Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia pertenece a Renee Roszel.

Capítulo 2

Bella, Edward y Rosalie, visitaron a Alice aquella tarde, después de descansar, justo cuando la hora de visita daba a su fin, Jasper Withlock apareció también, sin afeitar y con el aspecto de un poseso. Bella sonrió al verlo entrar corriendo.

-Cariño- dijo, abrazando a Alice- estás guapísima.

Alice besó a Jasper apasionadamente y lo abrazó, cuando el beso terminó y Jasper se alejó lo suficiente para mirarla a los ojos, ella tomó el rostro de él entre sus manos.

-Pareces cansado.

-Acabo de ser padre, eso es duro.

-No bromees- dijo, abrazándolo de nuevo-. Pero como estás en una situación tan delicada, quizá puedas tumbarte a mi lado y descansar.

Edward se aclaró la garganta y se puso de pie.

-Parece que nos dicen que nos vayamos señoritas.

Jasper se dio la vuelta y se dio cuenta de que estaban allí, Les hizo un gesto con la mano y esbozó una amplia sonrisa.

Rosalie se levantó y alisó las arrugas de su falda de lana.

-Bueno, tengo que volver a casa. Jessica está siendo de gran ayuda en la posada, pero creo que la he dejado demasiado tiempo sola.

-Nos veremos mañana, Alice-dijo Bella, acercándose a su hermana y tomándola de la también tienes que descansar, papá- añado dándole un beso a su cuñado.

Alice tomó la mano de su hermana y se giró hacia Edward y Rosalie.

-¿Pueden dejarnos a solas con Bella un momento?

Edward pasó un brazo por los hombros de Rosalie y la condujo a la puerta.

-Debe ser una reunión secreta.

Después de que salieron del cuarto, Alice hizo un gesto a Jasper, indicándole la cama.

-Siéntate aquí, necesito hablar con mi hermana un minuto.

Bella estaba avergonzada.

-Escucha Alice, ya me haz dado las gracias por ayudarte a dar a luz a las niñas, pero creo que fue mi culpa que…

-¡Calla! Yo sugerí lo del paseo. Vine en avión desde Nueva York contra la opinión de Jasper y las órdenes del doctor, así que la culpa es más bien mía. Y en cualquier caso, todo ha salido bien, y ahora vamos a tener que celebrar un montón de cumpleaños a la vez y…-la, expresión de Alice se hizo maliciosa-.Y hay otro suceso importante…

Bella no entendía nada. Miró a Jasper, que tampoco parecía entender, aunque sonreía.

-No sé de lo que esta hablando, pero…-tomó la mano de Bella y se la llevo a los labios-. ¿Cómo puedo agradecerte que hayas salvado a Alice y a las niñas?

La expresión de Jasper era ten intensa que los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

-Me alegro…-pero la emoción no le permitía seguir hablando. Se aclaró la garganta-. Me alegro de que todo haya salido bien.

-No vayas a hacerme llorar entre los dos- dijo Alice, también emocionada-.¿Me dejan que diga algo importante?- se recostó, y una vez cómoda, tomó una de las manos de Bella entre las suyas-. ¿Te das cuenta que hemos completado todos los requisitos de la leyenda?

Bella desconcertada, miro hacia Jasper.

-¿A que te refieres cariño?-pregunto el hombre, acariciándole el pelo.

Alice miro a Bella.

-Te vas a casar con Edward.

Bella no se había sentido nunca tan aturdida, ni siquiera al recibir la carta de James el día anterior diciéndole que rompía el compromiso con ella para casarse con otra mujer. Ella había esperado un año y nueve largos y solitarios meses mientras el grupo de teatro prolongaba su gira por Australia una y otra vez. La carta de James había supuesto un golpe cruel. ¡Pero eso era una locura!

Frunció el ceño, incapaz de decir nada en ese momento, mientras miraba a su hermana que, en ese momento, sintió un dolor agudo en el vientre.

-¿Qué te pasa?- preguntó, poniéndole la mano en la frente.

-¿Tiene fiebre?- preguntó preocupado Jasper.

-Creo que no – dijo, pulsando el botón para llamar a la enfermera.

-Estoy perfectamente – aseguró Alice, intentando evitar que Bella llamara-. ¿No recuerdas la leyenda?

Bella se agacho al lado de su hermana

-¿Lo de la luna llena y el cumpleaños?

Alice asintió.

