Título: Vínculos Familiares
Pareja: Mikasa/Levi, y leve Mikasa/Jean y Carla/Levi
Género: Drama/Family/Romance
Advertencias: A ver, por ahora sabemos que habrá lemon y que morirán algunas personas.
Sumario: AU. Long-fic. Mikasa no detesta a Levi Rivaille, simplemente, odia que se haya casado con su madre y no con ella.

Shingeki no Kyojin no me pertenece.


Antes de empezar con el capítulo, os quiero responder por aquí:

CerisierJin: ¡A mi esto de los grupos Rivamika me lo tenéis que contar! Que yo siempre veo grupos, pero nunca sé cómo meterme en ellos. Volviendo al tema de la historia: sí, volví. Lo siento muchísimo por perder tanto tiempo en volver a publicar la historia, aunque ya iréis viendo por qué razón tarde tantísimo. He cambiado algunas cosas que no me gustaban y entran nuevos personajes en la trama. ¡Espero que te guste un montón la historia y vuelvas a disfrutarla!

amerugui: Oye, de verdad, esto de los grupos yo voy súper perdida. Me lo tenéis que contar alguien. Joooooo, me hace mucha ilusión que digáis que el fanfic lo ha leído tanta gente y os ha gustado a vosotras. Espero que la espera valga la pena y disfrutéis el fanfic hasta el final. ¡Gracias por esperar y no olvidarlo!

Gaia Neferet: Sí, por eso especifiqué que no era ningún plagio, porque es lo primero que se nos pasa por la cabeza. Iré publicando poco a poco los capítulos, así yo tengo tiempo de revisarlos (no sea que haya faltas o algo) y no hacerlo de golpe y no disfrutarlo como merece. ¡Gracias a ti por esperar y darle una segunda oportunidad!

Valkyria-Paradox: Yo también quiero saber dónde se esconden esos grupos de los que me hablais, ¿eh? Pues, mira, aquí estoy con una buena nueva. Espero que los cambios que habrá al largo de la historia os gusten y disfrutéis de nuevo del fanfic después de tantos años de espera.

rosayos29: ¡Aquí tienes la continuación! Espero que te guste y te enganche de nuevo al fanfic.

i am none: Pues aquí tienes el primer capítulo, anónimo. ¡Que sea de tu agrado!

Annie: Sí, es que hubieron muchísimos problemas con esa cuenta y dejé varios trabajos sin acabar. Hace unos meses busqué desesperada el e-mail y la contraseña, pero nada de nada. ¡Hasta yo estoy ilusionada con volver a publicar este fanfic! Muchísimas gracias por el apoyo. Sé que releer algo puede ser pesado, pero prometo que habrá cambios que os gustarán.

Diana A.A: ¡Qué me has dejado dos reviews! Me han encantado los comentarios y me hace muchísima ilusión que te hayas leído el fanfic, aunque ahora aquí volveré a publicarlo entero y con algunos cambios significativos que darán giros importantes en la trama (o eso espero). No, ¡no te quedarás con la duda! No te entretengo más y te dejo leer este capítulo.

Muchísimas gracias por la acogida del fanfic y espero no defraudaros. ¡Se os quiere!


Prólogo. Bienvenido, papá.

Es imposible. El olor de las perfumadas rosas le hace rememorar el transcurso de los romances imposibles que habían protagonizado cada una de las novelas que su madre leía cuando el trabajo no se le acumulaba. Alumbrada por una de las tantas velas del salón, Yuu Ackerman escuchaba la tranquilidad de la noche y se dejaba embelesar por la belleza de las letras de los libros que su marido le conseguía en sus viajes al centro del pueblo. No tenía predilección por ningún tipo de libro, así que la búsqueda de nuevas reliquias era fácil para el hombre cuando se presentaba la ocasión de obsequiar a su mujer. La literatura no era algo codiciado entre la sociedad, pocas eran las personas que podían leer, los libros eran algo sin valor para los vendedores y fueron incontables las veces en las que se llevó libros de manera gratuita a casa. Nadie preguntaba porqué necesitaba tantos ejemplares, tampoco importaba qué hacía el otro, el hambre era el problema principal y conseguir unas monedas era el objetivo de todos los que salían a la calle.

La joven Ackerman era una de las mujeres más populares de la zona, siendo la única asiática de la región, Yuu era una de las pocas personas que leía sin problemas y conocía el arte de la escritura a la perfección. Fueron varios los vecinos que se acercaron a su madre pidiendo ayuda para que sus hijos pudieran desenvolverse fácilmente en la sociedad aprendiendo de ella todo aquello que no sabían. Yuu nunca estuvo de acuerdo con ello. Ella no era una profesora, mucho menos conocía los métodos adecuados para enseñar a tantos infantes, y no tenía tiempo para echar una mano a tantas personas: su marido necesitaba toda su atención. No podía dejar que el hombre se encargara de los animales o de preparar los quesos que vender durante la semana. Mikasa, su hija, todavía era demasiado pequeña y que trabajara en el pequeño huerto que habían construido meses atrás ya era suficiente. Por último, tan egoísta y tan cierto a la vez, Yuu veía injusto encargarse de la educación de tantos sin recibir nada a cambio. Sus vecinos no tenían dinero, y ella necesitaba sacar a su familia adelante.

La decisión de no convertirse en maestra molestó a muchos. Las relaciones empezaron a desmoronarse y mantener una conversación con alguno de sus vecinos empezó a ser imposible. La mayoría defendían que su egoísmo era desmesurado, que solo pensaba en el dinero, y que su familia no era más que una burda excusa para no ponerse a trabajar; que tenía a su marido explotado y no tardaría en hacerlo también con su hija por ser una asiática desagradecida con los que le habían dado un nuevo lugar donde vivir. Los falsos rumores sobre ella y los suyos se esparcieron rápidamente, y que muchos creyeran que su pareja la había salvado de una vida entregada a la prostitución fue el pan de cada día. Intentó por todos los medios que Mikasa no tuviera que escuchar nada sobre ello, ya tenía bastante con las burlas que recibía por ser asiática, pero encerrarla en casa las veinticuatro horas del día no era la solución adecuada.

