1. Hogar, dulce hogar
— Lisanna —
Se levantó sofocada por las altas temperaturas, mareada por la ausencia de comida en su estómago y hastiada de los gritos que la despertaron de forma prematura. De nuevo, su hermano y Ever discutían por alguna memez sin importancia que en cuestión de unas horas acabarían olvidando, para después, iniciar otra disputa carente de sentido. Le rugieron las tripas cuando el dulce aroma de los crêpes se adentró en los orificios de su nariz. Incluso con la distancia entre su cuarto y la cocina, pudo deleitarse con el aroma de los alimentos que su hermana mayor preparaba. Lisanna esbozó una fugaz sonrisa, a pesar del escándalo de fuera se alegraba de compartir un mismo techo con sus hermanos. «Un mismo techo...», se repitió observando con nostalgia las mohosas paredes que la cubrían.
«Hogar, dulce hogar» se dijo mientras las acariciaba con las pupilas.
Su habitación era la más pequeña de la casa, oscura y fría en invierno; tenue y templada en verano. Con una ventana que daba a un patio de luces, la iluminación de la estancia era casi imperceptible, a menudo, recurría a la lamparilla que se aposentaba en la mesita. No fue necesaria su intervención en aquella ocasión, ya fuera porque los débiles rayos de luz le permitían visualizar su cuarto o porque ya estaba acostumbrada a moverse en aquellas condiciones. Posó los pies con cuidado entre las maletas que yacían a medio hacer en el suelo, donde montones de prendas de ropa se amontonaban de cualquier manera entre una diversidad de objetos personales, muchos de ellos almacenados en cajas de cartón. Rebuscó entre el desorden, maldiciéndose por no sacar ni un segundo para organizar todo el caos acumulado. Finalmente, la halló. La blusa más holgada de todas las que poseía se le presentó medio arrugada entre sus manos, no fue fácil encontrarla entre una gran cantidad de prendas de corta tela. Bufó desganada, lo que menos le apetecía ahora era mostrar su cuerpo...
Compensó la largaría del blusón azulado que portaba con unos shorts claros que asomaban su tela bajo la prenda superior y dejaban sus blancos muslos al descubierto. Una vez arreglada, removió su flequillo con cuidado hasta dejarlo perfecto y salió de su cuarto.
Un calcetín usado pasó por delante de sus narices, estampándose en el careto de su hermano.
—Te he preguntado que dónde está mi sujetador print animal —la castaña lo desafiaba con una ceja alzada y los brazos en jarra.
—¡¿Me acabas de tirar un calcetín sucio?! —el aludido sujetaba la prenda anonadado— Y te repito que yo no me pongo tu ropa interior. Tú sabrás dónde lo has metido.
—¡Elfman Strauss! ¡¿Me estás echando la culpa del desorden de tu cuarto?! —indignada, se acercó al albino mientras Lisanna intentaba pasar entre la pareja sin necesidad de meterse por medio.
—¡Te recuerdo, cariño, que fuiste tú quien insistió en que almacenara las cosas cuanto antes! —reprochó el hombre ofuscado.
—¡Y yo te recuerdo, cariño, que el último que me quitó ese sujetador fuiste tú!
La castaña avanzó tanto que su cuerpo rozaría el del joven si no fuera porque acorralaron a Lisanna entre ellos. La joven albina los separó extendiendo sus brazos para salir del aprieto.
—Ah no, me niego a escuchar sobre vuestros asuntos de cama. —les reclamó dejándolos atrás con sus riñas y dirigiéndose hambrienta hasta la cocina.
Dentro de ésta, su hermana cocinaba de espaldas a la puerta mientras tarareaba alguna canción. Un rubio fornido saludó a la pequeña de los Strauss con un ademán de cabeza mientras sorbía una taza de café, Mirajane se giró con los crêpes listos para servir y se topó con los ojitos brillantes de su hermana.
—Buenos días Lis, no te esperaba tan temprano. —se acercó y rozó con sus labios la frente de su hermana menor— ¿Quieres qué vierta un poco de chocolate por encima?
La muchacha asintió en silencio y se sentó junto a Laxus, quien la escrutaba desde sus fríos ojos. Lisanna se encogió, intimidada por la intensidad de su mirada. Lo conocía desde hacía años y mantenía una buena relación con su cuñado, pero los silencios que tanto agradecía una siempre atareada Mirajane, a Lisanna le incomodaban. Prefería el bullicio eterno de su hermano mediano siempre ajeno a su entorno, que las miradas analizadoras del rubio capaces de descifrarlo todo.