-Y dormir en una mansión. Y, para tu información, hoy es tu cumpleaños. La noche pasada hubo luna llena y sé que dormiste, porque te vi.

Bella miró a Jasper con los ojos abiertos de par en par.

-¿Qué debemos hacer?

-Yo no se tu, pero yo voy a besar a la novia.

La mente de Bella parecía estar bloqueada. Era evidente que la locura que le había entrado a Alice, también había afectado a su marido. Se soltó de Alice y retrocedió.

-Si es una broma, no me hace gracia.

Alice se incorporó, luego volvió a recostarse.

-No es una broma. Díselo Jasper, dile que está destinada a casarse con Edward Cullen, igual que yo estaba destinada a casarme contigo.

Jasper se apoyó en un codo y se incorporo. Era una imagen encantadora ver a aquel hombre grande inclinado sobre la mujer que amaba. Dos personas que no se parecían en nada y que se habían encontrado en un lugar improbable a raíz de lo cual sus vidas habían cambiado drásticamente.

-Me gusta Edward. Harías una buena pareja- dijo con una sonrisa.

-Pero Edward ha sido como un hermano para nosotras. Él… él…Está conversación es ridícula. Además, no puedo pensar ahora mismo en el matrimonio- grito pensando en la traición de James que había dañado su corazón tal vez para siempre.

Incluso así, Bella no era el tipo de persona que se enojara habitualmente o gritara. Ella siempre había sido la que ponía paz entre las tres hermanas, no estaba enfadada con Alice, su hermana menor, que había insistido en volar a Branson para estar con ella el día de su cumpleaños.

Bella tomó la mano de ambos.

-Creo que la forma en que se conocieron fue muy romántica. Pero no quiero que vuelvan a hablar acerca de esa leyenda. Eso es distinto de lo que ustedes tienen.

-¿Por qué?- pregunto su hermana-. En cualquier caso, no podemos hacer nada, el destino esta sellado.

Las cejas de Bella se unieron y miró a Jasper.

-El temas esta zanjado, ¿de acuerdo?

El hombre parpadeó.

-Siempre supe que Edward era un hombre con mucha suerte, aunque no sabia que iba a ser tan afortunado.

-Están locos los dos.

-Es que estamos muy contentos por ti, Bella- dijo Alice abrazándose a su marido.

-Duerman, se sentirán mejor mañana.

-Te ves muy guapa cuando te enfadas- replico Alice diciéndole adiós con la mano-. Y ahora vete, que Jasper tiene que cuidarme un poco.

Bella salió del cuarto y se dirigió hacia el estacionamiento, diciéndose que Edward nunca se enteraría de lo que habían hablado aquel dia. Edward Cullen se sentía en deuda con el padre de ellas, por haberle ayudado mucho en un momento de su vida y por eso cuidaba a las hermanas. A las tres por igual.

¡Ella no iba a permitir nunca que lo avergonzaran con tamaña locura!

Aquel año hizo tanto frio en Branson que Edward tuvo que encender la chimenea en el salón de la posada. Afortunadamente septiembre no era uno de los meses mas turísticos para la cuidad de Missouri, llamada Las Vegas de Ozarks. Gracias a lo cual, Edward había encontrado una habitación libre.

Bella había dormido estupendamente, y se había dado un baño relajante, por lo que se sentía mas humana cuando se sentó en el sofá de muselina blanco, con un cojín entre las manos. Miro a Edward disimuladamente. Él estaba jugando a las cartas con Rosalie sobre la alfombra oriental frente al fuego.

Rosalie dio un golpe en la mano de él, al tiempo que éste tomaba una carta que ella acababa de dejar en el montón.

-¡Es la tercera!

Edward la metió entre sus cartas.

-¿Qué voy a hacer si no sabes distinguir una carta buena?

-Será mejor que tengas cuidado- le aconsejo Rosalie, tomando una carta, mirando a Edward con el ceño fruncido, y dejando la carta en el montón. Rosalie agarro su mano-. ¡No! Hay una regla que prohíbe tomar más de tres cartas seguidas.

-Enséñame esa regla en el libro- replico él riendo.

-¿No confías en mi?

-Nada.

-La carta estaba ya doblada y arrugada, pero Edward no la soltaba.

-Si me ganas te mato.

-¡Gané!- exclamo él, con una sonrisa tan encantadora que a Bella le robo el aliento.