Jamás comprendió el odio desproporcionado hacia su madre. Mikasa entendía la desaprobación de todos los que habían pedido aquel favor, pero no podían forzar a nadie a hacer cosas que no quería. ¿Porqué su madre tenía que trabajar sin remuneración alguna? Ellos también necesitaban sobrevivir a las frías temperaturas que llegarían en breve, y el dinero era imprescindible para no perder alimentos tan básicos como los que se ofrecían en el mercado del pueblo.

Su padre se mantuvo al margen, por petición de su madre, y continuó vendiendo la leche y el queso de sus animales. Él fue un hombre bueno. Buscando lo mejor para sus dos mujercitas, cada mañana marchaba en busca de clientes interesados en sus productos. Durante los últimos años de vida de sus progenitores, Mikasa vivió unos buenos tiempos llenos de alegría y fiestas por las buenísimas ventas que su padre conseguía cada semana. Los productos lácteos y otros tantos de su padre empezaron a ser conocidos en la zona, así que la gente no tardó en arrollar con todos ellos cada vez que plantaba su parada en la plaza del pueblo.

Lo que ninguno esperó es que, una mañana antes de ponerse a trabajar, su padre abriera la puerta y cayera al suelo con un cuchillo clavado en su estómago; su madre rogara porque no tocaran a su hija sin dejar de recibir golpes por todo su cuerpo, y la niña fuera apartada de un manotazo cuando quiso auxiliar a la mujer de la casa y evitar que aquella mortal patada le partiera el cuello.

—Mikasa, ¿por qué odias tanto que Rivaille sea nuestro padre?

Al sentirse aludida, Mikasa Ackerman abre los ojos y observa detenidamente a su hermano mayor. A su lado, el joven Eren Jaeger intenta comprender su actitud sin dejar de mirarla. La morena sigue caminando sin soltar palabra, parece no querer contestar a su pregunta, mientras Eren suspira y decide no insistir más en el tema. Sin embargo, no es la pregunta formulada por él lo que incomoda a la adolescente. Lo único que cohibe a la muchacha es la facilidad de Eren por referirse a aquel hombre como su nuevo padre.

Para Mikasa, "padre" es una palabra que representa tantas cosas que le parece inaceptable que Eren la utilice ante ella. Años atrás, después de acariciar la muerte, Mikasa prometió no volver a usarla con ninguna de las figuras paternales que pasaran por su vida. El único padre que había tenido se encontraba bajo tierra junto a su madre, ambos asesinados por captores que intentaron venderla como esclava. Que ella fuera la única niña asiática de la península era un problema para muchos, aunque algunos hubieran visto una oportunidad para ganar muchísimo dinero con ella. Por esas, y por muchas otras razones más, Mikasa jamás se referiría a aquel hombre como su padre, mucho menos cuando quería ocupar el lugar del señor Jaeger. Ese enano de feria al que todos proclaman como el mejor soldado de la humanidad no ocuparía lugar en su vida ni en su corazón.

Levi Rivaille es veneno, y no merece ningún tipo de respeto.

Sus ojos grises brillan con la luz del Sol, mientras encierra sus manos en dos fuertes puños dentro de los bolsillos de su chaqueta rosada. El griterío y las risas de la gente no calman su dolor ni las ganas de salir corriendo y no presenciar una ceremonia que, en pocos minutos, tendría lugar cerca de la casa familiar. Algo aturdida, Mikasa levanta la mirada y contempla a su hermano en silencio. Eren, al sentirse observado, mira a su hermana fijamente esperando una respuesta para aclarar las dudas. Tras un tortuoso silencio para el varón, Mikasa coge aire y contesta sin emoción.

—Él ha matado el recuerdo del señor Jaeger.

El primer encuentro con el doctor Grisha fue desagradable para la niña de aquel entonces. Habían pasado meses desde la muerte de sus padres, pero había conseguido disminuir el dolor gracias al hombre que la había salvado de aquellos salvajes. Sin embargo, la chiquilla no estaba dispuesta a abandonar el lugar que la había visto renacer, mucho menos volver al exterior y enfrentarse a unas memorias que la perseguían de noche.

El hombre se presentó con una sonrisa en los labios y un tono cordial. Mikasa vislumbro sus pequeños ojos tras los cristales de sus gafas y supo que no había atisbo de maldad en ellos. Las conversaciones con sus allegados eran buenas, todos concordaban en que Grisha era un hombre afectuoso, y ella dejó de temerle en cuanto tomó su mano y le pidió que lo acompañara a casa. Él le presentaría una nueva familia, y podría vivir con ellos el tiempo que quisiera, sin pisotear el recuerdo de su querido padre ni intentar ocupar un lugar que no le correspondía. El señor Grisha, simplemente, trabajó por hacerla feliz y entregarle un nuevo mundo, menos cruel, que adorar.

Eren se sorprende ante la mención de su difunto padre. El joven conoce el resentimiento que la chica alberga por el hombre que está a punto de casarse con su madre, pero nunca supo porqué hasta el día de hoy. Que suelte esa confesión sin más, y antes del casamiento, deja a Eren desarmado. El chico piensa cómo explicarle que debe acostumbrarse a Rivaille sin que ésta crea que está contra ella. A él poco le importa que su hermana no soporte al antiguo soldado, solo quiere asegurar la felicidad de su adorable madre junto al hombre que ella ha elegido. El muchacho coge aire y enfrenta a su hermana antes de entrar en casa. Con un grueso carraspeo y los brazos cruzados sobre su pecho, Eren no le permite entrar sin escuchar lo que tiene que decir.

—Mikasa, escucha, tenemos que aceptarlo —habla Eren sin quitarle un ojo de encima—. Mamá es feliz con él y, aunque no te agrade, hay que hacer un esfuerzo, ¿entendido? —pide, poco seguro de su poder de persuasión, el muchacho espera que la aludida acate sus órdenes. Al menos, en esta jornada.

Mikasa asiente y promete seguir su petición. Ella estima demasiado a su hermano, así que hacerle daño por orgullo no tiene cabida en sus pensamientos. Antes de poder darle las explicaciones pertinentes, la puerta de la casa se abre y deja entrever la figura de su tío Hannes despidiéndose de su madre, quien todavía se prepara para los futuros acontecimientos. El mayor, todavía enfundado en el uniforme reglamentario, increpa a sus sobrinos por estar perdiendo el tiempo en la puerta y no estar al lado de su madre.