Comieron acompañados de la charla de la mayor, narrando las aventuras de su última velada en su empleo nocturno. La joven Stauss buscó abstraerse con la charla, evitando un mero gesto de preocupación. Muy a su pesar, su ceño se frunció al fijarse en la notificación que aparecía pegada en el frigorífico. «Dos meses», se repitió apenada. Inconscientemente, sacudió su blusa y tragó con desespero una porción del desayuno, sin vislumbrar la mirada inquisidora que el rubio le dedicó.
—... Y antes de cerrar, Cana los obsequió con uno de sus divertidos espectáculos que tan famosa le hicieron cuando trabajaba para aquella cadena local de adivina. Los clientes la vitorearon con alegría y abandonaron el local al grito de ¡larga vida a la Ebria Pitonisa! —Mirajane rompió en sonoras carcajadas aguantándose para no expulsar los dulces por la boca— ¡Hicimos más caja que en las dos últimas semanas! No está mal para llevar tan poco tiempo. A este paso, su local acabara siendo el más exitoso de la zona.
—Lo que me preocupa es que no acabes destrozada aguantando el peso de dos empleos. —espetó consternado Laxus. Ella lo miró con una pícara mirada y antes de que pudiera reprocharle más, introdujo a la fuerza un pedazo de crêpe en la boca del rubio.
—Calla y come, anda. No soy la única que se está sobre exigiendo. —el joven fue a recriminarle, pero la albina se le adelantó cambiando de tema con destreza. Una de las múltiples habilidades de la audaz Mirajane...
Lisanna arrugó la nariz preocupada, rememorando las palabras de su hermana mayor. Mira se desvivía por sacar adelante sus dos trabajos y obtener tiempo para su familia, mientras Elfman hacía horas extra que cada vez acentuaban más su mal humor. Incluso Laxus y Ever se esforzaban por colaborar. Todos aportaban su granito de arena. Todos, a excepción de ella. Y nada le hacía sentir más inservible que aquella situación.
Era la pequeña de la familia y la primera en muchas generaciones que iniciaría la universidad. Para sus hermanos era todo un orgullo y se negaban por completo a que la situación frenara los sueños de la pequeña de los Strauss. Trabajó duro hasta sacar adelante los cursos, dedicó muchas horas de estudio y sacrificó parte del tesoro de su adolescencia. Toda su etapa de instituto se sustentó con el objetivo de alcanzar su meta, en muchas ocasiones, dejó de lado sus relaciones personales mientras veía como sus amistades iban menguando. También dejó que la falta de tiempo deteriorara su relación con Natsu... Afortunadamente, él era de los pocos que continuaban a su lado.
«Y sin embargo, ahora la he cagado por completo» meditó conmocionada.
Unos brazos gruesos y morenos rodearon su cuello en un intento de ternura. Su hermano, ajeno a sus pensamientos, la estrujó con cariño y borró por un instante sus tormentos.
—Lis, en unos días empezarás las clases. ¿No estás emocionada? —bramó con euforia el albino. Lisanna le contestó con una cálida sonrisa.
—Eso, sonríe. Cuando compruebes lo duro que es competir continuamente para destacar en tu campo y ser la mejor, abandonarás ese gesto tan bonito que se dibuja en tus labios. —exclamó melodramática su cuñada.
—¡Oye! No le quites la ilusión a mi hermanita. —replicó Elfman. Ever tapó su boca para impedirle hablar y acercándose más a Lisanna, contraatacó.
—Ni lo escuches. Cuanto antes te prepares para la realidad, mejor. Que mírame a mí, —posó con delicadeza una palma sobre su esternón— no fue hasta primero de moda que necesité corrector para taparme las ojeras, gracias a lo cual he logrado acabar siendo de las primeras en mi promoción. —cambió su gesto de orgullo por uno de cólera— ¡Incluso con la zorra de Laki intentando quitarme el puesto!
Elfman ignoró el arrebato de ira de su novia y continuó la trifulca por el desazón que inducía en su hermana. Segundos después, la pareja reanudó su apasionada discusión abandonando la sala, al tiempo que las dos hermanas y Laxus ponían los ojos en blanco agotados. Lisanna echó una última mirada a sus acompañantes y se levantó.
