Advertencias en este capítulo

Pareja: Austria y Suiza

Otros personajes: Francia

Resumen: Francia, que al parecer tiene un don, decide llamar a Austria en el mejor... (o peor, si es que lo vemos desde la perspectiva de Suiza) momento, por que al parecer es tradición interrumpirles cuando se quedan en el sofá en Berna.


Desnudo

Suena el teléfono de Austria, lo cual, como siempre, es terriblemente inútil.

Porque él está muy ocupado haciendo deslizar cosas en otras innombrables con Suiza y ahora mismo le interesa lo que tres reverendos pepinos el resto del mundo. Bueno, el termino correcto sería acabando de deslizar justo... ahora.

Suiza, que está recién muerto por ahí abrazando al moreno aún y sonriendo como idiota, lo escucha. Chico listo dónde los haya, decide ignorar el teléfono y mejor hundir su cabeza en el cuello de Austria, porque si hace mención de ello, tiene que hacer mención también de lo que estaban haciendo y cree que es mejor no hacer mención de nada hasta que sea inevitable.

Siguiendo con el tema, no es como que Austria planee hacer algo tan trivial como prestar atención a su teléfono, en su completa tranquilidad y pachorra características.

Diez minutos más tarde... suena el teléfono de Suiza, este gruñe y por lo que concierne a Austria, podría estar Ginebra en llamas que sigue en las mismas... Puede que pensando en fresas ahora.

―Es mi teléfono ―susurra el rubio en el oído del otro, honestamente sin quererse mover, empezando a sonrojarse.

―No sé de qué me hablas ―responde mintiendo y sonriendo cínicamente, sin planear moverse.

Suiza hace un ENORME esfuerzo por no moverse y... el teléfono se calla.

―Espero que no haya pasado nada grave ―comenta maligno el austriaco como quien no quiere la cosa al nota la incomodidad del helvético.

Así que Suiza piensa en quien habrá sido y empieza a incorporarse como accionado por un resorte ante el comentario de Austria, pero él se lo impide abrazándole más fuerte.

El rubio se sonroja al verle, al verse y al pensar en lo que ha pasado hace unos segundos.

―Pu... Puede que... haya pasado algo, Österreich.

―Puede que alguien más sepa cómo resolverlo ―responde apartándole el pelo de la cara y con la mano en su nuca le hace bajar la cabeza para darle un beso en los labios. Suiza se sonroja más, respondiéndole al beso SÚPER nervioso―. Claro que por otro lado puede que a nadie más que a ti le interese realmente resolverlo y tengas que hacerte cargo personalmente ―añade al separase, cuando nota que le corresponde. El helvético se congela, abriendo los ojos más y desviando la mirada después de un instante.

―Vo... Voy a...

―O por supuesto, puede que solo sea un imbécil que no tiene nada mejor que hacer ―continua volviendo a besarle. El otro aprieta los ojos sonrojándose mucho de nuevo y... correspondiéndole el beso.

―Qui... Quizás... Es... No deberíamos, no... ―balbucea en cuanto se separan desviando la mirada de nuevo.

―No insisten, no debe ser realmente importante ―valora tranquilamente sonriendo por hacer bailar a Suiza.

Vuelve a sonar el teléfono de Austria pero él sigue pendiente de Suiza y hace como si oyera llover.

―Es tu... Tu teléfono, algo debe haber... ―intenta incorporarse de nuevo.

―Lo dices como si tuviera que importarme ―le mira sonriendo de lado.

―Pues pudo haber pasado algo ―le mira a los ojos y se emboba un poco con la sonrisa, olvidando por un instante el asunto del teléfono.

―También puede no importarme ―insiste―. Aunque yo diría que eso no es condicional ―le besa otra vez. Y Suiza se deja besar y le corresponde, sonrojado y todo, porque al parecer esto es de lo que tienen ganas...

Suena el teléfono de Suiza de nuevo.

―Supongo que no será algo que requiera atención Urgente ―trata de ponerle nervioso otra vez en cuanto se separa.