—Chicos, ¿qué hacéis aquí? Vuestra madre os está esperando, ¡id a verla!

Al sentir la mirada inquisidora de su tío, la chiquilla se esconde tras la tela rojiza y baja los ojos avergonzada. Eren se percata de la situación y pide al hombre que escuche lo que tiene que comunicarle. Éste último asiente y olvida la presencia de la chica, mientras comprende por qué han marchado de casa y adónde habían ido: con cuidado de no romperla, le enseña la corona de flores que han confeccionado para su madre. Hannes les sonríe y les pide que cuiden de la novia, ya que él debe ausentarse para saludar al novio y darle ánimos. Ambos adolescentes obvian al aludido y entran dentro del hogar que comparten desde hace años.

La puerta está abierta y entrar no es tarea complicada. La dulce voz de su madre revolotea por la casa, y Eren se queda sin habla al ver a su madre enfundada en ese vestido blanco. Carla está espectacular a los ojos de su hijo, aunque no solo por las prendas que la acarician, sino también por la felicidad que inunda su rostro. Sin poder evitar las ganas de transmitirle su alegría, Mikasa sonríe dulcemente y se acerca a ella.

—Mamá —la llama suavemente. A su lado, Eren la mira de reojo, queriendo escuchar lo que quiere decirle a su madre y saber cómo se encuentra después de no haber podido finalizar su conversación antes de encontrarse con su tío—, estás hermosa —murmura hipnotizado, dejando a un asombrado Eren atrás.

Mikasa Ackerman no odia a su madre. Ni mucho menos detesta a Levi Rivaille. La joven, simplemente, no quiere que su madre se case con ese hombre por razones tan obvias que solo ella puede entender.

—Gracias, hija mía, tú estás guapísima con ese vestido.

Las palabras de su madre la hacen sonrojar. Las amigas de su madre la miran con una tierna mueca en los labios, y Mikasa se esconde detrás de su bufanda. Ella no es alguien que disfrutara ser el centro de atención, sino que prefiere pasar desapercibida.

Eren, el único hijo biológico de Carla, sonríe a su madre y le expresa todo lo que siente:

—Mamá, luces como una reina.

Carla ríe nerviosa y se lleva las manos al rostro, ocultando el sonrojo a todos los presentes en el salón. Ante tanto barullo, Mikasa decide apartarse de su familia y salir en busca de aire: la ceremonia se acerca y no sabe si está realmente preparada. Escuchar a la mujer hablar alegremente sobre su próximo marido enfermiza a la adolescente. En completo silencio, Ackerman sale de la casa sin ser vista por nadie más que su mejor amigo, quien acaba de entrar para saludar a la madre de sus amigos y tiene un semblante preocupado en su rostro. Mikasa, escondida detrás de su inseparable bufanda, sonríe con cariño y contesta con un deje de dulzura:

—Salgo un momento, Armin. —El chico frunce el ceño y sujeta la mano de su amiga, quien vuelve a mostrar una sonrisa e insiste—: Ahora vuelvo.

Antes de huir por patas, Mikasa mira por última vez a Carla y sonríe melancólica al recordar a su difunta madre. Tan bonita y especial, Yuu Ackerman hubiera sido confundida por algún personaje de la realeza enfundada en aquel precioso vestido. Su padre lloraría, siempre fue un hombre muy emocional, y repetiría sin parar lo elegante que estaba, mientras su madre y ella reían por sus ocurrencias. La niña se siente desfallecer cuando escucha la dulce voz de su madre y recuerda las caricias que necesita en un momento como éste. Ella sabría cómo consolarla.

La mirada desconcertada de su amigo la retorna a la realidad, y Mikasa se siente algo culpable. Carla no tiene la culpa, realmente nadie tiene culpa de lo acontecido, pero ella no encuentra razón para seguir apoyando el futuro que se le impone. Un nudo en su estómago se hace presente cuando Mikasa cae en la cuenta de que, a su pesar, Levi Rivaille tampoco tiene culpa alguna de haberse enamorado de su madre adoptiva. Entonces, ¿por qué detesta la unión entre ambos? Y lo más importante: ¿qué motivos tiene para odiar al varón?

Armin Arlet contempla a su amiga bajar las escaleras y perderse entre los callejones de la ciudad amurallada. La muchedumbre rodea la casa de la novia queriendo ser los primeros en verla y acompañarla hasta el altar. A diferencia de sus compañeros, Armin todavía no conoce personalmente al novio. Sabe quién es y lo ha visto en alguna fotografía que Eren le ha mostrado, pero no ha tenido el placer de conversar con él o, sencillamente, contemplarlo en persona. Sin embargo, las fotos le dan algo de información al rubio: el hombre es frío, de estatura baja y pocas palabras. También que Mikasa no puede ni verlo por razones que desconoce, aunque ella alguna vez haya mencionado algo sobre una promesa rota. Eren, contrario a su hermana, está emocionadísimo por convertirse en la nueva familia del soldado más fuerte de la humanidad. ¡El famosísimo Levi Rivaille va a casarse con su madre! La excitación en el moreno es palpable siempre que sale el tema, así que Armin no está impresionado por las actitudes de sus amigos.

El chico entra en la casa saludando a todos los presentes. Una sonrisa boba se esboza en sus labios cuando se encuentra con la madre de Eren enfundada en su vestido blanco. Armin saluda a la mujer, mientras camina hacia su amigo sin dejar de mirar a la novia. Después de intentar reconocer a las mujeres que acompañan a la protagonista sin éxito, Armin las saluda cordialmente y decide separar a Eren de su madre unos instantes para explicarle su encuentro con Mikasa. El susodicho le escucha atentamente y levemente preocupado por el repentino cambio de actitud de su hermana.

—No está muy contenta con la boda, ¿verdad? —se aventura a preguntar Armin. Eren suspira con las manos en los bolsillos y se encorva hacia adelante, cansado. Parece que ha tocado un tema algo hiriente para su compañero, aunque tampoco va demasiado perdido. Armin siempre ha sido un chico muy perspicaz—. Entenderé eso como un sí.

—Lo odia muchísimo —murmura el de ojos verdes.

