Disclaimer:Los personajes son propiedad de Mondo Media. La historia me pertenece y está creada con el fin de entretener, sin fines de lucro.

Capítulo 2

Los segundos pasaban jodidamente lento de manera exasperante. Como si se tratara de una carrera en la que todos habían llegado a un inservible acuerdo de nunca ganar. Que recordara, los segundos debían transcurrir súper rápido, no a paso de caracol, ¿es que esa regla mundial había decidido cambiar en ese preciso momento?

La clase de historia impartida por el profesor Lumpy era tan aburrida y densa que los alumnos se dormían de manera instantánea con tan sólo escuchar el «buenos días» emitido por esa excesivamente entusiasta voz para tan insulsa asignatura. Y es que parecía ley que esa materia estuviera a cargo de personas que cuadraban perfectamente con el perfil de «individuo aburrido de la vida»

Para rematarlo, la humedad de ese día no daba tregua alguna. Había estado lloviendo desde la noche anterior y la pegajosidad inevitable y… pegajosa, anulaba cualquier rastro de emoción o interés que los estudiantes podrían haber llegado a tener al entrar a clases.

Sin embargo, la jornada escolar se había tornado un milímetro menos tediosa que en el inicio, cuando el profesor les designó a los alumnos un trabajo en grupo para realizar en clase, sin excepción. Lo cual se traducía para él, evidentemente, en hora libre.

Aún así, antes de poder disfrutar tranquilo de su ansiado momento sin hacer absolutamente nada, el aspirante de diversión debía soportar las impertinentes y para nada entretenidas instrucciones delegadas por el profesor acerca del trabajo a realizar. El cual no le producía ni un ápice de emoción.

Cuando los alumnos terminaron de girar y arrastrar los pupitres a fin de unirse con los que serían sus compañeros de esclavitud, justo a mitad de aquel tramo informativo emitido por Lumpy, Shifty le dirigió una aburrida mirada a su hermano, quien le respondió al instante con un mismo gesto. No podían soportarlo. Necesitaban entretenerse con algo, ¡lo que fuera! Y debía ser pronto.

Y entonces lo escucharon.

Un imperceptible y resignado suspiro femenino.

Ambos rostros exactamente iguales, esbozaron similares traviesas sonrisas.

─ ¡Vaya! ¿Qué tenemos por aquí? ─ preguntó Shifty en tono cantarín acercándose a su compañera de grupo.

─¿Mal de amores, quizás? ─ complementó Lifty, colocándose justo al otro lado de Flaky, a su izquierda.

La aludida pegó un respingo al saberse descubierta, escondiendo rápidamente y con movimientos torpes la causa de su suspirar: su celular.

Los observó intercaladamente, intentando enfocarlos, pero su ingenuidad no le permitió ver más allá de las falsas apariencias que mantenían los gemelos. Es decir, a ojos de Flaky ellos eran tan sólo dos buenos amigos preocupados por su dulce amiga (sí, claro).

─¿C-cómo dicen? ─ inquirió nerviosa, como quien no quiere la cosa, aferrando fuertemente con sus manos el celular.

Los gemelos alzaron una ceja, divertidos.

─ Tranquila Flaky, puedes contárnoslo. Somos tus amigos después de todo─ intentaron hacer que desembuchara la inquietud que la acaecía.

Flaky dudó un momento (sólo un momento previo a sentirse algo culpable por ocultar cosas a sus amigos que tan amablemente se preocupaban de su bienestar) antes de proceder.

─B-bueno… ─ comenzó nerviosa, mordiendo su labio inferior intentando infundirse fuerzas sin que la vergüenza la asesinara por dentro─ …hay un c-chico─ explicó tartamudeando, toqueteándose el rojizo cabello en un intento de sosegar sus nervios.

─Es Flippy─canturreó, uniéndose rápidamente a la conversación, Giggles (quien habiendo estado sentada todo ese tiempo junto a Flaky, fue groseramente ignorada), estando aburrida tanto o más que los otros dos.

Ante la mención del susodicho, la pelirroja sintió como sus mejillas se arrebolaban sin reparo alguno. Todavía no lograba habituarse a los fuertes latidos de su corazón golpeteando contra su pecho con sólo oír su nombre, a pesar de intercambiar textos con él cada vez con más frecuencia. De todas formas, todo en Flippy lograba azorarla.

Los demás siguieron con su charla omitiendo su estado vulnerable.

─¿Flippy? ¿En serio? ─ preguntaron consternados y curiosos los hermanos─ ¿Y qué te dice? ─ inquirieron sin intención de esperar respuesta, mientras Shifty arrebatada con premura el celular de entre las manos de la pelirroja (quien sumida en su pudor, aflojó el agarre que tan fuertemente había mantenido sobre el objeto).

Flaky despertó del trance que el nombre con F (que emoción, ¡su nombre también iniciaba con la misma letra!) producía en ella, volviendo de manera abrupta a la realidad.

─B-bueno, no lo sé─ respondió confundida─. Creo que sólo quiere ser mi amigo… ─murmuró cabizbaja, consciente de que al emitir esa afirmación en voz alta tan sólo la hacía más real y viviente.

La carcajada que lanzaron los gemelos al aire irrumpieron su melancolía, resonando por todo el aula, consiguiendo una fugaz mirada de advertencia por parte de Lumpy, que obligó al par a recuperar medianamente la compostura. Y aprovechando que toda la atención por completo del profesor estaba fijada en ellos dos, los demás se apresuraron a regresar a sus asientos correspondientes para nada deseosos de ganar una reprimenda por estar haciendo de todo menos la tarea estipulada.

Una vez recompuestos, siguieron con lo suyo.

─Ah, la inocencia─ suspiró Shifty, volviendo su atención al aparato electrónico leyendo toda la extensión de la conversación entre el par de tórtolos sin perder detalle alguno. Casi sentía lástima por el pobre chaval que tenía que lidiar con la ingenuidad de Flaky. Amigos, já.

Cuando Flaky, luego de dirigirle una mirada de «no me entero de nada» al de cabellos verdes, dispuesta a pedir una explicación al porqué de su hipótesis, fue interrumpida.

