Los personajes no me pertenecen, no tengo una nevera suficientemente grande para guardar cadáveres.
Un Momento
Capítulo 2: Obsesionarse trae este tipo de consecuencias
Decir que Snape estaba molesto era decir poco.
De un día para otro le habían plantado al jodido de Black delante y le habían OBLIGADO a darle la mano. Dios, era como tener que tocar un Oliontrup, solo que esos odiosos (y bastante asquerosos) animales no tenían la culpa de ser cómo eran y al menos servían para hacer pociones. Black ni para eso.
Y encima era un ¡animago! Un jodido, maldito y estúpido animago... Un maldito ¡perro que él se había encontrado en el bosque!
Gruñó con fuerza, logrando que dos alumnos de primer curso huyeran despavoridos.
—Ah, Severus, tan agradable día —la voz del Director, acercándosele.
—Director —gruñó él, haciendo que el título sonara a insulto más bien.
—¿Sabes? —comentó el hombre, sin darle la mayor importancia al tono—, ayer descubrí, bastante asombrado, que mis caramelos de limón habían desaparecido. No sabrás nada de eso, ¿verdad? —le preguntó con ese tono de: "no te estoy acusando pero lo hago, y si has sido tú será gracioso".
Snape parpadeó.
—Director, pese a que debo admitir que he Soñado con hacer desaparecer esos caramelos de la faz de la tierra y que, incluso, me he planteado amenazar a la fábrica misma para que deje de venderle... No, no he sido yo. No sé lo que les ha pasado a sus caramelos —dijo con una ligera mueca de asco.
—Curioso, muy curioso —asintió el Director con una sonrisa—. Creo que fue justo después de tener esa reunión con Sirius y Minerva... —comentó como si nada, palmeando el hombro de Snape—. Avísame si descubres algo. No puedo reunirme con la gente en mi despacho y no ofrecerles nada, y un caramelo de limón siempre alegra el alma.
Snape contuvo un escalofrío, dejando que el hombre se fuera.
Caramelos desaparecidos, ¿y a él que diablos le importaba?
Tenía otras cosas qué pensar, como lo del maldito de Black, siendo animago, siendo ESE perro.
Dios, no paraba de darle vueltas y eso que ya hacía una semana del "agradable" encuentro con ese intento desafortunado de persona. De tenerle que dar la mano. De tener que tragarse su orgullo y ver como ESE perro era Black. Al perro al que él le había dado...
Un... caramelo... de limón.
No, era demasiado absurdo.
Black no era... oh, bueno, sí era idiota, lo demostraba cada vez que hablaba pero... no tanto... bueno, sí tanto, pero no de esa clase de idiota, ¿o sí?
Vale, a él no le importaba.
¿Pero por qué diablos tendría Black que ir robando los caramelos?
No, no le importaba.
Pero era una estupidez tan grande...
Gruñó de nuevo. Esta vez vio que alguien daba un respingo, pero nada más, y lo miró de reojo, reconociéndolo de inmediato.
—Señor Potter —dijo viendo al joven ahí—. ¿Dónde ha dejado a sus "fans"? —preguntó con ironía, pero cuando el intento fallido de mago fue a hablar él lo cortó—: ¿Dónde está Black? —exigió saber, ese crío había estado hablando con el perro durante todo el año, Dumbledore se lo había dicho, por tanto debía saber donde rondaba.
—¿Qué le quiere hacer? —preguntó Potter, su tono molesto, como si fuera un estúpido caballero de brillante armadura teniendo que defender a todo y a todos. Snape sintió como una fuerte migraña estaba amenazando con llegar si intercambiaba demasiadas palabras con el crío.
—Señor Potter, pese a las ganas que he demostrado en el pasado de que su padrino muriera de la forma más dolorosa posible y, a poder ser, que yo lo viera —le explicó lentamente, como si hablara con un retardado—. Me veo en la pesada carga de no poder recrear mis sueños si quiero conservar mi puesto en esta "maravillosa" escuela. Así que, si me hace el favor de decirme dónde está ese... gasto inútil de oxígeno, se lo agradeceré —que si se traducía quería decir: "Dímelo o te mato".
Potter, como buen Potter que era separó sus labios, los cerró, los volvió a separar y luego a cerrar de nuevo... y Snape sintió la migraña atacándole con fuerza.
—¡Potter!
—¡En el bosque! —soltó el joven, dando un respingo de nuevo y luego viéndose sorprendido por haberlo dicho.
Snape no esperó nada más, yéndose de allí y rogando que la migraña se quedara con Potter, ese crío realmente era horrible... y le tocaba aguantarlo en sus clases. Ver los ingredientes de las pociones siendo malgastados inútilmente para que ese ser tratara de conseguir... ¡amargarle la vida!
No, pero ahora quien se llevaba el trofeo para amargarle la vida como un profesional era Black.
Black robando caramelos de limón. ¿Para qué?
No le pareció que le hubieran gustado en nada, no con el gesto que él recordaba. ¿Tal vez lo había hecho para que el director no se los ofreciera? Pero el hombre tampoco miraba si se los tragaban o no (al menos), así que simplemente podía cogerlos y ponérselos en un bolsillo.