Armin sonríe con cierta exasperación. Mikasa puede ser muy testaruda, especialmente con el tema que están tratando, y poco le importa la opinión ajena. Es tan especial la situación actual que ni Eren es capaz de persuadir a su hermana. Yeso que el joven Jaeger es importantísimo para la muchacha.

—¿Te ha dicho por qué?

Eren niega en silencio y Armin se encoge de hombros, aunque la conversación no termina aquí.

—Ni tan siquiera han pasado tiempo juntos como para que se comporte así con él —señala y se lleva las manos a la cabeza sin dejar de mirar a su rubio amigo. Armin no interviene y deja a Eren hacer su monólogo—. Lo único que he podido sonsacarle es que cree que Levi quiere reemplazar a papá... ¡a nuestro padre! ¿De dónde ha sacado semejante tontería? Es obvio que Levi odia a los niños, por favor.

—No somos niños, Eren, hace poco...

—¿Estás de su lado? —acusa Eren, exasperado. Armin frunce el ceño ante la reacción de éste y entiende que ha sido mala idea intentar buscar una paz inexistente. El moreno continúa vomitando palabrería sin parar—. ¡Lo que me faltaba! Llevo meses intentando que Mikasa no destruya la felicidad de mamá, ¡y ahora tú también ves bien su actitud!

El acusado coge aire y busca las palabras correctas para calmar al chico ante sus ojos. Lo último que necesita es que Eren aparezca en la ceremonia enfurecido y hostigue a Mikasa sin razón. Su amigo respira sonoramente, causa de su enfado, y cruza los brazos contra su pecho, incrédulo. ¿Cómo puede su amigo defender la insana actitud de su hermana? No puede creer que Armin esté dispuesto a echar por tierra su esfuerzo por hacer entender a Mikasa que la felicidad de su madre está por encima de la de ellos dos y que, aunque Levi Rivaille sea el peor pretendiente para Carla, debe callar y aceptar las decisiones que ella tome. Es egoísta, Eren lo sabe, pero ellos no tienen potestad alguna para imponer nada a su progenitora: tanto Mikasa como él deben aceptar y tragar.

Además, después de tanta injusticia, ¿por qué impedir que Carla sea feliz? La desaparición de Grisha Jaeger destruyó el hogar común y dejó una huella casi mortal en los tres. Su madre, empero, fue la que más sufrió su pérdida: de un día para otro, el amor de su vida desapareció y no había manera de encontrarlo, ya que salir de las murallas era imposible para un ciudadano corriente. Los tres lo supieron cuando Eren fue arrestado por la policía militar al ser sorprendido en uno de los carros de la Legión.

—Eren —habla Armin mirándole fijamente a los ojos e intentando entender el conflicto entre sus amigos. No puede obligar al chico a no querer la felicidad de su madre, pero sí puede hacerle recapacitar y entender a su amiga fugada. A pesar de los años que han pasado juntos, Mikasa sigue siendo una chica reservada y con secretos para todos, pero eso no la hace menos humana—, sé que tanto tu madre como tú habéis sufrido muchísimo. La llegada del señor Rivaille ha sido una bendición para todos, lo entiendo, pero... ¿has pensado cómo debe sentirse Mikasa al perder por segunda vez a alguien que ella consideraba un padre? Que le impongas aceptar al señor Rivaille la violenta, Eren —apela a su acompañante e intenta mantener un tono conciliador en todo momento. El susodicho parece relajarse y darle vueltas a todo lo que ha compartido con él. Armin toma una bocanada de aire y finaliza—: Puede que Mikasa necesite más tiempo que vosotros para asimilar la realidad. Ella no atentará ni contra la felicidad de tu madre ni la tuya, jamás lo haría, pero le urge tener un apoyo a su lado y no alguien que le recuerde su testarudez siempre que puede.

Eren asiente y observa la puerta de su casa, abierta de par en par, mientras piensa en lo que acaba de escuchar. Detestaba no poder contradecir a Armin y tener que aceptar la veracidad en cada una de sus reflexiones. El chico siempre tiene razón, y eso es algo horrible cuando tienes un cabreo de mil demonios como el de Eren.

Sin embargo, después de muchos esfuerzos, el moreno comprende que su hermana requiere de una atención que él no le está otorgando. Ella siempre tan atenta a él y sus necesidades, nunca mira por ella primero si Eren está por medio. Entonces, ¿está siendo un mal hermano? Posiblemente merezca una gran golpiza y una horda de insultos que nunca recibirá por parte de Mikasa, mucha es la devoción que siente por él, pero sí puede hacer autocrítica.

Escasas han sido las veces que ella y él han hablado sobre sus difuntos padres, solo Grisha pudo conocer la historia al completo, pero Eren es consciente de que la desaparición de su padre ha despertado demonios que Mikasa había conseguido dormir años atrás. Por lo tanto, y por el aprecio que siente hacia ella, Eren decide que es hora de ir a buscar a su hermana y enseñarle de nuevo la belleza del mundo que les espera a partir de ahora.

—Vamos, Armin —alienta el más alto a su menudo amigo—, hay que ir a buscar a Mikasa e ir hacia la iglesia. Mamá también quiere tenerla cerca.

Los dos hombrecillos salen de la casa sin despedirse de la novia ni sus compañeras. Los nervios de su madre son palpables, así que Eren prefiere dejarla tranquila y no preocuparla más de lo debido. A medida que abandonan el hogar familiar, los dos escuchan las campanas de la iglesia y los vítores de la gente en las puertas del edificio. Parece que hay mucha gente invitada a la ceremonia, muchos son allegados del antiguo soldado de la Legión, cosa que su madre desconoce o, al menos, no espera. Al final, y a pesar de las intenciones del novio, su boda será una de las más comentadas de la ciudad. ¡No todos los días se casa el mejor soldado de la humanidad! Eren sonríe con el pecho lleno de satisfacción. Él, un niño cualquiera, se convertirá en familia del hombre más importante del siglo y podrá aprender de él.

