A/N: Buenas! Aquí Rubin-chan. Antes que nada, se que ha pasado más de un año y las hermosas personas que leyeron el fic habrán perdido ya el hilo, muchísimas gracias a todos los que dejaron review! Fue lo que me motivó a escribir el segundo capitulo. Gracias a todos los que dieron follow y favorite! No tienen idea de como me hace sonreír :'3

Como siempre, gracias a SevenMinds por su incondicional apoyo y sus hermosos acordes de la canción en la que se basa esta loca historia. Adoro escribir para estas dos!

Oh! En este capitulo tocaremos un poco del pasado de nuestras heroínas! Les prometo un capitulo lleno de acción después de este!

Basado en la canción Addicted to you, de Avicii.

Disclaimer: Vocaloid y Avicii no me pertenecen. Todo es propiedad de Crypton Future Media y Avicii, respectivamente.

La medianoche irrumpe por la ventana,
y baila por la habitación.
Me tienes hipnotizada,
me eleva tu perfume.

El frío silbido del viento decembrino golpeaba en la cara a Luka. Desde el incidente en la taberna a las afueras de Kansas, no dejaba de darle vueltas a la cabeza. ¿Y si algún día… le sucedía algo a Miku? Su compañera de vida… su gran y único amor.

No habían sido prudentes.

Claro que lo sabía. Las líneas de fuego que habían esparcido podrían estar ardiendo, la policía podría estar detrás del bonito rostro de Hatsune Miku y, por consiguiente, el de ella.

Se encontró así en un laberinto mental, donde poco a poco e irrebatiblemente, se encontraba arrinconada, sin salida, sin camino. Odiaba especialmente la duda y la desesperante sensación de no saber que seguía ahora en su travesía por la vida, el estómago le dolía de una manera irritante, si tan solo…

—Luka, — La llamó su acompañante de extravagante cabello aguamarina, con una mueca que demostraba molestia y preocupación a la vez. Había olvidado que tenía compañía.

—Te ves hermosa a media luz, Miku. — Comentó de la nada, haciendo referencia a la preciosa puesta de sol frente a ellas. —Podría hacer un retrato de ti ahora mismo.

La aludida solo atinó a sonrojarse de un furioso rojo que combinaba con el atardecer.

— Idiota…

Se limitaron entonces a contemplar el paisaje por un rato más, el brillante fiat topolino rojo de Luka aparcado a un lado sirviéndoles de soporte. Ninguna sintió la necesidad de romper el ahora cómodo silencio hasta que el frío empezó a hacer estragos en sus cuerpos.

— ¿Tienes frío, Miku? — Preguntó la pelirosa al sentir leves temblores en la mano de la menor.

—Un poco, —No pudo evitar ser sincera esta vez; el invierno azotó con fuerza y sin piedad la nación ese año. Luka solía amar los climas helados y las largas nevadas de enero, su compañera en cambio prefería el verano y nada que tuviese que ver con la nieve que ahora congelaba sus pestañas.

—Volvamos al auto antes de que te conviertas en helado. — Sugirió Luka,

aunque fuese más imperativo que invitación.

Ambas se adentraron con prisa al vehículo, acto seguido la pelirosa lo accionó, dirigiéndose al pueblo contiguo.

Miku se recostó en el asiento, agotada, la pelirosa podría jurar que dejaba un pedazo de su vida con cada exhalación. No habían logrado descansar correctamente, su movido y nómada estilo de vida comenzaba a pasarles factura, todas las noches de dormir en el auto, villas y hasta áticos agotaban sin reparo sus magullados cuerpos.

Quiso golpear el volante, esto no era lo que le había prometido a su pequeña Miku.

—Quiero ir a Nueva York, Luka. — Estableció Miku de la nada.

—¿Por qué a Nueva York? — Quiso saber la mayor, aunque conocía la respuesta. Sonrió.

Miku se sonrojó y empezó a juguetear con una de sus largas coletas, debatiendo internamente antes de contestar.

—¡Tú lo sabes bien, Luka! Deja de jugar. — Exclamó con un puchero mientras golpeaba el hombro de su acompañante.