─Flaky, debes entender que cuando un chico te habla sólo quiere una cosa…─ le explicó tranquilamente Shifty, ante los asentimientos del otro, gesticulando con sus manos en un intento de incentivar a la pelirroja a que completara la oración. Pero al vislumbrar que seguía con la misma expresión de «no sé de qué me hablas», bufó resignado─. Sexo, mi pequeña, sexo.

En el momento en que completó la frase y justo un instante antes de que Flaky pudiera siquiera sonrojarse más de lo habitual, una goma de borrar impactó de lleno en la frente masculina justo por encima de las cejas, dejándolo KO cayendo de la silla por la sorpresa ocasionada.

─¡¿Qué carajos te pasa, mujer?! ─ le recriminó gritando Shifty a Petunia quien, sentada en el banco supremo colocado estratégicamente a la cabeza de los otros cuatro, fue la causante del mortífero proyectil.

La mencionada sólo lo observó con el ceño muy fruncido.

Un sonoro carraspeo interrumpió la futura batalla campal. El profesor Lumpy los miraba fijamente desde su escritorio, con los brazos cruzados, esperando a que o bien siguieran con su cháchara imparable o bien se dignaran a comenzar de una maldita vez el trabajo práctico.

─¡Pero ellos también están hablando! ─profirió indignado el muchacho señalando al grupo cerca de ellos, que también habían estado charlando animadamente.

─Sí, sobre el trabajo─dio como única respuesta el profesor.

Refunfuñando, Shifty levantó la silla del suelo acomodándola en su sitio. ¿Cómo podían estar hablando tan apasionadamente sobre un puto trabajo de mierda? Esos tipos no tenían sentido.

Y los siguientes aproximadamente diez minutos (que eran los que faltaban para terminar la hora cátedra), increíblemente se dedicaron a transcribir las respuestas del molestoso trabajo que el profesor tan impacientemente deseaba que entregaran. Era sorprendente cómo sólo se escuchaba el paseo del lápiz dejando marca sobre el rayado papel, resultando casi irreal que antes se hubiese producido en ese grupo una efusiva charla.

Cuando el preciado profesor tuvo frente a sí sobre su escritorio los trabajos de todos los equipos, sonrió satisfecho.

─Bien, eso es todo─ dijo antes de retirarse.

Y sólo un segundo después, los alumnos se dieron el lujo de estirarse y respirar aliviados. Por lo menos era el momento de descansar previo a la próxima, extensa y ardua hora de estudio.

─Sabes Shifty, pensándolo bien… ─llamó su atención Lifty, estirándose en el proceso─ ¿Te acuerdas de esa vez…? Ya sabes, la de aquella chica─intentó que recordara, ante la mirada entrecerrada del otro.

─¿Qué? ¿Qué chica? Muy bien, más les vale desembuchar─ apuró la siempre chismosa Giggles, sin intención de menguar su curiosidad.

─Eh, tranquila rosita─la calmó Lifty─. Sólo se trata de una chica con la que intercambiaba textos regularmente, algo así como le pasa a Flaky en este momento.

Giggles hizo un gesto con los ojos incitándolo a continuar, dispuesta a satisfacer su deseo de conocimiento ajeno.

─Y nada, en una de esas le dije "¿Quieres ver mi ****?" Y… empezó a salir con mi hermano─ terminó nostálgico, como si se tratara de un bello recuerdo.

Shifty asintió sonriente, pensando seguramente en aquella fémina.

Petunia miró contrariada a los presentes. ¿Es que acaso era la única cuerda entre todos ellos? O por lo menos la única que presentaba un poco de sentido común. La conversación que había estado presenciando desde el comienzo de la hora, cada vez se tornaba más extraña. Se suponía que debían darle consejos a Flaky, no traumarla con sus estúpidos juegos de Casanova.

Y además…

─¿Y por qué le dijiste eso? ─ preguntó estupefacta la de cabellos azules. Por más que intentaba –de veras lo hacía- comprender la mente de esos chavales, no lograba demasiado bien su cometido.

Lifty la observó como si fuera evidente.

─Quería dejarle bien en claro mis intenciones desde el inicio─ dijo con simpleza.

Su lógica era tan ilógica para los presentes que no tenía ni pies ni cabeza.

Algo aislada de la anécdota relatada, Flaky se percató de un pequeño detalle revelador, y era que aún y a pesar de que el tutor de la clase se hubiera ido hacía ya un buen rato, los alumnos seguían en lo suyo como si nunca se hubiera retirado, no separándose de los grupos que habían sido designados con anterioridad. Y eso podía significar sólo una cosa para ella: seguir hablando de su extraño vínculo con el señor F.

Y cuando creyó que la conversación no podría tornarse más extraña, Cuddles y Toothy (que pasaban casualmente por allí) hicieron presencia en el círculo social.

─¿De qué hablan, chicos? ─ preguntó cotilla el rubio, arrimando una silla al lado de Giggles.

─De que Flaky está saliendo con Flippy, ya saben─ contestaron los gemelos restándole importancia a esa errónea interpretación acerca de la relación (si es que siquiera podía llamarse así) de Flippy y Flaky. La aludida pegó un respingo al escuchar tan falsa afirmación, y es que ¡apenas estaban comenzando a ser amigos!... ¿o no?

─¿Flippy? ─inquirió confundido Cuddles─ ¿Y quién es ese?

Todas las miradas incrédulas se posaron en su persona, haciéndolo cuestionarse cuál de todas sus palabras emitidas había sido la causante de tal reacción colectiva, que estaba comenzando a incomodarlo tener tantas miradas coloridas fijamente concentradas en él.

─¿Cómo es que no conoces a Flippy? ─ fue Giggles quien expresó abiertamente lo que pasaba por la mente de todos.

El ignorante se encogió de hombros.

─¿Tú lo conoces? ─le preguntó a Toothy, sentado a su lado en otra silla adicional, buscando un compañero en su ignorancia recientemente descubierta.

Pero contrario a todo pronóstico, lo traicionó.

