Aviso: Secuela del fic Life Unexpected. Los personajes y todo lo que reconozcan pertenece a JK Rowling.


Tanke98: ¡Feliz navidad para ti también! Espero que la hayas pasado súper(L)

StrayHeart: ¡Y yo te amo por leer la continuación y dejarme tu review! Que preciosa eres(L) Siento perfectamente tu dolor por las entregas de universidad, estuve así hasta hace poquísimo, y si estabas enferma me imagino que todo fue peor, así que me hace feliz haber contribuido un poco a darte un rayito de alegría con el nuevo capítulo jeje. Respondiendo a tus dudas: no, Remus y Tonks aún no se han besado, eso no voy a dejar de narrarlo nunca. Y la otra, realmente las cosas están avanzando casi igual que en el libro, eventualmente habrán pequeños cambios porque, como dices, muchos de los protagonistas de la primera siguen vivos y eso complica las cosas para los mortífagos, pero por ahora, todo se mantiene más o menos igual. Si tienes más preguntas siéntete libre de hacerlas, aquí te espero. ¡Ojala te guste el capítulo! Espero leerte pronto, te mando un beso y espero que hayas tenido una muy feliz navidad(L)

Alex13: Esa primera línea de review me mató de amor askljdhajsd, muchas gracias por eso! Se que un mes y tanto fue muchísimo tiempo, al menos para mí se sintió igual. Y me matas con eso de que no has podido leer otros fics jajaja, creo que exageras, pero no voy a quejarme(; Me alegra que el blackinnon te haya dejado satisfecha, en este habrá más de eso obvio, y también de nuestra familia favorita porque ellos son así de perfectos. Bueno, al final no me tarde tanto, ya sabemos que han esperado más así que todo bien. Espero que te guste este capítulo, nos estamos leyendo, también te adoro y ojala hayas tenido unas hermosas navidades, te mando un beso(L)


2. Segundo Acto.

A esas alturas, era innecesario aclarar que ese verano no estaba siendo lo que ninguno de ellos había esperado, y que esperar que lo fuera era una perdida de tiempo.

Unos meses atrás, James se había trazado la meta de darle a Harry las mejores vacaciones de su vida, en su mente había hecho una lista del montón de cosas que podrían hacer, aunque realmente solo fuera quidditch y un par de actividades más. El punto era que se había visualizado en esos dos meses pasándolo en grande junto a su hijo, y Lily, por supuesto.

Para ese entonces ya había abandonado, de muy mala gana, esa meta, y había aceptado a regañadientes el cambio amargo que habían dado las cosas. La realidad era, que no estaba viendo a Harry tanto como le habría gustado, ni como debería tomando en cuenta que vivían en la misma casa, trataba de recordarse que todo lo hacía por su bien, claro que eso no aminoraba casi nada la culpa que sentía.

Y precisamente por eso, había ideado una nueva meta en la que tomaría cada pequeño momento libre que tuviera y lo pasaría con él, haciéndolo lo que se le antojara, dentro de los límites permitidos. No serían las mejores vacaciones de la vida, pero serían mejor que nada.

Sin embargo, la realidad, nuevamente, estaba resultando ser totalmente distinta.

— ¿Qué no piensan bajar nunca? —Preguntó de mal humor, posando la mirada en la puerta de la cocina. —Llevan horas ahí arriba.

—Por enésima vez, te digo que no lo se. —Le repitió Lily, sentada al otro lado de la mesa, sin dejar de ver a Ophelia, que le devolvía la mirada fijamente mientras tomaba su biberón.

—Bajaran para el almuerzo, se paciente.

— ¡Pero para eso faltan horas! —Exclamó él, exasperado, ignorando por completo la última frase. — ¿No podemos hacer té y pedirles que bajen antes?

—No, porque no se han visto desde el cumpleaños de Harry y Hannah se va después de comer. —Decidió ella, con esa rotundidad que a él le quitaba todas las ganas de replicar.

—Déjalos estar solos un rato, les hace falta.

—No es justo. —Se empecinó James, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos como un niño enfurruñado. —Hannah puede verlo cuando desee, si quisiera mudarse aquí para estar con él a todas horas nadie se opondría…

—Estás lloriqueando porque tienen dos horas arriba, ¿Qué crees que harías si ella se muda aquí? —La pelirroja finalmente subió la mirada para verlo y enarcar una ceja con diversión.

—A lo que iba… —Continuó James, como si ella no hubiera dicho nada. —Es a que nosotros tenemos muy poco tiempo para estar con él, deberíamos aprovecharlo mientras podamos.

—Sabes que nadie está tan de acuerdo en eso como yo. —Suspiró ella, sonriendo con nostalgia antes de encogerse de hombros. —Pero qué podemos hacer, James. No es como si pudiéramos a obligarlo a pasar tiempo con nosotros.

—Todos los padres lo hacen, ¿Por qué nosotros no?

—Porque ya sabemos que forzándolo no llegamos a ningún lado. —Le recordó su mujer, soltando una risita y entornando los ojos. —No te entiendo, hace un mes estabas contentísimo de que estuvieran saliendo….

—Lo estoy, ella es genial y se ven bien juntos. —Aclaró James, no queriendo que lo malinterpretara. —Pero que deje un poco de nuestro hijo para nosotros no estaría mal.

—Ophi, voy a confesarte algo, yo siempre pensé que el padre celoso e insoportable iba a ser el tuyo. —Le dijo Lily a la niña, que seguía atentamente sus palabras mientras comía. —Pero creo que alguien le está ganando.

—Yo no soy insoportable, solo estoy exponiendo mi punto. —Se defendió él, ofendido de que se atreviera a compararlo con Sirius. —Además, no entiendo por que tenían que subir, ¿Qué no podían hacer lo que sea que estén haciendo aquí abajo?

—Evidentemente no, James.

— ¿Pero por que? ¿Qué tanto pueden estar haciendo?

—Son adolescentes. —Dio ella por toda la explicación con un encogimiento de hombros. —Dedúcelo tú mismo.

Por un momento él la miró confundido, no entendiendo exactamente que estaba implicando con ese comentario.

Pero de repente lo hizo y dio un respingo por la sorpresa.

— ¡No! —Saltó de inmediato, rápidamente paseando la mirada entre ella y la puerta, abriendo los ojos con horror. — ¡Lily, son unos niños!

—Disculpa, pero si eres tú el que vive recordándome que a los quince años ya no podemos considerarlo un niño.

—¡Para algunas cosas sí, pero para esto no! —Siguió diciendo él, alzando la voz a medida que iba hablando e ignorando la mirada severa de Lily cuando Ophelia dejó de comer para verlo. — ¡Y cumplió quince hace menos de una semana, aún no cuenta!

—Pero claro que cuenta. —Contrarió Lily, intentando que la niña volviera a tomar el biberón. —Relájate, solo están haciendo tarea.

—Sí, seguramente. —Resopló James con ironía. — ¿Tienes idea de toda la "tarea" que Sirius hacía a esa edad? ¡¿Sabes toda la que hacía yo?!

—De hecho no lo se. —Respondió la pelirroja, poniéndose seria y levantando una ceja. — ¿Por qué? ¿Quieres contarme?

—No… Bueno, tampoco fue tanta. —Intentó arreglar él, bajando la voz al ver que había dicho una tontería. —Lo decía básicamente por Sirius, no por mí… ¡Lily, ese no es el punto! Tengo que subir a…

—No vas a ningún lado. —Le cortó Lily de inmediato, dedicándole una mirada severa. —Te quedas aquí sentado, confiando en tu hijo, sin avergonzarlo ni hacer algo de lo que luego te arrepientas.

— ¡Pero es que tienes razón! Son adolescentes, a esa edad no piensan y hacen estupideces, y arruinan todo y…

—En serio tienes que dejar de proyectarte en Harry, James. —Insistió Lily, sacudiendo la cabeza. Apartó el biberón ya terminado y se acomodó a la niña en el hombro para darle palmaditas en la espalda. —Él no es así, y sin importar lo que hagan estoy segura de que serán responsables al respecto. —Rodó los ojos al ver su mirada horrorizada. — ¿Puedes madurar?

— ¡Tú madura y date cuenta de lo que estás implicando! —Soltó James, sujetándose la cabeza entre las manos con mortificación. —No te entiendo, siempre lo sobreproteges y lo tratas como si tuviera cinco años, ¿pero quieres actuar racional en esto? ¡Solo te gusta contradecirme!

—Por tu propio bien voy a ignorar que me dijiste irracional. —Decidió ella, dedicándole una mirada significativa y haciéndolo sentir aliviado. —Y no es que me guste contradecirte, pero te preocupas por tonterías. No están haciendo nada, entiéndelo.

—Es imposible que lo sepamos si estamos aquí sentados y ellos allá…

—Te lo voy a poner de esta forma, James: lo que Harry no haga en los días que se queda solo con Sirius, tampoco va a hacerlo con nosotros aquí.

Eso, en lugar de hacerlo sentir mejor, solo trajo imágenes a su mente que lo pusieron incluso más nervioso.

—Bueno, entonces está decidido. —Empezó a decir, asintiendo con gravedad. —Tú vas a todos los trabajos de la Orden y yo me quedo en casa con él. Hablaré con Moody mañana.

—Por Merlín, deja de ser tan ridículo. —Se echó a reír ella, haciendo que él se regocijara en el perfecto sonido. —No vas a hablar con nadie de nada, esta conversación termina aquí.

—Eso crees tú. —Murmuró James, como quien no quiere la cosa.

—Deja de quejarte tanto. Y cárgala, así te distraes. —Lily soltó una risita y se puso de pie, dando la vuelta a la mesa para entregársela. —Ophi, vas a ir con el tío James un rato para que pueda cuidar a un bebé y dejar en paz a Harry, ¿está bien?

—Muy graciosa, Lily. —Fingió enfadarse él, pero perdiendo el efecto al sonreír por tener a Ophelia en los brazos. —Por eso eres mi favorita, princesa, tú si me tomas en serio.

—Tonto, yo te tomo en serio. —Lily le rodeó el cuello con un brazo para luego depositar un beso sobre su coronilla, sin despegar los labios la próxima vez que habló. —No me malentiendas, en este momento lo mejor que puedes hacer por mí es divertirme con tus preocupaciones sin sentido.

James sabía que debía sentirse ofendido por el comentario, pero en su lugar se sintió ligeramente satisfecho. Evidentemente, para él era una preocupación con bastante sentido, pero era cierto que comparadas con las otras que tenían, era una tontería.

En el fondo, no le importaba si ella no se angustiaba tanto como él al respecto, le gustaba saber que era capaz de distraerla y evitar que pensara, aunque fuera por ese día, en todos los problemas que los estaban rodeando.

—Ves, no hay que creerle cuando finge que la fastidio. —Le susurró a Ophi como si Lily no estuviera escuchando. —La verdad es que me ama.

