¡Hola! Aquí el segundo capítulo...

Ya saben, dejen sus reviews, me harán muy feliz. No les escribo más porque ya debo irme a dormir para ir a la universidad, pero espero publicarles los demás capítulos a una velocidad más rápida que el Jiraishin de Minato :D

-blablabla- diálogos normales

-blablabla- Shukaku

"blablabla"- memorias o pensamientos

*- aclaraciones

Naruto(obviamente) no me pertenece, sino al gran Masashi *Me Monto en tu Moto* (aunque le guste matar personajes maravillosos T.T), de ser mío ya estaría casada con Shikamaru y miraríamos las nubes mientras decimos "Problemático" todo el día :3


CAPITULO 2. "DOCE HORAS DE SUEÑO"

Todos miraron al joven Kazekage, algo sorprendidos.

-¿Qué no puede estar pasando, Gaara?- preguntó Temari, mirando a su alrededor, histérica como solamente ella podía serlo- ¿Pasa algo? ¿Un enemigo? ¿Shukaku? ¿Gaara?

El susodicho suspiró pesadamente.

-Habías olvidado lo enferma que está nee-sama, ¿eh?

-Nada, Temari- dijo el chico, luego miró a la Hokage- ¿Y bien?

-¿Y bien?

-¿Esa es la solución al problema de mi escolta?- asintió con sus ojos como las almendras, torciendo los labios en una mueca que realmente provocó algo en el jinchuriki. Ahora, asintió él, con la sensación de cierta mirada aperlada en él.

-De acuerdo- dijo mientras tomaba el enorme sombrero y apartaba el vaso vacío frente a él- Sin más problemas y todo resuelto, entonces, me retiro. Espero me lleven el informe cuando terminen, Kankurou- dijo inclinando torpemente la cabeza. Todavía se sentía tímido respecto a muchas cosas, especialmente cuando se trataba de relacionarse con otras personas. Ese había sido el problema por el cual la reunión de los Kages se había llevado a cabo: los recientes ataques a la aldea de la arena a causa del "taciturno y poco amigable Kazekage", pues muchas aldeas pequeñas que comenzaron a formarse en los poblados abandonados no podían creer que alguien tan frío y poco amable pudiera ser un líder. Fue durante una de las visitas a la aldea de la arena que unos refugiados de "sangre pesada", como los había descrito Shikamaru, habían tenido problemas con el Jinchuriki a causa de su actitud seria, sintiéndose amenazados y excluidos por el joven… claro que no había sido esa la verdad, pero a causa de sus problemas para socializar, una joven aldea prometedora de grandes beneficios para las demás naciones le había declarado abiertamente al Consejo de Kages que "no participaría si el Kazekage no mostraba ser alguien de confianza"

Tal había sido el malentendido, que la pequeña Aldea Escondida entre las Flores había lanzado comentarios hostiles incluso a su nación, que era parte de los territorios de la Mizukage. De ahí que la mujer se tomara tan a pecho el solucionar el problema, pues no deseaban más enfrentamientos entre hermanos, y menos con una pequeña aldea que le serviría a todos.

Caminó hacia la salida, seguido al instante por su hermana mayor pero él la detuvo:

-Iré a mis aposentos a descansar.- le dijo algo cansado. Su hermana asintió, mirando las eternas ojeras bajo esas aguamarinas preciosas… pero no había sido eso lo que la había preocupado. Desde el comienzo, su preocupación eran las marcas en sus siempre redondos cachetes, porque ahora que realmente no dormía, tampoco comía, no descansaba y su atractivo hermano menor ahora parecía un zombi.

Eso la perturbaba siempre y, tal como la Mizukage había dicho, su instinto maternal y sobreprotector la cegaba.

Lo observaron alejarse, seguido por unos miembros de su guardia personal, mientras deseaba poder descansar, tan siquiera, veinte minutos.

-La última vez fueron sólo dos horas, dadakko- se quejó el Shukaku en su cabeza.

Divisó la habitación especial que se le había entregado y antes de siquiera poner la mano en la perilla, uno de sus guardias se acercó a él.