—Está bien, está bien, puerritos. De igual forma a Brodway le hace falta alguien como tú. — respondió con cariño, tomando la mano que había golpeado su brazo y entrelazando sus dedos.

Los orbes aguamarina de Miku brillaron.

— ¿En serio lo piensas? — Inquirió tímidamente, jugueteando ahora con el borde de encaje de su vestido, en un acto muy característico de ella, — ¿No te parece descabellado?

—Miku, siempre te he dicho que serías una excelente artista. — Así es, Hatsune Miku soñaba con ser una gran artista. —Se que anhelas ser cantante más que nada.

Su receptor de cabello aqua meditó un poco antes de contestar.

—Tal vez me guste confirmarlo. — Expresó traviesa. —Aunque, Luka… Brodway se ve bastante lejos, tan inalcanzable. —

—Te llevaré, puerritos. Es y fue una promesa. — Apretó su mano y Miku pudo sentirlo. — ¿No lo recuerdas?

El silencio de la menor pareció responderle y logró calmarse. Desde los hechos del mediodía hasta ahora, era casi lo único que podía procesar su cabeza, el futuro y lo que les reparaba, sus vidas… la de Miku especialmente.

Su mente pasó entonces del desconcertante futuro al melancólico pasado. El camino ya oscurecido, iluminado casi apenas por las luces del vehículo, le recordaron irónicamente a la noche donde conoció a Hatsune Miku.

-1-

Era diciembre, en concreto nochebuena. Las tiendas del centro metropolitano de Jefferson City, Missouri, parecían rebosar de vida, las calles estaban llenas y las chimeneas a todo dar, hacía bastante frío.

Luka nunca había celebrado navidad en su vida. En el orfanato donde vivía desde que tenía memoria, la navidad solo era hermosos fuegos artificiales desde su ventana, al igual que un año más cerca donde tendría que dejar su único techo y adentrarse a las nada piadosas calles de la ciudad. Dando este hecho por sentado y aceptándolo sin más, decidió recorrer las calles ese día en especial, escapándose del orfanato sin mucho cuidado.

No es como si a alguien le importara, realmente.

¡Mama!

La pelirosa dio vuelta en sus talones y observó a un niño, de no más de cinco años, perdido en una esquina. Ningún adulto parecía tener relación con el, no se apreciaba a su madre por ningún lado y el pequeño parecía empezar a darse cuenta del mismo hecho.

¡Mama!

Se quedó observándolo con atención un rato más, cuidando de que el pequeño no se alejara mucho de su sitio.

Y así tal vez, no corriera con su misma suerte,

¡Thomas! Oh por dios, ¡Thomas! — Se acercó una mujer joven con bastantes bolsas en su mano a él, tomándolo en brazos. —¡Te dije que no te alejaras!

Megurine Luka sonrió para sus adentros, acomodando sus manos en sus bolsillos. El termostato comenzaba a bajar cada vez más y se iba haciendo hora de regresar a aquél lugar.

Supongo que no hay manera. — Dijo para ella misma, mientras emprendía la caminata con rumbo al orfanato de la ciudad. El olor de las tiendas hacía su estómago rugir con insistencia, el último y único bocado que había probado en el día se remontaba al menos 11 horas atrás.

Una panadería captó su atención. La vitrina, iluminada, dejaba contemplar los hermosos pasteles con diseños delicados e intrínsicos, de todos los tamaños, colores y más sabores de los que podía imaginar. Su estómago dio un vuelco y apoyó sus manos en el vidrio, derrotada.

Se decidió a que nunca más iba a vivir así, su suerte iba y tenía que cambiar, y se encargaría de ello. Iba a ser tan imponente, importante y elegante como las personas que compraban pasteles de aquella panadería del centro.

Voy a ser alguien.

Se miró con cuidado en el cristal, sorprendiéndose de su actual aspecto. Parecía ser mucho mayor, representando más de los escasos 15 años con los que contaba. Su cabello, rosa y largo, caía más allá de los hombros, otorgándole un aire bastante maduro. Nunca se había sentido tan consiente de su apariencia hasta aquél momento.