─Lo conozco─ante esa afirmación, Cuddles sólo atinó a estrujarse la zona del corazón con dramatismo, como si esas simples palabras fueran una bala dirigida directamente a su amistad compartida por tantos años. El otro prosiguió, ignorándolo─. Me dio un puñetazo en la boca y por eso no pude rendir un examen─ confesó con simpleza, como si nada.

─¡¿Qué?! Pero… ¿por qué? ─ inquirió estupefacta Giggles. No encontraba razón para pedir semejante favor.

El otro le restó importancia.

─Yo se lo pedí─ le dijo risueño, dejándola con más interrogantes─ Bueno, supongo que la señorita perfecta nunca usó frenos, así que lo explicaré con palabras simples para que lo entiendas─ la mencionada se indignó, ¿qué le pasaba, para tratarla así? No era idiota. Cruzada de brazos, lo miró fijamente con desconfianza y altivez─. Evidentemente, si te pegan en la boca y usas frenos, la sangre comenzará a brotar sin parar, ¿Entiendes? ─ esta última palabra la pronunció con lentitud, para enojo de Giggles.

─Eso no responde el porqué─le replicó ofendida.

─No había estudiado para ese examen─explicó─. Escape exitoso─sonrió satisfecho.

Sin proponérselo, una tensión un pelín pesada reinaba el ambiente otrora jocoso y animado, lo cual resultaba un poco molesto. Por lo que Shifty y Lifty decidieron que romperían ese momento tenso rápidamente, que lo que ellos anhelaban era entretenerse, no participar de un funeral. Por eso, el primero tomó nuevamente el celular de Flaky, releyendo la conversación entre los F.

─Eh, Lammy─llamó el mayor de los gemelos a la chica que pasaba por detrás de ellos, a punto de botar a la basura un arrugado envoltorio de chicles─ ¿Qué piensas de esto? ─le preguntó, mostrándole el aparato.

La mencionada frenó su andar, repentinamente interesada por lo que sea que le estuvieran mostrando. Guardó el papel en el bolsillo de su pantalón y se inclinó prestando total atención a la conversación que se presentaba frente a sí. Colocando una mano en su barbilla en un gesto de concentración, analizó detalladamente cada palabra que conformaban los extensos mensajes, intentando dilucidar algún secreto que podrían entrañar.

Luego de lo que Flaky creyó fueron los más extenuantes segundos de su vida, Lammy dio su veredicto.

─Tienes que lanzarte, Flaky─dictaminó.

Esa afirmación fue acompañada por ovaciones y silbidos de los presentes, que votaban a esa opción como la única viable y exitosa, alabando a Lammy como si hubiese dicho algo milagroso digno de alabanzas.

Y así, como sucede con todas las conversaciones donde una cosa lleva a la otra de manera sucesiva en un sinsentido, terminaron hablando de la vida amorosa de ¿Cuddles? Bueno, no podía decirse que Flaky no estaba feliz con esa vuelta de rosca, así al menos dejaban de lado su temita. Así que a pesar de tener un embrollo mental con respecto a sus problemas, decidió que lo mínimo que podía hacer era escuchar los de los otros, por lo menos por un minúsculo momento.

─Estaba yo con la chica de mis sueños ─ relataba el rubio─ sumamente nervioso pensando una y otra vez qué hacer. Estaba claro que debía besarla, pero no tenía ni idea de cuándo sería el momento perfecto para hacerlo…─contaba animado─ Creí que debía hacerlo en el cine, pero ella estaba tan enfrascada en la película que no me atreví a molestarla. Pero entonces, cuando la película terminó y yo pensaba en todo el trayecto de vuelta a casa «qué hago, qué hago, qué hago…», me cansé y lo besé de repente… frente a un funeral─ finalizó su relato, con risas secundándole.

Sin embargo, las risas cesaron interrumpidas por una chillona voz

─¡Espera un momento! ─ le gritó Giggles─ ¡Esa fue nuestra salida del fin de semana pasado! ─ le echó en cara al chico, como si tuviera la premisa del año.

No dispuesta a escuchar la respuesta del rubio, Flaky, aprovechando la distracción del momento y que sus compañeros se encontraban muy ensimismados en la extraña relación que pudieran mantener Giggles y Cuddles, se escurrió saliendo fuera del salón, algo agitada pero aliviada de que nadie se hubiera percatado de su ausencia repentina.

«Demasiadas personas» fue su último pensamiento previo a comenzar el paso a su lugar preferido.

Caminando tranquila, no vio la necesidad de voltearse en busca de los cotillas que eran sus amigos, dado que no creía que sintieran el apuro de seguirla hasta su destino, suponía que tenían cosas más interesantes que hacer más que andar de espías. Por lo que se permitió dar paso tras paso de manera relajada, sin prisa alguna.

En su andar por los pasillos, notó que estos en primera instancia se encontraban abarrotados de estudiantes por los cuatro costados, pero a medida que avanzaba más y más, los mismos iban disminuyendo en cuanto a personas pululando por doquier. Para cuando llegó a las escaleras (último nivel antes de llegar a su destino) no había nadie presente que pudiera vislumbrar.

Finalmente, abrió la puerta hacia la azotea, y la brisa fresca fue quien la recibió como todos los días que subía hasta allí.

Cerrando con cuidado, caminó con el viento golpeando su rostro hacia la orilla, con los codos recargados sobre el barandal que tan firmemente impedía siempre las inminentes caídas, observando desde allí arriba a todos los estudiantes que caminaban de un lado a otro o bien estaban sentados, ajenos a todo lo demás concentrados en sus propios problemas y en cómo resolverlos…

Suspirando, apoyó su barbilla en su mano izquierda. Mentiría si dijera que no le daba una y mil vueltas a su asunto con Flippy, y es que… hacia unas pocas semanas sólo se contentaba con verlo a lo lejos, percibiendo su presencia, y ahora que podía hablar con él cuando quisiera (por más que no lo hiciera por su infundado temor a incomodarlo) anhelaba más de lo que le gustaba admitir. Era increíble cómo todo cambiaba de manera tan fugaz, en un abrir y cerrar de ojos.

