2%… 5%...26%, 27%, 28%, 35%...69%...89%, 93%, 95%, 99%

Reconoció al tacto la lámina de metal en la que se encontraba recostada. Por un momento no estaba segura si era la mesa o ella misma la que sentía tan fría. Fría…esa palabra le sentaba bastante bien. Cyborg tardó en darse cuenta que ya estaba despierta. Miró de un lado a otro girando la cabeza casi en un círculo perfecto. De nuevo, se encontraba sola en la parcialmente oscura habitación. La radio estaba encendida pero en un volumen muy bajo. Pudo percibir un olor penetrante a material oxidado, algo quemado y hierro, combinado con el aroma putrefacto natural impregnado en todas partes. Observó con más detenimiento. Todo el cuarto era un desastre, con utensilios regados por aquí, por allá y hasta donde la vista podía abarcar. Destornilladores, un martillo, llave inglesa, pinzas, tuercas y tornillos regados en todo el suelo, un gato hidráulico, cables, extensiones de corriente, una máquina de coser, una computadora con la pantalla rota y muchas piezas metálicas tan pequeñas que apenas se podían distinguir entre todo aquel desastre plateado y oxidado…faltó mencionar que había un sándwich a medio comer en la mesa a su lado. Pudo recordar lo que había sucedido antes de que perdiera el conocimiento. Llevó su mano a la nuca despacio. Se sorprendió al sentir la piel y el contacto reparado, como si nada le hubiera sucedido. Se levantó con mucha dificultad y chasquidos extraños en todo su cuerpo. Aparentemente no estaba bien terminados los últimos ajustes. Le fue difícil controlar su cuerpo en movimiento. A tropezones comenzó a caminar fuera de la habitación, chocando con los muebles y pisoteando todo a su paso.

Sus rodillas hacían un raro sonido al caminar. El corredor estaba totalmente oscuro; con visión nocturna eso no fue problema para ella. Al avanzar escuchó murmullos tenues provenientes de algún lado. Siguió avanzando más. Empezó a escuchar que aquellas voces provenían de la sala al otro lado de la puerta. Pegó su oído metálico para escuchar con mayor claridad.

- Noodle no lo hagas. Ya tuvimos suficiente de esa máquina loca- la voz estridente de Russel resonaba en todo el hogar haciendo temblar los muebles. Russel aún era demasiado grande para estar dentro de la casa por lo que asomaba su enorme ojo por la ventana.

- Pues a mí me cae bien…ya sabes, a pesar de su…eh…aterradora mirada- dijo 2-D jugueteando con un cubo Rubik entre sus manos como si fuera una pelota.

- ¿A caso te pregunté tu opinión estúpido?- respondió Murdoc.

- No p-pero creí- fue interrumpido por un golpe en su cabeza- ¡Ouch! Okey…

Murdoc se estiró la cara con ambas manos en señal de frustración acompañado de un gruñido.

- Esto era una linda y pacífica conversación entre la señorita y yo. Pero claro, ustedes, viejas chismosas, tenían que meterse- hizo una pausa y volvió la mirada a la guitarrista que estaba sentada en el sillón anaranjado. - ¿Entonces Noodle, qué dices?

- No lo sé. ¿De verdad crees que deberías repararla?- respondió la chica después de un silencio un poco largo.

- ¡Es un maldito chiflado, le patina el coco! Para empezar, no debió conservar los pedazos de esa chatarra andante. Maldita sea, ¿por qué no la aplasté cuando pude? Bueno, aún podría hacerlo...

- Russ, calma- Noodle se acercó a la ventana y dio unas palmaditas en su gigantesco párpado.

- Está bien, deja al bebé gigante lloriquear- respondió Murdoc limpiándose los dientes con una uña afilada.

- A lo que tú llamas "lloriquear" es tener algo de sentido común- intervino Russel- Noodle, viste lo que puede hacer esa cosa. Casi te mata a ti, al chimuelo y a ese imbécil. ¡Es una sanguinaria máquina, nada más!

- Lo sé Russel. No me olvido ese último día en Plastic Beach.

- ¿Por qué no te callas y la dejas decidir de una vez? La altura te revolvieron el cerebro, ¿verdad? Te pondré al tanto, Noodle ya no es la pequeña pulga saltarina de la caja de Fed-Ex, ahora tiene...¿qué? ¿24 años? Wow, casi una anciana... creo que ya puede decidir las cosas por su cuenta.

Russel frunció el seño y dio un sonoro gruñido que asustó a 2-D. Se hizo el silencio en la habitación.