—¿Te marchas? —cuestionó su hermana apurando el chocolate de la taza, mientras Laxus recogía la mesa.
—Hay una reunión informativa para los de primero, regresaré para cenar.
Antes de abandonarles, Mirajane sorprendió a su hermana y la sujetó del brazo, apoyando sus suaves labios en la frente de la pequeña albina. Acarició sus tersas mejillas con delicadeza y susurró.
—Estoy muy orgullosa de ti, Lis.
Las palabras la golpearon, vaciando su cuerpo hasta dejarla seca. Lisanna asintió y se fue, mas por dentro lo negó todo. «Cualquier cosa menos suscitar orgullo», pensó abatida.
Una vez cerrada la puerta, la pareja se inspeccionó con la mirada. No eran necesarias las palabras. Algo ocultaba la muchacha y no tardarían en descubrirlo. El rubio se colocó los guantes para fregar los cubiertos, mientras Mirajane limpiaba la mesa.
—¿Quieres qué indaguemos? —preguntó receloso. Ella meditó su respuesta en silencio.
—No. Forzarla a hablar no es mi estilo, —añadió divertida— aunque sea ese el tuyo. —él arrugó el gesto, fingiendo desaprobación— Lo hará a su debido tiempo. —rodeó el cuello del rubio y se posicionó ante él de puntillas— Casi no tenemos momentos de descanso como éste, aprovechémoslo. —musitó seductora.
Sin meditarlo, la agarró de los muslos con los húmedos guantes y la depositó sobre la mesa de la cocina. Ella lo acercó con sus piernas y mordió su fuerte mentón. A lo lejos, unos sonidos de muebles que chocaban y objetos que volaban los sacó por un instante de su embrujo. En la otra punta de la casa, otra pareja vivía la pasión a su manera. «O se están pegando, o hacen lo mismo que nosotros» se dijeron entre pensamientos, tan conectados como las carcajadas que los acompañaron.
Y entre besos y caricias, se fundieron como el chocolate que se derramaba por la encimera de la cocina...
— Natsu —
Happy se restregaba por sus tobillos aclamando un poco de atención. La razón no era otra que los potes de comida que el pelirrosa vertía sobre el comedero del minino. Paté de trucha, el preferido del gato azulado que lo acosaba desde los pies. Natsu se arrodilló para colocarle la comida y el felino maulló agradecido. El joven bostezó adormilado, se metió un par de billetes en los bolsillos y se dispuso a marcharse. Antes de partir, el sonido de las arcadas seguidas de un río de vómitos en el interior del cuarto de baño lo alentó. Al menos, su hermano no había abandonado la vivienda...
Salió a la calle, revisó la hora en el móvil por última vez. Como siempre, llegaba con diez minutos de retraso. Por suerte, el punto de encuentro no estaba alejado del bloque de pisos. Aligeró el paso, pisando fuerte las aceras malgastadas de su barrio, cruzándose por el camino a varios conocidos y vecinos. Algunos de ellos, en un estado poco decente para las diez de la mañana...
Apoyada en un coche, le esperaba impaciente clavando sus celestes ojos en él. La saludó con entusiasmo, intentando arrancar una sonrisa de sus temblorosos labios.
—He llegado un poco tarde. —afirmó con simpatía— ¿Nos vamos?
•••
—En efecto, estás embarazada.
—¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEE?! —gritaron al unísono.
La mujer de avanzada edad y rosada cabellera desinfectó y guardó los utensilios de trabajo con pasividad, mientras, Lisanna hiperventilaba y Natsu luchaba por ser la llama que la reconfortara. Agarró un par de papeles que encontró en la mesa y sin permiso de la doctora comenzó a abanicarla.
—No. No. No. No. No. No. No... —repetía angustiada la albina, ignorando los intentos de Natsu de relajarla.
—Sí, de poco más de un mes. —recalcó la mujer impasible, al tiempo que inspeccionaba unas radiografías de otro paciente.— Es lo que pasa cuando dos estúpidos jóvenes deciden procrear sin protección en estos tiempos. Bueno, y antaño también. —bufó sarcástica más para ella que para sus interlocutores.
—¡Eh! Yo no.. —reclamó Natsu, silenciado por un codazo en las costillas de parte de la albina. La doctora los escrutó con la mirada y prosiguió su monólogo.