—No te fíes demasiado de eso. —Le recomendó su esposa, regalándole otro beso antes de alejarse de ellos. —Y si me disculpan, tengo un informe para la Orden que llenar.

—Adelante, nosotros más que encantados de hacerte compañía.

Lily le sonrió con cariño antes de sacar pergamino y pluma de una de las gavetas de la cocina y volver a sentarse frente a él, lista para escribir.

—Oye, Lily… —Comentó él unos minutos más tarde, tratando de sonar casual mientras distraía a la niña con uno de los tantos juguetes que le había regalado. — ¿Recuerdas esa conversación que tuvimos hace un tiempo?

—James, tenemos conversaciones todos los días. —Le recordó ella sin despegar la mirada de su informe. —Tendrás que ser más específico.

—Esa conversación que tuvimos, la que no terminó muy… Bueno, nada bien.

—Si no termino nada bien, ¿Por qué lo traes a colación? —Quiso saber ella, tensándose de manera casi imperceptible —Te recuerdo que este es un día en el que se supone que podemos descansar.

—No pretendo que termine como ese día. —Prometió él, no teniendo muy claro a donde pretendía llegar con aquello. —Es solo que cuando estamos así con Ophi…

— ¿Vamos hablar de bebés de nuevo, cierto?

—Si lo dices así me quitas las ganas. —Se quejó él, chasqueando la lengua con fastidio.

—Es justo lo que pretendo. —Admitió ella, suspirando con pesadez. —Pensé que ya habíamos aclarado ese tema.

—Lo se, lo se, pero vamos… —Posó la mirada en su ahijada y volvió a sonreír. —No puedes decirme que la ves y no te dan ganas de tener otro…

—En este momento, solo tengo ganas de mantener a salvo al que ya tenemos.

—Entonces... —Saltó James de repente, empezando a sonreír, emocionado, por haber entendido algo muy diferente a lo que ella estaba diciendo. —Estás diciendo que cuando nos encarguemos de eso…

—No. Yo no te estoy diciendo nada. —Le cortó ella de inmediato, levantando la mirada para verlo con seriedad, cortando de golpe sus ilusiones. —Solo recordándote que este, de todos los momentos posibles, es el peor para considerar algo así.

—Sirius y Mar no opinaron lo mismo…

—Sí, ellos definitivamente deben ser nuestro modelo a seguir. —Resopló Lily, haciendo volar delicadamente uno de los mechones rojos que habían caído por su frente. Miró también a la niña y se encontró imitando la sonrisa de James. —Además, eso salió perfecto porque ahora tenemos a esta preciosa.

—Pero…

—James, ya me embarazaste una vez, conseguiste que me casara contigo y que me viniera a vivir a tu casa estilo mausoleo antiguo. —Se burló ella, suspirando con cansancio, pero sonriendo enternecida. —Sigamos paso a paso, ¿de acuerdo?

—Si sabes que así solo estás implicando la posibilidad de que tarde o temprano lleguemos a eso, ¿no? —Comentó, sonriendo con una emoción casi infantil.

—No, no lo hago. —Le cortó ella, entornando los ojos y volviendo la atención a su trabajo.

—Pero como siempre piensas lo que a tu cabeza le suena más bonito pues ni modo…

—Por eso siempre pienso en ti.

—Te repito: embarazo, matrimonio y casa. —Enumeró la pelirroja con indiferencia. —Ya tus cumplidos malos no son necesarios… Nunca lo fueron, en verdad.

A su pesar, James no pudo evitar soltar una carcajada, que la niña de inmediato imitó, haciendo que Lily les sonriera enternecida.

En el fondo sabía que esa no era una conversación que pudiera materializarse en ese momento, una preocupación así era lo que menos necesitaban. Lily tenía razón, como siempre, debían tener mente para una cosa y eso era mantener a Harry a salvo.

Pero de cualquier forma, era divertido sacar el tema a colación, más ahora que ella ya no reaccionaba tan mal cuando lo hacía, lo que le daba esperanzas de que, en un futuro cercano, cuando todo estuviera resuelto, aquello podía dejar de parecer una fantasía demasiado lejana.


—En serio necesitas resolver tu problema con las comas, ¿si sabes lo que son, cierto?

—Por supuesto que lo sé, y sí se las puse. —Resopló el chico, poniendo los ojos en blanco, acostado en el mismo punto de su cama donde se había dejado caer hacía horas. —Deja de criticar mi tarea.

—No la critico, la corrijo como me pediste que hiciera. —Aclaró ella, sin despegar la mirada del pergamino que él le había dado. —Pero si te molesta me detengo.

—Por favor, hazlo. —Casi suplicó Harry, teniendo veinte minutos pidiéndole que lo dejara.

—Solo te dije que leyeras por encima, no que lo volvieras a escribir.

—Pues alguien tiene que hacerlo antes de que McGonagall vea este desastre. —Murmuró ella, frunciendo el ceño.

—Ey, no está tan mal. —Se defendió él, ofendido. Sabía que no era el mejo en Transformaciones, pero se había esforzado. —Podría ser peor… ¿Cierto?

—Cierto, pero también puede ser mejor, y eso es lo que hago. —Resolvió Hannah, bajando la mirada para sonreírle con suficiencia antes de volver su atención a la tarea. —Aunque tampoco hago milagros, así que no esperes gran cosa.

—Confío en ti. —Le aseguró él, concentrado en enrollar con su pluma un mechón de cabello rubio que le caía por la espalda. —Seguro el tuyo está mil veces mejor.

—Y eso que no tengo a quien pedirle ayuda, tú en cambio…

—Remus salió anoche y no ha regresado. —La cortó a mitad de camino, a pesar de saber que esa no era una excusa. — ¿Cómo esperas que le pida ayuda así?

—Primero, llevamos un mes entero de vacaciones, oportunidades de sobra habrás tenido para preguntarle. —Enumeró la chica, con los dedos de la mano que no estaba usando para escribir. —Y segundo, él no es el único adulto con el que vives, con conocimiento en Trasformaciones, dispuesto a ayudarte. Y sí, se que Sirius salió temprano. —Lo detuvo, justo en el momento que abrió la boca para replicar eso, aunque no lo estaba viendo.

—Pero James estará aquí todo el día, así que deberías pedirle ayuda.

—Sí, debería… —Murmuró el chico, todavía jugando con su cabello.

—Pero no lo harás.

—No lo creo.

— ¿Pero por que no? —Quiso saber ella, volteando la cabeza para poder verlo, ligeramente exasperada. —No va a tener problema…

—No es por eso. —Explicó él, sabiendo de sobra que su padre aceptaría ayudarlo más que encantado. Suspiró con resignación y movió la mirada para encontrar la suya. —Han estado afuera casi toda la semana, obviamente no sé en qué, pero sí se que están cansados y no quiero molestarlos con tonterías.

—Ellos no lo van a ver como una tontería. —Le aseguró Hannah, dedicándole una sonrisa comprensiva. —Y estoy demasiado segura de que no vas a molestarles, no importa que tan cansados estén.

Harry asintió con desanimo, pero decidió no responder nada, no teniendo ganas de discutir por algo tan tonto en ese momento.

—Eres imposible. —Declaró la chica, entornando los ojos y sacudiendo la cabeza antes de volver nuevamente a la tarea. — ¿Si sabes que es parte de su trabajo, no? Como padres, nos ayudan en las tareas y eso…

—Sigo sin familiarizarme del todo con el concepto. —Respondió él, tratando de bromear, pero más en serio de lo que había pretendido. Luego agregó con más amargura.

—Supongo que ocultarnos cosas importantes también es parte de lo que hacen…

—No vayas a empezar otra vez. —Le pidió ella con un suspiro. —Ya sabes lo que opino al respecto.

—Sí, y les das demasiado crédito. —Se quejó Harry, sonando más hostil de lo que era necesario. —Como haces con todo el mundo.

—No, tú no les das suficiente. —Apuntó, viéndolo de rejo y dedicándole una mirada acusadora. —Y espero que el resentimiento no sea la verdadera razón por la que no has pedido ayuda.

—Por supuesto que no.

Había dicho eso con total sinceridad, aunque el saber que su ensayo de Pociones seguía intacto porque no pensaba empezarlo sin Lily lo hizo dudar por un segundo.

—No soy tan idiota. —Agregó, intentando convencerse más a si mismo que a ella.

—Sí, lo sé. —Dijo Hannah con rotundidad. —Pero a veces haces que se me olvide.

Harry se le quedó viendo en silencio, queriendo pensar que lo había dicho en broma, pero algo en su tono le dijo que no había sido así del todo y no pudo evitar sentirse ofendido, y un poco herido.

Aunque sabía perfectamente bien que no podía culparla.

— ¿Te estoy fastidiando demasiado, cierto? —Le preguntó en un susurro, bajando la mirada un tanto avergonzado.

— ¿Con tu insistencia en tratar mi cabello como un resorte? —Intentó bromear ella, dándole un suave manotazo para que le soltara el mechón con el que tenía rato jugando. —Sí, un poco.

—No lo digo por eso. —Explicó él, suspirando y viendo fijamente a la parte de atrás de su cabeza, esperando que se volviera a voltear. —Sino de… Bueno, todas mis quejas, siempre por lo mismo…

Ella no respondió de inmediato, dejando que a ambos los envolviera el mismo silencio cómodo y tranquilo que siempre los había caracterizado.

Harry intentó resguardarse en ese hecho, en saber que aunque todo entre ellos estuviera cambiando, más rápido de lo que ninguno de los dos podía haber esperado. El mes que había pasado desde que habían acordado intentar ser algo más que mejores amigos no había causado estragos en su relación, y eso lo hacía sentir aliviado.

Había empezado a verla con otros ojos y estar con ella le provocaba nuevos sentimientos a los que aún no se acostumbraba, pero en el fondo, todo seguía igual, la esencia de lo que eran no había cambiado y estar a su lado seguía sintiéndose como uno de los

lugares más seguros de la tierra.

Unos segundos de silencio más tarde, Hannah soltó un largo suspiro y soltó la pluma, apartando de ella todos los libros y pergaminos que tenía cerca para poder recostarse y estar más de cerca de él, aunque aún viéndolo desde arriba.

—No es que me fastidies. —Le prometió con tranquilidad, haciéndolo sentir más ligero. —Solo me duele.

— ¿Qué cosa? —Preguntó él con un hilo de voz, sintiendo como su corazón se soltaba un latido.

—Que no puedas entender que si fuera por ellos no te estarían ocultando nada. —Le explicó Hannah, dedicándole una mirada significativa. —Solo quieren cuidarte, eso no tiene nada de malo.