Y la conversación con sus amigos no hizo sino confundirla más. Si las cosas de por sí estaban de cabeza, ahora estaban dando vueltas sin sentido. Pensando sobre lo dicho en el aula, hacía que surgieran en ella posturas que se contradecían a su forma de ser. ¿Ella? ¿Lanzarse? Negó furiosamente con la cabeza con sólo pensarlo.

Estaba bien como estaba con Flippy.

Le gustaba mucho tenerlo como amigo, ahora que sabía que podían serlo, y hablar casi todos los días con él por más que se tratara de temas triviales e insustanciales.

Pero… últimamente una pequeña parte de ella que iba adquiriendo cada vez un mayor crecimiento, quería estar con él de una manera distinta. Una manera que dejara en claro lo que verdaderamente sentía por él. Una manera en la cual el título de "amiga" no era suficiente, para nada.

Tal vez… tal vez los demás después de todo sí tuvieran la razón en que tendría que lanzarse.

Sí. Tendría que hacerlo. Lo había decidido, lo haría a la mínima oportunidad que se le presentase, sin vacilar ni un momento.

─Oh… así que aquí es donde te escondes en los recreos.

Quedó paralizada ante el sonido de su voz, temerosa de que hubiera sido capaz de traspasarla en busca de sus últimos pensamientos. Girándose lentamente, lo vio.

Estaba sonriendo contemplando las múltiples plantas que se encontraban en distintos puntos del lugar, sin perder detalle alguno. Sin duda, Petunia y Handy hacían realmente un buen trabajo con el mantenimiento de las mismas.

Su corazón sufrió un vuelco cuando sin aviso previo, Flippy posó su verde mirada en ella. Cuando el chico se supo con su atención, se dirigió con paso seguro hacia Flaky, acomodándose precisamente a su lado, observando al igual que la pelirroja hiciera momentos antes, el barullo que se extendía debajo de ellos.

Al notar su actitud tan fresca como era lo usual, Flaky se puso nerviosa. Muy nerviosa.

«Esto no es una oportunidad. Definitivamente no lo es» pensó la chica al notar que estaban los dos solos, en una parte prácticamente apartada de toda la escuela sin ninguna posibilidad de inoportunas interrupciones. Apretó fuertemente la barandilla, sintiendo el frío metal bajo su tacto. «Esto no es una oportunidad» se repitió como un mantra, tratando inútilmente de convencerse a sí misma, con una sonrisa nerviosa asomándose en sus labios, sentía cómo lentamente comenzaba a sudar frío.

«¿O tal vez sí?» Lo miró de reojo, infundiéndose un valor que realmente no creía poseer, se giró completamente hacia Flippy. Sin embargo, antes de poder hacer cualquier otro movimiento, lo escuchó reír.

─¿Pero qué hace? ─ preguntó a nadie en particular mirando hacia abajo un punto fijo. Extrañada, dirigió su mirada hacia la misma dirección que el muchacho.

Splendid parecía estar discutiendo acaloradamente con alguien a quien Flaky tardó poco en reconocer. Era Lammy.

─¡Ya deja de humillarme! ─ le gritó histérico a la chica que, cruzada de brazos, no se dignaba a mirarlo.

─Ye te dije que te humillas tú solito─ le rebatió, cansada.

Rojo de la rabia, Splendid dio media vuelta y echó a correr por los pasillos sin mirar hacia atrás en ningún momento, pasando al lado de tres personas que parecía hablaban de algo de suma importancia.

─… y entonces lo poseyó el demonio─ contaba ensimismado Handy.

─ ¿El de moño? ─ se impresionó Giggles, con una mano cubriendo su boca.

Entonces el de cabellos anaranjados se dirigió a Petunia, observándola como un doctor mira a un familiar de un paciente con una enfermedad terminal. Petunia le indicó que no le diera importancia. Giggles era Giggles, esa era toda la respuesta necesaria.

Volviendo con Splendid, quien seguía corriendo como un desgraciado sin detenerse siquiera a recuperar el aire, paró en seco al sentir que alguien lo tomaba abruptamente del brazo. Se giró, por un momento extrañado y luego esperanzado.

─Aléjate de Lammy. Yo soy el único que puede acosarla.

Parpadeando una, dos, tres veces, Splendid se preguntó quién era este muchacho que trataba en vano de ¿amenazarlo? Ni siquiera podía definir con exactitud qué era lo que ese chaval quería de él.

Era un poco más bajo que él, de cabellos cortos y de un color más claro que el suyo.

─¿Quién eres? ─ inquirió por fin.

El muchacho misterioso pareció descolocado por la pregunta, lo que lo hizo aflojar el agarre.

─S-soy Truffles, voy a tu clase.

─¿Qué? ─ sentía cómo la ira volvía a aflorar en su cuerpo.

─Ya te dije, soy Tru-─ fue interrumpido.

─No me importa.

─¿Eh?

─Vete─ escupió hastiado.

Truffles abrió la boca dispuesto a replicar, pero al notar la seria y desafiante mirada azulada del otro, optó por salir corriendo de allí.

Splendid soltó un bufido. ¿Quién mierda era ese chaval y qué tenía que ver con Lammy? No lo sabía pero le molestaba. Demasiado. Primero ella y luego ese intento de pelo celeste. Se las pagarían.

Refunfuñando, se giró dispuesto a encaminarse hacia las aulas, pero paró en seco nuevamente al discernir a otro muchacho desconocido parado observando toda la escena desde hacía un buen rato.

─¿Y tú qué? ─ escupió.

─Yo ya me iba─ dijo nervioso.

Splendid, perspicaz como no era su costumbre, se percató de un pequeño detalle: ese muchacho desconocido no era tan desconocido como él creía.

Iluminándose su cara como si hubiese encontrado la respuesta a una difícil ecuación matemática.

─¡Tú! ─ le gritó, señalándolo con el dedo, frenando el andar del otro que se esforzaba inútilmente en pasar desapercibido─ Tú y ese otro chico rubio fueron los que me mojaron el otro día en la calle.