La emoción de encontrarse con Levi es la misma que la del primer día. Cuando su madre le contó que había conocido al soldado durante una de las fiestas celebradas por la reconquista de los muros, Eren enloqueció y acorraló a su madre para que le contara todo sobre aquel hombre. La cena quedó olvidada sobre la mesa, mientras Carla comentaba el encuentro entre ambos y lo amable que había sido con ella. No obstante, la mujer destacó que era un hombre algo distante y no compartían demasiadas cosas en común. A Eren no le importaron las conclusiones de su madre, aquello eran minucias, y sabía que una unión entre Carla y el soldado retirado era posible. Sin rodeos, el chaval animó a su madre a seguir visitando aquella taberna e intentar conocer al hombre: ella volvería a ilusionarse y él podría conocer a su ídolo.

El primer contacto entre adulto y joven fue insulso, aunque tuvo más sustento que el de su hermana. La efusividad de Eren disgustó a Levi durante toda la visita, mas hizo el esfuerzo por Carla e intentó mostrarse receptivo con aquellos dos mocosos insolentes. El chiquillo quiso saber sobre su paso por la Legión, sus aventuras como Capitán o cómo eran los últimos titanes que quedaban fuera de las murallas. Levi sintió ganas de vomitar cuando las imágenes de sus camaradas muertos se amontonaron en su cabeza y los gritos de los que eran devorados retumbaron sus oídos. Se había retirado para no tener que seguir con una tortura redundante que solo le traía dolores de cabeza, y allí estaba ese malcriado obligándole a recordar. Levi contestó que no tenía nada bueno que explicar de su paso por la Legión y que, si quería saber sobre ella, había otras personas en mejores condiciones que él para resolver sus dudas. Al escuchar el tono despectivo empleado por el antiguo soldado, Mikasa se tensó e increpó con la mirada al de ojos azules, que sonrió cínicamente a la joven. Eren se interpuso entre ambos y mandó a Mikasa a buscar a su madre, mientras Levi seguía riendo sin dejar de dar sorbos al té negro que le acompañó durante toda la visita.

Mikasa chasquea la lengua, pensar en ese engendro le enfurece, y esconde su mirada tras la tela rojiza sobre su cuello.

¿Por qué es ella la que siempre renuncia?

Se siente tan frustrada, tan arrepentida de haber salido del subsuelo en el que estuvo... La idea de no aparecer durante la ceremonia es tentadora, pero sabe que Eren la odiaría con tan solo intentarlo. Además, ¿cómo justificar tal desplante frente a Carla? Tan buena madre con ella y tan atenta a cualquier necesidad, Mikasa encuentra imposible no asistir y apoyar a la novia en un momento imprescindible.

Unos estruendosos pasos la despiertan de su ensueño: Eren y Armin están detrás de ella, y el primero le tiende la mano con una diminuta curva en sus labios.

—Mikasa, vamos —alienta el mayor. Ella asiente y entrelaza su mano alrededor de la de él. A su lado, Armin también la ayuda a levantarse—, la ceremonia va empezar y mamá se pondrá muy triste si no estás allí —asegura conmocionando a la pelinegra.

—¿Te sentarás a mi lado, Eren? —cuestiona la muchacha dejándose abrazar por uno de los brazos de su hermano.

Éste, al escucharla, se encoge de hombros y la mira de reojo.

—Como quieras —contesta con sencillez.

El camino hacia la catedral es infernal para la niña de la familia. No obstante, y aunque intente proyectar una tranquilidad inexistente, Mikasa se siente morir por lo que está consiguiendo remover una simple ceremonia nupcial. Los recuerdos azotan su mente a cada paso que da, y reencontrarse con tanto dolor es innecesario. Como un ángel caído del cielo, sin que su hermana se lo pida, Eren decide no separarse de ella ni romper el abrazo que comparten hasta encontrar sus asientos. El joven sabe que si la pierde de vista puede caer en la tentación de fugarse y no acompañar a su madre. Por otro lado, el repentino apoyo del muchacho viene condicionado por las palabras de Armin y la leve culpa por no tratar correctamente a Mikasa. Se presenta ante él una oportunidad para enmendar errores, y Mikasa sabrá valorar el cuidado y la atención que le brindará en la jornada de hoy. Entenderá, o eso cree Eren, que esa es su manera de pedir disculpas y asegurarle que nunca estará sola.

Las grandiosas puertas del edificio están abiertas de par en par. Todos los invitados se encuentran dentro: algunos hablan con el novio, otros están sentados en sus sitios o la minoría entablando conversación con el cura que procederá a casar a la pareja. Eren reconoce a los compañeros del novio, muy conocidos en la zona por su trabajo en la Legión, y avisa emocionado a sus amigos que los guerreros más codiciados del país presenciarán la boda. Armin observa a los señalados y solo reconoce a Levi Rivaille y Erwin Smith, uno de los comandantes más codiciados del cuerpo. Los otros acompañantes son totalmente desconocidos para él y su amiga, quien no se suelta de los brazos de su hermano.

Los pequeños ojos de Rivaille revolotean por la estancia hasta encontrarse con los de Mikasa, quien aparta la mirada asqueada. Los conocidos del novio se percatan de la presencia de los tres adolescentes y animan al novio a que salude a los hijos de su futura mujer. Levi, al percatarse de la brusca actuación de la muchacha, bufa amargado y se despide de sus colegas y cumplir con las demandas de estos. Mikasa trata de deshacerse del agarre de Eren para no enfrentar al varón, mas su hermano murmura su nombre con los dientes bien apretados y le ruega que se tranquilice y haga un pequeño esfuerzo. Ahogada en una angustia permanente, Mikasa suspira e intenta aparentar normalidad. ¿Realmente está obligada a aguantar este tipo de humillaciones? Ella ama a Eren, también a Carla, pero no a ese hombre. Ella lo ha intentado, Dios sabe que ha hecho el esfuerzo, y no ha surtido efecto porque ella no está destinada a permanecer a su lado. O eso es lo que ella quiere creer.

Durante el trayecto, Levi se coloca correctamente el cuello de su traje y saluda a todos los presentes que pasan por su lado. Sí conoce a la mayoría de ellos, aunque no por ello su saludo será efusivo. Él deseaba una ceremonia personal y sencilla, sin tantísimos adornos ni tonterías innecesarias, no la fiesta que se ha formado alrededor de su unión nupcial con su pareja.

