Lo de siempre los personajes no me pertenecen son de Masashi Kishimoto-sama. La historia estrafalaria, sí es de ésta servidora (más estrafalaria aun).

Heme aquí con el segundo capítulo. Espero lo encuentren entretenido…


¡¿Por qué?! ¿Por qué de ellas había podido decir esa clase de cosas?

Dulce y determinada, valerosa y perseverante, decidida e impulsiva. A penas habían sido un par de palabras, pero conociéndolo era como si hubiera dado un discurso.

Y de ella, de ella qué. A ella que la conocía desde hacía tanto por qué sólo esa miserable respuesta.

"Tenten es… sólo Tenten" resonó la fría voz del genio en su cabeza.

Esas molestas palabras la hacían sentirse tan indignada, la hacían sentirse tan… nada.

¡Aho! ¡Baka! ¡TEEEEME! Soltó un bufido de exasperación nada femenino, cerró las manos con fuerza contra la tierra arrancando hierba seca. Frunció el ceño. Se estaba molestando otra vez.

¡Kuso! Por lo menos podría a ver dicho que era buena colega. Decir algo que le hiciera saber que la estimaba, aunque fuera en la parte laboral, sólo como integrante del mismo equipo.

Pero no, ni siquiera eso. ¡Kuso! ¡Kuso! Soltó dos puñetazos contra el suelo ante la sensación de frustración que la estaba inundando.

¿Qué? ¿Qué tenían ellas?

Bueno sí, Ino y Hinata pertenecían a clanes prestigiosos y ancestrales de Konoha y Sakura tal vez no tuviera tal abolengo pero era la única kunoichi bajo la tutela de Tsunade-sama, La Hokage, la legendaria Sannin que ella tanto admiraba. Pero con todo eso no eran mejores que ella, claro que no, eso no le quitaba lo torpe a la Hyuuga, lo superficial a la Yamanaka, lo tosca a la Haruno…

… ¿Pero qué demonios estaba pensando?

Las chicas no tenían ninguna culpa de lo que le sucedía. ¿De veras era tan… infantil para dejar que la furia la cegara y la hiciera pensar cosas como esas? Aunque la palabra "mezquina" se le podría emplear mejor.

Esas kunoichis tal vez no fueran perfectas, tenían sus puntos fuertes y sus defectos, al igual que ella y que todo ser humano, pero eso no debía importarle porque esas chicas le habían demostrado que aparte de ser buenas en su trabajo eran personas grandiosas.

Cómo iba a olvidar aquella ocasión cuando estuvo enferma por una dura gripe y las tres habían aparecido en su casa para ayudarla y cuidarla, sin que ella lo hubiera pedido. Ellas estuvieron allí cuando a causa de las altas fiebres no tenía fuerza para hacer nada. Le habían acompañado, subiéndole el ánimo cuando en ese momento se sentía terriblemente mal tanto física como anímicamente, más que ninguna otra vez.

Acaso ya había olvidado que Hinata le había preparado unos tés deliciosos y había cocinado para ella, librándola de esas detestables comidas instantáneas; que Sakura, a pesar de tener sus rondas en el hospital y su trabajo con Tsunade, se pasaba dos veces por su casa para checarla en los cuatro días que estuvo convaleciente; o que Ino le había llevado flores, le ayudaba con la limpieza y con su graciosa manera le contaba todo lo que sucedía afuera.

…Ino… de nuevo las palabras de Neji se remitieron a su mente, qué habría querido decir con eso cuando habló sobre Ino. Bueno, eso no importaba ahora.

Lo cierto era que todas ellas con sus particulares estilos, la animaron al visitarle en esos días que estuvo tirada en la cama casi como si fuera un trapo viejo. Esa tierna peliazul, esa atenta pelirrosa y esa alegre rubia le habían demostrado que de verdad eran sus amigas.

Y con todo y eso había despotricado mentalmente en contra de ellas. Ahora se sentía peor. Una serpiente rastrera era mejor que ella.

- Gomenasai, chicas.- dijo con sentimiento.

"Por culpa de ESE estoy pensando idioteces" caviló mientras miraba el inmenso cielo y colocaba los brazos con bastante pesar detrás de su cabeza haciendo una mueca... Abrió los ojos con desmesura ante una posibilidad que se presentó en su cabeza.

¿Y si quizá Neji se estaba vengando de ella al decir sólo eso?