Rosalie tiro las cartas al aire.

-¡No jugare más con un tramposo!

Bella unió sus risas a las de ellos. Tomó una de las cartas cuando ésta caía al suelo.

-¿Cuándo vas a enterarte de que a Rosalie no le gusta perder?

Edward alzó los ojos. La chimenea jugaba con su cabello, dándole un halo broncíneo. Los dientes parecían demasiad blancos cuando sonrió.

-Entonces, juega tu conmigo. Si no mi seguro de vida va a resentirse.

-Tu… eres el único hombre al que no puedo ganarle en este juego- intervino Rosalie-. Te odio. Es un fallo imperdonable de tu carácter.

El hombre elevó una ceja.

-Entonces, ya son dos errores que tengo. Bella dice que no tengo idea de cómo nacen los niños.

-¿De verdad?- preguntó Rosalie, mirando asombrada a Bella-. ¿Tú crees que aquella supermodelo que estuvo siguiéndote durante seis meses también creía eso?

-No me perseguía, solo me seguía y aparecía cuando menos lo esperaba- contestó Edward divertido.

Rosalie se puso de pie.

-Ahora discúlpame, estoy loca por sugerir que ella te perseguía. Después de todo, perseguir significa que alguien te siga y aparezca cuando menos te lo esperas. Así que soy tonta.

- De acuerdo, de acuerdo. Pero ahora está en Francia. Creo que, afortunadamente, esta bajo tratamiento.

-¿Qué era lo que no podía resistir de ti Edward? ¿La habilidad con la juegas a las cartas?

Las mejillas de Bella estaban rojas.

-Estaba bromeando cuando dije eso, Rose. Estoy segura que Edward sabe todo acerca de… del sexo.

Rosalie se hecho a reír.

-Bella, Edward sabía ya todo acerca de eso incluso antes de que su madre se casara con nuestro padre y se viniera a vivir con nosotros- contestó Rosalie, con una mirada de superioridad-. Lo sé porque mi habitación estaba justo debajo de la suya. Solía ver a las chicas que estaban por la ventana de su habitación.

La expresión de Edward era dócil, aunque cautivadora.

-¡Diablos! ¿Lo sabias?

-¡No!- grito Bella-. No me lo creo. Nunca vi ninguna chica y yo corría a su habitación cada vez que había tormenta.

-Durante las tormentas, las ventanas permanecían cerradas- recordó Rosalie con una carcajada.

Edward se volvió hacia el fuego de la chimenea. Bella tuvo la sensación de que estaba avergonzado por la discusión sobre su adolescencia.

-En esas noches la ventana se cerraba, dejando afuera la lluvia y a la mitad de las adolescentes de Kansas City- continuo Rosalie, cruzándose de brazos-. Y tu dices que no sabe de donde vienen los niños… Es otro ejemplo de que no sabes nada acerca de los hombres.

El comentario fue inoportuno, y Bella hizo una mueca.

De repente, Rosalie estaba de pie delante de ella. La tomó el rosto entre las manos y sonrió.

-Lo siento. Ni quise herirte, solo intentaba decir algo divertido- la mujer miró hacia el techo-. Estaba tan furiosa por lo de James… eso es todo. ¿Me perdonas?

Bella trago saliva y recuperó el ánimo. Luego asintió.

-Claro que si.

-¿Les apetece un té?- pregunto la mujer, intentando aliviar la tensión-. Como no nos dejas festejar tu cumpleaños hasta que Alice y las gemelas vuelvan a casa, podríamos tomar un té de manzana para festejar que hoy cumples 24 años. ¿Qué me dices?

Bella asintió.

-Me parece bien- respondió, sonriendo incluso, y mirando directamente a los ojos de su hermana, que parecía sentir mucho lo que había dicho.

-¿Quieres que te ayude?- se ofreció Edward.

-No, los tramposos limpiaran luego.

-¿Eso viene en el libro de Rosalie sobre los tramposos que se atreven a ganarle a las cartas?

-Si, capitulo uno- dijo levantando la barbilla.

Después de que Rosalie dejara la habitación, Bella descubrió que Edward la miraba en silencio.

-¿Juegas conmigo?

La muchacha tuvo una extraña sensación en la espalda e hizo un movimiento negativo. La predicción de Alice seguía en su mente y la pregunta inocente de Edward tuvo un efecto erótico en ella. Bella se recostó en el sofá y apretó en cojín contra sus senos.

