Bueno aquí estoy con la continuación. Más o menos actualizare una vez a la semana (si tengo mucho tiempo incluso dos jajaja), y espero que de verdad os guste la historia que tengo en la cabeza :P.
Prometo no tenerlos separados mucho tiempo jajaja pero nuestra protagonista tiene que superarse a si misma y tiene que volverse fuerte.
Muchas gracias a aquellos que han empezado a seguir la historia y a comentar. Se agradece, en serio ^^.
/
Capítulo 2: DROGA-DICCIÓN.
Cuando apareció en la época actual todavía no había despuntado la luz del alba por el templo. Además la oscuridad que había dentro del pozo era acogedora y no molestaba a sus ojos inchados de llorar.
Por un momento, bastante largo, se permitió abrazarse a si misma acurrucada en una de las esquinas del pozo mientras lloraba en silencio. Ahora más calmada y asimilando la situación.
Sabía que no era fuerte como ellos, no tenía el poder de una exterminadora de demonios, ni de un monje, ni de un medio demonio y ni siquiera ya de un demonio que no levantaba más de tres palmas del suelo y era un niño. Sí, lo sabía, pero dolía escucharlo. Y dolía aún más que no se dieran cuenta de la impotencia que había sentido cuando supo que la esfera de los cuatro espíritus había bloqueado sus poderes con ayuda de kikyo. Eso la convertía en menos que una sacerdotisa, en menos que una humana de provecho en esa época de guerras y hechos sobrenaturales. No tenía instinto ni medios para sobrevivir ella sola allí, y lo sabía, pero siempre había contado con sus amigos, por que pensaba que eran eso, sus amigos.
Penso en por qué había reaccionado así contra todos, no solo contra Inuyasha, y pequeños trozos de conversación llegaron a su cabeza mientras recordaba como empaquetaba sus cosas.
Escena retrospectiva.
- La he dicho que se vaya a casa- decía Inuyasha con tono serio mientras miraba a Sango y Miroku.
...
- Bueno, creo que será lo mejor, la señorita Kagome esta sometida a mucho estrés y últimamente ha estado bastante ausente.- comentaba Miroku de manera pensativa.
- Si además ahora tenemos que concentrarnos y sino otra solución es dejar a Kagome en la aldea junto con Kaede para que prepare provisiones y curas para los viajes, así iríamos más rápido y ella estaría a salvo- había dicho Sango con tranquilidad.
...
- Pero como podéis decir eso de Kagome.- había oído la voz llorosa de Shippo discutiendo con sus amigos.
Fin del Flash Back.
Ahora recordaba trozos de la conversación, eran frases sueltas, inconexas, pero no sabía que le había dolido más, si que Inuyasha le dijera esas cosas, que al fin y al cabo era un chico del que ya sabía que esperar o que sus amigos le apoyaran en su decisión de echarla.
Cuanto tuvo fuerzas suficientes se puso en pie y comenzó a trepar el pozo. Ni siquiera podía hacer eso sin que al final le dolieran los brazos. Suspiro resignada y noto como la luz que se colaba por las rendijas de madera y le daba en la cara.
Sorbió la nariz y subió las escaleras de la pequeña caseta donde se encontraba, abrió la puerta y cerró los ojos con fuerzas mientras ponía una de sus manos tapándolos para evitar el dolor que sentía al recibir la claridad.
Cuando se acostumbro a la claridad abrió sus ojos, que estaban bastante hinchados y brillantes a causa de las lágrimas y cruzó el patio en dirección a la casa. Vió que había correo en el buzón y se acerco a recogerlo. Tenía que buscar alguna escusa para entrar en casa hablando de otro tema y evitar que le preguntaran por el pasado.
Echó un vistazo a las cartas. Publicidad, recibo, publicidad, recibo, recibo, cosas del abuelo y antes de seguir una llamó su atención. Era una pequeña postal con el árbol sagrado de su templo.
A la atención de la Sacerdotisa Kagome Higurashi.
Por: Nutwoj Konoe.
Cuando este preparada, dirijase por el bosque del templo hacía la montaña y detengase en el claro del rio por el que las luces cantan.
