Capítulo II

Unos leves toques en la puerta la sacaron de su sueño, después de todo había decidido hacerle caso a la enfermera y descansar el resto del día

- ¿Sí? –

- Kagome hija, lamento despertarte pero llego esto para ti…- Kagome se sentó sobre su cama y miró como su mamá colocaba sobre la mesa lo que parecía ser una cajita con un lazo rojo atado elegantemente en su cubierta, junto con un sobre blanco

-…gracias mamá…-

- no hay de que – contestó alegremente su madre guiñándole un ojo y cerrando la puerta tras si.

Kagome con algo de pereza se levantó, cogió la cajita junto con el sobre y volvió a su cama. Sentada en una posición "indio", sus delgados dedos fueron quitando el sello de cera rojo que cerraba el sobre, y luego sacó una hoja en la que habían unas cortas líneas:

Querida Princesa:

Acepta estos chocolates, tan dulces como tú.

Tu Príncipe Kouga.

Soltó una carcajada algo divertida por lo atrevido que podía ser el joven Kouga tomó la cajita y quitó con cuidado el pequeño lazo que cubría la tapa descubriendo unos muy apetitivos bombones, agarró uno y se levantó para apoyarse en el borde de su ventana y admirar el paisaje que además de la hermosa puesta de sol, le brindaba una vista completa de un árbol sagrado que habitaba allí desde hacía cientos de años junto con una pequeña padoga rodeada de un bosque no tan grande. Tan tranquila como estaba decidió ir a un parque que le encantaba y que no quedaba tan lejos de su casa.

-

Vestida con un hermoso vestido blanco con pequeñas flores lilas bordadas en él llegó a la entrada del parque, que no se parecía en mucho a uno…más bien era como un bosque con varios senderos hechos de piedrecillas y bancas apostadas a lo largo de ellos. Se adentró en el parque a través de los senderos y buscó una banca en la cual sentarse a devorar un libro que hablaba sobre el Sengoku y las batallas que se habían mantenido en aquella época feudal las cuáles contaban sobre demonios, humanos, monjes y sacerdotisas que batallaban por una afamada perla…

Cuando apenas llevaba unas pocas páginas fue interrumpida

- ¡Así que aquí te escondías niñita malcriada! – le sorprendió Sango entre risas, quien ocupó asiento junto a Kagome, comenzando a relatarle que ese día mientras ella se encontraba descansando en casa habían anunciado que en las próximas semanas el colegio se prepararía para el festival que duraría una semana

-…por lo tanto los exámenes han quedado suspendidos! No te imaginas el alboroto que armaron los alumnos cuando se enteraron! Casi derribaban el colegio! – le comentaba riendo, Kagome encantada por esta noticia continuó riendo por los hechos que Sango le contaba. Cuando finalmente el silencio se hizo, Kagome le contó a Sango lo que le había enviado Kouga, y esta, muerta de risa

- ese pervertido no se cansa! Cuando se supone que desistirá! – le decía entre risas - ¿Cuándo comprenderá finalmente que tú no lo quieres?- pero a Sango se le acababa de ocurrir algo - tú…tú no lo quieres cierto? – le preguntó esta asombrada por la idea que se acababa de imaginar

-bueno…no lo se, supongo que no…- contestó Kagome, honestamente, no se había hecho esa pregunta… lo quería?...no, no sentía más nada por ese joven que un afecto de simple cariño…o al menos eso creía

- Hmm, no te veo muy segura Kagome…- Kagome pensando en el chico que conoció aquel día finalmente le respondió muy seria

– Sango créeme, no siento más nada por ese joven que cariño -

- Bueno…si tú lo dices – finalizó Sango convencida por la determinación en las palabras de Kagome

-entonces? En que crees que vas a participar en el festival?...-

-….Kagome? te estoy hablando…reacciona! –

- ah? Perdona, que decías? – respondió finalmente Kagome apenada, lo cierto es que había estado ida pensando en el chico de cabellos plateados y profundos ojos dorados…no, no se podía permitir estar en estas andanzas, que era eso de estar pensando en un chico al que no conocía…porque si venimos al caso realmente no lo conocía…solo había tropezado con él! No podía esperar nada más…soltó un pequeño suspiró, qué Sango a pesar de todo pudo percibir a la perfección

-..Bueno que te parece si vamos a tú casa? Ya está oscureciendo… sabes que no sería bueno quedarnos aquí de noche…-

-si… tienes razón Sango, vamos…-

-

Esta vez se encontraba en el mismo bosque pero algo en el sueño había cambiado, esta vez sentía que volaba, al dirigir su mirada hacía abajo notó que iba montada en la espalda de un ser de vestimentas rojas, y largos cabellos plateados ondeando al viento. Para su sorpresa, al parecer iban dando largos saltos de árbol en árbol, ahogó un grito al ver la altura, el "ser" giró su cabeza hacia ella para buscar en su mirada el motivo de aquel sonido, pero Kagome aun más se sorprendió al ver los hermosos ojos dorados y las pequeñas orejas de gato que le salían de la parte superior de su cabeza…

Unos sonidos espantosos pero muy reconocidos para ella la sacaron de su descanso; era su despertador, el cuál dejó de hacer el molesto ruidito en cuanto Kagome le dio un manotazo furiosa por haberle interrumpido, el aparato salió volando por los aires y fue a parar a una de las esquinas de su habitación. Aún molesta por aquella tan inoportuna interrupción fue a prepararse para ir al instituto, no para asistir a clases, sino para ayudar en algo con el festival; no había que ir con el uniforme así que Kagome buscó algo sencillo en su closet y se lo puso. Esperando encontrarse a Sango camino al colegio salió de su casa.