Levi saluda a Eren de manera amistosa, sin demasiada alegría, mientras su atención se centra en la única figura femenina entre ellos. Tras recibir un ligero pellizco por parte de su hermano, Mikasa levanta la mirada y saluda a su futuro padrastro. El aludido se acerca a la chica, con una sonrisa burlona que jamás desaparece, y acaricia una de sus mejillas con el dorso de su mano. Armin se asusta ante la repentina cercanía, sabe que la chica no soporta al hombre, y sufre por las consecuencias que puede acarrear. Mikasa aguanta el tipo y aferra sus manos en la tela de su chaqueta para no golpear al hombre y salir corriendo del lugar.

—Estás muy bonita con ese vestido, Mikasa ―asegura pasando su mano entre sus cabellos. Echando hacia atrás su flequillo y mirando al frente, esperando a la novia y próxima señora Rivaille―. Podrías hacerle competencia a tu madre ―recalca, mientras vuelve a acariciar el rostro de la joven.

Mikasa frunce el ceño e intenta apartar las manos del antiguo soldado de su rostro.

—Gracias ―contesta, seca.

Para sorpresa de todos, Levi arranca a Mikasa de los brazos de Eren y se funden en un frío abrazo. La mano derecha del varón se apoya sobre su nuca y aprieta la frente femenina contra su hombro. Su otra mano, a diferencia de la primera, descansa en la espalda femenina, mientras la atrae contra su cuerpo. Eren observa la escena sin reconocer a su hermana, y Armin siente que ese abrazo esconde algo que solo ellos conocen.

Entre los brazos del que fuera capitán, Mikasa deja de respirar y, antes de poder forcejear por liberarse, los labios del hombre se acercan a su oreja y habla en voz baja. La pelinegra aprieta los dientes y cierra los ojos sin dejar de escuchar el veneno que suelta Levi.

—¿Aún pensando que quiero reemplazar a tu padre? ―pregunta con aires de superioridad y su típica voz fría.

Mikasa se sorprende por lo dicho y decide no mirarle. No quiere verle, mucho menos encontrarse con los inquisidores ojos azules que no dejan de examinarla. Enjaulada contra aquel menudo cuerpo, la juvenil Ackerman se siente inquieta.

—¿Qué más da ahora? ―gruñe entre dientes. Rivaille ríe―. Usted va a casarse y va a vivir bajo el mismo techo que yo ―prosigue encogiéndose de hombros, intentando darle la menor importancia posible―, solo espero que su baja estatura no sea infecciosa.

Ante tal comentario, Rivaille la aprieta entre sus brazos. No obstante, y sin percatarse de ello, Mikasa sabe que no es un inocente apretón, sino una advertencia. Rivaille odia que le recuerden su baja estatura y que ella lo haga no es plato de buen gusto. Eren sonríe convencido de que ha sido gracias a él, y Armin siente que su amiga no está cómoda y que quiere salir de esa jaula de carne. El rubio avanza hacia ellos y estira uno de sus brazos para liberar a su amiga, mas los inquisitivos ojos de Levi amenazan su bienestar si osa romper el momento que comparte con la joven asiática. Armin detiene bruscamente su andar y siente su boca seca por el repentino miedo que azota su cuerpo. ¿Qué esconden ese par?

—A partir de ahora seré tu padre ―murmura con un atisbo de fastidio sin dejar de mirar al de cabellos dorados―, así que lo mínimo que podrías hacer es intentar llevarte bien conmigo.

—Usted no es ni será mi padre y si quiere llevarse bien conmigo, manténgase alejado de mí. —Con la mayor delicadeza posible, Mikasa se separa del novio y él la observa sin emoción.

Hannes, su cuñado, se acerca hasta ellos con una sonrisa de oreja a oreja y una copa de alcohol en la mano. Eren bufa al verle ligeramente borracho antes del comienzo de la ceremonia. ¡Qué cansado está de su irresponsabilidad! La mirada furiosa de Eren pasa desapercibida para el soldado en activo.

—Señoras y señores ―anuncia entre carcajadas en un intento de imitar a alguno de sus superiores también presentes―, olviden las conversaciones y siéntense en sus lugares ―pide señalando los bancos con su copa de vino―. ¡La novia ya viene! ―comenta mirando directamente hacia la puerta.

Antes de poder partir hacia los bancos y sentarse junto a Eren y Armin, Mikasa siente, por segunda vez, los labios de Levi sobre su oído. Éste, sin tapujos, sonríe suavemente:

—Espero que me des una buena bienvenida, hija.

La muchacha aprieta los labios y aparta a Levi de un empujón para correr a los brazos de su hermano y su mejor amigo. Antes de sentarse en los bancos, sin embargo, mira el hombre de su madre y éste sonríe altivo. Él sabe qué está a punto de suceder, reconoce el dolor que provocará su decisión, y no le importa en absoluto. Levi quiere ver estallar el infierno ante sus ojos, y Mikasa es el detonante perfecto para ello.

El tiempo avanza lento y tortuoso. En cuanto se acomodan en sus respectivos sitios, Eren toma la mano de Mikasa y no la suelta hasta finalizar la boda. Ninguno de los dos articula palabra: ella sabe que no debe agradecerle a su hermano tan dulce gesto y él promete ser un pilar fundamental a partir de ahora. A partir del día de mañana, Eren no tiene necesidad de sobreproteger a su madre, ya que Levi estará allí para cuidarla, sino que puede ejercer correctamente su faceta de hermano mayor.

A su lado, Armin intenta pasar por alto la congoja de su amiga, aunque no deja de pensar en todo lo ocurrido y el temor que reside en su cuerpo. El rubio dirige una última mirada al protagonista del evento y descubre que continúa mirando a la chiquilla con una sonrisa arrogante. Las dudas avasallan su cabeza, tanto que ni tan siquiera es capaz de escuchar cómo Carla se acerca al novio, y no sabe en qué momento todo lo que le rodea se ha convertido en un cuento. Un sonoro suspiro llega hasta sus oídos: Mikasa está aguantando las lágrimas que pugnan por salir para ver a su madre caminar hacia los brazos de su futuro marido. Carla está preciosa, todos coinciden en ello, y brilla como si de un ángel se tratara. Ninguno de los presentes puede negar la felicidad pintada en su rostro ni las ganas que tiene por entregarle un enorme "sí" a Levi. Tampoco Mikasa puede luchar contra eso, aunque deseé hacerlo con toda sus fuerzas.