- Bueno…ahora que Noodle volvió estamos completos de nuevo- dijo 2-D en voz tenue cubriendo su cabeza por miedo a otro puñetazo verde.

- Bien dicho. No necesitamos ninguna imitación barata de nuestra Noodle.

- Puede ser una máquina de matar sexy experta en armamento y artes marciales que comparte ADN con Noodle, pero "barata", no es. No ha sido nada fácil arreglarla- dijo tronándose los huesos de la espalda y el cuello- Va a ser mucho menos fácil controlarla si Noodle no me da la pequeña pieza clave.

De nuevo otro silencio en la habitación. Murdoc estaba a punto de decir algo pero Noodle se le acercó repentinamente. Removió el cabello que tapaba sus ojos. Su ojo dañado había sanado hace tiempo pero había sido tan impresionante aquella herida que Murdoc tragó saliva al recordarla.

- ¿Para qué la quieres reparar?- preguntó en tono policial.

- Sería un desperdicio no hacerlo. Digo, en caso de que un día de estos decidas lanzarte como solista o quieras matarme...Es pura precaución.

- Trajiste esa cosa aquí a pesar de que todos estuvimos en desacuerdo- refutó, ignorando la respuesta anterior.

- Nunca les pedí su jodida opinión. Es mi jodido robot. Ahora piénsalo Noods... aunque no me apoyes, encontraré otros métodos para conseguir lo que necesito. Dí que fui gentil y avisé primero- formuló una sonrisa macabra con tinte pervertido.

- ¿Si te doy lo que necesitas esa cosa va a estar tranquila?

- Absolutamente.

-¿Prometido?

- No bebé...sabes que yo no hago esa clase de cosas- respondió señalando con la mirada a Boogieman que se encontraba sentado silenciosamente observándolos a todos.

Noodle suspiró y se giró torno a la mesa del centro de la habitación. Tomó las tijeras que estaban bajo el periódico que recortaba 2-D para hacer muñecos de papel. Cortó un pequeño mechón de su cabello morado. Russel sacudió la cabeza en señal de desaprobación pero no interfirió más. 2-D contemplaba el filo de aquellas tijeras. Murdoc sonrió y extendió su mano para recibir el jugoso mechón lleno de ADN, la pieza clave. Noodle lo cedió pero justo después de ello clavó las tijeras en la pared justo a un lado de la cabeza de Murdoc. Todos estaban pasmados.

- Ella es peligrosa pero sabes que yo también puedo serlo. Si Cyborg intenta lastimarnos una vez más me aseguraré de no repetir mi error. Le pondré fin a tu juguetito y tú dejarás de jugar al científico loco.

- Linda, no es la primera vez que me amenazan, tendrás que esforzarte más si quieres intimidar al viejo Muds- hizo una pausa y miró de pies a cabeza a Noodle- Definitivamente ya no eres la pequeña niña de la caja de FedEx.

- Supongo que no- pasó sus dedos por el contorno del ojo, recordando aquella quemadura. Volvió a colocar su fleco y tomó una chaqueta negra que estaba en el sillón.

- ¿Vas a algún lado?

- A la tienda. El refrigerador está vacío y necesito cigarros. ¿Russ, vienes?

- Bien. Necesito alejarme de este imbécil por un rato.

- Okey dokey- respondió en tono infantil. Volvió a mirar a Murdoc antes de salir por la puerta principal- No me decepciones... otra vez.

Los gigantescos pasos de Russel estremecieron el vecindario entero hasta que se volvieron un poco más distantes. Murdoc apretó con fuerza el mechón de cabello morado.

- Hm, eso se ve filoso- pensó 2-D en voz alta al ver las tijeras clavadas en el muro.

- Qué brillante Stuart-Desclava las tijeras y lo mira con expresión siniestra- ¿Quieres comprobar qué tan filosas están?

- Eh, no, no lo creo.

Murdoc lanzó las tijeras hacia el peli azul que logró agacharse justo a tiempo antes de ser rebanado.

- ¡Hey! ¿Qué fue eso?- exclamó escudándose con un cojín.

Cyborg había escuchado absolutamente todo lo que dijeron durante la discusión. Tenía una mano en el picaporte, lista para abrir la puerta y acabar con Noodle y todo aquel que se le atravesara, pero no pudo hacerlo, por muchas ganas que tuviera de hacerlo... Aún no estaba lista… Furiosa, comenzó a caminar de vuelta a la habitación, ignorando la riña que Murdoc y 2D que se hacía más ruidosa.