acostumbres a mí —insistió—, me adorarás tanto como todas las mujeres que he conocido.

Ella apretó los puños.

—Me temo que hay un problema, Sasuke. Resulta que yo no soy como las mujeres que has conocido.

Los ojos del azabache brillaron.

—Basta ya, Hinata —ordenó—. ¿Tengo que recordarte por qué estás aquí? ¿Es que lo has olvidado?

Hinata parpadeó, nerviosa. Sasuke había acertado sin darse cuenta: efectivamente, lo había olvidado. Estaba allí porque Hanabi había firmado un contrato con él y no tenía más remedio que seguir con la farsa y cumplirlo.

Al ver que no hablaba, él sonrió y dijo:

—Así está mejor.

Después, se inclinó sobre ella con intención de besarla.

Durante una fracción de segundo, ella se resistió al impulso de entreabrir los labios y dejarse llevar por el deseo que había destruido sus defensas y acelerado su corazón. Sin embargo, echó la cabeza hacia atrás y permitió que la probara, que la saboreara.

Al sentir la lengua del azabache en su boca, tuvo un escalofrío y se apretó contra él instintivamente, deseando más.

—Ya podemos salir—dijo él terminando el beso.

Los flashes de las cámaras y las preguntas de los reporteros se sucedieron durante los segundos siguientes mientras se abrían paso entre la multitud. Sasuke la llevaba de la cintura, protegidos ambos por los guardaespaldas.

Hinata contuvo la respiración hasta que entraron en la limusina y encontró la protección de las ventanillas ahumadas. Estaba mareada; era incapaz de creer que la hubiera besado por segunda vez, que se lo hubiera permitido y que le hubiera gustado tanto.

—Me ha dado la impresión de que no disfrutas con la atención de la prensa — comentó él—. Parece que te asuste... ¿Por qué?

—Supongo que soy poco exhibicionista —respondió.

—No es lo que me pareciste cuando leí los informes sobre ti.

La Hyuga se había sentido segura hasta entonces porque pensaba que los informes sólo incluían cuestiones más o menos generales sobre su personalidad; pero evidentemente, se había equivocado. Sasuke esperaba a una mujer como Hanabi, abierta y desinhibida.

—Bueno, todo el mundo intenta causar la mejor impresión cuando lo entrevistan para un trabajo —se excusó.

Sasuke no dijo nada al respecto, pero notó que ocultaba algo y se preguntó qué podía ser.

—Tendrás que aprender a relajarte. Falta menos de una semana para que subamos a un avión y nos casemos en Rusia.

—En Rusia... —repitió ella con debilidad.

Cada vez estaba más nerviosa. Tenía miedo de no ser capaz de llegar hasta el final, de no poder seguir con la farsa.

De repente, el azabache le dio un paquete pequeño.

—Esto es para ti —dijo—. Así podremos estar comunicados... lamento haberme mantenido alejado durante todo el proceso, milaya moya.

El paquete permaneció cerrado durante veinte minutos, hasta que Hinata llegó a casa y cayó en manos de su hermana, que se moría de curiosidad. Contenía un teléfono móvil.

—¡Dios mío! ¡Mira esto! ¡Te ha regalado uno de los teléfonos más caros de todo el mercado! Tiene diamantes de verdad...

—¿Ah, sí?

La Hyuga mayor lo dijo sin entusiasmo alguno. Además, le parecía absurdo y pretencioso que decoraran un teléfono móvil con diamantes.

—No sé si eres consciente de ello, pero este teléfono vale varios miles de libras esterlinas. ¡Y tengo más derecho que tú a quedármelo! —declaró, mirándola con resentimiento—. Fui yo la que eche la instancia, yo la que conseguí el trabajo... y ahora, tú le quedas con todos los regalos que deberían ser para mí.

Hinata hizo caso omiso de los comentarios de su hermana. Estaba mucho más preocupada por la boda.

—¿Por qué crees que Sasuke Uchiha quiere una esposa? —le preguntó a su hermana—. ¿No sientes curiosidad?

—No, ninguna en absoluto. Pero ahora que lo preguntas, supongo que querrá casarse porque sacará algún beneficio económico o fiscal de estar casado, o tal vez porque una esposa mantendría alejadas al montón de mujeres que lo persiguen allá donde va —respondió Hanabi.

—No sé... Sasuke no me parece de la clase de hombres que se quieren casar. Incluso me ha pedido que pasara la noche con él.

Hanabi la miró boquiabierta.

—¿Te lo ha pedido? ¿Te ha encontrado atractiva? Dios mío, le habrás sentido como si te hubieran dado al mismo tiempo todos los regalos de Navidad de toda tu vida... Pero, ¿por qué diablos has vuelto a casa? ¿Por qué no te has marchado con él? Eres un caso perdido, Hina.

Su hermana no hizo el menor caso.

—¿Por qué me lo habrá pedido? —se preguntó, en voz alta—. ¿Es que el sexo forma parte del acuerdo matrimonial?