Al saberse descubierto, Toothy echó a correr no dispuesto a pensar en las consecuencias que sus actos acarrearían.

─¡Oye! ─ le grito Splendid.

Y fue tras él.

Flippy se preguntaba por qué diablos su amigo había salido corriendo luego de hablar de quién sabía qué con esa chica.

Le restó importancia, los asuntos que rodeaban a Splendid muy a menudo eran bastante estúpidos, de todas maneras estaba seguro de que en un par de horas iría hacia él para contarle su desgracia del día.

─Oye, Flaky…─ se giró a mirarla y quedó sorprendido, conteniendo la risa, le preguntó─ ¿Qué es esa cara?

Lanzó una carcajada, para luego cubrir su boca con la mano intentando refrenar la próxima e inevitable que surgiría tras la otra.

En efecto, el rostro de Flaky se había tornado en un gesto un tanto extraño visto de forma exterior, mas que sin embargo, para ella significaba el rostro representativo de la determinación. Porque sí, la pelirroja estaba decidida a lanzarse lo que conllevaba poner todo su empeño en ello. O eso creyó hasta que Flippy se rio en su cara.

Se desinfló soltando el aire que sin quererlo había retenido.

─Lo siento, Flaky, es que estabas haciendo una mueca muy graciosa─ le explicó, acariciando su rostro en un gesto que tomó totalmente desprevenida a la muchacha quien, transparente como era, no fue capaz de ocultar su sorpresa ante tan sutil tacto, y Flippy se percató de ello, alejando rápidamente su mano como si de repente quemara─L-lo siento─ se disculpó, aunque Flaky no supo muy bien porqué.

La chica, ensimismada aún por la caricia que había recibido del señor F, palpó lentamente el lugar de su rostro que había sido bendecido por el tacto del chico que la volvía loca, justo en la mejilla. Y decidió que nunca volvería a lavar esa parte de su cara.

Y ahí se iba volando su oportunidad de lanzarse.

─¿M-me buscabas para algo? ─ le preguntó a Flippy, quien extrañamente estaba sonrojado mirando hacia cualquier otra parte que no fueran sus ojos.

El aludido pareció algo aturdido al escuchar su voz, pero luego su rostro se iluminó.

─¡Cierto! Splendid lleva molestando desde hace tiempo con que quiere un helado, a pesar del frío de mil demonios que hace─ le explicó, revolviendo sus verdes cabellos (Flaky advirtió que hacía eso cada vez que la invitaba para ir a algún sitio) ─Así que… ¿Quieres venir con nosotros?

─¡Sí! ─ respondió sin vacilar, sorprendiéndose de su propia voz firme. ─Pero… tengo educación física, y no salgo sino dos horas más tarde de la hora de salida…─ le dijo, bajando cada vez más el tono de voz al pensar que presentaría un inconveniente para el chico.

Flippy le restó importancia.

─Sí, lo s-─frenó su hablar de repente, dándose una cachetada mental─ Quiero decir, no hay problema, te esperaremos.

Flaky sonrió de manera abierta, feliz de que pudiera ir con él. El corazón del muchacho saltó.

─En realidad vine también por otra cosa─la chica lo miró confundida. ─Quiero continuar con lo que dejamos pendiente el otro día, en el centro.

¿En el centro?

La puerta que llevaba a la azotea se abrió con estrépito saliendo fuera a trompicones un agitado Cuddles seguido de Toothy quien lo empujaba desesperado para que se apurara en salir.

Una vez fuera, y trabando la puerta con lo que encontrasen, los intrusos les dedicaron una mirada de desconcierto hasta que recordaron que estaban ahí por una razón: esconderse.

Parecían haber encontrado el escondite perfecto, pero antes de siquiera dar un paso hacia él, la ya maltratada puerta volvió a abrirse saliendo ahora un enfadado Splendid, que tras dedicarles también una mirada a los tórtolos, recordó que él no había sido el único afectado por algo que habían hecho sus víctimas. Fue un efecto en cadena, en realidad. Si ellos no hubiesen despertado de tal manera a Splendid, él no hubiese interrumpido a Flippy en su íntimo momento con la pelirroja.

El superhéroe sonrió maliciosamente.

─¡Flippy! ─llamó─ ¡Ellos son los que me despertaron! ─acusó, señalándolos con el dedo. El muchacho no necesitó mucho más para entender a que se estaba refiriendo.

La gélida mirada que Flippy les dirigió al par de desgraciados, heló su sangre al punto en que verdaderamente comenzaron a temer por su vida.

Repentinamente, las nubes que hasta ese momento habían cubierto gran parte del cielo tapando la majestuosidad del sol, se apartaron milagrosamente, haciendo que un brillante rayo de la enorme estrella iluminara con todo su esplendor a Flaky, escuchándose de fondo las voces del coro de la escuela. Splendid se preguntó si ensayarían a esa hora del día.

Arrastrándose por su vida, Toothy y Cuddles fueron hasta la muchacha, sabedores de que sería su única opción de salvación.

─F-Flaky, ayúdanos por favor─ le rogaron, mirando aterrorizados a los otros dos.

Flaky caminaba sonriente por los pasillos de la escuela, extrañamente de buen humor. Resultaba fascinante el hecho de que con tan sólo ver a Flippy, una sonrisa apareciera un su rostro permaneciendo durante todo el resto del día. Aunque debía admitir que le hubiese agradado pasar un poco más de tiempo junto a él, allí en la azotea, con el viento como testigo. No entendía por qué le había pedido de manera repentina y tan amablemente que volviera al salón, no sin antes recordarle que la esperaría para ir a tomar ese helado. Encogiéndose de hombros le restó importancia, seguramente tendría asuntos que atender con Cuddles y Toothy junto con Splendid, algo privado de hombres que ella no podía presenciar de ninguna manera. Sí, probablemente se trataba de eso.

Tan ensimismada estaba en su recuerdo con Flippy, que casi no se dio cuenta de que alguien la estaba llamando.