Por lo que había ocurrido aquel día. Por la absurda reacción que ella había tenido. No, eso era muy improbable, él ni siquiera se había percatado que lo estaba escuchando.

¿Pero entonces por qué había mantenido ese tono raramente amigable cuando hablaba sobre ellas y después había cambiado tan marcadamente cuando Lee la había mencionado?

¿Por qué se había referido a ella de esa forma tan cortante?

El sol comenzaba a desaparecer, escondiéndose lentamente detrás de las caras monumentales de los cinco líderes de Konoha. Dentro de un par de horas oscurecería.

Intentó levantarse con un salto acrobático pero al ver que todos los músculos se negaron rotundamente a responder ante semejante ocurrencia, decidió que por su estado lo mejor sería hacerlo con mesura (aun así a duras penas lo había podido hacer). Sus piernas estaban hechas puré a causa del exceso de taijutsu. Aunque claro, cómo no iban a estar de esa manera, si casi había desenterrado el poste de práctica por el sin fin de golpes que le había propinado (y es que al verlo tan inamovible y seco le recordaba innegablemente al genio). Mientras hacía muecas de dolor al caminar, volvió a aceptarlo, definitivamente se había pasado de la raya.

Se acercó a los postes de práctica para lanzamientos y miró las armas incrustadas. El estado en el que estaban los kunais y los shurikens en los troncos le hicieron darse cuenta de lo furiosa que se había sentido. Unos se habían hundido casi por completo en la madera. Se preguntó si le quedaría el chakra necesario para hacerlos regresar a todos con su invocación. En cualquier otra ocasión los habría retirado ella misma, pero en definitiva gastaría menos energía utilizando su técnica que retirándolos uno por uno, si es que podía.

Tomó su equipo y sacó los pergaminos. Juntó ambas manos a la altura de su pecho, cerró los ojos para concentrarse y, con movimientos prodigiosamente rápidos para su estado, realizó sus sellos de retorno. Abrió un ojo para ver los troncos de nuevo.

¡Kuso! Dejó caer la cabeza con dramatismo. No todos habían regresado, era de esperarse estaba hecha picadillo, su chakra no había sido suficiente.

Sacó con bastante esfuerzo los que quedaron. Jugueteó un momento con el último kunai que retiró. Miró la familiar pieza de hierro, parecía duro e inquebrantable. Pero no era así. Recargó el peso de su cuerpo sobre uno de los postes mirando hacia el cielo en pleno crepúsculo.

No, no tenía caso darle más vueltas, no había nada truculento detrás de la respuesta de Neji, él era así. Y por eso mismo él no era culpable de nada. La única, con rango Jounin en cuanto a la culpa de todo lo que padecía, era ella. Ella era la culpable. La señora Feudal del País de la Culpa. Por ingenua, por ilusa, por almacenar dentro de sí patéticos deseos.

Porque ella anhelaba que algún día, tal vez la realidad fuera diferente. Porque en un recóndito lugar de sus adentros guardaba cierta esperanza de que él la apreciara por algo más que por el simple hecho de ser su compañera. Suspiró con pesadez.

¿Kami-sama, por qué habiendo tantos shinobis lindos y agradables, tenía que haberse fijado precisamente en el más frío e insensible de toda Konoha?

Porque en un principio por más que había pretendido hacerse creer que lo que sentía era simple camaradería, preocupación natural por el bien de un compañero, se había dado cuenta que no tenía caso engañarse. No era una niña que no podía definir sus sentimientos. La verdad simple y clara era que Neji Hyuuga le gustaba.

Sus ojos se iluminaron sutilmente y una tímida sonrisa se asomó por la comisura de su boca.

En aquel entonces, cuando había reconocido esa obvia verdad, lo había aceptado porque se percató de que era algo que podía manejar. No era la primera vez que pasaba por esa situación. Antes también le habían gustado otros chicos. Pero en un momento le atraían y al instante siguiente ya los había olvidado. Bueno era humana, tenía sentimientos; aunque claro, también estaba eso de que era joven y tenía hormonas.

Creyó que lo de Neji también sería algo temporal. Tal vez la convivencia diaria lo haría un poco dificultoso, pero sin duda se olvidaría de él. De eso creía haber estado más que segura.

