Mon dieu!* -Se escucho una voz femenina por toda la casa. Matthew se encontraba en la cocina, haciendo panqueques para Francis, que había dicho que deseaba unos bien preparados que solo Matthew sabía hacer.

Al escuchar el grito, tiro uno de los panqueques debido al susto que acababa de recibir. Se asomo por las escaleras, confundido por haber escuchado una voz tan aguda en la casa de Francis, donde, prácticamente, no vivía nadie. O eso le hacía creer. Frunció el seño al imaginarse a una hermosa mujer francesa en la misma cama que compartía con el francés. Y como ya podrán imaginarse, Matthew era muy celoso.

-¿Francis?

No hubo respuesta. Matthew quería creer que era otra cosa, que realmente no había escuchado esa voz, que estaba loco. Quiso creer en Francis. Pero el pensamiento de una mujer desconocida especialmente bella metida en la cama en la que Él había dormido esa misma noche, junto al mismo hombre. Se puso rojo del enojo.

-¡FRANCIS! ¡VEN ACA!

Esta vez, en vez de una respuesta, sintió un golpe que lo tiro al piso después de haber gritado. Observo al que suponía sería Francis, para regañarle y preguntarle de quien era esa voz. Pero se quedo sorprendido de no ver a Francis, sino la cabellera de una mujer que era más oscura que la del francés.

-¿Quién….?

-Matthew…

-Disculpe, pero… ¿Le conozco?

La otra chilló de horror. Levantó su cabeza, para dejar ver unos hermosos ojos azules, que ahora estaban llorosos, al canadiense. Matthew se sonrojo, pues realmente era muy hermosa. Sacudió su cabeza para quitarse esos pensamientos de encima. No, su lugar era con Francis, no con una mujer que con solo mostrarle sus ojos le había cautivado.

-¡No puede ser! ¡Primero amanezco como mujer, y después mi propio novio no me reconoce! –La mujer de ojos azules se levanto para dejar ver…Para dejar atónito al pequeño Matthew, que casi sangraba de la nariz con esa vista. Esos dos bultos que se formaban en su camiseta holgada eran enormes, sin decir de la parte de atrás. El cuerpo lo tenía bien definido, era….Era hermosa. Verdaderamente hermosa. Su cabello suelto, que le llegaba un poco más arriba de los pechos hacía que reluciera como una perla bajo el mar.

-¡¿Que voy a hacer?! ¡ESTO ES CULPA DE ANGLETERRE! ¡ME LAS VA A PAGAR EL MALDITO…!

Matthew cayó en la cuenta de que la hermosa mujer que tenía enfrente, era Francis.

-¿Francis?

La ahora otra volteo su cabeza para responder al llamado. Después de hacer una posa dramática, se lanzo al canadiense para empezar a sollozar en sus brazos.

-¡Matthew!

-¿F…Francis? No…No te acerques mucho, por favor. – Dijo el canadiense, percatándose de que tenía demasiado juntos los pechos de la otra, que se apretaban cada vez que esta le abrazaba más fuerte.

-¿Quién eres? –Pregunto Kumajirou.

-¡Soy Canadá! ¡Ah! ¡Los panqueques! –Exclamó Matthew horrorizado, al darse cuenta de que sus queridos panqueques se estaban quemando. Trato de zafarse del agarre de la otra, mas esta en sus lloriqueos no dejaba al otro zafarse de ella. -¡Francis!

-¡AL DIABLO TUS PANQUEQUES, NECESITO CONSUELO!

-¡SE VA A QUEMAR LA COCINA!

-¡NO, MI COCINA! ¡HAZ ALGO!

-¡ES LO QUE INTENTO, POR FAVOR FRANCIS, SUELTAME!

Inmediatamente después, la francesa soltó su agarre del canadiense, para que este se encargara de los panqueques. No había mucho que hacer, puesto que ya estaban quemados. Pero, aun así, Matthew preparó otros al ver el estado en el que se encontraba su querido Francis. Y después de desayunar, hablaría seriamente con Inglaterra. Tenían varias cosas de que discutir.


-¡Buenos días Kiku aru! ¡Hoy es un día muy brillante aru! ¡Despierta aru!

-Mhm. –Murmuró el otro, aun entre sueños.

-¡Vaya aru! Tú no te despiertas con nada aru.

Vio al otro dormir pacíficamente. Se sonrojo al ver al otro sonriendo entre sueños.

Aunque, se dio cuenta de que el cabello de Kiku estaba un poco más largo de lo normal. Suponía que no se lo había cortado durante mucho tiempo. Cuando despertara, el mismo le propondría cortarle el cabello. Se levanto de la cama de ambos y soltó la mano del japonés.

-Hare el desayuno aru. Descansa aru.

La noche anterior, el japonés estaba inusualmente cansado, y ambos lo habían relacionado con que el también tenía mucho trabajo. Yao le dio unos masajes y una clase de yoga, y al parecer, no habían funcionado. Tal vez, cuando terminara de preparar el desayuno, este ya estaría despierto. Ese día se había propuesto prepararle un delicioso Onigiri enorme que nunca antes había preparado, en compensación por el trabajo que tanto le había agotado, según Yao. Empezó a preparar todo, leyendo la receta. Estaba sorprendido de que Kiku siempre tuviera de todo en su refrigerador. Así se pasó una o dos horas haciendo el Onigiri de Kiku y su propio plato.

Estaba tan concentrado que ni se dio cuenta de que alguien había entrado en la cocina.