—Tranquilo... no voy a contarle nada a tu tío. Ya sois mayorcitos para darles la noticia. O no. También podéis optar por otras opciones. —Lisanna cesó su llanto y agudizó su oído. Porlyusica abrió el cajón de su mesa y sacó unos folletos informativos— Toma, niña. Aquí tienes toda la información que necesitas.
Con un ademán de mano, los despachó metiéndoles prisa para que abandonaran su consulta. Todavía con el ánimo aletargado, ambos salieron por la puerta como dos zombies movidos por la inercia.
•••
Caminaron en silencio hasta el parque que les vio crecer.
Natsu rebuscó en sus bolsillos, encontrando el dinero suelto que tenía y marchó a por un par de helados que redujeran las altas temperaturas de aquella tarde de setiembre. Engulló el suyo con desespero, mientras el de Lisanna se deshacía entre los pegajosos dedos de la chica. Natsu trató de calentar el frío ambiente que se presentaba con bromas y bobadas ante la perdida mirada de ella. Le costaba mucho procesar sus propias emociones y comportarse como una persona madura, pues pocas eran las ocasiones en las que el chico mostraba su faceta adulta. Cuando lo hacía, era porque la situación sobrepasaba los límites. Como con Zeref, pero quizá aquel era otro tema... No es que careciese de madurez, simplemente cuando algo sucedía se disfrazaba de payasito que dibuja una sonrisa en los demás. Empezó como un mecanismo para paliar las adversidades y se convirtió en su papel estrella.
Sin embargo, ni las gracias, ni los chistes surtieron efecto en su melancólica amiga.
Quizás, el propio estado del menor de los Dragneel influía en sus habilidades. No sólo la situación con su hermano era insostenible; también, se situaban sobre un banco del parque de su vida. Observó en silencio el espacio. Cada gramo de arena, cada centímetro del suelo asfaltado y cada brote de césped mojado reconstruían parte de su pasado. Casi podía percibir a las ramas de los árboles susurrarle los secretos que aquel inhóspito espacio albergaba...
Fue allí, donde escucharon entre sus matorrales el maullido de un gatito que constituyó el inicio de su amistad con la albina. Lo acogieron entre sus brazos como si fuera su bebé y sin permiso de sus progenitores se juraron criarlo como si la más honorable de las promesas caballerescas se tratara. Juntos y por siempre. Al principio, el gato habitaba en el parque donde cada día acudían a visitarlo, depositando el agua y la comida necesaria. Los padres de Lisanna eran alérgicos a los animales y no podían quedarse con la criaturita, e Igneel se negaba por completo a cargar con una responsabilidad añadida. Aún así, la felicidad que les aportaba su compañía casaba con el nombre con el que bautizaron al minino, Happy, el gato de gesto sonriente. Y una vez designado, Igneel no tuvo más opción que adoptarlo si no quería tragar con uno de los famosos berrinches de su sobrino. Con el tiempo, acabó igual de encariñado con el felino e incluso Zeref mostró afecto por la bolita de pelo que les observaba juguetona desde sus ojos saltones.
Natsu divisó el campo de arena de su izquierda donde unos cuantos críos jugaban con globos de agua. Su mente se transportó a cuando su hermano se empeñó en excavarla en busca de fósiles de dinosaurios y revivió el entusiasmo que experimentó cuando halló junto a Elfman un pedazo de hueso blanco con peculiares escamas, rápidamente lo asimiló como una prueba de la existencia de dragones pese a las mofas de su hermano. A las semanas descubrieron que las escamas no eran más que la piel de algún lagarto que por el calor se fusionaron al hueso y que los restos pertenecían a una mujer de mediana edad que llevaba desaparecida muchos años, tantos como ausente su marido...
Natsu se enfureció tanto cuando su hermano le alumbró con la verdad, que lo abatió con la pala de excavar y su tío les prohibió volver a utilizar aquellas herramientas. «Aunque, eso no impidió que Zeref empezara la carrera de arqueología» meditó nostálgico el pelirrosa.
Clavó los ojos en el asiento solitario.
En el parque, distintos banquitos dobles se dispersaban por todo el área, a excepción del que apodaron de aquella manera al tratarse de una sola plaza. Muchos decían que el ayuntamiento se quedó sin presupuesto y que en realidad estaba inacabado; otros narraban leyendas urbanas carentes de sentido que Natsu siempre disfrutó escuchando. Fuera como fuera, el motivo era indiferente. No era su particularidad lo que atraía su atención, sino los recuerdos que vivían en él.