-Kazekage-sama, permítame- dijo el hombre. Gaara realmente no deseaba discutir nuevamente con su guardia, y es que no entendía, ¿Por qué lo trataban como si fuera un niño? ¿Un chico cualquiera? ¿Es que acaso no sabían que él era un jinchuriki? ¿Qué a lo único que realmente debería tenerle miedo vivía dentro de él? Ya le estaba molestando que lo vieran como a un niño…

-¿Extrañas aquellos días, dadakko? ¿Cuándo todos te temían en lugar de lamerte siempre las bolas?, soltó una risita el Ichibi.

Y ciertamente, había ocasiones en las que el pelirrojo extrañaba que le temieran, que lo repudieran y salieran corriendo en cuanto siquiera se mencionara su nombre, pero en el momento que los ojos de la pequeña kunoichi a su lado captaron los suyos, y ésta clavaba sus enormes orbes oscuros en las aguamarina del Kazekage para rápidamente bajar la mirada, se dio cuenta de que era mejor ser apreciado que ser temido por los aldeanos.

Le gustaba que, al despertar, lo primero que viera fuera a su hermana sirviéndoles el desayuno, con una sonrisa mientras hablaba hasta por los codos sobre Shikamaru y Sakura, ésta última casi siempre pasaba tiempo con los hermanos llegando incluso Gaara a preguntarse por qué pasaba tanto tiempo con ellos.

-Quizás le interesas, dadakko, le solía decir en broma el Ichibi*.

-Es que le recuerdas mucho a Naruto-kun, Gaara- le dijo un día su hermana, mientras le cortaba los largos cabellos que cubrían sus ojos.- Sakura-chan siente que eres su única conexión con Naruto-kun.

-Ya decía yo que pasaba mucho tiempo con arena en las bragas sólo por gusto- había soltado su hermano mayor… para después recibir un golpe enfurecido de su hermana por grosero.

-¿Qué me dices de los aldeanos? ¿Te gusta cómo te tratan?, soltó el animal.

"Claro que me gusta, pedazo de tonto"

El pequeño Gaara disfrutaba las mañanas con sus hermanos antes de ir a sus deberes, pero sin duda amaba los paseos matutinos y nocturnos por la ciudad, cuando los aldeanos lo saludaban con alegría, le preguntaban sobre cosas triviales, acerca de su nuevo corte de cabello, sobre lo impecable de su vestimenta, sobre la nueva medida escolar para los niños, la viejecilla del puesto de frutas si había comido algo ya, el amable viudo de la Casa del Arroz si tenía ganas de un buen tazón, o aquel anciano atrevido que si ya había elegido esposa para seguir con el legado.

Su sonrisa se ensanchó ante el último recuerdo, para sorpresa de su guardia personal.

Después de comprobar que todo estaba bien, que no había ratas ni fantasmas en la alcoba, lo dejaron pasar con una reverencia preguntándose sobre su extraña actitud y esa sonrisa inusual en sus labios. Cerró de un portazo la puerta, aun riendo ante el recuerdo.

-Una hembra para estas fechas, ¿eh? No nos vendría mal, dadakko.

-Siempre tienes que arruinar todo- se quejó mientras caminaba por la habitación y, quitándose las vestimentas para quedar en sólo ropa interior, se lanzó a la cama donde, realmente, esperaba dormir tan siquiera media hora.

-Una hora entera, dadakko. Lo necesitas.

La canción de cuna secreta del Shukaku sonó en su cabeza… y así como pegó la mejilla en la almohada, el niño de oro se quedó dormido.

Pum, pum, pum

-Oye, dadakko…

El Kazekage se removió incómodo en la cama. ¿Por qué el Ichibi molestaba tan temprano? Debería dejarlo descansar.

Pum, pum, pum

-Hey, mocoso…

Se sentía realmente bien, oliendo aquel precioso aroma a lirios que parecía provenir de algún lado cercano a él.

Pum, pum, pum

-Niño de oro, ¡abre los ojos o te haré plañir!

-Qué problemático, Ichibi- musitó inconscientemente el pelirrojo, volviéndose a girar hacia el otro lado de la cama. ¿Por qué Shukaku no lo dejaba dormir si sabía muy bien que no…?