Pero ese periodo de fijación con Neji no se le pasaba como sucedía en otras ocasiones. Había cavilado concienzudamente sobre el asunto para encontrar el motivo del por qué le gustaba tanto su compañero. Entonces, una tarde mientras descansaban después de una hora continua de taijutsu y lo veía tan imperturbable y distante como siempre, llegó a la conclusión de que todo era debido al clásico conflicto: "cuando no debes más lo quieres". Sí, subconscientemente se estaba aferrando a él porque ella sabía que ligarse con un integrante del equipo, no era correcto, mucho menos profesional. Definitivamente era culpa de una mala jugada, por no decir perversa, vil y retorcida, de sus hormonas juveniles. Sí, eso tenía que ser lo que mantenía al genio en su mente.

De nuevo una sonrisa bailó débil por sus labios. Una suave brisa se coló hasta donde estaba, acariciándole la cara y jugueteando con su flequillo.

En esa ocasión había intentado no preocuparse porque aún tenía un as bajo la manga que ya le había funcionado antes con otros chicos que también le habían gustado pero que no le convenían o tenía sus dudas sobre ellos. Y una vez que, con ese recurso, descubría que eran unos idiotas que no valían la pena, se borraban de su cabeza.

Si no podía de forma natural, echaría mano a su método personal para deshacerse de sus indeseables fijaciones, ese que los hacía bajar poco a poco (a veces a unos más rápido que a otros) de "fantasía hecha realidad" a "insípidos sin humor", "brutos sin talento" y muchas otras acertadas descripciones para el hato de lerdos en los que fijaba. Anteriormente lo había llamado "Convirtiendo al Adonis en bicho", pero era una falta de respeto; no para el tipo en cuestión sino para los bichos. Hasta ellos tenían más talentos y eran buenos. Ahí estaban los del Clan Aburame como ejemplo. Ahora su método se llamaba "Descenso en la escalera de la atracción", más sofisticado aunque también menos gracioso.

En aquel momento el genio de ojos perlados estaba posicionado en lo más alto de esa escalera. Más que posicionado, sus traidoras hormonas lo mantenían aferrado en la cima. Nunca hubiera creído que tendría que llegar a los extremos de usar la escalera por él. Aunque, Kami-sama, le atraía bastante; no, bastante no definía con justicia lo que le causaba, le atraía tanto que hasta había ideado un nuevo adjetivo para describirlo: perfecto dios de ensueño. Y aunque fuera tanta su fijación, usando la escalera lograría pasar de ella; es más con las actitudes que a veces mostraba el genio, botarlo sería pan comido. Lo único que necesitaba era la situación adecuada.

Y casi lo había conseguido, casi lo había logrado aquel día. Pero "casi" era una palabra, que arrogantemente creyó era una distancia mínima que franquear, aunque después entendió, que significaba en verdad, una fisura abismal en la realidad. El "casi" sólo la hizo engañarse, para hacerla más consciente después de su irremediable fracaso y de algo más.

Supo indudablemente que había fracasado, aquel día, cuando por primera vez le habían arrebatado toda su energía e inteligencia con un solo gesto.

El recuerdo hizo suavizar el rostro de la castaña. Cerró los ojos recargando la cabeza sobre el tronco de madera astillada. Esta vez, la sonrisa apareció plena en su boca. Sintió el calor del sonrojo cubriéndole las mejillas mientras suspiraba, como siempre lo hacía cada vez que le regresaba a la memoria la imagen de "aquel día".

Flash back…

Tenten miraba con ojos desorbitados el despertador. No podía ser, se había quedado dormida.

¡¡KUSOO!!

De un salto salió de la cama. La desesperación le hizo fruncir el rostro. ¡No, no le daría tiempo! Respiró, intentando tranquilizarse. Aún tenía veinticinco minutos. Normalmente a buen paso le tomaba más de media hora en llegar, contando a partir de su salida de la casa.

Pero ella podía lograrlo.

Tomaría la actitud de sus compañeros de verde. Sería un reto desafiante, muy al estilo Gai y Lee.

Y además, ella era la kunoichi a la que nada doblegaba, era férrea, dura e inquebrantable como las armas que manejaba. Era la Kunoichi de Hierro (como se había autodenominado secretamente, una ridiculez más que le contagiaban sus excéntricos compañeros de equipo)

¡Vamos Tenten! se dijo y hasta se atrevió a gritar un ¡Yosh! como lo hacía Lee para animarse.

Entró al baño, en un mínimo de minutos salió vestida y con la cara goteando. Tomó una toalla para secarse. Salió corriendo de la habitación mientras se colgaba su equipo al hombro (por suerte lo había dejado listo antes de dormir).