Pero Black era tan idiota... y él no podía meterse en su mente. No sin acabar dañándose la suya de por vida y que lo tuvieran que encerrar en un psiquiátrico.
Fue hacia el bosque, tratando de no darle muchas vueltas al asunto o la migraña que conseguiría sería monumental.
Aunque claro, el bosque no era justamente pequeño.
Suspiró, deteniéndose en la entrada, desde ahí no estaba viendo a nadie. Black, de todos modos, tenía que quedarse escondido, así que en teoría iría con su forma de perro... Bueno, la teoría de alguien sensato, por tanto seguro que Black estaba dentro del bosque con su forma humana.
Entró.
Por unos minutos simplemente vagó por ahí, sin saber exactamente hacia donde dirigirse. Hasta que notó que sus pasos le llevaban, justamente, donde meses atrás había encontrado a ese perro (más de un año atrás).
Y, cuando estaba a punto de llegar, oyó una risa, alegre, divertida.
Ya estaba, Black se había girado por completo, ya no había salvación para él (si nunca la había habido) y ahora se reía solo.
Unos pasos más y vio la figura del hombre, de rodillas en el suelo, con su varita apuntando hacia un pequeño pilón... amarillo. ¿Los caramelos?
Se quedó observando, no era que se escondiera, culpa de Black si no lo veía.
El hombre parecía ajeno a todo, murmurando algún hechizo y Snape pudo ver como ese pequeño montón de caramelos se movía, cambiaba de forma. Entrecerró sus ojos, tratando de ver mejor lo que hacía.
—¡Perfecto! —la exclamación de Black lo hizo retroceder, esconderse entre las sombras mientras el animago se ponía en pie; oyó de nuevo su risa y miró la pequeña masa amarilla, poco más de un palmo debía hacer. Pero ya no eran un montón de caramelos, sino dos figuras y no entendió—. ¡El día en que Snape fue humano! —rió Black y Snape comprendió. Esa cosa amarilla ahora mostraba la figura de un hombre agachado, una mano tendida hacia otra figura: un perro—. Un día para celebrar.
Snape parpadeó. Black era... Rematadamente. Inagotablemente. Indiscutiblemente. Indescriptiblemente...
—Idiota.
Y esta vez fue Black quien dio un respingo, girándose, los ojos abiertos por la sorpresa.
—¡Snape! —exclamó al verle, moviéndose como si quisiera ocultar la figura de los ojos del profesor de pociones.
—Black —respondió éste, saliendo de su escondite (aunque no lo era porque él realmente no se había escondido). Se acercó al hombre, quien no se movía de su sitio, cubriendo, precariamente, ese pequeño monumento—. Dumbledore me preguntó sobre sus... caramelos perdidos.
Sirius alzó sus cejas.
—¿Y has... venido a buscarlos? —preguntó. Ah, Black y su diminuta mente.
—Por una vez no me interesa el que hayas hecho algo que no deberías; me viene bien, una semana estaré sin verlos —comentó como quien no quería la cosa, cruzándose de brazos—. Pese a eso, creo que me veo en la ¿obligación? —siguió con un tono sarcástico —de decirte que tu... pequeño monumento referente a la "humanidad" de mi persona...
—¡Tengo todo el derecho a hacer lo que me venga en gana! —protestó Black en ese momento, evidentemente NO podía dejarle terminar la frase en PAZ.
Se pinzó la nariz, definitivamente la migraña que había dejado con Potter se había dado cuenta que se había escapado y ahora volvía tras él.
—Como intentaba DECIR —remarcó para que lo dejaran continuar —dicho monumento está... desfasado, ¿no crees? —arqueó una ceja.
—¿Desfasado? —preguntó Sirius—. Si es porque ya no vas a tener nada humano da igual... para una vez en la vi...
—Tan Obtuso —siseó Snape, negando con contundencia. Black era corto de miras, así que si no se lo decía directamente el tarado no se iba a enterar—. ¡Que fue en febrero y estamos a junio! —le gritó a ver si así llegaba la información.
Unos largos y agónicos segundos de silencio, los labios de Sirius separándose y finalmente un:
—Ah.
Snape entornó sus ojos.
—No sé ni para qué me molesto —murmuró, gruñendo para sí y dando media vuelta para ir hacia el castillo.
—Entonces... —oyó como medio gritaba Black —¡nos vemos aquí el día cinco de febrero! ¡Trae el champagne que yo traeré la comida! —y se oyó su risa mientras él se alejaba con un suspiro resignado, algo sorprendido que el perro recordara la fecha exacta en que había recibido ese caramelo de limón.
Dejó de oír la risa al alejarse y pensó en que no iría ese cinco de febrero, ni muerto... pero supo que lo haría.
¡Y encima le tocaría llevar lo más caro!
Notas:
Oliontrup: Palabra inventada, si realmente sale en HP yo no lo he visto.
Disculpas: Tal vez haya quedado un poco OoC, a ver, es comedia y he intentado resaltar las "cualidades" de cada personaje, si es OoC demasiado descarado avisadme.