Entonces, cayó en la cuenta de lo que sucedía.

No había sido solamente el hecho de que finalmente pareció haber podido dormir algo más que las veces anteriores, ni tampoco el hecho de que Shukaku estaba de molesto a tan tempranas horas, ni siquiera por el olor tan penetrante que se aferraba a su nariz, vaya, ni siquiera por el hecho de que había dicho, como en ocasiones anteriores, la tan típica frase del ninja de las sombras… sino por el hecho de que sintió otro calor humano dentro de su habitación.

Raídamente se levantó, totalmente en guardia, ignorando la risa socarrona del Ichibi en su cabeza.

-¡Kazekage-sama!- oyó una voz, pero él solamente se concentraba en la persona delante de él, quien no era otra que la chica Hyuuga, portando su tan típico traje de ANBU. El Kazekage había escuchado en varias ocasiones a muchos shinobis decir que el traje que las chicas ANBU usaban no dejaba nada a la imaginación y muy a pesar de ser un hombre jamás se había detenido a prestarle atención al sexo opuesto… no porque realmente no le interesaba, claro que no. El chico, cada que podía, se imaginaba uniendo su vida junto a alguna mujer que estuviera dispuesta a casarse con alguien como él, que lo amara muy a pesar de que llevara dentro suyo un Bijuu. Pero Shukaku siempre le decía que eso era imposible, que nadie podría amarlo de esa manera y que principalmente no existía una mujer que pudiera someterse sin quejarse a "aquellos días" que el pelirrojo tanto odiaba.

La chica Hyuuga hizo una pequeña reverencia, fue cuando el joven notó que llevaba algo en sus manos que obviamente rápidamente dejó de prestarle atención porque, de pronto, Shukaku lo había obligado a centrar su aguamarina mirada en dos "específicas" cosas.

Tragó saliva.

-Ohh… dadakko… posee a esa hembra ya, le dijo en un gruñido el Ichibi.

"¿Poseerla?"

-Sí

"Debes estar bromeando…", se dijo sin dejar de mirar a la chica, quien parecía estar moviendo los labios. "Me está diciendo algo…"

-A la mierda, dadakko. Lo único que debería salir de esa boca serían gemidos… o gritos…

-Eso estaría bien- dijo distraídamente, contestando lo que su inner le había dicho.

Sin darse cuenta que había dicho que "sí" a la petición de la ANBU. La chica entonces, para sorpresa de ambos, le regaló una hermosa sonrisa, tan cálida como ese tipo de sol que había visto una vez en Konoha, tan pacífica como las olas de la Aldea de la Niebla, tan hermosa como los atardeceres en Sunakagure.

-Poséela ya, dadakko. ¡HAZLO YA!, la impaciencia del Shukaku no solamente había arruinado el momento sino que lo trajo a la realidad. El Kazekage parpadeó, confundido y antes de pedirle una explicación a la kunoichi, alguien abrió la puerta.

Temari había entrado a la habitación, cargando una charola con comida que despertó el hambre en el pelirrojo.

"Nee-chan…"

-Oh… - dijo ella, primero mirando confundida al chico y después completamente sonrojada.- Gaara, estás despierto.

-¿Qué está sucediendo? ¿Qué hace ella aquí?- soltó, caminando a su hermana. La kunoichi no se había movido de su lugar, sosteniendo lo que el pelirrojo reconoció como su ropa… y cayó en la cuenta de que estaba solamente usando su ropa interior… delante de su hermana mayor y una chica que, a pesar de haber estado juntos en batalla, era una completa desconocida para él.

Gaara sintió la sangre subir a su rostro, y rápidamente se giró para que las mujeres no vieran su rostro del color de su cabello. Se mordió el labio, cerrando los ojos.

"Gracias por la ayuda", le soltó al Ichibi

-Por nada, Kazekage-sama, y soltó una risa malvada.

Oyó a su hermana reírse.

-Hinata, muchas gracias por tu ayuda- le dije, despidiéndola. Oyó a la chica caminar a la puerta.

