'Dulces sueños Butters'
Los dos rubios se quedaron platicando un rato más en la sala de estar de Kenny. El menor de ellos dos había extrañado enormemente las largas pláticas que tenía con el de la sudadera naranja cuando eran más chicos. Siempre era muy atento y gracioso, e inevitablemente lo hacía sentir bien.
-Y dime Kenny, a dónde fueron tus padres?
El rubio mayor se encogió de hombros y se acomodó un poco más en su esquina del sofá café claro.
-Se fueron a la Universidad en donde estudia Kevin. Necesitan arreglar unos asuntos con la beca que tiene, y por lo visto los trámites son muy lentos, así que se quedarán allí junto con mi tío.
Se le había olvidado por completo que su hermano mayor ahora estaba en la universidad. Nunca supo bien los detalles, pero por lo visto había tenido una beca en mecánica y la universidad tenía fama de ofrecer una buena educación a un precio bastante accesible, por lo que los McCormick mandaron al muchacho para allá. Pero todavía no le cuadraba algo.
-Y Karen? Por qué no está contigo?
Kenny sonrió de nuevo, mostrando sus perfectos dientes blancos.
-Simplemente es una niñita caprichosa que se queja de no conocer las afueras. Quiso ir por Dios sabe cuáles razones, en las que no me pienso meter.
Butters le sonrió de regreso y abrazo mas su mochila negra mientras soltaba un bostezo muy significativo. Miró su reloj de mano y se rascó la cabeza mientras se levantaba del sillón.
-Bueno, ya me debería ir a la cama. Dónde me quedaré?
-Te quedarás en… - a McCormick le cayó el veinte. Qué horas eran? Miró su reloj de mano y casi se cae del sillón por la sorpresa. Cuando alzó la vista hacia el menor pensó que era una broma, pero lo miraba con confusión. Entonces supo que iba en serio.
-Butters. Son las ocho y cuarto. No puedes tener sueño a estas horas.
El pequeño ladeó la cabeza sin comprender qué era lo que estaba mal. Siempre se había dormido a esa hora desde que cumplió catorce y sus papás lo dejaban desvelarse. A desvelarse hasta las ocho y cuarto.
-Pero ya es tarde, y si no me van a…
Guardó silencio al instante. Lo iban a qué? A castigar? De eso era de lo que quería librarse. De castigos innecesarios. Sin embargo, ahora no estaba seguro de qué hacer o decir. Miró a Kenny, quien seguía sentado en el sillón de su sala, viéndolo sorprendido.
-No jodas Leopold. Te acuestas a estas horas de la tarde?
El chico de ojos azul cielo asintió inseguro. Por un momento pensó que Kenny lo iba a regañar o algo por el estilo. Cuando procesó sus pensamientos, se cacheteó mentalmente por ser un completo miedoso. Pero no era su culpa, sino de sus padres.
El rubio trigueño se paró de un brinco de su asiento y avanzó rápidamente hacia el rubio del abrigo azul. Lo tomó de la muñeca y lo arrastró hacia la puerta. Cuando la abrió, Butters empezó a preocuparse.
-K-Kenny… a donde vamos e-exactamente?
El mayor se volteó hacia el rubio menor y le sonrió juguetonamente.
-Lección número uno, pequeño saltamontes: La hora máxima para ir a la cama son las dos de la madrugada. No las ocho. – Se acomodó la capucha de su chamarra y salió de su casa para cerrar la puerta. Cuando la cerró con llave, se giró hacia Butters, que lo veía con inseguridad y preocupación. Sonrió malévolamente y lo volvió a tomar de la muñeca mientras lo guiaba por la banqueta. – Ahora vamos a molestar a Craig o algo por el estilo.
…
El pelinegro estaba sentado en el borde de su cama revisando unos viejos apuntes que había tomado cuando iba a clases de piano cuando tenía once. Le había prometido a Tweek que le enseñaría a tocar en un tiempo récord que no pasaría de dos semanas, pero ahora que lo pensaba mejor, sería una tarea difícil. Como diría el rubio, era mucha presión. Sonrió vagamente ante ese pensamiento que no estaba del todo desencaminado hacia la realidad. Iba a ser un trabajo difícil hacer que Tweek se aprendiera las notas, empezara a tomar velocidad en las manos, se coordinara mejor, aguzara su oído… lo más seguir era que cualquiera de los dos terminaría explotando a la media semana. Y lo sería todavía más por el simple hecho de que no recordaba ni madres. Tenía el talento, pero no el cerebro. Quién lo diría?
Desesperado completamente, lanzó el cuaderno negro a la chingada y se recostó en su cama llevándose las manos a la cara mientras bufaba con fuerza. Cuando se calmó un poco más, miró su cuaderno que estaba tirado en el piso, pero antes de moverse a recogerlo se lo pensó mejor, y simplemente le enseñó el dedo. Se volvió a recostar en su cama y miró hacia el techo como solía hacerlo siempre que pensaba demasiado. De la nada le surgió la urgencia de voltear hacia una esquina de su habitación, y al hacerlo, contempló una caja de cartón larga, vieja y empolvada.
Era su teclado.
Hacía alrededor de dos años que ni siquiera lo miraba, y ahora sintió la urgencia repentina de tocarlo. Se paró de su cama y cruzó su cuarto para arrastrar la caja hasta el pie de su cama. Cuando la soltó, notó que sus manos estaban completamente llenas de tierra y polvo. Entonces dudó del tiempo que había pasado sin tocar una pieza en él. Dos, tres años? Tal vez hasta cuatro.