Con una sonrisa que ni ella supo de donde salió, se separó de la vitrina, fijando el rumbo de sus pensamientos hacía su nuevo objetivo y tal vez futuro, una palabra que hasta hacía momentos, le parecía casi ajena, extranjera e incluso carente de significado.

Continuó caminando por el centro de la ciudad, a ratos ralentizando su andar, después de todo no quería llegar aún. Al pasar junto al callejón contiguo de una tienda de comida, una conmoción la hizo detenerse en seco.

¡Chiquilla insolente! ¡Ladrona! —

El caer de un cubo de basura en conjunto con los anteriores gritos, captaron la atención de la pelirosa, quien, con cuidado, se acercó a la escena y la detalló.

¡Me las pagarás, mocosa! —

Un hombre alto, con semblante irritado, parecía estar sosteniendo a una niña no mucho menor que ella, con ojos llorosos aguamarina y curioso cabello de igual color, amarrado al descuido en dos desordenadas coletas. En su mano izquierda tenía lo que parecía ser una hogaza de pan y una cebolleta. La niña chilló de dolor a la vez que el hombre la acorralaba contra la pared, tomándola esta vez de una de las coletas.

Luka, armando las dos piezas, conjeturó que la pequeña había robado comida y fue fichada por, tal vez, el dueño del local en el proceso. Siguiendo un impulso que no supo controlar, se fue hacia aquél hombre, tratando en vano de que soltara a la niña de cabello aguamarina.

¿Y tú también eres su cómplice? — Dijo el hombre mientras ahora las agarraba a las dos por el brazo, —Llamaré a los alguaciles. —

Sin liberar su agarre de ninguna de las dos, el hombre se dirigió a la tienda. Rayos, esto era malo y tenía que pensar en algo rápido. Recordó el contenido del bolsillo derecho de su abrigo y una idea cruzó su mente.

¡Lo pagaré! — Habló al fin, aprovechando la distracción de su receptor para safarse de su agarre.

¿Qué dices? — Inquirió el hombre, esta vez atento.

Lo pagaré, lo que ella se llevó. — Replicó firme.

Liberando el brazo de la niña, el trabajador se cruzó de brazos, observando expectante y detalladamente a la pelirosa. La segunda, sin gastar mucho tiempo, rebuscó en el bolsillo derecho lo que debían ser 50 centavos en monedas.

¿Cuánto? —

El tipo, sonriendo complacidamente, aumentó la cifra de los comestibles que había tomado la niña.

Si las vuelvo a ver por aquí, llamaré a la policía. — Advirtió, antes de lanzar el pan y la cebolleta a los pies de Luka y retirarse nuevamente a su tienda. Luka exhaló pesadamente y se volteó a su ahora acompañante, encontrando a una niña llorosa que la estudiaba de pies a cabeza con lo que parecía ser temor.

¿Estás bien? — Inquirió con una sonrisa cálida, extendiéndole el pan y la… ¿Era una cebolleta? No pudo evitar sonreír. Conocía el hambre y sus consecuencias a la perfección, las cicatrices de su difícil infancia en su espalda aún latentes. Quizás habría sido esa la razón que la impulsó a ayudar a la pequeña en apuros sin más, gastando así casi la mitad de los únicos ahorros que poseía.

Sin embargo la pequeña no los recibió, no habló, ni tampoco dejó de mirarla. Luka pensaba que en cualquier momento rompería a llorar.

¿Cómo te llamas? — Preguntó de nuevo con calma.

Sin recibir respuesta su parte, Luka suspiró y reunió los comestibles a los pies de la peliaqua. Comenzaba a impacientarse y debía haber vuelto ya al orfanato. La contempló una vez más, hallando de nuevo los mismos ojos aguamarina temerosos y expectantes.

Ya… debo irme. — Manifestó, —No vuelvas a robar o podrías meterte en un problema peor.