Las manos de los novios no se separan, y Mikasa desea desmayarse y despertar dos días después, cuando toda la parafernalia haya cesado. Coge aire y cierra los ojos para no echarse a llorar como una niña. Los recuerdos se agolpan en su mente y un inesperado dolor azota contra ella sin miramientos. Sin soltar la mano de su hermano, Mikasa aprieta los dientes y acaricia suavemente su sien con la única que tiene libre. ¿Cuánto tiempo hace que no siente sensación similar? La última vez fue hace años, muchísimos años, cuando la abandonaron como un perro sin dueño. Las carantoñas de los protagonistas y la emoción de los asistentes ayudan a que Mikasa sobrelleve el dolor sin ser molestada por nadie.

El momento cumbre de la ceremonia llega, justo antes del "sí", y su madre es la primera en leer sus votos. Son quince minutos llenos de palabras de amor, sonrisas y alguna que otra lágrima que Levi se encarga de eliminar con la yema de sus dedos. Mikasa suspira escondiendo su rostro tras la bufanda sin dejar de repetirse el mismo mantra: ¿por qué es ella la que siempre renuncia? Toda su vida se ha compuesto por pérdidas injustas que ha tenido que sobrellevar como ha podido. Entonces, ¿por qué tiene que renunciar a vivir plácidamente junto a su familia? Carla tiene que saber que ese hombre es el demonio y no la cuidará como es debido. Le prometerá la luna y las estrellas, pero solo le entregará dolor y veneno; sus besos la consumirán y sus caricias la atarán a un destino incierto, y esas sonrisas escuetas serán su entrada al averno. ¡Ella no necesita de ningún hombre para ser feliz, ya que Eren y ella pueden hacerse cargo de su felicidad!

Cuando Rivaille empieza a dictar sus votos, Mikasa cierra los ojos y deja que una tímida ráfaga de viento acaricie su cuerpo sin escuchar lo que el enano le dice a su mujer. Si las palabras de su madre han conseguido hundirla, no quiere imaginarse qué producirá escuchar las del hombre. El dolor de cabeza se agrava ligeramente para dar la bienvenida aun desagradable pitido que le echa una mano para evitar escuchar lo que tiene lugar a su alrededor. La mano sobre su sien viaja hasta su oído y ejerce presión sobre éste. Mikasa se muerde la lengua y cierra los ojos con tanta fuerza que cree que nunca más podrá volver a abrirlos. No le importa, sin embargo, ¿para qué abrir los ojos si no hay nada más que sufrimiento por ver?

Al ver el estado anímico de su hermana, Eren envuelve su cabeza con uno de sus brazos y acaricia su larga melena negra. La susodicha le regala un dulce "gracias" y lucha por no empapar la chaqueta del chico. En algún momento, cuando estallan los aplausos tras el discurso del novio, sobre su nariz y aprieta los dientes enfurecida. ¿Es el momento de chillar y salvar a Carla del infierno que le espera? Los ojos verdes de Eren le dicen que ella no tiene razón para hablar; que es el momento de su madre, y que no debe destruir tal felicidad aunque ella la considere engañosa.

—Mikasa, ¿qué estás haciendo? —susurra Eren al notar la disconformidad de la susodicha de seguir abrazada y sentada. La pelinegra se revuelve entre sus brazos sin responder a las dudas del muchacho, mientras Armin empieza a entrar en pánico al prever la intenciones de la asiática y abre los labios para amenizar el huracán femenino que está a punto de desatarse—. ¡Estáte quieta de una vez!

—Es inevitable, Mikasa.

Las palabras de Armin la irritan todavía más.

—¡Él hará daño a mamá! —implora ella con los ojos llorosos y un nudo en la garganta. Eren queda deslumbrado por la conducta de la chica que envuelve con sus brazos. Se conocían desde hacía tanto tiempo que Eren no sabía cómo actuar al ser la primera vez que Mikasa se presenta con ese gesto ante él. El muchacho busca una solución en los ojos azules de Armin—. Por favor, Eren, déjame salvar a mamá.

—Basta. Me has prometido que aceptarías todo esto sin entrometerte —gruñe él y Mikasa vuelve a forcejear hasta que Eren la aprieta entre sus brazos causándole un ligero malestar. Los ojos grises de Mikasa navegan por la estancia y contempla a los enamorados, absortos del conflicto que está originando, cogidos de la mano y con una sonrisa de oreja a oreja. ¿En qué momento Carla abandonó la realidad y se unió al infierno de Levi Rivaille?—. Por favor, Mikasa.

Un escueto sollozo sale disparado de la garganta de la aludida. Eren suspira y deja de apretujarla con fuerza, así el abrazo se torna una dulce caricia que busca curar la agonía en ella.

—Lo siento tanto...

Ambos varones creen que se refiere a su actitud, mas la chica no se está disculpando por el burdo espectáculo sino por sucumbir a una vida llena de recuerdos mortíferos que no quiere vivir. Mikasa vuelve a toparse con los rayos del Sol justo antes de escuchar al sacerdote, que habla en un tono pausado y esperando que todos los presentes puedan entender sus palabras. Los anillos están preparados, cada uno tiene el suyo en la mano, y la tierna mirada de Carla le hace saber que no hay vuelta atrás: ella se ha convertido en el recuerdo de una vida que no quiso vivir.

Carla no tarda en dar su "sí, quiero" lleno de emoción cuando el cura le pregunta si desea vivir al lado del hombre que tiene frente a ella; tampoco pierde el tiempo en ponerle la alianza a Levi. Éste escucha atentamente al sacerdote y mira por última vez a Mikasa, sentada en primera fila y con una mirada suplicante, antes de aceptar el vínculo que se le presenta.

—Sí, quiero.

Levi sabe que con este paso hacia delante sentencia cualquier tipo de relación con la mocosa, aunque sea necesario para conseguir todo lo que una vez deseó tener a su lado. Los retos siempre le han gustado, así que uno de tales magnitudes le excita de sobremanera.

El hombre despierta de sus cavilaciones al sentir los labios de su mujer sobre los suyos y los chillidos emocionados de todos los que les rodean. No tardan en lanzarse pétalos de rosas y arroz sobre ellos antes de que abandonen la iglesia y emprendan camino hacia su casa, donde tendrá lugar un fiesta privada con familiares y amigo íntimos, para seguir con la celebración.