Se encogió de hombros y rompió la cinta adhesiva que cubría las alas de cartón de la caja. No le costó trabajo porque estaban completamente tiesas. Era como romper la piel de una cebolla. Sacó con un poco de esfuerzo el instrumento, y al estar completamente al descubierto, se sorprendió al observar la majestuosidad que irradiaba de él. No recordaba realmente cómo era, pero ahora que lo estaba mirando, la urgencia de tocarlo iba aumentando de mil en mil.
Instaló la base metálica y la ajustó a más o menos treinta centímetros arriba de la altura de su cama. Colocó el instrumento y lo conectó al socket eléctrico. La lucecita roja de encendido se había prendido al entrar en contacto con la corriente eléctrica. Se sentó en el borde de su cama y acercó el instrumento a él. Colocó las dos manos sobre las teclas y las deslizó a lo largo de éstas. Inseguro de qué hacer, oprimió una tecla con delicadeza. El sonido se le hizo familiar, y colocó sus manos en una posición diferente. Empezó con la mano izquierda, y el sonido de esas teclas al ser tocadas le producía una necesidad de continuar más y más, por lo que empezó a tocar con más seguridad. En poco tiempo empezó con la mano derecha, y él empezaba a tomar más confianza. Estaba completamente perdido en ella cuando tocaron la puerta.
Maldijo entre dientes y se vio forzado a abrir la puerta. Bajó las escaleras y se encontró con una cara muy familiar. Más bien, con dos.
-Qué quieres Kenny?
El mencionado sonrió "angelicalmente" y tomó a Butters por los hombros y lo colocó enfrente de sí mismo.
-Necesitamos educar al joven Stotch.
El rubio menor sonrió con timidez y alzó una mano en forma de saludo.
-Ho-hola Craig…
El azabache rodó los ojos y cambió el peso de su pie al otro mientras se ponía una mano en la cadera.
-Ahora con qué me saliste idiota? No pienso salir pagando por tus pendejadas, me entiendes?
El de la chamarra naranja se encogió de hombros y mantenía la sonrisa en su rostro. Disfrutaba mucho andar molestando al azabache, y puesto a que esos dos eran mejores amigos o algo así, nunca terminaba herido… o muerto.
-Te explicaré mañana. Ahora, qué haremos?
-Más bien que harán. Yo estoy bastante ocupado. – Dijo dándose la media vuelta y entrando en su casa. Cuando estuvo a punto de cerrar la puerta, agregó:
-Renten una película o váyanse a follar en un callejón. No molesten más. – Y cerró la puerta en el acto, no sin antes enseñarles el dedo. Cuando cerró la puerta, bufó desesperado y subió a su cuarto. Se quedó parado en el marco de la puerta sin hacer o decir nada. Solo contemplando el instrumento que anteriormente había estado tocando. Desvió su mirada hasta el cuaderno que seguía en el suelo, y meditó. A la chingada con los apuntes. Iba a aprender a su modo.
…
Los dos rubios regresaron a la casa McCormick alrededor de las once de la noche, cansados, empapados, y riendo como locos.
Habían ido al cine a ver la última película de Harry Potter, pero como se aburrieron, Kenny empezó a lanzar palomitas a la gente que estaba más abajo que ellos. Butters intentó convencerlo de que parara porque estaba mal, pero dentro de poco tiempo terminó lanzando palomitas junto con el otro desmadroso. La gente se empezó a quejar y quejar, por lo que el cuidador entró a echar un vistazo. Cuando los atrapó, Butters se paralizó, pero Kenny, en un acto defensivo, le lanzó el refresco al guardia y brincó lo de su asiento, tomándole la mano a Butters y sacándolo de allí en chinga. Esquivaron a un par de guardias más y corrieron a más no poder hasta llegar al parque. Allí se sentaron cerca de la fuente y en un acto juguetón, el rubio trigueño le lanzó un poco de agua al menor, quien le regresó la acción. Al fin y al cabo, los dos terminaron sumergidos en la fuente. La gente que pasaba por allí los miraba sin comprender que carajos estaban haciendo allí esos dos, pero simplemente intentaban ignorarlos.
Cuando llegaron, se tumbaron un rato en el sillón para recuperar el aliento después de tantas risas. Kenny se paró para ir al baño, y cuando regresó, Butters estaba completamente dormido. Pensó en despertarlo, pero decidió no hacerlo. Lo cargó en su espalda y lo llevó a su cuarto. Lo acostó en su cama y fue a su baño por una toalla seca para secarle el cabello. Cuando regresó, se sentó a su lado y se lo acomodó en el pecho para poder apoyarlo y así secarle suavemente su cabello dorado. Al terminar, le quitó los zapatos, los calcetines y su playera junto con su abrigo. Todo menos los pantalones, porque una vocecita en su interior le decía que mejor lo dejaba así. Le puso una de sus playeras viejas con un poco de esfuerzo y lo metió en su cama. Cuando recapacitó todo lo que acababa de hacer por él, se sintió como una mamá cargando con el peso de un niño pequeño, pero se justificó a sí mismo que era por el bien del oji-azul. Realmente necesitaba a divertirse un poco más de lo normal.
Se cambió a sus pijamas (un pantalón de franela naranja xD), y se llevó una sábana consigo mismo. Se acostó en el sofá y se quedó durmiendo a los pocos minutos.
Bieeen, no tenía ni idea de qué escribir, así que esto surgió de la nada :P
Aclaración: el decir …"en chinga" significa muy rápido. Sólo decía por si las dudas.
Bien, me voy.