Echó a caminar, un poco más de prisa esta vez, sin dejar de pensar en la niña "aguamarina" y los hechos anteriores. ¿Cuáles serían sus razones? Se preguntaba, ¿Dónde estarían sus padres? Un sentimiento de preocupación, para ella un tanto absurdo, comenzó a later en su cabeza. Miró sobre su hombro, con la extraña esperanza de que la niña la hubiese seguido, para encontrarse con una afirmativa sospecha. La pequeña de coletas estaba a unos 10 pasos de ella, mirándola con incertidumbre al verse descubierta y deteniéndose cuando Luka lo hizo.

Se relajó un poco y dejó salir un suspiro, su aliento condensándose en humo helado. Se encaminó con cuidado a la pequeña, temiendo asustarla.

¿Tienes… un lugar a donde ir? — Le preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca.

Por primera vez en toda la noche, la peliaqua respondió sacudiendo su cabeza y observando insistentemente el suelo.

Confirmando su segundo presentimiento, Luka se enterneció un poco. No pudo evitar sentir empatía hacia su nueva acompañante y la invitó a sentarse un momento en un banco desocupado de la calle, apreciándola con atención. Tenía las mejillas ahuecadas y los brazos visiblemente delgados, producto de su obvia desnutrición. Su vestimenta consistía en un muy desarmado abrigo gris y un vestido percudido blanco, nada apto para la temperatura actual. Sus brillantes ojos aguamarina se concentraron en un punto perdido de la calle, que comenzaba a apagarse progresivamente debido a la hora, y la fecha.

¿Me dirás tu nombre? — Quiso saber una vez más.

La aludida, sin dirigir sus ojos hacia ella, replicó bajito.

—… Miku. — Su voz era suave y un tanto chillona. Luka lo encontró encantador.

Muy bien Miku, ¿Cuántos años tienes? ¿Dónde están tus padres? — Preguntó con suavidad Luka, arrepintiéndose al instante. No deseaba abrumarla con interrogantes que quizás la menor no querría responder, recordar.

Vaciló un poco antes de contestar, jugando insistentemente con el borde de su vestido.

Tengo 11 años. — Habló al fin,. —No… sé donde está mi padre. —

La pelirosa la observó en silencio, sin presionarla pero esperando una continuación.

Hace tiempo me llevó a la casa de un señor bastante molesto…— Tomó aire antes de continuar, —Me hacía cocinar y probarme vestidos. L-luego mi padre fue al mercado por un pastel de cumpleaños para mí y… no lo he visto desde entonces.

Sin necesidad de una explicación más detallada, Luka comprendió que la pequeña había sido vendida a algún tipo de la ciudad. Apretó los puños con fuerza, no era extraño que en el orfanato llegasen reconocidos doctores o adineradas familias ofrendando furtivamente joyas o dinero a cambio de uno o dos pequeños. Una boca menos que alimentar, un problema menos.

Tenía mucha hambre…— Expresó la pequeña con voz quebrada, sujetando con fuerza su desgastada vestimenta. Le explicó con dolor que había escapado de su nueva "casa" hacía varias semanas y, desde entonces, había estado robando pan y durmiendo en casas desabitadas. Le contó además que esta había sido la primera vez donde la "cachaban".

Luka, en algún lugar entre conmovida y enojada por el contexto de su historia, extendió el pan a su acompañante, quién se negó a comerlo sola y decidió compartirlo.

¿Por qué un puerro? — Inquirió divertida la pelirosa cuando se hubo calmado.

—… M-me gustan mucho los puerros. — Explicó con timidez y un notorio sonrojo.

Te llamaré puerritos, entonces. — Dijo con una risita la mayor, lo que hizo que la menor esbozara un adorable puchero.

Empezó entonces a nevar. Las calles, ahora vacías, dejaron de parecer alegres y ahora provocaban cierto sentimiento de incomodidad. Sonaron las doce campanadas de la iglesia, y algún radio encendido en la noche con típica música navideña le recordaron a Luka que ya debía ser navidad. La peliaqua comenzaba a temblar debido al frío, por lo que Luka le extendió su bufanda para que encontrara algo de calor en ella.

Feliz navidad, Miku. — Le deseó con una cálida sonrisa

La aludida solo alcanzó a mirarla sorprendida, para luego relajarse un poco y dedicarle también una tierna sonrisa, la primera de muchas.