La imagen se le apareció cual espejismo, como si retrasmitiera aquel día a través de una televisión antigua. El atardecer anaranjado típico del verano, el regreso de los niños a sus casas en busca de la cena y la figura de su amigo Gajeel aposentada sobre el solitario sillón de hierro. Natsu acudió a su encuentro para apartarlo de su soledad, pero Redfox le respodió con la ira de sus puños. Guiado por la rabia y la incertidumbre, el pelirrosa se vengó de su amigo y lo sacudió. Los golpes fueron devueltos, cada vez a más, hasta que la intervención de los adultos fue necesaria, quienes fueron alentados por Lisanna. De no ser así, puede que los daños hubieran precisado de atención médica. Lo último que vislumbró el pelirrosa cuando fue apartado entre los musculosos brazos de su tío, fue a Gajeel arrastrado por su padre con un brillo inédito en sus mejillas.
El llanto silencioso del azabache lo impresionó tanto que la rabia se apagó.
Gajeel nunca sacó el tema, fingió que la pelea nunca ocurrió y se reconciliaron sin más. A los días, los rumores llegaron a sus oídos y los hechos fueron confirmados en una conversación a escondidas que escuchó entre Igneel y Metalicana. La madre de su mejor amigo los abandonó con una mísera nota y un par de billetes como despedida.
«No soporta esta vida. No se siente preparada para ser madre. Las responsabilidades siempre le han agobiado y quiere vivir» fueron las palabras que escuchó en boca de Metalicana seguido de un sonoro llanto similar al rugido de una bestia a punto de morir. «Quiere vivir. ¡¿Acaso no ha vivido con nosotros?! ¡¿No he aguantado hasta sus infidelidades por el bien de Gajeel?! ¡¿No he luchado por llenar sus vacíos para que fuéramos una familia feliz?! ¡¿Cómo se supone que debo mirar a mi hijo ahora que sé que no he hecho lo suficiente y por mi culpa crecerá sin madre?!».
Nunca olvidaría el dolor escondido en aquellas palabras, tampoco la mirada quebrada que se apropió de Gajeel desde entonces. Su hermano tenía razón, cuando algo te agujerea el alma, no importa cuántos parches estés dispuesto a depositar en tu interior. Algunas heridas son imposibles de sanar.
Su suerte cambió y los rubíes del joven recuperaron cierto fulgor cuando Juvia llegó a sus vidas. A pesar de que las condiciones de su llegada no fueron para nada afortunadas...
Al principio, la silenciosa muchacha de cabello cual olas de mar no suscitó interés alguno. Ni si quiera tras su entrada en el vecindario, escoltada por un grupo de policías en la madrugada y totalmente empapada bajo el torrente de la lluvia. No era extraño en el barrio encontrarse situaciones del estilo, tampoco era la primera vez que una chiquilla aparecía en tales circunstancias. No obstante, Gajeel desarrolló una fijación particular por la joven hasta el punto de convertirse en su protector y segurata personal, irónico papel para uno de los muchachos más conflictivos de la escuela. Gracias a la intervención del azabache, Juvia empezó a integrarse y acabó por entablar una estrecha amistad junto con Natsu y Lisanna.
A pesar de sus diferencias, sus gustos dispares y sus eternos enfrentamientos, los lazos de los amigos se ligaron desarrollando una confianza inquebrantable, vigente desde su más tierna infancia. Muchos fueron los momentos de dicha, las alocadas aventuras y las largas escapadas veraniegas hasta las tantas. También, muchos fueron los lamentos y cada uno de ellos fue pasando por el asiento solitario, para luego ser arrastrados por sus amigos de aquel trono de las desgracias, extirpando el dolor como hiciera falta.
Juvia, todos los días que su madre permaneció en el hospital.
Lisanna, cuando sus progenitores fallecieron en el atentado terrorista.
Natsu, la primera vez que ingresaron a su hermano en el centro de toxicómanos.
Aunque, los recuerdos oscuros a veces fueran los que más pesaban, lo cierto es que aquel parque también fue testimonio de la llegada de la adolescencia y todo lo que su inicio conlleva...