─¡Eh, Flaky! ─ dijo Shifty, dirigiéndose hacia ella junto a su hermano─ Te dejaste el celular en clases─ le entregó el aparato, y se alejaron riéndose entre sí, a la par que Lifty le palmeaba la espalda a la chica mientras el otro le revolvía los cabellos, negando con la cabeza.

La muchacha, inocente, los observó irse sin entender a qué se debía su actitud, hasta que deslizó la pantalla de su celular desbloqueándolo y por poco se desmaya.

La galería estaba abierta.

La galería que contenía las fotos borrosas que le sacaba a Flippy en secreto. Ya no tan secreto, al parecer.

Tambaleante, se dirigió al salón en busca de su mochila para cambiarse de ropa y terminar de una vez por todas el maldito día escolar e ir con Flippy a su no cita junto con Splendid.

La profesora las había hecho trotar sin parar cerca de quince minutos aproximadamente. No era demasiado, en realidad, pero el ritmo que llevaban las había dejado exhaustas y preguntándose si tendrían que correr más o menos tiempo en el examen que debían rendir en cualquier momento. Pero no era del todo malo, al menos no para ella. Así podían entrar bien en calor obviando los tediosos y agotadores abdominales. Lo que sí fue un verdadero problema, era la desnivelada superficie llena de pozos y algunos matorrales que les dificultaban un trote uniforme logrando agotarlas aún más rápido de lo habitual. Flaky no pudo evitar comparar la situación con una carrera de obstáculos, preguntándose si Flippy tendría que entrenar de manera similar cuando entrase a la armada. Negó con la cabeza, seguro sería peor.

Cuando pararon para tomar agua, la pelirroja se acomodó su cola alta que había quedado toda enredada y despeinada por la corrida, y rió al escuchar a Giggles despotricar contra la profesora y sus, según ella, poco ortodoxos métodos de enseñanza.

Luego de esa pequeña entrada en calor, se designó que practicarían un deporte del cual las chicas no habían escuchado hablar en sus vidas que consistía básicamente y en resumidas cuentas, en lanzarse un frisbee haciendo pases (aplicando similares reglas que en la mayoría de los deportes) y anotar puntos.

Al principio Flaky creyó que sería sencillo, a pesar de que se le daba bastante mal todo lo referido a anotar goles y sobre todo lo relacionado con balones, pensó que si ponía un poco de empeño en ello, lograría por lo menos concretar un buen pase.

Pero no fue así, el bendito frisbee se le caía de las manos cada vez que alguna de sus compañeras se compadecía de ella y se lo lanzaba. ¿Cómo es que era tan jodidamente complicado? Aunque debió de haberlo supuesto, recordando que en la práctica previa al partido "real" se le había dado fatal.

Fue en uno de esos pases fallidos en que Petunia lanzó el frisbee tan alto que Flaky no logró alcanzarlo ni aunque supiera hacerlo, que el mismo salió de los límites de la cancha ahondando en la otra punta del campo llena de matorrales que no habían recibido una podada en años. El objeto golpeó contra la reja para finalmente quedar atorado entre los pastos.

Flaky se ofreció a ir a buscarlo al notar la reticencia de su amiga de sumergirse en tan mal cuidado y probablemente sucio recóndito lugar.

Cuando estaba llegando hasta allí, vislumbró a dos de los amigos de Flippy, se acercó más dispuesta a saludar.

─Pero si es la pequeña Flaky ─exclamó Mouse Ka-Boom desde el otro lado del enrejado. Flaky le sonrió en respuesta, preguntándose qué hacían ellos allí.

─¿Problemas con el frisbee? ─le preguntó Sneaky al ver el objeto que sostenían las manos femeninas, dándole una última calada a su cigarro, tirándolo al suelo y pisándolo.

Flaky río nerviosa.

─B-bueno, sí. Se me dificulta atraparlo en el aire─. Les explicó.

Sneaky asintió, analizando la situación.

─¿Y por qué no pruebas agarrándolo así? ─ Le recomendó, haciendo un ademán con sus manos como si tomara el frisbee aplastándolo con sus palmas, semejante a un sándwich.

─¿Así? ─ Preguntó la chica, haciendo lo propio pero con el objeto en cuestión.

Ante la afirmativa del más alto, le sonrió y agradeció, dispuesta a ponerlo en práctica. Saludándolos con la mano, volvió a la cancha.

Los otros dos se sentaron en el pasto, observando como a la distancia las chicas empezaban nuevamente la partida. Prestaron especial atención cuando la chica de pelo lila le lanzó el frisbee a Flaky, y ésta pareciendo concentrada, por primera vez logró atraparlo. Repentinamente emocionada, volteó hacia ellos sonriéndoles abiertamente, a lo que Sneaky y Mouse Ka-Boom levantaron un pulgar en señal de aprobación, sonriéndole también.

─Me agrada esa chica─. Soltó de pronto Mouse ─ ¿A qué espera Flippy? ─ le preguntó como si el otro tuviera la respuesta.

─No lo sé.

─No entiendo porque siempre dan dos cucharas para el helado, ¿no basta con una? ─cuestionó Splendid observando con intensidad la pequeña cuchara de plástico que sostenía entre sus dedos antes de clavarla en el postre y… partiéndola en el proceso.

─Por idiotas como tú que no saben cómo usarlas─contestó Splendont sentado a su lado.

─Tú cállate, colado─ le regañó Splendid al pelirrojo sin darse cuenta de que él era quien hacía mal tercio.

Flippy se reía de la situación mientras Flaky tiraba lejos la cuchara que también se le había partido, riendo nerviosa.

Y ahí estaban, en el patio de comidas de aquel gran centro comercial disfrutando tranquilamente de los deliciosos helados.

Pero Flaky estaba sufriendo internamente. Cada vez que se presentaba un momento en donde podía debatir tranquilamente en sus pensamientos, lo que le había dicho Lammy volvía una y otra vez a su mente por más que intentara repelerlo. La frase «Tienes que lanzarte» estaba tan incorporada a su cerebro que no podía despegarla con nada, y por más que escasas horas atrás se había decidido a hacerlo, ahora no estaba tan segura. Negando con la cabeza, comió más rápidamente de su helado a fin de congelar ese pensamiento al cual no quería seguir dándole más vueltas.