Entró como rayo a la pequeña cocina, tomó un poco de pan devorándolo, cuando sintió que estaba a punto de atorarse abrió el refrigerador y bebió con avidez unos tragos de leche directamente de la caja, no había tiempo para servirse en un vaso. Se cepilló los dientes con tal rapidez que se golpeó en una encía. El ojo derecho le lloró pero no tenía tiempo de quejarse. Tomó una manzana (le alegró siempre tener sus frutas favoritas a la mano), medio la lavó y la metió a su bolsa. Esa la comería en el camino.

Antes de llegar a la puerta, el pequeño espejo que tenía en la entrada de la casa le devolvió su reflejo.

Se pasó con rapidez las manos intentando recomponer un poco el desastre en el que iba; tal vez cuando llegara al área podría…

…¡Eeh! De inmediato, su mirada reparó en la marca, parecida a una cicatriz, que bajaba desde su ceja izquierda hasta la mitad de la mejilla.

¡Kuso! "¿Por qué precisamente hoy?" gimió acercándose al espejo.

Parecía que la noche anterior a su almohada se le había antojado incrustársele justo en la mitad de la cara estampándole uno de sus pliegues. Intentó con un suave masaje borrar la marca un poco. Nada. Bueno, eso no era importante, lo que de verdad importaba en ese momento era darse prisa.

Mientras se desplazaba presurosa entre las calles, las personas con las que se topaba la miraran con curiosidad.

Cómo era posible que viviendo en una aldea ninja donde siempre ocurrían cosas insólitas e increíbles, sin olvidar algunas prodigiosamente absurdas, se sorprendieran de algo tan ordinario como una chica que corría arrebatadamente. Claro, también estaba el hecho de la apariencia en la que iba (una que poquitísimas veces mostraba) a parte además de que se iba dando ligeros golpecitos con los dedos de la mano izquierda sobre la cara agrietada mientras al mismo tiempo comía una manzana roja. Pero sucedían cosas más estrafalarias que esa.

Lo mejor era ir por los tejados, así evitaría las miradas de pasmo que iba causando a su frenético paso y también se libraría de arrollar a alguien que no se quitara a tiempo de su camino.

Neji iba a estar hecho un basilisco si llegaba tarde a la práctica, práctica que ella le había pedido hacer. Y era tan quisquilloso con eso de la puntualidad y el respeto al tiempo de los demás. La parte buena del asunto era que ya no iba a necesitar calentamiento.

Si las chicas no la hubieran entretenido tanto tiempo la noche anterior en el dichoso kunoichi time, esto no le habría pasado.

Todas habían decidido desde un principio que no estarían muy tarde. La mayoría tenían cosas que hacer al otro día y lo mejor era marcharse temprano. Pero del dicho al hecho había mucho trecho.

Primero se enfrascaron en esas charlas sobre la vida ociosa de los habitantes de Konoha (ella les llamaría chismes locales, pero las demás preferían referirse a ello de esa forma) Cada una con anécdotas diferentes, pero sin lugar a dudas las más jugosas eran las de Ino y Sakura (quien diría que en una florería y en un hospital uno se pudiera enterar de tantas cosas). Lo mejor era la forma en que las comentaban la rubia y la pelirrosa, hacían a cualquiera desternillarse de risa.

Luego habían hablado de las misiones que tenían en puerta. Se suponían que eran cosas secretas pero ellas no tenían inconveniente alguno en decirse las fechas, los integrantes, el objetivo de la misión, el grado de riesgo y su probable duración. Ella al principio se mostraba reticente a hablar sobre ello, pero después ya no le importó, le parecía exagerada tanta hermeticidad, además de que todo quedaba entre ellas y se daban ánimos unas a las otras. Aunque estaba segura que el genio se infartaría si supiera que ella comentaba con sus amigas los trabajos que les designaba Godaime.

Y cuando creían que ya no tenían nada más de qué hablar, Ino había hecho un final espectacular. Era de esperarse, después de todo ella había insistido en reunirse porque tenía algo genial que contarles.

Ante la mirada incrédula de todas, les había mostrado su original y extravagante nueva adquisición (aunque la definición de "colorida" también le sentaba).