Ese mismo asiento que los sustentaba, también lo hizo en la celebración del quinceavo cumpleaños de la peliazul. Aquella noche de finales de verano de hacía ya cuatro primaveras, el sabor del alcohol bañó sus juveniles labios por primera vez. Gajeel aprovechó su rudo aspecto para hacerse pasar por mayor de edad y adquirir unas cuantas botellas con la ayuda de su carnet falso. Unieron su dinero y prepararon una excursión al mar, lugar donde la cumpleañera trazaba la más honesta de sus sonrisas. Tras la primera de sus fiestas a la orilla de la playa, regresaron en el primer autobús de la madrugada hacía sus casas, no sin antes parar a descansar en su parque predilecto con la intención de bajar el alcohol y de ese modo no aparecer ante sus familiares con un aspecto tan deteriorado.
Tal y como se encontraban en la actualidad, Lisanna y Natsu descansaban sentados en el banco; mientras Gajeel y Juvia se extendían a lo largo del césped que les rodeaba y bromeaban a gritos sobre cualquier memez. El pelirrosa se dejó llevar y sin pretenderlo acariciaba con ternura los blancos dedos de la albina, al tiempo que se reían de las tonterías del par de amigos. Lisanna no pudo evitar soltar un gritito agudo y Natsu escupió el agua que bebía, cuando observaron como Gajeel le comía la boca a la peliazul más borracho que consciente.
Anonadados, rompieron en una sonora carcajada poco apropiada para las seis de la mañana y jocosos, imitaron los gestos de la pareja en el aire. Entre broma y broma, finalmente la burla unió sus labios en un esperado beso, siendo el primero de muchos más. Significando el inicio de su relación sentimental.
Tras la resaca, la albina y el pelirrosa empezaron a salir en serio durante casi dos años. Gajeel y Juvia no quisieron ni oír hablar de su desliz e hicieron jurar que jamás se nombraría. Aunque, eso no impidió al Dragneel atormentar al azabache «¡cuanto más primo, más me arrimo!», le recitaba continuamente para desgracia de Redfox...
Natsu nunca se imaginó manteniendo una relación con nadie, pero en cuanto emprendió el viaje del dulce amor adolescente con su amiga de la infancia, comprendió el significado del amor y... del dolor cuando éste se esfuma.
La última vez que estuvieron sobre aquel banco, cortaron. Y durante todo un año se distanciaron, como meras sombras del pasado que corrían sobre un mismo camino sin rozarse o intercambiar palabra.
El impacto de su ruptura salpicó al resto de amigos y deterioró sus relaciones. Por aquel tiempo, y como si algún ente superior les advirtiera del error en su separación, las cosas se fueron a pique. Zeref recayó, Juvia se perdió y Gajeel dejó de ser Gajeel. Como la lava de un volcán, las desgracias se expandieron y arrasaron con todo, obligando al pequeño Dragneel a encadenarse al asiento solitario. Mas en esta ocasión, nadie acudió en su ayuda.
Los recuerdos lo sacudieron y un extraño estremecimiento le recorrió la espina dorsal apresándole en un desalentador sentimiento. Entonces, la voz de la albina lo apartó de las tinieblas de su memoria.
—Tengo que abortar, Natsu. —afirmó con el panfleto informativo arrugado entre sus manos.
—Lis, no me importa pedir más horas en la fábrica para ayudarte y criarlo juntos. —corroboró cariñoso.
—No es tu hijo. —las palabras se le deslizaron por los labios con mayor dureza de la que pretendía. Se percató de su insensibilidad y endulzó el tono rozándole los dedos.— De verdad te lo agradezco. Pero... el b-be-be-bé —se le enroscaron las sílabas al pronunciarlo— no es tu responsabilidad. Él no es como cuando acogimos a Happy...
—Pero, tus hermanos te ayudaran, yo también. Juvia ha regresado y Gajeel..
—¡Para! —gritó desesperada. Natsu se sobresaltó y Lisanna derramó lágrimas. Suspiró con desespero— Estamos embargados, no podemos seguir pagando el piso. Ya lo teníamos todo planificado, Elf se irá con Ever, ya sabes que a su familia le encanta acoger niños del tercer mundo todos los años y mi hermano... será el niño tercermundista que adopten. Y Makarov está preparando el salón para convertirlo en una habitación para mí, mientras que Mira dormiría con Laxus. Han trabajado duro para darme un futuro, Mira ya perdió su oportunidad de estudiar cuando murieron mis padres. No puedo defraudarles, tampoco tenemos medios para mantener a una criatura. —posó inconsciente una mano sobre su abdomen y rompió a llorar angustiada— Yo.. tengo... ¡tengo que deshacerme de él!