Al escucharla decir eso, Harry tuvo que morderse la lengua con fuerza para no responder con la antipatía que, según él, merecían todos los que insistían en llegarle con el mismo cuento. Estaba llegando a un punto en el que se sentía incapaz de seguir escuchando la misma excusa sin explotar.

—Tengo derecho a saber. —Insistió el chico, empecinado. —Esto me concierne personalmente, si Él anda por ahí buscándome…

—Entonces es una excelente razón para que no te dejen salir. —Le cortó ella de golpe, tensándose de manera automática y viéndolo aterrada. —Y yo no creo que sea eso lo que está pasando.

—Quisiera concordar contigo, pero como no tengo idea de nada… —Volvió a quejarse él, dándose cuenta y obligándose a callar para dedicarle una mirada arrepentida. —Disculpa.

—No me molesta que te quejes, Harry. —Aseguró ella con un suspiro, rodándose para quedar acostada junto a él y poder verlo a los ojos, sonriéndole después. —Para eso estoy aquí.

—No para que aguantes mi malhumor, eso es seguro. —Chasqueó Harry, pateándose mentalmente al saber que era justo lo que estaba haciendo. —Se suponía que haríamos cosas divertidas este verano.

—Las hemos hecho. —Murmuró Hannah, sonrojándose ligeramente y desviando la mirada. —Bueno, yo me he divertido.

—Sí, pasar los días encerrados aquí ha sido toda una fuente de entretenimiento. —Ironizó él, sin captar a lo que ella se estaba refiriendo. —Empiezo a aborrecer este lugar.

—Pero si estabas tan emocionado cuando se mudaron. —Le recordó ella, tratando de subirle el ánimo, como siempre hacía. —Además, este cuarto es genial, es como diez veces más grande que el mío.

Como era usual, Hannah exageraba, su nueva habitación no era diez veces más grande que la de ella… Aunque eso no negaba el hecho de que fuera enorme, lo suficiente para que, tras meter las cosas que había tenido en la casa de Lily y las del apartamento de James, aún le sobrara espacio.

—Es genial. —Concordó el chico, no pudiendo negarlo del todo. —Pero cuando pasas tanto tiempo en ella, aburre.

—No seas pesimista. —Le pidió ella, como ya era costumbre, dándole un empujón juguetón en el hombro. —Aún las vacaciones no acaban, tenemos tiempo para salir por ahí...

—No me preocupa el tiempo, sino que Lily no vaya a dejarme. —Gruñó él, pensando en todas las veces que lo había intentado y su madre se había negado. —Un día de estos voy a salir sin decirle nada...

—No lo harás, porque la preocuparas y luego James se enfadara muchísimo contigo. —Predijo Hannah, mirándolo con severidad. —Y yo también.

Esbozó una mueca de disgusto por toda respuesta, sabiendo que si bien había tenido paciencia con el empeño de su madre en mantenerlo encerrado, ya se le estaba acabando.

Estaba haciendo su mayor esfuerzo para que no pasara, tratando de entender a Lily y no queriendo ponerla nerviosa sin necesidad, pero aquello de pedir permiso seguía siendo demasiado nuevo para él y no podía evitar sentir, a momentos, la necesidad de simplemente hacer lo que le diera la gana, sin preguntarle nada ni a ella ni a James.

La idea sonaba tentadora, pero trataba de no darle demasiadas vueltas.

—No la entiendo, digo, es normal que esté preocupada… —Empezó a decir Harry, en un tono que según él trataba de ser comprensivo, pero era más exasperado que otra cosa. —Pero todos lo están, eso no impida que la gente haga su vida. Mira a tus padres, ellos te dejan venir.

—Mis padres son otro cuento. —Atajó ella, desviando la mirada de manera incómoda.

— ¿Qué? No es cierto. —Saltó él, confundido por su reacción. —Son padres conscientes que saben que hay algo peligroso afuera, pero no por eso van a encerrarte bajo llave.

—Sabes, deberías dejar tu insistencia de que estar encerrado aquí es aburrido y de lo peor. —Replicó ella, usando una voz teatral y dramática. —Voy a empezar a creer que la has pasado mal durante mis visitas de este mes.

—No es eso, solo temo que si pasas demasiado tiempo en este lugar te termines aburriendo peor que yo y luego no vuelvas. —Le explicó él, más en serio de lo que había pretendido, sin darse cuenta de que le había cambiado el tema descaradamente.

— ¿Entonces quieres que deje de venir?

—Yo no he insinuado nada parecido. —Aclaró Harry rápidamente, con toda la honestidad del mundo. Movió a tientas su mano por el colchón hasta dar con la de ella. —Tus visitas son de las pocas cosas buenas que me han pasado en este verano.

Aquella era una verdad absoluta que le venía dando vueltas a la cabeza desde hacía varios días, y se alegró de habérselo confesado en el momento que la vio sonrojarse desde la raíz del cabello y dedicarle una sonrisa tierna que a él se le antojo preciosa.

—Es bueno saberlo. —Susurró Hannah, abrumada, tratando de ocultar su rostro sonrojado con su cabello, pero entrelazando sus dedos con los suyos. —Porque no pensaba dejar de venir.

Harry le sonrió devuelta, dejando que los pensamientos pesimistas y amargos fueran disueltos por las sensaciones burbujeantes que su estómago estaba provocando, esas que ahora experimentaba cada vez que estaba con ella.

—Estás linda hoy. —Murmuró él de manera casi imperceptible, pero la cercanía le permitió escucharlo.

—No digas tonterías. —Lo desestimó ella, sonrojándose incluso más. —Estoy igual que siempre.

—Sí, lo sé.

—Cállate ya. —Le ordenó Hannah poniendo los ojos en blanco, sin dejar de sonreír. —No sabes ni lo que dices.

—Eso no…

Y al no hacerle caso, ella misma se encargó de hacerlo callar, desapareciendo la ya de por si escasa distancia y depositando un suave beso sobre sus labios.

Harry sonrió un momento antes de besarla devuelta, sintiendo como su corazón aceleraba gradualmente sus latidos, aún sin acostumbrarse a esa acción.

Y aunque besar a Hannah seguía siendo algo nuevo para algunas partes de su cuerpo, había otras que ya lo habían asimilado por completo.

De repente creyó entender a que se había referido ella al decir que sí habían hecho cosas entretenidas ese último mes.

En eso estaba de acuerdo con ella, por supuesto, pasar horas besándola en su habitación definitivamente era divertido.

Los nervios y la incomodidad de las primeras veces habían ido desapareciendo poco a poco hasta que quedaron casi por completo en el olvido. Las semanas de aburrimiento en aquella espaciosa habitación les habían dado la oportunidad de aprender y mejorar; aún no llegaban a ser expertos, pero no eran tan torpes como cuando habían dejado Hogwarts en junio.

La escuchó soltar un pequeño suspiro junto antes de que subiera los brazos y le rodeara el cuello, acercándose más y moviendo la cara para profundizar el beso, lo que le provocó al chico un vacío en el estómago.

Afianzó el agarre en su cintura, rodándola ligeramente, lo suficiente para eliminar el espacio entre ellos. El contacto hizo que su cabeza empezara a dar vueltas, haciéndolo sentir mareado, como cada vez que la tenía así de cerca, moldeando su cuerpo contra el suyo.

De repente sintió una de sus manos en su nuca, acariciándolo y arañándolo suavemente, erizándole toda la piel del cuerpo y haciéndolo tragar saliva. Esa era una de las cosas a las que Harry todavía tenía que acostumbrarse, a ese cosquilleo que sentía por todo el cuerpo cada vez que ella le regalaba una caricia inesperada o realizaba algún movimiento nuevo con su lengua.

Constantemente se encontraba preguntándose si él sería capaz de hacerla sentir igual, si disfrutaba de aquello tanto como él lo hacía, le daba vergüenza preguntarle, y más aún el pensar que no era así. No sabía qué, pero había algo que lo hacía pensar que ella era mucho mejor en todo aquello, no era un pensamiento muy agradable.

No le gustaba pensar que no lo hacía tan bien y que ella simplemente no le decía nada. Quería creer que no era así y trataba de convencerse escuchando los suspiros imperceptibles que ella soltaba de repente. Decidió tomar como buena señal la sonrisa que la vio esbozar cuando se separó para tomar aire.

De haber sido por él, se habría quedado viéndola sonreír por un buen par de minutos, pero ella se lo impidió en el momento que volvió a acercarse, esta vez para esconder el rostro en la curva de su cuello.

Sin querer, y al igual que la primera vez que había hecho eso, Harry se tensó completo y

apretó las yemas de sus dedos contra su cadera, muy abrumado para detenerse a pensar si le estaba haciendo daño. Supuso que no, porque la sintió sonreír nuevamente antes de empezar a dejar pequeños besos sobre su piel.

Harry suspiró con fuerza y cerró los ojos, disfrutando de las sensaciones que eso le provocaba, haciéndolo sentir que la temperatura de la habitación había subido varios grados y el aire se había vuelto tan espeso que tenía que forzar la respiración para no ahogarse.

La parte racional de su mente empezó a apagarse al mismo tiempo que sintió en la parte baja de su estómago algo que se apretaba y se relajaba, disparando chispas de electricidad que dispersaban a partes de su cuerpo que no quería analizar, más allá de saber que se sentía increíble.

Hannah seguía con el rostro enterrado en su cuello cuando él empezó a sentir que necesitaba tenerla más cerca, aunque en ese momento aquello parecía imposible. Así que lo único que se le ocurrió hacer, ya demasiado perdido en sus propios pensamientos, fue tomarla de la cintura y rodar hacia un lado de la cama, obligándola a quedar encima de él.

Ella soltó un pequeño respingo de sorpresa y se separó para poder verlo a los ojos, estaba completamente roja y respiraba igual de acelerado que él, lo cual fue un alivio. Rió por lo bajo de manera adorable, obligándolo a sonreír, antes de acomodarse sobre su cuerpo, colando una pierna entre las suyas, y tomarlo por el cuello para volver a besarlo, esta vez con más detenimiento.

Casi por inercia, Harry empezó a acariciar suavemente los milímetros de piel que había quedado descubierta por el brusco movimiento que provocó que se le subiera un poco la camisa. La sintió erizarse bajo sus dedos, y abrumado, empezó a preguntarse que pasaría si tocaba por debajo de la tela...

Pero el pensamiento fue cortado de raíz y el ambiente se enfrió de golpe justo en el momento que se escucharon un par de golpes contra la puerta.

Por un segundo contempló la idea de ignorar el ruido, pero ella pensó diferente y se separó, rojísima y con los labios hinchados, haciéndolo soltar un gruñido de fastidio.

— ¿Qué…? —Empezó a decir él, de mala gana, pero tuvo que detenerse para aclararse la garganta y no sonar como si lo estuvieran estrangulando. — ¿Quién es?

—Soy yo, solo quería saber como estaban. —Respondió la irreconocible voz de James, sonando tan interesado como irritante. — ¿Todo bien?