Contó con lujo de detalles lo que había padecido por obtenerla. Claro no sin ganarse muchos regaños y sermones de Sakura, unas cuantas miradas asombradas y de pánico de Hinata, algo de su crédito y respeto por atreverse a hacer tal cosa, y varios comentarios divertidos y de admiración de Hanabi (ella también asistía; en qué momento se había vuelto muy íntima de Ino era un misterio; pero era algo que Hinata debía detener según Sakura antes de que la rubia le trasmitiera sus manías, y ahora le daba algo de razón a la Haruno). Aunque claro, la rubia admitió que los tragos que había ingerido antes de, habían acabado de completar el valor que le faltaba para hacerlo.

Creían que eso era todo, pero cuando apenas se estaban recuperando del shock causado por su reciente locura sin darles más tregua, les soltó con gran naturalidad la nueva y deschavetada ocurrencia que se le había metido en la cabeza; dejando a todas, sin excepción alguna, con los ojos como platos y la boca abierta. Cosa que si llegaba a hacer, definitivamente tendría todo su respeto (porque ella tal vez ni drogada se atrevería a hacerlo)

Así habían pasado las horas volando. Cuando se dieron cuenta ya era mucho más de medianoche. Sonrió, se la había pasado bien a más no poder, así que no le valía de nada quejarse.

Volvió a la realidad al ver que por fin llegaba al ansiado lugar.

Miró su reloj… ¡Sí! La Kunoichi de Hierro lo había logrado.

Admitió con sinceridad, que las carreras locas y las prácticas desquiciantemente exageradas que realizaba con el equipo, bien valían la pena. La habían ayudado a llegar al lugar en tiempo record y aunque tal vez estuviera agitada por la prisa, se sentía llena de energía.

Por un momento pensó que tal vez las fuerzas del cosmos se pusieran de su parte y hubiera llegado antes que él…

…pero no, el cosmos era masculino y parecía que siempre estaba de parte de los de su género. ¡Maldito machismo cósmico!

Lo vio sentado de espaldas a ella.

Tenten frunció el ceño. No era necesario que Neji la mirara, seguramente ya había percibido su arribo. Estaba muy quieto, parecía relajado como si meditara…

….Un momento, no se meditaba con los brazos cruzados y la cabeza baja…. Mala señal.

- Llegas tarde Tenten- dijo en tono tan sereno que sonaba frío.- Sabes que me molesta estar esperando.

- Go-gomenasai, Ne-Neji.- contestó con dificultad, el esfuerzo que había empleado en su vertiginosa carrera la tenía sin aire. ¡Kami-sama tan sólo eran dos minutos! Pero con eso bastaba para que el frío demonio Hyuuga ya estuviera impaciente. Tenten rodó los ojos con fastidio. Un momento, esa era la oportunidad perfecta para comenzar con la escalera.

Neji se levantó pausadamente, mostrando una reacción muy enormemente parecida a la sorpresa cuando vio a la kunoichi. Algo que Tenten no notó ya que estaba doblada, sujetándose de la rodillas para intentar restablecerse y pensando que ese tono usado en ella por lo pronto significaba bajar de un escalón al perfecto Neji Hyuuga. El reciente objeto de sus fantasías, en unos días estaría en el pasado.

- Traes… el cabello suelto.- dijo con voz pausada.

"¡Vaya que observador!" pensó irónica mientras levantaba la mirada aun respirando trabajosamente por la agitación. En esa posición, su cabello, que era bastante largo, le caía hacia adelante creando una especie de velo marrón que enmarcaba su sonrosada cara. Casi nunca lo soltaba, menos para entrenar, le estorbaba. Cuando había salido de casa sólo se había pasado las manos por su cabeza, pero había pensado en cuanto llegara pedirle un pequeño momento para hacerse sus acostumbrados y prácticos chonguitos.

- ¿Por qué no lo peinaste?- preguntó con esa voz neutra, que antes admiraba y ahora la desquiciaba.

"¡Kuso!" Maldijo la kunoichi. Ahora tendría que decirle, tsk, podría mentir pero qué más daba, ya estaba ahí; además de que estaba lo de la arruga en la cara, cosa que seguramente si aun no había notado, lo haría.

- Yo…me… dormí.- un rubor de vergüenza se sumó al del esfuerzo, tiñendo más sus mejillas. Aguardó unos segundos, más recuperada continuó.- Y no quise perder más tiempo peinándome.

Neji cruzó los brazos otra vez.

Sí, se había dormido ¿Acaso a él nunca le había pasado?