Natsu la apretó entre sus brazos y la dejó sollozar hasta que arrancó parte del pesar que la destrozaba. Ella le devolvió el abrazo y vertió las cristalinas lágrimas en el pecho del pelirrosa. Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que sus cuerpos eran uno solo y Natsu percibió un nudo en la garganta. Apenas hacía unos meses que reanudaron la amistad tras el hiatus, un tiempo demasiado corto para los sentimientos que afloraban en su interior.
—Gr-gracias. —susurró ella con torpeza.— Casi había olvidado la calidez de tus abrazos.
Natsu olfateó con añoranza el cabello afrutado de la joven y se cuestionó si aquello que decían era cierto. «¿De verdad el tiempo sana las heridas...?»
•••
Más calmados, pasearon hasta la entrada del portal de Natsu y se sentaron en los escalones de afuera contemplando como el sol perdía paulatinamente su brillo. Lisanna era del tipo de personas que no expulsaban el veneno de golpe, sino que lo dejaban salir con lentitud y a tronpicones.
—Cuando el mes pasado nos dieron el aviso del deshaucio, experimenté tanta ansiedad que me marché al festival de música de la playa y me bebí hasta el agua del mar. —su voz era casi inaudible de lo bajito que pronunciaba las palabras— Y ya sabes, que la última vez que tomé alcohol fue hace cuatro años en el cumpleaños de Juvia. Con el malestar posterior, me juré que ni una más. Debería haber cumplido mi promesa... —Natsu le dio unas palmaditas amistosas en la espalda y ella prosiguió— Estaba tan ebria que acabé acostándome y ni me percaté de que el preservativo se rompió en el acto. Y supongo que él tampoco.
—¡Entonces te has preñado a la primera! —exclamó el joven, alegre, al conocer que la albina no había mantenido relaciones continuadas con el padre de su retoño. Lisanna le tapó la boca asustada.
—¡¿Se puede saber qué haces gritándolo?!
—No. Me. Jo-das. ¡Gee hee!
Natsu abrió los ojos y Lisanna los cerró de golpe suplicando que todo fuera una pesadilla. «El bocazas de Gajeel no, por favor, no. No, no, no, no y no» pensó ofuscada. El moreno los observaba desde arriba con la puerta abierta y una sonrisa ladeada en sus labios. Lisanna se levantó del escalón de la entrada al bloque de pisos, como si al hacerlo se transformara en una barrera capaz de aplacar al melenudo.
—¡Joder tío, has dejado preñada a la albina! ¿Habéis vuelto? —bufó entre risas. Lis se abalanzó sobre él y le cerró el pico de malas maneras.
—Yo no he sido, hierritos. No me cargues el muerto. —la joven lo miró con desaprobación, como siempre que los chicos alteraban su comportamiento cuando se juntaban.
—Gajeel, te lo suplico... —pidió ella con ansiedad. Él ignoró su petición.
—¿Entonces estás saliendo con alguien? —Lis lo oteó seria, negó con la cabeza, abrió los labios para exigirle silencio y de nuevo fue interrumpida.— ¡Geee heeee! ¿Tú tardas un año en montánterlo con ella, llega un panoli cualquiera y le hace un bombo. Chico fogoso, tu llama se apaga. ¡Auch! —Lisanna se adelantó a Natsu y lo atizó.
—Gajeel, escúchame de una vez. —lo agarró de la solapa de la camisa, el chico sonrió ante el gesto intimidante nada habitual en ella.— Como alguien más se entere, te juro que te mato.
—Si me entero yo, se entera Juvia. Son daños colaterales. —se soltó sin esfuerzo y alzó sus manos como disculpándose por lo inevitable. Ella se puso de puntillas intentando enfatizar su amenaza.
—¡Ni hablar! ¡Nadie puede saberlo!
—Se siente, pequeña. —frotó la cabeza de la albina con entusiasmo e hizo el amago de marcharse.— Y ahora si no os importa, tengo que coger mi Dragonforce y recoger a Juvia. —añadió con orgullo— Está en las reuniones informativas de la uni.
Al nombrar a su prima, una luz divina iluminó la mente de la albina. Con un dedo acusatorio apuntó al azabache y buscando su tono de voz más sombrío, lo golpeó donde más le afectaba.
—Si cuentas lo mío, relataré con todo lujo de detalles la vez que le comiste los morros a tu primita. ¡A todo el mundo!
—Rastrera... ¡Juv no tiene nada que ver con esto! —reprochó indignado.