-

InuYasha se había levantado un tanto sobresaltado pues había tenido un sueño bastante inusual en el que se encontraba casi volando de árbol en árbol con una chica montada en su espalda, recordando que se parecía bastante a la joven con que había tropezado el día anterior accidentalmente.

Estaba ya vestido para asistir al instituto y ayudar con los preparativos del festival, tenían una semana antes de que este comenzara. Había quedado verse con Miroku, su mejor amigo si así lo podía definir en un parque cercano al colegio, lo cierto es que ese parque le encantaba…

-

- Kagome! Kagome! Espera! – Kagome sorprendida volteó para ver quien la llamaba, Houjo, un joven cortos cabellos marrones y negros ojos la llamaba corriendo para alcanzarla

-Houjo? Que sucede? –

- te…te…te traje esto – decía tratando de recuperar el aliento mientras le daba lo que parecían ser ranas muertas disecadas empaquetadas en plástico

- que…que se supone que es Houjo?-

-bueno…son para la gripe que tuviste hace unos días…tu abuelo me contó…-Kagome preguntándose como le describiría su abuelo a Houjo la pequeña gripe que había tenido antes acepto sin objeciones el presente para tratar de no ofender a Houjo que a pesar de las extrañas cosas que le daba cada vez que se enfermaba por más pequeña que fuera la cosa resultaba ser un chico agradable

-entonces…quiere que le acompañe al palacio bella damisela?- preguntó Houjo sonriente a Kagome ofreciéndole su brazo, quien soltó una carcajada y aceptó.

Caminaron durante unos minutos hasta pasar frente al parque que Kagome visitara el día anterior, Houjo iba relatándole a Kagome una graciosa historia de cuando era niño y un día sus tías quisieron vestirle de niña, pero Kagome no prestaba atención su mirada había encontrado a unos ojos dorados que la miraban fulgurantes observando como iba tomada del brazo de Houjo, el encuentro de miradas le parecieron minutos hasta que ya no pudo seguir con ello al menos que quisiera romperse el cuello…-suéltala o te partiré la cara Houjo…- murmuraba InuYasha para sí, el tan solo hecho de ver a aquella joven en brazos de ese estúpido le hervía la sangre…pero…porque?...no tenía nada con la muchacha…

-Hola InuYasha…ohh tremendos gustos InuYasha – Miroku había llegado saludando al joven que estaba de brazos cruzados y recostado a la pared, para luego darse cuenta de lo que captaba la atención de su amigo

- Ni lo pienses Miroku…- le advirtió InuYasha, sin saber porqué…al fin y al cabo no era su chica y podía hacer lo que le diera la gana…un pequeño suspiro se le escapó – entonces? Nos vamos?-

- Vámonos pues..- respondió Miroku comprendiendo a la perfección lo que pensaba su amigo, al fin y al cabo podríamos decir que él ya era un experto…

-

-Gracias por tu compañía Houjo, pero tengo que buscar a Sango, quedé en encontrarme con ella…-

-Cuando gusté Higurashi- respondió Houjo contento dejando a Kagome irse

Kagome caminaba por los pasillos del colegio buscando a Sango, ya iba más de media hora y no la conseguía, así que decidió buscar en el único lugar que quedaba por verificar, fue hasta el Gym y abrió las puertas, encontrando a Sango sentada en las gradas junto a un joven de cabellos negros recogidos en una coleta baja, que probablemente debía ser Miroku, y junto a él

-InuYasha…- murmuró Kagome, notó que por la conversación animada que aun mantenía el trío no se habían dado cuenta de su presencia, fue acercándose poco a poco hasta que Sango la vio

-Kagome! Que bueno que llegas! Pensé que no vendrías- Kagome soltó un suspiro pensando en la media hora que había perdido buscándola

-Ven siéntate aquí te voy a presentar a Miroku y a su amigo InuYasha – le pidió Sango, mientras Miroku intercambiaba una mirada furtiva con InuYasha

-este es Miroku…-

- Hola, Miroku mucho gusto – saludó Kagome estrechando su mano

- igualmente señorita –

- y este… es su amigo, es InuYasha- continuo Sango con la presentación, Kagome se situó frente a él sonriéndole – creo que ya nos conocíamos…-

Sango y Miroku extrañados vieron a sus amigos – ya lo conocías?...- preguntó Sango recordando el breve suspiró que su amiga había dado el día anterior y lo distraída que se encontraba – cuando?..-