―Tengo que contestar ―sentencia intentando incorporarse de nuevo y sonrojándose al ver los labios de Austria tan babeados y rojitos. El moreno se ríe y decide que ya han bailado bastante, soltándole para que conteste.

―No te olvides de explicar detalladamente porque has tardado tanto en hacerlo.

―Cállate ―responde tratando de levantarse sin que se le vea nada, buscando sus pantalones en el suelo junto con su teléfono móvil. Toma un cojín del sillón y se tapa con él en lo que busca. Austria busca sus calzoncillos y se los pone tranquilamente, sonriendo.

De nuevo y para no perder la estúpida mala costumbre, Suiza encuentra sus pantalones pero no sus calzoncillos. Contesta el teléfono sin ver quién es, con el cojín en las piernas aún.

Hallo?

―Ohh... Mon cher, Suisse! ―Francia le sonríe al otro lado―. Je suis le France!

Austria se acerca a Suiza tanto como puede y empieza a morderle la otra oreja suavemente. En cuanto escucha quien es el helvético tiene un microinfarto y... en cuanto el moreno se le planta en la otra oreja, tiene un macroinfarto.

―Eeeeh... ―responde balbuceando más rojo que una manzana―. A... Allò.

―¿Están muy ocupados? ―pregunta Francia con plena intención aunque realmente sin saber siquiera que Austria está ahí.

Y entonces, al notar el infarto, Austria desliza la mano bajo el cojín, lo suficientemente cerca para ser incomodo pero sin tocar nada. Mientras baja por el cuello.

NEIN ―prácticamente grita, más para Austria que para Francia, HISTÉRICOLOCOPERDIDO, poniéndole a Austria una mano en el antebrazo para detenerle. El moreno se ríe y quita la mano separándose (y llevándose el cojín consigo) buscando sus pantalones.

Non? Oh... Fantastique! Yo que pensé que estarían juntos disfrutando su vida en pareja... ―se ríe el francés con risa ligera al otro lado del teléfono.

―Aaaaargh! ―Suiza suelta un grito ahogado, cada vez más histérico entre lo que le dice Francia y que Austria se lleva el cojín―. ÖSTERREICH!

Francia levanta las cejas.

Suisse? Están... ―carraspea con uno de esos carraspeos que tanto debe irritarle a Inglaterra―. ¿Quieres que los deje solos?

Austria deja el cojín en la butaca, lo bastante lejos y se ríe mirando a Suiza. Sin ningún disimulo o pudor baja la vista hasta... Ejem.

El helvético baja las dos manos, una con todo y teléfono, y se tapa el asunto, echando humo por las orejas, o vapor de agua probablemente de lo sonrojado que está.

Österreich! Verdammt! ―protesta en tono de secreto, sin atreverse a mirarle―. Deja... deja de mirarme... ―susurra en el mismo tono mientras Francia flipa y sonríe con ESA sonrisa al otro lado.

Allò? Allò? ―pregunta Francia, con una gran sonrisa a modo "muajaja". Austria le mira a los ojos y se le acerca. Muuuy lentamente levanta la mano y la aproxima hasta la zona en concreto Sonríe. Finalmente, toma el teléfono y se lo quita, llevándoselo al oído.

Hallo?

Mein... gott.. in... hi...mmel... ―sisea el suizo apretando los ojos en cuanto Austria toma el teléfono, MUERTO de la vergüenza.

―Ohh... Autriche! Allò, cher. Veo que están ocupado disfrutándose uno al otro ―saluda Francia.

―Oh... ―Austria hace los ojos en blanco―. Eres tú y tu don de la oportunidad ―comenta semi fastidiado semi desinteresado empezando a vestirse. Francia frunce el ceño y se le borra un poco la sonrisa.

―Querría afinar los detalles de la cena de hoy. ¿Tienen algún inconveniente en llegar a las ocho? ―pregunta Francia tratando de relajarse y de que se le resbale todo lo que dice Austria.