Kiku se sobó el ojo para hacerlo despertar. Estaba inusualmente cansado, y no había dormido muy bien. Había soñado con Romania el día anterior, borracho y lanzando maleficios. Lo peor de todo, es que, aunque no había sucedido, había visto su cuerpo transformándose en el de una mujer. Bueno, eso no fue lo peor de todo, sino lo peor, fue soñar que era una mujer con muy pocos dotes corporales. Y a Yao le gustaban de pechos grandes. Sacudió su cabeza para quitarse ese pensamiento. Bostezo. Si no hubiera sido por el olor de la comida preparada por el chino, el seguiría dormido. Espera… ¡Yao! No le había dado siquiera los buenos días, ni el beso en la frente que siempre le daba en las mañanas. Caminó rápido a la cocina, encontrándose con Yao cocinando con la más inocente de las sonrisas. Al ver esa escena, se escondió automáticamente, esperando no haber destruido uno de esos momentos en los que Yao se ponía infantil y se veía especialmente tierno. Digno de un cosplay.

Dejo de pensar en eso al darse cuenta de que su cabello estaba más largo de lo normal. Si hubieran pasado tres meses después de cortárselo no se habría sorprendido. Más, se acababa de cortar el cabello poco antes de la reunión. No debía de estar así de largo tan pronto.

Ya de por si estaba intrigado cuando encontró en su pecho dos pequeños bultos, que apenas y se notaban. Entró en pánico. Luego, decidió hacer una indecencia y subió la falda de su kimono para después jalar un poco sus bóxers, que le quedaban enormes. Casi se desmaya. No estaba. Entró en todavía más pánico.

El sueño no había sido solo un sueño, había visto su propia metamorfosis.

-¿Kiku aru?

Se paralizo, su corazón dejo de latir, dejo de respirar, dejo de pensar. Si Yao le veía…

-¿Kiku aru? ¿Estás bien aru? –Dijo este, acercándose más hacía donde estaba la ahora japonesa.

-¡No! ¡Por favor, Yao-san! ¡No me mire! ¡No se acerque!

-¿De qué hablas aru? ¿Te hice algo aru?

-¡NO! ¡Yao-san!

Yao se acerco con preocupación a su novio, que se alejaba cada vez más de la cocina.

-¡Kiku aru! ¿Qué tienes aru? ¡No te enojes aru! –Salió este detrás del japonés. Esta alcanzó a meterse en un closet, en el que se encerró con las piernas abrazadas a su pecho. Estaba actuando demasiado femenina, pero en su estado, así debía de ser. Yao empezó a tocar la puerta del closet con desesperación. Suerte que había apagado todo al encontrarse con Kiku y no se iba a quemar.

-¡Kiku aru! ¿Qué hice aru? ¿Te enojaste conmigo aru? ¡Kiku aru! ¡Por favor aru! ¡Te hice el desayuno aru! ¡Si no lo quieres está bien, pero no te enojes aru! ¡Kiku aru! –El nombrado empezaba a sentirse culpable. -¡KIKU ARU! ¡ABRE ARU! ¡HABLEMOS ESTO ARU! ¡KIKU ARU! ¡NO TE ENOJES ARU! ¡SI YO NO TE ODIO ARU! ¿ME ODIAS DE REPENTE ARU? ¡SI ES ASI, SOLO DILO ARU! ¡KI…! –Fue callado por un beso de parte del "otro". La japonesa no había aguantado más los gritos de desesperación de su pareja y había decidido lidiar con lo que seguía. Cuando se separaron, ambos se miraron a los ojos. Yao se sorprendió al ver que Kiku era media cabeza más pequeño que él, cuando siempre había sido media cabeza más grande.

-¿Qué hizo de desayuno, Yao-san? –Pregunto, curiosa.

-Onigiri aru. Y mi desayuno aru.

-¿No comeremos lo mismo?

-No aru. Quise recompensarte por todo el trabajo que has hecho aru…Lo estaba haciendo cuando corriste aru.

-Honto ni sumimasen, Yao-san. *

-No, está bien aru. –La mirada de confusión del chino era indescriptible. –Kiku aru. Eres más pequeño aru. –El otro asintió. –Y tu cabello está más largo aru. –Volvió a asentir. -¿Qué te pasa aru? Yo no puedo crecer aru.

La japonesa no sabía cómo responder a esa pregunta. Claramente, ella tampoco lo sabía. Aunque, una respuesta que llenaría la curiosidad de Yao por el momento sería decirle la verdad. ¿Pero cómo? Pronto se le ocurrió la respuesta. Tomó la mano Yao con delicadeza y la puso en su pecho. Era lo más directo que podía encontrar. La mirada confundida de Yao cambio a una totalmente sonrojada.

-Aiyaaaah.- Grito este, para después desmayarse.

-¡Tranquilícese por favor Yao san!


Tenía hambre. Era lo único en lo que Lovino pensaba en ese momento. El bastardo español no se había levantado aun, por consecuencia, no desayunaría hasta que se levantara.

-Maldito bastardo. Despierta ya, maldición.

Pero claro, al querido italiano le daba demasiada flojera ir al cuarto del otro y despertarle. Al final terminó preparándose una pasta. Aunque, claro, no le haría nada al bastardo español por no prepararle el desayuno. Comió su pasta tranquilo, sin ninguna prisa de acabársela. Paso una hora comiéndose la bendita pasta y el otro todavía no despertaba. No lavo el plato, puesto que Antonio debía de lavarlo por castigo a dejarle comer solo. Recogió tomates, pero se los comió todos, de castigo a Antonio por dejarle asolearse. Ya habían pasado dos horas y el otro seguía dormido. ¿Con que carajo habían drogado al otro para que se durmiera tanto? Ni en sus siestas dormía más de dos horas.

Empezó a preocuparse. El pobre español podía estar enfermo y él había estado recriminándolo. Se sentía mal, aunque por supuesto, jamás lo admitiría, ni aunque su vida dependiera de ello. Empezó a caminar en dirección a su habitación, para después abrir la puerta con una patada. De respuesta, en vez de un ronquido, escucho un chillido. ¿Un chillido?

Lovino observó en su cama a una mujer, hermosa. Muy hermosa, de su gusto. De cabello marrón ondulado, que estaba suelto y le llegaba hasta por arriba de la cintura. De ojos verde oliva, muy parecidos a los de su España. Y bueno, como todo buen hombre, busco esa parte que tanto le llamaba la atención. Y al encontrarlos, supuso que eran copa C, y tal vez más. La otra estaba sonrojada. Aunque, al ver que era él, suspiro de alivio.