- Pues verás…ayer tropecé accidentalmente con tu amiga cuando se iba – le contestó InuYasha

-ahh…ya comprendo…- dijo Miroku, comprendiendo del todo a su amigo

- Hmm, bueno, que les parece si entonces damos un recorrido por el colegio y vemos para qué les podemos servir en el festival - recomendó Sango dado el silencio incómodo que estaba comenzando

- Por mi no hay problema – dijo Kagome

- Por mi tampoco mi querida Sango – contestó el pervertido de Miroku con una mirada maliciosa

- Ni se te ocurra – segunda advertencia que Miroku recibía en una hora, vaya chico, solo por la diferencia que esta vez provino de Sango. Kagome e InuYasha rieron ante el comentario, pues sabían muy bien la relación que sus dos amigos mantenían

Caminaban por la institución manteniendo una animada conversación sobre lo que podrían hacer en el festival, discutieron desde obras de teatro hasta partidos de fútbol, sin contar con que muy pocas eran las veces que Kagome y aquél amigo de Miroku se dirigían alguna palabra hasta que hubo una interrupción

- Buenos días a todos – era Kouga –como estas mi princesa? Recibiste los chocolates? – ya este Kouga se estaba volviendo demasiado fastidioso

-Si…gracias Kouga…oigan este es Kouga – les presentó Kagome a Miroku e InuYasha, pero un silencio de muerte se hizo cuando las miradas de Kouga e InuYasha se encontraron, todos los presentes aparte de ellos dos se miraron entre si

- InuYasha…no hace falta que me lo presentes Kagome conozco muy bien a este perro sarnoso, no es así bestia? – le dijo Kouga a Kagome

-cállate lobo rabioso! – le respondió InuYasha

-ya…ya se conocían?- preguntó Kagome sorprendida por la manera en que se trataban

-si señorita Kagome – le contestó Miroku pero con una mirada de advertencia en sus ojos Kagome adivinó que era mejor no preguntar más al respecto, Sango observando la situación decidió intervenir

- he oído que eres muy bueno en artes marciales InuYasha, que te parece si te inscribes para el pequeño campeonato que se efectuará en el festival? –

- anda perro, yo también me voy a inscribir, podemos tener una batalla juntos – apuntó Kouga con una sonrisa arrogante

- con gus…- pero una acción repentina lo sacó de si mismo, vio a un joven algo mayor que él gritarle a una muchacha de cabellos castaño oscuro y ojos rojos, sabía a la perfección de quienes se trataban, pero no hizo falta su intervención pues, Kouga al ver lo mismo que él se apresuró a detener la cuestión para presumir ante Kagome

- Naraku! Ya déjala! – le gritó Kouga al joven de oscuros cabellos que le gritaba a la chica

- cállate imbécil! Esto no te incumbe!- le contestó este

- el lobo ha dicho que la dejes!- InuYasha también había intervenido, no tanto por presumir, si había algo que destetaba era que maltratasen a una joven

- piensan que la voy a dejar solo porque dos idiotas como ustedes me lo piden?- soltó Naraku con una estridente risa maquiavélica

- Jóvenes! Que son todos esos gritos! – La profesora Midoriko se había acercado a ver que sucedía, pero no hizo falta explicaciones al ver a la joven de cabellos castaños lloriqueando y Naraku tomándola fuertemente del brazo comprendió la situación, el historial de Naraku era bastante largo – Naraku! Vaya inmediatamente a la dirección! – este, fastidiado acercó a la muchacha fuertemente a sí, y le dijo al oído – luego terminamos esto…- la joven salió corriendo en cuanto la soltó y Naraku subió a las oficinas seguido de la profesora

-...bueno mi princesa me tengo que ir, hablamos luego – Kouga se despidió de Kagome junto con los otros y se marchó

-…quién era esa chica?...- preguntó Kagome atemorizada por lo que acababa de ver, InuYasha notando esto le contestó

- no te preocupes…era una de las ex de mi hermano, se llama Kagura es la secuaz de Naraku, te recomiendo que te mantengas alejada de ese tipo – le advirtió, a lo que Kagome asintió con la cabeza sin poder dejar de mirarlo, y a lo que InuYasha sonrió

-bueno…que les parece si seguimos buscando? – preguntó Miroku

- pues…yo creo que me voy…ya veré mañana que haré en el festival…- respondió Kagome

- quieres que te acompañe? – se ofreció Sango

- no…no te preocupes…bueno, me voy hablamos luego – se despidió Kagome dirigiéndose a las salidas del instituto, cuando fue interceptada por InuYasha

- quieres acompañarme al parque que queda aquí cerca?...-

-me encantaría…- le respondió Kagome con una sonrisa sincera que no pudo esconder…

Continuara...

He decidido dejar este capítulo junto con el primero para que no se queden cortos jeje, acuerdense de dejar reviews si les gustó para hacerme saber que sí debo seguir publicando aqui este fic!