-2-

Ahora no podría vivir sin ti
Oh, sé que estoy enloqueciendo

Desde aquella noche víspera de navidad, surgió en Luka una imperiosa necesidad de proteger a Miku. Juntas, con mucho esfuerzo, lograron escapar del orfanato y conseguir trabajos esporádicos en cocinas, limpiando chimeneas e incluso en tabernas. Los años transcurrieron rápidamente y ambas dejaron sus difíciles años juveniles atrás, encontrando confort y tranquilidad en la otra. Les fue imposible separarse ya que, sin saberlo, se juntaban cada vez más y más.

— ¿Qué te tiene pensando tanto, Luka? — Cuestionó Miku, quien hacia bastante rato había despertado y ahora miraba con curiosidad a su piloto pelirosada.

—Solo… pensaba en la noche en la que nos conocimos. — Replicó con una melancólica sonrisa.

Miku se sonrojó y se recostó en el asiento del auto.

—Fueron tiempos difíciles. — Confesó, sin saber en que contexto ubicaba Luka su pasado.

—Gracias por aparecer en mi vida, Miku. — Respondió con sinceridad, mientras observaba el modesto pueblo donde habían llegado. La peliaqua solo se limitó con ser un tomate viviente nuevamente e imitó la acción de Luka.

El lugar se mostraba modesto y hasta apagado a pesar de la fecha. Las tiendas no estaban abiertas, no se apreciaba ningún tipo de celebración decemebrina muy típicas de la población americana. Las únicas luces que iluminaban las calles eran los avisos de casinos, igualmente tristes, tascas y hoteles que debían permanecer obligatoriamente abiertos.

Ninguna se sorprendió, sin embargo. La gran depresión había azotado América sin piedad los últimos meses, con su natural efecto devastador en el país. El ambiente de pesadez se podía respirar con facilidad entre sus habitantes y sus dificultades económicas se hacían cada vez más obvias.

La pelirosa aparcó el vehículo en el estacionamiento de lo que parecía ser un hotel de bastante categoría, de al menos 10 pisos de altura y fachada moderna para la época. Bajó una de las maletas de la parte de atrás, junto con un estuche negro alargado del asiento, ocultando su arma extra en el abrigo y recogiendo la de Miku también. Se dirigió, con la amabilidad que la caracterizaba, a abrir la puerta del lado de su amada acompañante. Se encaminaron al hotel, de la mano, encontrándose con un adormilado recepcionista.

Luka, carraspeando un poco la garganta, logró despertar al empleado. Posterior al usual proceso de check-in, entregó al hombre una cuantiosa cantidad de billetes, dirigiéndose a su habitación designada y dejando a un más que sorprendido recepcionista.

Se subieron al ascensor cerrando la reja manualmente. Al llegar a la habitación, a ambas chicas les sorprendió lo lujosa y bien decorada que estaba, los delicados cuadros que la adornaban y la sola cama matrimonial elegante en el centro.

—Me gusta aquí, — Expresó Miku, visiblemente contenta y lanzándose en la cama — ¡Podría quedarme aquí para siempre!

Luka la observaba enternecida.

—No exageres, Bonnie. — Replicó sonriendo, usando el nombre clave de Miku. —Eres una floja que adora dormir.

— ¡No es cierto! — Espetó con un pucherito, de esos que Luka adoraba contemplar y provocar.

En una acción que Miku no supo prever, Luka la aprisionó contra su cálido cuerpo y las frías sábanas de la cama.

—Miku, mírame. — Le pidió con calma la pelirosa, a lo que la peliaqua, de nuevo roja hasta las orejas, obedeció. Podía contar con los dedos el número de semanas donde ambas no habían tenido ni un momento para ellas solas, donde solo pudiesen amarse. Oh si, se habían enamorado en algún punto en el transcurso de su vida juntas, sin vuelta atrás y sin nada que pudiesen hacer al respecto.