-Lovi…No me asustes así. No es el momento.

Bien. Lo había llamado Lovi sin siquiera haberle dicho su nombre. La otra había empezado a sonreír, igual a Antonio. Ahora que lo veía, era una réplica de Antonio, quitando los atributos de mujer. Cayó en la cuenta de que esa, era su pareja.

-¿Antonio?

-¿Si Lovi?

-¡¿Antonio?!

-¿Si?

-¡¿ANTONIO?!

-¿SI?

Lovino se quedo con la boca abierta. Esa preciosura de mujer, de piel morena, ojos hermosamente verdes, y de largo cabello marrón, era su idiota de siempre.

-¿Co…Como?

La española se encogió de hombros.

-Amanecí así. Perdón si te hice esperar, lo que pasa es que trataba de descubrir que estaba pasando y hable a mis amigos. Al parecer a Francis…

-¿LE HABLASTE A FRANCIS? –Modo celoso activado.

-Si, al parecer el también es una mujer ahora. Dice que puede ser culpa de Inglaterra, aunque, después de lo de ayer… –Antonio observo la mirada del otro. -¡Ah! Pero no es algo de qué preocuparse Lovi… Lo resolveré de alguna forma.

-¡NO!

-¿Lovi?

-¡YO VOY A RESOLVER ESA MIERDA POR TI PRECIOSA! –Dijo Lovino, señalándose a sí mismo.

-¿Eh? –Antonio no se lo podía creer. –Bu…Bueno…Me haré el desayuno, supongo que…

-¡No! YO TE PREPARO EL MALDITO DESAYUNO, MALDICIÓN.

-¿Lovi? ¿Qué…..?

-Voy a recolectarte tomates, amor. -¿Qué estaba pasando ahí?-Y después compraremos ropa para ti, bella*.

-¿Bella? ¿Lovi?

-Y no le hables a esos tontos de nuevo. No quiero que pongan una mano en tu hermosa cara. –Dijo este, para después darle un beso pasional a la ahora española.

Ahora si algo estaba mal. Lovino, su Lovi, diciéndole esas cosas. ¿Era el apocalipsis?

-¿L…Lovi? ¿Q…Que te d…Dieron?

-¿A mí? Nada. Estoy bien, querida. Tú descansa. Enseguida te traigo el desayuno, bella.

-¿A la cama?

-¿Por qué no? Regresó enseguida. –Dijo Lovino, mirándole con una mirada seductora.

Antonio se quedo boquiabierta. Lovino haciendo eso…No era normal. Pero eso no le quitaba las ganas de ser consentida por su adorado italiano, que siempre había sido duro y cruel con él/ella. Al ver que Lovino ya no estaba a la vista, tomó el teléfono y marcó a Francis.

-¿Francis? ¡No me lo vas a creer! ¡Acaba de suceder un milagro!

-Déjame adivinar. –Dijo esta sin sentimientos. –Lovino se hizo un niño.

-¡No! ¡Mucho mejor!

-¿Mucho mejor que eso? –Ahora la voz de la francesa sonaba curiosa. –Cuéntale a Onii-san~~~

-¡Lovi me está consintiendo! ¡Me dijo preciosa, bella!… ¿Qué más? Bueno, el punto es que me va a traer la comida a la cama… ¡Es maravilloso! ¡No deja que haga algo! ¡Todo lo hace él! ¡Creí que este día nunca llegaría!

-¡Mon dieu!

-¡Esto es digno de foto! –Exclamó Antonio.

-¡No! ¡De video! ¡Has un video y mándamelo!

-¡Vale! Te hablo luego, ya viene, y no quiere que hable contigo.

-¡Cuéntame después!

Poco tiempo después, entró Lovino con el desayuno, y espero a que la morena se lo acabara para comérsela a besos. Aprovecho que esa vez le tocaba a él liderar. Y Antonio estaba en su gloria al ser comido a besos por el italiano. Oh sí, ya tenía cosas que contarle a Francis.


-¡HERACLES! –Grito Sadiq desde la sala.

-¿Hmm? –Contesto este, de manera indiferente.

-¡¿EN DONDE ESTAN MIS REVISTAS?! –Dijo el otro con una voz muy femenina.

-¿Tus….Qué?

-¡Mis revistas! –Sadiq entro a la sala hecho furia. -¡Las que compre hace dos días! ¿En donde están?

Heracles levantó la mirada para encarar a Sadiq, evidentemente molesto al ser interrumpido en su lectura. Pero al darse cuenta de que lo que estaba frente a él no era u hombre, sino una mujer de cabello corto color marrón, facciones finas y ojos verdes, casi se cae de la silla.

-¿Y tú que tienes?

-¡SADIQ, TU METODO DE SEGURIDAD EN LA CASA NO SIRVE! –Grito Heracles, perdiendo cualquier pisca de tranquilidad, esperando a ser respondido por su pareja

-¿Qué? ¿Qué dices? Claro que sirve. No seas iluso.

Heracles miro con extrañeza a la mujer, que también le miraba con extrañeza. Así se mantuvieron, sosteniendo la mirada el uno al otro.

-Le….Hablaba a mi… novio.

-Me hablabas a mí, idiota. ¿Te dio amnesia? Y ahora dices que soy tu novio. ¿Cuándo sucedió el milagro de que alguien te drogara para que actuaras así?

La chica no le caía muy bien. Pero, de alguna forma, le recordaba a Sadiq. En mucho. Y sus ojos verdes como el pasto le recordaban bastante al turco, que nada más se quitaba la máscara en su casa, y con Heracles.

-¿Sa…Sadiq?

-Pues sí. ¿Qué esperabas? ¿Una chica sexi que se pareciera a mí?

-No…No lo esperaba.