Hannah rió por lo bajo, pero Harry solo pudo chasquear con hastío y poner los ojos en blanco.

—Sí, todo bien.

—Entonces… ¿Puedo pasar?

—No. —Soltó Harry con brusquedad, incluso antes de que él terminara la pregunta.

—No seas grosero. —Lo reprendió Hannah, divertida aunque también ligeramente fastidiada. — ¡Un momento!

Dijo eso y, para fastidio de Harry, se quitó de encima y se sentó en la cama, pasándose una mano por el cabello para tratar de peinarse y arreglando su ropa que se había arrugado bastante.

—No luces muy presentable que se diga. —Le dejó saber al chico, en un susurro, enarcando una ceja en su dirección. —Arréglate si no quieres que te vea así.

—Yo no le dije que viniera. —Se quejó Harry con hostilidad, sin embargo la imitó y se enderezó para sentarse, aunque únicamente se acomodó los anteojos. —Es él quien insiste en subir cada vez que estás aquí.

—Cállate, no es cierto. —Le ordenó ella, sonrojándose nuevamente y girándose a la puerta. — ¡Adelante!

Lo primero que Harry hizo una vez que se abrió la puerta fue dedicarle una mirada exasperada y significativa, dejándole claro que no se creía nada la expresión inocente y casual que llevaba en el rostro.

—Ey, espero no interrumpirlos…

—Claro que no. —Se apresuró a decir Hannah antes de que Harry pudiera abrir la boca. —Solo estábamos haciendo la tarea.

—Oh, pues eso está genial. —Exclamó James, ampliando su sonrisa y luciendo extrañamente aliviado. —Así me gusta, que gasten su tiempo en cosas productivas.

—Son vacaciones, se supone que hagamos de todo menos eso. —Se quejó Harry, sin disimular el hastío en su voz.

—Espero que no sea tan amargado contigo como lo es con el resto de nosotros. —Le dijo James a Hannah, aunque dedicándole a su hijo una mirada significativa.

—Un poco solamente. —Le dejó saber la chica, suspirando y entornando los ojos. —No te lo tomes personal.

—Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí. —Les pidió el chico, obligándose a si mismo a relajarse. — ¿Querías decirme algo?

—No realmente, Lily me pidió que los llamara. —Explicó él, pero por alguna razón, Harry no le creyó del todo. —Quiere que vengan a tomar el té.

— ¿Y tenemos que ir? —Preguntó, sin ocultar su mueca de fastidio.

—Claro que sí. —Hannah volvió a adelantarse, sin importar las miradas suplicantes que él le lanzaba. —Nos encantaría.

— ¿Nos?

—Esa es la actitud de la cual deberías contagiarte. —Le informó James, señalando a Hannah con un dedo. —O si no consideraré hacer un intercambio, te enviamos a su casa y nos quedamos con ella.

—Lily nunca aceptaría eso. —Objetó Harry, siguiéndole la broma para tratar de aligerar su propio humor. —Y Sirius tampoco, no les haría eso.

—Sí, como si fueras capaz de dejar este lugar. —Se burló Hannah, divertida, antes de levantarse de la cama y empezar a caminar a la puerta, pero se detuvo antes de llegar a ésta. —Ah, ¿James?

— ¿Sí?

—Harry iba a pedirte que corrigieras su tarea de Transformaciones cuando me fuera. —Mintió con una sonrisa limpia e inocente, ignorando olímpicamente la expresión exasperada del chico. —Te lo digo por si se le olvida.

—Ah, sí, por supuesto. —Respondió él de inmediato, esbozando una inmensa sonrisa. —Me alegra que finalmente la empezara, nos ponemos en eso en un rato.

—Perfecto. —Exclamó ella, sonriendo con suficiencia. —Vamos de una vez antes de que se enfríe el té.

Harry entornó los ojos, pero la dejó salir de la habitación sin objetar nada, sabiendo que no tendría sentido.

Sin embargo no la siguió, esperó a quedarse solo con su padre para mirarlo y enarcar una ceja.

— ¿Qué? —Preguntó James, otra vez fingiendo inocencia, y confusión. — ¿Por qué me miras así?

—Solo estoy preguntándome si serías más o igual de molesto si hubiera sido chica, es todo.

—No tengo idea de lo que me estás hablando.

—Seguro, papá. —Ironizó el chico, entornando los ojos y poniéndose de pie. — ¿Tenemos que volver a vivir el baile de navidad para que me dejes en paz?

—No hay ninguna razón para revivir eso. —Se horrorizó James ante el recuerdo. —Solo quería saber que hacían…

—Nada de lo que tengas que preocuparte. —Le aseguró Harry, aunque una parte de él no se sintió del todo sincera. —Y solo quiero recordarte que Hannah también ha venido mientras estoy solo con Sirius.

—No entiendo la necesidad de seguir señalando eso. —Le cortó su padre, resoplando, ligeramente nervioso. —Ni como se nos ocurrió que dejarte con él sería buena idea.

—No lo fue. —Le confirmó el chico, poniéndose de pie y añadiendo casualmente. —Y si no te sientes cómodo con tu decisión, siempre puedes llevarme contigo cuando salgas…

—Qué listo, se nota que has estado haciendo tarea. —James subió las cejas con ironía y rió por lo bajo, sin tanta gracia como se podía haber esperado. —Tal vez un día lo haga, por ahora confórmate con saber que podrás usar tu escoba esta tarde.

— ¿Cómo? —Soltó Harry de golpe, viéndolo con incredulidad. —Pero Lily dijo…

—No se que te habrá dicho a ti, pero a mí me dijo que podíamos. —Le dejó saber James, esbozando una emocionada sonrisa de la cual el chico no pudo evitar contagiarse. —Así que espero que hayas descansado, porque vamos a practicar hasta que se haga de noche. Tienes que estar listo para septiembre.

La noticia hizo que el pecho del chico se inflara con júbilo y emoción, como en un buen tiempo no lo hacía. Sintió la adrenalina empezando a correr por sus venas ante la idea de volver a montar su escoba, quizás más alto que la última vez que lo había hecho. De no haber sido porque Hannah no se iría hasta dentro de unas pocas horas, le habría pedido a James que fueran de inmediato.

— ¡Harry! —La voz de su madre desde el piso de abajo interrumpió sus felices pensamientos. — ¡Yo no le dije a James que los llamara, él subió porque quiso!

El chico borró su sonrisa y le dedicó a su padre una mirada llena de irritación, que él respondió con una mueca de fastidio, confirmando que lo habían delatado.

—No puedo creer que me traicione solo para quedar bien contigo…

—No habría necesidad de eso si no inventaras tantas estupideces.

—Niño, por qué no tratas de mostrar un poco de respeto alguna vez. —Le sugirió James con un suspiro, tomándolo por el hombro y guiándolo hacia la puerta. —Especialmente a la persona que va a jugar contigo en las próximas horas…

A pesar de estar fastidiado, Harry no pudo evitar reírse ante eso, preguntándose si algún día James dejaría de intentar comprar su simpatía con juegos de quidditch.

A esas alturas ya no era necesario, pero no tenía razones reales para quejarse.


Mar nunca iba a admitirlo frente a nadie, bajo ninguna circunstancia, pero la verdad era que odiaba volver sola a casa de James y de Lily… Odiaba volver sin Sirius, más específicamente.

Especialmente odiaba cuando tenía que hacerlo tan tarde en la noche y el camino se volvía tan oscuro que tenía que usar la luz de su varita para poder ver, cosa que no ayudaba para nada a disminuir la desagradable sensación de que alguien la estaba siguiendo.

Sabía que eran solo paranoias suyas, sus amigos habían hecho innumerables rondas por todos los alrededores asegurándose de que los mortífagos no habían montado puestos de vigilancia cerca, pero la primera vez había aprendido que los malditos eran expertos en pasar desapercibidos.

Solo se sintió más tranquila cuando estuvo lo suficientemente cerca para divisar las luces de la casa, que le dejaron saber que alguien seguía despierto, y tomando en cuenta que era casi medianoche, supuso que esperándola.

No pudo detener la oleada de culpabilidad que la recorrió al reparar en eso, sabiendo que posiblemente era Lily y que estaba perdiendo horas de descanso por su culpa.

Naturalmente trataba de volver temprano, especialmente cuando les dejaba a la niña, pero ese día había perdido accidentalmente la noción del tiempo.

En su defensa, todo había sido culpa de Sirius.

Tras terminar su ronda de ese día lo había acompañado a Grimmauld Place, desde hacía un par de semanas que ya el lugar nunca estaba solo, pero Mar prefería esperar a que Remus, o quien fuera a quedarse cuando ella no podía, llegara.

Sin embargo, esa noche una cosa había llevado a la otra, como siempre pasaba entre ellos, y él la había convencido, sin mucho esfuerzo, de quedarse un rato más, que se

había convertido en varias horas y que las habían pasado encerrados en su habitación.

Se habían quedado dormidos cuando todo había terminado, y tomando en cuenta lo exhausta que estaba, Mar consideraba un milagro el haberse despertado. Se lo atribuía a su recién desarrollado instinto materno, el mismo que la había hecho sentir mortificada al posar la mirada en el reloj y darse cuenta de lo tarde que era.

—No. —Había susurrado Sirius, con el sueño plasmado en la voz, afianzando el agarre en su cintura cuando la había sentido tratar de levantarse. —Quédate.

—Tú vuélvete a dormir. —Le había ordenado ella, en una voz más suave de la que había pretendido, tratando de soltarse. —Es tarde.

—Lo sé. —Suspiró él, acurrucándose más contra ella. —Por eso no puedes irte, tienes que quedarte…

—No puedo, lo sabes. —Murmuró ella a regañadientes, tratando de no sucumbir a su petición. —Quítate.

—No quiero. —Se empecinó Sirius, recostando la cabeza contra su pecho. —No te las puedes llevar…

—Te recuerdo que son mías, tengo que llevármelas. —Rió por lo bajo, recordándose por que no podía quedarse aunque quisiera hacerlo. —Que te quites te dije.

Y al ver como él estaba decidido a ignorarla, puso los ojos en blanco y le puso una mano en el hombro para clavarle las uñas.

— ¡Auch! Pero que… —Se quejó él, finalmente apartándose de ella y permitiendo que se levantara antes de que pudiera impedírselo. Gruñó con fastidio. —No entiendo como eres tan bestia…

—Yo no entiendo de que te quejas, si hace rato te hice lo mismo y te encantó. —Se burló ella, recogiendo su ropa del piso para empezar a vestirse. Miró a su alrededor y frunció el ceño. — ¿Se puede saber a donde lanzaste mi sostén?

