CAPÍTULO 2. Verano de los 7 años.

El reino de Regina era aburrido y hacía mucho calor. Emma no entendía por qué sus padres la obligaban a estar allí y perderse el ligero verano del Reino del Norte, soportando a cambio el asfixiante calor del Reino del Sur.

Y, aún así, allí estaba ella, completa y absolutamente aburrida, sentada en una mesa rodeada de muñecas con una taza de té en la mano y Regina repitiendo "tienes que levantar el meñique".

—Esto es un rollo, Gina. ¿No podemos jugar a otra cosa?

—No me llames Gina. ¿A qué quieres jugar?— La mirada de Regina nunca abandonaba su tetera.

Emma saltó sobre la mesa haciendo que el juego de té temblara.

—Juguemos a que somos caballeros que deben enfrentarse a un gran dragón.

Para ilustrar sus palabras, Emma tomó a uno de los comensales de la mesa, un oso de peluche, y comenzó a pelear contra él con su espada imaginaria.

—Tonterías, ¿por qué querría yo ser un caballero? Son rudos, feos y huelen mal. – Dijo Regina sin moverse de su sitio.

—Pues, algún día, yo seré un caballero y salvaré a una hermosa princesa de las garras de un dragón.

—Lo dudo mucho. – Fue toda la contestación de la princesa que apenas se molestó en mirarla.

—Venga Gina, no seas aburrida. ¿Tú qué quieres ser?

—¡No me llames Gina! Y de ser algo, sería una bruja. Así podría derrotarte con mi magia sin necesidad de ensuciarme.

—Eres taaaaaan aburrida que ni siquiera puedes mancharte imaginariamente.— Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Emma.

—Pues tú eres una irresponsable. Me has roto las tazas de té.

—Lo he hecho para rescatar a la princesa.

—¡Tú eres la princesa!

—Pero algún día seré un caballero, ya verás.

—Eres imposible.

Regina se marchó dejando a Emma sobre la mesa derrotando a cada uno de los comensales y con el firme convencimiento de que sí, definitivamente, Regina era una aburrida.