-No has contestado mi pregunta. –Dijo Sadiq, cruzándose de brazos.

-¿Cuál de todas? –Le respondió Heracles con su tono lento y tranquilo de siempre.

-¡La primera! Mis revistas de Pl*y Boy. ¿En donde están?

-¿Sigues viendo eso? ¿No eres homosexual?

-¿Qué no puedo ver lo que se me hincha la gana?

-No.

-¡Pues al diablo!

Hubo silencio, mientras Sadiq buscaba sus revistas con toda la ropa holgada. Heracles fingía mirar a su libro, aunque realmente miraba a Sadiq, que en ese momento era muy hermosa. Al parecer, el otro no se había dado cuenta de que era una chica, el muy idiota. Este seguía su vida como siempre, pensando que era un hombre.

-Sadiq…

-¿Si?

-¿Te has mirado al espejo?

-Neh. ¿Por qué?

-Mírate al espejo.

-¿Por qué?

-¡Solo hazlo!

Sadiq obedeció, aun con cierto resentimiento. Y cuando se vio en el espejo, lo único que pudo encontrar fue a una mujer.

-Oh, soy una mujer. –Dijo despreocupadamente. -¡Bok! Ben bir kadınım*

-¿Y apenas te das cuenta?

Sadiq volteo su mirada horrorizado. Después volvió a ver al espejo, y luego a Heracles.

-¿Cómo…?

-Ayer. –Contesto Heracles fingiendo indiferencia. -¿Recuerdas a Romania?

-No, no me di cuenta. –Dijo Sadiq de forma sarcástica. -¿En serio? Por lo general lo que sucede es culpa de Inglaterra.

Heracles asintió. Volvió a haber silencio. Bueno, al menos hasta que Sadiq vio a el gato de Heracles haciendo sus necesidades en sus revistas.


Hanatamago había empezado a ladrar alarmada desde la mañana. Tino no sabía que le sucedía a la pequeña perrita, pero decidió no darle importancia al asunto. Hanatamago ladraba por casi todo, así que no debió preocuparse. Después de todo, la perrita era muy tranquila y ladraba hasta que Berwald le pidiera que se callara, siendo esta un animal que apenas y puede asentir. Pero ese día, Berwald no estaba ahí, y por eso, Hanatamago estaba claramente molesta. Era cierto, Hanatamago le demostraba su afecto muy seguido y era muy cariñosa con él. Pero en cuanto a obediencia, Tino no era bueno regañando, y Hanatamago no era buena haciéndole caso a su amo. Tardó en darse cuenta de que el cariño máximo de la perrita era para Berwald. Y solamente para Berwald en unas ocasiones. Se ponía extremadamente celosa a la hora de que ambos se dieran un beso o se abrazaran. Igual el gato de Berwald pero esa era otra cosa, porque este era aun más celoso con Jumala, su gato, que con él.

Mientras hizo sus labores del diario, Hanatamago seguía ladrando, moviéndose de lado a lado, ladrándole a todo. Incluso a Jumala y a Champion, el gato de Peter que se quedaba con él por un tiempo mientras Peter hacía no se qué cosa, les ladro, asustando al pequeño gatito y haciendo que Jumala resoplaba y pusiera su pelo erizado por haber sido asustado. También por puro instinto maternal.

Y eso, se le hizo muy extraño a Tino, suponiendo que Hanatamago ya se había acostumbrado a la presencia de los gatos, incluso se podría decir que eran amigos. Intento callar a la perrita muchas veces. Mas esta no le hacía caso. Era muy inusual.

Llegaron las cuatro de la tarde y Hanatamago se tranquilizo inmediatamente. A esa hora estaría llegando Berwald. Tanto él como Hanatamago se acercaron a la puerta para escuchar el timbre resonar, y recibir a Berwald como de costumbre. Y al sonar el timbre, Tino abrió la puerta emocionado. Aunque, esa emoción se esfumo al encontrarse con una mujer, rubia, de mirada penetrante, de ojos azules, más alta que él. El cabello de esta le llegaba hasta la cadera, y estaba muy bien arreglada. Tino se sonrojo.

-T´no. –Dijo la desconocida.

-¿Eh? ¿Le…Le conozco?

La otra frunció el seño y puso cara de pocos amigos. Tino salto del susto de ver la cara de la chica, aunque, ya estaba muy acostumbrada a esta.

-T´no. S´y yo.

-¿Tu? Disculpe señorita, creo que se ha equivocado de…

No pudo continuar al ver a Hanatamago restregarse a la mujer con mucho cariño. Además, en una de las maletas de la otra, había una jaula, en donde pudo identificar a Rasmus*. Tino volvió la mirada a la otra con gesto sorprendido.

-¿Berwald?

La otra asintió, suavizando su cara. Ahora estaba cargando a la perrita en sus brazos y le acariciaba la cabeza.

-¿Cómo…? ¡Su-san! ¿Quién te hizo esto?

-R´mania.

-E…Entra…

La otra hizo lo que Tino dijo y entro en la casa. Fue a sentarse directamente en el sillón a esperar a Tino, que no sabía cómo reaccionar ante la situación. Cuando ambos estaban sentados en el sillón, Tino empezó a interrogar a Berwald como mujer en lavadero.

-¿Cómo…?

-N´ lo sé.

-¡No lo sabes!

Hanatamago ladró.

-¿Y por qué estas vestido así?

-D´nam´rca.

-¿Y…?

-Tamb´n es m´jer.

Tino hizo una O con su boca. Después de eso, no dijeron nada.

-¡Mamá! –Grito una vocecilla.

Tino reacciono ante esta, volteando la cabeza en dirección a la puerta, de donde provenía la voz. Pudo localizar a una niña, de caletitas rubias y traje de marinerito. Tanto Berwald como Tino lo reconocieron enseguida.

-¡Peter!

-P´ter.

-¡Mamá! ¡Soy una mujer! ¡Una mujer! ¡Ahora me veré como Inglaterra cada vez que se besa con Estados Unidos! ¡Ukeado!