—Hace rato estaba muy ocupado para diferenciar entre dolor y placer. —Subió las cejas de manera sugerente, pero perdió fuerza gracias a su expresión somnolienta. Se pasó una mano por la cara para desperezarse. —Y lo escondí porque es un crimen contra la humanidad que lo uses.

—Encantador, pero igual voy a irme. —Le dejó saber ella, sabiendo que esa era la verdadera razón, y poniéndose la blusa de todas formas. —Quédatelo, así imaginas que estoy contigo.

—Lo meteré debajo de la almohada cuando te vayas.

Mar rió por lo bajo y antes de salir de la habitación le avisó que pasaría un momento por la cocina.

El silencio del lugar le recordó la hora y bajó las escaleras con todo el cuidado que pudo, tratando de no despertar a nadie, envidiando a todos los que dormían plácidamente mientras que ella se preparaba para otra noche en la que seguramente tendría que levantarse mínimo tres veces.

Los nudos que ahora tenía en el cuello y la espalda se le prensaron solo de pensar en eso. Perfectamente podía enumerar la cantidad de noches de verdadero descanso que había tenido en ese último mes, solo tenía que recordar aquellas en las que había dormido con Sirius y Ophelia, de resto la pasaba fatal. No había forma de evitar sentirse culpable cuando dejaba a uno para estar con el otro y él con su maldito empeño de no meter a la niña a esa casa era incapaz de comprenderlo.

Ella entendía por que lo hacía, desde luego, pero sentía que toda esa rutina iba a terminar matándola de estrés.

Seguía pensando en eso cuando llegó al primer piso y juró que escuchaba murmullos de al menos dos voces desde adentro de la cocina, lo que la hizo pensar que no todos se habían ido a dormir.

Por eso se sintió tan confundida cuando entró y solo se encontró a Kreacher.

— ¿Estabas hablando con alguien Kreacher? —Le preguntó ella, confundida, buscando con la mirada a otra persona. —Creí escuchar…

—La chica McKinnon insiste en hablar con Kreacher, a Kreacher no le agrada. —Murmuró el elfo con desdén, pretendiendo que ella no estaba ahí y caminando hacia la puerta. —Kreacher tiene que soportar a traidores en la casa, el amo ha ordenado a Kreacher que sea amable…

Mar frunció el ceño ante eso, sabía que Sirius le había ordenado que la tratara a ella y al resto de la Orden con respeto, pero "amable" definitivamente no era la palabra que él había utilizado.

Entonces posó la mirada en la mesa de la cocina y sonrió al entender a que venía todo.

—Ey, así que tú eres a quien Kreacher le estaba hablando. —Le dijo enternecida al gato que la observaba desde la mesa, empezando a caminar hacia él. —Vas a tener que decirme como logras que te quiera tanto, sigue siendo un misterio…

Como siempre, el animal intentó huir antes de que ella pudiera tocarlo, pero Mar había ido agarrándole el paso y también había decidido no respetar sus deseos de andar solo por ahí, así que fue por él e ignoró como se erizaba y tensaba en el momento que ella lo tomó en brazos.

—Sh, no huyas de mí, ven acá… —Lo llamó con una voz mucho más dulce y amable de la que estaba acostumbrada a usar. —No entiendo por que no te gusta que te acaricie, si eres tan precioso.

Dijo eso y lo acomodó en sus brazos para acunarlo contra su pecho, justo como hacía con Ophelia, con la diferencia de que al gato no pareció gustarle para nada aquella posición, y se lo dejó saber abriendo muchísimo los ojos y removiéndose incómodamente para tratar de alejarse lo más que pudiera de ella.

—Ya, no seas odioso. —Le ordenó ella, agudizando un poco la voz y pasándole el dorso de la mano por la cabeza para intentar calmarlo, sin mucho éxito. —Colabora conmigo, eres mi única alternativa para no extrañar tanto a mi hija…

Supuso que el animal había detectado el tono suplicante en su voz, ya que luchó un par de segundos más y luego decidió quedarse quieto, como resignado a que no iban a soltarlo.

—Eso, así está mucho mejor. —Sonrió Mar, acariciándolo con delicadeza, encantada al escucharlo ronronear. —Hacía días que no te veía, ¿no te agrada toda esa gente que viene, cierto? Prefieres estar en silencio…

—Pues es bienvenido a disfrutar del silencio de la basura del callejón de al lado, seguro hay más como él que le harán compañía.

Mar soltó un gruñido y entornó los ojos, especialmente al notar como el animal volvía a tensarse y a reanudar sus intentos por zafarse de ella.

—Ya, ¿entonces es por él que te escondes? Pues no puedo culparte. —Subió la cabeza y le dedicó una mirada asesina. —Mira lo que haces, lo pones nervioso.

—Su existencia me pone nervioso a mí. —Señaló Sirius, resoplando y mirando al animal con desagrado. —Y no deberías pegártelo así, después se acostumbra y no te lo podrás despegar.

— ¿Lo dices por experiencia propia o que? —Inquirió Mar, volteando los ojos y tratando de mecerlo, pero dándose cuenta de que no era lo mismo hacerlo con un gato inquieto que con un bebé. —Y no se por que tienes la impresión de que tú opinión cuenta.

— ¿Pero como que no cuenta? —Quiso saber él, abriendo los ojos con impresión y ofensa. —Son nuestros pechos, Mar, mi opinión debe valer algo.

—Siempre han sido solo míos, y ahora de Ophi. No te confundas. —Le informó ella, suspirando con fastidio y, a su pesar, dejando ir al gato finalmente, quien fue a echarse a una esquina de la cocina donde apenas y podían verlo. —Siempre lo espantas, no se por que tienes que ser tan malo.

— ¡¿Yo?! ¡Pero si el malo es él! —Exclamó Sirius, viéndola ofendido y con incredulidad.

—Es una cruel y asquerosa bola de pelos que no le gusta nada ni nadie, nos gruñe a todos y solo se deja tocar por ti. ¿Cómo es que puede agradarte?

—Tengo debilidad por esas características. —Se burló ella, sonriendo divertida cuando él le torció los ojos. —Además, no es su culpa ser así, los gatos solo tienen ese comportamiento cuando se sienten asustados o inseguros porque han pasado por situaciones traumáticas que…

—Los gatos son un asco y no puedes fiarte de ellos, eso es lo que pasa. —Le cortó él, viendo con mala cara al lugar donde el animal se había escondido antes de volverse hacia ella y enarcar una ceja. —Y me sigue sorprendiendo que pongas voz de idiota para hablarle a eso y no a tu propia hija…

—Porque él es un animal y solo entiende el tono de voz, Ophi es un ser humano y yo la respeto demasiado para hablarle así. —Explicó Mar, levantando la barbilla con firmeza.

—Ya, cuando crezca y pregunte por que quieres más a un gato que a ella, tendrás muchas explicaciones que dar. —El comentario le gano un manotazo en el hombro que solo lo hizo reír un poco antes de suspirar y verla a los ojos con una expresión más seria. — ¿En serio tienes que irte?

—Sí, Lily me está esperando. —Suspiró ella, esperando que no insistiera en que se quedara, no se sentía con la energía para seguir negándose. —Y Ophi también… ¿Seguro que tú no puedes venir?

—Por desgracia no. —Se lamentó Sirius, subiendo las cejas y esbozando una sonrisa amarga. —Me pasaré en la tarde y de ahí nos vamos al Ministerio.

Un año antes, ese habría sido el fin de la conversación, pero ya habían atravesado y superado tantas cosas que muchas, que no eran más que tonterías, habían dejado de importar. Por eso no le costó nada acercarse a él para abrazarlo antes de partir, sabiendo perfectamente que ambos lo necesitarían para atravesar la noche.

Quizás el lado positivo de haberse quedado hasta tarde sería que la noche sería más corta y por ende el momento de la mañana en el que podría ahogarse con café para matar el cansancio llegaría más rápido. Al menos con eso trataba de animarse mientras entraba a la casa, aliviada de haber llegado.

Aseguró la puerta como lo habían venido haciendo esas semanas y caminó por los largos pasillos hasta dar con la única luz encendida en ese piso, que por supuesto era del salón que siempre usaban.

—Hola, ya…

—Shh, no hagas ruido. —La calló Lily, en un susurro, desde uno de los sofás, apuntando con la cabeza hacia el bulto entre sus brazos. —Finalmente acabo de dormirla.

Mar siguió su mirada y sonrió al encontrar a su hija, por primera vez desde la mañana, ignorando el sentimiento de culpa al saber que no había llegado para verla despierta.

—Ey, hablé contigo antes de irme, teníamos un trato… —Le susurro a la pequeña, inclinándose para estar más o menos a su altura, debatiéndose si sostenerla o no. —No la ibas a molestar a ella, solo a James y a Harry…

—Déjalos, estuvieron practicando toda la tarde y estaban cansados. —Explicó la pelirroja, esbozando una sonrisa enternecida. —Además, sabes que a mí no me molesta quedarme con ella…

—Lo se, pero también necesitas descansar. —Suspiró Mar, dedicándole una mirada de disculpa a la vez que se decidía y le hacía una seña para que le entregara a la niña. —Lamento haber vuelto a esta hora, llegamos temprano, pero…

—Mar, a estas alturas las explicaciones sobran. —Se burló ella, poniendo los ojos en blanco y estirando los brazos cuando los tuvo libres. —Especialmente cuando se trata de ustedes dos.

Ella rió por lo bajo y se encogió de hombros, mirando fijamente como Ophelia se removía un poco entre sus brazos antes de adaptarse y soltar un ruidito de comodidad, siguiendo con su sueño como si nada hubiera cambiado.

— ¿Crees que sería una madre horrible si la despierto?

—No horrible, pero si una bastante imprudente.

—Eso no es tan malo…

—No la despiertes, Mar.

—Bueno. —Se resignó ella, suspirando y sentándose junto a su amiga. —De todas formas se despertara en unas horas así que…

—Puede que no, tal vez decida dormir corrido esta noche. —Supuso Lily, tratando de darle ánimos a su amiga, pero Mar ya tenía mucha experiencia como para creerle.

—Sí, como si ella fuera a hacerme ese maravilloso favor. —Ironizó ella, sintiéndose cansada solo de pensar en las horas que le esperaban. —Está bien, estas últimas tres noches que Sirius estuvo aquí logré reponer energías.

—Deberías hablar con él para que vuelvan a su plan inicial. —Señaló la pelirroja como quien no quiere la cosa. —Ya sabes, en el que habían acordado que vendría a dormirla para que no te despertara después...

Mar suspiró y subió las cejas irónicamente al recordar lo fácil que había sido llegar a ese acuerdo y lo difícil que se estaba haciendo cumplirlo.

—Estaba cansado, fue un día largo. —Explicó, odiando sentir que estaba excusándose por él.

— ¿Algo fuera de lo común? —Le preguntó Lily, tensándose ligeramente mientras esperaba la respuesta.