―Permíteme ―se vuelve a mirar a Suiza. Este, que estaba a punto de levantarse, se sonroja de nuevo, volviendo a taparse el asunto... sintiéndose atrapado infraganti. Austria levanta las cejas y sonríe divertido.

―¿Crees que podrás lograr organizarte para que no lleguemos tarde a París si quedo con Frankreich a las ocho? ―le pregunta expresamente para molestarle.

―Para no lle... ―frunce el ceño―. ¡Claro que puedo organizarme para llegar perfectamente a tiempo, como siempre! Verdammt! ¿Con quién crees que estás hablando? ―sigue la protesta.

―En principio está bien, aunque puede que lleguemos un poco tarde ―responde al teléfono asegurándose de que Suiza le escuche, por que Austria de buen humor molesta a toooooodo el mundo.

Nein! ¡No vamos a llegar tarde! ―protesta Suiza al otro lado del teléfono. Francia escucha protestar a Suiza...

―Bien, entonces nos vemos a las ocho, cher ―Francia asiente con la cabeza―. No es necesario que traigan nada, nos vemos aquí.

Danke ―agradece por que Austria es educado, a nivel de "de acuerdo".

―Bien, hasta la noche ―responde en tono de despedida.

Auf wiedersehen ―se despide también.

Adieu ―cuelga pellizcándose el puente de la nariz. Austria cuelga también, sonríe de lado y luego vuelve a mirar a Suiza que sigue petrificado en el sillón.

―Interesante discurrir de los hechos ―comenta levantándose de la butaca en la que estaba, acabando de abrocharse la camisa, perfectamente vestido y sentándose junto a Suiza.

―Ne... Necesito vestirme ―hace notar Suiza, que sigue perfectamente sonrojado. El moreno le mira de reojo.

―¿Tienes frío?

Suiza aprieta los ojos.

Bitte...

―Mmmm... ―vacila.

―Te detesto ―susurra. Austria sonríe.

―Lo sé ―se pasa una mano por el pelo y recupera sus gafas tranquilamente, sin moverse del sitio.

Österreich... ―abre los ojos y le mira y luego desvía la mirada de inmediato, sonrojado―. Verdammt... es... Dame mis pantalones ―mira al suelo―. O mi camisa o algo... bitte ―pide con dificultades, perfectamente incómodo.

Austria le mira de soslayo y sonríe maligno, poniéndole una mano en el cuello y acariciándole leeentamente bajando por el pecho desnudo.

― ¿Y si no? ―pregunta sonriendo. Suiza baja la vista a mirarle la mano.

Bitte ―repite odiándose por pedirle las cosas así en lugar de romperle un brazo. Austria se le acerca y le besa oooootra vez. Suiza le odia y le corresponde.

―Te odio, te odio, te odio... ―murmura en cuanto se separan, aún sentadito ahí, tan mono él, con sus manos en sus regiones vitales, sintiéndose TOTALMENTE expuesto.

―Sí, lo sé, algo he oído ―responde en un susurro.

―Voltéate ―ordena en una súplica. Pero en vez de eso, el moreno se acerca y le pone el pelo tras la oreja―. Ehh... Österreich... estoy des... ―traga saliva y aprieta mas las manos en su regazo al notar que... bueno.

―Sí, de eso también me he dado cuenta ―asegura acercándose en el clásico movimiento―. Pero es que yo tengo que retenerte en mi memoria, porque no tengo ayuda bajo mi cama ―susurra refiriéndose a una técnicamente secreta caja con fotografías de Austria que Suiza le quitó a Francia por la indecencia pero que al final el helvético utiliza en las largas noches de soledad.

Suiza abre los ojos como platos y tiene un escalofrío.

Nein, nein... bi.. bitte... ―susurra haciendo un esfuerzo enorme por no mirarle―. No digas más... ―suplica cerrando los ojos pensando que es perfectamente maligno por qué no se puede mover sin quedar absolutamente… descubierto. Austria le besa bajo la oreja y vuelve a acariciarle el pecho

―Venga, no sé de qué te avergüenzas, las horas de entrenamiento dan sus frutos ―vuelve a susurrarle.

