Esta historia fue producto de una solicitud, una especie de pedimento tácito... bueno, no me la pidieron, pero creí que le gustaría...
Penosamente y curiosamente por alguna extraña razón, no termino las historias que me pide... es raro...
Pero espero que le guste mucho, en serio mucho... que les pueda en serio gustar.
Los personajes pertenecen a sus autores, la canción, de igual forma; yo sólo los uso como siempre, para explayarme.
INTERMEDIO
Funny how the heart can be deceiving
More than just couple times
Why do we fall in love so easy?
Even when it's not right
Desliza el índice con cuidado sobre su uña del dedo medio, está inclinada haciendo que lo único que pueda ver de ella ahí, sobre su mano, es su terso cabello rubio artificial, pero perfecto, impecable… tan distinto al de ella, natural y revuelto, irregular, imposible; huele a aceite perfumado, dulzón sin llegar a molestarle y sin querer se le viene encima un dejo de excitación de tenerla delante, de sentir cómo lleva su dedo índice y medio ahora por entre los suyos, cómo acaricia con sus uñas las cutículas de sus dedos, humectándolas, los bordes y los dobleces de sus dedos le causan cosquilleo y le perturba el sonrojo que se le viene al rostro cuando aquella cara, familiar y desconocida a la par, se vuelve para contemplarla mientras habla.
Tiene los labios de un rosado sutil, el maquillaje le cubre perfecto cada marca y lunar de nacimiento, pero ella las conoce de antemano, ella las identifica porque las ha visto, porque se las sabe de memoria de tiempo atrás, luce hermoso el cutis terso que la contempla y sin embargo siente ganas de gritarles que broten, que se vengan a la luz, porque está prendida no de la perfección y delirante cadencia de la que tiene delante, sino de la imperfección de la otra… pero se contiene y sonríe como si entendiera la plática, como si le interesara el asunto de las cremas de moda para reafirmar la línea de la barbilla.
Aquella mano le presiona de pronto los dorsos, mientras patina con una nueva loción fresca, un perfume de cítricos le golpea la nariz causándole una amarga impresión, no se parecen nada, la voz le chilla en los oídos como si hubiera estado usando tapones un segundo antes y se le hubieran salido de la pura impresión de reconocerla desconocida, y frunce el ceño y casi encoje las manos con tanta premura, que Krystal lo siente y se vuelve…
-Piensas lo mismo que yo, es un horror que no comprendan el valor de un buen masaje de cutículas, creo que te hacía falta uno hace mucho tiempo…
Sonríe, sonríe de lado y casi con tropiezos, no sabe de qué le habla, sólo sabe que no se parecen en lo más mínimo y que está ahí por una razón, está acumulando información, está reconociendo a las demás ledas, y ninguna se le parece… en lo más mínimo. Algo le cae pesado en el estómago cuando Krystal se vuelve a la mesa y en medio del masaje le aprieta la mano en un puño y la baja para que la toque como si llamara a la puerta… llamara a la puerta.
Tenía que verla pronto, tenía que decirle algo, sólo tenían que hablar, porque con hablar muchas veces se resuelven las cosas y todo mejora, llamó a la puerta con tres golpes pequeños, rápidos, y esta se abre; no puede evitar el gesto, no puede no notar su ceja levantada, lo que hace que le den ganas de aullar, ella está ahí, ella está ahí con un blusón encima, puede notar la desnudez debajo y eso hace que el estómago se le revuelva de puro celo, puede percibir que se ha echado lo primero que ha encontrado, puede escuchar un leve susurro en algún sitio dentro de aquel lugar, un susurro de movimiento bajo telas, y con horror percibe como una oleada aquel aroma conocido y le hierve la sangre en las sienes cuando lo comprende mientras se le reduce la visión y se le oscurece el entorno.
Huele a Cosima.
La suben a la camioneta con una sacudida que hace que se le nuble la cabeza de puro dolor, casi pierde el conocimiento o quizá lo ha perdido por un largo instante incómodo, no sabe dónde está, no entiende lo que está ocurriendo, intenta respirar para despejarse y sólo consigue un nuevo dolor punzante por todo el cuerpo, un mareo tormentoso; la garganta de pronto la tiene seca como si hubiera estado en sequía por mucho tiempo, no tiene explicación. Vuelve los ojos a la derecha buscando algo en que fijar la mirada, pero la tiene nubosa y bailarina, no logra realmente contenerla, dejarla quieta en un punto como se deja el pie anclado al piso en una larga noche de borrachera…
-… intoxicarte…
-Cosima… ¿Cosima? –Pregunta porque tiene la sensación de haberla oído, de que le está susurrando al oído.
-Delphine… Delphine, escúchame soy… tranquila, pronto estarás bien, vamos a a… derte, la bala se alojó… pero esperamos que no sea grave haremos… todo va a estar bien…
-… intoxicarte… -Vuelve a mascullarle al oído, vuelve a susurrarle tan cerca que casi siente su aliento contra la mejilla y se vuelve con un movimiento tan tosco que se marea.
-Alguien… alguien dígale… -Pide con la boca pastosa, con la saliva densa del que se perdió en el desierto.
Hay una sacudida, quizá es que se detiene el vehículo con tanta violencia que le hace dar un grito, los ojos se le perlan de lágrimas, se está muriendo sin poder ubicar de dónde viene su voz; tiene la garganta agrietada, siente frío, es que seguramente, muy seguramente se va a morir y solo están prolongándolo, debe ser que la llevan ante Rachel, o ante cualquier maldito que quiera jactarse de ella, de su desgracia; entonces traga fuerte, como si se hubiera echado un montón de pastillas, como esas que alguna vez se dejó "por accidente" en la boca cuando tenía 15 y sus compañeros se burlaban de su forma rara de toser y de sus inclinaciones a no salir de la biblioteca, esa época en que conoció a ese científico que le aseguró, ella tenía mucho futuro.
-Futuro, Delphine… un gran futuro si sabes qué hacer para obtener la información que necesitamos. -La mirada burlona y socarrona de Aldous Leekie venía a ella desde el rincón más oscuro de la furgoneta, era un rostro en la negrura, producto de la fiebre y el dolor.
-Lo hice… yo lo hice… Aldous. –Masculla amargamente y siente nuevamente una presencia a su lado, al volverse puede sentirlo como aquella noche rozando con sus labios lascivamente su hombro, un espasmo de repulsión la lleva a golpearlo con su mano y descubre que no es él, es alguien que intenta colocarle oxígeno.
-Delphine, necesito que cooperes, estás perdiendo mucha sangre. –Lo intenta, sí intenta ayudar, pero no puede, unas manos enguantadas y frías luchan por desabrocharle el pantalón, siente heladas las cremalleras que tocan sus tobillos cuando le despojan de los zapatos; una mano lucha por sacarle la blusa a punta de tijera y con el movimiento del vehículo y el temblor que no puede evitar, le clavan la punta en el costado sobre la herida haciendo que se le vengan un montón de estrellas a los ojos.
-¡Cosima! –Grita de pronto en medio de un silencio de muerte, algo en su pecho se estremece… algo que la remite a un dolor similar.