—Claro que no, todo sigue igual. —Hizo una mueca de fastidio y chasqueo la lengua. —Eso es lo que lo vuelve tan cansado.

—Prefiero eso a que me digas que ocurrió algo. —Bufó la pelirroja, mirándola significativamente y volviendo a relajarse. —Al menos esto significa que todos seguimos a salvo.

Mar estuvo a punto de comentar como el no haber tenido aún ningún encuentro indeseado con mortífagos no necesariamente significaba que estuvieran a salvo, tal vez hasta era señal de que estaban esperando justo eso, que se sintieran tranquilos, antes de aparecer.

Pero era muy tarde para ponerla más paranoica.

—Aún no han puesto a nadie a vigilar la Mansión Lestrange. —Comentó de pasada, aunque Lily no lo compró. —Si Bellatrix anda por ahí es muy posible que estén usando su casa para…

—Oficialmente sigue siendo una fugitiva, no van a arriesgarse ocupando un lugar que todos conocen. —Aclaró Lily, tratando de aplacarla. —Está vacía, el Ministerio aún no es tan corrupto.

— ¿Te parece?

—Sabemos que puede ser muchísimo peor. —Apuntó ella, suspirando con amargura y mirándola con las cejas enarcadas. —Y solo para que lo sepas, serías la última persona a la que Ojoloco enviaría a vigilar ese lugar.

—Ay, por favor. —Resopló Mar, irritada, aguantando las ganas de levantar la voz para no despertar a la niña. —Soy perfectamente capaz de…

—No son tus capacidades lo que ponemos en duda.

—Ya suenas como Sirius. —Le espetó de mala gana.

—Mar, créeme cuando te digo que Sirius no es él único que prefiere que estés tan lejos de esa mujer como sea posible.

Se tomó un momento para responder, sopesando si sería lo mejor mantener esa discusión en ese momento. Al final, decidió que no.

Solo suspiró y asintió con la cabeza, tan sumisa como pudo, aún sintiéndose irritada, pero sin poder llevarle la contraria. Los recuerdos de la última vez que había visto a Bellatrix seguían demasiado frescos para eso.

De manera instintiva se encontró apretando los brazos alrededor de Ophelia, acercándola más hacia ella.

— ¿Y que tal estuvo todo por aquí? —Inquirió entonces, decidiendo que lo más seguro sería cambiar de tema. — ¿Cuál de los tres te dio más problemas?

—Sorprendentemente, todos se comportaron como se esperaba. —Aseguró Lily, esbozando una sonrisa cariñosa que perdía un poco la fuerza debido al cansancio. —James fastidió a Harry y después lo contentó con quidditch, nada fuera de lo normal.

—Típico. —Concordó Mar, sonriendo divertida. —Y por lo que entiendo, dejaste de ser una molestia y les permitiste jugar un rato, estoy orgullosa de ti.

—Yo no estaba siendo una molestia. —Se defendió la pelirroja, firmemente. —Los estaba cuidando.

—Conceptos que, en tu caso, se confunden a cada rato. —Continuó Mar, sin inmutarse por la mirada hostil de su amiga. —Le pusimos Merlín sabe cuantas protecciones a este lugar, Lily, más de las que ya tenía. Nadie va a hacerle nada.

—Lo sé, pero yo prefiero prevenir que lamentar.

—Ya hoy comprobaste que puede jugar unas horas sin que ocurra una catástrofe. —La ignoró olímpicamente, recordando de repente la promesa que le había hecho a Harry. —Tal vez deberías replantearte esa regla de tenerlo aquí encerrado…

—Todos ustedes dicen "encerrado" como si le hubiera dado cadena perpetua en Azkaban. —Replicó Lily con brusquedad, empezando a molestarse. —Él ha salido…

—A hacer algo divertido de chicos de su edad, no. —Insistió Mar, a pesar de saber que estaba metiéndose en territorio inestable. —Está saliendo con una chica y aún no han ido a una cita de…

—Tú nunca has ido a una cita.

—Okay, que me uses a mí como ejemplo prueba lo mal que estás. —Atajó rápidamente, volviendo a hablar antes de que ella lo hiciera. —Mira, creo que no le haría mal a nadie que los dejaras salir un rato a…

— ¿A ellos dos? ¿Solos? —Los ojos de Lily se abrieron tanto que a Mar la sorprendió que no se salieran de sus órbitas. — ¿Qué te volviste loca?

—La locura es que pienses que lo es. —Dijo Mar, exasperada. —Nosotros salimos todos los días y aún nada nos ha pasado.

—A nosotros no nos están buscando.

—Pero por supuesto que sí.

—No es lo mismo, y lo sabes perfectamente. —Cortó la pelirroja, hostilmente. —Nosotros podemos hacer magia si algo pasa, ellos no.

—No va a pasarles nada. —Intentó ella de nuevo, sintiendo que entraba en un callejón sin salida. —Lily, de nuevo estás forzando las cosas con él…

— ¿A que te refieres con eso? —Inquirió la aludida, recelosa.

—A que tienes que recordar que hasta hace muy poco tiempo Harry no tenía que pedirle permiso a nadie para hacer lo que quisiera. —Recordó Mar, tratando de ser cautelosa porque sabía que era un tema delicado. —Y que si sigues forzando tu autoridad sobre él, lo vas a hacer explotar.

Lo que Mar menos quería era lastimar a su amiga, sabía que ya tenía demasiadas preocupaciones, y la expresión de su rostro supo que lo había hecho. Sin embargo, no se arrepintió del todo, porque sabía que alguien tenía que decírselo, así ella se negara a escucharlo.

—Ya es muy tarde. —Decidió Lily de repente, obviamente cortando la conversación. —Mañana tengo que madrugar, y si estás segura de que se va a despertar, será mejor que vayas a dormir un rato.

Mar supo mejor que tomarse personal su actitud, sabía que ella era la persona menos indicada para hacerlo, pero no pudo evitar que le doliera un poco, porque solo lo hacía para ayudar, pero Lily parecía negada a ver eso.

—Está bien, subamos entonces. —Decidió ella, poniéndose de pie con cuidado para no despertar a Ophelia. —Me voy después del mediodía, ¿Remus vendrá antes, cierto?

—Sí, mañana se queda él… Gracias por cuidarlo en la mañana, eso…

—No tienes nada que agradecer. —Le cortó Mar de inmediato, mirándola de manera significativa.

Lily asintió y le sonrió, luciendo cansada y compungida, ante lo que Mar no pudo evitar responder con una sonrisa propia, tan comprensiva y tranquilizadora como pudo.

Más tarde esa madrugada, en alguno de los momentos que tuvo que despertarse para atender a Ophelia, se encontró pensando que, tal vez, no era que Lily se negara a ver que ella solo estaba intentando ayudarla, sino que simplemente no estaba dispuesta a dejar de hacer lo que ella creía mejor para su hijo.

Y no supo si el deja vu que experimentó ante eso era una buena o mala señal.


Como a todos, a James se le estaba dificultando enormemente conciliar el sueño por las noches, especialmente cuando Lily no estaba junto a él, por eso se despertó tan fácil cuando la escuchó entrar a la habitación.

Incluso entre las penumbras de la espaciosa habitación pudo adivinar de inmediato la tensión en su cuerpo y la expresión ligeramente disgustada y pensativa que llevaba en el rostro, poniéndolo alerta de inmediato y barriendo parte del sueño que cargaba encima.

—Ey… —La llamó con la voz pastosa, incorporándose para verla mejor y pasándose una mano por el rostro para desperezarse. — ¿Todo bien?

—Sí, duérmete. —Le ordenó ella, dedicándole una rápida sonrisa que él no se creyó, mientras buscaba por su pijama debajo de la almohada. —Voy a cambiarme.

—Eso lo noté, aunque no estoy seguro de para que. —Intentó bromear, sonriendo con sugerencia cuando la vio quitarse la blusa y desabrocharse el sostén. —A mí me parece que puedes dormir así, es más cómodo.

—Tú siempre tan ingenioso. —Dijo con ironía, esbozando una sonrisa más sincera y sonrojándose mientras se encasquetaba la bata de seda que él mismo le había dado como regalo de bodas. —Pero mejor guardemos esas ideas para cuando estemos solos.

—Si es por Harry, yo perfectamente puedo levantarme si algo ocurre…

—Ya me vestí, James, deja de intentarlo.

Él hizo un pequeño puchero en respuesta que logró arrancarle una risita y hacerla sacudir la cabeza antes de que se alejara para caminar a otro extremo de la habitación. Al serle imposible seguirla, James estiró la mano en busca de sus anteojos y usó su varita para encender las luces, encontrando a su esposa cerca del tocador.

—Te dije que te durmieras, no que te despertaras más. —Lo reprendió con una mirada severa, empezando a peinarse.

—Muy tarde, ya lo hice. —Se encogió de hombros, ganándose una torcida de ojos que prefirió ignorar. — ¿Ya Mar llegó?

—Hace unos momentos, nos quedamos charlando. —Respondió ella, haciéndolo sentir más liviano, y contestando otra duda antes que él siquiera la formulara. —Tuvieron un día tranquilo, Sirius se quedó en la casa.

—No tan tranquilo entonces. —Se lamentó James con amargura, aún sin adaptarse al hecho de su amigo teniendo que dormir en ese lugar.

—Remus pasará la noche con él. —Le recordó Lily con suavidad, captando de inmediato su línea de pensamientos. —Y seguro Mar se queda mañana.

—Si no puede creo que podría hacerlo yo. —Se le ocurrió de repente, aunque la idea no le encantara del todo. —Si no te molesta, claro…

—Por supuesto que no. —Dejó claro rápidamente, sonriéndole con cariño. —Le hará bien tener tu compañía.

James le sonrió agradecido y sintió como el corazón se le expandía igual que cada vez que Lily se mostraba así de atenta y comprensiva con sus amigos, sabía que ya eran tanto suyos como de él, pero igual lo seguía enterneciendo.

—Creo que a ambos les vendrá bien. —Opinó casi para ella misma, aún encargándose de su cabello. —Así que ve tranquilo, y no te preocupes por nosotros.

—Eso último no es una opción, pero de acuerdo.

—Ya sé, pero tenemos que intentar que lo sea. —Suspiró Lily con pesadez, dejando el cepillo frente al espejo y colocándose una crema que James desconocía bajo los ojos. — ¿Sabes si Harry se durmió?