-¿Qué? –Estalló Tino. -¿Con quién?

-Con Raivis, y sería ridículo.

Tino se desmayó al instante.


Alemania se despertó completamente cansado. Italia, después de la reunión, había deseado ejercitar de la nada. Y por ejercitar, quiso decir, correr hasta no poder respirar.

Después de eso, quería jugar a una pijamada como las que Hungría hacia con Liechtenstein y Ucrania. Lo peor de todo, es que había decidido que Ludwig sería la muñeca. Y al final, Feliciano no supo como quitar el maquillaje y Ludwig tuvo que dormir así. Según Feliciano, Ludwig era muy "Bonita" y que si fuera una mujer, el definitivamente saldría con ella. Eso le hizo pensar, en que sería de él si fuera una mujer, como Feliciano decía. Las mujeres de Alemania por lo general eran hermosas, aunque no se comparaban con las italianas, ni con las rusas. Las americanas por lo general eran obesas, así que no podía compararse con ellas. En realidad, cualquier mujer de algún otro lado era más hermosa que una alemana, o al menos, eso pensaba él. Aun no se creía que una mexicana ganara para Miss Universo, aunque, después de todo, la representante de la parte del sur de México no era para nada fea.

Las mujeres alemanas…

¿Italia amaría a una Ludwig, en vez de un Ludwig?

Sacudió su cabeza, evadiendo esos pensamientos que habían llegado de repente a su mente. Era imposible que el se convirtiera en una mujer, por mas maquillaje que se pusiera. A veces lo deseaba, siendo honestos. Aunque Feliciano y el llevaban varios años juntos, el menor seguía coqueteándole a mujeres hermosas, alagándolas y dando lo mejor de sí. Con las mujeres Feliciano era el fuerte, mientras que con él, era el débil de la relación.

Ya se había parado de su cama después de tanto pensamiento. Debía de lavarse la cara para quitarse el sueño, para después dar su recorrido diario a toda la ciudad. Seguramente, en el comedor, Italia estaría hablando con Japón acerca de que se levantó más temprano que Ludwig, como siempre hacía cada vez que eso pasaba.

Al observarse en el espejo, se vio un poco extraño. El maquillaje seguía ahí, un poco mas recorrido, aunque casi intacto. Alemania hecho agua a su cara unas veces más para quitarse el molesto producto de una vez por todas. Le sorprendió la diferencia que había de la noche a la mañana. En la noche, el maquillaje se le veía extremadamente ridículo, pero en la mañana, se le veía bien proporcionado y fino. También se había dado cuenta, de que sus facciones estaban más refinadas, mientras que sus labios delgados característicos de un hombre estaban más circulares y femeninos. Hubiera pensado que era el maquillaje, si no hubiera sido por que ya no quedaba nada de este. Retrocedió un poco asustado, pensando en que algo pasaba con su rostro, muy diferente al normal. Hablando de cambios, su cabello estaba diferente también. Estaba un poco más largo que su cabello normal y eso Ludwig no lo dejo pasar. No tomó las tijeras, porque algo le decía que no debía de hacerlo. Ludwig se relajo al pensar que solo eran efectos del sueño, y que lo que necesitaba al final, era un refrescante baño en la mañana. Se quito los pantalones rápidamente, mientras que abría la llave de la bañera. Descuidadamente, se quito la parte de hasta arriba, quitándose también la playera. Entro en la bañera, y trato de relajarse un poco. Y lo estaba logrando, hasta que las vio.

Esas protuberancias que salían de su pecho, que nunca antes estuvieron ahí. Y Ludwig no se confundió, porque esta vez, su pecho era notorio. Muy notorio. Y por si fuera poco, Berlín no estaba.

Emitió un grito tan fuerte, que incluso China logro oírlo desde su hogar. Al escuchar semejante grito, Feliciano se apresuro a llegar a la habitación de su amado alemán.

-¡ALEMANIA! ¡ALEMANIA! ¿Escuchaste eso? ¿Qué paso….?-Italia guardo silencio al encontrarse a una mujer en el baño de Ludwig, desnuda, con facciones finas y cuerpo brusco. Se sonrojo un poco, primero por ver a una preciosa chica en su casa, y después, de la vergüenza de verla desnuda. Y así hubiera seguido, si no hubiera sido por que se dio cuenta de que era alemana.

-¡AHHHHHHHHH! ¡NO ME MATES, NO ME GOLPEES, HARE LO QUE QUIERAS, PERO TENGO UNA PAREJA CON LA QUE PLANEO CASARME Y TENER HIJOS…! –Grito este, corriendo en dirección opuesta al baño. Alemania se quedo ahí un rato, sin saber que decir. "! Quiero tener hijos…! Después de sonrojarse, salió de la bañera, olvidando por completo que estaba desnuda.

-¡ITALIA!

-¡VE!

-¡NO CORRAS, VERDAMMIT!*

-¡KYAA! ¡ALEMANIA! ¡LUDWIG! ¡ME PERSIGUE UNA MUJER ALEMANA QUE ESTA LOCA! ¡AYUDAME!

-¡¿LOCA DICES?! ¡VEN ACA ITALIA! ¡ME HAS HECHO ENFADAR!

-¡NOOOO!-Y fue en ese preciso momento en el que Italia se echo a correr como si Inglaterra viniera detrás de él para tener una pelea.

-¡GOT VERDAMMIT!* ¡ITALIEN! ¡DU MUSST NIGHT VERGESSEN!* ¡DAS IS MICH!* ¡ICH HABE EIN MADCHEN UMBAUEM!* ¡ITALIEN!*

El italiano se fue deteniendo poco a poco, volviéndose a la ahora alemana. Tenía unas pocas lágrimas en los ojos causa del susto. Su voz tembló a la hora de mencionar su nombre.

-¿Lu…Ludwig?

Esta asintió un poco sonrojada. Después, el italiano se le lanzo como si su vida dependiera de ello.