Kagome leyó atentamente la nota que había escrita con una caligrafía alargada y estirada. Levantó una ceja cuando movió a contra luz la postal y esta emitio destellos de la tinta con la que estaba escrita. Cuando la observó más atentamente pudo ver como la carta desprendía un aura. Pero no era ni demoniaca ni pura. Si la hubiera podido describir hubiera sido como neutra. La guardo rápidamente en su mochila y cuadro los hombros.
Ya valía de hacerse de rogar, entraría a casa y le contaría a todos que se acabaron los viajes al pasado.
Se sorbió la nariz de nuevo y entró.
- Hola.- dijo con voz demasiado nasal como para que nadie sospechara que había estado llorando. "Mierda" pensó. " Tenía que haber hablado antes de entrar, maldita voz".
La señora Higurashi asomó la cabeza por la puerta de la cocina-comedor.- Hola Cariño, ¿Que haces aquí?- pregunto con una sonrisa en el rostro.
- Lo raro de ahora en adelante será que no este.- contesto sin tapujos Kagome mientras entraba a la cocina y iba hacía la mesa a sentarse. Shota y el abuelo la miraban atentamente.- Los viajes al pasado se terminaron. Por decirlo de alguna manera me han despedido.- dijo mientras se metía un bocadillo dulce en la boca, sin ganas y con el estomago revuelto, pero así evitaría que le temblara la voz en la siguiente frase que tuviera que decir.
- ¿Estas bien cariño?- pregunto la Sr Higurashi mientras quitaba la sonrisa de su rostro y le mandaba una compasiva mirada a su hija.
Shota se había alejado y estaba al lado del abuelo. Ambos miraban a Kagome como quien disfruta (ironía) de la desactivación de una bomba en primera línea.
- Si- masculló esta con la boca llena. Tenía los ojos llorosos pero estos todavía no habían soltado ninguna lágrima.
- ¿Y que pasa con el chico perro?- pregunto Shota. Aun que se arrepintió al segundo que notó la mirada de Kagome sobre él, mientras toda ella empezada a desprender un aura de fuego.
- Él fue quien me despedió- dijo con una voz tranquila y contenidamente enfada.
La madre de Kagome la observaba apoyada en la cocina. Su hija estaba deprimida y mucho, lo mejor que podía hacer una madre en estos momentos era pincharla hasta que reventará como un globo y luego conseguir que se olvidara del tema.
- Pero vosotros siempre tenéis muchas peleas y siempre acabáis reconciliándoos- dijo está observando a su hija haciéndose la distraída.
- Si, pero esta vez no- Kagome respondió mirando fijamente la mesa que tenía delante.- Esta vez ya no va a volver.- las lágrimas comenzaron a bajar por su cara.- Y yo tampoco.- dijo poniéndose en pie de repente arrastrando la silla detrás de ella, asustando a los dos hombres que tenía al lado. - no voy a volver y no quiero que nadie- paro para mirarlos a todos, especialmente a Shota- Mencione nada del pasado y mucho menos de ese cretino. ¿Entendido?- antes de que nadie la pudiera contestar estaba en las escaleras subiéndolas con pisadas muy fuertes. Cuando llego a su habitación cerró de un portazo y se tiró en la cama.
Pretendía llorar hasta quedar exhausta pero antes de que esto ocurriera se vio envuelta en un sueño, poco placentero, lleno de amigos y chicos del pasado que la señalaban con el dedo, se reían de ella y la decían que se fuera.
Las siguientes semanas fueron un Infierno.
Kagome volvió al colegio al día siguiente, donde tuvo que enfrentar a sus amigas que preguntaron y preguntaron sobre el chico problemático hasta que ella les grito y se fue a otro sitio donde poder estar sola. Pero claro, no podía acabar ahí. Hojo apareció ese día trayéndole remedios contra a saber que enfermedad que se había inventado su abuelo. Todos los días iba a verla y sus amigas no eran de ayuda, evitaban descaradamente el tema de los chicos delante suyo. No sabía si tenía que agradecérselo o estrangularlas por no saber disimular un poco mejor.