—Tómatelo como daños colaterales. —concluyó desafiante.
—Los Strauss tenéis todos un demonio escondido dentro ¡eh! —dramatizó— Parece que el tuyo sale a flote con el embarazo, gee hee. —Lis lo fulminó con la mirada por volver a nombrarlo a la ligera y Gajeel le dedicó un mohín burlesco— Venga, nos vemos luego.
Mientras los dejaba en dirección a su adorada moto, ambos amigos lo vigilaron en la distancia en completo silencio. Una tenue sonrisa se dibujó en el rostro de la albina por primera vez desde la fatal noticia.
—Gajeel ha recuperado su buen humor desde el regreso de Juvia.
Casi lo dijo sin pensar, como si en realidad fuera un pensamiento en voz alta, fruto de la alegría que percibía en sus entrañas ante las expectativas de un futuro mejor. Tras el efímero respiro, colocó sus dedos sobre su tripa transportándola a la realidad. La decisión más importante de su vida estaba por llegar y no iba a ser sencillo...
—¡¿Tenéis pipas?! ¿¡Qué hora es?! ¿¡Y tu madre?!
El balanceo de una mujer de extravagante aspecto a punto estuvo de tirarles al suelo, con su extremada delgadez y un cuello estirado cual reptil, compitiendo con sus ojos saltones cual sapo. Vecina del bloque de pisos de Natsu, la señora Rosa era una viuda excéntrica y solitaria que a menudo salía de su cueva y se paseaba repitiendo una y otra vez las mismas frases a todo el vecindario. El grupo de amigos siempre pensó que era su peculiar manera de saludar a sus conocidos. Cuando la señora Rosa caminó entre el par con su conocido eslogán, ambos amigos conectaron su mirada y sonrieron divertidos.
—Tu bloque de pisos siempre ha sido tan.. especial. —murmuró Lisanna.
De algún modo y sin saberlo, aquella mujer había transferido un poco de calma en su malestar interno. Era como vivir de nuevo en los viejos tiempos. Natsu encogió los hombros y con una sonrisa cálida como los rayos del sol musitó:
—Hogar, dulce hogar.
N/A: ¡Hola! Gracias por leer y comentar :3
Sé que mucha gente odia a Lisanna —en mi opinión sin sentido porque ella es simplemente la amiga de la infancia de Natsu y en todo caso su primer amor y nunca ha interferido en el Nalu— y puede que por ello, éste sea mi modo de recompensar al pobre personaje que tan a menudo es maltratado por los fans y darle protagonismo a la albina. Lucy aparecerá en el fic, sí, pero no os diré con quién acabará Natsu muahaha.
He dedicido tocar temas peliagudos, y aportar información y detalles de algunos personajes que más adelante serán explicados. Espero no asustaros mucho a pesar del drama :O xD
Cada capítulo irá dedicado a dos personajes, razón por la cual los primeros van a ser introductorios, pero en cada uno de ellos aparecerán detalles del resto de personajes. Como adelanto, puedo deciros que el próximo capítulo será bajo la perspectiva de... *redoble de tambores* Juvia y Gajeel :D Así, daré más pistas de qué le sucede a Juvia, aunque en su totalidad no lo sabréis hasta más adelante, pero creo que los más perspicaces intuirán bien qué le pasa a la peliazul acuática :P
Por cierto, no os asustéis. Adoro el bropt Juv/Gajeel y en este fic son primos y a pesar de su desliz, se quieren como tal y no hay nada más xD Eran jóvenes adolescentes borrachos que no sabían lo que hacían (?) xD
¡Ah! Lis va a entrar en la uni porque tiene 18 años y es la pequeña del grupo; mientras que Natsu y Gajeel tienen 20 y Juv 19 (que además, con ella se pueden hacer cuentas ya que he nombrado su quinceavo cumpleaños hace 4 años xD) No es muy importante, pero he pensado que está bien que vaya informando de las edades de cada uno, ya que las hay variadas :P
Por si no os habéis dado cuenta, los capítulos son títulos de películas, series, canciones etc, que a la vez son frases o pensamientos que relacionan a los personajes. Soy una friki de los simbolismos y siempre dejo detalles así, y también me gusta leerlos xD Voy a intentar hacerlo con todos los capítulos, espero que me salga y el reto no sea demasiado.
Si veis algún fallo o errata, ruego que me lo comuniquéis que a menudo corrijo agotada y pongo barbaridades sin ser consciente xD