El Hyuuga la miró con cierto aire de suficiencia, casi contestando con eso a su pensamiento. Era Neji Hyuuga, obviamente no. Ella prefirió desviar la mirada. Bien, otros dos escalones más abajo por hacerla sentir como una inepta.

- Antes de comenzar… - casi se mordió la lengua para adoptar un tono de voz amable, además de que bajó la mirada, sabía que sus ojos delatarían su farsa.- Puedes darme unos minutos para recogerlo, lo haré rápido.- omitió un "onegai" deliberadamente.

Neji la observaba sin parpadear.

¡Kuso! Esa actitud analítica que a veces usaba hasta en lo más mínimo, la sacaba de sus casillas. ¿Por qué parecía examinar la situación? No le había pedido matar a alguien o peor aún bailar para ella, sólo tiempo para arreglarse el maldito cabello; el cual seguramente debía tener un estado de completo desastre. Sus ondulados mechones habían sido alborotados al vaivén de su loca carrera cuando atravesaba corriendo las calles y luego habían volado libremente cuando saltaba con rapidez sobre los techos de Konoha.

Bien, dos escalones más que descender por desesperarla. Vaya, la estadística era de cinco en apenas cinco minutos. Y el fondo eran treinta, si seguía así, ese mismo día estaría allí, impondría record y lo más importante… sería historia.

- Está bien, date prisa.- consintió el ojiluna

- Hai.- contestó.

Comenzó a buscar en su bolsa ligas y horquillas para levantarse el cabello. Si sus ondas fueran más suaves tal vez se atrevería a llevarlo suelto como el resto de las chicas. Pensándolo mejor le gustaba mas así, todas tenían el cabello lacio, su cabello encrespado la hacía diferente… ¡malditas horquillas donde estaban!

- Tú cabello es…raro.- comentó su compañero de repente.

¡Eeh! ¿Raro? Raro parecía un adecuado eufemismo para horrible. Apretó las ligas con fuerza dentro de su bolso.

¡Qué! Ahora le criticaba el cabello. El que él tuviera un cabello perfecto no le daba derecho a menospreciar el suyo. Exhaló aire molesta. Eso sin duda, le significaba los veinticinco escalones restantes de un tirón.

"Sayonara, perfecto dios de ensueño. Konichiwa, perfecto imbécil maleducado." Una venita comenzó a resaltar en donde comenzaba la marca de su almohada. Volteó a verle mientras le soltaba a la defensiva.

- Sí, es…diferente, pero a mí me gusta… - le miró con ojos refulgiendo de indignación. Sacudió con impaciencia su cabello echándolo hacia atrás para luego levantar la barbilla de modo desafiante. "Imbécil maleducado" se acercó hasta ella.

- A mí… también.- le contestó Neji.

Tenten lo miró atónita. Involuntariamente el corazón le saltó y con ese salto la estúpida escalera desapareció por completo. Y si eso la había sorprendido, lo siguiente sacudió todas las fibras de su ser.

Por primera vez, en todos los años que llevaban de conocerse, su compañero la derrotaba antes siquiera de comenzar a luchar.

Con lentitud, el inexpresivo e inalterable genio Hyuuga, el perfecto dios de ensueño tomó uno de sus mechones castaños entre sus dedos pálidos palpándolo. Después la miró con una extraña curiosidad en esos ojos plateados.

- Es… distinto,… bonito.- dijo en un tono que nunca le había escuchado y luego…

…luego Neji le sonrió.

Entonces el tiempo se detuvo y sus ojos chocolates se inundaron de un reluciente brillo con esa sonrisa.

Una sutil sonrisa que le vació el estómago para llenarlo después con un millón de aleteos cosquilleantes provocando que ella también quisiera sonreír; que le había agitado el corazón de tal forma que temió que sus acelerados latidos se pudieran escuchar; que le despertó en todo el cuerpo un calor profundo haciendo que le ardiera la cara y una bruma le nublara la mente.

Una sonrisa apenas perceptible pero inolvidable que le hizo sentir que en ese momento no había viento, olores, sonidos o colores a su alrededor; que sólo existían ella y ese chico de ojos opalinos.

Ese que nunca mostraba sus emociones, que siempre era hermético e imperturbable. Ese chico que le gustaba y trataba de olvidar, ese le había dado esa encantadora sonrisa. Porque esa no era la clase de sonrisa que a veces empleaba el genio, esa que sólo era un falso tirón en su boca. No, esta era diferente; ella lo sabía porque lo conocía. Sus ojos perlados resplandecían suavemente y sonreían al igual que sus labios.