—Me quedé hablando con él un rato después de que subimos, no creo que haya aguantado mucho luego de eso. —Recuerdos de la increíble tarde que había tenido con su hijo flotaron a su mente haciéndolo esbozar una enorme sonrisa. —Le hacía falta jugar, tenía semanas sin tratarnos tan bien…

—Eso es bastante grosero de su parte. —Comentó ella, cambiando notablemente el tono de su voz por uno más amargo. —No puede tratarnos bien solo cuando lo complacemos. Creo que Sirius tiene razón en que lo hemos mimado…

—Sirius acuesta a Ophi a dormir con ellos para que no se despierte llorando, su opinión ya no vale nada. —Desestimó James, moviendo una mano en un gesto vago. —Harry no es mimado, solo está estresado y no lo cupo, cualquiera lo estaría en este encierro…

—Por favor, no uses esa palabra. —Le pidió Lily de golpe, volteándose a verlo con una expresión irritada. —Ya todos lo hacen, tú también no.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Inquirió él, viéndola atónito, no entendiendo de donde venía esa actitud. — ¿Qué tiene de…?

—Tiene todo de malo. —Cortó ella, poniéndose de pie y caminando hacia la cama, obviamente disgustada. —Porque cada vez que lo dicen lo hacen sonar como si lo tuviera en una jaula en el sótano contra su voluntad…

—Nadie lo está diciendo de esa forma, Lily. —Le aseguró él de inmediato, tratando de entenderla y también de calmarla. — ¿Puedes decirme de donde viene todo esto?

—De ningún lado. —Soltó ella de sopetón, desmintiéndose a si misma en el momento que liberaba su lado del edredón con demasiada brusquedad. Suspiró resignada mientras se metía a la cama. —Es… Solo algo que Mar dijo.

— Lo que sea estoy seguro de que no lo hizo con mala intención. —Le aseguró con voz calmada, poniendo un mechón de su cabello tras su oreja.

—Ya se que no, pero… —Volvió a suspirar, esta vez tratando de calmarse, pasándose ambas manos por el cabello. —Igual me disgusto, un poco… Mucho.

— ¿Qué te dijo?

—Bueno… A ver, todo empezó porque me comentó que debería dejar que Harry saliera con Hannah, ellos dos solos, y me recordó que hasta hace nada él no tenía que preguntar o pedir permiso para hacer lo que quisiera, lo cual, por supuesto, tengo más que claro, y no se lo exigiría si no estuviéramos viviendo una situación evidentemente irregular en la que no puede simplemente andar por ahí sin supervisión. Y es una locura pensar lo contrario, ¿cierto?

A James le hubiese gustado darle la razón, como hacía, quizás, demasiadas veces, y aunque eso no suponía ningún problema para él, se le dificultaba mucho hacerlo cuando en el fondo no estaba de acuerdo con ella.

—Es una locura, ¿no?

Él suspiró y se pasó una mano por el cabello, preguntándose por que mejor no le había hecho caso y había vuelto a dormir.

—Lily, a ver...

—No puede ser. —Saltó ella, entendiendo de repente por donde iba todo y mirándolo sorprendida. —Tú estás de acuerdo con ella.

—No lo veas como algo malo. —Le pidió él, esperando que pudieran evitar la discusión. —Pero sí, también he estado pensando que quizás podríamos darle un poco más de libertad...

—Porque yo lo tengo encerrado.

—Porque es un adolescente y necesita salir. —La corrigió James, viéndola de manera significativa. —No le pasará nada si sale con ella un rato...

—No te atrevas a hablarme como si yo estuviera impidiendo su relación al no dejarlo salir. —Volvió a cortarle ella, apuntándolo con un dedo. —No cuando tú eres incapaz de dejarlos solos en una habitación por más de dos horas.

—Creo que sabes perfectamente que en dos horas pueden pasar muchas cosas. —Resopló él, tratando de no pensar demasiado en eso. —Y más a mi favor, si los dejas salir entonces no tendrán que...

— ¡James, no voy a poner en peligro la vida de nuestro hijo solo porque tú no aceptas que es un adolescente!

— ¡Eso no...! Lily, no te desvíes, ese no es él punto.

—No, el punto es que al parecer todos concuerdan en que soy una loca controladora que no tiene idea de como cuidar a su propio hijo.

— ¡¿Pero quien te ha dicho algo así?! —Quiso saber James, alzando la voz sin querer, empezando a desesperarse por su actitud. — ¡Nadie ha dicho nada parecido, eso te lo estás inventando tú!

—Harry no va a salir solo, James. —Le dejó claro ella, viéndolo fijamente, totalmente seria. —Sobre eso no voy a discutir.

Él se quedó callado por un momento, parpadeó varias veces, incrédulo y ofendido, tratando de no enfadarse, pero fallando por poco.

—Solo así, entonces, no importa como me sienta yo al respecto. —Ironizó él, dejando que la molestia se colara en su voz. —Harry también es mi hijo, Lily, y tengo derecho a opinar sobre esto...

—Por supuesto que lo tienes y siempre te lo pregunto todo antes de tomar una decisión. —Puntualizó ella, y James era consciente de que decía la verdad. —Pero no, sobre este tema específico no pienso discutir.

—Ya, ni sobre este ni ningún otro al parecer. —Le espetó él con brusquedad antes de poder detenerse.

— ¿Qué se supone que quieres decir con eso? —Quiso saber ella, impresionada.

James tomó aire y desvío la mirada, decidiendo si era mejor responder o cambiar de tema.

—Nada. —Dijo después, de manera cortante. Sacudió la cabeza y se quitó el edredón de encima para levantarse y caminar hacia el baño. —Olvídalo.

— ¿Qué? ¡No! ¡Nada de olvídalo! —Exclamó ella, levantando la voz considerablemente. — ¡Dime a que te referías!

En ese momento, James se despidió de cualquier ilusión que se podía haber hecho sobre llevar la fiesta en paz, la conocía demasiado para eso.

—De acuerdo, como quieras. —Aceptó él, dándose la vuelta para enfrentarse con su mirada, ambos totalmente serios. —Dices que no quieres hablar sobre este tema en específico, pero tampoco quieres que terminemos de decidir de una vez por todas si nos vamos a ir de viaje o no.

Aquello la tomó con la guardia baja, él se dio cuenta de inmediato, justo cuando la vio encogerse sobre si misma y boquear varias veces, sin llegar a decir nada. Suspiró y se pasó una mano por el rostro.

—Dijiste que hoy hablaríamos y lo único que hiciste fue evitar el tema todo el día. —Le reclamó, dejándole saber que sí se había dado cuenta. —Si no quieres ir solo dilo, Lily, por Merlín.

—Por supuesto que quiero ir. —Saltó ella de inmediato, volviendo a enderezarse y a clavar su mirada en la de él. —Pero en caso de que no lo hayas notado, James, últimamente al universo no le interesa mucho lo que yo pueda o no querer.

—Lily, no es justo que pongamos pausa a todo mientras esto termina. —Intento hacerla razonar, soltando lo que había pensado ya varias veces. —Ambos sabemos que esto no es lo peor que puede llegar a ser y si todo va a volver a como fue la primera vez, entonces tenemos que aprovechar mientras…

—No tenemos idea de lo que está pasando, James, no sabemos que están planeando, no sabemos cual será su próximo movimiento. ¿Cómo puedes pedirme que saque a nuestro hijo del país de esa forma? Es demasiado arriesgado.

— ¡Más a mi favor! Afuera del país está mucho más seguro, para este momento me sorprende que no lo hayas enviado a un internado en Indonesia.

—Muy gracioso. —Soltó ella entre dientes, irónicamente. —No es solo por Harry, ¿y si pasa algo y no estamos aquí para ayudar? ¿Vamos a dejar que todos se encarguen mientras nosotros nos vamos a Grecia a tomar sol?

—Sigues asumiendo que algo va a pasar, cuando fácilmente puede no ser así. —Señaló James, desesperado por hacerla entender algo que para él parecía tan simple. —Y a nadie le importaría si nos tomamos una maldita semana libre, mucho menos si es para distraer a Harry de las asquerosas vacaciones que está teniendo, especialmente con lo emocionado que estaba con…

— ¡Ya deja de repetirme eso! —Le ordenó ella, casi gritando, exasperada. —No me hables como si yo no recordara claramente lo emocionado que estaba cuando le dimos los boletos, James, estaba ahí a tu lado. Pero de más está decir que las cosas han cambiado bastante desde entonces, y solo para que sepas, si hubiera sabido que estaríamos en esta posición, no hubiera planeado ese estúpido viaje en primer lugar.

—Ya se que las cosas están cambiado, pero seguir contribuyendo a eso no va a ayudar en nada, en todo caso solo lo empeorará. —Le informó James, pasándose una mano por el cabello con frustración. —Tenemos que tratar de darle a Harry tanta normalidad como podamos, Lily, ese es nuestro trabajo como sus padres.

—Nuestro trabajo como sus padres es protegerlo.

— ¡Irnos de viaje no significa que no estemos protegiéndolo! —Prácticamente le gritó él, ya perdiendo la paciencia. — ¡Maldita sea, Lily, en un mes se va a ir a Hogwarts otra vez! ¿Qué vas a hacer? ¿Irte con él? Mejor aún, no dejes que vaya.

—Pues no me insistas mucho porque te juro que no lo hago. —Le cortó Lily, con seriedad, sorprendiéndolo con esa respuesta que no había esperado para nada.

—Espera… ¿Qué? ¿De que estás hablando? —Le preguntó, atónito, no queriendo creer lo que escuchaba. —No lo dices en serio…

—Al único que se le ocurre bromear en momentos así es a ti. —Resopló ella, desviándole la mirada.

—No me jodas, Lily, esto ya es demasiado. —Exclamó, aún sin podérselo creer. — ¡No puedes en serio estar pensando en no dejar que vaya a Hogwarts! Y definitivamente no puedes esperar que yo esté de acuerdo con esto.

—Pues aparentemente hay muchas cosas en las que no estás de acuerdo conmigo, una más no hace la diferencia.

— ¡Estás sacando esto de quicio! Lily, Harry necesita ir a Hogwarts, necesita estar con sus amigos, jugar quidditch, hacer lo que los chicos normales de su edad hacen. —Empezó a mencionar James, pensando en mil razones más y preguntándose si tendría que decirlas todas. — ¡Tiene que presentar los malditos TIMOS! No podemos quitarle todo eso, ir a esa escuela era un sueño y lo sabes.

Ante todo eso ella no respondió nada, obviamente no había planeado bien como iría esa conversación. Solo le mantuvo la mirada con la mandíbula apretada y agarrando con fuerza el edredón que seguía cubriéndole las piernas y el regazo.

—Tiene que ir, Lily, no vas a convencerme de lo contrario. —Continuó él, dejando muy clara su opinión al respecto y que no iba a cambiarla. —Esto no tiene ningún sentido, es Hogwarts, está con Dumbledore, ¿Qué es más seguro que eso?

—Este, su hogar. —Intervino ella, finalmente volviendo a hablar, dejando que la voz se le quebrara un poco al final. —Este es el lugar más seguro en el que puede estar. ¿O que acaso tengo que recordarte que Voldemort literalmente lo secuestro estando en Hogwarts? En un evento organizado por el maldito Ministerio.