-Oh, Ludwig.

-¿Con que una alemana loca? ¿Eh?

-Lo siento.

-Quisiera poder decir que está bien pero…

Se quedaron en silencio por unos minutos, Feliciano observando el piso, o eso quería creer Ludwig.

-¿En qué piensas?

-¿Eh? Pues…

-¿Mhm?

-Que…Alemania, aun siendo mujer, es más alta que yo. –Dijo, con sus ojos llenándose de lágrimas.

Alemania no pudo más y le beso. Arreglaría el problema después.


-Buenos días a todos, da. –Exclamó Rusia recién levantado de la cama.

-Buenos días señor Rusi….-Le contesto Edward antes de quedarse callado.

-¿Dónde está Raivis?

-Ha…Ido a la…Casa de….Suecia….Señorita Rusia.

¿Señorita? Ivan se irrito al ser llamado de esa manera. La característica aura oscura de este se hizo presente, haciendo temblar al estoniense.

-¿I…Ivan?

Esa voz tan conocida le hizo reaccionar. Al voltearse se encontró con un Toris aterrorizado. Este retrocedía con cada paso que Ivan daba, preocupando claramente a Ivan.

-¿Toris? ¿Qué te pasa?

-E….Estonia… ¿Qué le… hiciste a Ivan?

-¿De qué hablas?-Preguntó Ivan, obviamente confundido.

-¡Yo nada!

-¡Entonces…!

-Toris. ¿Qué insinúas?

El lituano se volvió al ruso, para tratar de darle una sonrisa confortadora.

-Nada…No es nada Ivan.

-¿Tengo algo malo?

-No…-Le contesto este, fingiendo estar bien.

-Si tener pechos no es malo, pues sí.

-¡¿QUÉ?!

-¡EDWARD!

-¿Qué?-Dijo este, encogiéndose de hombros. –Yo solo decía la verdad.

Ivan observo sus nuevos pechos, y se puso aterrorizado. Ahora que lo notaba, su cabello estaba más largo que de costumbre. Mucho más largo.

-To…Toris.

-Ivan, está bien. De veras.

-¿¡SER UNA MUJER ESTA BIEN PARA TI!?-Le grito Ivan, asustado y confundido. Al ver el rostro de decepción y tristeza de Toris, bajo su enojo junto con la mirada. –T…Toris…Yo…

-No se tu, pero para mí está bien. –Dijo este, dándose media vuelta y caminando en dirección opuesta al ruso.

-¡TORIS!-Grito Ivan, reteniéndolo por el brazo. –Toris, escúchame.

-¡Ya he escuchado suficiente! ¡Suéltame Ivan!

-¡NO!

-¡Vaya, que interesante!-Exclamó Edward, que había sido olvidado completamente.

-¡CALLATE!-Gritaron los dos.

Edward se retiró unos segundos después.

-¡Ivan! ¡Basta!-Se retorcía el lituano para ser soltado. Ivan no se había dado cuenta de que iba apretando más la muñeca de su pareja. -¡Ivan! ¡Me lastimas! ¡Alto!

Ivan aflojo un poco el agarre, aunque no lo suficiente para que Toris se soltara. Esa aura oscura que había desaparecido volvió a aparecer. La femenina mirada de Ivan seguía dando igual o más miedo que antes.

-Toris. Lo siento.

-No necesito tus disculpas.

-Toris…-Dijo Ivan bajando la voz. –De veras lo siento. Solo que…No estoy acostumbrado a…No…..Yo…

-Yo también lo estoy Ivan. Y aun así, no reacciono de esa manera.

-Toris…No…

-Eso me pasa por preocuparme por ti.

-Si no te preocupas no eres feliz, Toris.

Toris sonrió para sí. La ahora rusa tenía razón.

-Sí, lo sé.

-¿Ya no estás enojado?

-¿Quién dijo que no?-Contesto Toris, fingiendo estar enojado.

-Pero…Pero… ¿Ni viéndome así?

- A ti te enoja. ¿No?

-Pero si a ti te gusta…

Toris, suspiro, derrotado.

-¿Qué voy a hacer contigo?

-No lo sé…Tu dímelo.

En ese momento se besaron, Toris siendo del mismo tamaño que Ivan, que parecía colegiala enamorada al ser besada.


Austria se despertó con el sonido del piano siendo tocando estúpidamente. De seguro era Prusia en uno de sus momentos frustrantes en los que trataba de hacer el desayuno para él, terminando casi quemando la cocina. Era claro, a Gilbert no se le daba bien la cocina. Aunque él decía que cocinar era "No-awesome", Roderich sabía exactamente que solo era la frustración de no poder hacer algo.

Se levantó y se puso sus pantuflas de peluches "aristocráticas", como las llamaba Gilbert. Acomodo a Mariazel que estaba caída, y cepillo su cabello.

El sonido se intensifico, dándole entender a Roderich que Gilbert estaba muy molesto. Al bajar las escaleras, casi se tropieza con Awesome, el gato blanco de Gilbert, que jugueteaba en estas. Bien sabía que Kuchen, su gato café, solamente se sentaba y observaba al otro gato, con mirada muy molesta. A veces, Roderich pensaba que Awesome y Kuchen eran como Gilbert y él. Entró en la sala y se encontró con un sonido horrible proveniente del piano, o más bien, de Gilbert.

-¿Gilbert? Gilbert, basta. Está bien que no hicieras el desayuno, es mejor a que quemes la cocina.

-Señorito…-Le respondió el otro. -¿Estas despierto?

-Con esas barbaridades que tu llamas notas, ¿Quién no?

Gilbert no contesto nada. Austria veía algo raro en él, pero, al no llevar lentes, era claro que no podía ver. Caminó hasta lo que creía era Gilbert de manera torpe, tropezando con unas cosas que estaban tiradas de aquí a allá.

-¿Pero qué…? ¡Gilbert! ¿Qué es esto?