-De nada, Temari-san. Debo volver, pero los estaré esperando para partir.

-Oh, cierto. Tendré todo listo… ¿puedes avisarle a Kankurou, por favor?

-D-desde luego, Temari-san.

-Sólo Temari, Hinata. Somos amigas.

-C-claro. Debo irme, vuelvo más tarde.- sintió los ojos aperlados en su espalda desnuda, pero los nervios le impidieron moverse, además de que no quería verla.

La puerta se cerró y rápidamente se volvió a su hermana.

-¿Me quieres decir que hacía ella aquí?- le preguntó intentando no sobresaltarse. Y aun así, su voz era claramente un refugio.

-¿Ah? ¿No te explicó Hinata?

-¿De qué hablas?

-Primero, vístete, ¿sí? Casi le das un infarto a la pobre… - recordó que estaba solamente en ropa interior y el rubor volvió a su rostro. Rápidamente tomó, con la arena de su calabaza, las ropas… solamente para darse cuenta de que aquellas no eran sus típicas ropas de Kazekage que usaban.

-¿¡Qué carajos es esto, dadakko!?

-¿Qué… es esto…?- dijo, haciéndolo eco al Shukaku. Temari soltó una risita, una que pareció demasiado burlona para el gusto del Kazekage. Frunció el ceño, enojado.

-¡Oh, basta, Gaara! ¡No me mires así!

-Temari… -gruñó.

-Oh, Dios… ¡es que tu rosto!

-Temari…

-¡Perdón, perdón!- dijo, conteniendo las risas. Gaara esperó a que ella dejara de burlarse y así pudiera explicarle lo que quería saber.- Lo siento, hermanito, pero yo…

-Tienes un minuto para comenzar a hablar- la amenazó. Ante la voz como el hielo que le había lanzado, su hermana tragó saliva.

-Estás hablando con la nee-sama, mocoso insolente. ¡Muestra respeto!, lo regañó Shukaku.

-Lo siento- dijo Gaara, bajando la mirada. Todo rastro de burla despareció del rostro de su amada hermana.

-Perdóname, Gaara- dijo ella, antes de que él dijera algo, continuó- Es respecto a los acuerdos de ayer por la tarde. Se trata de tu traslado hacia las tierras a las que deberás ir, pero como quedamos en que debías pasar desapercibido, decidieron que una "personalidad" nueva debería ser suficiente.

-Temari…

-Les dije que no aceptarías, pero es todo para que llegues sin ningún problema, además, yo creo que está bien. Eres el Kazekage y…

-Temari.- repitió, apretando los labios. Había algo que captó su atención y su hermana tragó saliva.

-Perdóname, Gaara, si quieres les pido cambien…

-¿La tarde anterior?- dijo para callarla. Temari parpadeó.

-¿Eh?

-Dijiste la tarde anterior… creí que… - y miró hacia la ventana, donde una luz brillante entraba. Se encontraban en un lugar cercano a Konoha, donde habían acordado sería la Cumbre de los Kages, y ese era un lugar con un clima soleado como debía y lluvioso cuando no.

-Dormiste… doce horas, Gaara.

-¿¡Doce horas!?- dijo, al igual que el Ichibi.

¿Había dormido tanto? Para él, normalmente una o dos horas estaban bien, pero ¿doce? No sabía si sentirse bien o preocuparse.

-Algo no anda bien, dadakko.

-Sí, pero… ¿Gaara?- él levantó sus ojos claros a los oscuros de Temari- Vístete y hablemos de esto con los Kages. Debemos partir a Konoha hoy mismo.

-¿Qué haremos en Konoha?- se preguntó, ahora mirando las ropas en sus manos. Temari se acercó a él, y sonrió tímidamente.

-Iremos específicamente al Clan Hyuuga.- Gaara abrió los ojos lo más que pudo- Desde mañana, serás el nuevo señor Hyuuga.

Ante las palabras de su amada hermana, la fría ventisca que entraba por la ventana y helaba su cuerpo desnudo y las palabras de su hermana, solamente pudo pensar en una sola cosa:

"Esto no me puede estar pasando…"