Las noches no pasaban mejor que los días. Los primeros días se mantuvo fuerte, no lloró más durante el día, pero cuando llegaba a casa, después de cenar, de hacer la tarea y de distraerse tocaba el silencio.
Ese silencio incómodo e insoportable que dejaba que la cabeza pensara cosas. Cosas que normamente eran temas tabú. Buscaba el porque de haber llegado a esa situación, que había hecho mal o que no había hecho, como podría solucionarlo y como podía olvidarse de ello. Y después de pensar y pensar, cuando ya te quedas dormida de puro cansancio vienen los sueños.
Sueños de ella misma pidiendo explicaciones, pidiendo una segunda oportunidad a sus amigos e Inuyasha, pero todos los sueños acababan igual, con un no como respuesta. Y estos se repetían en bucle, uno tras otro tras otro. Nunca cambiaba el patrón.
Así que a los pocos días Kagome se resigno a comprar unas fuertes pastillas para dormir y a no estarse quieta durante ningún momento del día. Estudiaba, quedaba con sus amigas, incluso tuvo varias citas con Hojo en los huecos libres que no sabía con que ocupar. Cualquier cosa menos quedarse parada con la mente despejada.
Un día se fue de compras ella sola, renovó su armario con algo que no fueran faldas y vestidos y se compro un móvil nuevo. Con este Smartphone estaba entretenida en los cambios de clase, en el trayecto en bus o andando a casa. Era la solución perfecta incluso cuando en casa se formaban silencios en los cuales nadie contaba nada y todos miraban la tele.
Y se cumplieron los 10 días desde que se fue. Y ahí empezó el descenso de fortaleza.
Esa tarde según llego a casa se dio cuenta de que nadie iba a venir a por ella.
Hasta ahora había conseguido seguir a delante a causa de la esperanzada. La esperanza de que Inuyasha viniera a por ella, de que todo hubiera sido una rabieta por la presión de la situación. Pero no.
Esa estúpida esperanza la había dado fuerzas, pero ahora se había ido. Nunca había tardado tanto en ir a buscarla después de una pelea. Nunca había pasado tanto tiempo y había sido consciente de cada segundo que pasaba.
Esa estupida esperanza, lo último que había perdido, lo que más daño la hacía en ese momento y lo que le hacía sentirse como una idiota, pues había pensado que al fin y al cabo todo se solucionaría y el vendría a por ella como un caballero de brillante armadura.
Aun que él no era un caballero, ni ella una princesa, ni siquiera una doncella en apuros y por supuesto aquello no era un cuento con final feliz.
Y saber que aquello de verdad se había acabado la desgarraba por dentro. Lloró y lloró toda la tarde sintiendose estúpida. Sabiendo que no había conseguido darle celos a Inuyasha quedando con Hojo, ni que había aprovechado sus días alli estudiando tanto para después poder irse al pasado de nuevo con todo aprendido.
Y después de llorar hasta quedarse seca toco fondo. ¿Cómo? Fue hasta el pozo, con andar lento y mirada perdida y se metió en él. Las luces azules y moradas la recivieron con calidez y rapidamente salió a la antigua época. Estaba anocheciendo y el cielo tenía un color anaranjado precioso. O por lo menos el recuadro que podía ver de cielo. Había llegado hasta aquí, pero no tenía pensado salir del pozo sagrado. Solo quería... ¿Llamar la atención?. Se concentró, pero nada, no sentía el aura de sus amigos cerca. Estarían de viaje. Mejor. Cuando anocheció se levanto del rincón donde estaba acurrucada y volvio a su época de un salto desde mitad del puente.
Y repitió esto durante semanas, todos los días, después de quedar con con Ayumi, Yuka e Erik, o con Hojo, o incluso después de hacer algunos recados repetía el mismo ritual.
Cruzaba a la otra época, se sentaba en una esquina de pozo, hiciera sol, lluvia o viento y esperaba. Se concentraba e intentaba buscar el aura de sus amigos mientras lloraba en silencio. En un par de ocasiones los sintió y rápidamente desaparecía de nuevo a su época. Poco a poco fue capaz de moverse de una época a otra solamente sentada en el suelo del pozo y concentrándose. Antes solo podía hacerlo si saltaba desde cierta distancia hacia el suelo.