―Las... Las... no es... yo... ―balbucea mirando la mano de Austria en su pecho y teniendo otro escalofrío―. Esto es perfectamente injusto ―sentencia logrando formar una frase.

―¿Acaso no lo notas? ―Austria empieza a reseguirle los músculos seguramente en tensión con el dedo, dibujándolos suavemente.

―¿No... ta... Notar? ―pregunta medio escandalizando, notando PERFECTAMENTE su problema principal―. Quizás po... deberíamos... yo... vestirme ― balbucea sin dejar de mirar el dedo de Austria recorriendo su torso y considerándolo algo estúpidamente erótico. Le mira de reojo. Austria sigue, con cuidado mirando el dedo también y en un momento dado, al llegar al abdomen sube la vista para verle a la cara.

Suiza se arrepiente al instante, desviando la mirada.

―Estoy muy incómodo ―admite con voz aguda, mirándose a sí mismo la zona de las regiones vitales, asumiendo que... bueno, que todo es un desastre. Austria sonríe maligno sin dejar de mover el dedo.

―Ya te he dicho que vine a incomodarte ―admite.

―Quizás deberías... ―se calla― Joder, Österreich. Te odio, te odio... Deja de moverte y de tocarme y de hablar y de oler y... ―se calla SUUUUUUPER avergonzado.

―Y aun así, hay cierto placer maquiavélico en acariciarte eróticamente cuando estas así de incomodo ―se acerca y le besa el bajo vientre. Y Suiza quiere fundirse con el sillón en estos momentos.

Österreich, nein... bitte ―medio cruza la pierna intentando ponerse de lado y alejarse del toque de Austria y lo único que se le ocurre hacer en un movimiento desesperado es levantarle los lentes y taparle los ojos, con una mano, mientras trata de taparse lo mejor que puede con la otra. Austria sonríe aun con los ojos tapados.

―Quizás puedas usar esto cuando juegues con las fotos―propone y luego saca lengua hasta lamerle un poco la mano que ha puesto en su cara.

Mein gott in himmel! ―sisea vacilando si seguir tapándole los ojos o no, cuando ejem... algo... le recuerda el problema principal y se aguanta el lametazo― Te odio... te odio, eres... imposible ―protesta―. Teniendo cada vez más problemas.

El moreno aparta la cara de la mano y le mira sonriente.

―Sí, lo sé. Me lo has dicho unas cuantas veces.

―Si fueras tu el que... ―abre los ojos en pánico al escucharse a sí mismo y al verle a la cara, volviendo a taparse las regiones vitales, odiándose a si mismo porque Austria le guste TANTO. Joder, hace menos de quince minutos que han terminado y el ejem... ahora mismo no tan pequeño... Suiza, parece... bueno.

Austria le toma de la muñeca que tiene en alto y la sujeta acercando la cabeza a su axila y acariciándole todo el costado de su torso con su pelo, haciéndole cosquillas.

―Si fuera yo el que... Tú te habrías muerto de vergüenza hace rato ―asegura mirándole desde su cadera. A Suiza se le ha salido el corazón o sea le ha cambiado de lugar a una región más al sur.

―Eres muy... ―balbucea, absolutamente excitado―. Para, bitte... ―susurra en un tono de para de hacer esto, no para de detente. Para de jugar y mátalo. Austria le acaricia los muslos con el dedo aun un poco.

―¿Que pare de qué? ―pregunta haciéndose el tonto.

―Detente, deja de ―susurra con la voz grave―. Deja de... mein gott... como es que tu no... ―desvía la mirada. El de las gafas se acerca a su cara, le besa y mientras lo hace, aparta las manos de Suiza de allí dónde las tiene para invadirle por fin al estilo Austriaco. Y es posible que a Suiza le dé un colapso.


Que no se entere tu mamá de lo que has leído, pero no olvides decirnos que te ha parecido.