Sin embargo no fue una buena idea, y se dio cuenta de ello cuando el congelamiento cerebral no se hizo esperar.

La cara que mostró debió haberla delatado, porque Flippy le preguntó si se encontraba bien. Ante el asentimiento de ella, dejó de insistir.

Flaky levantó la mirada, buscando a los otros dos.

─¿Dónde están Splendid y Splendont? ─ preguntó al muchacho, al no vislumbrarlos en ningún sitio.

─Se fueron hace un rato murmurando algo sobre una reunión familiar de emergencia.

La pelirroja hizo un sonido de asentimiento, y siguió disfrutando de su helado como si nada hubiese ocurrido en realidad. Pero sí había ocurrido algo, y llegó un punto donde no consiguió acallar los latidos de su corazón al saberse sola con Flippy. No era la primera vez que sucedía eso, sin embargo en esta ocasión toda la situación en general se asemejaba más a una… cita.

Flaky se cubrió con las manos el rostro, repentinamente acalorado. Esa simple palabra hacía que miles de fantasías cruzaran por su mente, y todas ellas tenían algo en común: culminaban con un beso.

Pero esa emoción que la invadió fue rápidamente ocupada por la cordura. Debía recordarse a sí misma que ellos dos eran amigos, sólo eso. «Pero no por mucho» se echó porras mentalmente.

Aún así, no sabía sobre qué sacar un tema de conversación. Temía que un silencio incómodo se formara luego de haber terminado sus helados, por lo que debía actuar, y rápido. Intentaba pensar a máxima velocidad sobre qué conversar, pero nada llegaba a su mente.

Y así quedaron un buen rato, callados.

─¿Quieres ir a caminar? ─ propuso el de cabellos verdes, señalando el centro comercial que se alzaba en todo alrededor ─. Seguro encontramos algo que hacer.

Flaky asintió, pensando que sería una buena idea después de todo, aunque algo enojada consigo misma por no haber sido ella la de la propuesta.

Entonces eso hicieron, apegándose al plan mencionado. Caminaron sin rumbo fijo entre el inmenso centro comercial, pero contrario a lo pensado, no encontraron verdaderamente algo que hacer. Bueno, si estar tomados de la mano con cada uno mirando en dirección opuesta del otro con los rostros encendidos en felicidad no era considerado algo que hacer.

Flaky aún no entendía cómo fue siquiera capaz de tomar la iniciativa del contacto. Sólo pensó que si luego se iba a arrepentir de algo, sería de haberlo hecho que de no hacerlo.

La mano de Flippy era cálida. Cálida, callosa y grande. Rasgo que le atraía bastante en los chicos…

Envalentonada por la acción que había concretado empezó a charlar sobre cualquier cosa que se le cruzaba por la cabeza.

Flippy la escuchaba atentamente aportando temas a la conversación cuando sintió un choque en su pierna. Al girarse vio detrás de él a un niño de no más de tres años sobándose la cabeza y mirando en todas direcciones confundido, la mirada que le dedicó el padre fue suficiente para que volviera a mirar al frente como si no hubiera pasado nada y seguir escuchando a Flaky que relataba una anécdota.

─Flaky─ la cortó abruptamente─ En serio, y créeme que en serio quiero seguir escuchándote hablar pero…─ la mencionada lo observó, expectante─ Tengo que ir a mear.

─Ah, p-perdón─ se disculpó, avergonzada porque era la primera vez que hablaba tanto al punto de no dejar hablar al otro. Y peor, de no permitirle ir al baño─. C-claro, ve tranquilo, yo te espero aquí.

Flippy soltó la mano femenina y dio unos pasos dispuesto a ir hacia su destino, pero de forma abrupta frenó su andar y retrocedió hasta volver con Flaky.

Tomó ambas manos de la chica y la miró firmemente a los ojos.

─Realmente me gusta cuando te abres así… conmigo─desvió su mirada, mordiéndose el labio inferior. Volvió a mirarla, sonriéndole de lado.

Flaky, estupefacta por esa especie de revelación que había ocurrido, sólo se dedicó a observar la ancha espalda del muchacho que se alejaba.

Sonriendo como boba, se sentó en un banco hecho de legos gigantes, dispuesta a esperarlo.

─¿Pero qué tenemos aquí?

Tan ensimismada se encontraba en su mundo feliz, que pegó un salto al ser arrancada violentamente de su felicidad. Miró hacia arriba, de dónde había provenido la voz masculina.

Y se sorprendió al ver dos siluetas frente a ella.

Flippy no daba más de la dicha que sentía. Estaba seguro de que si su cuerpo fuera alguna especie de contenedor, en ese preciso momento estaría rebosante, a punto de desbordarse. Pero qué rayos, ya hasta era capaz de pensar metáforas.

Luego de lavarse bien las manos (muy a su pesar, no quería hacerlo luego de tomar las tan pequeñas de Flaky), salió del baño listo para proseguir con su cita (sí, para él eso era) con la fémina.

Un tic apareció en su ojo al discernir la escena que se alzaba frente a él.

Flaky, tan pequeña como siempre y más si se encontraba sentada, frente a unos tipos con capucha desconocidos.

Dispuesto a decirles un par de cosas con sus puños a esos sujetos, se encaminó hacia ellos a pasos agigantados y pesados, intentando voluntariamente que sus bototos resonaran en el encerado piso a fin de hacer notar su presencia.

─Eh, Flippy.

Paró en seco su arremetida al notar quiénes eran los desconocidos.

─¿Qué hacen aquí? ─inquirió desconfiado.

─Ah, nada, sólo vinimos a saludar─ respondió Sneaky encogiéndose de hombros.

─Y como Flaky estaba aquí sola… supusimos que la habías dejado plantada─le dijo Mouse Ka-Boom, palmeando el hombro femenino.

Flippy se acercó veloz y tomó a la pelirroja de la muñeca, tironeando para que se levantara.

─Pues supusieron mal.

