-Hey, Leon.

Levantando la mirada brevemente de su desayuno, Leon asintió a modo de saludo e hizo sitio en el banco para que Ehrgeiz se sentara a su lado.

-Circulan algunas historias alucinantes sobre ti –el joven todavía no había terminado de sentarse y, fiel a su estilo, ya encadenaba palabras- Cuando te tocó en suerte el oficial Strife, nos preocupamos, ¿sabes? Me refiero a mí y a Blue. A los demás hace tiempo que les perdimos la pista. Pero lo de ahora… -la mirada de Ehrgeiz se desvió hacia la mesa de los oficiales durante unos segundos- Sefirot. No sé si podrás sobrevivir a Sefirot, tío. Los dos SeeDs que ha tenido bajo su supervisión fueron dados de baja por estrés intenso y acabaron sus días como sujetos de laboratorio. ¿Cómo lo llevas tú? –sus ojos buscaron los de Leon, pero éste mantuvo la vista baja- Mal, ¿eh?... ¡Hyne! –exclamó de repente en un siseo cargado de vehemencia-¡Llevas un inhibidor externo! Estás jodido, tío. Sefirot va a barrer los suelos con tu psique. ¿Puedes negarte a obedecer sus órdenes? –ante el cabeceo negativo de Leon, continuó preguntando- ¿Crees que puedes soslayarlas? –un desganado encogimiento de hombros fue su única respuesta- Oye, tío, ya sé que eres reservado pero estoy intentando… ¿te ha prohibido hablar? –Leon le miró nuevamente y asintió- Pedazo de mierda con forma de general…. ¿No puedes hablar con nadie?

Leon pareció dudar durante unos segundos y finalmente negó con la cabeza y se señaló la sien.

-¿Sólo te ha prohibido hablar con otros SeeDs? –Leon asintió y Ehrgeiz soltó un vigoroso resoplido de indignación- Un momento, ¿te estoy metiendo en problemas ahora mismo? –añadió de golpe, haciendo ademán de levantarse.

La mano de Leon se cerró sobre su brazo para detener su movimiento.

-No me extraña que te apetezca un poco de compañía civilizada en estas circunstancias –asintió Ehrgeiz relajando su postura en el banco- Pase lo que pase… -dudó unos segundos y acabó por cerrar la boca y no continuar cuando la doctora Heartilly entró en el comedor e ignorando a los ocupantes de la zona gris se encaminó directa a la zona roja, la reservada a los SeeDs.

-Viene hacia aquí –constató lo obvio.

-Buenos días –saludó la doctora con una sonrisa- ¿Os importa si me siento aquí con vosotros?

-Adelante –invitó Ehrgeiz. La presencia de la doctora entre los SeeDs era un suceso relativamente común que ya no despertaba desconfianza en nadie. Los militares conocían su pasión por su trabajo, una dedicación al estudio de los SeeDs que valoraban especialmente, y los SeeDs agradecían el trato humanitario que les dispensaba, aunque no pudieran pasar por alto el hecho de que fuera la jefa del servicio encargado de implantar los dispositivos que les convertían en sirvientes.

-Manteneros tranquilos, no reaccionéis exageradamente. Actuad como si lo que vais a escuchar a continuación fuera lo más normal del mundo –comenzó Rinoa atrayendo inmediatamente la atención de los dos SeeDs- Ehrgeiz, puedes formar parte de esto si quieres, o puedes retirarte en cualquier momento. Confío en tu discreción.

Llevándose el tenedor a la boca y con un semblante plácido, Rinoa trataba de aparentar normalidad, pero Ehrgeiz vio temblar su mano y un rápido sondeo superficial le desveló el estado de intensa agitación en el que se hallaba la mujer. Las siguientes palabras de Rinoa le hicieron comprender de golpe por qué y a punto estuvo de atragantarse con el agua que estaba bebiendo.

-Leon, tengo una propuesta para ti.