—Luka… te amo. — Manifestó la peliaqua, buscando la turquesa mirada de su pelirosa. Sintiendo como el desespero se acumulaba en su interior, rodeó el cuello de la mayor con sus brazos.

—Y yo a ti. — Replicó antes de cerrar la molesta distancia entre sus labios. Se degustaron con cariño, el cual fue dando paso a un imparable frenesí. Acariciaron todo lo que tenían a su alcance delicadamente, Miku, casi con miedo de que la mayor fuese a romperse, pasó sus brazos por debajo de su indumentaria, la temperatura de la piel de Luka contrastando con el frío ambiente de la habitación. Ciertamente, hacía demasiado frío.

—Luka… déjame encender la calefacción. Me estoy congelando. — Dijo de repente, desviando sus ojos a un lado avergonzada. Luka sonrió y encendió la calefacción tan rápido como su cuerpo se lo permitió. Luego, se sentó al lado de su peliaqua, quien se había incorporado y ahora reacomodaba su bufanda.

— ¿Tienes hambre? — Le preguntó la pelirosa, con un dejo de jugueteo y sensualidad en su suave y apacible voz, esperando avergonzar un poco a la menor. Adoraba sonrojar a su compañera a sobremanera.

Miku, quién para decepción de Luka no supo entender la pregunta, simplemente afirmó con la cabeza.

—Iré a ver si algún restaurante en el hotel está abierto, Miku. No tardo. — Dijo con una sonrisa antes de salir de la habitación. La peliaqua se quedó con las palabras en la boca, no quería separarse de Luka ahora que estaban juntas, después de tanto tiempo. Había tenido que estar sola unas cuantas semanas con su denigrante y odioso anterior trabajo mientras Luka reunía dinero en algún punto lejano de Kansas. No podía negarlo, tenían más dinero del que alguna hubiese podido desear, pero…

—Luka, te extrañé… Luka, no te vayas…— Expresó con dolor, a la vez que se recostaba en la cama, que ahora se le hacía enorme.

Sin darse cuenta, cayó indefensamente a los brazos de Morfeo.

-4-

Era verano, la estación favorita de Miku. Adoraba el verano en Missouri, especialmente agosto, donde no precisaba de un abrigo pero tampoco sentía que se iba a derretir como un helado.

Aquel verano Miku contaba con 16 años y Luka con 20, ambas habían querido regresar a Missouri, casi 3 años después, aquel estado de donde ambas provenían y recordaban con nostalgia. Sus encantadoras planicies y lagos que tanto adoraban, parecían cobrar color en verano.

¿Por qué quisiste regresar, Miku? — Quiso saber Luka. Ambas habían estado divagando de estado en estado, desde Virginia a Kansas, desde que Luka había podido adquirir su amado Fiat Topolino rojo brillante. Se habían sumergido en un viaje aparentemente interminable, cuidando siempre ser selectivas con sus "objetivos" en el camino.

Miku se recostó en el árbol donde se encontraba sentada, observando el pacífico lago tras ella, pensando que su suave color se asemejaba a su propio cabello. Antes de responder, paseó su mirada del lago digno de postal a la Megurine, digna de revista. El vestido blanco veraniego hasta las rodillas que usualmente le gustaba usar en verano, le otorgaban un aire completamente angelical. Los años habían sido bastante generosos con Luka, el vestido en cuestión abrazaba lugares que Miku no había detallado antes.

Si ver a Luka con un vestido así sucedía solo en verano, ¿Cómo es que no iba a amarlo?

¿Y bien?— Se burló la pelirosa, dejando salir una risita ante la embobada inspección de su mejor amiga.

Supongo que… de alguna manera, me hacía falta. — Alcanzó a responder, desviando su mirada a la derecha. Sus mejillas se tiñeron de un adorable rosa, similar al cabello de Luka.

La pelirosa se sentó junto a Miku, su calida cercanía colorando sus propias mejillas también. Todos estos años de amistad, donde se había jurado a si misma proteger a Miku, un sentimiento se había acumulado en su interior. Algo mucho más complejo que su profunda amistad, suficiente para conseguir que sus pensamientos se volviesen aguamarina.

¿Luka? — La llamó al notar su súbito silencio.