-No soy buena en las cartas.

-Tampoco Rosalie- contesto él, con una sonrisa tan irresistible, que ella no pudo evitar sonreír a su vez-. Si, le dices que te he dicho eso, se enfadara contigo también.

-Ya lo sé.

Se miraron durante unos segundos el uno al otro, hasta que Edward hizo un gesto que informo a Bella de que estaba allí para escuchar. Era increíble como podían comunicarse sin palabras.

-No creo que puedas ayudarme Edward.

-Puedo intentarlo.

-Dejémoslo, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

Edward comenzó a recoger las cartas. La ropa que llevaba era muy sencilla, aunque cara, sus pantalones de color claro que resaltaban sus muslos fuertes y sus caderas estrechas. Su camisa era de punto, de color verde esmeralda como sus ojos, y al moverse, se ceñía a sus hombros y brazos. Observo su cabeza y pensó en lo maravilloso que podía ser observar a alguien recoger unas cartas del suelo.

Sin querer, tocó el tobillo de ella, mientras recogía la última carta. Ella grito, sin darse cuenta de que estaba soñando despierta.

-Lo siento- dijo levantándose y sentándose a su lado con las cartas. La carta arrugada se le cayó de las manos y aterrizó en el regazo de Bella. El cuerpo de Bella se estremeció ante el contacto de su mano agarrando la carta-. Pareces nerviosa, Bella.

Ella aparto a un lado el cojín al que había estado abrazada. Luego pareció pensárselo mejor y volvió a apretarlo contra si, usándolo como una barrera protectora.

-No, no estoy nerviosa- mintió, luego se pregunto porque demonios estaría tan inquieta, Edward y ella estaban muy unidos y se conocían hacía demasiado tiempo.

Evitó la mirada escrutadora de él, fijando la vista en su mandíbula, mientras buscaba un tea de conversación-.¿Por qué has venido, Edward?

-Creí que Rosalie te lo había dicho. Estoy pensando en abrir mi quinto restaurante de la cadena Cullen aquí en Branson. Me imagino que si mis restaurantes son tan buenos para Nueva York, Chicago, Los Angles y Londres, también servirán para las chicas Swan.

Ella sonrió a su pesar, pero de inmediato aparto los ojos de la intensa mirada de él.

-Bueno pues te lo agradezco en nombre de todas las chicas Swan.

-No hay que agradecer- su fuerte muslo choco contra los de ella al echarse hacia tras en su silla.

Lo cierto era que estaban sentados demasiado cerca el uno del otro, pero ella no tenia miedo de él. Al fin y al cabo, el hecho de que su hermana Alice hubiera dicho que se iban a casar, no significaba que él tuviera ninguna inclinación amorosa hacia ella. Y ella misma, en lo ultimo pensaba era tener un romance con Edward.

-¿Estas cansada?

-No- negó ella con la cabeza, apoyada sobre los hombros de él. Y era cierto. Lo único que sucedía era que estaba algo baja de ánimo.

-En cualquier caso, te vendrá bien el té que está preparando Rose.

-No tengo sueño

El paso su brazo por los hombros de ella.

-Claro que no, Bells.

No supo el tiempo que pasó abrazada a Edward antes de que la despertara el timbre de la puerta.

-Yo abriré- dijo Rosalie.

-Justo a tiempo- murmuro Edward-. No te has dormido, ¿verdad?

-No…claro que no- dijo, apartándose de él y fijándose en que ya habían puesto la bandeja con el té.

-No se si creerte- dijo él, echándose a reír.

Edward iba a añadir alfo, Pero Rosalie lo interrumpió.

-Bella una carta para ti.

Ella se levanto y se dirigió a la puerta, donde su hermana le tendí el papel.

-Quizá James ha cambiado de opinión y ha decidido volver contigo.

Bella tomó la carta y la abrió.

-Eso no debería disgustarte.

Rosalie se dirigió hacia la mesa donde estaba el té, mirando preocupada a Bella.

-Voy a servir el té, antes que sé que quede helado.

Bella leyó la carta sin poder creer lo que veían sus ojos. Después de leerlo por segunda vez, se le escapo un grito, mientras las fuerzas la abandonaban. Oyó como una taza de té caía y se hacia añicos.

-¡Bella!- unos poderosos brazos masculinos evitaron que se cayera al suelo-¿Por qué gritas? ¿Qué te sucede?