Como la tradición marca, Carla y Levi caminan acompañados de sus amigos hasta su casa. Las canciones típicas suenan sin parar por las calles, algunos desconocidos se unen a ellos desde sus ventanas, y el arroz y las flores siguen cayendo sobre ellos. Levi distingue la chillona voz de Hange entre los cantantes y ruega a los dioses que la cantinela acabe de una vez, mas ninguno tiene intención de detenerse hasta llegar a su destino. Los recién casados son los líderes de la hilera, así que Levi tiene complicado saber quiénes siguen junto a él y quiénes no. La curiosidad puede con él y echa un rápido vistazo: ¿dónde están los mocosos de Carla? Antes de poder alzar la vista y buscarlos con más esmero, Carla estira de su brazo y todos los demás empujan al dúo para que siga caminando. Levi chasquea la lengua y vuelve la mirada al frente.

Las escaleras de su jardín están llenas de rosas perfumadas que le dan un aire impoluto al lugar. Tanto él como su mujer suben las escaleras, pero no son todos los que les acompañan en su nueva travesía: solo los compañeros de escuadrón y algunos superiores de Levi, las amigas más íntimas de Carla y sus hijos pueden acceder a la celebración. Todos los demás, a los pies de las escaleras, siguen cantando y aplaudiendo su unión. Con una tímida sonrisa en los labios, y sonrojada a más no poder, la novia les agradece el apoyo y la compañía.

El bullicio en el jardín no calma las ganas de acabar con la fiesta de Levi. Todas las personas presentes dejan en evidencia la alegría del momento. Él comparte la misma alegría, se acaba de casar con una mujer excepcional, pero no el magnificar algo tan cotidiano como una boda. ¿Qué necesidad había de publicitar su enlace? Hange había sido una de las culpables, aunque poco le importaron las acusaciones que se ganó meses antes de la boda. Ella siempre había sido muy escandalosa, por ello, que empiece a gritar en mitad de su jardín le parece usual.

—¡Mikasa, qué bueno conocerte!

La nombrada asiente y susurra un "lo mismo digo" antes de enterrar la mitad de su rostro dentro de la bufanda. Su malestar es notorio, ella no quiere estar aquí, mucho menos pretender llevarse bien con todos los invitados. ¿Cómo hacerlo cuando ella no aceptaba la decisión de Carla? Mikasa vuelve a mirar al muchacha de ojos verdes que sostiene su mano, y ella le devuelve el gesto con gusto.

No queriendo detenerse a hablar con nadie más, la chica cruza el camino de piedra antes de llegar a la entrada de su hogar sin dejar de escuchar a Hange. Las mesas blancas están repartidas por todo el jardín, adornadas con las mismas rosas de la entrada, y la gente empieza a reunirse allí con una bebida en la mano y muchas ganas de bailar hasta que caiga la noche. Antes de refugiarse dentro de casa, Mikasa es avasallada por los que la reconocen. Todos la felicitan y le auguran un gran futuro al lado de su madre y Levi Rivaille, el soldado más fuerte de la humanidad. Qué estúpidos son si creen que ella gozará de tener a semejante monstruo en su vida.

Hange sigue con su palabrería hasta que se percata de que solo el chico está escuchando sus peripecias. Un desapacible escalofrío recorre su espina dorsal cuando los ojos grises de la asiática se clavan en los suyos. La soldado interrumpe su discurso y aguanta la respiración durante unos instantes perpetuos. Ella... ¿la culpa de lo ocurrido hace años?

—Cuatro ojos, deja de joder a los mocosos y vete a beber con los demás —gruñe Levi con los brazos cruzados. La aludida gira sobre sus talones y aprecia los cambios en el vestuario de su amigo: la chaqueta de su traje ha desaparecido y la camisa está por fuera de su pantalón. Lo que resta, su actitud y cara de culo, sigue en su sitio—. ¿Eres sorda?

—Estaba hablando con los niños, y presentándome ante Mikasa —explica sin querer abandonar el sitio ni la conversación. Levi frunce el ceño y amenaza a su colega con la mirada. Ella, sin embargo, no se echa atrás y hace presente su valentía—. Quiero seguir hablando con ellos un poco más —añade, altiva.

Levi se acerca amenazador hasta que el cuerpo de su hijastro se interpone en su camino. El menor titubea antes de expresarle su gratitud:

—Muchísimas gracias por hacer feliz a mi madre.

El de cabellos negros asiente desconsiderado y fija su atención en la persona escondida detrás de Eren. Hange continúa hablando con ella, y en algún momento parece que la chica sonríe. Un grueso carraspeo lo devuelve a la realidad y a su conversación con el muchacho.

—Hacía tiempo que no sonreía tanto —suelta Eren sin dejar de sonreír. Sus ojos verdes vuelven a fijarse en Levi tras buscar a su madre entre el tumulto de personas que la rodean—. Sé que la cuidará como merece. Espero que nosotros podamos hacerle la convivencia más fácil —añade señalando a su hermana y a sí mismo—, ¿verdad, Mikasa? —susurra en busca de un apoyo que no encuentra.

La chiquilla aprieta los dientes y abandona una reunión que considera estúpida para unirse con su amigo Armin. En el camino, Mikasa choca intencionadamente con su nuevo padrastro y le muestra los dientes, como un animal.

—Lo siento mucho —murmura un preocupado Eren. Levi sigue a Mikasa con la mirada, mientras Jaeger se lleva una mano al pecho y Hange se acerca a ellos—. Ella no está muy contenta con todo esto. —Levi suelta una sarcástica carcajada. No estar contenta es insuficiente para describir la furia que carcome a la adolescente.

Unas dulces manos acarician su nuca. Es hora de abandonar la fiesta y olvidarse de todos los obstáculos a los que deberá hacer frente el día de mañana. Ahora su obligación es sucumbir en el más profundo placer a la mujer que besa su mejilla.

—¿Nos vamos, cariño? —sonríe Carla, mientras él asiente y su hijo se despide efusivamente deseándoles una extraordinaria noche de bodas. Hange abraza a la novia y le da la bienvenida al "círculo de amigos del enano".

Lo último que Levi contempla antes de marchar es a Mikasa Ackerman arder.