Hanabi, que seguía jugando con el teléfono móvil, miró a Hinata con una mezcla de sarcasmo y asombro.

—Piensa lo que estás diciendo, hermana. Vas a casarte con él. Y cuando la gente se casa, mantiene relaciones sexuales.

—Yo pensaba que el acuerdo consistía en otra cosa, que sólo tenía que acompañarlo a sus actos sociales y cosas así.

—No es posible que seas tan ingenua. Es obvio que querrá que lo acompañes a esos actos y que te comportes como una esposa feliz, pero eso no tiene nada que ver... Sin embargo, supongo que en lo que pase entre vosotros, en la intimidad de vuestro dormitorio, podrás elegir.

—¿Insinúas entonces que no estoy obligada a acostarme con él?

—Por supuesto que no lo estas. ¿Por quién me has tomado? —preguntó Hanabi —Pero si pones a una mujer y a un hombre atractivo en la misma habitación, la naturaleza suele seguir su curso —observó.

Al ver que Hinata no decía nada, su hermana la miró fijamente y comprendió lo que sucedía.

—No puede ser ¡No me digas que sigues siendo virgen!

Hinata se ruborizó.

—Bueno, ¿qué tiene eso de malo? —dijo a la defensiva—. Es que todavía no he conocido a la persona adecuada...

—Me parece increíble que tú y yo seamos hermanas gemelas. Somos completamente distintas —declaró, frustrada—. ¿Por qué te da miedo el sexo? No me extraña que estés sola. Ningún chico con dos dedos de frente se acercaría a ti,

Hina... Esto va a ser un desastre. No va a funcionar.

—¿Qué quieres decir?

—Que tú no puedes ser la esposa de Sasuke Uchiha. No tienes ni la actitud ni el carácter necesario para ello. Y como no puedo devolverle el dinero, no tendré más remedio que abortar —contestó.

Hinata se levantó de la silla, horrorizada.

—No puedes hacer eso —dijo.

—¿Es que tengo otra opción? O te casas con él o tendré que abortar y acatar el contrato que firmé.

—Pero me voy a casar con él.

Hanabi la miró con enfado.

—¿Casarte con él? Si te asusta hasta la menor tontería... hasta tienes miedo de hacer el amor con tu futuro esposo.

—Yo no diría que acostarme con un desconocido sea una tontería —se defendió.

—Adelante, sigue insultándome, sigue insinuando que las mujeres que tenemos una vida sexual sana somos una especie de prostitutas —bramó Hanabi, indignada con ella—. Sí, es verdad que me he acostado con muchos hombres. ¿Y qué? ¿Crees de verdad que tienes derecho a sentirte superior porque tú no has tenido el valor de acostarle con ninguno?

—¡Yo no me siento superior! —protestó.

—Pues si no te sientes superior, será mejor que tomes una decisión rápidamente. ¿Quieres ayudar a mamá? ¿O no?

Hinata consideró cuidadosamente la situación. El día anterior había conocido a

Konohamaru, el prometido de Hanabi, y le había gustado mucho; era obvio que estaba sinceramente enamorado de ella. Si se negaba a casarse con Sasuke y su hermana se veía obligada a romper su compromiso, no se lo perdonaría nunca: además, tendría que abortar y ella no podría ser tía.

Casarse con un desconocido podía ser un error, pero no tenía más remedio. Era la única forma de asegurar la felicidad de su madre y de su propia hermana.

Por fin, respiró a fondo y contestó:

—Por supuesto que quiero ayudar a mamá. Seguiré adelante con esto. Cueste lo que cueste.

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Continuara…

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Saludos chicas y chicos, espero hayan disfrutado la lectura, a mí en lo particular la disfruto cada vez que la leo pues ¡me gusta mucho! Que más decir…

Por cierto ¿a que no se esperaban que la ex de Sasuke fuera Yugao ¿no? Bueno es una pareja fuera de lo normal, pero ella me parece linda y no quería dejar a Ino como una villana. Y en cuanto a Sakura, detesto el Sasusasku… espero sus reviews y Perdón por la demora.

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Agradecimientos a:

clarity-chan

amy23

natty

marcelaporras

Guest

Hanna Frausto

CHAEON-Chan

Viviana655

hinatacris

v (como no sé cómo llamarlo será: bee –chan)

Muchísimas gracias por sus reviews, me gusta saber que opinan de la historia según progresa. Y me hacen feliz sus comentarios de apoyo…

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Capítulo dedicado a marcelaporras y niau; fieles seguidoras de mis historias. (¡niau, estas desaparecida! pero sé que disfrutas con estas historias).

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Por último y no extenderme mas, les comunico a los que siguen mi primera historia: La dulce y tierna Hinata Hyuuga ¿dominante? Que no desesperen, como lo dije anteriormente no lo voy a abandonar, de hecho ya tengo el ultimo capitulo muy adelantado y espero tenerlo listo para San Valentin… sin más me despido, saludos…

Pd: perdón si tiene errores ortográficos…

Besos, hasta la próxima…

Hinata Uchiha21 ¡fuera!