Un día estaba recogiendo su habitación y encontró al fondo del armario la mochila que llevaba a la otra época. Estaba llena de agujeros y embarrada en su mayor parte. Así que volcó su contenido en la cama y la tiró a la basura. Recogió los artículos de aseo y ropa que había llevado a la otra época. Echo el saco de dormir y las mantas a lavar y tiró la comida caducada. Antes de seguir recogiendo vio la extraña postal que había recivido el día que llego y volvió a leerla.
A la atención de la Sacerdotisa Kagome Higurashi.
Por: Nutwoj Konoe.
Cuando este preparada, dirijase por el bosque del templo hacía la montaña y detengase en el claro del rio por el que las luces cantan.
Arrugo la frente. El aura de la postal seguía ahí intacta, llamando a ir. Así que se la guardo en el bolsillo del pantalon vaquero que llevaba y se dirigió a la calle.
Hoy no tenía nada que hacer, así que investigaría que era aquello y si era peligroso para su familia. La verdad es que se le había olvidado por completo que existía esa postal hasta que la había vuelto a ver.
Antes de salir se puso una sudadera negra, bastante amplia y calentita ya que afuera estaba refrescando. Ya estaban casí en invierno.
Salió a la calle golpeando sus pies en la alfombra de la entrada para colocar adecuadamente sus zapatos y fue dirección al bosque.
- Bien, hacía la montaña es hacía allí.- dijo levantando la mirada y encaminándose con confianza. Había empezado a hablar sola hacía poco, le gustaba, así podía desahogar y además había leído en alguna parte que tener conversaciones contigo mismo te ayuda a comprenderte. Y tenía que comprender como había dejado que un chico como Inuyasha le gustara tanto e incluso llegar a enamorarse de él. Eso tenía que ser algún trauma o algún problema de autoestima.
Fue caminando por el bosque hasta que encontró el riachuelo que discurría por ahí. En la postal lo llamaba rio pero se podía cruzar de un salto. Lo empezó a seguir en dirección ascendente.
- Bien, esta claro que esto es algo sobrenatural, pero a mi no me suena ningún claro.- Y es que se había pasado la infancia correteando por esos bosques ella sola y luego con Shota. El río, bueno riachuelo, siempre iba metido entre la vegetación del bosque. Cuando empezó a cansarse de andar y no encontrar nada se paró y saco de nuevo la postal-Esto tiene que ser una broma de mal gusto de alguien porque...- pero no pudo seguir hablando porque nuevas letras habían aparecido en la postal debajo de lo escrito anteriormente.
352 pasos.
Kagome miró rápidamente el frente de la postal, era la misma, no se la habían cambiado. Dio un paso atrás y vio como esta cifra subía un paso y dio uno adelante y vio como bajaba.
- Esta bien...- dijo en voz baja y comenzó a andar de nuevo mientras veía como los pasos iban disminuyendo hasta que el marcador de la tarjeta estuvo a 0.
Miro a su alrededor. La luz estaba empezando a ser más tenue y en apenas una hora en cielo comenzaría a teñirse de rojos y naranjas.
-¿Y ahora qué?- dijo mirando y preguntando a la tarjeta esperando una respuesta.- ¿Hola? ¿Estas rota?- la balanceo en el aire esperando que apareciera o hiciera algo.
Nada.
Se sentó en el suelo como los indios y puso sus codos en sus rodillas para después apoyar la cabeza en sus manos.
-¿En serio he hecho esto para que no pase nada?- preguntó al aire y suspiró.- Me estoy volviendo loca.- dijo negando con la cabeza apoyada en las manos.
De repente la postal, que estaba a su lado se prendió fuego de la nada. Ella se sobresalto y fue a esconderse detrás de un árbol cercano. Cuando la combustión terminó se acercó despacio y miró al suelo.
Escrito en la tierra con fuego estaba la palabra: Medita.
Kagome bufo y se sento mirando fijamente a esa palabra. Tenía la misma caligrafía que la postal que estaba alli hace un momento.
/
Bueno espero que les guste mucho. Hasta el próximo capítulo :P