La susodicha se encontró con su preocupada mirada y aprovechó de hacer un "examen" también. Miku, al igual que ella, había crecido con el pasar del tiempo. Su agraciado vestido rosa estampado en flores le aportaba un aire encantador, casi robándole el aliento.

Miku…—

¿Dime? —

¿Podrías… cantarme esa canción de nuevo? — Pidió con dulzura y una pizca de adorable nerviosismo. Miku adoraba cantar, y Luka adoraba que cantase para ella.

¿J-justo ahora? — Quiso asegurarse, tesandose notoriamente y llevándose una mano a su pecho.

Sin duda. Hace tiempo que no cantas algo. — Explicó Luka. Los últimos meses habían sido duros para ambas chicas, y Miku acostumbraba cantar cuando se sentía feliz, por lo que no había podido escuchar su dulce voz en un buen tiempo. —No veo el por qué de tus nevios, Miku. Tú adoras cantar.

Miku dejo salir el aire contenido y se resignó con una sonrisa. ¿Por qué no, de hecho?

Tomó aire y empezó a cantar una de sus propias composiciones. Una hermosa pieza que relataba sobre su nacimiento en verano, sus sueños, aspiraciones y esperanzas. Luka estaba encantada, como cada vez que su amiga peliaqua decidía cantar.

In the end of summer, I was born. The warm days continue in this place…

La pelirosa comenzó entonces a recordar toda su travesía con su compañera, su mente saltando entre fechas. Desde aquél diciembre de hacía 6 años, donde se prometió cuidarla, a la actualidad. Su compañera…

Su mejor amiga.

The people that waited eagerly, gave me a beautiful song. Just now, please, make me dream. —

El alboroto en su interior comenzó a abrumarla. Sus sentimientos confabulaban en su contra, quería, no, necesitaba a la peliaqua. Su calidez, su mirada, su presencia… ella. Ella en su totalidad. Se llevó una mano temblorosa a su corazón, el cual parecía haber estropeado su velocímetro al latir tan desenfrenado.

Even in the Joyful days will come to and end someday, I will understand but, just for now, the beautiful song that you have given me… I want to sing it, hey, it's fine, right…?— Proseguía la menor, con sus ojos cerrados ahora y las manos juntas. Su voz, tan sublime, que cantaba sobre un futuro incierto y alentaba a disfrutar el presente, consiguieron llevar a Luka a otro lugar donde todo lo que veía, oía y sentía era Hatsune Miku.

Innocence…— Entonó, abriendo ligeramente los ojos y deteniéndose en seco al detallar el rostro de su acompañante.

Luka… ¿Por qué lloras? — Llevó su mano con cuidado a las mejillas de la pelirosa, preocupada, llamado suficiente para hacer que la última volviese a tierra. — ¿Luka? —

Luka la contempló con desasosiego, sus lágrimas corriendo una tras otra.

Estuvo hermoso. — Fue su simple declaración.

Gracias Luka… pero, ¿estás bien? — Insistió la menor, notoriamente angustiada. Luka no solía llorar a menudo, y muy raramente frente a ella. Con nerviosismo, limpió con su otra mano los caminos que las lágrimas habían marcado.

La mayor evitó sus preocupados ojos aguamarina, optando por bajar la mirada. ¿Y ahora… qué?

Hace tiempo estás rara conmigo, Luka. — Estableció. —Siento que… guardas cosas de mí.

Miku… — Razón no le faltaba, de hecho. Con un esfuerzo sobrehumano, encontró los ojos de la ladrona de su corazón, posando sus propias manos por sobre las de ella.

Como si de una fuerza invisible se tratase, las dos empezaron a acortar aquella indeseable distancia, casi insoportable para la pelirosa y, sin saberlo, para la peliaqua por igual. Miku terminó de eliminar el espacio y sus labios se encontraron por primera vez con increíble tersura, por instinto comenzaron a moverlos, como una suave caricia. Cuando la falta de aire comenzó a marearlas, se vieron obligadas a separarse.

Se miraron sonrojadas, aún con sus manos entrelazadas sobre las mejillas de Luka.