-Pu…Pues…-Dijo el albino bajando la voz. Su voz sonaba rara, como si estuviera enfermo.

-¿Te enfermaste?

-No.

-¿Entonces que tienes? No es lo tuyo ser as…. ¡Aaah!-Exclamó Roderich al tropezar con algo.

-¡Señorito!-Exclamo aterrado Gilbert. Si no hubiera sido por el albino, Austria estaría tirado en el piso, adolorido.

-¡Eres un tonto! ¿Cómo se te ocu….?-No pudo continuar. Al ver el rostro de Gilbert de cerca, era claro que algo era diferente.

El cabello de este estaba más largo, sus ojos rojos habían cambiado de color, hasta el punto de tenerlo de dos colores diferentes, rosa y azul. Su rostro era más fino y delicado, como el de una…Como el de una mujer.

-¿Gilbert? ¿Que…?

-Iré por tus lentes.

-¡Gilbert!

-Tratare de explicarte lo que se. Mi grande persona no te asegura mucho, la verdad.

-¿Qué insinúas? Luces diferente. –Al notar que Gilbert subía las escaleras, no hizo más que alterarse.- ¡Gilbert! ¿Adónde vas? ¡Ven aquí y habla como una persona civilizada!

-Ya te dije que voy por tus puñeteros lentes, que no ves ni un carajo.

-¡No hables así en mi casa!

-Está también es la casa del asombroso yo…

-¿Ah sí? ¿Desde cuándo?

Esta vez, Gilbert no le contesto. Cuando estuvo de regreso, le puso los lentes. Y para ese momento, Roderich se quedo mudo. Gilbert era una mujer, extremadamente hermosa. Roderich se sonrojo.

-¿Pero qué…?

-Es culpa de ese maldito Romania.

-Pero Inglaterra dijo…

-Pues el no increíble de Romania estaba lo suficientemente ebrio como para llegar a hacer magia. El asombroso yo ha experimentado su supuesta magia.

-¿Y por eso eres una mujer?

-Al parecer, si. ¡Pero es un-awesome! ¡Ahora la marimacha de Elizabetha vestirá al asombroso yo para sus revistas Yuri!

-Yaoi…

-¿Y cómo carajo sabes tú eso?

-¿Y a ti que te pasa?

Gilbert se cayó por mucho tiempo sin saber que contestar. Roderich se quedo ahí, esperando una respuesta. Gilbert tomo una bocanada de aire y dijo:

-He amanecido sangrando.

-¡¿Qué?! ¿Te duele? ¿Estás bien?

-No, no estoy bien. Me duele un demonio el estomago, y aunque encontré una forma de tapar el sangrado, es…Es incomodo.

-¿Qué insinúas?

- Que…Estoy pasando por eso. –Dijo, completamente sonrojado.

-¿Eso…Que?

-¡Pues eso! ¡Lo que le pasa a Elizabetha cada mes y la pone de un humor de los mil demonios! ¡Tengo "eso!

Roderich tardo un poco en entender, aunque, al comprenderlo, se sonrojo tanto que casi se desmaya.

Minutos después, Roderich estaba en la farmacia más cercana a su casa, comprando de esas toallas que usan las mujeres. Según había leído, los tampones eran inseguros y daban cáncer, por lo tanto, el austriaco no se quiso arriesgar.

Con Gilbert en "eso", la cosa estaba más complicada.


Alfred había llamado a todas las naciones que se habían visto implicadas en el incidente. Los primeros en llegar, fueron Francis, o lo que creían era Francis y Matthew, que estaba más notorio que de costumbre, ambos un poco desanimados, por no decir bastante desanimados. Los segundos en llegar, fueron una femenina España agarrada del brazo de un muy celoso italiano sureño, que observaba por todas partes, buscando defender a su dama. Los terceros en llegar fueron Alemania e Italia, con el alemán con el pelo desordenado, muy diferente al de costumbre. Después llegaron Prusia y Austria, Prusia mas desanimado que lo normal.

-¡¿Bruder?!-Exclamó Alemania, completamente sorprendido.

-¿Tu también West? –Preguntó Gilbert.

No hubo más plática después de eso, pues todos estaban muy tensos. Los quintos en llegar fueron Heracles, que estaba adormilado, con la mujer que se suponía debía ser Sadiq. A todos les llamo la atención que Sadiq no llevara mascara. Aunque era de esperar, después de todo, a las turcas les gustaba mostrar su rostro. Los sextos en llegar fueron Toris, agarrado de la mano de una tensa Ivan. Luego fueron los nórdicos, con sus respectivos semes convertidos en mujeres. Como era de esperarse, siempre iban juntos. Aunque, en ese grupillo iban dos jóvenes, una niña de apariencia de doce años con ojos azules y traje de marinerito, y Raivis, que se agarraba de la mano de la rubia. Después, llegaron los asiáticos. Los tres asiáticos, acompañados por Taiwán, también asiática, que se veía histérica. Japón entro primero y China se sentó junto a él. Islandia reacciono a la hora de ver a una linda joven de cabello lacio, largo, negro y de ojos marrones. Ya se le hacía raro que Hong Kong no respondiera sus llamadas.

-Kaoru…

-Emil, no estoy de humor…

Islandia tomo asiento, un tanto decepcionado.

Hubo un silencio infernal en la sala, hasta que Francis, que era el más deprimido por la situación, habló.

-¿Cómo paso?

-Romania. –Contesto Arthur.

-No te hablaba a ti, le hablaba a Estados Unidos.

-¡No le hables así a Arthur!

-Bueno, entiéndelo también aru. Por lo general, la culpa de que las cosas pasen es de Arthur aru. –Contesto Yao.

-Yao-san. No sea indecente. –Le reprocho Kiku. Y decir que Yao era el uke.

-Esta vez no ha sido mi culpa.-Respondió Arthur. –Ha sido la culpa de Romania, y todos aquí son testigos.