No supo cómo reaccionar, estaba perturbada y cómo no estarlo si todos los poros de su piel parecieron despertar al sentir la proximidad del genio. La cercanía de Neji y su sonrisa le habían robado momentáneamente la razón y la vitalidad. (N/A Y a quién no)

- Va-vamos Neji, no-no bromees- contestó riendo nerviosa a causa de todo lo que sentía.

- Yo nunca bromeó.- le habló de nuevo con esa fría seriedad.

Lo miró mortificada. Era verdad, él nunca bromeaba. Y ella que siempre se creía ingeniosa, vivaz; ahora no, ahora simplemente no sabía cómo actuar o qué responder. Sus neuronas también parecían estar babeando por él dentro de su cerebro.

- …Yo…Arigato.- fue lo único coherente que atinó decir.

Mientras lo veía darse la vuelta y buscar algo en su equipo, la verdad la atravesó como si fuera uno de sus filosos kunais. En ese instante lo supo, entendió por qué no podía olvidarlo.

Fin de Flash back

Salió de su ensoñación y volvió a mirar el arma que sostenía. Sí, el kunai parecía duro e inquebrantable, pero sólo era hierro, y el hierro al calor se volvía débil, inútil. Y al igual que un kunai al calor, ella ese día cuando él le había mirado y sonreído de esa manera, se había sentido sumamente débil y completamente inútil.

Se colgó su bolsa a la espalda haciendo caso omiso al crujido que habían hecho sus omoplatos por hacer ese ligero movimiento. Jugando aun con el kunai, comenzó a caminar mientras se alejaba lentamente del área de entrenamiento del equipo diez. El equipo de Ino no se encontraba en la aldea, según supo estarían fuera unos días, así que había decidido tomar prestado su campo. Se alegraba de no haber usado el de Hinata o Sakura que estaban más alejados, porque al ritmo que llevaba a causa del cansancio (las piernas le pesaban horrores) seguramente habría llegado a medianoche a Konoha. Tal vez debería buscar otro método de relajación, uno que no la dejara hecha picadillo.

No había utilizado el área de práctica designada a su equipo porque no quería encontrarse con ninguno de sus compañeros de verde y mucho menos con él. Pero ahora ya desahogada podría enfrentar y soportar la presencia de ese shinobi.

Ese shinobi causante de su molestia, de su furia, de sus presentes calambres musculares y su futuro envaramiento general.

Ese que había sembrado en ella, en todos los años de convivencia que había compartido, un sentimiento profundo y muy fuerte, más que todos los que había sentido antes, más que todo lo que hubiera experimentado en su joven vida. Que ella había confundido con otra cosa. Y que había florecido y se había hecho claro aquel día.

Un sentimiento que iba más allá del compañerismo, de la admiración, de la simple atracción, más allá de todo. Ya no estaba confundida, ella sabía cuál era verdad…

… y la verdad era que ella, Tenten, la Kunoichi de Hierro, estaba enamorada de Neji Hyuuga.


Antes de comenzar… ¡Hola de nuevo!

Bueno, pasado el protocolo social, ¿pues qué les pareció?

Sí, lo sé, algo empalagoso al final del flash back. Pero qué, déjenme sacar mi "yo" cursi (sí, a veces aparece en algún momento de romance).

Saben, siempre me preguntaba cual sería la reacción de nuestra castaña favorita al ver al ver al precioso-fastidioso Hyuuga sonriendo de esa manera. Sonriendo de verdad. Creo que nunca lo he visto sonreir en el anime ni en el manga. Si sí lo ha hecho, díganme en que capítulo lo hace para verlo. (Babearé como las neuronas de Tenten)

Está situación me pareció la perfecta para el segundo capítulo. Explica el enfado de la vivaz Tenten. Sé que lo de la sonrisa no es nada nuevo, ya he leído sobre esto en otros fics. Y sobre el nombre del capítulo, creo que es idóneo para Tenten.

Tardé en actualizar porque ando algo escasa de tiempo, además de que estaba sin internet. Pero espero subir el tercero más rápido.

Antes de irme, gracias por leer estas descabelladas ideas y por último…

…¿algún review que dejar?

(Vamos, la timidez y la desidia no son buenas… anímense y presiónenle aquí abajito)

¡Ja ne!