T-te amo, Miku. — Declaró Luka con dificultad. La nombrada aún se encontraba en la nube número 20 y tardó un poco más en responder.

¿En s-serio? — Fue su respuesta.

Luka solo atinó a reír. Pero… ¿y si ella no…?

Al notar la contradicción en los ojos turquesa de la Megurine, Miku se apresuró a darle una respuesta adecuada, digna… y que había esperado con paciencia a soltar hacía muchos años atrás.

Y yo a ti, Luka. — Sonrió.

Volvieron a besarse bajo el árbol, como si de un cuento de fantasía se tratase. No comprendían a la perfección lo que sentían, pero estaban muy dispuestas a averiguarlo.

Aunque el mundo se les viniese encima, no comprendiesen sus sentimientos o sus acciones estuviesen mal vistas por la sociedad, nunca nada se había sentido mejor.

-5-

No duraría estar sola ni una noche

¡No podría detener el dolor!
Soy adicta a ti
Estoy enganchada en tu amor

Se despertó de repente, sentándose de golpe en la cama. ¿Cuánto tiempo había dormido? Se restregó los ojos y se percató que su cabello, usualmente sujeto en dos coletas, se encontraba ahora suelto. La habitación se había tornado más cálida y el frío dejó de causarle molestia. Buscó a Luka con la mirada y la localizó en la terraza. Sonrió para ella misma al escuchar con atención.

Luka está tocando el violín.

Se retiró las cobijas y se trasladó a la amplia terraza, intentando en vano ser lo más cautelosa posible.

La Megurine tocaba una pieza melancólica, de pie y, al parecer, degustando cada momento con su preciado instrumento. Se dio cuenta que su amada había despertado recién y guardó su instrumento. Miku esbozó un adorable puchero.

— ¿Y por qué te detienes? ¡Moh! Yo quería escucharte. — Protestó, su boca asemejándose a un triángulo invertido.

—Te prometo tocar algo en la mañana, por ahora… tienes que comer algo. — Le sonrió la pelirosa, dirigiéndose al refrigerador integrado en la habitación. De él extrajo una costosa botella de vino de uva, sirvió meticulosamente dos copas y le extendió una a la peliaqua.

— ¿A que se debe la ocasión? — Preguntó divertida Miku, mientras se sentaba en la cama.

— ¡A que te amo! — Replicó casi ofendida Luka, imitando uno de los famosos pucheros de la Hatsune. —… Y a navidad, claro está. —

Se terminaron la copa en silencio. Luego, se quedaron contemplando el techo, recostadas en la cómoda cama. Cuando la pelirosa sintió que había transcurrido suficiente tiempo, se acomodó encima de la menor y le propino uno de esos besos que hacían perder la cabeza a la peliaqua. Enredó su mano en los cabellos de Miku y separó con su rodilla las piernas ahora de gelatina de su compañera.

Un fuerte suspiro de placer contenido salió de Miku y Luka solo quería más de donde vino ese.

—Siempre te protegeré, — Estableció Luka antes de volver a su muy planeada labor.

A/N: YYYYY… que les pareció? Acepto tomatazos, amenazas de muerte y todos lo que ustedes quieran! ;_; Sus reviews significan mucho para mi!

: ¡Muchísimas gracias por tu review! Me alegra saber que la historia se te ha hecho original *O*

TENSHINOKIRA: ¡Muchas gracias por tu review! Eres muy buen poeta, me ha encantado! Tienes toda la razón, el amor es como una droga, realmente. Nuevamente, muchas gracias!

SevenMinds: TUUUU. I love you too, darling! T-te hice caso! Escribí! VES. VEEES.

Tomoyito-chan: MUCHISIMAS gracias por tu review, amiga! Me ha motivado bastante a escribir y a retomar este fic, me alaga muchísimo lo que dices *se sonroja" espero te agrade este loco capi nwnU Morí con lo de la Luka tachi JAJAJAJAJAJAJ. Te aseguro que has llegado a mi neurona!

Canciones usadas: Innocence- Hatsune Miku. Addicted to you- Avicii.