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Ginny la miraba por encima de la taza de café, con ese brillo en la mirada que solo te indica que estás en aprietos. Hermione ahogó un gemido de resignación, y tal vez un poco de miedo.

-Bien, suéltalo – la pelirroja soltó una pequeña risita y se inclinó sobre la mesa.

-¿soltar qué?

-Vamos, Ginny, no soy idiota – estaba comenzando a exasperarse, ella va y le abre su corazón a la que supuestamente era su mejor amiga, y ella no hacía nada más que hacerse la tonta. – sé que está mal y todo eso, pero vamos, dímelo.

-¿quieres que te diga lo que pienso? – Hermione asintió – bien. No creo que esté mal, después de todos estos años de jugar a ser los mejores amigos, fingiendo cariño cuando en realidad lo que sienten es algo que dista mucho de ser tierno y amistoso. Aunque, sinceramente, creo que están cometiendo un error, todo este asunto de los amigos con beneficios es completamente inútil en ustedes; ni tú, ni Malfoy están hechos para eso de revolcarse en la mañana y jugar monopolio por la tarde. Por otro lado, se merecen mucho más que eso, Hermione, él se merece mucho más que eso. Porque no me vengas con el asunto de que él te propuso esta idiotez, sé que fuiste tú, tal vez no intencionalmente, pero lo hiciste. Y no está mal, pero tampoco está bien. Se están auto engañando, y al final, ambos terminaran lastimados.

Ginny terminó cuando el aire comenzó a faltarle y las orejas se le empezaban a poner de un gracioso rosa. Parpadeó lentamente y puso atención en Hermione. La castaña le veía con pereza, como si durante todo ese discurso no le hubiese soltado unas cuantas verdades.

-Draco no sabe jugar monopolio – dijo después de unos momentos, Ginny revoleó los ojos, habían personas esquivas y después de eso estaba Hermione. – y nos revolcamos por la noche, no en la mañana.

Vale, ya se estaba pasando.

-Pues te diré algo…-susurró con una sonrisa arrogante – el sexo mañanero es mucho mejor que el de la ducha, si sabes a lo que me refiero… - Un rubor ofendido subió por el cuello de Hermione hasta sus mejillas.

-No, no sé de lo que me hablas, Ginevra, y sinceramente no me interesa.- ante esto, ambas fruncieron el ceño, al mismo tiempo – y sobre eso de los sentimientos profundos y autoengaños, te diré algo…- susurró de la misma forma que la pelirroja lo hizo segundos atrás, pero había algo contenido en su voz, algo que se apretaba contra su pecho y que le impedía sonreír con altanería.

-…no los hay.

Y en menos de un parpadeo, Ginny estaba sola en la cocina de Grimmauld place, con el suave eco del plop de la desaparición resonando en su cabeza.


Hermione se apareció en un viejo callejón en el mundo muggle. Se sentía demasiado extraña y no quería llegar a casa. Salió del callejón y caminó unos pasos hasta una pequeña cafetería.

Ya había visitado el establecimiento anteriormente y era bastante acogedor, y los muffins de chocolate eran condenadamente deliciosos. Pidió tres y se sentó en una de las mesitas del fondo.

Se sentía mal. Era consciente de que fue muy grosera con Ginny cuando la pelirroja solo quería ayudar, pero aun así no se arrepentía de ello. Tenía que dejar en claro cuál era su situación con Draco y Ginny no hacía nada más que inventarse cuentos.

Era sexo. Solo sexo.

Ella y Draco venían siendo amigos desde hace cuatro o cinco años. Y Hermione le quería, tal vez no con el cariño que se tiene por un hermano, pero tampoco le amaba. Era como un punto más fuerte y alto que la hermandad; pero no tanto como para ser amor.

¿Cómo llegó a ese punto? Poco recordaba del inicio. Los últimos recuerdos que tiene de ello son de su cumpleaños. Una fiesta en un bar muggle y ellos dos encerrados en el baño de mujeres, demasiado calor y muy poca ropa entre los dos. De eso ya habían pasado dos meses.

No se arrepentía. Draco y ella habían aclarado muy bien eso: sería puro y meramente sexo, nada de sentimientos, y sobre todo, pasara lo que pasara, seguirían siendo amigos.

Pero el pecho seguía doliéndole, una barra de metal frío presionaba sobre su corazón, retorciéndolo y haciéndole que olvidase todo lo que la vida fue antes de ese momento.

Había comenzado a llover y apenas llevaba la mitad de un pastelillo.

Si Ginny quería confundirla, felicidades, lo logró. Porque ya no sabía que creer. Porque ya no sabía la verdadera razón por la que se embarcó en ese absurdo acuerdo.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer?

No quería terminar con lo que fuera que tuviese con Draco. Pero ya no estaba tan segura de ser lo suficientemente valiente y fuerte para afrontar, si es que todo salía mal, las consecuencias. Tenía que tomar una decisión, porque sabía que cuando llegase a casa, Draco estaría esperándola. Tenía que tomar una decisión.

Su madre siempre le había dicho que cuando dudara de hacer algo, hiciera una lista de pros y contras; y Hermione había hecho varias listas a lo largo de su vida. A veces terminaban siendo su salvación, otras veces no tanto.

Decidiendo correr el riesgo de los posibles resultados, saco pluma y papel de su bolso y comenzó a escribir:

"Pros y contras de mantener una amistad con derecho a roce con Draco Malfoy"

-Pro #1…

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