-Sí, pero nos dijeron que su magia no servía para nada. –Le dijo Sadiq, despertando a Heracles de su siesta. - ¿Qué creen que me hará creer que Arthur no tuvo nada que ver con esto?

-Ve~

-¡A Norge no le gusta que sea una mujer! ¡Y a mí tampoco!

-¡Cállate idiota! Eso no viene al caso. –Dijo el noruego, depositando un fuerte golpe en la danesa. -¡Y amárrate el pelo, que te ves horrible! Ahora…-Dijo este, retomando su tranquilidad. –La gente ebria hace cosas que uno nunca en su vida haría. En el caso de Romania, hizo buena magia, pero él la estará pagando de seguro, pues todos aquí sabemos que él es el dominante de la relación.

-Eso no me conforta. –Dijo Estados Unidos. -¿Cómo puedo Ukear a Arthur de esta forma?

-¡Lo mismo digo! ¡El asombroso yo no puede hacer nada al señorito siendo esto! –Dijo Gilbert, señalándose a sí mismo.

-Yo estoy bien como esta, joder. –Dijo Lovino.

-¡Que cruel, Lovi! ¡Creí que me amabas siendo un hombre también!

-Perdón, no quería decirlo de esta manera.

Francia se acerco a Gilbert y le susurro algo, que hizo sonreír por un momento al prusiano.

-D´b´rian tr´nquiliz´rse.

-Su-san, no sé qué decir en este momento. No puedo tranquilizarme.

-P´rdon.

-¡Estúpido Inglaterra! Apuesto que esto es tu culpa por ser un estúpido.

-¡Niño del demonio! ¡Ven acá, bloody hell!

-Kolkolkolkolkolkolkol.

-¡Rusia, tranquilízate!

-¡El héroe resolverá todo!

-¿Pero qué carajo? ¡No estamos para tus tonterías, mon cherie!

-Francis…-Dijo el canadiense en un susurro casi inaudible.

-¡Yo tampoco puedo relajarme, Francis! ¡Soy una maldita mujer, y por primera vez no se me hace divertido!

-¡Ya basta ustedes dos!-Exclamo Arthur desde lejos.

-¡AIYAAH! ¿QUÉ HACES TAIWAN ARU? ¿PLANEAS MATARME ARU?

-¿QUÉ LE HICISTE A KIKU?-Dijo esta, ahorcando a Yao de una manera incontrolable.

-¡Wan-san! ¡Basta por favor! ¡No sea irracional!

-Los odio. –Exclamo Kaoru, tapándose los oídos.

Emil se paró y se ajusto al lado de su asiático, tomándole de la mano y esperando a que se tranquilizara.

-¡Emil! ¡Aléjate de él!

-¡Norgeeeeeee!

-¡Suéltame!

Alemania, que estaba sujetada por un asustado italiano, se levanto de golpe, haciendo fuerte sonidos con la mesa.

-ASI NO VAMOS A RESOLVER NADA. SOLO ESTAN TIRANDO LA CULPA A OTROS, SIN SIQUIERA BUSCAR EN SOLUCIONES. QUIERO QUE ALGUIEN ME DE UNA VERDAMMT SOLUCION AHORA MISMO SI NO QUIEREN QUE ME ENFADE.

-¡Eso, West! ¡Diles!

-¡Gilbert! –Le regaño Roderich, sorprendido por el repentino cambio de humor de la prusiana.

Todos se quedaron en silencio. Hasta que, Noruega levanto la mano y dijo:

-Buscare una solución. Después de todo, esto no ha sido culpa de Arthur, y no sería justo si el reparara esto solo. Cough*Solo empeoraría las cosas*Cough.

-¡Oye!

-Tardare alrededor de un mes, más o menos, sino hasta más. Teniendo a un idiota como este a mi lado, quien podría hacer algo.

-¡Por fin alguien me entiende!-Exclamo Arthur.

-Bien. –Dijo Ludwig, sentándose de nuevo. –Creo que ya es suficiente por hoy. Todos necesitamos un descanso. Nos veremos hasta la próxima reunión. Hasta entonces.

Y Alemania se levanto, llevándose a Feliciano consigo, y salió de la sala. Todos los demás hicieron lo mismo, hasta dejar solos a Alfred y a Arthur en la sala. Alfred, tímidamente, diferente a lo habitual, dio un besito en los labios de su amado, y salió por la puerta de manera sensual. Arthur no se pudo resistir y salió justo detrás de la americana, imaginándose lo que harían esa noche.


*Lo siento mucho, Yao san.

*Mierda! Soy una mujer!

*Maldicion

*Maldita sea!. Italia, no me olvides! Soy yo! Me converti en una mujer! Italia!

Bueno, este es el segundo capitulo. Perdon por el retraso pero he entrado a la prepa y es un poco dificil escribir si no son vacaciones. Hetalia, como es dicho, no es mia, es de Hidekaz Himaruya. Dejen reviews, por favor, que esos son mi vida y mi amor. Tambien pido que vayan haciendo sus preguntas ahora, para que las anote y las responda.

A darkness-ciel: Muchas gracias por tu review. Si, el nichu con Kiku de seme ukeando a Yao se me hace hermoso.

A MapleMary: Siempre he tenido la idea de que España siendo mujer sería consentido por Lovino, y Lovino siendo un haz a la hora del coqueteo, no pudo mas que besar a Antonio. Y Gil...Bueno, ese se me hizo que la cosa iba a estar un poco loca, teniendo "eso".

A emi-arlette: Gracias! AMO QUE LO AMES! :3

A Erzebeth K: De paso quiero agradecerte por siempre dejar un review en mis fics. Me encantan los tuyos, sobre todo imbranato. Aunque, como ya te he puesto en favoritos, no tengo que preocuparme. Tratare de subir mas rapido ahora, perdon por la tardanza.

Y por ultimo, pero no menos importante, a SweetDevil18: Gracias! Todos estos comentarios se me hacen hermosos. Seguira gustandote, te lo aseguro. ;)