Como una muñeca de trapo. Así se sentía Flaky cuando ni tiempo tuvo de despedirse del par de amigos al Flippy comenzar a caminar con ella obligatoriamente detrás, haciendo resonar nuevamente los bototos contra el suelo, con ese sonido que tanto le gustaba.

─¿Ya vamos a casa? ─se atrevió a cuestionar, al ver que se dirigían a la salida.

─Sí, te acompaño─contestó. Una vez fuera frenó su andar. ─¿Pero qué carajos…?─Exclamó perplejo al ver los enormes charcos que ocupaban gran parte de la calle.

─B-bueno, al menos ya no llueve─dijo la pelirroja y luego alzó la vista al cielo. ─Y no creo que vaya a llover pronto.

Estaban esperando a que el semáforo les diera paso para cruzar cuando un camión pasó por enfrente de ellos. No hubiera sido problema si las calles no estuvieran totalmente encharcadas y no hubieran quedado completamente empapados. A lo lejos se pudo escuchar el claxon del camión como si quisiera disculparse.

─Lo hizo a propósito ─dijo Flippy, que, intuyendo lo que pasaría, estaba en peor condición que Flaky al protegerla con su cuerpo.

Y así a la par que el sol se iba ocultando cediéndole amablemente su lugar a la noche, Flippy por completo empapado prácticamente chorreando, y Flaky, en mejor estado, se dirigieron a la casa de ésta. Como les parecía algo incómodo viajar en esas condiciones, optaron que lo más razonable sería caminar. Estaban un poco lejos, sí, pero sin que lo supieran ambos creían que el camino se haría más liviano al estar juntos. Esta vez fue el muchacho quien lentamente deslizó su mano entre la femenina, apretándola levemente.

Una sonrisa adornaba ambos rostros.

La puerta caoba se abrió dejando ver a una señora pelirroja algo regordeta con un delantal a cuadros marcando su curvilíneo cuerpo, con una mueca de sorpresa adornando su redondo rostro al notar la apariencia de los individuos apostados frente a su casa, uno desconocido hasta el momento y otro no demasiado.

Tanto Flippy como Flaky no contaban con que en el extenso trayecto se toparían con charcos algo profundos y lodo por doquier, intérpretes de los obstáculos que debían superar para poder llegar sanamente a su destino. Aunque, y no podían negarlo, fue divertido. Especialmente en los momentos en que la pelirroja resbalaba por cada tres pasos que avanzaba, generando que el chico tuviera que asirla con más fuerza para evitar un nuevo tropiezo que evidentemente, era ineludible.

En una de las deslizadas de Flaky, fue prácticamente imposible que, al estar tan fuertemente agarrados de las manos, Flippy cayera junto a ella. Y así, terminaran terriblemente embadurnados de barro en cada recóndito lugar de sus ropas y cabellos.

Por lo tanto, claramente la muchacha no dejaría marchar a su amigo en tales condiciones, no señor. Entonces, haciendo caso omiso a sus negativas, prácticamente lo obligó a entrar a su casa y cambiarse. Y no sólo ella. Su madre también cooperó con la insistencia, alegando que a pesar de no conocerlo no permitiría que anduviese con tales pintas por su casa (porque indiscutiblemente se quedaría a cenar con ellas).

Riendo nervioso, finalmente Flippy aceptó la invitación.

En primera instancia, pasaría al baño donde la doña del hogar le otorgaría algunas prendas del señor del hogar, por más incómodo que se sintiera al usar las ropas de su no-suegro.

Fue cuando se había despojado de las prendas que cubrían su torso, que la puerta de la higiénica habitación se abrió tan repentinamente que ni tiempo le dio a cubrirse.

─No te avergüences, no es la primera vez que veo un torso desnudo─ le restó importancia la madre de Flaky, ante el pudor del otro. Una vez dentro, le entregó el cambio de ropa─ Pero Flaky es otra historia, no tiene permitido ver tal magnitud de cuerpo masculino─ le advirtió, haciendo que se sonrojara aún más intentando en vano explicar que ellos no mantenían ese tipo de relación─Por lo menos hasta cumplir los dieciocho─agregó, guiñándole un ojo.

Flippy quedó estupefacto, pero sacudiendo la cabeza, terminó por vestirse.

Al salir, se sintió algo descolocado al estar en la casa de la chica que semanas antes ni le hablaba. Los giros de la vida podían ser bastante drásticos.

Un poco cohibido, se dirigió a la sala de estar de donde provenían las voces femeninas. Acercándose a ellas, notó que Flaky lo observaba con una sonrisa que expresaba disculpas y satisfacción de manera simultánea.

Al advertir que la mesa estaba dispuesta sólo para tres personas, se atrevió a preguntar si el padre no cenaría con ellos, lo que la pelirroja más joven desmintió alegando que ese día trabajaba hasta tarde y que lamentablemente no podría conocerlo. Flippy pensó que bueno era no poder conocerlo en ese momento en particular, pero claro que no se lo hizo saber a la chica, era información irrelevante de manera momentánea. No anhelaba especialmente que la primera impresión que le causase al padre de Flaky fuera precisa e irónicamente, cubierto de lodo.

La cena transcurrió sin demasiados contratiempos además de ocasionales comentarios y preguntas que la amable mujer hacía sin escrúpulo alguno, causantes de más de un sonrojo en los jóvenes. Más tarde Flippy le preguntaría a Flaky si su madre estaba evaluándolo o algo similar, a lo que ella respondería que a su progenitora sólo le agradaba hacer preguntas.

Finalmente, despidiéndose de ambas y ya con sus ropas secas y limpias, Flippy retomó el camino a su casa.

Aún en la puerta, y luego de escuchar el leve suspiro de su hija, la madre habló:

─¿Por qué no te lanzaste, Flaky?

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Notas de autor

Hola a todos! Finalmente, capítulo 2. Me costó horrores terminarlo.

A veces siento que cargo con demasiadas escenas los capítulos, pero luego me reconforto diciéndome que este fic se llama "Flaky y los gamberros" no "Flaky y Flippy" (lo siento hombre, tendrás que compartirla)

Espero esta continuación les guste tanto o más que el capítulo 1.

En fin, nos leemos!

CornPie~