— ¡Eso no va a volver a pasar…!

— ¡Pues que ya haya pasado es lo que me impide dormir por las noches! —Chilló Lily, su rostro tomando la misma tonalidad que su cabello. —No se a ti, pero si algo me quedó claro esa noche es que Harry nunca estará más seguro que con nosotros.

—Harry no es un bebé, Lily, y tratarlo como tal no va a traer nada bueno. —Suspiró él, sintiendo como esa pelea llegaba a un punto muerto. —No estás siendo racional acerca de nada de esto…

—No, yo estoy siendo muy racional, pero tú insistes en no abrir los ojos y ver las cosas como son.

—Maldita sea, olvídalo. —Se desesperó James, demasiado exhausto y molesto como para seguir discutiendo con ella. Volvió a meterse en la cama, bruscamente, dándole la espalda. — ¿Quieres que cancelemos el viaje y que no vuelva a salir ni para ir a Hogwarts? Perfecto, haz lo que quieras, pero serás tú quien se lo diga todo, yo no me voy a meter.

—Claro, así yo quedó como la villana malvada de la historia y tú como el padre genial que defiende sus intereses a capa y espada. —Bufó ella con ironía, acostándose y también dándole la espalda. —Es lo que siempre ha pasado, no es ninguna novedad.

James puso los ojos en blanco y decidió dejarlo así, a pesar de que el comentario le dolió bastante. Sabía que cuando Lily se ponía así no tenía sentido discutir con ella, lo mejor era dejar que se calmara y lo volviera a intentar después, aunque en ese momento no tenía muy claro si eso tendría caso, ambos parecían tener puntos de vista muy diferentes.

Sentía el pecho pesado y la cabeza no estaba mucho mejor, desde hacía unos días que se había ido mentalizando para que aquella fuera una conversación difícil, pero no había esperado que terminara así de mal, había perdido la costumbre de pelear así con Lily y de más estaba decir que no lo extrañaba para nada.

Sus pensamientos seguían por ese rumbo, cuando de repente escuchó un pequeño lamento, casi imperceptible, pero lo suficiente alto para que su cuerpo se tensara completo.

Se quedó quieto por un segundo, tratando de asegurarse de que no lo había imaginado, y comprobó que no lo había hecho en el momento que la escuchó sorber por la nariz y la sintió temblar levemente a su lado.

Todo el enfado que se había adueñado de él unos momentos antes se evaporó en el aire en un segundo, como si nunca hubiera existido, dejándole lugar a la mortificación que le dio el entender lo que estaba pasando.

— ¿Lily? —La llamó casi en un susurro, cauteloso y nervioso. — ¿Estás bien?

—S-sí. —Intentó responder ella, pero la voz se le quebró y le fue imposible contener un sollozo.

Fue imposible detener la oleada de culpa que se expandió dentro de él, apretándole todo por dentro y haciéndolo sentir como un completo imbécil.

—Ey, no te pongas así… —Prácticamente le suplicó él, volteándose hacia ella y sin pensarlo, pasándole un brazo por la cintura para abrazarla. —No llores, Lily, todo está bien…

Ella asintió, pero eso no impidió que volviera a dejar salir un sollozo lastimero que solo puso a James muchísimo más nervioso. Suspiró mortificado y la apretó entre sus brazos, atrayéndola más hacia él.

—Lily, lo siento. —Fue lo mejor que se le ocurrió decir, totalmente sincero. Depositó un beso en su hombro antes de seguir. —En serio lo siento…

—Solo estoy tratando de cuidarlo. —Murmuró ella, con la voz llorosa, temblando un poco.

—Lo sé, y lo estás haciendo excelente, lamento si te hice pensar que no era así. —Volvió a besarla y suspiró. —Ven, mírame…

La tomó por la cintura y la jaló un poco para girarla hacia él, encontrándose con sus ojos verdes llenos de lágrimas, hinchados al igual que sus labios, lo que provocó que su corazón cayera a su estómago.

—Soy un idiota. —Admitió James hablándole muy bajo, solo para que ella escuchara. —Fue el peor momento para traer a colación todo esto, Lily, lo siento…

—Yo también lo siento. —Susurró ella. Tomó aire para poder nivelar el tono de su voz. —Siento haberme puesto tan a la defensiva y cerrada, pero… —Se encogió de hombros y sonrió con tristeza. —Lo que estoy haciendo por Harry es la mejor manera que se me ocurre para mantenerlo a salvo, y se que posiblemente es pésima…

—No lo es. —Le aseguró él, aunque lo pensó mejor y decidió que la idea en ese momento no era ser del todo condescendiente. —No es pésima, pero quizás demasiado restrictiva.

—No quiero que le pase nada. —Volvió a sollozar, no pudiendo contener otras dos lágrimas que se suicidaron por sus mejillas. —Cuando salimos a misiones o a las guardias pasó todo el día preocupada por él, no se si podría soportar que salga por ahí solo.

—Yo también me preocupo, lo sabes. —Señaló James, pasándole la mano por las mejillas con suavidad, secándolas. —Pero es lo que dijimos hace un momento: no preocuparnos no es una opción, pero…

—Pero tenemos que intentar que lo sea. —Repitió ella, entornando los ojos y sacando el labio inferior en un pequeño puchero. —No uses mis frases en mi contra.

—Utilizo lo que tengo a la mano. —Bromeó él, más calmado al verla a ella un poco más tranquila. —Necesito que entiendas que no estoy en tu contra, ni Mar tampoco…

—Lo sé, y no estoy molesta con ustedes. —Aseguró Lily, suspirando y viéndolo fijamente a los ojos. —Pero es verdad que no me ayuda que me hagan sentir como una demente que encierra a su hijo por gusto.

—Yo se que no es por gusto, todos lo sabemos.

—Excepto Harry. —Añadió ella, tiñendo todo su rostro con amargura.

—Él también, en el fondo al menos. —Intentó tranquilizarla James, casi seguro de que eso último era verdad. —Y sí eventualmente no vamos a Grecia…

—Me va a odiar. —Completó Lily, claramente dolida ante el pensamiento. —Y posiblemente tú también.

—Bah, como si fuéramos capaces de eso. —Desestimó él de inmediato. —Si no vamos se va a molestar, de eso no hay duda, pero después entenderá que solo lo haces por su bien.

—Eso espero, de verdad que sí. —Musitó la pelirroja, buscando la mano de su esposo y entrelazando sus dedos. —Y se que aún no llegamos a un acuerdo en si, pero si pudiéramos dejar el tema por hoy…

—No me lo pidas dos veces. —Acordó él, sintiéndose embotado y demasiado cansado para seguir, pero decidiendo que no pondría excusas la próxima vez que Harry preguntara, que seguramente sería muy pronto. —Y sobre lo de Hogwarts…

—Ni me prestes atención. —Le pidió ella, resoplando y entornando los ojos. —Solo fue algo que se me ocurrió hace unos días y, por supuesto, no pude encontrar peor momento para soltarlo.

—Pero si así es como te sientes…

—Siento que Harry estará más seguro con nosotros, sí. —Confirmó ella, asintiendo con firmeza para luego suspirar. —Pero tienes razón, tenemos que darle toda la normalidad que podamos, y quitarle las cosas que mencionaste sería lo peor que podríamos hacer.

James movió la cabeza en un asentimiento y suspiró, aliviado al saber que no tendría que volver a discutir por eso, haciéndola sonreír divertida y enarcar una ceja.

—Tranquilo, tu esposa no está tan loca como parece. —Se burló ella, soltando una risita.

—No, de hecho, lo está. —La corrigió él, acercando su rostro al suyo y robándole un dulce beso. —Pero realmente no me importa.

— ¿Así sea una villana malvada y controladora? —Preguntó, repitiendo las ridiculeces que había dicho unos momentos antes.

—Tú no eres nada de eso, solo eres dramática y ya. —Rió él, haciéndola sacar otro puchero que volvió a besar. —Así que deja de decir tonterías que no son ciertas.

—Bueno, si tú insistes. —Aceptó Lily, sonriéndole amorosamente. —Te amo.

—Y yo a ti. —Respondió James, esbozando una enorme sonrisa y besándola nuevamente. —Mucho.

—Me alegro. —Murmuró ella sobre sus labios, echándole los brazos al cuello y profundizando el beso.

James sonrió en medio del beso y le siguió la corriente, sabiendo que si dejaba que las cosas escalaran muy alto no alcanzarían a descansar lo suficiente, pero no encontrando las fuerzas necesarias para actuar en consecuencia.

Nunca las encontraba cuando se trataba de ella. Ella con quien podía discutir mil veces y siempre encontrar la forma de volver a estar bien, de arreglarlo todo y hacerla sonreír de nuevo.

Ella que le hacía posible ver una luz al final de ese túnel que cada vez parecía más interminable.


¡Hola, mis amores!

Ya estoy por aquí de nuevo, un poquito más tarde de lo que había esperado, pero al menos no se ha acabado el año aún así que creo que estamos bien, como se imaginaran las fiestas me quitaron tiempo para escribir, pero logré sacar unos huecos para hacerlo y escribir todo esto que acaban de leer.

Y antes de seguir llenándolos de tonterías, ¡Feliz Navidad! (a quienes lo celebran) Espero que hayan pasado un día muy feliz rodeados de toda la gente que quieren y que hayan recibido muchos regalos. Y gracias a todos lo que pasaron por aquí para desearme felicidades a mí también, los adoro(L)

Sobre el capítulo no hay mucho que decir, de nuevo, no pasaron muchas cosas interesantes o intensas, pero ya me conocen, y saben que me gusta ir poco a poco. Intenté que no fuera tan lúgubre como el anterior, muchos me lo pidieron, pero como ya sabrán, la trama del quinto libro no da para mucho -.-, obviamente me las arreglaré para que hayan más momentos felices y divertidos, sino no sería yo, así que ténganme paciencia.

El próximo ya empezará a ponerse interesante, y empezaremos a abrir nuevas tramas y conflictos, por lo que necesito que si no han leído Helium, el mini fic Blackinnon que escribí hace unos meses, les recomiendo que lo hagan para que puedan entender todo lo que empezará a pasar. Y si ya lo leyeron, pero no recuerdan bien, igual pueden volver a leerlo por encima, así no se pierden de nada.

Dudo mucho que nos leamos antes del 31 así que les deseo desde ya un muy Feliz Año Nuevo! Ojala que el 2018 los trate con muchísimo cariño, yo estaré por aquí tratando de contribuir a eso jeje.

Ojala les haya gustado, gracias a todos los que me dejaron su review en el capítulo anterior y ya saben que en este también serán más que recibidos. ¡Los espero!

¡Nos leemos en enero! Les mando un beso enorme! Cuídense mucho, los quiero(L)