COSAS DE ELLA Y DE ÉL

~ Su tesoro ~

Yamato está preocupado. No deja de mirarla. Sus piececitos casi enterrados, sus manos palpando, explorando. Agarra arena, parece que se la va a llevar a la boca pero en el último momento la tira al aire. Sonríe y aplaude.

—¡Yamato! —el padre se gira. Tan abstraído estaba que no se dio cuenta que empezaba a untar la tela del bikini.

—Perdona, pero —la limpia. Se vuelve a su nena sofocado—, ¿no es peligroso que juegue con la arena?

Sora decide limpiarse ella misma. Su esposo está en órbita. Observa a su hija que vuelve a palpar, a rebuscar, quizá encuentre un tesoro entre la arena. Todos los niños han buscado alguna vez un tesoro enterrado.

—Solo juega —dice, quitándole toda la peligrosidad que su angustiado esposo ve. Luego se arrodilla tras él y le levanta la camiseta— venga, que te de un poco el sol.

—¿Y si le entra a los ojos? —se deja hacer mientras órbita alrededor de Aiko, su bebé de apenas dos años. Su bebé que hoy descubre la playa por primera vez.

Sora sonríe enternecida. Preocupado, protector e incluso angustiado. Ama todas sus facetas, también la de padre.

—Déjala jugar —e impregna la espalda de su esposo con un ligero masaje. Nota su tensión en cada músculo.

—¿No deberías darle protección otra vez?

—Le di hace un par de minutos —ríe Sora—, parece un muñeco de nieve.

No miente. Una visible capa de crema blanca sobresale en la ya de por sí blanquita piel de su hija.

—Tiene la piel delicada, se quemará con facilidad. Sé de lo que hablo. ¿Es suficiente potente? —cuestiona mientras siente los brazos de Sora por encima de sus hombros, untando ahora su pecho en un cariñoso movimiento.

Una caricia así, sentir su cuerpo tan pegado al suyo,... lo habrían vuelto loco en cualquier otro momento. Pero ahora está en órbita sobre el planeta Aiko. Nada de lo que ocurra le hará despegar sus ojos de ella.

Sora acaba besando su sien y untándole un poco en la nariz juguetonamente.

—No te preocupes, cuando la fui a comprar dejé claro que era para una bebé de piel muy blanquita y con un padre muy paranoico —ríe y se vuelve para guardar la crema.

—Perdona por no querer que mi hija sufra una combustión espontánea —Sora niega amenamente y Yamato se levanta abruptamente negando también—. No, no, no cielito, no te quites el gorrito —se agacha recolocándoselo.

La niña lo mira confusa, con sus abiertos ojos azules. Quiere empaparse de todo su alrededor. Notar la arena entre sus dedos, oler el aroma a mar, escuchar el arrullo de una pequeña ola y también el sol. Sentirlo sobre su rostro.

Yamato le hace una carantoña, sonríe y le agarra las manitas. En una resguarda algo, quizá ya ha hallado su tesoro.

—Recuerda la canción —y entona animadamente—: "cuando a la playa vayas, no te quites el gorrito o el sol te dará, demasiado calorcito".

Aiko ríe y aplaude con un puño cerrado. No está dispuesta a perder su tesoro. Yamato se siente satisfecho y lo más importante siente que su bebé esta a salvo de los rayos solares, a salvo de la casi imposible combustión espontánea. Al volverse encuentra a Sora sonriendo pero con un apreciable gesto de sorpresa.

Se sonroja y Sora lo encuentra adorable.

—¿Le cantas canciones didácticas a nuestra hija?

—No… solo algunas —debe admitir. Sora lo mira expectante y Yamato suspira—, cosas sencillas como "cuando hagas natación usa el patito y el bañador", "cruza en verde y de la mano así no te pierdes", "los caramelos solo son ricos cuando te los da tu papito" —Sora aguanta la carcajada, Yamato esboza una media sonrisa—, o el gran éxito "a tu madre la razón siempre darás y así enfadar no la verás".

Yamato ríe al recibir un suave manotazo de su esposa en el brazo.

—No le cantarás eso a nuestra hija de verdad, ¿no? —lo pregunta divertida. Sabe que no es cierto. Solo quiere jugar como su hija con la arena, el agua y el sol.

—Creo que es la que más útil le resultará en el futuro —sigue provocando. Sora gimotea, se retuerce y se recuesta en su regazo.

Yamato la acaricia, su mirada sigue en su hija que trata de levantarse. No duda que lo conseguirá.

—Ojalá hubiese tenido un padre como tú. El mío me enseñaba las cosas con aburridas presentaciones y gruesos libros de vocabulario inentendible. Eso cuando estaba, claro.

Sus palabras emocionan a su esposo. No lo muestra pero Sora lo ve. En sus caricias delicadas, en su sonrisa de absoluta paz. La sonrisa se agranda y Sora sabe a que se debe. Gira la cabeza para ver a su hija que no sin dificultad, pero consigue superar la corta distancia que la separaban de sus padres.

Extiende su mano y muestra una caracola. Yamato la recoge y la sopla. Aiko lo mira con atención, aunque tan solo un susurro se haya escuchado.

—Se puede hacer una flauta con una caracola.

La nena ríe, Sora se reincorpora observando a su esposo ensimismada. Aiko toma el relevo en su sitio y Yamato la abarca devolviéndole su caracola.

—Le gusta la música —dice orgulloso. La niña sopla y sopla.

Terca. No parará hasta hacerla sonar lo que provoca la risa de Yamato y que se incline a su mujer con ternura. Terca. Como ella.

Y juntos quedan orbitando, alrededor de su más preciado tesoro.

-OWARI-

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N/A: gracias por leer, espero que haya gustado soratolove/sorato4ever

2/9/16